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Lluvia

estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
editado abril 2015 en Literatura
Lluvia







Aplastamiento de las gotas

Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones

cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita

en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo

y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae.

Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga,

ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración

del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse.

Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortazar
«13

Comentarios

  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Lluvia

    Llueve y tú dices es como si las nubes
    lloraran. Luego te cubres la boca y apresuras
    el paso. ¿Como si esas nubes escuálidas lloraran?
    Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
    esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
    La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
    en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
    que consideras similar a una tarde del fin del mundo
    más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
    una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
    en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
    la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
    que resuenan en el camino del acantilado importan;
    Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
    en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
    del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.

    Roberto Bolaño
  • BLADERUNNERBLADERUNNER Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado noviembre 2014
    Preciosos textos para algo eterno, atemporal y siempre bello como lo son las nubes o la lluvia. De la lluvia me quedo con ese pasaje final de Rutger Hauer en"Blade Runner", cuando dice que todos los recuerdos se perderán como gotas de agua en la lluvia...

    Saludos
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    CORAZÓN DE LLUVIA

    Uve murió una noche alcoholizado por la lluvia.
    Uve pensó: por la boca muere el pez.
    Y se ahogó bebiendo lluvia.

    Pobre Uve tragalalluvia, Uve de traje oscuro,
    que a nadie dijo adiós.


    Se le veía siempre triste en su despacho,
    con la gabardina chorreando
    y el paraguas abierto en una esquina.
    Decían que era un tipo extraño, Uve,
    adusto solitario introvertido.
    Que sus tripas sonaban como a lluvia
    que miraba de soslayo
    que al caminar dejaba charcos
    que atraía siempre el temporal.

    Pobre Uve de traje oscuro,
    asomado a la ventana con su calva imán de lluvia.

    ¿ Qué no hubiera hecho por ver brillar el sol ?


    Soñaba que se cortaba las venas
    y su sangre era de lluvia
    que su semen germinaba
    en un monstruo de lluvia
    que sus manos su nariz
    y hasta su corazón eran de lluvia.

    Pobre Uve tragalalluvia, de iris encharcados,
    de ojos de musgo y de rocío.


    Se fue como la espuma,
    como el fracaso como el viento,
    con su maletín negro de lluvia
    y el secreto de su pena dentro

    sin decir a nadie adiós.

    Salió una noche de su casa
    alzó la vista al cielo
    y se ahogó bebiendo lluvia.

    Buscando su destino

    perdiéndose en las nubes.


    sin ver brillar el sol.



    VICENTE MUÑOZ ALVAREZ
    (León, 1966-).

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014




    Lluvia

    Hoy llueve mucho, mucho,
    y pareciera que están lavando el mundo
    mi vecino de al lado mira la lluvia
    y piensa escribir una carta de amor
    una carta a la mujer que vive con él
    y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
    y se parece a su sombra
    mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer
    entra a la casa por la ventana y no por la puerta,
    por una puerta se entra a muchos sitios
    al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
    a todos los edificios del mundo, pero no al mundo
    ni a una mujer, ni al alma

    es decir a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así

    como hoy que llueve mucho
    y me cuesta escribir la palabra amor
    porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa
    y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran
    y cuándo y cómo
    pero el alma qué puede explicar por eso mi vecino tiene tormentas en la boca
    palabras que naufragan
    palabras que no saben que hay sol porque nacen y
    mueren la misma noche en que amó
    y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
    escribirá
    como el silencio que hay entre dos rosas
    o como yo que escribo palabras para volver
    a mi vecino que mira la lluvia
    a la lluvia
    a mi corazón desterrado.

    Juan Gelman
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2014
    Bajo una lluvia fría de polígono

    Bajo una lluvia fría de polígono,
    con un cielo drogado de tormenta
    y nubes de extrarradio.

    Porque este amor de llaves prestadas nos envuelve
    en una intimidad provisional,
    paredes que no hacen compañía
    y objetos como búhos en la sombra.

    Son
    las sábanas más tristes de la tierra.
    Mira
    cómo vive la gente.

    Luis García Montero
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    MADRE DEL AGUA


    Llueve sobre vosotros y llueve en mi garganta.
    Llueve entera la noche este silencio y llueve
    sin arca que refugie
    vuestra piel en la rosa de los vientos.

    –Hoy a madre le temblaba el mentón.
    Chorreaban las puertas sin un ancla de amparo,
    y la casa crecía,
    y yo pisaba charcos descorriendo el oído
    del diluvio y la nada.
    Porque ahí en el brasero se sientan mis mitades,
    esos dos niños huérfanos que no conoceré.
    Y traigo una carcoma colgándome en los labios,
    pero no sé el camino de las hojas brillantes
    y me vuelvo a mi casa
    y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes.

    –No me quiero morir.
    Mientras entro en mi cama oigo afuera la lluvia,
    la lluvia en vuestro embozo,
    la lluvia que os empapa las sombras y las manos,
    mi lluvia vuestra, huérfana,
    mis niños arrecidos, tan huérfanos de mí.


    JUANA CASTRO, (Villanueva de Córdoba, 1945-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Lluvia sobre la lluvia

    Al fondo,
    sobre una mesa, debajo de
    un árbol desnudo,



    una taza
    desborda la lluvia.



    Desborda, cae, y dibuja un charco,
    un espejo, una vida.


    Hugo Mujica
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2014
    Llueve

    Llueve
    sobre la arena, sobre el techo
    el tema
    de la lluvia:
    las largas eles de la lluvia lenta
    caen sobre las páginas
    de mi amor sempiterno,
    la sal de cada día:
    regresa lluvia a tu nido anterior,
    vuelve con tus agujas al pasado:
    hoy quiero el espacio blanco,
    el tiempo de papel para una rama
    de rosal verde y de rosas doradas:
    algo de la infinita primavera
    que hoy esperaba, con el cielo abierto
    y el papel esperaba,
    cuando volvió la lluvia
    a tocar tristemente
    la ventana,
    luego a bailar con furia desmedida
    sobre mi corazón y sobre el techo,
    reclamando
    su sitio,
    pidiéndome una copa
    para llenarla una vez más de agujas,
    de tiempo transparente,
    de lágrimas.

    Pablo Neruda
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    Orange and yellow. 1956

    ¿Has visto cómo se oscurece
    la tierra después de llover?

    Tal vez noviembre sólo guarda
    silencio:
    es tan breve cuando esmerila
    los ángulos de la ciudad,
    cuando la niebla y el sol, luego
    una nube, apaciguan
    la carne de las piedras
    y una bella manzana rueda
    calle abajo
    y te pregunto si el sabor
    de un amor devorado puede
    persistir.

    Tal vez este manto granate
    no quiera hablar sino extenderse,
    cerrar la naranja de zumo
    de tus labios, porque me observo
    preciosa,
    callando,
    renunciando a tu regalo.

    Únicamente las encinas
    cantan con sus violines
    y se resisten a cromarse
    de cansancio.

    ¿Has visto
    cómo me voy sin irme, yéndome
    al lado de la lana
    silenciosa,
    cerca de la raíz del vino,
    muy cerca del alacrán que oye
    en su nido dulce llegar
    a la dama de hielo?


    María Antonia Ricas Peces (1956-)

    .
    .
    .






    PRESENTIMIENTO


    Hoy presiento que vienes con la lluvia,
    como envuelta en las nubes,
    en cada ráfaga de aire.
    En el sardinel,
    el paso de los años, deteriorando su estructura.


    Todo el decorado parece quieto:
    el húmedo azul, la verticalidad de los pinos.
    El radiador en el punto más alto,
    las paredes en blanco tatuadas en negro,
    un café distendido, el calor entre mi pecho,
    las canciones que acompañan a estos versos,
    como acompaña a la lluvia
    el tintineo en el plástico.


    Y claro, me pregunto
    si habrás venido para quedarte.


    JESÚS CÁRDENAS SÁNCHEZ
    (1973-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014




    Lluvia

    Llueve otra vez. Llueve de nuevo. Llueve:
    siempre el amor me llega con la lluvia.
    Sobre la calle una llovizna breve
    y aquí en mi corazón, cómo diluvia...

    Llueve. Y el agua cae sin relieve
    sobre las piedras, ávidas de lluvia.
    Aquí en mi corazón, cómo remueve;
    aquí en mi corazón, cómo diluvia.

    Siempre el amor me llega así. Sin ruido,
    con silencioso paso estremecido:
    niebla menuda que después diluvia.

    Siempre el amor me llega así, callado,
    con silencioso andar desesperado...
    Y no sé dónde estás. Y está la lluvia.

    Julia Priluzsky
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
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    Un flojo cachorro de agua ha de ponerse el traje de una manzana a punto de llorar

    (Sólo) ha sido tu mirada.

    Así eres terrestre en el palacio de los pómulos dormidos.

    Sin la ventaja de la sábana usada, su santidad acosando-
    te...en el presagio del frío hecho en los aeropuertos el pájaro roto en tu oído las

    costillas equivocadas de tristeza adivinada en el restaurante de carretera
    donde comimos una vez pescado azul en silencio

    Esta niebla la distinguí yo ya
    en la forma que tenías de coger las tazas y las cosas inútiles

    El cristal desperdiciado en la sonrisa de los ángeles
    que nacía y moría como

    una carretera invisible, dañando en secreto la fauna de los jardines abúlicos

    Todo lo que en fin
    mientras miro hacía otro lado me dice

    que empezará a llover cuando te marches



    Arturo Méndez Cons (Cádiz, 1980-)

    .
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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014




    Con el olor de la lluvia se aproximan

    Con el olor de la lluvia se aproximan
    las remotas caravanas del recuerdo.
    Abandonan su equipaje de añoranza
    en los portales de una calle anónima.
    El sabor de la lluvia posee aromas de infancia,
    cadencias de lavanda y pellizcos de ciclamen.
    Un tapiz de intenso gris cubre la argamasa del cielo
    y las copas de los árboles recortan el paisaje
    con la dimensión de un adiós o un hasta luego
    que busca semillas de sol en la distancia.
    El olor de la lluvia, de la tierra mojada,
    nos recoge en el claustro de la meditación,
    en el aula reservada para aprendices de náufragos
    condenados a ser eternos arlequines de agua.
    En estas horas escritas con zumo de limón
    las lágrimas pesan como goterones de plomo,
    como las monedas sin lustre de la tristeza
    hurtadas de la hucha secreta del corazón baldío.
    El viento pregona los poemas de la ausencia
    entre los portales de la ciudad vencida por el agua;
    y una voz solitaria, ebria de roble y de tanino,
    acuña el silencio en el vaho de la ventana.
    La lluvia es el poema de los que se fueron.

    José Luis García Herrera
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014





    Gota de lluvia

    Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.

    Toda la noche estaba en esa humedad sombría

    que de repente

    iluminó la luna.

    José Emilio Pacheco
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Llueve en silencio, que esta lluvia es muda...

    Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
    y no hace ruido sino con sosiego.
    El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
    de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
    Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

    Tan dulce es esta lluvia de escuchar
    (no parece de nubes) que parece
    que no es lluvia, mas sólo un susurrar
    que a sí mismo se olvida cuando crece.
    Llueve. Nada apetece...

    No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
    Llueve lejana e indistintamente,
    como una cosa cierta que nos mienta,
    como un deseo grande que nos miente.
    Llueve. Nada en mí siente...

    Fernando Pessoa
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Lluvia

    ¡Te quiero!, -me dijiste,
    y la flor de tu mano
    puso un arpegio triste
    sobre el viejo piano.

    ( En la ventana oscura
    la lluvia sonreía...
    Tamboril de dulzura.
    Gong de melancolía.)

    -¿Me querrías tú lo mismo?-
    Y en tu voz apagada
    hubo un dulce lirismo
    de magnolia tronchada.

    ( La lluvia proseguía
    llorando en los cristales...
    Cortina de agonía.
    Guadaña de rosales.)

    -¡Para toda la vida!-,
    te dije sonriente.
    Y una estrella encendida
    te iluminó la frente.

    ( La lluvia proseguía
    llamando en la ventana
    con una melodía
    antigua de pavana.)

    Después, casi llorando,
    yo te dije: -¡Te quiero!-
    Y me quedé mirando
    tus pupilas de acero.

    -¡Para toda la vida!-
    dijiste sonriente,
    y una duda escondida
    me atravesó la frente.

    ( En la ventana oscura
    la lluvia proseguía
    rimando su amargura
    con la amargura mía.)

    Rafael de León
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    La lluvia no dice nada

    Mientras muere el día,
    llueve.
    Es un agonía
    breve.
    La ciudad se queda abrumada
    con la tristeza de la hora.
    La lluvia no dice nada,
    y llora.

    Ciérranse puertas y vidrieras,
    huye la gente
    como de un mal, por las aceras;
    y un hombre mira, indiferente.

    La lluvia parece cansada
    cual un rosal que se desflora;
    no dice nada, nada, nada,
    y llora...

    Viene mandada por el río,
    soltando besos de frescura,
    deshace en gotas el envío,
    para que alcance su ternura.
    Pero al sentirse rechazada,
    se vuelve un poco más sonora:
    Va a hablar... y, al fin, no dice nada,
    y llora...

    La lluvia tiene algo de loca:
    gime un recuerdo de canción;
    todo la irrita, en todo choca
    su vagorosa obstinación.
    Ve la ciudad atormentada,
    y la campiña verde añora;
    no dice nada,
    y llora...

    ¿Mira en el pueblo tanta pena,
    que no hace más que lagrimear?
    ¿O forma un lienzo de tan buena,
    porque nos quiere consolar?
    ¿Es que se sabe desdeñada,
    y que su inútil fin deplora?
    No dice nada, nada, nada,
    y llora...

    Sobre el muerto día,
    llueve
    una melodía
    leve.
    La ciudad se queda encantada
    bajo una luz que se evapora...
    La lluvia no dice nada,
    y llora...

    Pedro Miguel Obligado
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Lo abierto


    Cae quieta la lluvia,
    lo abierto mana.
    Cae la lluvia, cae sobre
    la espera,

    en la caída la lluvia es su camino
    y el camino su llegada.

    Hay que osar lo abierto y la caída:
    el desierto de la sed
    no la sed del desierto.


    Hugo Mujica
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Este otoño que tanto te quiero...

    Este otoño que tanto te quiero
    te regalo la lluvia.
    la lluvia es todo:
    es canción triste, es compañía,
    es llanto persistente sobre todo el paisaje,
    es la caricia que hace temblar el suelo
    y elevar el sexo de las flores.
    es la orden húmeda que implanta
    los más espesos olores.
    Te la regalo porque es como tú,
    extensa, repentina,
    de estatura cansada por el sol de la tarde,
    de ojos también cayéndose camino del invierno
    y porque en ella yo me siento tan dulce
    como me siento en ti.

    De todo lo que vuela y nos hace sufrir
    nada más compasivo y simple que la lluvia,
    y nada tan frágil y a la vez tan invicto
    y nada como su misma promesa de frutos y verdor.
    Mírala, como un mar derrumbado,
    como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
    Muchas veces
    me empapa de nostalgia y me hace nudos
    que escuecen al tragar.
    Será porque la lluvia
    cubre bosques que has amado conmigo,
    nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
    en lejanas provincias junto al mar.
    Ya para siempre tendrás lo que te he dado,
    de mi regalo nunca podrás huir
    ni devolvérmelo.
    Y cuando llueva, cada gota en tu cuerpo será un beso,
    un beso que no pide nada a cambio,
    que atravesará los impermeables, los paraguas,
    diciéndote con su idioma monótono y dormido
    que te quiero.

    José Maria Parreño
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    -Caminé por las calles desiertas por la lluvia...

    Caminé por las calles desiertas por la lluvia,
    En cada puerta un ojo que vigila y
    Un movimiento oculto.
    Remonté la pendiente resbaladiza y tibia
    Que me llevó a la cima de una ciudad distinta
    En las horas nocturnas abrasadas de asombro.
    El espejo de asfalto refleja las farolas
    Y el sueño paraliza la aventura perdida
    Y aunque un viento turbado desabrochó mi blusa
    Seguí buscando el signo que me llevara al día.

    Maria Cinta Montagut
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014



    PARTE METEREOLÓGICO


    Se avecinan tormentas por tu norte
    Y es posible que antes del mediodía
    descargue una potente borrasca
    en el centro geográfico de tu casa.
    Se teme que lloverá copiosamente
    en el trabajo.
    Caerán las hojas del calendario
    bajo un tenaz viento de levante.
    Hacia la media tarde se espera algún claro
    Un amigo tal vez proponga
    una escapada al cine
    y es posible que aún brille el sol a intervalos
    si no se cruza alguna llamada impertinente
    de alguna vieja amante, un tanto rencorosa.

    Fuertes vientos arreciarán con la tarde
    Las páginas de tu agenda se agitarán por completo
    cuando desesperado acudas a su abrigo
    y busques quien te ofrezca su mano.
    Se anuncian nuevas ráfagas de soledad
    azotando el norte de tu alcoba en la noche
    Y avisan que podría ser peligroso
    asomarse al espejo, por si acaso
    Puede, de todas formas, hacer más frío
    en el sur de tu casa.
    La luna saldrá a la hora de siempre.
    Y es casi seguro que estarás
    completamente helado para entonces.


    ENRIQUE TOMÁS
    , (Valencia, 1962-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    ^_^

    IX - Conduciendo bajo la lluvia...

    Conduciendo bajo la lluvia,
    la luna es del color de los coches que pasan.
    Atrás queda el pequeño
    hotel de carretera junto a un bosque.
    Conduciendo bajo la lluvia,
    en los jardines públicos brillan ángeles fríos.
    Atravesando calles
    tranquilas,
    soledad edificada.
    Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.
    La última frontera es nuestro corazón.

    Benjamín Prado
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Desayuno

    Echó café
    en la taza.
    Echó leche
    en la taza de café.
    Echó azúcar
    en el café con leche.
    Con la cucharilla
    lo revolvió.
    Bebió el café con leche.
    Dejó la taza
    sin hablarme.
    Encendió un cigarrillo.
    Hizo anillos
    de humo.
    Volcó la ceniza
    en el cenicero
    sin hablarme.
    Sin mirarme
    se puso de pie.
    Se puso
    el sombrero.
    Se puso
    el impermeable
    porque llovía.
    se marchó
    bajo la lluvia.
    Sin decir palabra.
    Sin mirarme.
    Y me cubrí
    la cara con las manos.
    Y lloré.

    Jacques Prévert
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    La lluvia cae en el polvo igual que el poema...

    La lluvia cae en el polvo igual que en el poema
    de Li Po. En el sur
    los días tienen ojos grandes
    y redondos; en el sur el trigo ondula,

    sus crines danzan en el viento,
    son la bandera
    descamisada de mi embarcación;

    en el sur la tierra huele a lino blanco,
    a pan en la mesa,
    el fulvo ardor de luz invade el agua,
    cayendo sobre el polvo, leve, encendida.

    Igual que en el poema

    Eugenio de Andrade
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    .
    .

    COITO


    Desnuda o desvestida como más te haga olvidar tu arrastre
    por las aceras que van quedándose con tu boca ensangrentada,
    ven, oye mis palabras,
    excítate con mi voz,
    todo se parió mal, hasta la muerte no existe,
    nadie puede estar en paz en medio de la noche cuando el fuego
    de las estridencias te aniquilan
    como si fueras un niño lamiéndote un olor a sotana bordada
    por quien alguna vez tuvo coito como dios manda.


    Iluminada entre los barrancos mis piernas se abren cuando van
    dando cabrioladas por tu poitrine rota,
    por ese tórax que se inclina ante los audaces del día,
    tú, que yo tanto deseo y mordiera tu carne
    en mitad de la tormenta sorbiera tu sangre,
    así tan suave saber que puedo herirte más de los que te aniquilan
    en la copa suave de tus labios
    y el mentón mío que lascivo te cubre el vellocino tiznado
    y morirme sobre semillas,
    morir sobre ti.




    Un día más la lluvia se desnuda y se viste frente a mí, su charla monocorde ahuyenta a los pájaros y yo simulo no escucharla, así urden hilanderas arañas rutas antiguas, lento el paso al horizonte cada vez más nítido, yo mientras me constriño, me acoquino para no estorbar el nido”.



    Ana Rosa Bustamante
    , es poeta chilena (1955-)

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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Yo digo: estoy cansada de la lluvia...

    Yo digo: estoy cansada de la lluvia,
    de la neblina, de la bruma incierta.
    Quiero volver al sol y estar contigo
    simplemente, en la arena.
    Comienzo a odiar el gris, me estorba el humo
    y sé que la ceniza es harapienta.
    Quiero mares de añil, y no estos ríos
    hechos como de lodo y de miseria,
    cansada de llevar el duelo
    de todas las penumbras, y las nieblas;
    quiero un cielo con nubes en retazos
    y una noche de estrellas.
    Ah, no sentir temor de ser la llama:
    no, ni de arder, ni de quemarse en ella.
    Toda la vida fue un interrogante
    sin eco ni respuesta,
    todas las horas fueron lejanías:
    hoy quiero ser por fin, una presencia.

    Julia Prilutzky
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    ¿Es tan fácil la vida? ¿Tan instante?
    ¿Tan charco que saltar? Bajo este día,
    en esta lluvia larga tan de lunes,
    tan de ciudad que aquí se me atraviesa,
    tan de música y tú, que tan callado
    me lo resumes todo, lo iluminas,
    pareciera que sí, que es cosa fácil,
    que está la vida hermosa y tiene flores,
    que se escriben canciones porque tú,
    o sólo porque tú,
    porque nos llueve justo en este día
    que acaso llamen lunes los que ignoren
    el tiempo detenido por nosotros,
    el mundo que se para porque tú,
    o sólo porque tú,
    todo nos lo revuelves, lo resuelves
    también, le das sentido a este lunes
    que no, no se parece a otro lunes
    antiguo, repetido.

    Pareciera que sí, que esto sucede,
    que está la vida hermosa, tan callada,
    porque tú, o sólo porque tú, creces
    conmigo
    (tan girasol de un cuadro de Van Gogh)
    y yo tan azucena trasnochada
    en un vaso con agua de esta lluvia,
    de esta precisa lluvia tan de lunes,
    tan de cuadro de tiza que mojado,
    donde todo es saberse entrometido
    y acaso, sí, feliz, porque tú o
    sólo porque tú.



    Macarena Trigo (Madrid, 1979-)

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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Encrucijada

    Nos separaba de la calle
    el cristal empañado de lluvia.
    Yo estaba lejos del mundo,
    hoja caída en el remanso de su llanto.

    Ella era menuda y tierna
    y se hacía más menuda entre mis brazos
    y más tierna bajo mis ojos.

    Entre nosotros y la calle
    y la lluvia y el cristal de la ventana
    eran dos abismos de plata.

    La vida estaba allí naufragando en sus ojos
    la belleza dormía en sus senos perfumados
    la luz -toda la luz- se me daba en su boca
    la humanidad - mi humanidad - era ella.

    Más allá del cristal
    más allá de la lluvia
    pasaron...

    Yo separé los ojos de los ojos de ella
    para verlos pasar.

    Marchaban chapoteando en el barro
    los pies descalzos.
    Desfilaban los rostros anochecidos de hambre.
    Y las manos encallecidas de miseria
    y las almas curvadas de injusticia
    y las voces amanecidas de odio
    desfilaban los pies descalzos.

    Iba la madre con el hijo al cuadril
    y el anciano rumoreando penas.
    Y el mozo flameando la bandera,
    iban de frente hacia la vida
    armoniosamente rebeldes.

    No sé si me lo gritaron ellos
    o si me lo grité yo mismo.
    Pero en las filas, de los que pasaban
    estaban mi puesto, mi bandera y mi grito.

    El cristal empañado de lluvia
    esfumaba los rasgos de la calle
    por donde pasaban los míos.
    Volví los ojos hacia ella
    que se hacia casi yo entre mis brazos
    y le dije:

    -Me llaman los que pasan.

    Sus ojos empañados
    me separaban de su alma
    como el cristal con lluvia
    me separaba de la calle.

    Me dijo lentamente:
    -No te vayas.

    Y se hizo más menuda entre mis brazos
    y me ofreció su boca palpitante
    y sentí junto a mí, temblorosos sus senos.

    Yo escuchaba chapotear en el barro
    los pies descalzos
    y presentía los rostros anochecidos
    de hambre.

    Mi corazón fue un péndulo entre
    ella y la calle...

    Y no sé con qué fuerza me libré
    de sus ojos
    me zafé de sus brazos.
    Ella quedó nublando de lágrimas
    su angustia.

    Tras de la lluvia y del cristal
    pero incapaz para gritarme:
    -¡Espérame! ¡Yo me marcho contigo!


    Miguel Otero Silva
  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado noviembre 2014
    TRAS EL CRISTAL

    Imperceptible, cae
    una lluvia dulcísima. En las calles
    la gente se apresura. Están sonando
    las campanadas de un reloj. ¿La hora?
    No sé, fueron cayendo,
    una a una, despacio, y como buques
    de papel navegaron hasta la alcantarilla.
    Tras la ventana, veo
    perderse su sonido entre las olas,
    al otro lado del cristal. La noche
    espesa la cortina de humo que me envuelve
    y apenas reconozco, frente a mí, la figura
    del hombre que se mira en el espejo:
    no soy yo, no son éstas mis manos ni mi frente
    peina, ya rala, unos mechones blancos.
    Siguen rodando los pequeños buques
    por el cieno sucísimo y oscuro.
    Estoy solo. La vida es esa calle
    por donde van al mar las horas muertas.




    Domingo F. Faílde (Linares, Jaén, 1948-)

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  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Para Bárbara

    Acuérdate Bárbara
    Llovía sin cesar en Brest aquél día
    Y marchabas sonriente
    Dichosa embelesada empapada
    Bajo la lluvia

    Acuérdate Bárbara
    Llovía sin cesar en Brest
    Y me crucé contigo en la calle de Siam
    Sonreías
    Y yo también sonreía

    Acuérdate Bárbara
    Tú a quién yo no conocía
    Tú que no me conocías
    Acuérdate
    Acuérdate pese a todo aquél día
    No lo olvides

    Un hombre se cobijaba en un portal
    Y gritó tu nombre
    Bárbara
    Y corriste hacia él bajo la lluvia
    Empapada embelesada dichosa
    Y te echaste en sus brazos

    Acuérdate de eso Bárbara
    Y no te ofendas si te tuteo
    Yo tuteo a todos los que amo
    Aunque los haya visto sólo una vez
    Tuteo a todos los que se aman
    Aunque no los conozca

    Acuérdate Bárbara
    No olvides
    Esa lluvia buena y feliz
    Sobre tu rostro feliz
    Sobre esa ciudad feliz
    Esa lluvia sobre el mar
    Sobre el arsenal
    Sobre el banco d'Ouessant

    Oh Bárbara
    Menuda estupidez la guerra
    Qué has llegado a ser ahora
    Bajo esta lluvia de hierro
    De fuego de acero de sangre
    Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos
    Amorosamente
    Quizás ha muerto o desaparecido o vive todavía

    Oh Bárbara
    Llueve sin cesar en Brest
    Como solía llover en otro tiempo
    Pero no es lo mismo y todo está estropeado
    Es lluvia desconsolada de duelo espantoso
    Ni siquiera es ya tormenta
    De hierro de acero de sangre
    Simplemente nubes
    Que revientan como perros
    Perros que desaparecen
    En el remanso de Brest
    Y van a pudrirse lejos
    Lejos muy lejos de Brest
    Donde ya no queda nada.

    Jacques Prévert

    Versión de C. Deplois
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2014
    Qué es lo que hace que en esta noche de lluvia

    Qué es lo que hace que en esta noche de lluvia
    me quede en pie sobre las calles mojadas;

    Un rumor incierto levanta mis oídos.

    _Eres Libre La Felicidad existe Eres_

    Y la coronación a tanto desvarío es una nueva ráfaga
    de lluvia barriendo el silencio nocturno.

    Acaso en esta noche que amanece
    donde se espera el residuo de la ola
    para mostrarnos las alas mas bellas
    siempre al poniente de las flores
    no pueda ser más que un lamento
    de sombras arrugadas en mi cuerpo.

    Hasta dónde el recuerdo de las nubes
    repletas de esperanza me sujeta
    a la tierra.

    Si me han abandonado las cumbres
    y la línea del mar se retira a su infinito
    donde muere la ternura del tiempo.

    Huye el reloj
    pierde su vuelo
    se lleva desnudas las horas.

    Empujo con suavidad el aire.

    Dejo que mis manos sepulten la luz.

    Sobre la noche
    sospecho la tormenta
    presiento nebulosas

    y ya sólo me queda preguntar
    si el hallazgo de estos versos de Pessoa
    podrán secar esta terrible humedad
    celebrando su fiesta ante mi rostro.

    A los dioses que hay o que fingidos haya
    sólo la libertad pido: no me oprima
    ni la felicidad
    ni deseo de tenerla.

    Concha Gonzalez Nieto
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