Las palomas me tienen harto. Hace meses que friego las baldosas fingiendo naturalidad. Como si lo cotidiano solapara lo repulsivo de levantarse con la certidumbre de un patio alfombrado con las heces blandas de esas endemoniadas aves.
Hace meses ya que no hago más que trapear sus porquerías desde que amanece hasta que me voy a la fábrica y cuando vuelvo, enciendo la radio y ceno algo rápido y sin sacarme siquiera el mameluco, cargo el balde y el secador -que dejo junto a la puerta de entrada- y otra vez a baldear el pasillo y el patio.
Serán palomas mensajeras pero comen de todas formas y es a mi patio adonde vienen a liberar sus inmundicias y no recibo de ellas, otra correspondencia que sus correos albinegros, de migas de pan duro y arroces regurgitados.
Hice cuanto he podido para que desistieran de sus constantes visitas, pero vienen igual, con la puntualidad de palomas suizas; como si fueran producto de algún castigo divino; como si hubiera despertado con alguna de mis acciones la ira del Dios Pájaro; si es que existe tal cosa.
De haber un Dios Pájaro, juro por él que rezaría unos cien Ave María, pero después de haber matado tantas, seguro que no me perdona y de todos modos, hace años que olvidé cómo se hace para hablar con Dios.
Igual no dejo de mirar de reojo al cielo, mitad por las palomas, mitad por si acaso.
Sospecho en mi incredulidad, que pago a diario alguna penitencia, porque cuando no están liberando sus intestinos parecen disfrutar viéndome frotar el piso, con su arrullo enloquecedor que no suspenden hasta que me calzo el mameluco y cierro con llave.
Después se van -imagino- al palomar de algún vecino, a comer o a dormir y a entregar las noticias nuevas que llevan y traen en tubitos anudados a las patas.
Igual no dejo de sospechar cierta animosidad y siento un dolor en el pecho cuando alzo la mirada y advierto la gravedad de esos ojos que parecen mirarme con desprecio, desde lo alto del único cable que queda y que todavía no he podido cortar.
Al principio no las mataba. Las cazaba y me entretenía leyendo e intercambiando los correos, pero al cabo de unos días descubrí que contenían palabras que sólo parecían importantes para los destinatarios, y terminé por aburrirme.
Sin embargo fue la vez que leí el mensaje que decía: “Dejalo así, de todas formas es un estúpido” cuando empecé a sentir un rechazo visceral por esos ojos de pez muerto y ese zureo maldito, y llevé la mesa al pasillo y corté los cables de teléfono y de televisión y les retorcí el pescuezo a las tres mensajeras que se agitaban bajo el cajón de manzanas, como conscientes de que en cualquier momento también las cortaba a ellas.
Siempre he estado en contra de la matanza de animales, pero las palomas son tan gansas que no se pierde gran cosa y, además, uno debe rebuscárselas para llevar a la mesa un plato decente.
Creo que ese es el único aporte de las palomas en este barrio, porque es bien sabido que no hay mejor guiso que el cocinado con unas cuantas palomas gordas. Los mensajes pueden enviarse de muchas otras maneras pero el guiso…
“El medio es el mensaje” repite siempre mi primo César, el periodista, –que se sabe es el más inteligente de la familia-, y creo que lo entiendo porque es más lógico cocinarse a la paloma que conformarse con el mensaje que trae y que nos avisa que los billetes que atesorábamos debemos destinarlas al pago del alquiler.
Cuando vino en su visita de todos los martes, dudé respecto de la forma que había interpretado eso que siempre dice. Fue cuando le confesé mi fanatismo por el guiso de palomas mensajeras que reaccionó como no lo hubiera imaginado, y aprovechó para recriminarme no sé cuántas otras cosas y se fue jurando que hasta que no dejara de “asesinar medios-mensajes” –así lo dijo- no volvería a visitarme y dejó en claro que ya no estaría dispuesto a prestarme dinero. “No se mata al mensajero” insistía a regañadientes, con voz aguda, mientras atravesaba los cinco metros de pasillo. Cuando llegó a la puerta, una de las palomas le cagó la cabeza y salió sin decir nada hasta que dobló en la esquina y lo perdí de vista.
Lo mismo le hacen a Lila cuando viene a reclamar el pago atrasado del alquiler.
Me asomo por el ventiluz del baño y subido al inodoro, la veo correr mientras es atacada por una silenciosa lluvia de bosta y orines y en una ocasión, casi se resbala y si no fuera por la anchura de sus caderas y lo angosto del pasillo, seguro se mata. A pesar del susto, fue bastante divertido verla correr en pequeños zigzags hasta que cayó de culo sobre el felpudo blanco y húmedo de la puerta de calle.
De todos modos me tienen cansado porque el alquiler lo pago igual y lo que no gasto en luz lo destino a la compra de velas y fósforos, o pilas para la pequeña radio que me distrae del aleteo amenazador y del tintineo de la cuchara arrastrándose en el plato, a la hora de la cena.
Oír un valsecito o alguna milonga de Rivero me ayuda a evitar una indigestión segura y mientras como, ni me asomo al ventiluz porque sé que me están observando.
A la mañana, ya con las pilas casi descargadas completamente y el mameluco tatuado al cuerpo, me levanto y sin desayunar salgo al pasillo y, llueva o truene, están ahí, orgullosas con el desastre del piso, como diciendo no es más de lo que mereces, este es el precio por el guiso de anoche; como prometiéndome que atormentarán a todas las visitas; invitándome a que vuelva a matar al mensajero.
Ni bien consiga otra cosa, me mando mudar, aunque dudo que Lila me suelte así nomás, porque sabe que nadie querrá vivir en semejante infierno, de arrullos y mierda y mensajes sin importancia.
Comentarios
Me pareció muy entretenida la lectura;):)
En este relato me ha gustado la desmitificación de las "palomas mensajeras", siempre idealizadas en la literatura. Conocí a una persona que había tenido un palomar y no entendía cómo se ha elegido a este animal como símbolo de la paz, pues me contó que son muy agresivas entre ellas.
¡Ah,! pero traer y llevar mensajes es fascinante. Yo, que me oriento tan mal, admiro su capacidad de llegar al lugar concreto sin llevar una brújula en su pata.
¡Enhorabuena, Monique!. Sigue deleitándonos con tus fabulaciones.
Saludos.
Antes que nada debo decir que este texto me gustó.
Luego de leerlo un par de veces, pude encontrar unos detalles que a continuación te mencionaré, pero se trata solamente de mi punto de vista.
* Lo primero que noté, es el uso de las comas. Al parecer, las mismas que a mí me sobran, porque tal vez hago uso y abuso de ellas, a ti te faltan, pero quizás sea solo una cuestión de gustos.
* Creo también que utilizas en demasía la letra "y", tal vez del mismo modo en que yo lo hago con las comas.
Luego, algunas cosas que me dejaron pensando:
* ¿No resulta un contrasentido decir que las palomas son endemoniadas y gansas?
* ¿No resulta también un contrasentido, que esos ojos de pez muerto, puedan observar a alguien con desprecio? Esta pregunta me la hago porque la acción de matar a la primera paloma, transcurre luego del rechazo visceral que la protagonista siente por "esos ojos de pez muerto".
* ¿La paloma de ciudad es un plato decente? Si bien esto me genera dudas, porque creo que la que se aconseja comer es la paloma torcaza, puede que sí lo sea.
* ¿Las palomas mensajeras se desvían de su destino? ¿Recorren sin interrupción alguna el punto de partida y el de llegada? De ser esto así, cazarlas debe significar un verdadero reto.
Otra cosa que me hizo dudar bastante, es si una persona puede correr en zig zag hacia una puerta que da a la calle y caer de culo en el portal.
Pero mi duda no radica en si puede caer o no en el portal. El asunto es que si es una puerta de calle, no da a un corredor, y si no da a un corredor, creo en extremo
dificultoso que alguien pueda observar su caída mirando por un ventiluz de un baño que da a un largo patio, el cual supongo es largo porque Lila necesitó correr para escapar a la lluvia que le regalaban las palomas.
Bueno, espero que mi empeño haya sido suficiente. Como verás, no solo leí tu texto, sino que intenté interpretarlo tal cual lo escribiste, oración por oración; pero sin perder de vista el texto en su totalidad.
Saludos!
Es precisamente lo que andaba buscando.
Agredezco el respeto y el tiempo que le dedicaste.
En cuanto a las comas, simpre me sobran y empiezo a quitar y a quitar y a quitar y me terminan faltando como me sobran las Yes
Tenés razón respecto de lo del pasillo y voy a releer lo de la mirada...
Te agredezco mucho!
Estimo que el enunciado correcto sería "cien avemarías".
No quiero despedirme sin comentar, antes, que he leído cada una de las narraciones que nos dejas, pudiendo observar el crecimiento de quien muy pronto, y según mi criterio, se convertirá en un sobresaliente escritor.
Saludos cordiales.
En fin, te envío mi crítica por intermedio de una paloma...
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