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De tortas y café

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Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MIGUEL HERNÁNDEZ

    Nanas de la Cebolla

    La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda.

    En la cuna del hambre
    mi niño estaba.
    Con sangre de cebolla
    se amamantaba.
    Pero tu sangre,
    escarchada de azúcar,
    cebolla y hambre.

    Una mujer morena,
    resuelta en luna,
    se derrama hilo a hilo
    sobre la cuna.
    Ríete, niño,
    que te tragas la luna
    cuando es preciso.

    Alondra de mi casa,
    ríete mucho.
    Es tu risa en los ojos
    la luz del mundo.
    Ríete tanto
    que en el alma al oírte,
    bata el espacio.

    Tu risa me hace libre,
    me pone alas.
    Soledades me quita,
    cárcel me arranca.
    Boca que vuela,
    corazón que en tus labios
    relampaguea.

    Es tu risa la espada
    más victoriosa.
    Vencedor de las flores
    y las alondras.
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos
    y de mi amor.

    La carne aleteante,
    súbito el párpado,
    el vivir como nunca
    coloreado.
    ¡Cuánto jilguero
    se remonta, aletea,
    desde tu cuerpo!

    Desperté de ser niño.
    Nunca despiertes.
    Triste llevo la boca.
    Ríete siempre.
    Siempre en la cuna,
    defendiendo la risa
    pluma por pluma.

    Ser de vuelo tan alto,
    tan extendido,
    que tu carne parece
    cielo cernido.
    ¡Si yo pudiera
    remontarme al origen
    de tu carrera!

    Al octavo mes ríes
    con cinco azahares.
    Con cinco diminutas
    ferocidades.
    Con cinco dientes
    como cinco jazmines
    adolescentes.

    Frontera de los besos
    serán mañana,
    cuando en la dentadura
    sientas un arma.
    Sientas un fuego
    correr dientes abajo
    buscando el centro.

    Vuela niño en la doble
    luna del pecho.
    Él, triste de cebolla.
    Tú, satisfecho.
    No te derrumbes.
    No sepas lo que pasa
    ni lo que ocurre.


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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    FEDERICO GARCÍA LORCA

    La casada infiel

    Y que yo me la llevé al río
    creyendo que era mozuela,
    pero tenía marido.

    Fue la noche de Santiago
    y casi por compromiso.
    Se apagaron los faroles
    y se encendieron los grillos.

    En las últimas esquinas
    toqué sus pechos dormidos,
    y se me abrieron de pronto
    como ramos de jacintos.

    El almidón de su enagua me
    sonaba en el oído,
    como una pieza de seda
    rasgada por diez cuchillos.

    Sin luz de plata en sus copas
    los árboles han crecido,
    y un horizonte de perros
    ladra muy lejos del río.

    Pasadas las zarzamoras,
    los juncos y los espinos,
    bajo su mata de pelo
    hice un hoyo sobre el limo.

    Yo me quité la corbata.
    Ella se quitó el vestido.
    Yo el cinturón con revólver
    Ella sus cuatro corpiños.

    Ni nardos ni caracolas
    tienen el cutis tan fino,
    ni los cristales con luna
    relumbran con ese brillo.

    Sus muslos se me escapaban
    como peces sorprendidos,
    la mitad llenos de lumbre,
    la mitad llenos de frío.

    Aquella noche corrí
    el mejor de los caminos,
    montado en potra de nácar
    sin bridas y sin estribos.

    No quiero decir, por hombre,
    las cosas que ella me dijo.
    La luz del entendimiento
    me hace ser muy comedido.

    Sucia de besos y arena,
    yo me la lleve del río.
    Con el aire se batían las
    espadas de los lirios.

    Me porté como quien soy.
    Como un gitano legítimo.
    La regalé un costurero
    grande de raso pajizo,
    y no quise enamorarme
    porque teniendo marido
    me dijo que era mozuela
    cuando la llevaba al río.


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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Para mis múltiples ex y para las damas
    que a partir de ahora entren en mi cama

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¡Niña, que es la hora de la vendimia!

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Queridísima amiga Amalia
    te conviene ir en bici a Australia

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El Catecismo del asesino Otegi

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¡Si te caigo mal, te chinchas!

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Divina bendición de Dios

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No PODEMOS permitir esto
    de esta panda de perroflautas

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    MIGUEL DE ESPRONCEDA

    Canción del pirata

    Con diez cañones por banda,
    viento en popa, á toda vela,
    no corta el mar, sino vuela,
    mi velero bergantín:
    Bajel pirata que llaman,
    por su bravura, el Temido,
    en todo mar conocido,
    del uno al otro confín.

    La luna en el mar riela,
    en la lona gime el viento,
    y alza en blando movimiento
    olas de plata y azul;
    y ve el capitán pirata,
    cantando alegre en la popa,
    Asia á un lado, al otro Europa,
    y allá a su frente Estambul[1]:

    «Navega, velero mío,
    sin temor,
    que ni enemigo navío
    ni tormenta, ni bonanza
    tu rumbo á torcer alcanza,
    ni á sujetar tu valor.

    »Veinte presas
    hemos hecho
    a despecho
    del inglés,
    y han rendido
    sus pendones
    cien naciones
    a mis pies.»

    »Que es mi barco mi tesoro,
    Que es mi Dios la libertad,
    Mi ley, la fuerza y el viento,
    Mi única patria, la mar.

    »Allá muevan feroz guerra,
    ciegos reyes
    por un palmo más de tierra;
    que yo tengo aquí por mío
    cuanto abarca el mar bravío,
    a quien nadie impuso leyes.

    »Y no hay playa,
    sea cualquiera,
    ni bandera
    de esplendor,
    que no sienta
    mi derecho
    y dé pecho
    a mi valor.»

    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi dios la libertad,
    mi ley, la fuerza y el viento,
    mi única patria, la mar.

    »A la voz de «¡barco viene!»
    es de ver
    como vira y se previene,
    a todo trapo a escapar;
    que yo soy el rey del mar,
    y mi furia es de temer.

    »En las presas
    yo divido
    lo cogido
    por igual;
    sólo quiero
    por riqueza
    la belleza
    sin rival.

    Que es mi barco mi tesoro,
    Que es mi dios la libertad,
    Mi ley, la fuerza y el viento,
    Mi única patria, la mar.

    »¡Sentenciado estoy á muerte!
    Yo me rio;
    no me abandone la suerte,
    y al mismo que me condena,
    colgaré de alguna entena,
    quizá en su propio navío.

    »Y si caigo,
    ¿qué es la vida?
    Por perdida
    ya la di,
    cuando el yugo
    del esclavo,
    como un bravo,
    sacudí.

    Que es mi barco mi tesoro,
    Que es mi dios la libertad,
    Mi ley, la fuerza y el viento,
    Mi única patria, la mar.

    »Son mi música mejor
    aquilones,
    el estrépito y temblor
    de los cables sacudidos,
    del negro mar los bramidos
    y el rugir de mis cañones.

    »Y del trueno
    al son violento,
    y del viento
    al rebramar,
    yo me duermo
    sosegado,
    arrullado
    por la mar.

    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi dios la libertad,
    mi ley, la fuerza y el viento,
    mi única patria, la mar.


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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    RAFAEL DE LEÓN

    Pena y alegría del amor

    Mira cómo se me pone
    la piel cuando te recuerdo.

    Por la garganta me sube
    un río de sangre fresco
    de la herida que atraviesa
    de parte a parte mi cuerpo.
    Tengo clavos en las manos
    y cuchillos en los dedos
    y en mi sien una corona
    hecha de alfileres negros.

    Mira cómo se me pone
    la piel ca vez que me acuerdo
    que soy un hombre casao
    y sin embargo, te quiero.

    Entre tu casa y mi casa
    hay un muro de silencio,
    de ortigas y de chumberas,
    de cal, de arena, de viento,
    de madreselvas oscuras
    y de vidrios en acecho.
    Un muro para que nunca
    lo pueda saltar el pueblo
    que anda rondando la llave
    que guarda nuestro secreto.
    ¡Y yo sé bien que me quieres!
    ¡Y tú sabes que te quiero!
    Y lo sabemos los dos
    y nadie puede saberlo.

    ¡Ay, pena, penita, pena
    de nuestro amor en silencio!
    ¡Ay, qué alegría, alegría,
    quererte como te quiero!

    Cuando por la noche a solas
    me quedo con tu recuerdo
    derribaría la pared
    que separa nuestro sueño,
    rompería con mis manos
    de tu cancela los hierros,
    con tal de verme a tu vera,
    tormento de mis tormentos,
    y te estaría besando
    hasta quitarte el aliento.
    Y luego, qué se me daba
    quedarme en tus brazos muerto.

    ¡Ay, qué alegría y qué pena
    quererte como te quiero!

    Nuestro amor es agonía,
    luto, angustia, llanto, miedo,
    muerte, pena, sangre, vida,
    luna, rosa, sol y viento.
    Es morirse a cada paso
    y seguir viviendo luego
    con una espada de punta
    siempre pendiente del techo.

    Salgo de mi casa al campo
    sólo con tu pensamiento,
    para acariciar a solas
    la tela de aquel pañuelo
    que se te cayó un domingo
    cuando venías del pueblo
    y que no te he dicho nunca,
    mi vida, que yo lo tengo.
    Y lo estrujo entre mis manos
    lo mismo que un limón nuevo,
    y miro tus iniciales
    y las repito en silencio
    para que ni el campo sepa
    lo que yo te estoy queriendo.

    Ayer, en la Plaza Nueva,
    vida, no vuelvas a hacerlo
    te vi besar a mi niño,
    a mi niño el más pequeño,
    y cómo lo besarías
    ¡ay, Virgen de los Remedios!
    que fue la primera vez
    que a mí me distes un beso.
    Llegué corriendo a mi casa,
    alcé mi niño del suelo
    y sin que nadie me viera,
    como un ladrón en acecho,
    en su cara de amapola
    mordió mi boca tu beso.

    ¡Ay, qué alegría y qué pena
    quererte como te quiero!

    Mira, pase lo que pase,
    aunque se hunda el firmamento,
    aunque tu nombre y el mío
    lo pisoteen por el suelo,
    y aunque la tierra se abra
    y aun cuando lo sepa el pueblo
    y ponga nuestra bandera
    de amor a los cuatro vientos,
    sígueme queriendo así,
    tormento de mis tormentos.

    ¡Ay, qué alegría y qué pena
    quererte como te quiero!


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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Los animales irracionales nos enseñan
    a querer y a proteger a nuestra prole

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¿Y que pasa con la dieta?
    ¿La dieta? ¡A hacer puñetas!

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El Rey Felipe II tenía dificultades para amar

    Felipe II sólo lloró una vez en público. Fue en el funeral de su tercera esposa, Isabel de Valois, su gran amor. En ese terrible instante, el monarca comprendió que "su corazón se había quedado ya colmado con ella y que no le cabría nadie más". Este detalle se leyó entre los millones de líneas de textos en los que se adentró en la investigación previa a la escritura de La casa de los siete pecados (Grijalbo), se convierte en el punto de partida de una narración donde se mezclan a la perfección el misterio -la novela recrea la leyenda del fantasma de su amante Elena de Zapata- y la sensualidad con el devenir de la Historia.

    -Después de La casa de los siete pecados y del anterior El diamante de la reina, debe sentir ya a Felipe II casi como de su familia...

    -Lo que siento es una profunda necesidad de seguir indagando en su persona. Creo que es un personaje tan rico en matices y que hizo tantas cosas durante su vida que sigo teniendo la sensación de que me queda mucho todavía por averiguar de él, por contar y transmitir.

    -¿Tiene algo que ver la fascinación que Felipe II ejercía en las mujeres y en su corte con el atractivo que despierta como personaje para novelar?

    -Imagino que sí. A mí, por lo menos, me ha cautivado. Felipe II es un personaje en el que se da una enorme contradicción histórica. Se ha escrito mucho sobre él, pero apenas se han dado a conocer pormenores y detalles de su persona. Ya en los últimos años ha sido cuando algunos historiadores se han atrevido a saltar por encima de esa leyenda negra y han intentado ver esa figura desde muchos más ángulos. Estudiando los documentos de él que han perdurado hasta nuestros días se ha llegado a conclusiones de tipo más personal sobre cómo era y cómo sentía. Se ha podido saber, por ejemplo, que amó de una forma increíble, paternal y tierna a las dos hijas que tuvo con Isabel de Valois, pese a que quería un varón como monarca.

    -¿Qué importancia tenía el amor en su forma de estar en contacto con el mundo?

    -Él se enamoró con locura de dos mujeres: una fue su tercera esposa, Isabel de Valois, y otra fue una amante que había tenido hace mucho tiempo, Isabel de Osorio, con la que tuvo dos hijos. Es muy posible que tuviera dificultades para amar de verdad a las mujeres; no fue un hombre fácil en ese sentido. Tenía cierto tormento interior, era muy complejo, y no se relacionaba bien con las mujeres.

    -¿Y qué supuso la irrupción de Elena de Zapata en su vida?

    -Elena de Zapata es un personaje cuya existencia se presupone; muchos historiadores la dan como real pero a través de referencias lejanas, porque no hay constancia cierta de que fuese amante del rey. Yo he querido pensar que existió y, en cualquier caso, ya existe como personaje literario. Creo que si llegó a existir esa relación fue como cuenta el libro. Elena de Zapata le aportaba una gran pasión en la cama y él se dejaba llevar sin poder evitar controlarse. Cuando Ana de Austria llegó a España para casarse con él y tener un heredero, él comprendió que no podía compartir dos lechos y actuó como en otras ocasiones: ordena que Elena fuese quitada del medio y la casa con un capitán de los Tercios de Flandes. Un día, al poco de irse el capitán al frente, Elena aparece muerta en su alcoba y, antes de que el cuerpo fuera enterrado, desaparece y nunca más se supo de él. Ahí nació la leyenda de Elena Zapata que habla de que en las noches de luna llena, en la casa de las Siete Chimeneas donde ella vivía, en el tejado de la casa aparece un espectro, un fantasma de mujer de gran belleza, vestida de blanco y con una antorcha en la mano. Camina por el borde en dirección al Alcázar, que era la residencia del rey, lanza un alarido terrorífico en medio de la noche, se golpea en el pecho y cae hincada de rodillas. Se decía que era el espíritu de Elena que aparecía esas noches claras para azuzar la conciencia del rey, quejándose por haberla ordenado asesinar. Leyenda o no, lo cierto es que en el siglo XIX, durante unas obras en la casa de las Siete Chimeneas aparece un cadáver de mujer que nunca fue identificado y, junto a él, varias monedas fechadas en el reinado de Felipe II.

    La vida de las monarquías siempre ha despertado un enorme interés y parece que son una fuente inagotable para historiadores y escritores...

    Históricamente siempre ha existido la curiosidad por la vida ajena. Cuando se refiere a reyes y gobernantes es más entendible, ya que al pueblo le gustaba saber de las debilidades de sus monarcas. Los reyes eran casi dioses, gente intocable y perfecta, y nosotros tenemos una larga retahíla de reyes imperfectos... Felipe II, por ejemplo, que era el paladín de la cristiandad, caía en pecados como la lujuria.

    En La casa de los siete pecados, los acontecimientos históricos se suceden de forma natural, pero ceden el protagonismo a la forma en que le afectaban personalmente y emotivamente a Felipe II.

    En la Historia que estudiamos existen elementos abstractos que han sido decididos por reyes, es decir, por personas, con sus imperfecciones, sus debilidades, sus sentimientos, sus enfermedades... Eran personas y decidían el curso de la historia. Yo he querido pasar a ese segundo plano y ver qué había debajo de ese gran gobernante que tomaba decisiones fundamentales que tenían repercusiones indudables en su vida.

    ¿Quién conoce mejor a los personajes de su novela? ¿El escritor de ficción que se los inventa de la nada o el autor que investiga y profundiza en los que sí existieron en la vida real?

    La novela histórica, por su proceso previo, requiere de mucha más entrega y es un proceso laborioso y arduo, pero que te permite un momento más apasionante de escritura. Recrear históricamente hechos, situaciones y personajes que han existido y que fueron importantes en la Historia es un ejercicio que me ha desatado la creatividad más que todos los que he hecho literariamente hasta ahora. Juegas con elementos de estudio, herramientas como documentos y bibliografías, así que darle cuerpo literario e inventar escenas es muy divertido.

    ¿Pesa la responsabilidad de inaugurar el mejor premio español dedicado a la novela histórica. Cuando supe que había ganado pensé en una puerta maravillosa que se abre y a través de la cual me espera una senda con gran responsabilidad para seguir adelante. Debo cumplir con la responsabilidad con quienes me han dado el premio y con los lectores que han confiado en él, y eso es apasionante.


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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No le digo mi edad a nadie desde
    hace 97 años 7 meses y 20 días

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El bragueta de becarias

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El tango anal
    no se baila ya

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    El cuco sin nido

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¡Pobres venezolanos
    con este perro tirano!

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Arrugas y humildad sana
    las de esta pobre anciana

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    La decencia no está en decadencia

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Una de las vistas, la menos
    vistosa, de un humilde barrio

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Esto conseguido dibujo lo hice con minas
    0,5 y 0,7 m/m en el 2006. Y la subir ala red

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Policía, me han robado la honra

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Torras intentando localizar
    al fugitivo Puigmamón

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Como no haya "mojaura",
    aparecen los miuras

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Con dos cojoncitos
    este pequeño bebito

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    ¡Dio tanto que se
    quedó sin nada!

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Cita a ciegas

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  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Omaíta se nos ha hecho viejita

    LA CAJA DE MSICA 6 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 18 Omaita10

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