La curvilínea carretera, libre
de vallas, corría entre los altos páramos. Mi coche se deslizaba desde el
pavimento hacia el césped de la orilla, que las ovejas habían dejado liso como
terciopelo. Detenía el coche en el arcén, me bajaba de él y miraba a mis alrededores.La carretera cortaba los pastos y los brezales antes de
sumergirse en el valle de al fondo. Me encontraba en el mejor lugar para contemplar las
grandes llanuras de la Sierra Norte de Sevilla, que se extendían ante mis ojos en una vista de ensueño:
los fértiles campos, el ganado que pacía, el río caudaloso, que estaba bordeado de piedras por una parte y de nutrida arboleda por la otra. El pasto crecía entre las
laderas hasta donde empezaban los brezales y las ásperas hierbas de los páramos, y
sólo estaban libres de él el acantilado, que ascendía a través de las colinas y
desaparecía entre las desnudas estribaciones que marcaban el comienzo del
terreno silvestre. Me envolvía un aire fresco pero agradable. Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre.
"Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre."
Yendo en coche, diez años dando vueltas por Andalucía Occidental me parece mucho tiempo como para la añoranza que trasmite el relato. Yo lo plantearía como que ha estado dando la vuelta al mundo o en América... Algo que rompa más el corazón. Pero es una apreciación mía por supuesto.
uy uy,, estoy pinta bueno....cuantos más mejor... bueno Antonio ese cuento me ha recordado uno que tengo escrito hace años, pero que a saber donde lo tengo.
bueno, no estoy de acuerdo en eso, que hay algunas cuentos infantiles que son joyasde dulzura. ok, vale cuentos para adultos. ? eso no seria relatos? echre un vistazo a la estructura del cuento...
Ahí llevas un cuento infantil....
Dos niños, dos cuentos
Una tarde de verano del mes de julio, no muy calurosa, paseaba con mi perro, pero en un descuido se me perdió, y yo, nervioso y desencajado, empezaba a llorar.
Después de buscarlo con desespero por todos lados más dos horas y de no encontrarlo, regresé acongojado y llorando a mares a mi casa.
Pero en el trayecto vi tirado sobre el suelo de una calle un cuento. Lo abrí y lo hojeé y ojeé, pero me apetecía leerlo más detenidamente. Entré a mi casa, me fui directamente a mi cuarto y empecé a leerlo. Trataba de un niño que había perdido a su mono.
Al día siguiente, tan pronto desperté, un niño, más o menos de mi edad, estaba al pie de mi cama y me miraba con los ojos llenos de lágrimas, sin explicarme yo cómo había entrado a mi casa y porqué lloraba. Después de hablar con él unos minutos, comprendí el porqué de su presencia y de su llanto.
Aquel niño, al igual que yo, había perdido algo muy querido para él: su mono, y cuando volvía a su casa veía tirado en una calle un cuento, que trataba sobre un niño que había perdido a su perro.
me ha gustado, ese cruce entre realidades, lo use tambien en este que busco. llevo un par de dias de creatividad atascada. pero vamos a ver que se sale del tiron con el cafetito. El niño se sorprendió, le pareció extraño que en un libro se hablase de un perro con un niño, normalmente estos hechos se dan al contrario. Mas aún cuando vio que por mascota tanto el niño como el perro tenian a un mono llamado Juan. Parecia que este mundo del libro era un mundo diferente y absurdo. -¿ Que perro tiene como mascota a un niño que tiene de mascota a un mono? ¿ quien seria el padre El Rey de la jungla, el leon? y la abu, ¿la elefanta Marta?. Se repetia sorprendido mientras lo ojeaba poniendo todo el interés posible. A su corta edad, cinco añitos, las letras eran bailarinas y juguetonas, algunas les gastaba bromas y en vez de ayudarle, se escondian o cambiaban su sonido para que el no pudiera encontrarla. A pesar de ello, era insistente en todo lo que se proponia, ¡era capaz de montar rapidamente el puzzle de piezas que la tia Rodri le habia regalado, ¡ un montón de veces seguidas!. Su tio, siempre le habia dicho que era una supercampeón y que por eso le regaló la camiseta de los supercampeones. Respiró profundo y se armó de paciencia, la iba a necesitar, allí habian demasiadas letras burlonas y encima el orden de las cosas no era el que les habia explicado ni papá ni mamá, ni tampoco en el cole. ¿De dnde habria salido este libro? No le importó no tener respuesta a esta pregunta; ¡habian tantas cosas que no la tenian! qué por qué la luna a veces es de una forma u otra, o mamá se vuelve una pesada con la chaqueta cuando hace tantísimo calor, y por qué siempre toca el timbre del cole cuando mejor está el juego y le toca la parte mas divertida. ¡ Tantas y tantas!... que una más no importaba. El perro se llamaba Timoteo, y por lo visto nació en una isla gigante en forma de jaula, tan grande que cabian un monton de perros; y cómo no tenian otra cosa que comer, solo se comian cocos de una la única palmera que habia en el centro. Eso si, por la noche, una vez que volaba por los cielos y que le hacia caricias a la luna hasta hacerla reir, decia: " a dormir todos y que durmais con los angelitos". Y todos dormian de pronto hasta que el olor a coco tostado les despertaba por las mañanas. El sol, sonriente alargaba sus rayitos y quemaba a los cocos para que pudieran tener tostaditas. El mono, vino de una gran ciudad, alli los monos saltaban de una ventana a otra, uno de ellos era el profesor chiflado, lo llamaban de esta manera por pintar en la pizarra cuando tenia que pintar en las paredes con los dedos. Por lo visto, le habian castigado un montón de veces, pero él no desistia en su empeño que era mucho más divertido hacerlo asi. No comian plátanos, no les gustaba, pero les volvian locos los polo flhas, tanto que crearon una fuente mágica en mitad del portal para que todo el que quisiera cuando tuviera sed, se parara, se metiera en ella y saliera del color del sabor que le apeteciera para ese dia. Asi el resto podrian jugar con él a ser relamido. El niño se llamaba Antonio, a veces estaba triste, de hecho era una mascota, porque siempre le decian lo que tenia que hacer; " ponte los zapatos", "no te comas eso" " deja de fantasear tanto" " atiende " "duermete" "come". y por eso, lo sacaban a pasear a la güagúada, porque alli el podria decir gúau que era su idioma aunque pareciera un niño. Dormia eso si, en una cama preciosa a los pies de la cama del perro, ¡y le obligaron a usar un water que queria comerle el culo!. Pero era fuerte, y grande, y solo tenia que pensar que era imvencible para que le crecieran garras de tigre y una supervoz superpontente, superlejana, que asustaba a todos y hacia que todos al final le dieran las gracias. Eso si, a veces se dormia mirando el techo y se olvidaba la hora de comer, pero es que soñaba con los ojos abiertos.
-Toño ¿ que haces ahí con los pies en la pared y la cabeza colgando de la cama?. Ponte derecho que te va a dar algo anda, y baja con tu padre y ayuda a poner la mesa - le replicó su madre al pasar por la puerta del dormitorio. -estoy con un libro mamá, no puedo ahora, está super interesante- le indicó Toño con aires de importancia y de no poder parar de hacer lo que hacia. - Cariño, anda déjame ver, ¿ que libro es ese? - acercándose y quitándoselo de las manos. - Bueno, es un buen libro igual si quieres esta noche te lo leo. - No mama, no hace falta, ya lo estoy haciendo yo, ya soy grande ¿recuerdas que tito me ha traido la camisa de los supercampeones?-. le explicó a su madre levantando su cabecita que colgaba junto a los volantes del edredón. - si, mi amor, eres un supercampeón.- y salió con el amor rebosando por el pecho y una sonrisa pletórica. ¡Ay mi niño, ! ¡ Tengo un artista! ¡ como poco para escritor! musitaba escaleras abajo. Su niño leia con un libro al revés y con letras que nadie aun le habian enseñado.
¡Hay vocaciónes que son el recuerdo de la infancia que se quedan entrelazadas entre la vida para que otros vuelvan a sonreir y nosotros a soñar despiertos!
"Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre."
Yendo en coche, diez años dando vueltas por Andalucía Occidental me parece mucho tiempo como para la añoranza que trasmite el relato. Yo lo plantearía como que ha estado dando la vuelta al mundo o en América... Algo que rompa más el corazón. Pero es una apreciación mía por supuesto.
No hubiese estado mal haber estado todo el tiempo por Japón (que es el país que más me gusta, después del mío, y en el que he estado cinco veces), pero ese relato es un fragmento de mis andaduras de cuando ejercía de ingeniero agrónomo, hasta que por fin arribé en Cerro Hierro (localidad donde nació mi padre) para quedarme, que en aquellos entonces era una aldea agrícola y ganadera de poco mas de 500 habitantes y en la cual viví casi otra década. O sea, sin querer queriendo, he narrado a versátiles rasgos 20 años de mi actividad profesional. Pasado ese tiempo, me trasladé a Sevilla capital, en donde había nacido y actualmente vivo.
La curvilínea carretera, libre
de vallas, corría entre los altos páramos. Mi coche se deslizaba desde el
pavimento hacia el césped de la orilla, que las ovejas habían dejado liso como
terciopelo. Detenía el coche en el arcén, me bajaba de él y miraba a mis alrededores.La carretera cortaba los pastos y los brezales antes de
sumergirse en el valle de al fondo. Me encontraba en el mejor lugar para contemplar las
grandes llanuras de la Sierra Norte de Sevilla, que se extendían ante mis ojos en una vista de ensueño:
los fértiles campos, el ganado que pacía, el río caudaloso, que estaba bordeado de piedras por una parte y de nutrida arboleda por la otra. El pasto crecía entre las
laderas hasta donde empezaban los brezales y las ásperas hierbas de los páramos, y
sólo estaban libres de él el acantilado, que ascendía a través de las colinas y
desaparecía entre las desnudas estribaciones que marcaban el comienzo del
terreno silvestre. Me envolvía un aire fresco pero agradable. Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre.
yo me abstengo, circunvaleando? me ha sonado muy raro.. rarisimo
La curvilínea carretera, libre
de vallas, corría entre los altos páramos. Mi coche se deslizaba desde el
pavimento hacia el césped de la orilla, que las ovejas habían dejado liso como
terciopelo. Detenía el coche en el arcén, me bajaba de él y miraba a mis alrededores.La carretera cortaba los pastos y los brezales antes de
sumergirse en el valle de al fondo. Me encontraba en el mejor lugar para contemplar las
grandes llanuras de la Sierra Norte de Sevilla, que se extendían ante mis ojos en una vista de ensueño:
los fértiles campos, el ganado que pacía, el río caudaloso, que estaba bordeado de piedras por una parte y de nutrida arboleda por la otra. El pasto crecía entre las
laderas hasta donde empezaban los brezales y las ásperas hierbas de los páramos, y
sólo estaban libres de él el acantilado, que ascendía a través de las colinas y
desaparecía entre las desnudas estribaciones que marcaban el comienzo del
terreno silvestre. Me envolvía un aire fresco pero agradable. Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre.
yo me abstengo, circunvaleando? me ha sonado muy raro.. rarisimo
Normalmente, CIRCUNNAVEGAR se usa sólo para barcos y buques en el mar, pero literariamente se utiliza para indicar que se circula por uno o muchos lugares sin quedarte a vivir en ninguno, que era mi caso durante mi vida profesional; igual estaba en pueblos de la provincia de Córdoba, que de Cádiz, que de Huelva, que de Málaga y, por supuesto, de Sevilla. No sé si se puede interpretar como presunción, que no lo es, pero en el transcurso de 55 años habré hecho en coche (diferentes coches) un millón de kilómetros o más. Como si hubiese sido un agente comercial. Me gustaba y me gusta trabajar, el trabajo es lo que más dignifica a la persona. Y mi afán era conseguir la mejor calidad de vida para mis hijos. Y ahora, a mis 81 y pico, me siento orgulloso y feliz por haberles podido dar a todos mis vástagos estudios universitarios, pero a base de lucha y trabajo por mi parte (perdón, si cabe, por la inmodestia)
Otro cuento infantil, que chorrea ternura por todos lados..
Alexia y los zapatos verdes
Durante los días de lluvia, Alexia se aburría en la casa de su abuelita. Abría cajones, hurgaba en todos los armarios, se disfrazaba con ropa vieja... y así era como trataba de entretenerse.
Esa tarde un aguacero amenazaba con durar hasta la noche. Alexia ya no hallaba lugar por examinar. Pero, de pronto, recordaba el desván. "Sí, allí hay un baúl con juguetes que guarda mi mamá", pensaba.
Entraba decididamente en el altillo y se quedada mirando a través del ventanal cómo se movían los árboles con el empuje del viento y el agua.
Encontraba el baúl y, entusiasmada, lo abría, y varias cajas de disímiles juegos aparecían, pero a seis muñecas descartaba, porque pensaba que a sus 4 añitos era ya grande para jugar con ellas.
Una caja llamaba poderosamente su atención, la abría y se encontraba con unos zapatos de color verde. Se los ponía y le quedaban enormes, pero se los dejaba puestos porque eran muy bonitos. Caminaba por el desván mirándose su bello calzado. Le gustaban los zapatos, le parecía estar entre nubes caminando en el aire. Se sentaba en un almohadón y empezaba a hojear y ojear un cuento. Pero, súbitamente, sentía, sueño, se acomodaba en el almohadón y se quedaba dormidita.
En su sueño soñó que veía cómo se abría el ventanal y que un gnomo con alas entraba al cuarto y se ponía a su lado. Estaba mojado entero y de sus alas transparentes goteaban cristalitos diáfanos. Sorprendida, los miraba, pero no hablaba. El gnomo le decía:
- Perdona por entrar así en tu casa, Alexia, pero si me mojo todo el tiempo no me sienta bien, me da tos. Siempre que empieza a llover, tengo que cobijarme en algún lugar, y hoy solo encontré tu ventanal, abierto.
- ¿Quién eres? -le preguntaba Alexia. - Un duende mojado –respondía sonriendo. - ¡Pero si los duendes sólo viven en los cuentos! - Vivimos en todos lados, lo que pasa es que muchos niños no nos ven. - ¿Y si muchos niños no te ven porqué te veo yo? - Por tus zapatos verdes; son mágicos. Ellos te permiten verme –le decía y se asomaba por el ventanal. - Alexia, ya ha dejado de llover. ¡Adiós!
Alexia se acercó al ventanal y se quedó deslumbrada por el arco iris, que se asomaba vanidoso en sus colores.
"¡Qué bonito!" –gritaba señalándolo con un dedo regordete.
El duende abría sus alas y salía volando rumbo a las nubes.
- ¡Alexia! –la voz de su abuelita la despertaba. - ¡Qué, abuelita! - ¡Ven a tomarte la leche! - ¡Voy, abuelita!
Alexia se sentó a la mesa y, mientras tomaba su leche con Cola Cao, miraba a su abuela y le decía en voz alta:
- ¡Abuelita, he tenido un sueño muy bonito! - ¿Qué ha soñado mi niña? –dijo la mujer mayor mirándola, con ojos de ternura. - Que un gnomo bueno me daba poderes. - ¡Qué bien! –respondió la abuela.
De pronto la abuela se fue hacia su nieta y se la comió a besos.
Y Alexia se levantó de la silla y se encaminó de nuevo hacia el desván, pero sus grandes zancadas no la dejaban ver las marcas que unos diminutos pies mojados habían dejado sobre el parqué.
Me ha gustado este, sobre todo el último detalle de las huellas del gnomo. Como bien dices derrocha ternura en cada palabra
Quién le iba a decir a Alexia que iba a acabar muriendo en Etiopía de una enfermedad, después de haber ido ahí a ejercer de pediatra...
Venga, voy a dejar yo algo para ver si alguien lo reescribe Es el primer capítulo de la novela que publiqué, no tengo muchas cosas para compartir actualmente y en el tema de creación literaria estoy en dique seco ^^" Ahí va!
La bala silba junto a su oreja y queda clavada en el árbol. Sigue corriendo. Los pulmones arden dentro de su pecho. La respiración entrecortada y un solo pensamiento. Si tiene que ser, que sea Hyun. Nadie mejor que él para acabar con el traidor.
El sonido de otro disparo lo atrae a la realidad. La bala muerde su brazo y lo arranca del seno materno que conforman sus recuerdos. Grita. Solo su propio eco le devuelve el sonido de su súplica. Cae al suelo. Se arrastra tras un árbol. Un roble como chaleco antibalas.
Sae se levanta. Sigue corriendo, la sangre mancha su piel. Deja un reguero a su paso. Ya no hay lugar a escondites. Sus huellas cavan su tumba. Si es capturado, solo la muerte le espera cuando lo lleven a Pyongyang. Muerte… o tortura.
Hyun piensa que no hay nada peor que la muerte. Él no lo tiene tan claro.
Lo ve. El puente fronterizo sobre el bosque. Carretera hasta donde le alcanza la vista. Solo un poco más. Cruza. Cruza la línea imaginaria que divide a las dos coreas. El suelo que pisa es una tierra nueva. Prometedora. Libre.
Se toma el lujo de detenerse. Los disparos no cesan, el pelotón avanza. Entra en pánico. Se saltarían el tratado, cruzarían la frontera para darle caza. Qué iluso ha sido. Le tranquiliza no distinguir la figura de Hyun entre ellos.
Vuelve a correr. Tiene que adentrarse más. Salir a la carretera.
La bala le atraviesa el pecho. Desgarra todo su interior y se queda alojada en algún lugar de sus pulmones. El aire se convierte en fuego. La sangre comienza a resbalar por su boca. Busca un destino mejor que el cuerpo sentenciado que la ha portado hasta ahora.
Cae de nuevo. Esta vez sabe que no va a levantarse.
Ve la carretera custodiada por unos pequeños muros. Solo a unos metros de distancia. Se arrastra con el aliento que le queda. Abraza el hormigón. Una tabla salvavidas en medio de aquel océano otoñal.
El bosque es un buen lugar para morir, piensa cuando observa el cielo. Las copas de los árboles se alzan altivas y contemplan con compasión los últimos suspiros del fugitivo. El traidor al Generalísimo. Sonríe. Ojalá se le recuerde por ese nombre.
Vuelve a observar el cielo. Parece diferente al otro lado de la frontera.
Deja de notar el dolor del pecho. Su respiración se hace más pesada. La vida se le escurre entre borbotones de sangre. Una vida sucia. Miserable. Hasta que Hyun entró en ella.
Al menos moriría en libertad. Es el único consuelo que le queda. Cierra los ojos con la visión del vaivén de la hojas que caen a su alrededor.
Extiende sus alas y se deja llevar por el arrullo del viento.
Hablar bien de uno mismo Me pueden decir que soy un ególatra, pero a mí me encanta exaltar mis virtudes y empobrecer mis defectos. Sin embargo, pienso que el hombre adopta ante
sus avatares una de estas dos actitudes: o aligera el fardo de sus culpas,
pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con un cierto
determinismo cómico, o se vuelca en sus errores con torpe complacencia, y en
una y en otra, disfrazado de cordero, o haciendo trofeo de sus propias miserias,
parece llevar oculto bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común,
el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero, pero
la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto; lo que en realidad soy: un hombre
con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando
rebosa en mí, o cuando acudo al fondo primitivo de mis sentimientos. Además de
todo eso, me acusan de impúdico. Y con razón. Yo no comulgo con los prejuicios con
los que se disfraza nuestra ajada sociedad. ¡Los odio! En ellos naufraga todo
impulso noble y se empequeñece, se quiebra y se afemina todo gesto viril.
Siempre me muestro desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mindundi
de la cortesía y las buenas formas que se presente de repente.
Hablar bien de uno mismo
Me llamaban ególatra, y tal vez lo era. Me llamaban bruto y arrogante, y tal vez lo era.
En mi juventud no le temía a nada: hablaba bien de mí mismo, sin falsas humildades; celebraba abiertamente mis virtudes, y jamás me mortificaba aireando mis flaquezas.
Era, en suma, uno de esos hombres que se defienden de la vida apoyándose en sus excelencias por encima de sus debilidades.
Por entonces pensaba que los hombres adoptan dos actitudes esenciales ante sus errores: o se esconden de la culpa en un fatalismo trivial, autoindulgente y conformista, o se entregan a ella apasionadamente, con regodeo enfermizo; haciendo de sus miserias el trofeo de plomo de su orgullo, la vanidad inversa con que mantener a raya al fantasma de la impotencia.
La tercera clase de hombres se rebelan contra su destino y las imposiciones sociales. Yo creía ser de esta clase de hombres.
Siempre fui sincero, pero la sinceridad sólo me acarreó fama de grosero; era, en realidad, un hombre cultivado, pero fiel a la noble vehemencia de los impulsos naturales, incapaz de someter mi alma a la horma de las convenciones. Detestaba, y detesto, el amaneramiento, la falsa sutileza y las medias tintas.
Hoy, que no soy tan joven, ya no hablo de mí... ni bien ni mal. Una sonrisa irónica es todo lo que tengo que decir al respecto. Prefiero hablar de las cosas, del hermoso sol una radiante mañana de verano, de las correrías de mis nietos...
Me siento muy libre, muy libre y desnudo, ante cualquier mindundi que quiera imponerme el bozal de las buenas maneras, o hacerme escuchar los espejismos de su ego.
Pues sigue escribiendo relatos "asín, asín" (en este caso reescribiendo), porque "asín, asín" lo has hecho magistralmente.
Ese mini texto se lo dediqué hace unos años a un hermano mío (más joven que yo, por desgracia, ya fallecido) que siempre tenía el ego por encima de las nubes. Estuvo sin hablarme el "friolero" tiempo de... cinco minutos. Las verdad a la cara, fusionada con el cariño que nos profesábamos, no le concedió más espacio.
Me ha gustado especialmente esto, que le has dado un toque genial:
Por entonces pensaba que los hombres adoptan dos actitudes esenciales ante sus errores: o se esconden de la culpa en un fatalismo trivial, autoindulgente y conformista, o se entregan a ella apasionadamente, con regodeo enfermizo; haciendo de sus miserias el trofeo de plomo de su orgullo, la vanidad inversa con que mantener a raya al fantasma de la impotencia.
Me gustaría que te integrases y participases en este hilo, con la frecuencia que permitan tus obligaciones cotidianas. A ver sin entre todos los que permanecemos activos en el foro somos capaces de sacarlo definitivamente del marasmo en el que se encuentra.
En este momento me encuentro con dos amigos en una disco bebiendo whisky. Hablan
acalorados entre ellos sobre el Real Betis y el Sevilla FC. Mi vaso se está agotando ya. Bostezo mientras miro a una de las camareras que mastica con sus dientes de tiburón un chicle. Sigo la trayectoria del
chicle, hasta que cae, ella lo pisa y se le queda pegado en la suela de su
zapato, pero como no hace intento por quitárselo, vuelvo a bostezar.
De pronto siento estallidos en mi vejiga. Apuro mi vaso y me voy al
servicio de caballero, al fondo a la izquierda. Regreso a la barra, y pido a la
camarera con dientes de tiburón otro whisky. La miro y le cuento un chiste, pelín subidito de tono, y ella ríe a carcajadas, y después, agradecida, me da un beso húmedo en los
labios con sus bocaza de tiburón. Aturdido, miro a mi alrededor y otra vez bostezo.
Baila una madura rellenita, oscilando sus carnes almohadilladas y fofas, y tropieza con una
bailona encanijada, que cae de bruces mostrando su ropa interior.
Un guaperas engominado muestra sus
dentadura blanca a una morena, a menos de un centímetro de su cara. Bostezo. La
morena tamborilea con sus largas y postizas uñas la madera de la barra, mirando con ojos
asesinos a ese atrevido engreído.
Un vejete ebrio vomita dentro de la
jarra con cerveza de otro ebrio vejete. Se miran y se ríen sin parar.
Bostezo hasta crujir las mandíbulas.
Entran, sonriendo, tres chicas a la discoteca. Me llama la atención una de
ellas. Miro cada palmo de su guapa cara. Me chiflan sus labios, y fantaseo con
devorarlos.
Pero, de pronto, siento un hormigueo de pies a cabeza. Apaciguo mi
hormigueo con un trago de whisky. La minifaldita verde Betis ceñida que lleva puesta la chica que a mí me ha gustado, dibuja curvas mareantes. Las tres se quedan en
la barra, a nuestro lado. El pelo de "mi chica" es pelirrojo. Se
gira hacía mí, me mira directamente a los ojos y me obsequia una sonrisa cómplice.
Venga, voy a dejar yo algo para ver si alguien lo reescribe Es el primer capítulo de la novela que publiqué, no tengo muchas cosas para compartir actualmente y en el tema de creación literaria estoy en dique seco ^^" Ahí va!
La bala silba junto a su oreja y queda clavada en el árbol. Sigue corriendo. Los pulmones arden dentro de su pecho. La respiración entrecortada y un solo pensamiento. Si tiene que ser, que sea Hyun. Nadie mejor que él para acabar con el traidor.
El sonido de otro disparo lo atrae a la realidad. La bala muerde su brazo y lo arranca del seno materno que conforman sus recuerdos. Grita. Solo su propio eco le devuelve el sonido de su súplica. Cae al suelo. Se arrastra tras un árbol. Un roble como chaleco antibalas.
Sae se levanta. Sigue corriendo, la sangre mancha su piel. Deja un reguero a su paso. Ya no hay lugar a escondites. Sus huellas cavan su tumba. Si es capturado, solo la muerte le espera cuando lo lleven a Pyongyang. Muerte… o tortura.
Hyun piensa que no hay nada peor que la muerte. Él no lo tiene tan claro.
Lo ve. El puente fronterizo sobre el bosque. Carretera hasta donde le alcanza la vista. Solo un poco más. Cruza. Cruza la línea imaginaria que divide a las dos coreas. El suelo que pisa es una tierra nueva. Prometedora. Libre.
Se toma el lujo de detenerse. Los disparos no cesan, el pelotón avanza. Entra en pánico. Se saltarían el tratado, cruzarían la frontera para darle caza. Qué iluso ha sido. Le tranquiliza no distinguir la figura de Hyun entre ellos.
Vuelve a correr. Tiene que adentrarse más. Salir a la carretera.
La bala le atraviesa el pecho. Desgarra todo su interior y se queda alojada en algún lugar de sus pulmones. El aire se convierte en fuego. La sangre comienza a resbalar por su boca. Busca un destino mejor que el cuerpo sentenciado que la ha portado hasta ahora.
Cae de nuevo. Esta vez sabe que no va a levantarse.
Ve la carretera custodiada por unos pequeños muros. Solo a unos metros de distancia. Se arrastra con el aliento que le queda. Abraza el hormigón. Una tabla salvavidas en medio de aquel océano otoñal.
El bosque es un buen lugar para morir, piensa cuando observa el cielo. Las copas de los árboles se alzan altivas y contemplan con compasión los últimos suspiros del fugitivo. El traidor al Generalísimo. Sonríe. Ojalá se le recuerde por ese nombre.
Vuelve a observar el cielo. Parece diferente al otro lado de la frontera.
Deja de notar el dolor del pecho. Su respiración se hace más pesada. La vida se le escurre entre borbotones de sangre. Una vida sucia. Miserable. Hasta que Hyun entró en ella.
Al menos moriría en libertad. Es el único consuelo que le queda. Cierra los ojos con la visión del vaivén de la hojas que caen a su alrededor.
Extiende sus alas y se deja llevar por el arrullo del viento.
Más que reescribir tu texto, lo apuntalo con pocas palabras...
Narrativa emocional cargada de dramatismo del tal Sae, quien está huyendo de un lugar, atravesando un bosque en busca de libertad. El tal Hyun, podría ser su perseguidor.
Los sentimientos y pensamientos del protagonista cuando se enfrenta a una persecución peligrosa están bien expresados. Sae intenta escapar, pero cae herido de gravedad, no obstante, se arrastra hacia la libertad.
La dualidad entre el pasado y el presente, hace reflexionar a Sae sobre su vida antes de la persecución y cómo Hyun se convirtió en alguien importante para él.
Pienso que la metáfora de "las alas" al final del texto simboliza la esperanza de Sae de encontrar la libertad, incluso en la muerte. "La lucha interna y la desesperación en el personaje principal mientras busca una existencia mejor".
A ver ... un poquito de ORDEN please chic@s los cuento en el post Cuéntame un cuento y aquí los que pongáis para reescribir. Mas que nada porque el tema de reescribir algo de otro autor está un poco sensible, este espacio asegura que todos sabemos a qué jugamos.
bueno, no estoy de acuerdo en eso, que hay algunas cuentos infantiles que son joyasde dulzura. ok, vale cuentos para adultos. ? eso no seria relatos? echre un vistazo a la estructura del cuento...
Ahí llevas un cuento infantil....
Dos niños, dos cuentos
Una tarde de verano del mes de julio, no muy calurosa, paseaba con mi perro, pero en un descuido se me perdió, y yo, nervioso y desencajado, empezaba a llorar.
Después de buscarlo con desespero por todos lados más dos horas y de no encontrarlo, regresé acongojado y llorando a mares a mi casa.
Pero en el trayecto vi tirado sobre el suelo de una calle un cuento. Lo abrí y lo hojeé y ojeé, pero me apetecía leerlo más detenidamente. Entré a mi casa, me fui directamente a mi cuarto y empecé a leerlo. Trataba de un niño que había perdido a su mono.
Al día siguiente, tan pronto desperté, un niño, más o menos de mi edad, estaba al pie de mi cama y me miraba con los ojos llenos de lágrimas, sin explicarme yo cómo había entrado a mi casa y porqué lloraba. Después de hablar con él unos minutos, comprendí el porqué de su presencia y de su llanto.
Aquel niño, al igual que yo, había perdido algo muy querido para él: su mono, y cuando volvía a su casa veía tirado en una calle un cuento, que trataba sobre un niño que había perdido a su perro.
me ha gustado, ese cruce entre realidades, lo use tambien en este que busco. llevo un par de dias de creatividad atascada. pero vamos a ver que se sale del tiron con el cafetito. El niño se sorprendió, le pareció extraño que en un libro se hablase de un perro con un niño, normalmente estos hechos se dan al contrario. Mas aún cuando vio que por mascota tanto el niño como el perro tenian a un mono llamado Juan. Parecia que este mundo del libro era un mundo diferente y absurdo. -¿ Que perro tiene como mascota a un niño que tiene de mascota a un mono? ¿ quien seria el padre El Rey de la jungla, el leon? y la abu, ¿la elefanta Marta?. Se repetia sorprendido mientras lo ojeaba poniendo todo el interés posible. A su corta edad, cinco añitos, las letras eran bailarinas y juguetonas, algunas les gastaba bromas y en vez de ayudarle, se escondian o cambiaban su sonido para que el no pudiera encontrarla. A pesar de ello, era insistente en todo lo que se proponia, ¡era capaz de montar rapidamente el puzzle de piezas que la tia Rodri le habia regalado, ¡ un montón de veces seguidas!. Su tio, siempre le habia dicho que era una supercampeón y que por eso le regaló la camiseta de los supercampeones. Respiró profundo y se armó de paciencia, la iba a necesitar, allí habian demasiadas letras burlonas y encima el orden de las cosas no era el que les habia explicado ni papá ni mamá, ni tampoco en el cole. ¿De dnde habria salido este libro? No le importó no tener respuesta a esta pregunta; ¡habian tantas cosas que no la tenian! qué por qué la luna a veces es de una forma u otra, o mamá se vuelve una pesada con la chaqueta cuando hace tantísimo calor, y por qué siempre toca el timbre del cole cuando mejor está el juego y le toca la parte mas divertida. ¡ Tantas y tantas!... que una más no importaba. El perro se llamaba Timoteo, y por lo visto nació en una isla gigante en forma de jaula, tan grande que cabian un monton de perros; y cómo no tenian otra cosa que comer, solo se comian cocos de una la única palmera que habia en el centro. Eso si, por la noche, una vez que volaba por los cielos y que le hacia caricias a la luna hasta hacerla reir, decia: " a dormir todos y que durmais con los angelitos". Y todos dormian de pronto hasta que el olor a coco tostado les despertaba por las mañanas. El sol, sonriente alargaba sus rayitos y quemaba a los cocos para que pudieran tener tostaditas. El mono, vino de una gran ciudad, alli los monos saltaban de una ventana a otra, uno de ellos era el profesor chiflado, lo llamaban de esta manera por pintar en la pizarra cuando tenia que pintar en las paredes con los dedos. Por lo visto, le habian castigado un montón de veces, pero él no desistia en su empeño que era mucho más divertido hacerlo asi. No comian plátanos, no les gustaba, pero les volvian locos los polo flhas, tanto que crearon una fuente mágica en mitad del portal para que todo el que quisiera cuando tuviera sed, se parara, se metiera en ella y saliera del color del sabor que le apeteciera para ese dia. Asi el resto podrian jugar con él a ser relamido. El niño se llamaba Antonio, a veces estaba triste, de hecho era una mascota, porque siempre le decian lo que tenia que hacer; " ponte los zapatos", "no te comas eso" " deja de fantasear tanto" " atiende " "duermete" "come". y por eso, lo sacaban a pasear a la güagúada, porque alli el podria decir gúau que era su idioma aunque pareciera un niño. Dormia eso si, en una cama preciosa a los pies de la cama del perro, ¡y le obligaron a usar un water que queria comerle el culo!. Pero era fuerte, y grande, y solo tenia que pensar que era imvencible para que le crecieran garras de tigre y una supervoz superpontente, superlejana, que asustaba a todos y hacia que todos al final le dieran las gracias. Eso si, a veces se dormia mirando el techo y se olvidaba la hora de comer, pero es que soñaba con los ojos abiertos.
-Toño ¿ que haces ahí con los pies en la pared y la cabeza colgando de la cama?. Ponte derecho que te va a dar algo anda, y baja con tu padre y ayuda a poner la mesa - le replicó su madre al pasar por la puerta del dormitorio. -estoy con un libro mamá, no puedo ahora, está super interesante- le indicó Toño con aires de importancia y de no poder parar de hacer lo que hacia. - Cariño, anda déjame ver, ¿ que libro es ese? - acercándose y quitándoselo de las manos. - Bueno, es un buen libro igual si quieres esta noche te lo leo. - No mama, no hace falta, ya lo estoy haciendo yo, ya soy grande ¿recuerdas que tito me ha traido la camisa de los supercampeones?-. le explicó a su madre levantando su cabecita que colgaba junto a los volantes del edredón. - si, mi amor, eres un supercampeón.- y salió con el amor rebosando por el pecho y una sonrisa pletórica. ¡Ay mi niño, ! ¡ Tengo un artista! ¡ como poco para escritor! musitaba escaleras abajo. Su niño leia con un libro al revés y con letras que nadie aun le habian enseñado.
¡Hay vocaciónes que son el recuerdo de la infancia que se quedan entrelazadas entre la vida para que otros vuelvan a sonreir y nosotros a soñar despiertos!
Me reitero en lo dicho Diodama, tienes un mundo interior muy loco. Seguro que es divertido refugiarse ahí.
Otro cuento infantil, que chorrea ternura por todos lados..
Alexia y los zapatos verdes
Durante los días de lluvia, Alexia se aburría en la casa de su abuelita. Abría cajones, hurgaba en todos los armarios, se disfrazaba con ropa vieja... y así era como trataba de entretenerse.
Esa tarde un aguacero amenazaba con durar hasta la noche. Alexia ya no hallaba lugar por examinar. Pero, de pronto, recordaba el desván. "Sí, allí hay un baúl con juguetes que guarda mi mamá", pensaba.
Entraba decididamente en el altillo y se quedada mirando a través del ventanal cómo se movían los árboles con el empuje del viento y el agua.
Encontraba el baúl y, entusiasmada, lo abría, y varias cajas de disímiles juegos aparecían, pero a seis muñecas descartaba, porque pensaba que a sus 4 añitos era ya grande para jugar con ellas.
Una caja llamaba poderosamente su atención, la abría y se encontraba con unos zapatos de color verde. Se los ponía y le quedaban enormes, pero se los dejaba puestos porque eran muy bonitos. Caminaba por el desván mirándose su bello calzado. Le gustaban los zapatos, le parecía estar entre nubes caminando en el aire. Se sentaba en un almohadón y empezaba a hojear y ojear un cuento. Pero, súbitamente, sentía, sueño, se acomodaba en el almohadón y se quedaba dormidita.
En su sueño soñó que veía cómo se abría el ventanal y que un gnomo con alas entraba al cuarto y se ponía a su lado. Estaba mojado entero y de sus alas transparentes goteaban cristalitos diáfanos. Sorprendida, los miraba, pero no hablaba. El gnomo le decía:
- Perdona por entrar así en tu casa, Alexia, pero si me mojo todo el tiempo no me sienta bien, me da tos. Siempre que empieza a llover, tengo que cobijarme en algún lugar, y hoy solo encontré tu ventanal, abierto.
- ¿Quién eres? -le preguntaba Alexia. - Un duende mojado –respondía sonriendo. - ¡Pero si los duendes sólo viven en los cuentos! - Vivimos en todos lados, lo que pasa es que muchos niños no nos ven. - ¿Y si muchos niños no te ven porqué te veo yo? - Por tus zapatos verdes; son mágicos. Ellos te permiten verme –le decía y se asomaba por el ventanal. - Alexia, ya ha dejado de llover. ¡Adiós!
Alexia se acercó al ventanal y se quedó deslumbrada por el arco iris, que se asomaba vanidoso en sus colores.
"¡Qué bonito!" –gritaba señalándolo con un dedo regordete.
El duende abría sus alas y salía volando rumbo a las nubes.
- ¡Alexia! –la voz de su abuelita la despertaba. - ¡Qué, abuelita! - ¡Ven a tomarte la leche! - ¡Voy, abuelita!
Alexia se sentó a la mesa y, mientras tomaba su leche con Cola Cao, miraba a su abuela y le decía en voz alta:
- ¡Abuelita, he tenido un sueño muy bonito! - ¿Qué ha soñado mi niña? –dijo la mujer mayor mirándola, con ojos de ternura. - Que un gnomo bueno me daba poderes. - ¡Qué bien! –respondió la abuela.
De pronto la abuela se fue hacia su nieta y se la comió a besos.
Y Alexia se levantó de la silla y se encaminó de nuevo hacia el desván, pero sus grandes zancadas no la dejaban ver las marcas que unos diminutos pies mojados habían dejado sobre el parqué.
Me ha gustado este, sobre todo el último detalle de las huellas del gnomo. Como bien dices derrocha ternura en cada palabra
Quién le iba a decir a Alexia que iba a acabar muriendo en Etiopía de una enfermedad, después de haber ido ahí a ejercer de pediatra...
Vale, ya cierro al salir
Es muy polifacética, de hecho vive en una cajita en el comedor y está siempre dispuesta a conceder deseos, en plan genio de la lámpara, solo tienes que pedírselo ...
Alexia, ¿Qué tiempo hará hoy?, o Alaxia, notificaciones...
Hablar bien de uno mismo Me pueden decir que soy un ególatra, pero a mí me encanta exaltar mis virtudes y empobrecer mis defectos. Sin embargo, pienso que el hombre adopta ante
sus avatares una de estas dos actitudes: o aligera el fardo de sus culpas,
pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con un cierto
determinismo cómico, o se vuelca en sus errores con torpe complacencia, y en
una y en otra, disfrazado de cordero, o haciendo trofeo de sus propias miserias,
parece llevar oculto bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común,
el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero, pero
la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto; lo que en realidad soy: un hombre
con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando
rebosa en mí, o cuando acudo al fondo primitivo de mis sentimientos. Además de
todo eso, me acusan de impúdico. Y con razón. Yo no comulgo con los prejuicios con
los que se disfraza nuestra ajada sociedad. ¡Los odio! En ellos naufraga todo
impulso noble y se empequeñece, se quiebra y se afemina todo gesto viril.
Siempre me muestro desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mindundi
de la cortesía y las buenas formas que se presente de repente.
Hablar bien de uno mismo
Me llamaban ególatra, y tal vez lo era. Me llamaban bruto y arrogante, y tal vez lo era.
En mi juventud no le temía a nada: hablaba bien de mí mismo, sin falsas humildades; celebraba abiertamente mis virtudes, y jamás me mortificaba aireando mis flaquezas.
Era, en suma, uno de esos hombres que se defienden de la vida apoyándose en sus excelencias por encima de sus debilidades.
Por entonces pensaba que los hombres adoptan dos actitudes esenciales ante sus errores: o se esconden de la culpa en un fatalismo trivial, autoindulgente y conformista, o se entregan a ella apasionadamente, con regodeo enfermizo; haciendo de sus miserias el trofeo de plomo de su orgullo, la vanidad inversa con que mantener a raya al fantasma de la impotencia.
La tercera clase de hombres se rebelan contra su destino y las imposiciones sociales. Yo creía ser de esta clase de hombres.
Siempre fui sincero, pero la sinceridad sólo me acarreó fama de grosero; era, en realidad, un hombre cultivado, pero fiel a la noble vehemencia de los impulsos naturales, incapaz de someter mi alma a la horma de las convenciones. Detestaba, y detesto, el amaneramiento, la falsa sutileza y las medias tintas.
Hoy, que no soy tan joven, ya no hablo de mí... ni bien ni mal. Una sonrisa irónica es todo lo que tengo que decir al respecto. Prefiero hablar de las cosas, del hermoso sol una radiante mañana de verano, de las correrías de mis nietos...
Me siento muy libre, muy libre y desnudo, ante cualquier mindundi que quiera imponerme el bozal de las buenas maneras, o hacerme escuchar los espejismos de su ego.
Muy bueno Sarasvati, muy bueno, me veo tan reflejado en este personaje tan asocial que casi me da miedo.
Dejo aquí reescrito el texto de Phedrera; un placer leerte, espero honrar tu texto;
Escucho los ladridos de los perros y los gritos de los hombres. Avanzan descuidados. Ellos no tiene que ocultarse. Yo si. La traición en Pyongyang se condena con la muerte, pero sé que para mi será peor. El momento en que llegue la muerte, si me cogen vivo, será un momento feliz, sus torturadores se encargarán de que sea así. Nadie traiciona la confianza del líder supremo Kim Jong-un sin que sirva de escarmiento. Debe quedar claro para cualquiera que piense en ello. Yo lo hice y aquí estoy, con la espalda apoyada en un árbol, frente a mi la frontera, a mi espalda el terror.
Lo que mas me duele es haber dejado atrás a Hyun y qeu no haya superado su miedo. Él ha sido incapaz de reconocer lo que sentíamos el uno por el otro, se sintió tan avergonzado, incapaz de asumir su naturaleza, que me repudió. Yo era igual, negaba la evidencia. Trabajaba en el gobierno, en un departamento especializado en encontrar traidores. ¡Que irónico!. Un día llegó a mi un recorte del New York Times donde el periodista norcoreano Dong-A Ilbo explicaba por que abandonó Corea del Norte. Recuerdo la noticia palabra por palabra, pero tengo presente sobre todo esta cita;
"En mi universidad solamente la mitad de todos los estudiantes podrían haber oído la palabra ‘homosexualidad’. Incluso entonces, era siempre tratado como una extraña y difusa enfermedad mental que aquejaba a subhumanos, que solo podía encontrarse en el depravado Occidente"
Esta frase rompió algo en mi interior, no hay ninguna ley en Corea del Norte que prohíba la homosexualidad, porque la homosexualidad simplemente NO EXISTE, casarse y procrear no es una elección o un derecho, es un deber y desviarse de un deber es traición. Recordé como había conocido a Hyun, fue durante otro deber, el tiempo que el ejercito requiere de todo ciudadano. En invierno, a los soldados solamente nos daban un par de sábanas para pasar las noches, entonces era común que encontrásemos un compañero y durmiésemos abrazados para guardar el calor. Esto era fomentado por el partido que lo denominaba ‘camaradería revolucionaria'. Hyun era mi pareja y los roces nocturnos que muchas veces terminaban en jadeos se obviaban al salir el sol, pero quedaban marcados en nuestra ropa interior y en nuestro corazón. Me quedaba embobado mirando su cara de niño imberbe, sus ojos profundos y su cuerpo delgado. Un día le hablé y fue un error. Nada de ese mundo que yo me había imaginado con él era real. Hyun me denunció. Llenó su denuncia de mentiras, tantas como pudo inventar, y tuve que huir.
Frente a mi está la libertad, solo tengo que correr por ese puente colgante y estaré al otro lado. No se atreverán a cruzarlo, no me seguirán. Les oigo más cerca, es ahora o será demasiado tarde. Me incorporo y corro. He salido de la arboleda y me siento expuesto, acabo de superar los primeros metros y estoy en el puente. Las maromas que sirven de barandilla son ásperas y lastiman mis manos, las tablas son inestables y están podridas. Crujen bajo mis pies como si fueran a ceder en cualquier momento. Al otro lado del puente los soldados de Cores del Sur me animan, a mi espalda crece el alboroto. Ya me han visto. No quiero mirar atrás, ¿para que? si tiene que ser será. Los proyectiles zumban a mi alrededor, noto un golpe y un dolor agudo en el hombro. Sigo corriendo, solo me quedan algunos metros. Puedo ver las caras de los soldados parapetados tras su garita gritándome que corra. El pecho me va a explotar, no puedo correr más, voy tan rápido que mis pies tropiezan varias veces y estoy a punto de caer. Otro golpe en el muslo, el dolor es intenso. Intento andar pero la pierna no me responde. Avanzo arrastrándola sujeto a la maroma. Dejo un rastro de sangre que riega el barranco a mis pies. ¿Así que será aquí? ¿Este es el final? Un tercer impacto me lanza al suelo de maderas podridas. Me ha abierto el pecho y cortado la respiración. Me tumbo bocarriba, noto que alguien tira de mi. Uno de los soldados me arrastra. En el otro lado han cesado los disparos. Me aprieta el pecho y me habla con palabras de ánimo. Me da la bienvenida a Corea del Sur, y me dice que estoy a salvo. Mientras mi vida se escapa miro el cielo, mucho más limpio y claro aquí, respiro profundamente el aire con las fuerzas que me quedan, huele al libertad.
Entono mi mea culpa porque el texto de Phedrera no lo reescribí, sólo me limité a hacer un comentario. No me volverá a ocurrir con ningún otro. Perdón y gracias.
No es obligatorio reescribir nada Antonio, comentar es también una opción. Lo ideal es que cada uno reescriba lo que cree que puede mejorar o darle un punto de vista diferente o simplemente le apetezca trabajar sobre esa idea. Los comentarios son también bienvenidos, ayudan a ver otra realidad sobre lo que escribimos. Nos hacen mejorar.
No es obligatorio reescribir nada Antonio, comentar es también una opción. Lo ideal es que cada uno reescriba lo que cree que puede mejorar o darle un punto de vista diferente o simplemente le apetezca trabajar sobre esa idea. Los comentarios son también bienvenidos, ayudan a ver otra realidad sobre lo que escribimos. Nos hacen mejorar.
Una de las cosas que me ayudan a mantener la pluma afilada es reescribir relatos. Es un ejercicio de escritura, un juego.
Y pienso que es una buena idea para que todos tengamos la pluma afilada. Así lo hiciste ver a través de tus primeras palabras de cuando colgaste este instructivo hilo; que, por cierto, va corriendo que se las pelas
Dos días sin coger la pluma, y mil veces ha cruzado mi cabeza la idea de romper lo
que ya llevo escrito. Me siento insoportable, nervioso, incluso he regañado ásperamente a las enfermeras por una bobada. Los médicos temían que me iba a dar un
nuevo acceso de fiebre; también yo lo temía. Sé que me ocultan mi gravedad,
pero presiento que no voy a vivir mucho más tiempo. Mi compañero de habitación me dice que
para seguir viviendo es imprescindible que lo desee. ¡Pues no, no lo deseo! Me hallo triste, desamparado, y de un tiempo a esta parte duermo con la ilusión de
no despertar. Pienso que el sueño de la muerte es el mejor regalo para una existencia como la mía.
Mi querido Antonio, qué alegría ver que sigues por aquí. ¿Qué mejor manera que arrancar en este hilo con un texto tuyo? No se me ocurre. Allá voy!
Cierro el cuaderno. Dos días sin soltar la pluma. Escribir es lo más cercano a la inmortalidad que conozco, y yo siempre le he tenido miedo a la muerte. Por eso me exilio. Del mundo y de todo lo que me rodea. Viviré en las páginas de este diario cuando mi cuerpo se apague. La enfermera que me coloca la vía revela que será pronto. La muerte se desliza hacia mí a través del eco de una sonrisa. Acaricio el cuero del cuaderno. Sonrío. Me muero. Viviré en las páginas de este diario. Ya no tengo miedo.
Buenos dias, aunque no tengo el gusto de conocerle, le doy las gracias por acudir al llamamiento público de esta damisela en apuros. Estos tres caballeros les gusta pincharme con el feminismo e inducirme a textos poco hortodoxos, evidentemente, de nada de hecho, yo tengo culpa alguna, solo soy un hoja sobre la corriente. ( ja ja, ja) Bienvenido, espero que se este a gusto y le apetezca quedarse, una nueva pluma y nuevas versionas daran para mucho mas. Gracias.
DIODAMA. Phedrera (que es mujer como tú) es paisana tuya, también es gaditana. Ella fue la que implantó en este foro los "microrrelatos".
definitivamente me salgo del foro... ¿ que he sido capaz de escribir hortodoxo y nadie me ha corregido? ... lo he leido de pronto y me hecho daño en los ojos... ten amigos para esto.. jajaja
Pensé que era una licencia literaria
(atencion, escribo en la zona blanca. ) No vi el texto antes, No, lo de hortodoxo no fue una licencia literaria, fué una falta de ortografía como la catedral de Burgos y después voy y chuleo que estoy en un foro de literatura. jajaja... si es que ...
Hablar bien de uno mismo Me pueden decir que soy un ególatra, pero a mí me encanta exaltar mis virtudes y empobrecer mis defectos. Sin embargo, pienso que el hombre adopta ante
sus avatares una de estas dos actitudes: o aligera el fardo de sus culpas,
pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con un cierto
determinismo cómico, o se vuelca en sus errores con torpe complacencia, y en
una y en otra, disfrazado de cordero, o haciendo trofeo de sus propias miserias,
parece llevar oculto bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común,
el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero, pero
la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto; lo que en realidad soy: un hombre
con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando
rebosa en mí, o cuando acudo al fondo primitivo de mis sentimientos. Además de
todo eso, me acusan de impúdico. Y con razón. Yo no comulgo con los prejuicios con
los que se disfraza nuestra ajada sociedad. ¡Los odio! En ellos naufraga todo
impulso noble y se empequeñece, se quiebra y se afemina todo gesto viril.
Siempre me muestro desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mindundi
de la cortesía y las buenas formas que se presente de repente.
Bueno, lo tenia pendiente, esperando la musa o el rato de tranquilidad para sentarme leerlo con paciencia e intentar sacar el fondo y ver que surge. Salió esto:
Cansado, pesa, igual que una lapida que aun no he tallado.
Cada vez más, sin descanso, sin un respiro, ahora resulta que todo quien soy no
vale para nada. Me agotan, ¡me agota tanto convencionalismo y tantas sonrisas hipócritas!
Estos mismos que ahora golpean la mesa con los nudillos
esperando que yo acabe mi discurso; ¡esos, venían a mi puerta a pedir consejo! Entonces
no era un parlanchín presuntuoso engreído que no sabe lo que dice, era quien
era, con verdades como puños que levantaban ampollas pero que colocaban orden y
jerarquía.
Me pregunto, donde se aloja la falsedad, si en la grosería
innata o en aquella que oscila según la conveniencia. En este presente caótico,
la honestidad con uno y con el resto ya no se trata como virtud, tampoco de valentía
con el espejo o frente a los demás, ahora los chupaculos y chupapollas se han
extendido en una especie extraña que, bajo una humildad de voces entrecortadas
y pareceres alternos, gritan a otros que solo ellos llevan la razón.
Me consuelo, si alguno hubiera, que al menos continuo en una
línea continua y coherente con quien soy; me pregunto que curva alcanzaran
todos ellos cuando peinen canas y ni siquiera tengan el recuerdo de alguien
apostado en el dintel de su puerta. ¡ Qué les den por culo, pero sin groserías,
como ahora, con educación!
Venga, voy a dejar yo algo para ver si alguien lo reescribe Es el primer capítulo de la novela que publiqué, no tengo muchas cosas para compartir actualmente y en el tema de creación literaria estoy en dique seco ^^" Ahí va!
La bala silba junto a su oreja y queda clavada en el árbol. Sigue corriendo. Los pulmones arden dentro de su pecho. La respiración entrecortada y un solo pensamiento. Si tiene que ser, que sea Hyun. Nadie mejor que él para acabar con el traidor.
El sonido de otro disparo lo atrae a la realidad. La bala muerde su brazo y lo arranca del seno materno que conforman sus recuerdos. Grita. Solo su propio eco le devuelve el sonido de su súplica. Cae al suelo. Se arrastra tras un árbol. Un roble como chaleco antibalas.
Sae se levanta. Sigue corriendo, la sangre mancha su piel. Deja un reguero a su paso. Ya no hay lugar a escondites. Sus huellas cavan su tumba. Si es capturado, solo la muerte le espera cuando lo lleven a Pyongyang. Muerte… o tortura.
Hyun piensa que no hay nada peor que la muerte. Él no lo tiene tan claro.
Lo ve. El puente fronterizo sobre el bosque. Carretera hasta donde le alcanza la vista. Solo un poco más. Cruza. Cruza la línea imaginaria que divide a las dos coreas. El suelo que pisa es una tierra nueva. Prometedora. Libre.
Se toma el lujo de detenerse. Los disparos no cesan, el pelotón avanza. Entra en pánico. Se saltarían el tratado, cruzarían la frontera para darle caza. Qué iluso ha sido. Le tranquiliza no distinguir la figura de Hyun entre ellos.
Vuelve a correr. Tiene que adentrarse más. Salir a la carretera.
La bala le atraviesa el pecho. Desgarra todo su interior y se queda alojada en algún lugar de sus pulmones. El aire se convierte en fuego. La sangre comienza a resbalar por su boca. Busca un destino mejor que el cuerpo sentenciado que la ha portado hasta ahora.
Cae de nuevo. Esta vez sabe que no va a levantarse.
Ve la carretera custodiada por unos pequeños muros. Solo a unos metros de distancia. Se arrastra con el aliento que le queda. Abraza el hormigón. Una tabla salvavidas en medio de aquel océano otoñal.
El bosque es un buen lugar para morir, piensa cuando observa el cielo. Las copas de los árboles se alzan altivas y contemplan con compasión los últimos suspiros del fugitivo. El traidor al Generalísimo. Sonríe. Ojalá se le recuerde por ese nombre.
Vuelve a observar el cielo. Parece diferente al otro lado de la frontera.
Deja de notar el dolor del pecho. Su respiración se hace más pesada. La vida se le escurre entre borbotones de sangre. Una vida sucia. Miserable. Hasta que Hyun entró en ella.
Al menos moriría en libertad. Es el único consuelo que le queda. Cierra los ojos con la visión del vaivén de la hojas que caen a su alrededor.
Extiende sus alas y se deja llevar por el arrullo del viento.
Bueno paisana, muevo el cuello derecha e izquierda: unas dan saltitos antes de correr una maratón y yo meneo el cuello... ( y no sudo):
Abrio los ojos, podia respirar sin problemas. Aquella llama que sentia en el pecho no estaba. Ahora el cuerpo le parecia levitar entre una suavidad que jamás en toda su vida habia sentido. Pensó que estaba en el cielo, o en algun lugar parecido. Aquello nada tenia que ver con el infierno .
La cama era enorme, pudo comprobar cuando las pupilas se adaptaron a la luz que entraba por la ventana; despacio, con un miedo profundo a respirar, visualizó toda la estancia. Estores de madera, suelo tambien de madera, olor a limpio, silencio sepulcral, un enorme escritorio con lacas e incrustraciones en nácar. Jamás antes habia estado en aquel lugar ni menos aun habia tenido la oportunidad para disfrutar de tanta opulencia. Al fondo de la habitacion, una puerta entreabierta, un gran bañera de cobre le miraba con sus patas ornamentadas y la boca tallada en el grifo que salia de la misma pared.
¿ Qué hacia ahi? Lo último que recordó era el cielo, y el sudor o las lágrimas que se le enredaron en las pestallas al mirar el color azul entre los huecos de los árboles. Su despido absurdo a la vida solo fue dedicado a un pequeño sonido que escuchó entre tanto dolor y miedo; un pajarillo que retumbaba a ras del suelo y que tal vez fue el único que vino a acompañarle en la muerte. Curiosa atención para su último aliento, como si todo el mundo entero recayera en el canto mínimo y sutil de un animal insignificante. Pensó que asi debia ser, también él habia sido minúsculo en un mundo entero, sin cabida, y sin renuncia a nada porque nada tuvo.
Llamaron a la puerta y sin mediación alguna, entró una camarera empujada por un hombre. Con los dos, el aroma a comida que tuvo que olvidar cuando estaba preso. Contuvo la respiración esperando una respuesta iracuando, gritos, o incluso el asalto a la cama para terminar de matarle, pero no ocurrió nada, absolutamente nada, solo que todos los músculos de su cuerpo estaban en tensión perpetua esperando el momento de saltar e intentar escapar. Ni tiempo habia tenido desde que abrió los ojos para comprobar si le faltaba alguna parte de su cuerpo, o si las balas que sintió aún encontrarón el tope de sus huesos como recordaba que pasó.
Aquel hombre, se limitó complaciente, con una concentración casi enfermiza en preparar una bandeja con todo tipo de manjares que estaban sobre la camarera; sonó el sonido de la porcelana al chocar una taza con un plato, y el borboteo del té al caer. Se acercó con una bandeja entre las manos y esperó de pie junto a lado derecho de la cama. Desconcertado, lo miró y al ver que nada ocurria, se incorporó despacio asustado sobre los almohadones. Le colocó la bandeja sobre sus piernas, que no le dolieron, y entonces, comprendió que de verdad habia llegado al cielo con aquellos aromas y el hambre, que volcaba su avaricia haciendole la boca más que agua.
- Buen provecho, Generalisimo. Espero que disfruté de su desayuno. Estaré junto a la puerta por si me necesita...
Hablar bien de uno mismo Me pueden decir que soy un ególatra, pero a mí me encanta exaltar mis virtudes y empobrecer mis defectos. Sin embargo, pienso que el hombre adopta ante
sus avatares una de estas dos actitudes: o aligera el fardo de sus culpas,
pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con un cierto
determinismo cómico, o se vuelca en sus errores con torpe complacencia, y en
una y en otra, disfrazado de cordero, o haciendo trofeo de sus propias miserias,
parece llevar oculto bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común,
el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero, pero
la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto; lo que en realidad soy: un hombre
con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando
rebosa en mí, o cuando acudo al fondo primitivo de mis sentimientos. Además de
todo eso, me acusan de impúdico. Y con razón. Yo no comulgo con los prejuicios con
los que se disfraza nuestra ajada sociedad. ¡Los odio! En ellos naufraga todo
impulso noble y se empequeñece, se quiebra y se afemina todo gesto viril.
Siempre me muestro desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mindundi
de la cortesía y las buenas formas que se presente de repente.
Bueno, lo tenia pendiente, esperando la musa o el rato de tranquilidad para sentarme leerlo con paciencia e intentar sacar el fondo y ver que surge. Salió esto:
Cansado, pesa, igual que una lapida que aun no he tallado.
Cada vez más, sin descanso, sin un respiro, ahora resulta que todo quien soy no
vale para nada. Me agotan, ¡me agota tanto convencionalismo y tantas sonrisas hipócritas!
Estos mismos que ahora golpean la mesa con los nudillos
esperando que yo acabe mi discurso; ¡esos, venían a mi puerta a pedir consejo! Entonces
no era un parlanchín presuntuoso engreído que no sabe lo que dice, era quien
era, con verdades como puños que levantaban ampollas pero que colocaban orden y
jerarquía.
Me pregunto, donde se aloja la falsedad, si en la grosería
innata o en aquella que oscila según la conveniencia. En este presente caótico,
la honestidad con uno y con el resto ya no se trata como virtud, tampoco de valentía
con el espejo o frente a los demás, ahora los chupaculos y chupapollas se han
extendido en una especie extraña que, bajo una humildad de voces entrecortadas
y pareceres alternos, gritan a otros que solo ellos llevan la razón.
Me consuelo, si alguno hubiera, que al menos continuo en una
línea continua y coherente con quien soy; me pregunto que curva alcanzaran
todos ellos cuando peinen canas y ni siquiera tengan el recuerdo de alguien
apostado en el dintel de su puerta. ¡ Qué les den por culo, pero sin groserías,
como ahora, con educación!
Pudiera ser un discurso de un político Ingles en su declive
Hablar bien de uno mismo Me pueden decir que soy un ególatra, pero a mí me encanta exaltar mis virtudes y empobrecer mis defectos. Sin embargo, pienso que el hombre adopta ante
sus avatares una de estas dos actitudes: o aligera el fardo de sus culpas,
pasando a pies puntillas, cándidamente, sobre sus peripecias, con un cierto
determinismo cómico, o se vuelca en sus errores con torpe complacencia, y en
una y en otra, disfrazado de cordero, o haciendo trofeo de sus propias miserias,
parece llevar oculto bajo el faldellín de su conciencia, como un denominador común,
el anatema bíblico Vanitas Vanitatis. Siempre he sido sincero, pero
la sinceridad sólo me ha granjeado fama de bruto; lo que en realidad soy: un hombre
con cierta cultura, pero que prescinde de toda influencia libresca cuando
rebosa en mí, o cuando acudo al fondo primitivo de mis sentimientos. Además de
todo eso, me acusan de impúdico. Y con razón. Yo no comulgo con los prejuicios con
los que se disfraza nuestra ajada sociedad. ¡Los odio! En ellos naufraga todo
impulso noble y se empequeñece, se quiebra y se afemina todo gesto viril.
Siempre me muestro desnudo y, por eso, vulnerable, a merced del primer mindundi
de la cortesía y las buenas formas que se presente de repente.
Bueno, lo tenia pendiente, esperando la musa o el rato de tranquilidad para sentarme leerlo con paciencia e intentar sacar el fondo y ver que surge. Salió esto:
Cansado, pesa, igual que una lapida que aun no he tallado.
Cada vez más, sin descanso, sin un respiro, ahora resulta que todo quien soy no
vale para nada. Me agotan, ¡me agota tanto convencionalismo y tantas sonrisas hipócritas!
Estos mismos que ahora golpean la mesa con los nudillos
esperando que yo acabe mi discurso; ¡esos, venían a mi puerta a pedir consejo! Entonces
no era un parlanchín presuntuoso engreído que no sabe lo que dice, era quien
era, con verdades como puños que levantaban ampollas pero que colocaban orden y
jerarquía.
Me pregunto, donde se aloja la falsedad, si en la grosería
innata o en aquella que oscila según la conveniencia. En este presente caótico,
la honestidad con uno y con el resto ya no se trata como virtud, tampoco de valentía
con el espejo o frente a los demás, ahora los chupaculos y chupapollas se han
extendido en una especie extraña que, bajo una humildad de voces entrecortadas
y pareceres alternos, gritan a otros que solo ellos llevan la razón.
Me consuelo, si alguno hubiera, que al menos continuo en una
línea continua y coherente con quien soy; me pregunto que curva alcanzaran
todos ellos cuando peinen canas y ni siquiera tengan el recuerdo de alguien
apostado en el dintel de su puerta. ¡ Qué les den por culo, pero sin groserías,
como ahora, con educación!
Pudiera ser un discurso de un político Ingles en su declive
o de alguien que está harto de las criticas de aquellos que antes le elogiaban cuando les convenia y tenia cierto " poder". Alguien que decidió ser el a toda costa y que el resto solo era unos sádicos, sumisos y obedientes con quienes tienen poder y despotas con quien saben que no lo tienen. Vamos, lo que vemos todos los dias, dia si y dia no.
Comentarios
El regreso a mi tierra
La curvilínea carretera, libre de vallas, corría entre los altos páramos. Mi coche se deslizaba desde el pavimento hacia el césped de la orilla, que las ovejas habían dejado liso como terciopelo. Detenía el coche en el arcén, me bajaba de él y miraba a mis alrededores. La carretera cortaba los pastos y los brezales antes de sumergirse en el valle de al fondo. Me encontraba en el mejor lugar para contemplar las grandes llanuras de la Sierra Norte de Sevilla, que se extendían ante mis ojos en una vista de ensueño: los fértiles campos, el ganado que pacía, el río caudaloso, que estaba bordeado de piedras por una parte y de nutrida arboleda por la otra. El pasto crecía entre las laderas hasta donde empezaban los brezales y las ásperas hierbas de los páramos, y sólo estaban libres de él el acantilado, que ascendía a través de las colinas y desaparecía entre las desnudas estribaciones que marcaban el comienzo del terreno silvestre. Me envolvía un aire fresco pero agradable. Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre.
"Después de más de una década circunnavegando por toda la Andalucía Occidental, de nuevo había regresado a mi tierra, a la tierra que había visto nacer y crecer a mi amado y añorado padre."
Yendo en coche, diez años dando vueltas por Andalucía Occidental me parece mucho tiempo como para la añoranza que trasmite el relato. Yo lo plantearía como que ha estado dando la vuelta al mundo o en América... Algo que rompa más el corazón. Pero es una apreciación mía por supuesto.
El niño se sorprendió, le pareció extraño que en un libro se hablase de un perro con un niño, normalmente estos hechos se dan al contrario. Mas aún cuando vio que por mascota tanto el niño como el perro tenian a un mono llamado Juan. Parecia que este mundo del libro era un mundo diferente y absurdo.
-¿ Que perro tiene como mascota a un niño que tiene de mascota a un mono? ¿ quien seria el padre El Rey de la jungla, el leon? y la abu, ¿la elefanta Marta?. Se repetia sorprendido mientras lo ojeaba poniendo todo el interés posible.
A su corta edad, cinco añitos, las letras eran bailarinas y juguetonas, algunas les gastaba bromas y en vez de ayudarle, se escondian o cambiaban su sonido para que el no pudiera encontrarla. A pesar de ello, era insistente en todo lo que se proponia, ¡era capaz de montar rapidamente el puzzle de piezas que la tia Rodri le habia regalado, ¡ un montón de veces seguidas!. Su tio, siempre le habia dicho que era una supercampeón y que por eso le regaló la camiseta de los supercampeones.
Respiró profundo y se armó de paciencia, la iba a necesitar, allí habian demasiadas letras burlonas y encima el orden de las cosas no era el que les habia explicado ni papá ni mamá, ni tampoco en el cole. ¿De dnde habria salido este libro?
No le importó no tener respuesta a esta pregunta; ¡habian tantas cosas que no la tenian! qué por qué la luna a veces es de una forma u otra, o mamá se vuelve una pesada con la chaqueta cuando hace tantísimo calor, y por qué siempre toca el timbre del cole cuando mejor está el juego y le toca la parte mas divertida. ¡ Tantas y tantas!... que una más no importaba.
El perro se llamaba Timoteo, y por lo visto nació en una isla gigante en forma de jaula, tan grande que cabian un monton de perros; y cómo no tenian otra cosa que comer, solo se comian cocos de una la única palmera que habia en el centro. Eso si, por la noche, una vez que volaba por los cielos y que le hacia caricias a la luna hasta hacerla reir, decia: " a dormir todos y que durmais con los angelitos". Y todos dormian de pronto hasta que el olor a coco tostado les despertaba por las mañanas. El sol, sonriente alargaba sus rayitos y quemaba a los cocos para que pudieran tener tostaditas.
El mono, vino de una gran ciudad, alli los monos saltaban de una ventana a otra, uno de ellos era el profesor chiflado, lo llamaban de esta manera por pintar en la pizarra cuando tenia que pintar en las paredes con los dedos. Por lo visto, le habian castigado un montón de veces, pero él no desistia en su empeño que era mucho más divertido hacerlo asi. No comian plátanos, no les gustaba, pero les volvian locos los polo flhas, tanto que crearon una fuente mágica en mitad del portal para que todo el que quisiera cuando tuviera sed, se parara, se metiera en ella y saliera del color del sabor que le apeteciera para ese dia. Asi el resto podrian jugar con él a ser relamido.
El niño se llamaba Antonio, a veces estaba triste, de hecho era una mascota, porque siempre le decian lo que tenia que hacer; " ponte los zapatos", "no te comas eso" " deja de fantasear tanto" " atiende " "duermete" "come". y por eso, lo sacaban a pasear a la güagúada, porque alli el podria decir gúau que era su idioma aunque pareciera un niño. Dormia eso si, en una cama preciosa a los pies de la cama del perro, ¡y le obligaron a usar un water que queria comerle el culo!. Pero era fuerte, y grande, y solo tenia que pensar que era imvencible para que le crecieran garras de tigre y una supervoz superpontente, superlejana, que asustaba a todos y hacia que todos al final le dieran las gracias. Eso si, a veces se dormia mirando el techo y se olvidaba la hora de comer, pero es que soñaba con los ojos abiertos.
-Toño ¿ que haces ahí con los pies en la pared y la cabeza colgando de la cama?. Ponte derecho que te va a dar algo anda, y baja con tu padre y ayuda a poner la mesa - le replicó su madre al pasar por la puerta del dormitorio.
-estoy con un libro mamá, no puedo ahora, está super interesante- le indicó Toño con aires de importancia y de no poder parar de hacer lo que hacia.
- Cariño, anda déjame ver, ¿ que libro es ese? - acercándose y quitándoselo de las manos. - Bueno, es un buen libro igual si quieres esta noche te lo leo.
- No mama, no hace falta, ya lo estoy haciendo yo, ya soy grande
¿recuerdas que tito me ha traido la camisa de los supercampeones?-. le explicó a su madre levantando su cabecita que colgaba junto a los volantes del edredón.
- si, mi amor, eres un supercampeón.- y salió con el amor rebosando por el pecho y una sonrisa pletórica. ¡Ay mi niño, ! ¡ Tengo un artista! ¡ como poco para escritor! musitaba escaleras abajo.
Su niño leia con un libro al revés y con letras que nadie aun le habian enseñado.
¡Hay vocaciónes que son el recuerdo de la infancia que se quedan entrelazadas entre la vida para que otros vuelvan a sonreir y nosotros a soñar despiertos!
No hubiese estado mal haber estado todo el tiempo por Japón (que es el país que más me gusta, después del mío, y en el que he estado cinco veces), pero ese relato es un fragmento de mis andaduras de cuando ejercía de ingeniero agrónomo, hasta que por fin arribé en Cerro Hierro (localidad donde nació mi padre) para quedarme, que en aquellos entonces era una aldea agrícola y ganadera de poco mas de 500 habitantes y en la cual viví casi otra década. O sea, sin querer queriendo, he narrado a versátiles rasgos 20 años de mi actividad profesional. Pasado ese tiempo, me trasladé a Sevilla capital, en donde había nacido y actualmente vivo.
Normalmente, CIRCUNNAVEGAR se usa sólo para barcos y buques en el mar, pero literariamente se utiliza para indicar que se circula por uno o muchos lugares sin quedarte a vivir en ninguno, que era mi caso durante mi vida profesional; igual estaba en pueblos de la provincia de Córdoba, que de Cádiz, que de Huelva, que de Málaga y, por supuesto, de Sevilla. No sé si se puede interpretar como presunción, que no lo es, pero en el transcurso de 55 años habré hecho en coche (diferentes coches) un millón de kilómetros o más. Como si hubiese sido un agente comercial. Me gustaba y me gusta trabajar, el trabajo es lo que más dignifica a la persona. Y mi afán era conseguir la mejor calidad de vida para mis hijos. Y ahora, a mis 81 y pico, me siento orgulloso y feliz por haberles podido dar a todos mis vástagos estudios universitarios, pero a base de lucha y trabajo por mi parte (perdón, si cabe, por la inmodestia)
Es circunnavegando
Admitida la broma; quien las da (servidor), las tiene que recibir con agrado
Me ha gustado este, sobre todo el último detalle de las huellas del gnomo. Como bien dices derrocha ternura en cada palabra
Quién le iba a decir a Alexia que iba a acabar muriendo en Etiopía de una enfermedad, después de haber ido ahí a ejercer de pediatra...
Vale, ya cierro al salir
La bala silba junto a su oreja y queda clavada en el árbol. Sigue corriendo. Los pulmones arden dentro de su pecho. La respiración entrecortada y un solo pensamiento. Si tiene que ser, que sea Hyun. Nadie mejor que él para acabar con el traidor.
El sonido de otro disparo lo atrae a la realidad. La bala muerde su brazo y lo arranca del seno materno que conforman sus recuerdos. Grita. Solo su propio eco le devuelve el sonido de su súplica. Cae al suelo. Se arrastra tras un árbol. Un roble como chaleco antibalas.
Sae se levanta. Sigue corriendo, la sangre mancha su piel. Deja un reguero a su paso. Ya no hay lugar a escondites. Sus huellas cavan su tumba. Si es capturado, solo la muerte le espera cuando lo lleven a Pyongyang. Muerte… o tortura.
Hyun piensa que no hay nada peor que la muerte. Él no lo tiene tan claro.
Lo ve. El puente fronterizo sobre el bosque. Carretera hasta donde le alcanza la vista. Solo un poco más. Cruza. Cruza la línea imaginaria que divide a las dos coreas. El suelo que pisa es una tierra nueva. Prometedora. Libre.
Se toma el lujo de detenerse. Los disparos no cesan, el pelotón avanza. Entra en pánico. Se saltarían el tratado, cruzarían la frontera para darle caza. Qué iluso ha sido. Le tranquiliza no distinguir la figura de Hyun entre ellos.
Vuelve a correr. Tiene que adentrarse más. Salir a la carretera.
La bala le atraviesa el pecho. Desgarra todo su interior y se queda alojada en algún lugar de sus pulmones. El aire se convierte en fuego. La sangre comienza a resbalar por su boca. Busca un destino mejor que el cuerpo sentenciado que la ha portado hasta ahora.
Cae de nuevo. Esta vez sabe que no va a levantarse.
Ve la carretera custodiada por unos pequeños muros. Solo a unos metros de distancia. Se arrastra con el aliento que le queda. Abraza el hormigón. Una tabla salvavidas en medio de aquel océano otoñal.
El bosque es un buen lugar para morir, piensa cuando observa el cielo. Las copas de los árboles se alzan altivas y contemplan con compasión los últimos suspiros del fugitivo. El traidor al Generalísimo. Sonríe. Ojalá se le recuerde por ese nombre.
Vuelve a observar el cielo. Parece diferente al otro lado de la frontera.
Deja de notar el dolor del pecho. Su respiración se hace más pesada. La vida se le escurre entre borbotones de sangre. Una vida sucia. Miserable. Hasta que Hyun entró en ella.
Al menos moriría en libertad. Es el único consuelo que le queda. Cierra los ojos con la visión del vaivén de la hojas que caen a su alrededor.
Extiende sus alas y se deja llevar por el arrullo del viento.
Bueno, pongo mi granito de arena con una versión de un texto de Antonio, "Hablar bien de uno mismo".
Antonio, esto me ha salido asín, asín
Hablar bien de uno mismo
Me llamaban ególatra, y tal vez lo era. Me llamaban bruto y arrogante, y tal vez lo era.
En mi juventud no le temía a nada: hablaba bien de mí mismo, sin falsas humildades; celebraba abiertamente mis virtudes, y jamás me mortificaba aireando mis flaquezas.
Era, en suma, uno de esos hombres que se defienden de la vida apoyándose en sus excelencias por encima de sus debilidades.
Por entonces pensaba que los hombres adoptan dos actitudes esenciales ante sus errores: o se esconden de la culpa en un fatalismo trivial, autoindulgente y conformista, o se entregan a ella apasionadamente, con regodeo enfermizo; haciendo de sus miserias el trofeo de plomo de su orgullo, la vanidad inversa con que mantener a raya al fantasma de la impotencia.
La tercera clase de hombres se rebelan contra su destino y las imposiciones sociales. Yo creía ser de esta clase de hombres.
Siempre fui sincero, pero la sinceridad sólo me acarreó fama de grosero; era, en realidad, un hombre cultivado, pero fiel a la noble vehemencia de los impulsos naturales, incapaz de someter mi alma a la horma de las convenciones. Detestaba, y detesto, el amaneramiento, la falsa sutileza y las medias tintas.
Hoy, que no soy tan joven, ya no hablo de mí... ni bien ni mal. Una sonrisa irónica es todo lo que tengo que decir al respecto. Prefiero hablar de las cosas, del hermoso sol una radiante mañana de verano, de las correrías de mis nietos...
Me siento muy libre, muy libre y desnudo, ante cualquier mindundi que quiera imponerme el bozal de las buenas maneras, o hacerme escuchar los espejismos de su ego.
Sarasvati.
Pues sigue escribiendo relatos "asín, asín" (en este caso reescribiendo), porque "asín, asín" lo has hecho magistralmente.
Ese mini texto se lo dediqué hace unos años a un hermano mío (más joven que yo, por desgracia, ya fallecido) que siempre tenía el ego por encima de las nubes. Estuvo sin hablarme el "friolero" tiempo de... cinco minutos. Las verdad a la cara, fusionada con el cariño que nos profesábamos, no le concedió más espacio.
Me ha gustado especialmente esto, que le has dado un toque genial:
Por entonces pensaba que los hombres adoptan dos actitudes esenciales ante sus errores: o se esconden de la culpa en un fatalismo trivial, autoindulgente y conformista, o se entregan a ella apasionadamente, con regodeo enfermizo; haciendo de sus miserias el trofeo de plomo de su orgullo, la vanidad inversa con que mantener a raya al fantasma de la impotencia.
Me gustaría que te integrases y participases en este hilo, con la frecuencia que permitan tus obligaciones cotidianas. A ver sin entre todos los que permanecemos activos en el foro somos capaces de sacarlo definitivamente del marasmo en el que se encuentra.
Un saludo afectuoso, como siempre
El bostezo es un signo de aburrimiento
En este momento me encuentro con dos amigos en una disco bebiendo whisky. Hablan acalorados entre ellos sobre el Real Betis y el Sevilla FC. Mi vaso se está agotando ya. Bostezo mientras miro a una de las camareras que mastica con sus dientes de tiburón un chicle. Sigo la trayectoria del chicle, hasta que cae, ella lo pisa y se le queda pegado en la suela de su zapato, pero como no hace intento por quitárselo, vuelvo a bostezar.
De pronto siento estallidos en mi vejiga. Apuro mi vaso y me voy al servicio de caballero, al fondo a la izquierda. Regreso a la barra, y pido a la camarera con dientes de tiburón otro whisky. La miro y le cuento un chiste, pelín subidito de tono, y ella ríe a carcajadas, y después, agradecida, me da un beso húmedo en los labios con sus bocaza de tiburón. Aturdido, miro a mi alrededor y otra vez bostezo.
Baila una madura rellenita, oscilando sus carnes almohadilladas y fofas, y tropieza con una bailona encanijada, que cae de bruces mostrando su ropa interior.
Un guaperas engominado muestra sus dentadura blanca a una morena, a menos de un centímetro de su cara. Bostezo. La morena tamborilea con sus largas y postizas uñas la madera de la barra, mirando con ojos asesinos a ese atrevido engreído.
Un vejete ebrio vomita dentro de la jarra con cerveza de otro ebrio vejete. Se miran y se ríen sin parar. Bostezo hasta crujir las mandíbulas.
Entran, sonriendo, tres chicas a la discoteca. Me llama la atención una de ellas. Miro cada palmo de su guapa cara. Me chiflan sus labios, y fantaseo con devorarlos.
Pero, de pronto, siento un hormigueo de pies a cabeza. Apaciguo mi hormigueo con un trago de whisky. La minifaldita verde Betis ceñida que lleva puesta la chica que a mí me ha gustado, dibuja curvas mareantes. Las tres se quedan en la barra, a nuestro lado. El pelo de "mi chica" es pelirrojo. Se gira hacía mí, me mira directamente a los ojos y me obsequia una sonrisa cómplice.
Ya no bostezo.
Más que reescribir tu texto, lo apuntalo con pocas palabras...
Narrativa emocional cargada de dramatismo del tal Sae, quien está huyendo de un lugar, atravesando un bosque en busca de libertad. El tal Hyun, podría ser su perseguidor.
Los sentimientos y pensamientos del protagonista cuando se enfrenta a una persecución peligrosa están bien expresados. Sae intenta escapar, pero cae herido de gravedad, no obstante, se arrastra hacia la libertad.
La dualidad entre el pasado y el presente, hace reflexionar a Sae sobre su vida antes de la persecución y cómo Hyun se convirtió en alguien importante para él.
Pienso que la metáfora de "las alas" al final del texto simboliza la esperanza de Sae de encontrar la libertad, incluso en la muerte. "La lucha interna y la desesperación en el personaje principal mientras busca una existencia mejor".
Es muy polifacética, de hecho vive en una cajita en el comedor y está siempre dispuesta a conceder deseos, en plan genio de la lámpara, solo tienes que pedírselo ...
Alexia, ¿Qué tiempo hará hoy?, o Alaxia, notificaciones...
Siempre dispuesta la mujer.
Vaaale, cierro yo después de ti.
Muy bueno Sarasvati, muy bueno, me veo tan reflejado en este personaje tan asocial que casi me da miedo.
Entono mi mea culpa porque el texto de Phedrera no lo reescribí, sólo me limité a hacer un comentario. No me volverá a ocurrir con ningún otro. Perdón y gracias.
Una de las cosas que me ayudan a mantener la pluma afilada es reescribir relatos. Es un ejercicio de escritura, un juego.
Y pienso que es una buena idea para que todos tengamos la pluma afilada. Así lo hiciste ver a través de tus primeras palabras de cuando colgaste este instructivo hilo; que, por cierto, va corriendo que se las pelas
Cansado, pesa, igual que una lapida que aun no he tallado. Cada vez más, sin descanso, sin un respiro, ahora resulta que todo quien soy no vale para nada. Me agotan, ¡me agota tanto convencionalismo y tantas sonrisas hipócritas!
Estos mismos que ahora golpean la mesa con los nudillos esperando que yo acabe mi discurso; ¡esos, venían a mi puerta a pedir consejo! Entonces no era un parlanchín presuntuoso engreído que no sabe lo que dice, era quien era, con verdades como puños que levantaban ampollas pero que colocaban orden y jerarquía.
Me pregunto, donde se aloja la falsedad, si en la grosería innata o en aquella que oscila según la conveniencia. En este presente caótico, la honestidad con uno y con el resto ya no se trata como virtud, tampoco de valentía con el espejo o frente a los demás, ahora los chupaculos y chupapollas se han extendido en una especie extraña que, bajo una humildad de voces entrecortadas y pareceres alternos, gritan a otros que solo ellos llevan la razón.
Me consuelo, si alguno hubiera, que al menos continuo en una línea continua y coherente con quien soy; me pregunto que curva alcanzaran todos ellos cuando peinen canas y ni siquiera tengan el recuerdo de alguien apostado en el dintel de su puerta. ¡ Qué les den por culo, pero sin groserías, como ahora, con educación!
Abrio los ojos, podia respirar sin problemas. Aquella llama que sentia en el pecho no estaba. Ahora el cuerpo le parecia levitar entre una suavidad que jamás en toda su vida habia sentido. Pensó que estaba en el cielo, o en algun lugar parecido. Aquello nada tenia que ver con el infierno .
La cama era enorme, pudo comprobar cuando las pupilas se adaptaron a la luz que entraba por la ventana; despacio, con un miedo profundo a respirar, visualizó toda la estancia. Estores de madera, suelo tambien de madera, olor a limpio, silencio sepulcral, un enorme escritorio con lacas e incrustraciones en nácar. Jamás antes habia estado en aquel lugar ni menos aun habia tenido la oportunidad para disfrutar de tanta opulencia.
Al fondo de la habitacion, una puerta entreabierta, un gran bañera de cobre le miraba con sus patas ornamentadas y la boca tallada en el grifo que salia de la misma pared.
¿ Qué hacia ahi? Lo último que recordó era el cielo, y el sudor o las lágrimas que se le enredaron en las pestallas al mirar el color azul entre los huecos de los
árboles. Su despido absurdo a la vida solo fue dedicado a un pequeño sonido que escuchó entre tanto dolor y miedo; un pajarillo que retumbaba a ras del suelo y que tal vez fue el único que vino a acompañarle en la muerte. Curiosa atención para su último aliento, como si todo el mundo entero recayera en el canto mínimo y sutil de un animal insignificante. Pensó que asi debia ser, también él habia sido minúsculo en un mundo entero, sin cabida, y sin renuncia a nada porque nada tuvo.
Llamaron a la puerta y sin mediación alguna, entró una camarera empujada por un hombre. Con los dos, el aroma a comida que tuvo que olvidar cuando estaba preso. Contuvo la respiración esperando una respuesta iracuando, gritos, o incluso el asalto a la cama para terminar de matarle, pero no ocurrió nada, absolutamente nada, solo que todos los músculos de su cuerpo estaban en tensión perpetua esperando el momento de saltar e intentar escapar. Ni tiempo habia tenido desde que abrió los ojos para comprobar si le faltaba alguna parte de su cuerpo, o si las balas que sintió aún encontrarón el tope de sus huesos como recordaba que pasó.
Aquel hombre, se limitó complaciente, con una concentración casi enfermiza en preparar una bandeja con todo tipo de manjares que estaban sobre la camarera; sonó el sonido de la porcelana al chocar una taza con un plato, y el borboteo del té al caer. Se acercó con una bandeja entre las manos y esperó de pie junto a lado derecho de la cama.
Desconcertado, lo miró y al ver que nada ocurria, se incorporó despacio asustado sobre los almohadones. Le colocó la bandeja sobre sus piernas, que no le dolieron, y entonces, comprendió que de verdad habia llegado al cielo con aquellos aromas y el hambre, que volcaba su avaricia haciendole la boca más que agua.
- Buen provecho, Generalisimo. Espero que disfruté de su desayuno. Estaré junto a la puerta por si me necesita...
Pudiera ser un discurso de un político Ingles en su declive