Acabo de sacar un nuevo libro. Este de historias cortas.
37 relatos para leer cuando estés muerto. ¿Qué encontraréis? Mujeres, astronautas, dragones, hombres desorientados, cazadores de otros tiempos y mil cosas más.
¿Géneros y temas? El amor, la fantasía, la vida, el humor, el terror y la ciencia-ficción. 37 relatos muy distintos. Y además de los 37, las historias cortas de Vamurta.
El libro está disponible en
Amazon. El precio es de
0,86 euros, un micropago, así es el futuro. Enlaces:
Amazon España, 37 Relatos.
Amazon.com
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Un abrazo.
37 Relatos para leer en el váter, tomando café o viajando en un tren fantasma. Incluso para leer una vez muerto.
134 páginas word para pasar un buen rato.
1. Trenes veloces
2. El Secreto
3. Siesta
4. El estanco
5. Sard
6. Pliegues de mujer
7. La entrevista
8. La fiesta
9. Buenas amigas
10. Guerra Civil
11. Con prisas y a lo loco
12. Sí me acuerdo
13. La luna y la pelota
14. Un largo fin de semana
15. La lanza
16. Nobleza
17. E la nave va
18. Infieles
19. Cena de nochebuena
20. Dolor de cabeza
21. En el Lidl
22. La tele
23. La bicicleta
24. Piénsalo
25. Más se perdió en la guerra
26. Ikea
27. Patio de Luces
28. El dragón y las princesas tristes
29. La mujer pantera
30. Las cucarachas
31. Fondo de piscina
32. Ruido de fondo
33. Ser hombre
34. Vida Matrimonial
35. Prosa Mojada
36. El bucle de Sofía
37. La última cena.
II. Del extraño y fascinante mundo de Antigua Vamurta
1. El canto de Ulam
2. Taonos
3. Los Pueblos del Mar
4. La noche de Ermesenda
5. La mujer de nieve
En Amazon España y Amazon.com siguen al mismo precio: 0,86 € y a 1,17 $.
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En el pueblo volví a oír tu nombre. Tras tanto. Que habías vuelto de la capital. Tú que eras el listo y el guapo del pueblo. Que no se te reconocía, que volviste como una encina calcinada. No sé si recordarás las tardes de verano en la laguna, cuando salíamos del agua y nos tumbábamos sobre la arena ardiente a esperar la noche como si nada existiera. Me contaron de ti y te soñé. Porque no pude imaginarte. No, tras verte partir hacia Madrid como uno de esos trenes que cruzan veloces la llanura. Uno de esos trenes que olvidan la astilla del campanario del pueblo entre la infinitud de los campos amarillos.
Y por eso, al verte pasar esta mañana, con una sonrisa brillante, pregunté sobre ti. Me han dicho que vives en la cabaña del lago, que cazas pajarillos, que tu huerto es un vergel y que has aprendido a hablar con las abejas. ¿Vuelves a ser aquel que fuiste? Qué vistes, qué no supiste hacer. Lo que te pasó. Te veo, otra vez, bajo la cúpula de estrellas, dejando pasar las noches. Quizá debería acercarme al lago para darme un baño, otra vez.
De momento en libro está en Amazon en formato Kindle. A finales de mayo estará disponible en formatos PDF, Epubs y demás. Saludos.
Dejé el periódico sobre la mesilla, me moría de sueño. El sol de primera hora de la tarde me cegaba, así que me moví hasta la única sombra del jardín. Apuré el café y aplasté el cigarrillo en el cenicero. Una buena siesta sería mi salvación.
Me metí en casa para tumbarme en la cama de matrimonio y cerré la puerta. Se oía algún pájaro. La luz era una bendición que, lejos de calentar en exceso, me amodorraba sobre las almohadas. Cerré los ojos.
Me he despertado muy mal. Estoy temblando. Siento como si me hubieran cubierto con un manto de hielo. Es de noche, noche profunda. ¡Mierda! Pero, ¿cuántas horas he dormido? Es esta asquerosa vida, siempre con prisas. Y luego llega el sábado y estás reventado. He dormido una eternidad. Le doy al interruptor. Encima, no funciona. Esto me pasa por vivir apartado en una casita de una urbanización. En la ciudad, casi nunca se va la corriente. Tengo frío. Abro la puerta, el comedor parece un gran congelador. ¡Estoy harto! Me bajo a la ciudad. Dejo las maletas, lo dejo todo, y ya pasaré el próximo fin de semana a recogerlo. Quiero estar en mi cama, en mi piso, caliente, comerme una pizza y ver la tele, ¡cualquier cosa! Este despertar… No, no debería haber dormido tanto, me ha dejado mal cuerpo, como una sensación asquerosa. Salgo al jardín, cierro la puerta. Bajo, casi a tientas, hasta la calle. ¡Aggg! Mi cabreo ahora es monumental. El coche no está. Me lo han robado, ¡hijos de puta! ¿Y ahora qué? La impotencia me domina y me enreda, doy una patada a un pedrusco. ¿Y ahora qué? ¿Cómo vuelvo a mi piso? ¿Cómo bajo? Todo mi plan al traste.
Alzo la cabeza, esta noche la oscuridad es total. Una monstruosidad de nubes domina el cielo y apenas se ve nada. En la urbanización también se ha ido la luz, no veo ni una maldita ventana iluminada. ¡Baaahhh! El manto cerrado de la noche parece resquebrajarse, sobresale, entre los nubarrones, una pata de la luna y tras ella, medio cuerpo. ¡Dios! ¡Los árboles! ¡La montaña de enfrente! Ha desaparecido, es como si alguien la hubiera partido. Veo, pero no quiero ver. Las casas de mis vecinos..., están derrumbadas. En un momento de lucidez, me vuelvo y miro el chalet. Solo queda la planta baja, toda la segunda planta ha quedado despedazada, algo la ha arrancado de cuajo, algo la ha triturado. Madre…
Pruebo de respirar hondo, de tranquilizarme. Caigo en la cuenta de que no hay ningún coche en la calle, que el asfalto ha quedado pulverizado, fragmentado en pequeños cráteres. Sufro un intenso vértigo, todo se desploma. Me siento en el suelo, en medio de una enorme urbanización vacía. Me cubro la cara con las palmas de las manos. ¿Qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo he dormido?
Intento recapacitar. Mis padres murieron, estudié medicina, tuve un amigo llamado José a quien le gustaba montar enormes mecanos y con el que a veces iba a cenar. Dos niños y una niña, bueno, antes me casé y luego me divorcié. Trabajo, trabajo todo el día. Nada. Nada concuerda. Levanto la cabeza porque se oye un enorme zumbido en el aire, entre los cascotes negros del cielo aparece una enorme luz azul que desparrama energía, oscila, se detiene un instante y sale disparada a una velocidad sónica, hasta apagarse en el infinito. Miró a derecha e izquierda. Ahora me doy cuenta. Todo cuanto me rodea está helado y tengo un hambre atroz.
Pienso en mis hijos, en la que fue mi esposa. ¿Qué habrá sido de ellos? Allí, al fondo del valle, por donde se veían las luces anaranjadas de la autopista, todo es oscuridad. Esto, esto que ha pasado... Bajo al pueblo, a ver. Puede que allí esté todo bien, que estén todos. Un instinto nuevo me impulsa a correr, a correr cuesta abajo sobre el asfalto duro, roto y frío. Las piernas son dos inmensos muelles de acero, como si no formaran parte de mí. Descubro que soy muy veloz. Debe ser el hambre. Al llegar a la recta me percato de que el pueblo es una masa fantasmagórica, lo único que sigue igual son los plataneros de tronco ancho que flanquean la entrada. Sigo corriendo, el cansancio es algo que no existe. ¡Joder! ¡Tengo el corazón de un caballo!
Las primeras casas han sufrido los efectos de un cataclismo o lo que sea. No se ve a nadie, no se oye nada, no hay luz. Avanzo por la calle mayor. El estanco es un montón de escombros, al igual que la casa de los Gutiérrez, al igual que el videoclub, del que solo queda el rótulo naranja, desprendido de la fachada. Nada, no queda nada. Debería llorar, pero el calor abrasador que siento en las entrañas, el dolor en brazos y manos, me lo impide. Debo encontrar algo para comer. Troto hasta la plaza mayor. El campanario se ha partido y ha caído sobre el ayuntamiento. De las paredes encaladas de la iglesia queda un muro, detrás del altar. Poco importa, aquí al lado está la carnicería. Me dirijo hacia allí. La tienda ha sufrido menos desperfectos, siguen sus cuatro paredes en pie y parte de la techumbre. ¡Carne! Justo cuando me planto frente al escaparate, creo ver una figura reflejada en los vidrios rotos. Es una visión fugaz. Ahora esto, cuando tengo la comida cerca. Me he sentido amenazado, esos ojos brillantes en el cristal… Con prudencia, entro. Está todo patas arriba, un caos de latas y cajas de galletas, de botellas petrificadas, estanterías polvorientas y barras de pan heladas tiradas por el suelo. Mi olfato se inquieta, percibo algo que me provoca tembleques. Muevo sin darme cuenta la cabeza de lado a lado. Este olor. Es maravilloso.
Me lanzo al suelo y repto hasta esconderme detrás del mostrador vacío. Sobre la plaza del pueblo flota algo, una luz violeta muy intensa ilumina cada una de las fachadas derruidas. ¿Por qué me escondo? Eso que flota podría ser ayuda. Se oye un zumbido extraño, como un bombeo de aire o de algún tipo de líquido. Es esa máquina voladora. ¡No! No me van a cazar, mejor sigo invisible, aquí, cerca de este hedor que surge de alguna parte. El resplandor desaparece en un instante. Quiero ponerme de pie, pero me siento cómodo a cuatro patas, también. Reviento con los dientes una lata de judías, fabada no sé qué. No puedo, siento una náusea repentina. Frenético, destrozo bolsas de macarrones, lanzo contra la pared packs de yogures podridos, hasta que debajo de un montón de bolsas y cartones encuentro un gran pedazo de cordero. Abro mis fauces y desgarro la carne medio congelada. Era eso, ese olor. Me siento mucho mejor, hasta olvido qué era lo que me preocupaba, por qué sufría.
Se abre la puerta de la tienda. Aparece una figura extraña, una mujer de ojos fluorescentes, de piel lívida. Entra desnuda, dando un manotazo a la puerta, medio erguida sobre sus patas cubiertas de un vello tieso y blanco. Me levanto, agarro un gran cuchillo de carnicero, pesado y de hoja ancha. Quiero preguntarle algo, de dónde sale, pero de mi garganta surge un alarido atroz que me asusta. Me mira, y mira los restos del cordero. Se arrima, me husmea. Pienso en tajarla con el gran cuchillo, pero la sorpresa quizá, me lo impide.
Se acerca a mi cuello y me da un lametazo. Su lengua es áspera y caliente. Tras esto, agarra los restos de carne y se tumba a mis pies a comer. Mandan las entrañas, hay algo nuevo. Me estiro a su lado, rasco esa espalda curvada, transparente. Noto la dureza de su cuerpo tibio bajo mi peso y le doy un lametón, como muestra de buena voluntad. Ella me mira y ronronea, satisfecha. Marco los colmillos sobre su cuello, mientras come. Siento un gran placer al mordisquearla. En el exterior, ha vuelto el silencio. Pienso que todo el pueblo y el valle es nuestro, ¡el mundo entero!, para correr y cazar a placer durante una eternidad.
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Y, no son 37, son algunos más estampados en 140 páginas word al terrible precio de 0,89 céntimos.
El formato Kindel también se puede instalar en el PC y tablets y teléfonos raros: iphones y cosas así.
SÍ ME ACUERDO
«Con Jerges y Artemisa asidos a mis manos, entro en el parque. En verano no se puede ir antes de las siete por el calor, pero esta tarde de sábado, con Manel en el hospital cuidando a su madre y estos dos piojos inaguantables, he acabado por salir antes de casa.
El parque rodeado de una valla de madera de un metro de alto. Con una especie de castillo en el centro y un tobogán rojo oxidado. Un poco más allá, un columpio para dos. Al fondo, varios bancos alineados para que descansen los padres. Jerges sale pitando y Artemisa, tras dudar, lo sigue sin saber todavía cuál va a ser el juego. El parque está casi vacío. Hay un tipo sentado en uno de los bancos, escondido tras un periódico, y un niño muy pequeño expectante, en una de las cestas del columpio que hace rato ha dejado de balancearse. La brisa que llega del mar es una sopa de fideos ardiente. Los peques suben a la torre de madera y suspiro aliviada. Por fin han dejado de atosigarme y eso que por la mañana hemos ido a la piscina. Estos no se cansan con nada.
El tipo sentado en el banco ha bajado el diario y me está mirando como si acabara de ver una soga colgando del techo de su cocina. Se levanta, viene hacia donde estoy. Dios.
—¿No te acuerdas de mí? —dice. Parece haberse recuperado de la sorpresa y ahora sonríe con una gota de malicia en la comisura de los labios—. ¿Recuerdas cómo me llamo?
Estoy tan descolocada que me he quedado en blanco. Cuando me quedo en blanco no hay nada que hacer. No recordaré su nombre.
—Claro que me acuerdo de ti.
—Pues a ver, Dolores. ¿Cómo me llamo?
Está jugando. Igual que hacía hace años. Le gusta jugar.
—Lo siento…Se me ha ido.
—Entonces, ¿no te acuerdas de mí?
Lo veo. Lo dice con la expresión satisfecha de un jugador de póquer que ha ganado otra mano. Igual que antes. Su hijo sigue quieto en el columpio, embobado. Sudo, por el calor y por los nervios. La tela del sujetador se adhiere a mis pechos. Lo observo detenidamente. No ha cambiado tanto. Los labios gruesos y cuadrados. La geometría de su nariz romana. Los ojos verdes, grandes y caídos, como si echara de menos algo que nunca encontró, que nunca encontré.
—Sí me acuerdo —digo—. Cómo me abrazabas y me hacías reír. La última cerveza nos la tomábamos detrás de capitanía. El ritual. Cuando nos conocimos. Me llevabas en esa vespa 75, blanca, que no frenaba nada, por las Ramblas, al salir el sol. No te gustaban mis medias rotas ni el pelo corto de punta, ¿eh?, ni esas botas de bruja que tenía. A lo mejor por eso el día que me presentaste a tus amigos decías que era una colega y en ningún momento me tocaste. Ni tan siquiera me cogiste la mano. Por eso, al volver de marcha, follábamos en el portal de tu casa, porque te daba vergüenza que tu mamá nos pillara. Tendrías que haberme presentado. Un tipo como tú, que iba a comerse el mundo. ¿Y el día aquel que me soltaste porque al otro lado de la calle viste a uno que hacía el máster contigo? —Tomo aire. Aire caliente que me quema el gaznate—. ¿Para qué esas llamadas tres años después? Y todas esas cartas. ¿Qué hacías esperando debajo de casa?
El periódico que lleva se ha convertido en un tubo de papel retorcido. Saca al niño del columpio. Con su hijo en brazos, antes de marcharse, murmura al pasar «Jaime». Jerges y Artemisa, empapados, se persiguen. Los pequeños dedos asomando en las chanclas, rebozados de arena. Al llegar a casa voy a meterlos en la bañera y los frotaré con esparto, si hace falta. Luego les dejaré ver la tele un rato.»
Me gustaria comprar la antigua varmuta, vale 1,17?
Pues Antigua Vamurta va por otro lado y el precio de venta lo controla Amazon y el editor de Grupo Ajec. Ahora le ha pegado un subidón al precio.
37 relatos sigue a 0.89 céntimos.
Si lees Antigua Vamurta, espero que la disfrutes. Es entretenida y evade. Ya si se cuela en tus sueños, el trabajo ha valido la pena.
Saludos.
Comentar que , realmente, los libros tienen una corta vida, excepto unos pocos afortunados. Lanzo en el blog el penúltimo avance de 37 Relatos para leer antes de que estés muerto, título escasamente comercial donde los haya, aunque me sigue pareciendo gracioso.
Se trata del relato “La última cena”, la historia de los astronautas Lian-U y Mijáil.
Dejo aquí el enlace al relato: http://epicavamurta.blogspot.com.es/2012/06/relatos-de-ciencia-ficcion-y-fantasia.html
Durante los 3 primeros meses en Amazon, los 37 Relatos se vendieron hasta mejor de lo que esperaba. Pero cuando se deja de ser novedad se entra en fase de letargo. En verano publicaré el último relato que servirá como testeo para que quien compre el libro tenga una idea de lo que se va a encontrar.
Ya se puede disfrutar de 37 Relatos para leer antes de que estés muerto en todos los formatos para lectores ebook.
Además de tener el libro en formato Kindle (Amazon.es y resto de Amazons, el enlace es este:
[FONT="]http://www.amazon.es/gp/product/B007BSPHRA/ref=s9_simh_gw_p351_d0_i1?pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&pf_rd_s=center-3&pf_rd_r=1KKQKVQ4MRG7VJYFQAED&pf_rd_t=101&pf_rd_p=312237387&pf_r[/FONT]), a 0.89 €, ahora está disponible en todos los formatos posibles, incluyendo RTF para procesadores de texto como el Word, en la siguiente página de Smashwords, a 0.99 céntimos.
http://www.smashwords.com/books/view/167513
Y para animar a los que no conozcáis este libro de relatos cortos y algunos largos que ocupan más de 40.000 palabras, dejo un pequeño fragmento del cuento de El Dragón y las princesas tristes
//Rugía la noche en los cielos. Una inmensa bolsa de velos y mantos de nieblas que el dragón cortaba sin cesar, elevándose y descendiendo. Si subía a mucha altura, se encabritaba sobre la nada y las alas dejaban de batir el aire frío. Durante unos instantes su enorme peso se desplomaba hacia la tierra, sumiéndose en una vorágine vertical de silbidos y nubes perforadas hasta que decidía reemprender el poderoso aletear. Dormir. Una siesta de cientos, miles de estaciones que se habían sucedido como nacen y mueren las hojas de un árbol. En su anterior amanecer no existían los ruidosos pájaros de metal que había visto a lo lejos, cruzando la negrura en un vuelo recto hacia algún lugar. Una molestia. Antes, los hombres vivían en pequeñas aldeas blancas amuralladas, casi siempre cerca del mar o de un río. Aldeas salpicadas de grandes estatuas broncíneas que destellaban llegado el atardecer. Los hombres eran hombres y creían en dragones y a ellos se enfrentaban. En su nuevo despertar, abandonando por hastío el tesoro que custodiaba, nadie parecía saberlo ver.
En la profundidad de sus fosas de fuego algo se inquieta. La aguda nariz del dragón rastrea, excitada por el hambre. Una digestión de más de dos mil años. Aislada, vislumbra una construcción humana, que sobrevuela. Le molesta el sordo ruido que emana de la villa; un sinfín de voces sobreexcitadas, risas groseras y una música, un ritmo que no es capaz de encontrar. Es un gran habitáculo de humanos rodeado por una tapia alta, que lo cierra, con algún nogal que sobrepasa el musgo del muro y grandes carros de hierro reluciente dejados en la entrada. En el centro del patio de gravilla hay un estanque y alrededor del lago dos niñas se persiguen. Ríen en la soledad del exterior mientras dentro, en la casa, la fiesta se agudiza.
El dragón se aproxima. «Dos princesas», piensa.//
(y sigue..., claro está)
Lo dejaré así una semana contado desde hoy.
Se puede descargar en todos los formatos posibles: epub, kindle, pdf, mobi, word, etc y así se facilita la lectura en cada dispositivo.
Dejo el link:
http://www.smashwords.com/books/view/167513
Y no, tampoco son 37 Relatos, son algunos más. A ver que tal sale el experimento.
¿Géneros y temas? El amor, la fantasía, la vida, el humor, el terror y la ciencia-ficción. Y estos días de crisis también están presentes. 37 relatos muy distintos. Y además de los 37, las historias cortas de Vamurta.
Además, HOY ES DE DESCARGA GRATIS EN AMAZON ESPAÑA (http://www.amazon.es/relatos-cuando-est%C3%A9s-muerto-ebook/dp/B007BSPHRA/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1357225117&sr=1-1 Y AMAZON.COM
Luego estará a 0.89 céntimos, una ruina para quien lo compre.
Algunas historias las conocéis pero otras muchas no. De los relatos que estoy más satisfecho menciono La última cena, El bucle de Sofía, El dragón y las princesas tristes, Vida matrimonial, Sard, Guerra Civil, El Canto de Ulam y La bicicleta. El conjunto de relatos lo publica la editorial Las Cajas de Dios, cuyo único accionista es Igor Kutuzov.
FUERA DE MI JARDÍN
Tengo el frigorífico lleno a rebosar de cervezas frías y mi esposa ha comprado cordero, entraña y hamburguesas. La barbacoa de atrás está lista, con un montón de leña pequeña bien apilada.
El hombre abre la puerta de su casa y mira al jardín.
Incluso ayer vinieron unas mujeres a limpiar el garaje, por si los hombres nos queremos escapar un rato de la fiesta y tirar unos dardos.
Pasea por el jardín, conforme con la ordenada disposición de todo. Echa un vistazo a su nuevo todoterreno, bien visible al lado de la entrada de la parcela. Se agacha y pasa la palma de la mano por encima del césped recién cortado. Arruga la nariz, aunque está satisfecho con los preparativos para la fiesta. Sale hasta la calle sin ver acercarse a nadie. Mira a lo lejos, la calle es una suave ola de cemento a lado y lado de la cual se alinean cientos de casas simétricas con jardín. Su casa está elevada, justo en el punto más elevado de una colina.
El hombre da media vuelta. Entra en la vivienda, decide esperar a los invitados detrás de las cristaleras. Transcurren unos minutos en los que no pasa nada. Y en una esquina de la parcela aparecen tres mequetrefes que miran a ver si hay alguien. Llevan un balón de fútbol. Rápidamente trazan entre dos arbustos la línea de gol y empiezan a chutar una bimba de cuero viejo y costuras abiertas. Tiran y se mueven sobre el césped sin apenas hacer ruido, como si fueran cazadores furtivos. El hombre sale apresurado.
¡Niños asquerosos! ¡Sodomitas! ¡Fuera de aquí, este es mi jardín! ¡Fuera de mi jardín!
El hombre observa la huída despavorida. Olvidan el balón, que parece una estatua posmoderna sobre el césped perfecto. Lleno de ira, el propietario chuta la pelota para alejarla de ahí con tal mala fortuna que el esférico impacta contra la luna del todoterreno, dejando un beso de polvo dividido en hexagonales. Corre para comprobar que no ha roto el vidrio. A la vez, la pelota empieza a rodar con velocidad por la pendiente de asfalto. Rápido, les dice un pájaro a los niños que corren calle abajo. Lanzados, los niños empiezan a perseguirla, el hombre espera a los invitados, el cuero se marcha transformándose en un sueño inalcanzable, las unifamiliares se replican en silencio unas a otras hasta llegar a un horizonte brumoso que parece disolver el mediodía.