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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Ensayo + filosofía casera hablan (con 1.253 palabras) del desamor, que para que mis lectores se lo pasen pipa, he sacado de mi chistera una desahogada señorita madurita (divorciada la tira de veces), y es la experiencia de ella en desamores la que se va a encargar de liarla con su peculiar ensayo, y después da turno a mi teclado para esa filosofía de andar por casa
El Desamor
Quina una tragaba si un novio golfera me tocaba, o uno que simulaba, pero me abandonaba, y el andoba pescanova ni siquiera se disculpaba.
Esto del amor debería ser como solicitar un “curro”; te dan un mes de prueba, y, si das la talla, te hacen un contrato. Eso sería lo normal, pero no es lo normal en las cosas del querer. Hay hombres que necesitan un porrón de años de prueba, que, luego de ese porrón, vienen un día, muy compungidos ellos, y te dicen que tienen dudas. ¿Dudas de qué, joder?
¿Cómo puede decirte un tío después de un porrón de años que el problema no eres tú, sino él? ¿No será que se ha cansado de ti y ya empezó a catar a otra, u otras, que tú piensas que, quizás, saben “empujar” mejor en la cama?
A mi edad, una ya se libra de esos episodios de “sufrimientos” que vivía de joven con ese coñazo del desamor, que el dolor que ocasiona no es comparable con otro dolor. No hay otro dolor igual. Nanay. Es disímil a todos. Hay que tener una edad para valorar que solo se vive una vez, como dicen las “Azúcar Moreno”. Pero, ojo, que mi menda admite consejos, que una amiga venga una tarde a tomar café a casa y me diga, sonriéndose: “¡jo tía, que no te enteras!”.
Las estadísticas urbanas, que no oficiales, dicen que mogollón de gente vive, al menos, un desamor en su vida. Y gente que dos, y tres. Y también hay babiecas que se van con la primera que le hace un huevo frito. ¡Manda huevo!
No sé si eso es bueno o es malo, pero toquisqui debería recibir un palito así. Es sano, te hace más humano, te acerca más a tus semejantes, te va aliviando esos terribles y constantes pellizcos de tus mariposas rebeladas.
No es solo deprimente sentirte rechazada por el hombre que amas; encima, te empecinas tú en no dejar de amarlo. Así es. Y si, además, le añades la intriga de que, si él lo duda tanto, ¿por qué regla de tres hasta hace poco estaba loco por ti? Pero hay más, que te asegura que el problema no es contigo, que tú sigues siendo para él lo mejor que le ha pasado nunca. ¡Jájá, poleá! El problema es que se ha enrollado con otra, que esa es la gran puñalá trapera, porque te da donde más linfa sale. No hay consuelo posible. Pero, si con todo eso no estabas ya bien aviada, aparecen por arte de birlibirloque dos “cositas” que se dan con bastante frecuencia y que lo complica todo más todavía:
1ª Cosita: que no está seguro de lo que hace; y te llama y te busca mil veces, y te marea y te aturde; o sea, que no le sale de sus… irse del todo. Lo que se define en el libro de los dichos como “el perro del hortelano”.
2ª Cosita: que debes “ir de pesca”, que debes ser feliz por… co…raje, y que debes pasar de todos los tíos que se acercan a ti solo para… bueno, para “eso”.
Él puede ser el tío más mierda entre todos los tíos mierdas, pero eso no me cura, eso no hace que sufra menos, porque lo que yo quiero es que ese tío mierda me ame, me adore, me venere, me tenga y me mantenga como una Leticia.
Y aquí está el meollo del rollo: si no te merece, si no lo ves claro, si hueles que no te va a hacer feliz, aléjate, y contra más lejos mejor. Pero no, tú sigues ahí dale que te pego, brindándole oportunidades por un tubo y a la vez pensando que todo se va a arreglar por obra y gracia del Espíritu Santo.
Seguro que, en muchos casos, somos incapaces de verlos reflejados en el perfil que creíamos en ellos, y con esta oda al desamor no quiero decir que a veces las víctimas (nosotras) no hayamos sido verdugos para otros, que igual no se lo merecían, lo que se define en el libro de los dichos como “pagar el pato”.
Todas hemos usado esas mentiras piadosas, que no hacen sino empeorar más el cotarro. Mentimos para no sufrir, pero, al final, con esa tendencia de trincar algo duradero, lo interpretan ellos como: “¡qué querrá esta!”.
Yo estoy convencida de que si, en esto del amor, hay dudas no esperes a que las cosas cambien. Créeme, no cambian nunca, si acaso a peor.
Bueno, esto es un mensaje (o aviso) para las que empiezan a remar en las aguas del dilema del enamoramiento, porque para las de mi edad, el asunto está más que superado, y no porque no te pueda decepcionar, pareja, esposo, o lo que leche sea, que también, sino porque ya no lo ves igual. ¿Será que ahora, digo yo, tenemos un sambenito a cuestas? ¿Será que ahora, digo yo, pueden ellos con nosotras? ¿Será que ahora, digo yo, no amamos igual que antes?
Veo damas de mi edad viviendo decepciones, sacando a la luz problemas que ni siquiera sabían que existían, batallando contra mil y un reveces, pero no sufren por amor. No es el amor de un hombre lo más importante para las de mi edad. Nosotras somos más del: “mejor sola que uno tirándose a la bartola”.
pasa a 2ª y última página
Comentarios
Y ahora, quito de un plumazo a esa dicharachera señorita, y encaro el desamor desde otra perspectiva, entre filosofía casera y texto casi poético
Para saber exactamente lo que se siente con ese cambio brusco o drástico del amor al desamor, hay que estar, necesariamente, enamorado. La experiencia del desamor, habiendo amado hasta la extenuación es, sin duda, una de las más pesadas cargas que puede sobrellevar un corazón humano.
Cuando la música no se hace palabra, se estremece el alma, y somos arrastrados hasta las mismísimas entrañas de la desesperación, hasta las profundidades más profundas, hasta donde nunca ha existido el amor.
Cuando la música no se hace palabra, el mundo se para durante un momento, y nuestra alma y nuestro corazón, nunca ahora risueños, siempre ahora llorosos, quedan suspendidos entre la Nada y lo Peor.
Cuando la música no se hace palabra, deambulamos por sendas peligrosas, nunca antes transitadas; nos arrastramos hasta lo más negro, hasta donde el silencio tiene la voz del Satanás, hasta donde el silencio tiene garras de fuego vivo, hasta donde el silencio suena a son de guerra.
Cuando la música no se hace palabra, sufrimos si no hemos sabido aprender a vivir entre la disyuntiva del amor y el desamor. Pero si esa música es la música que se oye y suena ahora a grito desgarrador, antes celestial, el desamor oye un desgarro triunfador que, de pronto, pudre la palabra.
No nos asusta el llanto. No nos da miedo el dolor, porque sabemos con cuanta intensidad estamos sufriendo. Queremos vernos llorar, oírnos llorar, queremos descubrir en cada lágrima cuanto amor somos capaces todavía de dar.
DE UN ACIAGO CAMINAR,
SIN SIQUIERA DESCANSAR,
HASTA LA HORA DE MORIR.
ES VER A TU HERIDA ALMA
PRISIONERA DE OTRO AMOR.
TU DIGNIDAD TE PIDE CALMA,
¿PERO QUÉ QUITA TU DOLOR?
Aparte, suprimiría lo de “el andoba pescanova” ya que no es una expresión existente en el lenguaje coloquial de España, y da la sensación de un autor que trata de imitar una jerga que realmente no conoce.
Lo de “Las estadísticas urbanas, que no oficiales, dicen que mogollón de gente vive, al menos, un desamor en su vida”, me ha parecido interesante, pues es curioso como damos por hecho la vida de los demás en general, en base a tópicos que, aunque fundamentados y lógicos, son eso, tópicos.
y tiene su ingenio/gracia lo de “co... raje”.
No exactamente mía, ni tampoco suelo utilizarla en mi hablar cotidiano, pero aprovecho estos escritos míos y recurro a ellas con la idea de que se presten al diálogo, como es tu caso. Como bien te decía, ésa y otros muchas expresiones son terreras, por lo que nacen de la tierra, de esa gente filósofa (ojo, que tiene su filosofía) que no para de inventar palabras y frases por el estilo. Pero, sabido es, que igual que ocurre en mi lo localidad, extensiva a Andalucía, pasa en las provincias de Madrid, de Barcelona, Valencia... etc...
Sin embargo, quiero hacer una observación: por obvias razones no me considero versado en la jerga española, no obstante, creo que la expresión ¿Dudas de qué, joder? debería escribirse ¿Dudas de qué? ¡Joder! ya que presumo que la última palabra es una exclamación posterior a la pregunta, no parte de la pregunta.
PS: Pobre Cupido
Ya sabes, cuando pase esta pandemia (si es que llega el día), te vienes para acá y te llevo, un decir, al barrio de Triana (famoso en todo el globo) y verás la excelsa sabiduría de la gente de calle e incluso de la gente que trabaja en comercios, pero de todos o casi todos los nativos en ese ínclito barrio sevillano (pescaderos, charcuteros, dependientes de tiendas, carpinteros, fontaneros...). Y es una sabiduría natural, a bote pronto, de esas que salen por inercia, nada de premeditada o estudiada.
Creo que estás errado, amigo currambero Gary, acerca de... ¿Dudas de qué, joder? Me explico. Si solo dudas de qué lo encierro entre signos de interrogación (¿?), la frase pierde continuidad complementaria. El poner joder entre signos de admiración (¡!), denota sorpresa, asombro..., pero si se incluye a dudas de qué; o sea, ¿dudas de qué, joder? (toda la frase con signos de interrogación), sirve para representar gráficamente una entonación interrogativa, que es de lo que se trata. Esa tal señorita dicharachera que me invente se pregunta a sí misma que no entiende las dudas de su novio de turno, después de un porrón de años de relación sentimental, que se supone que los dos saben todo el uno del otro.
Pues sí, en este caso, el pobre Cupido queda leso, como lesas están ahora, por ejemplo, Colombia y España, debido al poder incisivo del Covid-!9, y también, que todo hay que decirlo, y recalcarlo, a la ineptitud, aptitud y actitud manifiestas de esos mandatarios (políticos tenían que ser) de ambos países.
Gracias por leerme
Yo por eso escribía. Gracias por aclarar la duda; aprendí algo nuevo esta noche.
Y hasta más. Políticos malos los hay tanto en la derecha como en la izquierda. Nuestros países son claro ejemplo de ello.
No, no hablemos de los políticos; esos tipos impúdicos que se afanan en crear estados apocalípticos, porque sería de un sabor cítrico empañar esta LISTA de gente con una entrega sin ansiolítico, que éste no es, precisamente, púnico.
A mi también me ha gustado mucho lo de los versos finales. No es la primera vez que lo veo en alguno de tus escritos.
Esto del amor debería ser como solicitar un “curro”; te dan un mes de prueba, y, si das la talla, te hacen un contrato.
Eso mismo he pensado yo más de una vez, por eso me ha hecho una gracia especial al verlo reflejado en tu ensayo.
¡Genial!
Gracias por tu comentarios, Jano
El concepto general, es un tema difícil manejado con un aire simpático, así que está bastante curioso.
En contraste, el segundo texto es más poético, pero como que hay más dolor, como lo hace ver un poco más profundo y mas trágico a la vez.
Pocos específicos esta vez:
Gracias por leerme y por colaborar
Gracias, Kantos, por tus comentarios.
Y es tan cierto que las cosas no cambian... nunca.
Qué fácil es poder presumir de las veces que te has enamorado, (que es tan sencillo), y muestra tu fragilidad. Lo difícil es poder presumir de las veces que te has desenamorado, que es lo difícil. Y muestra tu temple.
Encuentro en este relato muchas palabras y frases que en España, son comprensible, tal vez no tanto en Hispanoamérica.
Saludos y felicidades por el trabajo Antonio.
Emilio
¡Pobre Emilio!
Los desamores arruinan a los amores,
y les causan singulares sinsabores,
que por más que uno agote su razón,
cuesta mogollón echarlos de tu corazón.
Todos los desamores son únicos,
quien lo sufre, a veces lo sobrelleva como lúdico;
se producen desamores que son latentes, patentes,
aunque la gente, indiferente, los tira por el puente.
Efectivamente, no cambia ese trote,
y, más que trotar, va a un ritmo de galope,
pero a ti, aun de la vida recibir esos azotes,
no te queda de otra que nunca te derrotes.
El estar enamorado es potestad de uno mismo,
pero, para enamorarte, preciso es tener un idealismo,
no te enamoras por que sí, porque lo creas de civismo,
te enamoras cuando no arriba a tu alma un espejismo.
Gracias por leerme, amigo Emilio
Como siempre... Humillante,
Saludos
Antonio
comento la segunda parte el final es épico, creo que hay que experimentar el desamor para reflejarse en este poema "tu dignidad te pide calma ¿pero que quita tu dolor?" jaja del alma...
pd : intente citar pero me cambio la fuente y no encontré forma de volver reducir tamaño
Hola LucereNonUro.
¿Y quién no ha vivido un desamor en su vida? Y no, necesariamente, en los asuntos sentimentales de pareja (de hombre o de mujer), sino de algún ideal que teníamos en nuestra mente: un amigo o una amiga.
AMOR CON AMOR SE PAGA.
PERO OJO AL PENSAMIENTO:
“SI NO TE DAS Y TE RELAJAS,
SUFRIRÁS EN TUS ADENTROS”.
Gracias por leerme.