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Pan de hierbas

AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
editado enero 2012 en Narrativa
Pan de hierbas


A pesar de su edad, Don Pedro continúa trabajando, aunque lo hace más por placer que por necesidad. Sabe que la vida lo ha tratado bien y que podría seguir viviendo sus días sin tener que levantarse, seis veces por semana, a las tres de la madrugada, pero desde el día en que por primera vez hundió sus manos en aquella masa tibia y pegajosa que preparaba su abuela, supo que sería panadero. Y levantarse para hacer pan es, más que algo que disfruta, la razón por la cual aún vive.


Doña Eulogia se despertaba casi con los primeros rayos de sol que amanecían en los postigos de la ventana, y siempre con el primer canto de Perico, un gallo conversador que se pasaba todo el día rezongando y dando vueltas por el gallinero.
Hornear el pan, para la gran familia que habitaba aquel caserón en el que vivían dos de sus hijas, sus respectivos esposos, y siete nietos de no más de 12 años, era la primera de una larga serie de tareas que haría en el correr del día, y la que más disfrutaba hacer. Sobre todo desde que en forma por demás misteriosa, su nieto comenzó a interrumpir el descanso nocturno por unos minutos durante los cuales la ayudaba con la masa, para volver luego a la cama con los ojitos brillantes de satisfacción.


Casi cada tardecita, en compañía de su vasito de vino, Don Pedro se sienta bajo el ceibo de la vereda, y entre cada trago que se mete entre pecho y espalda, recuerda que una pesadilla lo hizo despertar durante la noche, y que gracias a ella había descubierto aquella maravillosa sensación que lo invade cada vez que su nariz capta el aroma a levadura, y sus manos se hunden en la húmeda masa.
No consigue recordar esa pesadilla, pero aún puede disfrutar cada momento de los días que componen la vida, que a pesar de todo, considera ha sido benevolente con él.

Como todas las tardes, los vecinos vuelven de su paseo dominguero y le saludan.

– ¡Buenas tardes Don Pedro! ¡Qué vida eh!

– ¡Buenas tardes Don Pedro! ¡Está haciendo vida de rico!

– ¡Cuando sea grande quisiera ser como usted, Don Pedro!

– ¡Pobre viejo! –es la unánime expresión que se escucha a la distancia, pero que nunca llega a los oídos de Don Pedro.

– ¡Tiene como 80 años y sigue trabajando! Para peor está solo hace más de 10 años. Su mujer, su hija, y sus dos nietos, fallecieron en un accidente. ¡Qué triste y solitaria debe ser su vida! ¡Pobre viejo! –dice uno de sus vecinos a la joven pareja que hace poco se mudó al barrio.


Don Pedro observa los últimos rayos del sol, que se pierden entre el follaje de los árboles de la plaza, bebe cansinamente el último sorbo de vino, y se levanta del sillón.
Por la mañana se había despertado a la misma hora de siempre, y luego de asearse, levantar las persianas y aprontar el mate, dio de comer a la docena de gallinas y al viejo gallo que, desde hacía una semana, parecía lamentar la muerte de una de las hembras; y una vez encendida la bomba que llena el tanque de riego, se abocó a hornear, sin prisa, el pan que cada domingo por la mañana le acerca a los niños del hogar de Aldeas Infantiles.


Una vez dentro de su casa, comienza a cerrar las ventanas. Pronto será hora de acostarse, y antes de irse a la cama, come el último trozo del pan que horneó con la receta de su abuela.
El domingo va llegando a su fin, y se acuesta a soñar la llegada de un lunes que lo llevará, como todos los días, a hundir sus manos en la masa, y hacerle llegar a los clientes de Panadería Doña Eulogia, el pan de hierbas de cada día.


* * * * * * *

Comentarios

  • MoniqueCortazarMoniqueCortazar Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2012
    Sólo detalles.
    *La repetición de "entre" en la misma oración:
    "...y entre cada trago que se mete entre pecho y espalda..."

    *Elegiste un narrador omnisciente, por lo tanto debe saber la edad exacta, para que tenga coherencia con el resto de las cosas que conoce.

    *Por otro lado, el Doña Eulogia me parece medio trillado, pero la elección de los nombres es un tema muy personal...
    Por acá no puede uno más que asociar ese nombre, con un personaje de Fontanarrosa...

    Como verás son sólo detalles. Es un lindo relato, pero le estoy poniendo tanto empeño a algunas cosas que no puedo relajarme y ver las cosas como hacía antes, leyendo solamente...

    Saludos!
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2012
    Lo ví más como una necesidad de don pedro de sentirse útil amasando el pan:p:)
    Agradable historia;):)
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2012
    MoniqueCortazar escribió : »
    Sólo detalles.
    *La repetición de "entre" en la misma oración:
    "...y entre cada trago que se mete entre pecho y espalda..."

    *Elegiste un narrador omnisciente, por lo tanto debe saber la edad exacta, para que tenga coherencia con el resto de las cosas que conoce.

    *Por otro lado, el Doña Eulogia me parece medio trillado, pero la elección de los nombres es un tema muy personal...
    Por acá no puede uno más que asociar ese nombre, con un personaje de Fontanarrosa...

    Como verás son sólo detalles. Es un lindo relato, pero le estoy poniendo tanto empeño a algunas cosas que no puedo relajarme y ver las cosas como hacía antes, leyendo solamente...

    Saludos!


    ¡Hola Monique!

    Muchas gracias por comentar.

    Acerca de los detalles que encontraste, te diré:

    1 - La repetición de palabras en la misma oración es algo que me sucede a menudo porque mi preocupación pasa por realizar un buen armado de los párrafos, y como me gusta componerlos de no más de siete renglones y en dos oraciones, suelo caer en ese desliz. Además, como en casi todos los párrafos se desarrollan acciones que van modificando las conjugaciones, la cosa me resulta aun más complicada, y muchas veces, recién después de varias lecturas logro encontrar errores como el que tú bien notaste, pero para entonces el texto ya tiene alguna visita, y ya resulta imposible modificarlo.

    Me deja satisfecho que el párrafo que termino de escribir, de alguna manera compruebe lo que acabo de explicar, y por suerte, creo no ver ninguna palabra repetida. :)


    2 - Es verdad que elegí la modalidad de un narrador omsisciente, y como tal, me reservo el derecho de precisar los datos que, justamente, solo Dios conoce en su totalidad. Por otra parte, conocer la exacta edad del protagonista, no le da más coherencia al relato, porque su edad en nada influye. Basta saber que es un anciano que fue un niño que tuvo una abuela con la que aprendío a hornear el pan.


    3 - Que Doña Eulogia te resulte trillado, lo entiendo. Pero ocurre que conozco muy poco de Fontanarrosa, solo vi algo en la revista Guambia. Lo que hice fue escribir un nombre común a las mujeres nacidas a principios del siglo XX en el Uruguay, y el primero que se me vino a la mente fue Doña Erminda, aunque terminé decidiéndome por Doña Eulogia. Por ese motivo, a mí no me resulta trillado, aunque viva por acá.

    Los detalles, como podrás comprobar, a veces no son más que diferentes perspectivas de una misma cosa.
    En lo que me es personal, si bien leeo los relatos de los compañeros del foro fijándome en detalles pequeños, no hago mención de ellos. Si me gusta el mensaje o pensamiento que me despierta, si es agradable el sentimiento que me genera, lo hago saber. Pero nada digo con respecto a los detalles ínfimos porque sé que también los tengo, y me parece que una palabra repetida, la ausencia de un tilde, e incluso una falta de ortografía, no invalidan ni menoscaban el valor que el texto pueda tener.

    Leer varias veces lo que uno ha escrito resulta un valioso elemento de aprendizaje, pero es algo que solo suelo hacer en aquellos perídos
    improductivos en los que no se me ocurre ni siquiera una puta palabra.
    Y una vez corregido varias veces el texto, el post en que lo publiqué ya está por la página 15 o 20. :)


    Una vez más, muchas gracias por comentar, y me alegra que te haya gustado.

    Saludos

    PD: Como decidí poner el mismo empeño del que hablas, comentaré de modo similar los detalles que pueda encontrar, o no, en tu texto.
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