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4 en juego CAP 1

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Comentarios

  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    me está encantando la historia aparte de estar total y rotundamente enganchada a ella, es una pena que solo sean 7 capitulos, pero por ahora me conformaré jejeje.
    un abrazo
    bea
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    B.T. escribió : »
    me está encantando la historia aparte de estar total y rotundamente enganchada a ella, es una pena que solo sean 7 capitulos, pero por ahora me conformaré jejeje.
    un abrazo
    bea

    Gracias por seguir leyendo. Mañana subiré el 6, y es probable que el 7 también.
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    ―Esta es la cuenta en la que tienes que ingresar el millón ―dijo Héctor con aspereza.

    Dante cogió el papel y asintió.

    ―Muy bien. Puedo hacerlo solito.

    ―Quiero asegurarme de que cumples tu palabra.

    Dante se encogió de hombros. Desdobló el papel y repitió los números a su contable por el móvil. Luego le dio instrucciones precisas para realizar las transferencias inmediatamente.

    Héctor no le quitó ojo ni un segundo. Permaneció a su lado en todo momento.

    ―No tengo por qué darte explicaciones ―gruñó Dante―. Es mi dinero y lo harás sin rechistar. Mañana hablaremos y si no está hecho ya puedes ir buscando otro empleo. ―Colgó el teléfono algo irritado―. Ya está todo arreglado. ¿Contento?

    ―Mucho ―respondió Héctor.

    Y se dio la vuelta para irse.

    ―Espera un momento ―dijo Dante agarrándole por el brazo―. Tengo algo que proponerte. Podemos ayudarnos mutuamente.

    ―No me interesa.

    ―Pero si ni siquiera sabes qué te quiero decir. Mira, acabo de gastar una fortuna en ti, por lo menos escucha mi propuesta. ―Héctor se quedó quieto sin decir nada―. Podemos ayudarnos en el juego, vamos a por el médico y la chica, y luego nos repartimos las fichas. A la niña no le importará, ya ves que nos permite hacer todo tipo de tratos.

    ―No me interesa.

    ―¿Por qué?

    ―Porque me da igual. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Además, eres una de las personas que más asco me dan. Por gente como tú, este mundo es la basura que es. Esto es solo un ejemplo de cómo eres incapaz de cumplir unas simples normas. Siempre conspirando para aprovecharte de los demás. Lo repito: me das asco.

    ―Eres un pobre idiota, harapiento. ¿Qué importa el mundo ahora? Somos nosotros cuatro los que estamos jugando, nadie más. ¡Nuestra vida está sobre el tapete! No sé para qué me molesto, no entiendes nada.

    En realidad era Dante el que no comprendía a Héctor. ¿Por qué iba alguien a negarse a recibir ayuda en la partida? No tenía sentido. Si tienes un problema con el mundo lo intentas resolver, pero para eso necesitas ganar la partida primero. Le dio un par de vueltas y para cuando se sentó de nuevo a la mesa estaba firmemente convencido de que Héctor era un imbécil sin carácter que había sucumbido a una desgracia terrible. No tenía el coraje de enfrentarse a ello y superarlo, era débil. Por eso el mundo lo dirigía gente como él y no como Héctor, un lamentable despojo de lo que un día fue un ser humano.

    ―¡Zeta, mesa! ―gritó la niña―. Quiero mesa. ¡Corre! ¡Deprisa!

    El perro cruzó la estancia a toda velocidad con la niña sobre su lomo. La pequeña se agarraba con fuerza de las orejas y soltaba largas carcajadas, mientras su pequeño cuerpo botaba sobre el pelo de Zeta. La fiel mascota se detuvo junto a la silla y la chiquilla adoptó rápidamente su postura habitual y empezó a jugar, apilando los pequeños cubos unos sobre otros.

    ―Creo que tenemos que proseguir con la partida ―dijo Álvaro.

    Judith se levantó y regresaron a la mesa.

    ―Ya estamos todos de nuevo ―dijo Dante.

    ―¿Impaciente por terminar? ―preguntó Álvaro.

    ―¿Tú no? ―repuso Dante―. Ya es hora de ver quién es el mejor.

    Judith acomodó su tripa y empezó a repartir evitando cruzar la mirada con Dante. Héctor prestó atención nada más que a la niña y Álvaro se preparó para realizar la trampa perfecta cuando llegara su turno.

    ―Voy a empezar con tres ―dijo Dante apostando las fichas.

    Siguiendo la tónica habitual, Héctor anunció que no iba, y Álvaro y Judith lo vieron. A estas alturas, estaban acostumbrados a jugar los tres, sin contar con Héctor.

    Dante subió la apuesta y todos la vieron.

    ―¿Cuántas fichas hay? ―preguntó Dante antes de levantar sus cartas.

    ―Treinta ―dijo Álvaro.

    ―Curioso. Un mes exacto ―reflexionó Dante―. Me vendrá muy bien para arruinar un par de empresas en ese tiempo.

    Enseñó una escalera y ganó la mano.

    ―Ya perderás de nuevo ―aventuró Judith.

    ―Seguro, pero de momento es mío y os he ganado diez días a ti y al doctor. ¿No te molesta?

    ―Más de lo que imaginas. No puede haber un destino peor para mi tiempo que alargar tu vida.

    ―No dejes que te provoque ―dijo Álvaro―. Sólo quiere alterarte para que juegues peor.

    ―Ya habló el experto ―declaró Dante―. La encarnación del bien en un médico ludópata que sabe tanto de póquer por las miles de partidas en las que habrá tomado parte. ¿Cuál es tu tragedia, doctor? ¿Te arruinaste en una timba? Apuesto a que sí. ¿Y qué más te da si pongo nervioso a la princesa? Que ella juegue mal nos viene bien a todos.

    ―Que juegue como quiera ―dijo Álvaro―. Pero no tienes por qué meterte con ella.

    ―Lo que te molesta es que os estoy ganando gracias a ti. Si no me hubieses dado tus fichas, estaría perdido, pero como me devolviste mi tiempo voy a ganaros a todos. Estos diez días que la princesa ha perdido para que yo los gane han sido por tu culpa. ¿Qué se siente?

    ―Estás muy seguro de tu victoria ―repuso Álvaro―. Ya te vencí una vez y lo volveré a hacer. Disfrutaré pensando qué haré en los dos años que voy a arrebatarte. Además, aún no has recuperado todas tus fichas. ¿Cuánto tienes ahí? ―Álvaro echó una ojeada rápida al montón de Dante y frunció los labios con desgana―. Calculo que no más de un año y dos o tres meses. Eso significa que has perdido unos diez meses de tu precioso tiempo. No es para estar contento, la verdad.

    Dante iba a replicar algo, pero Héctor empezó a repartir y cuando terminó hizo algo que sorprendió a todos por igual. Miró sus cartas. Era la primera vez que las recogía del tapete para estudiar su jugada.

    ―Voy ―dijo Héctor, y dejó dos fichas sobre la mesa.

    Los demás intercambiaron miradas de interrogación. Se descartaron y apostaron rápidamente para comprobar qué hacía Héctor.

    ―Subo ―anunció. Contó las fichas y las dejó en el centro―. Ahí van dos meses, si no he interpretado mal la correspondencia de las fichas.

    No lo había hecho, el cálculo era correcto. Álvaro tenía un trío de ases, una mano muy buena. Así que decidió mantener viva la apuesta. Era la primera ocasión que se le presentaba de analizar el juego de Héctor.

    ―Lo veo y subo otros tres meses.

    ―Esto se anima ―dijo Dante―. Muy bien, perdedores, yo también lo veo. Cinco mesecitos… Qué ricos.

    Igualó la apuesta. Judith abandonó en ese momento. Álvaro observó que seguía sin arriesgar, nunca se mezclaba en las apuestas fuertes.
    Héctor repasó sus fichas con atención.

    ―Bien, esto cubre tus tres meses… Y ahora pongo… seis meses más.

    Álvaro se quedó asombrado. No tenía ni idea de qué pensar de Héctor. Su voz no temblaba, su respiración era normal y su aspecto general era reposado, como si estuviese a punto de irse a dormir. Sus tres ases eran muy tentadores, pero la apuesta era muy alta, demasiado para medirse con un jugador del que no sabía nada. Esa era la primera vez que Héctor intervenía, y sus expresiones revelaban que estaba prácticamente en coma. Un buen jugador reconoce el riesgo. Saber cuándo retirarse es tan importante como saber cuándo apostar.

    ―Demasiado para mí ―dijo Álvaro―. No voy.

    ―Ni yo ―dijo Dante―. Vaya con el roñoso. La primera vez que juega y nos despluma a todos.

    ―¡Maldita sea! ―gritó Héctor. Tiró las cartas sobre la mesa y dejó a la vista una pareja de cuatros―. Menudos jugadores estáis hechos. ¡No tenéis ni puta idea!... No me lo puedo creer.

    El estallido de Héctor cogió a Álvaro totalmente desprevenido. Acababa de ganar una mano excelente. Y con una pareja de cuatros, nada menos. Era motivo para estar orgulloso de haberles derrotado con una jugada tan floja. Muy al contrario, Héctor estaba completamente enfurecido. Gesticulaba deprisa y su cara estaba deformada por una mueca de sufrimiento bastante desagradable.

    ―Has ganado ―dijo Álvaro―. ¿Cuál es el problema?

    ―¡Tú! ¡Vosotros sois el problema!

    ―No gritos ―dijo la niña dando palmadas―. Jugar. Zeta quiere jugar.

    ―Yo me relajaría o ya sabes qué pasará ―le advirtió Álvaro.

    Héctor le atravesó con una mirada de rabia.

    ―¿Qué? ¡Eh! ¿Qué me va a pasar?

    ―Dejadle en paz ―dijo Dante, divertido―. Veamos cómo la niña pone al andrajoso en su sitio. Será divertido.

    ―No lo hagas ―suplicó Judith―. La niña te matará.

    Héctor dio una patada a su silla y se levantó. Zeta se plantó entre él y la niña y su gruñido hizo vibrar toda la estancia. Héctor no le prestó el menor caso y no dio muestras de asustarse. Apoyó los brazos en la mesa y mirando a Judith fijamente dijo:

    ―Para eso he venido, ignorantes. Mi único propósito es irme con ella ―añadió señalando a la niña.
  • editado abril 2010
    Esperando el desenlace...:)

    (Me sigue gustando, mantiene el interés sin decaer)
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    mave escribió : »
    Esperando el desenlace...:)

    (Me sigue gustando, mantiene el interés sin decaer)

    Espero que el desenlace no te decepcione. Ya me contarás...
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    Si alguien cree saber cómo va a terminar la partida, me encantaría saber su teoría antes de publicar el último capítulo.

    Mi intención es que no sea un final predecible, pero si "se ve venir" me ayudaría saberlo para posibles cambios.

    Así que si alguien se anima a hacer apuestas me haría un favor.
  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    hummm, nando me está encantando como ya te dije estoy super enganchada a al historia.
    mientras que no termine como los serrano, jajaaja va bien.
    bueno para ser sincera me gustaria que ninguno muriera, que en unas cuantas jugadas quedaran todos como cuando empezaron, con las mismas fichas, y que la niña se aburriera de ellos y los perdonara la vida.... total es una niña y las niñas se aburren de to. un abrazo bea.
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    B.T. escribió : »
    hummm, nando me está encantando como ya te dije estoy super enganchada a al historia.
    mientras que no termine como los serrano, jajaaja va bien.
    bueno para ser sincera me gustaria que ninguno muriera, que en unas cuantas jugadas quedaran todos como cuando empezaron, con las mismas fichas, y que la niña se aburriera de ellos y los perdonara la vida.... total es una niña y las niñas se aburren de to. un abrazo bea.

    Gracias por opinar.

    Bueno pues vamos a terminar con el suspense. Voy a subir el último capítulo. Lo cierto es que estoy considerando incluir un epílogo que detalle más un punto de la historia, pero como no sé si lo haré, de momento así se queda. En cualquier caso, la historia queda resuelta.

    Ya me contarás qué te parece el final.
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    CAPÍTULO 7 - DESENLACE (En dos posts)

    Esa era la respuesta al misterio. Álvaro se maldijo a sí mismo por no haberlo deducido cuando relató su historia. Héctor era un suicida, todo encajaba con desconcertante facilidad. De ahí la armadura imperturbable que le recubría. Ya había decidido su destino y el mundo carecía de importancia para él.

    ―Entonces ―dijo Álvaro pensando en voz alta―. Antes no estabas tirándote un farol, querías perder.

    ―Qué gran deducción ―contestó Héctor con desprecio. Se volvió a sentar y el perro volvió junto a la niña―. Tenía que habéroslo dicho explícitamente, no sabía que eráis tan malos a esto del póquer. Yo habré jugado tres partidas en toda mi vida.

    ―Si quieres deshacerte de tus fichas ―dijo Dante―, yo las aceptaré con mucho gusto.

    ―A ti no te regalaría ni un solo día de los que me quedan. Podías haberlo ganado jugando, ahora me ponéis en una posición incómoda.

    ―¿Qué posición es esa? ―preguntó Judith―. Si buscas suicidarte no veo cuál es el problema, ni tampoco por qué no lo has hecho ya.

    Álvaro también quería conocer la respuesta al comentario de Judith.

    ―Antes quería conocerla a ella ―explicó Héctor refiriéndose a la niña―. Verla en este mundo antes de ir al suyo. También pensé que de este modo entregaría mi tiempo a alguien que lo mereciese. No imaginé que la muerte sería una niña. Supongo que esperaba ver algo en ella que hiciese flaquear mi determinación, que me devolviese las ganas de vivir, pero no ha sido así.

    ―¿Y esa posición incómoda a la que te has referido antes? ―preguntó Álvaro.

    ―Las fichas ―dijo Héctor―. Intentaba decidir a quién dárselas, a quien me gustaría regalarle mis dos años de tiempo. Desde luego al delincuente no, eso está claro.

    ―No me ofendes, indigente ―replicó Dante―. Aplaudo tu decisión de acabar con tu apestosa vida. Aunque con lo guarro que eres, no sé si la niña querrá llevarte con ella. Yo no lo haría.

    ―Luego estabas tú, Judith ―continuó Héctor sin inmutarse―. Pero la verdad es que me horroriza que una madre se preste a este juego. Si pierdes morirás, y tu hijo no llegará a nacer. Veo por dónde vas. Pretendes hacerte con nuestros dos años, para disponer de un total de ocho que pasar junto a tu hijo. Un deseo muy noble, probablemente el mejor para sentarse a esta mesa, si no fuese porque arriesgas también la vida de tu hijo.

    ―Tú no sabes nada de mí, ni de mi hijo ―repuso Judith entre sollozos.

    Álvaro era el único que sabía a qué se refería ella, pero no podía decirlo delante de todos.

    ―Y por último está el doctor ―dijo Héctor―. En apariencia una gran persona que se preocupa por los demás. No me lo trago. De ser así, no estaría sentado junto a la muerte, peleando por robarle el poco tiempo que le queda de vida a una mujer embarazada, de la que está enamorado, para más cachondeo. No, trama algo y no sé qué es ni me importa, pero no me gusta.

    Álvaro iba a replicar, pero Dante se le adelantó.

    ―Una disertación bastante aburrida. ¿Por qué no repartimos tus fichas y te tiras por la ventana? Seguro que a la nena no le importa.

    ―Me lo jugaré como yo decida ―declaró Héctor―. Tú sigue despertando simpatías.

    ―Como si eso importase ―dijo Dante―. Os ponéis místicos porque se acerca el final. Todos somos basura. Os resulta más fácil proyectar vuestro odio en mí por cuatro titulares que habéis leído. Os sentís mejor pensando que yo soy el diablo y que los demás sois todos ángeles, pero no es cierto. Yo he creado miles de puestos de trabajo que han dado de comer a otras tantas familias. Más de lo que podríais imaginar. Y luego miraos a vosotros mismos. Dais pena. Un suicida, una asesina de bebés y un perdedor que ha fracasado en la vida cuando seguro que lo tenía todo, empezando por un buen trabajo. A mí me iba a devorar el cáncer en dos años, así que espero ganar y vivir seis años más. Os los quitaré a vosotros para que no los desperdiciéis en vuestras penosas vidas.

    ―Eres el que menos merece vivir de nosotros ―dijo Judith―. Si hubiese justicia perderías. La niña debería echarte de la mesa.

    ―Pero no lo hará ―repuso Dante―. Porque tú opinión no importa. Ni aunque fuese cierto que no lo merezco y tú sí. Por si no lo has notado, lo único que cuenta son las cartas. Va a vivir ocho años el que gane la partida. No el que a tu juicio sea merecedor de la vida.

    ―Es la primera vez que estoy de acuerdo con este energúmeno ―dijo Héctor―. Si la niña lo permite está muy claro. La muerte es neutral, no entra en valoraciones. Si lo hiciese viviría quien ella decidiese, pero no es así. Nos ha concedido la oportunidad de jugarnos el tiempo que nos queda, luego no va a intervenir a favor de nadie. Las cartas decidirán al ganador. Excepto en mi caso, que ya he decidido yo.

    Se quedaron un rato en silencio. Álvaro recapacitó unos segundos y no supo qué pensar. Desde luego la niña era neutral, en eso estaba de acuerdo. Hasta le permitía hacer trampas sin descubrirle. Luego se sintió algo inquieto por lo que había dicho Judith. No se le había ocurrido pensar en quién merecía ganar. Le dio un poco de vergüenza darse cuenta de que él pensaba como Dante, que vivirá el que gane la partida. No tiene nada que ver con la bondad o la maldad. Sin embargo ahora meditaba si eso era lo correcto. ¿Debería ganar la mejor persona o el mejor jugador? No estaba seguro. En todo caso, él apostaba porque ganase el que mejor hiciera las trampas.

    ―¿Te gusta? ―preguntó la niña.

    Les miraba a todos con una gran sonrisa mientras sus coletas oscilaban a ambos lados de su cabecita. Frente a ella tenía una construcción imposible. Había una pieza de plástico en forma de pirámide, sobre su punta descansaba una pelota de tenis, luego venía un bloque rectangular y, por último, una estrella coronaba la pila de objetos.

    ―Es impresionante ―dijo Álvaro―. ¿Cómo es posible que no se caiga? Debería desmoronarse, pero se mantiene a la perfección.

    ―Es la mejor representación del equilibrio que he visto nunca ―dijo Héctor fascinado.

    Judith fue la que antes captó su significado.

    ―Está dándonos la respuesta a nuestra conversación: el equilibrio. La muerte se va cobrar nuestras vidas, y no va alterar su duración. Mantiene el equilibrio aunque nos conceda un pequeño margen para alargar una y acortar las otras. Eso simboliza lo que ha apilado la niña.

    A Álvaro le convenció el argumento. Y para bien o para mal ya era hora de acabar con todo esto. Era su turno de repartir cartas y el momento para el que se había estado preparando.

    Para lograr su propósito necesitaba que Judith no se retirase de la partida, así que había colocado las cartas para que le tocase una jugada excelente: póquer de reyes. A Dante le daría un póquer más bajo y a Héctor un simple trío, con eso bastaría. Él no querría quedarse al margen ya que buscaba perder. Distrajo la atención general con un comentario sobre la niña y cambió el mazo de cartas sin que se dieran cuenta por uno que tenía preparado. Luego empezó a repartir.

    ―Voy a empezar con una semanita, perdedores ―dijo Dante.

    Judith y Héctor igualaron la apuesta y Álvaro hizo lo mismo, era mejor subir más adelante. Se descartaron como cabía esperar. La preparación era perfecta y todo iba saliendo bien. Con mantener la calma y no cometer ninguna estupidez se llevaría un buen pellizco de un simple golpe. Después solo tendría que recoger los restos tranquilamente.

    ―¿Qué tal si empezamos poniendo otra semanita para calentar? ―dijo Dante.

    ―Mejor un mes ―dijo Judith.

    Héctor aceptó la apuesta. Esto iba cogiendo ritmo por sí solo. Álvaro decidió subir pero no de manera descarada.

    ―Ya que es la primera vez que jugamos los cuatro, subamos a dos meses.
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    ―Muy bien, doctor ―dijo Dante―. Intentas que nos sintamos cómodos, ¿verdad? No hace falta que uses ese tono tan agradable. La verdad es que me produce náuseas y es mejor ser claro con quien está luchando para robarte la corta vida que te queda. Veo esa apuesta tan lamentable que has hecho y subo a seis meses. A ver si me vuelves hablar con tanta amabilidad.

    ―Antes hablo yo ―le interrumpió Judith―. Y voy a aceptar esa apuesta. Me encantará quedarme con seis meses tuyos.

    Álvaro hubiera preferido que Judith hubiese incrementado la apuesta, pero era condenadamente cauta. Al menos no se había retirado. Era imposible llevando póquer de reyes.

    ―Yo apuesto todo ―dijo Héctor ―. Ahí tenéis cuanto me quedaba, deben de ser un año y diez meses. Yo ya no los quiero.

    Arrojó las cartas y se reclinó sobre la silla. Álvaro le observó con curiosidad. Realmente estaba decidido a morir, no le temblaba ni un solo pelo. Pero había elevado la apuesta al máximo. Una ventaja inesperada con la que no contaba. Ahora su escalera de color barrería a los demás y sería el ganador. Gracias a las trampas, pero nadie es perfecto.

    ―Pues yo no voy a renunciar a esos dos años. Voy con todo.

    Y seguro que Dante haría lo mismo. Álvaro le había analizado muy bien y sabía que el viejo empresario no se contendría ante la posibilidad de vencer con un póquer en las manos.

    ―Sí que lo harás, doctor ―dijo Dante―. No tendrás más remedio que renunciar cuando yo me lo lleve todo. Ahí van todas mis fichas, perdedores. ―Las empujó con el brazo y luego se volvió hacia Judith―. Solo quedas tú, princesa.

    Judith tardó en reaccionar. Le temblaba la mano con la que sujetaba las cartas y estudiaba su jugada concienzudamente, evaluando sus posibilidades. Hasta que finalmente se decidió.

    ―Al parecer este es el final de la partida. ―Empujó todas sus fichas hasta el centro―. Yo también lo veo.

    En cuanto oyó esas palabras, Álvaro supo que ya era demasiado tarde. Hasta una milésima de segundo antes, había estado tentado de detener a Judith, de advertirle que no apostase porque iba a perder. Era un impulso que provenía de muy dentro, de lugares de su mente que probablemente no conocía. Aún así, no había llegado a hablar, le había dejado apostar su propia vida y caer en la red que había tejido con sus trampas.

    ―No tiene sentido retrasar más el momento ―dijo Judith―. Póquer de reyes ―anunció descubriendo sus cartas.

    ―La madre que… ―se atragantó Dante. Sus ojos se abrieron al límite y se dio fuertes tirones del escaso pelo que tenía―. No puede ser… ¡Esto es una puta mierda! Tiene que ser un error… ―Tiró las cartas al suelo―. Maldita, zorra…

    ―Ya está bien, delincuente ―intervino Héctor―. Pierde con un poco de dignidad. ¡Compórtate, imbécil! ¿O quieres que el chucho te recuerde las normas de conducta? Sería un buen espectáculo para finalizar.

    Dante apoyó las dos manos sobre la mesa. Parecía mareado. El perro se sentó a su lado y le miró fijamente.

    ―Solo quedamos tú y yo ―dijo Judith―. ¿Qué tienes?

    Álvaro tuvo miedo… La habitación dio vueltas a su alrededor. Todo había terminado, lo único que debía hacer era destapar sus cartas. Pero no quería hacerlo. Deseó que sucediese algo, cualquier cosa que retrasara el momento de quitarle la vida a Judith y a su hijo. Debería sentirse bien, feliz. Se había preparado a conciencia, había practicado las trampas durante semanas enteras y las había ejecutado a la perfección. Había pasado de saber que iba a morir dentro de dos años, a disponer de ocho. Una mejoría notable.

    Lo único que no había calculado era lo ruin que se sentía ahora por robarle la vida a una pobre madre… y a su hijo. Se había aprovechado de ella como un vulgar timador. Héctor y Dante no le preocupaban lo más mínimo, pero Judith… No podía ni mirarle a los ojos. Ella era la única que merecía vivir, que tenía una autentica razón para seguir adelante. ¿Cómo podía arrancarle la vida a una madre?

    Supo que todo había cambiado para él, algo se había resquebrajado en su interior. No podría disfrutar de sus ocho años sabiendo cómo los había obtenido, nunca olvidaría a Judith. Su recuerdo le atormentaría durante el resto de su corta vida.

    ―Enhorabuena ―dijo Álvaro mirando a Judith―. Has ganado.

    Y mezcló sus cartas con las demás para que nadie pudiese comprobar su jugada. Judith no pudo contener su alegría y dejó escapar una sonrisa inmensa. Álvaro se sintió aliviado, y también feliz. Ni siquiera entendía por qué, pero experimentaba una sensación reconfortante que le decía que había obrado bien, que era lo correcto y que hacía falta valor para tomar una decisión de esa envergadura. No albergaba tristeza en su interior. Sin lugar a dudas, era el mejor desenlace posible.

    ―Lo que me faltaba por ver ―dijo Dante en tono abatido―. Si hasta pareces contento y todo. Sabía que eras un idiota, doctor… Bueno, ya todo da igual, ahora somos como el mugriento. Nada nos importa porque estamos a punto de palmar.

    Álvaro no lo veía de ese modo. Evidentemente iban a morir, pero a él si le importaba algo. Judith viviría y eso le llenaba de felicidad.

    ―Terminado ―dijo la niña. Se puso de pie sobre la mesa y caminó a pequeños saltos hasta llegar frente a Judith―. Tú gana. Mucho bien jugado. ¿Un besito?

    La niña extendió los brazos y miró a la ganadora con un fuerte brillo en los ojos. Judith se inclinó y dio un beso a la niña en la mejilla. Mientras sus labios tocaron la piel de la pequeña, la sombra de Judith cambió de dirección.

    Una ola de debilidad recorrió el cuerpo de Álvaro ahuyentando todo deseo de moverse. Vio a Dante regresar mansamente a su asiento y entendió que era una artimaña de la niña, que los estaba manipulando para que permaneciesen quietos mientras pagaban su deuda. El final se aproximaba.

    ―Judith ―dijo Álvaro. Quería despedirse mientras pudiese―. Me alegro de que hayas ganado tú. Aprovecha bien estos ocho años.

    ―No te preocupes, lo haré.

    ―Y-Yo… no te olvidaré ―dijo Álvaro.

    ―Yo a ti tampoco ―contestó ella.

    Entonces se metió la mano por debajo del amplio vestido que llevaba y empezó a removerse de un modo extraño. Luego palpó su espalda unos segundos y dio un fuerte tirón. Se escuchó el sonido del velcro al despegarse.

    A Álvaro casi se le para el corazón cuando vio caer al suelo una especie de almohadón que imitaba la forma de los pechos y la tripa de una mujer embarazada. Judith le dio una patada y se irguió, dejando a la vista una silueta delgada de vientre completamente liso. El mundo dejó de tener sentido para Álvaro. Su esquema de convicciones se derrumbó por completo, junto con su propia cordura.

    ―La muy zorra ―escupió Dante―. Si me prestasen cinco minutos se iba a enterar. ¿Aún te alegras de que ganase ella, doctor?

    Álvaro no le escuchaba. Su mente estaba colapsada por el monumental engaño al que había sucumbido. Todo eran imágenes confusas y sonidos incomprensibles. Lo último que se grabó en su cerebro fue la cara de una niña que se acercaba a su boca y le susurraba:

    ―¿Un besito?
  • editado abril 2010
    Bueno, Nando, parece que esta va a ser la 1ª opinión:D.
    Creo que lo has resuelto muy bien. No presumí el final. Resultó que la chica era la que mejor jugó sus "cartas":rolleyes:.

    En general me ha parecido una narración bien llevada. Lo mejor descrito es la presentación de los personajes, en mi opinión. La partida en sí quizás un poco densa. Algunos flecos, como qué ponía en la carta que les convocó, una pequeña explicación de porqué una partida de cartas y en qué consistiría. ( se me ha ocurrido).
    La niña habla como un bebé. Una niña de 6 años no habla en infinitivos o quitando preposiciones, sino que compone las frases correctamente (es una pequeña observación, quizás lo has hecho por algo).
    Me gustaría saber porqué has simbolizado la muerte como una niña y la explicación de la sombra al contrario ¿El otro lado de la luz? eso entendí:o.

    La narración es ágil y fácil de leer. Yo lo he leido con gusto. Te hago estas observaciones porque has manifestado que las digamos. Si me acuerdo de alguna otra cosilla te la diré.

    Ah, que no se pueden cambiar los títulos de los temas, solo el contenido. me he enterado recientemente.

    Gracias por compartir tu relato y...¡a por otro!!!!!:p
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    mave escribió : »
    Te hago estas observaciones porque has manifestado que las digamos. Si me acuerdo de alguna otra cosilla te la diré.


    Gracias por compartir tu relato y...¡a por otro!!!!!:p

    Efectivamente, lo he manifestado y no imaginas lo que agradezco que te molestes en escribirme esas observaciones. Es la única manera de aprender y mejorar. Si nadie me cuenta la impresión que le causa el relato, no sabré si está bien o no.

    Ahora con tus preguntas.

    Lo que pone en la carta no lo he dicho explícitamente porque pensé que se sobreentendía que era una invitación, en la que la Muerte les llama para jugar su última partida. No es importante el contenido o las palabras concretas.

    La niña como representación de la Muerte. No hay una razón transcendental para ello. Es simple y pura estética. Cuando pensé la historia no me preocupé por la Muerte. La trama es la partida y sobre todo los jugadores. Sus motivaciones y sus diferentes modos de enfrentarse a esa situación. Cuando me puse a escribir pensé "¿Cómo hago la Muerte?" No me gustó la idea de poner a un tipo delgado con una capucha y una guadaña. Intenté crear un personaje especial, diferente, una Muerte única y mía. Por eso me imaginé una forma concreta de hablar, a través de un perro y con infinitivos, una imagen que intrigue (una niña con la sombra cambiada) y todo lo demás. No hay una explicación de ningún tipo, solo que me gustaba así el personaje. Piensa que si en vez de la niña pongo a un tipo normal y corriente, hablando con los jugadores, la historia y la partida no cambian en nada, solo detalles estéticos.

    Estoy pensando un epílogo. Seguramente será una escena en la que Judith hablará con la muerte, han pasado 6 años y tiene que jugar de nuevo. Judith responderá algo así como que ella siempre gana y se dará a entender que lleva MUCHOS años viviendo de esa manera, siglos tal vez.

    Ya veré lo que se me ocurre.

    Respecto a tu última frase, es complicado que ponga más relatos. Este es el más corto que tengo. Me cuesta escribir relatos cortos.

    Un saludo y gracias de nuevo.
  • AnamarAnamar Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2010
    Hola, Nando!

    Sencillamente me ha entusiasmado, de veras. Si te soy sincera, la única pega que le encontré es la forma de hablar de la niña. Ya leí que es una licencia que te tomaste, pero entonces habría preferido algo más "curradito" que un lenguaje de bebé. Todo lo demás está en su punto, para mi gusto.
    Bueno, va, te pongo otra (pequeñita): la forma abrupta en que pasan de contar fichas a contar tiempo... Ahí sí que podrías haber seguido en la línea de ir soltando miguitas, como hacías al ir introduciendo otras pistas, porque lo hace mucho más atractivo.

    Formalmente está todo correcto, gramaticalmente, de estilo... todo en general, y eso en mi opinión cuenta mucho. Se nota que lo trabajaste (o que tienes facilidad, una de dos).

    Y, por cierto, la idea de seguir la historia también suena prometedora, de hecho tal vez sea justo lo que le falta, darle presencia a ese personaje que en realidad sólo se descubre al final, y en ese sentido queda un poco hueco... Lo de vivir muchos años gracias a las partidas habría sido ya la perfecta guinda.

    Enhorabuena!
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    Anamar escribió : »
    Hola, Nando!

    Se nota que lo trabajaste (o que tienes facilidad, una de dos).

    Y, por cierto, la idea de seguir la historia también suena prometedora,

    Enhorabuena!

    Hola, Anamar.

    Se nota... ¡que me ayudaron! Mucha gente me ha echado una mano con este relato y se nota.

    Respecto a continuar la historia un poco, es casi seguro que lo haré. De momento está así porque lo presenté a un concurso y había un límite de páginas, pero como me ha gustado bastante, seguramente la retocaré y ampliaré un poco.

    Un millón de gracias por comentar.
  • AnamarAnamar Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2010
    Hola, Nando!
    Nada, un placer leerte, y si lo amplias, no me importaría en absoluto repetir la experiencia, al contrario, la idea me pareció genial. (Y saber el final munca ha sido inconveniente cuando la lectura lo vale, ¿verdad?)

    Saludos!
  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    holitasss!!!!! vaya, vaya, menuda lagarta.... buaaaaaaa mi pobre ALVAROOOOO.... !!! eso le pasa por bueno...
    Nando me ha encatado, aunque el final má chafao la tarde, en tu defensa diré, que esta escrito perfectamente, por lo menos para mi, de fácil lectura, osea perfecto en todos los aspecto, me ha gustado la forma de proclamar un protagonista sin decirlo explicitamente, en resumidas cuentas que espero que si continuas con el relato, mates, asesines, aniquiles y todos sus sinonimos a la lagarta.....
    un abrazo,
    bea
  • NandoNando Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    B.T. escribió : »
    holitasss!!!!! vaya, vaya, menuda lagarta.... buaaaaaaa mi pobre ALVAROOOOO.... !!! eso le pasa por bueno...
    Nando me ha encatado, aunque el final má chafao la tarde, en tu defensa diré, que esta escrito perfectamente, por lo menos para mi, de fácil lectura, osea perfecto en todos los aspecto, me ha gustado la forma de proclamar un protagonista sin decirlo explicitamente, en resumidas cuentas que espero que si continuas con el relato, mates, asesines, aniquiles y todos sus sinonimos a la lagarta.....
    un abrazo,
    bea

    Hola, Bea.

    Siento que el final no sea el que te hubiese gustado. Me alegro de que te haya gustado la historia, siempre da ánimos saber eso.

    Un saludo y gracias por tus comentarios.
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