Decía ser feliz pero su rostro lucía descontento, sus mejillas arreboladas por el arduo trabajo del campo, su piel tostada y sus pies húmedos.
El tiempo lo llevó al alcohol y a la misoginia y sin embargo levantó prole con la mujer que lo aguantó, cuatro hembras a las que también maltrata, “y ningún macho, ninguno que siga mis pasos”, se lamenta a gran voz en los días malos de vino y delirio grandilocuente.
El machete fue su ley. Su refugio, las cantinas. Se creyó dios de batallas pero sólo fue un bruto.
La ignorancia le curtió el rostro, robó su alma, cerró sus ojos.
En su lápida se lee la última grandilocuencia:
Aquí yace Cenobio, hombre de placeres y andanzas.
Su mujer le llora. Sus hijas le olvidan, en el llanto ahogado de su propia muerte.
Comentarios
anyway...
muchas gracias AB.
Bienvenida de nuevo, Nereyda, no te había visto por el foro.
Hola Guillermo, tu también estabas como desaparecido, me alegra verte de nuevo por estos lares,chévere que regresen de nuevo.