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Para subir querrás bajar.
Para bajar desearas subir.
PERMANEZCO POSTRADO EN LA CAMA, conectado al oxígeno y rodeado de mis familiares; al menos sigo en mi hogar. Considero que mi fin se acerca. Esos buitres que constituyen mi descendencia han venido, como buenas aves carroñeras que son, para alimentarse de mis últimas gotas de sangre. Son unos ilusos. No conocen que todo quedó testado hace años. Me encantaría ver cómo los nueve se pelean para conseguir una parte de mis riquezas, la correspondiente a su legítima; sólo lo sabe uno.
¿Os habéis quedado impresionados porque tengo nueve hijos? Pues os diré que es mentira. Sólo tuve cinco, nueve eran los que planeé con mi primera mujer la noche de bodas. La adoraba, era una diosa para mí, mi corazón latía por ella. Algunas veces discutíamos, con consecuencias dispares, pero lo bueno era la reconciliación.
La luz se apaga, el frío y la soledad me invaden. Ya no les oigo hablar. Pienso que están realizando suposiciones de qué les tocará. La respuesta es: lo obligatorio por ley.
1
Despierto y me siento realmente bien, no noto ningún dolor. Podré llegar a los cien años, me faltan menos de trescientos días. Un silencio helado me rodea. Noto como abren mi boca y me colocan un objeto redondo en ella. Los brazos no me responden, no puedo acercar las manos a los labios, no logro saber qué es. ¿Será esto el inicio de la otra vida?
Comentarios
Para subir querrás bajar. Para bajar desearas subir.
Dos simples frases, pero me gustan.
Parece que se entiende que el otro lado es el otro barrio, el barrio de los callados, por eso no comprendo el título de "Cartas desde el otro lado", cuando aún está lúcido y habla desde este lado .
Son palabras dichas para sí de un hombre avaro, egoísta, pensando en su riqueza y se está muriendo.
Texto bien redactado y bien llevado.
No soy quién para corregir la plana a nadie. Chirrín, chirrán
2014 la novatada
2016 este
2018 no participé
2020 una historia de amor, fue para volver a animarme a escribir.
Los tres últimos son de Editorial Maluma.
2
Escucho a algunas personas acercarse y marchar, lo intuyo por sus pasos, ¡vaya decepción! Pensaba que la otra vida sería más divertida: fiestas, alcohol, drogas... Percibo que como hay gente a mi lado, vienen a dar las condolencias a la familia, mientras miran mi cuerpo. En realidad vienen a comprobar si estoy verdaderamente muerto. Algunos querrán escupir en mi cara, los que no entendieron mi forma de actuar.
Entre el murmullo de la multitud oigo unos llantos. Son los de Carolina, la más pequeña de mis nietas; esa mocosa siempre tan sentimental. Es una luchadora, siendo adolescente ya ha afrontado más dificultades que mis otros hijos y sus descendientes juntos.
3
Ya no escucho a nadie, ¿habrán cerrado el ataúd? Puedo mover los brazos, provocando que la caja se expanda hasta lograr una habitación grande y blanca. En el cuarto hay una mesa con su silla, una cama, unos lápices y unas hojas de papel. La claridad me rodea y me obliga a entornar los ojos. Con tanta luz no puede ser que me halle en el infierno: ¡yo que esperaba ir allí! Las hojas parecen pedir una reflexión, no merezco estar en el purgatorio.
El objeto que hay en mi boca me vuelve a molestar, no obstante, ahora lo puedo sacar. Es una moneda para que se la dé a Caronte. Lo más seguro es que me la haya puesto Carolina, esa enana se inquieta por mí, algún día la trataré como la adulta que es. Desde que a los nueve o diez años estudió mitología griega y leyó algún que otro libro, se preocupó para que pudiera pasar la laguna Estigia. Desea que le pague al barquero el paseo, que no me la guarde y eso que es tentador.
Me encuentro en una sala con mis pensamientos. ¿Qué broma de mal gusto es esto? Me he esforzado durante casi un siglo para no llegar a este punto, seguro que en algún círculo del infierno puedo quedarme. He rendido pleitesía a Lucifer para que me siente a su derecha o incluso a su izquierda.
4
No puedo calcular el tiempo que llevo aquí encerrado: segundos, minutos, días... Tendré que decir con mayor claridad y con la voz más alta que no quiero una eternidad de cantos religiosos. No sé cantar.
Recuerdo que la última vez que pisé una iglesia fue el día de la comunión de Carolina. Considero que las sanguijuelas realizan mayor labor por la sociedad que los reverendos.
5
Alguien no ha entendido el papel que he representado durante estos años y por su ignorancia me ubican en esta sala, pienso que es el purgatorio. Los necios suelen fastidiar a los trabajadores, he intentado mantenerme alejado de ellos.
Estando en un lugar tan blanco, algunos podrían creer que he llegado al círculo central del infierno que ideó Dante en la «Divina Comedia», mi ilusión. Ignorantes, ese es de hielo y en esta sala hay una fantástica temperatura.
Yo no hubiera traicionado a Jesús como hizo Judas, uno de los inquilinos del círculo central. Hubiera cuestionado sus milagros, como se hace hoy en día. ¿Por qué crear un héroe? Es uno de los peores errores de la sociedad, suerte que la actual ya lo va aprendiendo. En ese caso el héroe se encontraba íntimamente ligado al concepto de mártir; sucede con mayor frecuencia de la que me gustaría. Es un fallo de los dirigentes, una ignorancia como la esclavitud.
Yo dejaría a los hombres libres. Dales un sueldo bajo, para que necesiten más, y crea tú los bancos, los bares y las tiendas. Seguro que al final, la gran mayoría pedirá una mayor cantidad de lo que puedan lograr y te regalarán horas de trabajo por ignorancia. En el siglo XX la esclavitud ya estaba derogada en gran parte del mundo, se había aprendido.
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Estoy harto de estar aquí, lo único que poseo es el papel en el que escribo y un lápiz al cual no se le gasta nunca la punta. No merezco vivir en este lugar. Realicé mis actos con mayor acierto que los ricos anteriores a mí.
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Disney hizo creer a mis hijos que los ricos son malos y crueles. No debimos ver los mismos dibujos del “Tío Gilito”. Yo lo veía como una persona con corazón que se encargaba de cuidar a los sobrinos de Donald. Para mí siempre fue difícil encontrar sentido a que los cuidara. Malgastar el dinero en el cual podía nadar con esos tres era una estupidez.
Mi memoria falla, no sé cómo obtuvo el dinero. Siendo americano y blanco, lo más seguro es que lo heredara de alguna plantación de algodón.
8
No puedo evocar si lo he escrito o no, residir aquí cansa. Lo único que me anima es saber que mis tres hijas se pelearán con sus suposiciones hasta que no hayan abierto el testamento, no sabrán que se han de dividir la legítima entre cinco partes, Pedro se encargará de pedir dos.
Al pensar en ellas me ha venido a la cabeza el nombre de mi segunda hija, la chica que sigue a Pedro. No supe hasta el momento en que nació que era una niña. Pocas horas antes de que mi mujer se pusiera de parto, tuvimos una fuerte discusión. Quería que se llamase como ella si era niña y no aceptaba que le pusiera como mi padre si era niño. Al final cedió y pude llamar a esa niña llorona, Segismunda. Fue una victoria, al principio encontré cruel pagarlo con la niña, pero después de la reconciliación con su madre me dio igual. Sus compañeros de clase se reían de ella, me sorprendió que no me afectara. Pensé que acabaría soltera con ese nombre, pero tuvo suerte, se casó y me dio cuatro nietos y ellos a su vez algún que otro bisnieto.
9
No sé cuántos bisnietos tengo, pero sí el nominal de las acciones que poseía quince días antes de mi muerte. Saber el valor de las propiedades es un hecho mundano. En la crisis del 2008 cometí un error. En la primavera del 2007 veía que algo iba mal y no supe vender la totalidad de mis activos, sólo vendí un 90%. Tuve la suerte de perder poco dinero, la caída de la bolsa y de los bienes inmuebles fue un peldaño para mí, en lugar de un abismo.
Soy el más rico del cementerio y sé que gastarán poco dinero en flores para adornar mi sepultura, o eso espero. La única que me las traerá de corazón será aquella a la que oí llorar al lado de mi tumba.
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Consideraré, a partir de este momento, que estoy en el purgatorio, hasta ahora sólo lo suponía, pero no sé quién me vigila y tengo que hacer un balance de mi vida. ¿Por qué desaparecen las hojas ya escritas? Quieres que mis recuerdos vuelvan y no quieres que los pueda leer, no seguiré un orden cronológico, ordena tú las hojas, es mi castigo hacia ti. Tú me tienes preso aquí, ¿podrías hacerme caer? ...