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¿Por qué deberías escribir un libro si has sufrido algún trauma?

No puedo ni siquiera imaginar la cantidad de escritores nóveles que escribieron sus obras bajo la influencia de un trastorno, un trauma o una ruptura sentimental. Todos ellos sufrieron los infortunios que aparecen estipulados en el contrato de la vida y fueron lo suficientemente valientes como para enfrentarse a ellos en el papel blanco de la batalla. A decir verdad, esto es lo que más funciona a la hora de componer una historia; pero, ¿qué es lo que nos lleva a sentarnos en una silla, empuñar un bolígrafo —o plantarnos ante el ordenador— y soltar de manera desbordante una avalancha de palabras generado por el terremoto de la mente, del subconsciente, de la parte más inhóspita e íntima del ser humano?
En primer lugar, opino que todas las personas, independientemente del grado de hermetismo, cuentan con la necesidad innata de expresar lo que sienten o piensan. Somos seres sociales que por naturaleza tendemos a manifestar nuestras ideas. Llevado esto a la práctica, algunos deciden escribir acerca de lo enamorados que están de sus parejas, de las inolvidables experiencias que han vivido en su último viaje, o simplemente de la rutina que han seguido en el día de hoy. Otros, sin embargo, optan por transcribir el estado emocional generado por una ruptura sentimental, por la muerte de un ser querido, el divorcio de unos padres, la adicción por el alcohol que padece una persona cercana a ellos, o la las lúgubres y hurañas ideas que le abordaron durante una etapa depresiva. Todas estas vivencias antagonistas, y otras más que el lector puede leer entre estas líneas, nos entierran la semilla de la necesidad de escribir.
En segundo lugar, y este hecho está estrechamente relacionado con lo anteriormente dicho, creo que la acción de escribir cuando alguien ha sufrido un trauma es como colocar una escayola que cubre la mente o el corazón. La escritura hace que poquito a poco vayan sanando esas heridas que por alguna motivo han trastocado el destino de una persona. Es por esta razón que, como experiencia personal, he de apoyar la veracidad de estas palabras que dejo aquí plasmadas. Gracias a mi novela, El Ser Que Nació Dos Veces, puedo afirmar que ha desaparecido de mi interior muchos de los fantasmas que me han estado siguiendo desde tiempos pasados. Y no solo esto. También he crecido a nivel personal y ético como nunca antes lo había hecho. He logrado forjar una personalidad que ahora parece indestructible y que nadie, y repito, nadie puede ensuciar con simples comentarios que solo pretenden dinamitar lo que tanto tiempo me ha llevado afianzar.
De modo que, si en algún momento has tenido algún trauma, o incluso has experimentado una vivencia que crees que es merecedora de ser leída por otros, agarra el bolígrafo y ponte a escribir, ¡YA!

Comentarios

  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2019
    Recuerdo algo que leí sobre la poeta Sylvia Plath acerca de que escribió sus mejores poemas en un rapto de inspiración y/o desesperación entre la fiebre y la depresión y poco antes del suicidio. O Anna Ajmátova, que concibió los primeros versos de "Réquiem" mientras hacía cola ante la prisión soviética esperando noticias de su hijo, deportado al Gulag.

    Es un tópico sobre los escritores, el móvil del dolor como motor de la escritura. Lo que es indudable es que un buen escritor para serlo ha de haber vivido, y partir de alguna tensión clave en su experiencia para tener algo que contar, o la necesidad y convicción precisas para hacerlo. 
  • Estoy de acuerdo con lo que dices. Un escritor, independientemente del género y la edad, ha de haber vivido y experimentado muchas cosas para poder traspasarlas a una hoja en blanco. 
    Muchas gracias por mencionar a esas dos artistas, las cuales desconocía por completo. Me las apunto para leer alguna de sus obras.

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

    Cuestión de criterios. Yo he sufrido y sigo sufriendo la pérdida reciente de un ser querido, el que más: un hijo, y este motivo no me "anima" a exteriorizar por escrito mis sentimientos. Y eso que soy una persona tremendamente extrovertida. 




  • Eso es cierto. Cada persona es un mundo. Lo importante es lo que tú dices: ser extrovertido, y a poder ser, exteriorizar por el medio que más convenga los sentimientos :smile:



  • Hay que ver, hay mucho que ver. En primer lugar hay que ver que no se pueden echar todos los huevos en una canasta.
    No discuto ni niego ¡Líbreme Dios! Que sea plausible, saludable o higiénico escribir bajo el influjo de un dolor, un trauma o cualquiera de estas situaciones que han sido plasmadas en la introducción de este tema; pero me remito al hecho de que muchos de  líderes espirituales, influencer, filósofos, sociólogos, pegagogos y psicólogos, etcétera dicen que una cosa es lo que es y otra lo que la gente se imagina.
    Si algo está verdaderamente claro y verificable a la luz pública y al fácil corroborar es que la enorme mayoría de las personas que pueblan este planeta y sus publos adyacentes estan muy lejos de ser dechados de virtudes y mucho menos personas medianamente felices y que la cantidad de personas que pudieran estar viviendo vidas emocionalmente sanas sea un número suficiente, la prueba es que no es así porque de otra manera no habría tantas guerras, tantas disputas, tantos divorcios, crímenes, accidentes, en fin.
    No me parece bueno (y esto no quiere decir que pretenta prohibirlo ni siquiera de forma teórica) que la gente escriba bajo en influjo de trauma alguno, movido por una fuerte emoción negativa de ningún tipo en primer lugar, porque si, usted, quien me lee, tiene o tuvo un problema que lo aqueja de alguna forma, pues no creo le asista derecho alguno para venir a echar toda su basura en mi vida con la excusa de hacer literatura, si usted, escribirlo le hace bien, perfecto, esos son otros cinco euros, no de los que hablo, después que lo escriba guardelo bajo llave o dele candela pero no venga a proponerme que lea semejante rollo. Si usted, tuvo o tiene un problema ¡por algo será! quizás se portó mal, quizás no supo elegir lo que debía, quizás se lo merece, o ¡Vaya, usted, a saber! si escribirlo le hizo bien o ¡Eso es lo que cree! ¡Muchas Felicidades! me alegro por usted, pero no venga, a querer compartir conmigo sus errores, sus faltas de sentido de la vida, sus miedos, sus dolores, vergüenzas y prejuicios que yo tengo ya bastante con los míos, todos tenemos suficientes demonios con los que pelear y suficientes molinos de vientos que nos parecen gigantes.
    En lo personal estoy en contra de que la angustia sea cantera válida de obras de arte. Que lo sean es caso aparte y no quiere decir que esté bien porque ocurra. Tampoco estoy diciendo que haya que luchar contra eso, ni querer arreglar el mundo, eso es parte de la perfección de la realidad. La realidad no es buena ni mala. Es las dos cosas igual que una moneda tiene dos caras y una vara, dos puntas. 
    Creo, para terminar, que en lugar de escribir bajo tales estados, lo mejor es lograr aprender a estar sereno, equilibrado y feliz y luego escribir para los demás si tiene algo que decir ¡Por lo menos! podrá contarnos qué aprendió para lograrlo, puede estar seguro que ¡mucha gente! lo está necesitando.
  • Tal como ha expuesto el autor del tema, me parece correcto y muy válido escribir sobre las vivencias que tenemos porque de ninguna otra cosa tenemos más conocimiento que de eso.
    Ahora bién, una cosa es escribir y utilizar la expresión literaria como quien se da una fricción o se toma una aspirina y otra cosa es dedicarse a escribir; no voy a decir "profesionalmente" ya que estoy un poco en contra de los "profesionalismos"; pero, sí voy a decir, "como un sacerdocio".
    Qué escribir sirva para curarse de un trauma, sea. Que pueda servir para poner en línea las ideas y corregir nuestros puntos de vista y logar un mejor equilibrio para decidir situaciones, perfecto, pero eso no es volverse escritor. No confundamos.
    Que, usted, sea un gran consumidor de literatura y que le guste escribir puede convertirlo o ayudarlo a ser un escritor, uno famoso, con premios y todo, como le sucedió al músico Salierir en su tiempo siendo hoy uno más en la historia opacado por muchos otros y solo recordado, porque interactuó con ellos. Con esto tampoco quiero decir que tal fama, gloria o permanencia en el recuerdo colectivo signifique gran cosa.
    La pasión por la escritura, vivir por y para escribir, es otra cosa. Esa cosa viene cuando usted, resuelve el drama de su existencia, no porque la escriba antes de resolverla, ni bajo el influjo triste, pésimo, doloroso, de tal drama.
    El tema es mucho más amplio, pero no voy a desarrollarlo aquí pues va a parecer que estoy haciendo política malsana contra el autor del tema, cosa que no es. En el tema propuesto hay mucho de validez y considero un aporte para que reflexionemos.
    Le agradezco además, haber descubierto nuevas facetas para enriquecer mi libro, La Literatura como recurso para Ser, en el cual abordo temas similares y que está al acceso gratuito, el mismo tiene una versión más actualizada inédita que puedo enviar gratis a quien le interese, si lo solicitase a mi dirección Email la cual consta en mi perfil.
    Gracias.
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