¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Mériac, un vampiro con alma. Capítulo 1: Tarde de cafe.

ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
editado febrero 2011 en Terror
Una tarde típica con lluvia lenta y melancólica, de aquellas que no terminan de arreciar o finalizar; mojando la ciudad, llevando consigo el aroma del asfalto húmedo. Los conductores transitan más lento, la vialidad se torna densa. Se detiene repentinamente, muy probablemente a causa de un accidente originado por la humedad de las calles o el estrés. Independientemente de la causa, con seguridad alguien murió. Sirenas a lo lejos indican que alguien resultó herido. La gente se aglomera, sin acercarse demasiado; entre hierros retorcidos un riachuelo de sangre fluye, hoy fue un mal día para alguien, hoy fue su último día.
Hacía un par de días que el frente frió había llegado a la ciudad, causando mellas en el ánimo y las calles. Era un temporal de precipitaciones adelantado, muy prolongado, pues durante el mes pasado la urbe estuvo sitiada por nubes. Según los meteorólogos sería una larga temporada de huracanes.
***

El café estaba a medio llenar; los meseros iban y venían con humeantes tazas de café intentando levantar el ánimo, bastante gris, de los habitantes de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, en México. Cada mesa tenía su muy particular mundo privado, completamente ajeno a los demás; un par de enamorados en aquella, planeando el momento en que sus vidas estarían unidas para siempre, ensimismados en el universo que eran ellos dos; el lector asiduo que devoraba con avidez un grueso volumen, acompañándolo con tragos de café americano sin azúcar, la taza era llenada a la menor muestra de vacío; un grupo de amigas que celebraban algo importante o nada en particular, simplemente se reunían para maridar su plática con la enervante bebida; los solitarios que se limitaban a ver pasar vehículos mientras sus mentes atendían asuntos distantes, meditando sobre el monótono ritmo de sus vidas, esperando ese momento tan especial donde todo cambiaría para bien.
Particularmente, en una de esas mesas se encontraban dos personas, una de ellas miraba el café desde hacía un par de minutos, la otra observaba y esperaba.
Ante lo incómodo que un lapso de silencio puede ser, el tiempo parece lento, casi eterno, pero en realidad sólo había pasado un minuto de estar en tan caliginosa situación, hasta que ella rompe el silencio.
—Ya estoy bien, disculpa… pero estos días me ponen un poco blue.
Un par de lágrimas rodaron debajo de sus anteojos, detenidos por una nariz recta y afilada que pronunciaba sus pómulos en un rostro un poco redondo y de barbilla algo suavizada. Su complexión era bastante delgada, muchos pensarían incluso que era anoréxica, pero resultaba ser amante entusiasta de la comida, sobre todo de la pasta con carne. Tenía un metabolismo bastante acelerado que le permitía quemar todas las calorías que ingería día a día. Sus dedos largos y delgados remataban en uñas mal cuidadas y sin pintar, así como el resto de su semblante, que no mostraba una sola marca de maquillaje. Su cabello, como siempre, estaba sujeto en una cola de caballo, atada por una liga cubierta de tela con motivos de animación japonesa, con un par de mechones cayendo al frente de su faz, una playera larga y blanca, así como unos vaqueros grises, desgastados y rotos. Sus delgados labios trataron de esbozar una sonrisa, pero el gesto le resultaba en extremo difícil y sólo atinó a sujetar con fuerza la taza de café.
—No tienes por qué disculparte —repuso el joven con una sonrisa.
Secó sus lagrimas y recordó, muchos años hacia atrás, quizás toda su vida; una existencia que se propuso medrarla y aniquilar su espíritu. Como si el mismo destino se empecinara en convertirla en un despojo, una paria destinada a ser una sombra que vaga dentro del frío de una sociedad de modelos predefinidos, condenándola al ostracismo.
Desde su recuerdo más tierno, hasta la fecha, ni una sola palabra de aliento o afecto; sólo cruel rechazo, incluso de aquellos que se suponía debían amarla: su familia.
No era fea, cabía dentro del estándar aceptable: cabello rubio, piel blanca y ojos color castaño claro; sin embargo, su hermana Isabel, había sido beneficiada por los genes, y, ante ella, Mériac se veía insignificante, patética y poco agraciada. Su hermana mayor era un derroche de belleza y carisma, tan mimada en exceso por los padres y abuelos, como abandonada era Mériac por ellos. Su mente la llevó a ese punto, cuya memoria se esforzaba día a día olvidar sin conseguirlo.
***

Lanzó un profundo suspiro para hacer un viaje al pasado.
—Siempre usaba la ropa que mi hermana dejaba, así como sus juguetes; una navidad en particular, Isabel recibió más de diez cajas de regalos, mientras que a mí sólo me dieron una muñeca usada, de esas arrumbadas que mi hermana había decidido tirar a la basura; no se tomaron la molestia de envolverla, la metieron en una bolsa del supermercado y así la dejaron. Yo era suspicaz, aguda, por lo que adiviné que ése era mi regalo.
—¿En serio te hicieron eso? —preguntó sorprendido.
—Bueno… no; creo que exageré un poco —sonrió con melancolía—, pero no dudo que lo hayan pensado.
—Pero ¿Es que nunca te dieron algo nuevo?
—Bueno, una vez en su cumpleaños a Isabel le regalaron una Commodore 64 —se enjugó las lágrimas—. Ella trató de usarla, pero mi hermana era, bueno creo que lo sigue siendo, tan bruta como bella, así que quiso tirarla a la basura, pero como había costado mucho dinero, decidieron que sería mía —suspiró con nostalgia —. Se convirtió en mi única amiga, puesto que todo mundo se desvivía por estar con Isabel.
—Ve el lado bueno, gracias a ello lograste tener esa beca y cursar la carrera en sistemas computacionales —comentó tratando de animarla.
—Tienes razón, mis padres nunca pensaron en granjearme una carrera, hasta tuve que conseguir también una beca para un curso de inglés y poder aprobar el TOEFL, así que ambas becas me ayudaron seguir estudiando y ahora… a tan sólo un par de semanas de mi graduación aún me siento vacía.
—No debes estar así, hay mucha gente que te aprecia por lo que eres y tendrás mucha suerte cuando termines. Tienes el premio a la mejor de la generación, sin duda obtendrás un buen trabajo.
—¿Me aprecia por lo que soy? La mayoría ve en mí la oportunidad de pasar un examen o un problema difícil —guardó silencio—¿recuerdas a Servando?
El evocar aquel nombre trajo un recuerdo que la mordió como serpiente, reviviendo la herida que tanto daño había causado y que parecía que nunca cerraría.
***

El sol estaba en el cenit. El calor reflejado del piso era ingente. Mériac había decidido sentarse a reposar un rato bajo la sombra para refugiarse de los rayos del sol. Por fortuna todo el campus de Ingeniería contaba con muchos árboles. Frente a cada módulo de tres pisos, siempre había un jardín que servía de frontera hacia otros módulos; no sólo era una hermosa vista, también dotaba de una isla donde los estudiantes podían descansar sobre el pasto o estudiar en contacto con la poca naturaleza que se puede encontrar en las ciudades. El campus de Ingeniería abarcaba una enorme manzana cuyo perímetro era mayor a dos kilómetros. En este campus se encontraban las facultades de Matemáticas, Física, Química, Electrónica, Mecánica y Sistemas Computacionales. Todo el conocimiento de las ciencias exactas en un solo lugar, además de contar con cubículos especiales para postgrados, maestrías y algunos doctorados. Podía verse desde un alumno, hasta un doctor en ciencias, disfrutar de la sombra generosa que los árboles ofrecían por igual, sin importar título académico o género. Refugiada en la frescura de estos democráticos árboles, Mériac reposaba de los rayos solares y parecía que todo iría bien. El contacto con el pasto, así como con la rugosa corteza, la reconfortó unos minutos, pocos en realidad, porque Servando llegó.
Era estudiante del mismo grado que ella, agradable y buen mozo. Tomó asiento a su lado, esa acción la tomó por sorpresa haciendo que abriera sus ojos color castaño como enormes platos.
—¿Te molesta que me siente un rato aquí?
—Claro que, eh...no..., adelante —respondió nerviosa.
El joven cerró los ojos, parecía dormitar, ella lo contempló sin pestañear durante largos minutos. Su mente divagaba en mil y una posibilidades: si hablarle o no hablarle. De hacerlo, ¿qué le preguntaría, qué plática podría encaminar; conversarían o se iría de ese lugar?
—Tengo sed —dijo él—, vamos, te invito un refresco.
No dijo palabra alguna, sólo asintió con la cabeza.
***
Continua en el siguiente mensaje de este hilo...

Comentarios

  • ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
    editado junio 2010
    ... continuación.
    ***
    Un par de días bastaron para que Servando le declarara su amor y deseo que fuera su novia. Por fin alguien se había fijado en ella. Durante un par de semanas, se sintió feliz, hermosa. Todos los días pasaba la tarde en casa de su amor, platicaban y estudiaban —más estudiaban que platicaban—, pero eso no importaba, porque después de haber sido relegada por su familia, ahora tenía alguien con quien compartirse.
    Ese día cumplirían un mes de andar juntos, ella había escrito algo y además llevaba un pequeño presente. Avanzaba alegremente cuando se detuvo en seco. Doblando la esquina lo vio. Allí estaba él junto con otra joven dándose un beso.
    Todo su mundo se destruyó, había puesto tantas ilusiones en esa relación, para darse cuenta que era sólo eso, una ilusión; la vida la regresaba de nuevo a su realidad: estar sola y ser usada para fines de terceros.
    —No te preocupes, es sólo mientras pasan estos exámenes, ya sabes que eso de los grafos no se me da muy bien y esa nerda es buena para eso. Un par de días más y la boto —dijo Servando con cinismo.
    El regalo escapó de sus manos así como un par de lágrimas, se dio vuelta y corrió; pero, a los pocos metros se impactó con otro alumno.
    —¡Fíjate por donde vas pendeja! ¿Estás ciega o qué?
    —¡Vete al demonio imbécil! —fue su respuesta.
    Estuvo llorando en su cuarto por horas. Su hermana, quien se había enterado del suceso, por supuesto que no perdió oportunidad para burlarse de ella. Ni siquiera en su cuarto encontró la calma y el remanso que su alma necesitaba.
    La noche avanzó y entrada la madrugada tomó entre sus manos un gran puñado de pastillas. Pensó en ingerirlo, pero algo dentro de ella la convenció que su suerte cambiaría pronto. Nunca se imaginó esa noche cuánto habría de cambiar su vida y los giros que la situarían en un futuro extraño, oscuro, macabro.
    ***

    El recuerdo de aquellos días fue demasiado para ella. Dio un gran sorbo al café; todavía estaba caliente, pero su pecho ardía aún más, ambas fuentes de calor hicieron que su frente se perlara de sudor.
    —Me tengo que ir, pero fue un placer estar contigo —dijo Mériac a manera de disculpa.
    —Te llevo.
    —No es necesario… quiero… caminar un rato —contestó con un suspiro.
    —Mériac, por Dios, está lloviendo, vas a terminar empapada —advirtió su amigo preocupado.
    —No te preocupes por mí… tengo buenas defensas —dijo al tiempo que se golpeó el pecho con la diestra.
    Dicho esto se puso en pie y se retiró.
    ***

    Caminaba desde hacía un par de minutos. Se encontraba completamente bañada. Se detuvo en la esquina para esperar su camión. Sola en el paradero se sintió más desvalida que nunca. El camión tardaba en pasar y del otro lado de la calle vio un puesto de lotería. Volvió su mirada en dirección a donde habría de venir el camión, pero de repente algo pasó por su mente: el número 258,697; devolvió su mirada al puesto con cierto recelo. El semáforo se puso en rojo, cruzó la calle para pedir el número al encargado.
    —Mucha suerte señorita.
    —Sí —asintió sonriendo—, y toda mala.
    Regresó a su lugar para esperar al camión que vio venir; comenzó a buscar dinero en su ropa, sin embargo se dio cuenta de algo: no tenía lo suficiente para el pasaje. Sin fijarse, había gastado de más en el boleto de lotería. Vio pasar el camión y comenzó a caminar, sería un largo camino de regreso al hogar.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    a ver si se gana la loteria,:eek::cool:;):rolleyes:
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com