LA PUERTA 9
Detrás de la puerta se oían las voces, parecían unos seres extraños, celosos, se
escuchaban gritos y un zumbido como de moscas, ruido a metal. Frente a la
puerta estaba el niño Juan con mirada perdida en lo oscuro, leyendo en ella un
numero pintado de blanco: 9 , el niño temeroso miraba dicha puerta haciéndose
preguntas sobre los zumbidos, pensaba ¿ Qué serian esas voces?, de pronto vio
cómo unos golpes la hacían temblar, gritos, aullidos, ¡ no me matés!, escuchaba.
Luego el zumbido continuaba, todo transcurría en un tiempo cíclico, Juan temblaba ante
tremendos golpes, ¡ no me matés!, escuchaba. Estaba en el umbral de la puerta como un
perro acurrucado, silencioso. Aquello era algo tremendo. Frente a la puerta se sentía
diminuto y más con esos pasos lejanos, que parecían acercarse y alejarse, sería algún
hombre incontrolado. Todo eso creaba un clima extraño. ¡No me matés! Se oía.
El niño en un momento empezó a llorar, levantaba la mirada, como rogando a Dios. En
un principio dudó si quedarse o irse, tenía temor, con un sentimiento de nausea.
Despacio, temeroso se acercó a la puerta, era de color negra, oscura como un abismo.
De pronto un golpe seco del otro lado abrió un orificio, y una luz salió, parecía que el
infierno estaba saliendo de la puerta 9. Juan se acercó casi sintiéndose morir, pero en un
acto de curiosidad al sentir silencio y paz en ese momento, escuchó una voz y se acercó.
Y al mirar por el orificio si bien no pudo captar demasiado, vio unos dedos como
humanos y luego la mano con una flor, y escuchó unas risas. La luz que
salía de la puerta lo hizo sentir feliz. Pero de pronto el agujero fue obstruido, dejando a
Juan con la duda, ¿ Qué seres o cosas habría detrás de la puerta? Se tapó los ojos, no
miró. Un golpe seco sacudió la puerta: ¡ no me matés!. El se apartó de la puerta, t
temiendo cualquier cosa menos algo bueno. Entonces sintió rasguños en la madera,
como de un león o un tigre. Hubo silencio, el silencio de una misa, luego voces y
pasos, no se daba cuenta en su inocencia que podría ser, apenas tenía 9 años.
Sintió nuevamente temor, pensó en las flores que había visto. El número 9 seguía
indemne como un símbolo expectante. Las horas pasaban y su tiempo parecía estar
junto a la puerta. El permanecía allí como una estaca del destino, sintió de pronto el
sonido de una campana que venia del otro lado. El niño comenzó a levantarse sintió una
mano en su hombro, miró y era un hombre alto de traje oscuro como la puerta: y le
preguntó:
- ¿ Niño cómo te llamás?.
- Juan, respondió, temeroso:
-Juan Blanco
-Lindo nombre dijo el hombre , ¿ Que haces aquí y no en tu casa?
-No ves que la escuela está cerrada, no ves que no podés entrar.
El niño miró la puerta y al voltear no vio más al hombre, había desaparecido.
Sintió , pero dudó, si había sido un humano o un fantasma, de pronto la puerta fue
golpeada y escuchó: ¡ no, por favor! No me matés, no no…
Y ante un impulso tras esos golpes tremendos y gritos, se abalanzó sobre la
puerta y la abrió.
-Juan, Juan despierta, escuchó
El niño reaccionó y vio a su madre, todo había sido un sueño, un mal sueño,
-Vamos Juan tenés que despertarte, son las nueve menos veinte y hay que ir a la
escuela,
El niño vaciló, le dijo:
-Mamá tuve una pesadilla mientras dormía, un sueño horrible tengo miedo de ir a la
escuela. -Vamos Juan no digás tonterías, es tarde tengo que ir a trabajar y tu padre hoy
tiene doble turno en la fábrica.
-No, no quiero ir mamá, tengo miedo, mucho miedo.
Entonces su madre lo agarró del brazo y le dijo:
-Mirá Juan no sé qué soñaste, pero si no voy a trabajar no podrás seguir yendo a clases,
ni que te regale para tu cumpleaños esos muñecos raros de la televisión.
El niño tomó un poco de te en forma apresurada, se miró al espejo y junto a sus padres
subió al auto gacel. Su madre manejaba ya que su padre estaba un poco cansado.
Juan estaba nervioso su padre lo miraba y le preguntaba insistente:
- Hijo que té ocurre que estás tan silencioso y pensativo,
-Nada papá, nada.-
El auto paso dos semáforos a mediana velocidad ,era una mañana fría y sombría, de
lejos se veían las palomas del campanario de una iglesia.
El niño se despidió de sus padres y bajó, observó como el auto aceleraba y doblaba en
la esquina , la campana comenzó a sonar, Juan caminaba nervioso
con aire de sospecha, en esa mañana fría como de cementerio.
Paso al lado de unas flores y miró su reloj pulsera que marcaba las nueve de la mañana.
Sintió el zumbido de moscas y con horror observó la fachada de la escuela y vió
la puerta 9 , a un costado un grupo de chicos de su edad que caminaban despacio, y ellos
decían:
- No, no lo vamos a matar. Solo lo golpearemos un poco,.
Otros decían:
-Lo vamos a encerrar en la escuela.
Juan tenía miedo, miraba la puerta con temor a
acercarse. Los niños avanzaban y discutían entre si, Juan sentía un olor muy fuerte
como de muerte, y un zumbido; ellos avanzaban.
-No, no lo vamos a matar le vamos a pegar entre todos y le robamos el reloj.
Juan desesperado comenzó a correr y se perdió en una plaza cercana.
Los chicos le gritaban, Juan siguió corriendo hacia su casa con todas sus fuerzas, y
exhausto cayó.
AUTOR: JAVIER DICENZO.
Comentarios
javier
Narras muy bien, se me puso la piel de gallina, que premonición del niño, por eso dicen que los sueños son cosas que pueden llegar a suceder, o que están en el subconciente de las personas.
javier
Tiene una pizca de original, unos ingredientes de suspenso, unos matíces de intriga, algo de misterio, y todo realizado con una escritura simple.
Adelante, estáis en camino.
Un abrazo.
betob
javier
javier
abrazos
javier
javier