Aquí os dejo un relato breve. A ver qué os parece.
RESURRECCIÓN
Tomaría, como cada mañana, el tren de las 7.50, pero hoy para certificar una derrota. Llevaba conmigo una caja de cartón que llenaría con mis pocas pertenencias: una foto de familia, una pequeña planta con una flor blanca, regalo de una antigua compañera, y un montón de años de dedicación que no habían servido para nada. Afuera llovía y la gente a la carrera entraba en la estación con los paraguas aún abiertos. Algunos bostezaban, otros deambulaban por el andén a la espera, todos parecían derrotados. Los vagones se detuvieron con lentitud, orquestando una sinfonía de chirridos acompasados. La gente subía con resignación a su destino de monotonía, al gris de la oficina en silencio, a los gritos del jefe siempre insatisfecho, al olor de los sueños aniquilados. El tren emitió unos pitidos que indicaban, en su lenguaje rudimentario, que se cerraban las puertas. Me senté solo, mirando en la dirección en la que avanzaría el tren camino a Nuevos Ministerios. El calor era asfixiante, el olor, mezcla de sudor y colonias baratas, terminó de deprimirme. Cabizbajo, observaba un chicle pisoteado a mis pies. Lo peor sería ver reflejada mi decepción y mi impotencia en los ojos de los que fueron mis compañeros hasta ayer, lo peor sería la despedida. ¿Tendría valor para mirar a mi jefe a los ojos? En otro orden de cosas, lo de Marta estaba reciente. Todavía pensaba en ella, quizá aún la deseaba, pero era demasiado tarde. Y nunca había necesitado tanto su apoyo, desterrar mis miedos en sus abrazos, como ahora. En la última llamada fue clara: "se acabó". La estación parecía más triste y monocromática que de costumbre, vista desde la ventana del interior del tren, y mi caja vacía me miraba con un gesto de reproche. Entonces entró en mi campo de visión, bajaba las escaleras aprisa y uno de sus tacones la traicionó. Se rehizo con dignidad y, pese a su tobillo maltrecho, reanudó la carrera. Su imagen, corriendo por el andén, desterró de un plumazo mi recuerdo anhelante de Marta.
Subió impetuosa, de un salto, con las puertas a punto de guillotinarla, y tomó asiento frente a mí. No tendría más de veinticuatro o veinticinco años y el recuerdo de una sonrisa reciente, que se esforzaba en no ser olvidada, nacía tímida en la comisura de sus labios. Parecía su gesto natural, un optimismo comedido. Exhibía, sin apenas pretenderlo, una belleza contundente, de esas que no dejan apartar los ojos. Olía a alguna flor, jazmín, quizá. Morena, pelo largo, vaqueros y jersey blanco de cuello alto. Extrajo un libro de su mochila. Comenzó a leer, aislándose del entorno. Yo la observaba, miraba su coronilla, rumiando mi propia derrota y no sé en qué momento exacto levantó su vista del papel y pude ver sus ojos. Eran verdes y despedían una mirada tan intensa que la tristeza huyó despavorida. Los segundos se alargaron con vocación de minutos. Me miró fijamente, y como hipnotizado sentí algo crecer dentro de mí, aquel verde me inundaba. Respiré hondo un par de veces y me sentí mejor. Ella volvió a clavar la vista en sus renglones, pero no importaba, yo ya era otro. Con la palma abierta despachurré la caja, convirtiéndola en un objeto plano y mutilado para su finalidad. Miré al frente y comencé a sonreír con un aire de superioridad que creía no poder volver a rescatar. Si la vida quería joderme no se lo iba a poner fácil. Empezaría de nuevo, con ganas. Estaba seguro de que el valor no me abandonaría en el momento de firmar el finiquito, y no sólo miraría a mi jefe a los ojos, sino que sería capaz de darle mi modesta opinión sobre su retorcida persona y el "se acabó" de Marta no importaba, ya la encontraría una mejor sustituta.
Cuando la voz metálica anunció la próxima parada, Nuevos Ministerios, me apeé erguido y seguro. A por todas, el miedo se había diluido. La estación parecía más viva y la gente se movía deprisa. Desde el andén observé como el tren, despacio, reanudaba su marcha. Por la ventana los dos ojos verdes volvieron a absorberme. La lancé un beso, a modo de agradecimiento y despedida, mientras me preguntaba si los ángeles de la guarda también usarían Abono Transporte.
Comentarios
Por otro lado, algunas palabras (en mi modesta opinión, esta vez sí, xD) son innecesarias; por ejemplo, "renglones"; yo creo que "libro" es suficiente y sencillo. También me chirría el adjetivo "monocromático". Y la entrada de Marta ("En otro orden de cosas...") tampoco me resulta satisfactoria. En fin, son apreciaciones personales, a ver qué dicen los demás.
Eso sí, la atmósfera depresiva que describes está muy lograda, y con esa "derrota" en las caras de la gente, ese chicle pisado, ese olor a sudor y colonia barata y esos chirridos del tren al frenar nos transmites la triste realidad del protagonista a través de casi todos sus sentidos
Buen relato, amigo, a mí me ha gustado.
Saludos.
Nos leemos por aquí. Un saludo.
Lo que me ha "sonado mal" ha sido ya la encontraría una mejor sustituta. Puede que esté bien, no lo sé, pero me suena mejor "le" ya que creo que es el que hace referencia al objeto indirecto, que es la función que hace en este caso. Pero, repito, no lo se.
Gracias por tu opinión.
Un saludo.
Por cierto, tienes otro relato mío que colgué un poco antes y que se titula "Paz y Amor". Te lo comento por si quieres echarle un vistazo y decirme qué te parece.
Es de los que tengo todavía "sin abrir" pero se me van acumulando. No los abro para que estén marcados como "no leídos" y no olvidarme así de leerlos. Pero si tengo un rato hoy me pondré con él
Un saludo.
Comparto que quizás habría que ajustar algunos tiempos verbales o detalles ortográficos, pero no es nada que pueda solucionarse.
Más lamentable es la ortgrafía perfecta sin la magia de la creatividad.
Felicitaciones.
Gracias por tu comentario. Siempre me gusta aprender de los demás.
Me gusta, y soy totalmente sincera, como cuentas las cosas.
Si te apetece seguir leyéndome y haciendo correcciones tan estupendas como la que ya me has hecho, ya sabes que tengo otros dos relatos "Paz y amor" y "El limpiabotas.
Un abrazo.
A mí me parece que sería una buena idea buscarle equivalencias al tren (que se repite con frecuencia) tratando de pensar en otros elementos que podemos encontrar en una estación, si es que es importante poner énfasis en describir ese entorno por el motivo que sea.
La palabra "derrota" también se repite en un mismo párrafo y por eso yo no cambiaría "renglones" por "libro", ya que utilizas esa palabra justo en la línea anterior, sino "página", "novela"...
Me estreno hoy en el foro y, al paso que voy, no sé si me iré a la cama... Voy a buscar tu otro texto, estoy deseando leerlo.
Un saludo
Un saludo.
he leido varias veces tu relato. Hoy te lo comento.
La visualización de la escena está muy bien enfocada: el contexto exterior, la lluvia, el interior del tren, los ojos de ella.
También está bien entramado el recorrido íntimo que el protagonista hace desde su sentimiento de derrota hasta la sensación de triunfo final.
En lo que respecta la forma, pienso que el relato merece una puesta a punto aquí y allá.
Para empezar -esta es mi idea-cambiaría el uso del condicional inicial por el mismo tiempo verbal del resto del relato (tomé como cada mañana), porque crea confusión y desentona.
Mejoraría el léxico (estoy segura que sabes cómo hacerlo) y el uso que haces de algunos clichés ("destino de monotonía", "gris de la oficina").
ALgunas frases y descripciones resultan algo rebuscadas: "orquestando una sinfonía de chirridos acompasados", "pitidos que indicaban en su lenguaje rudimentario..", "mi caja vacía me miraba con un gesto de reproche", "clavar la vista en sus renglones", y varias más que a mi entender le restan valor literario a tu trabajo.
Por otra parte, algunas expresiones están muy bien logradas, dando mayor placer a la lectura: "optimismo comedido", "los segundos se alargaron con vocación de minutos", y en general la descripicín que haces de la llegada de ella y de su aspecto físico.
Me atrevería a sugerirte otro título (pero esto sí que es personal): "Los angeles también usan abono transporte"
En la sugerencia del título, sin embargo, no estoy del todo de acuerdo. Es la "sorpresilla" final y si lo pongo como título creo que desvelo demasiado pronto el plato fuerte.
Tendré en cuenta tus comentarios. Lo cierto es que todos me estais ayudando mucho y dándome visiones distintas. Este foro es estupendo para crecer como escritor. Por cierto, si quieres seguir opinando tengo otros dos relatos colgados, "Paz y amor" y "El limpiabotas".
Un saludo y gracias por tu trabajo.
Sigo echando un vistazo a tus textos, y me temo que voy al revés, claro. Éste es la primera de tus historias más realistas, y veo que comparto casi todo lo que te han comentado. Las cosas más sencillas suelen ser las más bellas.
Me ha llamado mucho la puntería tan afinada de Shaianti, y creo que haré bastante caso de sus opiniones, porque tiene muy buena vista.
Sin embargo a mí, para este texto en concreto, me gusta el matiz de extrañeza que introduces con las imágenes que parecen desentonar con el resto. Me recuerda algunas técnicas que se usan en fotografía para cambiar el efecto de la imagen, aunque siga siendo la misma: añadirle pinceladas, redistribuir el color, cosas así, que le aportan un aire onírico.
Lo que no sé, es si entraba dentro de tus intenciones o será una mera apreciación subjetiva.
Como anécdota, creo recordar que una de las canciones más bonitas que he escuchado en los últimos años se inspiró en ese momento, precisamente, de quedar fascinado por una desconocida en un tren.
Es You're Beautiful, de James Blunt.
Uno de esos pequeños momentos mágicos capaces de provocar una emoción en todos los que lo leen.
Saludos!:)
No había visto este relato tuyo. Me ha resultado placentero leerlo.
Te dejo algunas impresiones:
Coincido con Byron. Tuve, al finalizar un poco la misma sensación. Está bien lograda la entrada. Me gusta cómo has trabajado la esperanza desgastada, gris y pesimista, en general, resulta sugerente y se muestra tal y como está escrito muy interesante a la lectura. Pero personalmente, no me acaba de a) seducir, b) convencer, la parte en la que la mujer entra en escena ni todo lo que ocurre a partir de entonces. En concreto, no me parece muy verosímil, que el recuerdo de Marta se "destierre de un plumazo" por la sóla presencia espontánea de la recienllegada. Puedo llegar a creerme que la soterre un poco, pero no desterrarla de un plumazo. Para que la entierre definitivamente hacen falta más argumentos. Y no niego que pueda ocurrir en la vida, pero tal y como está propuesto quizás no. Tampoco que todos los problemas se esfumen.
Coincido también con algún forero en el comentario de que la idea de cotidianidad resulta muy interesante y tanto es así, que con la entrada de la mujer en escena se diluye completamente. Creo que el relato ganaría más tonelaje dramático y apresto en cuanto a trama, desenlace, etc, y resultaría más interesante si hubieras optado por un nuevo giro, que desedulcorase;) y (de)volviera de nuevo a la situación (y también al personaje) al momento inicial de desgaste y pesimismo, enriqueciendo de ese modo el esquema propuesto.
(Algo así como A-B-A, en lugar de A-B )
Un cordial saludo!
Lo del esquema A-B-A, daría un relato más circular y posiblemente más rico e interesante, pero considero que sería otro relato. Creo que en este está logrado lo que buscaba, una impresión más sencilla y más directa, una resurrección. La presencia de la chica es como un fogonazo, un nuevo nacimiento para el protaginsta perdedor. Quería un final optimista.
Bueno, como siempre te agradezco tus comentarios que, aunque en este caso no coincido, sin duda sé que son ciertos desde un punto de vista esctructural y realista, pero como te digo ese ya sería otro cuento.
Gracias. Un abrazo.
un abrazo.
bea
Un abrazo.