Hoy empiezo un experimento, escribir mis confesiones a modo de ejercicio literario espontáneo. A ver que tal me sale:
CONFESIONES DE UN ESCRITOR DE 39 AÑOS
Empezó bien la mañana, con una de esas erecciones soñolientas que no tenía desde los...¿18? ¿24? Mi crisis de los cuarenta (y eso que acabo de cumplir 39) se inició hace meses pero en realidad creo que estoy teniendo una segunda adolescencia (erecciones espontáneas, fijación por las adolescentes, echarle la culpa a todo el mundo de mis desgracias...)
Ya en la calle voy y me encuentro con un auténtico penique británico (!), lo confundí con una moneda de dos céntimos (mi indigencia económica me obliga a agacharme en tales casos) y me llevé una agradable sorpresa. Tanto oír hablar de los peniques y por fin tengo uno. Igual cambia mi suerte. Luego otra sorpresa agradable; dos jovencitas guapas van y me paran por la calle. Al principio creí que me querían vender una línea de internet o hacer una inútil encuesta...pero no, me dieron un folleto, me hablaron sobre los problemas del mundo (y cómo resolverlos) y yo mientras hacía como que leía el folleto pero en realidad admiraba sus sandalias con aquellos preciosos pies delicados y desnudos. Eran testigas de Jehová (!) Por fin han cambiado de estrategia y en vez de mandar a honorables viejecitos encorbatados han visto que es más efectivo endiñarnos jovencitas de buen ver que nos hablen sobre los niños pobres de África mientras intentamos imaginar las costumbres sexuales de las mozas. En el folleto encuentro un cupón para enviarlo y solicitar que un Testigo de Jehová venga a mi casa a hablarme de la biblia. Y estoy a punto de enviarlo y pedir que me manden a estas dos muchachas para recitar juntos el Cantar de los Cantares. O al menos que venga a mi casa, se descalcen y me dejen pintarles las uñas de los pies.
Sentado en un banco intento terminar El Cielo Protector de Paul Bowles y aparece el padre elegante y pulcro (en su fetichista uniforme de dependiente de Orange) con su preciosa niña de la mano. ¿Qué hay más bonito que un padre llevando a su niña al colegio en los estertores de la primavera? Pero yo estoy esperando a una madre sexy, si, la rubia de culazo y tetas imponentes (siempre va en ropa deportiva ceñida) que tiene dos críos y un marido (que suertaza la del cabrón) Claro que hoy por fin he visto su gran defecto, era imposible que una mujer fuera perfecta. Era preciosa, maciza, cariñosa con los niños y sabía vestir con morbo...Pero hoy venía fumando un cigarrillo. Asco de vicio (lo cual me convierte en un hipócrita porque estuve cinco años con una novia fumadora), ahora por lo menos ya no tendré fantasías masturbatorias con esta MILF cordobesa.
Estoy a punto de entrar en la Biblioteca Pública y venga pasar chavalas de buen ver o chavalas en ropa veraniega o feas adolescentes de piel tersa, que más da. Gracias a mi segunda adolescencia todas me atraen. Recuerdo hace un par de años como hice el ridículo al declararme a una chica de 18 años. Me dio calabazas hasta acabar con el huerto. Sucedió en uno de esos cursos de formación que no sirven para nada (de catering fue éste) y allí convivimos durante dos meses personas entre 17 y 48 años, nos hicimos todos amigos y tuvimos una fiesta final de lo más intergeneracional.
Todos los del curso sabían que yo estaba pillado por la adolescente. Se me notaba mucho y soy incapaz de disimular mis sentimientos cuando hablamos de casto amor. Cuando le dije a la chica que me gustaba ella me dijo "Lo sé, que te crees ¿que soy idiota?". Y se sonreía. Le halagaba mi babosería, le hacía gracia mi falta de dignidad. Pero si no te arriesgas no ganas y a mi me toca ganar ya. Estoy muy necesitado. Después de aquella humillante experiencia probé a seguir intentándolo: una mujer de treinta años separada y con dos niños (pero de ex-pareja problemática), una divorciada cuarentona con problemas de ansiedad y un ex-marido con el que se veía de vez en cuando, una chica de mi edad que en la primera cita se estuvo cachondeando de mis aspiraciones de escritor...Vamos un puto desastre. La soledad era esto, que dijo cierta escritora. ¿Habré perdido mi encanto? ¿o las mujeres ven demasiado clara mi desesperación?
Al final de la tarde, después de seguir leyendo El Lobo Estepario de Hess (que ironía) me pongo a escuchar a Miley Cyrus. Solo escucho sus tres discos de transición (aquéllos en los que intentaba dejar atrás el personaje de Hannah Montana y reivindicar su propia personalidad) y el dueto de Miley con los Jonas Brothers me empieza a obsesionar. Que delicia de balada, se llama "Before The Storm" y Miley canta en directo como nunca, y el chaval de los Jonas Brothers canta como si te hiciera el amor...No me extraña que las adolescentes en su día mojaran las bragas con semejante muchacho. Que voz, Dios mío. Espero no tener otra erección espontánea escuchándole, ya tengo bastante en qué pensar.
El mes que viene espero cobrar el Salario Social si no tendré que empezar a vender mi cuerpo, si es que alguien lo quiere. Empiezo a sentirme como Henry Miller paseando por París con las tripas sonando sin parar intentando sacar a sus amigos y conocidos unos francos o una comida gratis mientras busca hueco para escribir algo decente. Menos mal que me quedan los libros. Leer y escribir, pensar, reflexionar. Y soñar, claro. Me tumbo escuchando a Miley, dulce Miley cantando You And Me Together...Y por un momento vuelvo a ser adolescente, salgo con la chica más bonita del instituto y dejo de preocuparme por las erecciones espontáneas.
"Envíame la almohada sobre la que sueñas y yo te enviaré la mía"...Susurra mi poeta favorito y me quedo dormido...
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LA VAGINA DE MARIA DEL MAR
Maria del Mar es un nombre bonito, más que eso. La conocí hace algo más de un mes. Entonces yo estuve trabajando una semana en casa de una familia (la última vez que tuve trabajo) y ella, María del Mar, ejercía el mismo oficio que yo (cuidadora de personas mayores y discapacitadas) y se quedaba por las mañanas mientras yo hacía el resto del día en casa. Pero aquella mañana yo tenía que pasarme a por unas cosas mías y ella estaba sola (el señor al que cuidábamos estaba de visita médica con su hija) y sin nada que hacer. Así que tras un refresco (apretaba la calor) nos sentamos en dos sillas del salón.
Empezamos a comparar anécdotas del trabajo, historias de hospital, discusiones con enfermeras antipáticas y demás, lo típico de este oficio. Pregunté si alguna vez había bañado a un hombre joven y me dijo que no. Yo le conté aquella vez que en una sustitución tuve que lavar a una mujer de mi edad. Así, entre risas, le comentaba que para lavar las partes íntimas de una mujer se necesitaba más delicadeza y precisión que para ser neurocirujano, uno no puede permitirse el más mínimo error cuando se trata de una zona tan delicada...ella empezó a contarme cuando dio a luz y tuvo un desgarro vaginal...entonces me relató, con pelos y señales, el peor momento de su vida, cuando el médico empezó a coserla sin anestesia y ella gritaba "Deja que me desangre cabrón, no sigasssssssssssss". Si me contó eso es porque yo me puse a presumir de dolores agudos sufridos aquella vez que tuve un cólico nefrítico. Ella me dejó muy claro que me ganaba en eso de dolores insoportables...
¿Quién me iba a decir que estaría allí con María del Mar hablando de su vagina un día caluroso de primavera? Cuando la conocí y nos dimos los protocolarios besos en las mejillas supe que en dos segundos me iba a quedar fascinado con ella, con su frescura, con sus redondeces, con su voz de terciopelo coloquial. Le echaba yo 20 ó 21 años, pero tras contarme lo del hijo igual tenía 26, soy muy malo para calcular edades. Y claro, lo del hijo me hacía pensar con disgusto en un padre/marido/novio/amante. Lo cual destrozaba todas mis fantasías (y ya había tenido muchas) de romance primaveral, citas en terrazas de verano y besos frescos con perfume de clavel...Lo sé, me pongo muy cursi con estos temas.
Una hora de charla, deliciosa hora (la charla derivó en cáncer de pecho, reconstrucciones mamarias y pezones irritados de tanto dar de mamar...lo cuál, paranoico que es uno, me hizo pensar que igual ella pensaba que yo era gay) y cada vez me parecía más bonita María del Mar.
Después de aquella sincera charla no la volví a ver más. El trabajo se acabó y me quedé sin saber si tenía pareja, si yo le parecía lo bastante heterosexual o en definitiva qué posibilidades reales tenía de un día acabar invitándola a un vaso de caracoles.
Me acuerdo de ella hoy porque anoche soñé, de nuevo, con una historieta romántica y ella misma podría ser la protagonista (nunca recuerdo quién es la chica en mis sueños románticos) de una deliciosa ternura que compartía besos y caricias. Al fin y al cabo ella es la última de las chicas que me han fascinado, de las que me podían dar un poco de felicidad o un suspiro de alivio.
Espero que un día nos volvamos a ver. Aunque solo sea en un sueño.
El femenino Testigas de Jehová me ha hecho gracia.
Gracias, amigo, y me alegro de que te guste, tengo mucho que escribir aun y lo que me hace falta es tiempo!:rolleyes:
Por aquí les llamamos cariñosamente "testículos de Jehová", por lo que nos toca. :rolleyes2:
Jajaja...muchas gracias, Nae.:D
Sico con mis confesiones:
LO QUE UN CABALLERO NO DEBE HACER
(CUANDO TIENE A UNA CHICA BORRACHA EN LA CAMA)
Sábado por la tarde. Una librería del centro, ni un euro en el bolsillo. Una nueva edición de las "Confesiones" de San Agustín y el mítico "Tractatus Logicus-Philosophicus" de Wittgenstein y me voy a quedar sin ellos. Porca miseria. Pero la suerte me sonríe y me tropiezo con Marta, si, aquella chica de aquel otro curso de formación para parados y gente de mal vivir. Entonces ella tenía 20 añitos e iba al conservatorio (¡estudiaba percusión!), pero desde entonces nos habíamos visto poco pero siempre charlábamos mucho, teníamos mucho que decirnos.
Aquella tarde estaba triste o me lo pareció. No revoloteaba por su lado el amigo gay y gordo que me cae tan mal. Estaba solita. En un bar, en una terraza y cuando me detengo a saludarla me invita a unas cervezas. Ya la he advertido de que soy pobre, de que o cobro pronto el Salario Social y me hago puta. Se ríe. Ojalá tuviera tanta facilidad para llevarme a la cama a una chica como para hacerlas reír.
Tras unas buenas cervezas (no me mola el alcohol pero por una chica estoy dispuesto a degustar el vicio) y los aperitivos de rigor ella se suelta de la lengua. No es que estuviera calladita, es que no me hablaba de lo que realmente la preocupaba. Me habla de un chico, cómo no, de lo bien que les iba, de lo mal que se puso el asunto. Yo mientras estoy pensando en aquella fiesta en la piscina, cuando por fin pude ver sus delicados y pálidos pies. Ella venga a dar la lata con el chico con el que ha cortado y yo venga a pensar que suerte la mía: una chica en medio de la soledad y con la autoestima por los suelos. Pero me remuerde la conciencia. Ella es tan...¿cómo decirlo? ¿Delicada? No sé...me inspira una ternura especial. Cuando la conocí me sentaron a su lado. Ella iba con el pelo recogido que le queda de fábula y llevaba puestas unas zapatillas de lo más sexys (¿os he hablado ya de mi repugnante fetichismo?) que yo no podía dejar de mirar. Luego, al salir del curso, se ponía unas gafas de sol que le daban un aire misterioso y fascinante (¡con lo que yo odio a la gente con gafas de sol!)...Pero vamos, que cuando en la piscina apareció con el gay gordo y sus chanclas, esas chanclas que tenían la desvergüenza de mostrarme sus bellísimos pies desnudos...(y es que cuando una mujer me enseña los pies es como si me mostrara las tetas o el culo, no sé si me entendéis) hummmm.
No importa, ahora estoy escuchando el relato de una chica que se está emborrachando y está muy necesitada. Vamos, está como yo, cada vez más mareado y excitado. Pero cuando ya nos hemos adentrado en la asfixiante madrugada cordobesa ella se encuentra mal y me pide que la lleve a casa, que en cualquier momento va a vomitar y que no quiere que sus padres le den la paliza con lo de llegar en ese estado. Así que vamos a su casa, no sé si tengo que sostenerla yo a ella o ella a mí. Cuando por fin entramos sin la típica escandalera de borrachos vamos derechos a su dormitorio y ella se tumba en la cama con una gozosa sonrisa de borrachina de novela de Bukowski. Aún tiene ganas de charlar pero ahora me recomienda que coja del estante la novela "Las Edades de Lulú" (de Almudena Grandes), me pide que lea cierta página y me escandalizo mientras ella se ríe. Nunca había leído la novela (si vi la película) y en contra de lo que pensaba aquello no era una novelita erótica, era porno hardcore que nada tenía que envidiar a las "120 Jornadas de Sodoma" de Sade.
Marta no para de reír, le hace gracia mi espanto puritano. En realidad me encanta lo que leo pero finjo ante ella, después de todo quiero ser un caballero. Un caballero viejo en el dormitorio de una jovencita borracha. Ella de repente me pide algo que me deja anonadado. Mis más cerdas fantasías se hacen realidad. Quiere que le dé un masaje en los pies (!!!) y yo tras quedarme como un niño al que le han prometido traerle todo lo que ha pedido para Reyes la descalzo, le quito los calcetines y ahí están los dos trozos de mazapán (pan para hambrientos) pálidos y sedosos. Empiezo el masaje, ella se sigue sonriendo pero acto seguido se pone seria, deja caer la cabeza a un lado y empieza a roncar como una puta barata al final de un día de mucho "trabajo". Y me quedo ahí, sin dejar, por supuesto, de masajear. Aunque más bien ahora estoy acariciando sus delicados pies. Los tiene tan bien formados que parecen irreales y de una blancura lechosa que me ciegan. No puede ser verdad, no puede estar sucediendo esto.
Entonces ocurrió, hice lo que ningún caballero debería hacer cuando tiene a una dama en la cama borracha y a su merced. Si, amigos, lo hice, no voy a ocultarlo. Pero antes de contar aquella desconsiderada acción decir que aún rondaba por mi cabeza (si, tengo tiempo para todo) los "Textos Cautivos" de Borges (esa deliciosa recopilación de ensayos, reseñas y notas biográficas casi en exclusiva dedicadas a la literatura) que me dieron unas horas deliciosas aquel fin de semana en que la ola de calor asfixiaba Córdoba. Quiero decir que a pesar de mi admiración por Borges en aquel momento le podían dar mucho por culo, porque El Aleph es el cuento de un analfabeto beodo frente a los pies delicados de mi chica. Pero imaginé que Borges me miraba y me advertía de que un caballero no debería hacer lo que estaba a punto de hacer, que la moral y las buenas costumbres se inventaron para algo, que los tabús tienen su función, que Freud se metía mucha cocaina por la napia.
Tras un momento de reflexión lo hice, si, tuve que hacerlo, no podía desperdiciar aquella ocasión. Sé que las mujeres me van a odiar. Que todas las chicas del mundo no querrían estar con un sujeto como yo. Pero yo soy así, un pobre escritor vicioso. Y un escritor vicioso no puede dejar escapar a una chica borracha, menos aún cuando ésta lo ha invitado a su dormitorio...Así que si, lo hice, fui capaz, y lo volvería hacer Señor Juez. Con los pies de mi amada aún en las manos me incliné y me atreví a cruzar la última frontera, era irresistible, no era ya dueño de mis actos. Acerqué mi nariz a sus delgados y perfectos deditos y olí sus pies. Si, ya sé la cara de asco que estará poniendo el lector, lo que me haría el padre de Marta, lo que un buen sacerdote me recomendaría rezar. No tengo perdón de Dios. No tengo justificación. Soy asqueroso y repulsivo. Soy lo peor. Soy un miserable que vive atormentado por un materialismo sensual perverso...(¿Esto no parece ya el desvarío de un borracho de la madrugada del sábado?)
Pero voy a contestar a lo que los morbosos me preguntarían tras perdonar mi pecado. ¿A qué olían los pies de Marta? Pues os daré ese placer: a algodón y zapatillas nuevas. Si, a veces la realidad es profundamente decepcionante.
Una vez había mancillado el honor de mi chica le di un beso alcohólico en la frente y me marché sin olvidarme del libro de Almudena Grandes. Y así pasé un domingo feliz, pensando en los pies de Marta y con una eterna erección cada vez que leía la prosa cerda "Las Edades de Lulú".
Ya lo dijo ese gran filósofo y mejor cantante, Julio Iglesias: "Todo lo que tiene precio es barato".
Te superas. :cool:
Pues sí, he aguantado hasta el final, pensando lo buen narrador que eres y que con tantas erecciones...ya sabes lo que decían los curas.
Saludos
Muchísimas gracias, sinrima. Mejor poeta eres tú, que ya te digo en otro lado que si tuviera dinero te publicaba yo mismo.:D Lo que piensas coincide totalmente con lo que yo pienso y eso siempre a uno lo sorprende, porque muchas veces cada cual interpreta o lee las cosas a su manera, lo cual también es maravilloso. Evidentemente tengo muy encuentra que escribo en internet y que aquí si eres breve y ameno mejor, aunque intento que todo tenga una pizca de trascendencia, de reflexión. Que no sea sólo entretenimiento. No sé si lo consigo, por eso es interesante el experimento. Además estos textos los escribo de forma espontánea, no me pongo a darle vueltas como con mis relatos que intento pulirlos al máximo. Para mi es una nueva forma de escribir...:rolleyes:
Por cierto, los curas también decían eso de SEMEN RETEMTUM VENENUM EST
Y bueno, sigo con mis confesiones:
AQUELLA VEZ QUE ROBÉ UNAS BRAGAS
"El sexo que parece tan insaciable, y sin embargo, sacia tan pronto". Esta deliciosa reflexión es lo único destacable de "Las Edades de Lulú" de Almudena Grandes. Lo demás es pornografía barata, lo cual no quiere decir que no la disfrutase, claro. Pero tras leer una novelita tan liviana uno tiene que volver a pisar fuerte y nada mejor que atragantarse con Nietzsche ("Filosofando a martillazos") y las "Obras Completas" de Platón (un tocho de más de 1.700 páginas que ayer saqué de la biblioteca pública, y todo para leer el Fredo que va de la belleza y los adolescentes guapos...pero ya de paso profundizaré en la obra del "Ancho de espaldas", que es lo que significa Platón, según los empollones pajilleros). Claro que tanta filosofía de altos vuelos hay que contrarrestarla con algo de Bukowski, en este caso su libro de relatos "Erecciones, Eyaculaciones, Exhibiciones". No lo leía desde la adolescencia y sigo pensado lo mismo: anécdotas e historias divertidas, estilo (al menos en la traducción española) tedioso como pocos.
Pero ya está bien de hablar de literatura, libros y una de mis pasiones (devorar libros mientras espero el Salario Social) más exquisitas. Estaba yo recordando que hace años que no voy a un Pub de moda, uno de esos antros donde de vez en cuando aparece un jovencito con un libro de Rimbaud y cree que con eso se hará el interesante y ligará con chicas que hacen del snobismo su forma de vida. Y es que no hay chica más snob en mi vida que Mónica. Y en eso pensaba esta mañana ante una de mis erecciones espontáneas: en Mónica. Que raro.
A Mónica la conocí cuando tenía 15 años, justo después de lo de Sara (Véase mi relato El Primer Amor Sin Sexo en este mismo foro en la sección de relatos románticos para conocer la historia de Sara), era la hermana mayor de mi amigo Quiqui (extraño diminutivo familiar de Joaquín) y tenía casi tres años más que yo, lo cual la convertía en toda una mujer. Además era pelirroja y si hay algo que me fascine más que unos pies finos y bonitos es una pelirroja. ¿Qué tienen las pelirrojas? Pues una piel frágil y cremosa, aguantan muy bien el paso del tiempo y resultan de lo más fascinantes en cuanto se cultivan un poco. Así era Mónica. Frágil, fascinante y si llega a tener tetas y culo hubiera sido una diosa...pero de todas formas lo era. Su cabellera rizada era impresionante y ya tenía aquel novio rubito guaperas que se encerraba en el dormitorio con ella.
Ella, Mónica, me descubrió a los Guns'n'Roses y su amiga Mª José (ay, me viene a la mente los talones más bonitos a este lado del Guadalquivir...) a Jeff Buckley. ¿Por qué las chicas siempre me descubren las mejores cosas? ¿Por qué a lo largo de los años he perdido las amistades masculinas de toda la vida pero he podido conservar las femeninas? Y más importante ¿Por qué nunca he tenido a una amiga con derecho a roce?
Sigamos; Mónica me dejaba discos, libros (así leí yo por primera vez "Lolita") y pelis. Fue mi mentora, mi Erasta, mi hermana mayor (¡viva el incesto!) y sobre todo mi mejor amiga años después...Pero entonces yo estaba fascinado, anonadado sexualmente. Era una mujer, una de verdad, en aquella época la diferencia de edad parecía una monstruosidad. Ni qué decir tiene que mis fantasías masturbatorias de mi adolescencia se llenaron de escenas imposibles en su casa, en su dormitorio, un dormitorio lleno de peluches y toda clase de artículos relacionados con el arte. Ella adoraba el arte quizá porque ella misma era incapaz de crearlo. Jamás la vi intentar escribir o pintar o fotografiar o...Nada. Ella prefería reunir a sus amigos junto a la mesa camilla, invitarnos a un exótico té de fresas (o un trozo de pastel belga) y descubrirnos toda clase de novedades. Desde el último disco de culto hasta el exquisito descubrimiento de las camisas de satén. Y si, tenía un amigo gay (como en las pelis románticas americanas) con el que salía de compras.
En aquella época Mónica era para mí la mujer definitiva, y claro, esa obsesión no podía conducir más que a la cruda decepción. Ocurrió aquel día que fui a recoger a su hermano Quiqui y éste decidió que antes de salir debía ducharse. Bien, yo esperé en el salón, puse un disco de Sting y me quedé pensando...y cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo, dice el refrán ¿no? Entonces se me ocurrió algo que nunca debió suceder. Atisbé el dormitorio de Mónica, olisqueé su perfume por el ambiente, entré en su santuario privado y me dije que si tuviera algo suyo, por ejemplo unas braguitas, seguro que acababa deshidratado aquella misma noche en la cama de mi propio dormitorio...y si, mientras se oyera el agua correr de la ducha no había peligro. Abrí un cajón, vi como unas doscientas bragas, me puse a elegir cual experto sibarita y voilá: unas braguitas delicadas, casi de encaje (entonces ni sabía que era eso) y con un muy coqueto lacito rosa en la parte frontal. Madre mía, que tesoro. Lo que se me hacía agua no era la boca precisamente. Estrujé las braguitas, las escondí en mi bolsillo y me puse a silbar la canción que sonaba de Sting en aquel momento, como si alguien me fuera a pillar si no disimulaba.
No importa todo lo que aconteció con Quiqui aquel día. Lo importante era el tesorito que llevaba en el bolsillo. Y cuando por fin llegué a casa y me encerré en mi dormitorio temblaba de la emoción. Saqué con cuidado las braguitas y el intenso olor a lejía debía haberme advertido ya (pero entonces era un ingenuo) pero no lo vi demasiado extraño. Ya tenía una erección, simplemente acariciando las braguitas de mi más terrible fantasía sexual del momento (y no tenía pocas entonces...), pero entonces pasó lo que menos podía esperar, lo que hizo añicos mi adoración por Mónica, lo que hace que se te caiga el alma al suelo. Lo que uno nunca espera, en esos momentos de delirio psico-sexual-pre-masturbatorio, es que te encuentres con la cruda realidad. Si, señores, cuando desplegué aquellas braguitas dispuesto a cometer un atentado carnal contra mí mismo lo vi, apareció claro ante mis ojos: las braguitas tenían en su parte posterior una manchita, si, una mancha. Una mancha de caca, señoritas. Joder, que espanto. Mónica pero ¿cómo has podido? Mónica eso no se me hace a mí. Las pelirrojas son fascinantes. Las pelirrojas son los seres más hermosos del universo.Mean colonia y apenas se tiran peditos de princesa. Y yo allí, con mi pene adolescente menguando y los ojos secándose ante la falta de parpadeo. Mi gozo en un pozo y la fantasía sexual de mi adolescencia traumatizada de por vida.
Creo que por eso soy amigo de Mónica, nuestra amistad es fuerte y duradera, aguantará carros y carretas, vientos y mareas. Pero la atracción sexual la destruyó una simple manchita. Ahora comprendo lo de la Inmaculada Concepción. ¿Alguien se imagina a la Virgen María con una manchita en las braguitas? Yo tampoco podía creerlo en las de Mónica.
"El sexo que parece tan insaciable, y sin embargo, sacia tan pronto". Si, Almudena, no sabes de qué manera tenías razón, amiga.
Es que las chicas tienen culo, amigo. Y el culo es para lo que es.
De todas maneras, resulta muy divertido, pero poco creíble que le haya afectado algo tan natural. Un adolescente no tiene tantos remilgos, ¿o es que se quita su propia ropa interior sin mirar? Quien manga unas bragas tampoco es tan platónico, digo yo.
Jajaja...de verdad que aquello me afectó bastante, fue todo un trauma. Morrissey escribió una canción titulada Some Girls Are Biggers Than Others sobre su descubrimiento del cuerpo de las mujeres. Yo debí escribir un poema sobre la cruda realidad...en fin, que yo creía que realmente los hombres y las mujeres éramos muy diferentes...pero no, para algunas cosas no!
Normalmente uno es platónico a la fuerza...y al fin y al cabo toqué las bragas, no a ella. Sigue siendo platónico!:D
Pd: Tienes razón en lo del adolescente poco remilgado, ahí me has pillado. De hecho esas braguitas después de todo...¿cómo lo diría?...no llegaron vírgenes al matrimonio...al adolescente tras el trauma le sirvieron para algo...:rolleyes:
Esperamos que sigas pasando puntualmente por el confesionario.
"... cómo has podido hacerme esto a mí..." Me reí mucho con lo que narras, pero además, veo que la narración también la utilizas para la especulación filosófica. Una buena forma de filosofar.
Es fetichismo sexual puro, por favor.:rolleyes:
Lo siento mucho, no volverá a ocurrir \'''/
Enhorabuena por el dinamismo y naturalidad de tu prosa.
Saludos.
Si puedo agradecerte algo, es que me has dado una lección de no confundir el querer causar gracia con ser patético. Gracias.
La sinceridad nunca debe ser disculpada! Gracias por ser sincero. Normalmente el género de las confesiones va asociado a contar cosas que normalmente no contarías, sobre todo las patéticas y vergonzosas. Pero siempre es mejor tomárselo con humor.
Y no tengo hijos. Y si, me hubiera gustado tener más sexo con muchas más mujeres...pero aún estoy a tiempo!:cool:
Por cierto, ojalá tuviera 15 años de nuevo!:rolleyes:
Gracias, pinki, esa es mi intención y me agrada que lo aprecies así. Pero por fortuna no todos están de acuerdo. Viva la diferencia!:o
EL ROCE HACE EL CARIÑO
"La vida consiste en lo que un hombre piensa todo el dia".- Dijo Henry Miller en su mítico Trópico de Cáncer. Borges, a propósito del arte de escribir y hablando de cómo un escritor ejercitaba su arte decía así: "Primero, abría las compuertas de la imaginación; luego, hacía uso de la lima". Estos días he saboreado el libro de relatos "El Aleph" de Borges. Algo siempre queda...
El verano de mis 9 años (entonces vivía en la isla de Menorca, mis padres trabajaban allí en la hostelería) yo pasé por varias situaciones que me hicieron comprender que el sexo en realidad me daba auténtico pavor. Primero fue María, una niña un año mayor que yo que un buen día en el parque me dijo que quería ser mi novia. Mi reacción fue salir corriendo y no parar hasta llegar a mi portal y esconderme. Hasta allí llegó María detrás y aunque no recuerdo lo que me dijo supongo (conociendo su carácter) que me llamaría mariquita o algo así.
Poco después fue Oscar, aquel niño de 11 años que estaba de vacaciones en la isla. Procedía de un pueblo de Palencia y decía que tenía una novia allí a la que se follaba. Yo le enseñé a pescar poniendo de cebo miga de pan mojada y luego secada al sol. Él me enseñaba sus delirantes y surrealistas teorías sexuales que a mí me me provocaban mucha curiosidad (sobre todo esa de cómo meterle el pito a una chica para no dejarla embarazada). Un día se acercó mucho a mí y me dijo algo así como: "Aunque a los chicos nos gustan las chicas a veces si un chico le acaricia el pito a otro chico el pito se pone duro ¿Sabes por qué?" Y yo negaba con la cabeza, a lo que él añadía: "Porque el roce hace el cariño". Cuando quiso practicar su teoría conmigo yo salí corriendo y me escondí de nuevo en el portal. Sócrates le dijo a Fedro (en un diálogo de Platón): "Como el lobo ama al cordero, así quieren los enamorados a los muchachos", estaba claro que Oscar era el lobo...y yo Caperucita.
Un tiempo después, de regreso ya en Córdoba, pude demostrar que la teoría de "El roce hace el cariño" era cierta. La puse en práctica con mi prima Nuria...pero en fin, no es esa la historia que quiero contar, yo lo que me disponía a contar es lo de Clara, la chica que conocí hace unos tres meses. Entonces estaba investigando sobre sexualidad para un relato que tenía en mente (y que al final no llegué a escribir) y me crucé con una nueva Orientación Sexual: la Asexualidad. ¿Acaso podía encontrarme con algo más extraño para mí? No podía creérmelo. Y nunca había escuchado ése término referido a una orientación sexual. Bueno, es hora de investigar y eso es lo que hice. Y di con Clara que era cordobesa y es asexual. Nuestras primeras conversaciones por mail fueron de lo más...¿cómo decirlo? ¿Bizarras? Bueno, bizarro era yo, haciéndola esas preguntas tan incómodas. Creí que al final me mandaría al cuerno. En vez de eso quedamos para tomar un vaso de caracoles. Si una chica se atrevía a quedar con un pelmazo como yo que conoce a través del reino de las perversiones que es Internet fue porque mi nombre ya le sonaba de algo. O sea, que no la estaba mintiendo cuando le decía que yo era escritor, que no era un rollo para ligar, que de hecho nunca me ha servido para ligar. Ser escritor no sirve para casi nada.
Clara movía las manos como una bailarina y chupaba los caracoles con encanto infantil. Yo cometí el típico primer error al creer que toda chica que es simpática conmigo, que me tolera y que me roza el brazo es que en realidad quiere acostarse conmigo y tener muchos niños. Pues no, normalmente nunca quiere decir eso, solo es que la chica es agradable conmigo. Y la conversación se animó cuando pasó una mujer con una novela de Isabel Allende y comenté eso de "¿Que tendrá la mierda de libros de la Allende para gustar tanto a las chicas?". Y ella me dijo que le encantaba Allende. "Ah, pues bien, empiezo a respetar a la Allende".
Pero nos metemos en la cuestión de fondo, la que interesa. El asexual es aquella persona que siente poco o ningún deseo sexual (aunque aún hay debates entre llamarlo "deseo" o "atracción"...que yo no veo diferencia pero así son los intelectuales de verborrea fácil) y eso un sexual como yo (si, así nos definen ellos: "sexuales") no lo puede entender. Ella sonríe, se rasca el pelo, se acomoda mejor en la silla de aluminio del chiringito e intenta ser paciente conmigo. Es tan bonita, tan frágil...recuerdo aquella tontería que dijo una vez Enrique Bunbury "Las mujeres son bonitas, pesan poco y huelen bien". ¡Que idiotez! Pero con Clara se cumplía.
Cuando dije que era muy guapa, ella me recordó su orientación y me dijo que no podría suceder nada entre nosotros, nada en plan romántico. Pero yo me puse muy pesado. "Puedo fingir ser asexual", "¿De verdad me vas a discriminar por tener erecciones, con lo que cuesta tenerlas?, "¿Tú sabes lo que te estas perdiendo, chiquilla?" Hay chicas a las que les encanta mi humor andaluz, hay otras a las que sólo les provoca calambres pre-menstruales. Clara no tenía la regla, supongo.
La segunda vez que nos vimos fue en su casa. Ella es profesora de primaria (lo cual no me sorprende, ya me la imaginaba educando niños con esa dulzura tan suya) y yo tenía la excusa perfecta: regalarle un libro de poemas de Alfonso Jiménez Cabello con dedicatoria del autor (truco que nunca me ha fallado con las chicas, aunque solo quieran ser amigas). De nuevo sus manos de bailarina, en la cocina, cortando rebanadas de crujiente pan francés, cortando tomates y restregándolos por la miga, echando taquitos de jamón encima y rociándolo todo con aceite de oliva virgen...se me hacía la boca agua. Hubiera chupado sus deditos llenos del oro líquido del Sur pero me abstuve. Eso sería muy sexual.
Sentados en su saloncito, comiendo, y bebiendo cerveza sin alcohol bien fresquita charlamos de poesía, porque ella escribe poemas. Yo también escribo poemas. Pero yo soy un juntaletras y ella tiene alma, una delicadeza que riete tú de Marguerite Duras. Me fijo en su pelo castaño y corto, su cara redondita de niña, su belleza andrógina (parece un muchachito griego, de esos que volvían loco de lujuria al viejo y feo Sócrates) y esas sandalias. Ay, las sandalias.
Como siempre que me gusta demasiado una chica yo no paro de decir tonterías. Intento impresionarla. ¿Que no me sirve el rollo de escritor?, pues el rollo de chico sensible. ¿Que no me sirve el rollo de "yo aprecio la belleza interior no la exterior"?, pues sigo alabando su físico. ¿Que no me sirve el rollo de que me ha dejado la novia y desde entonces suspiro y lloro por los rincones como la Zarzamora?, Pues le suelto eso de que estoy buscando a alguien especial y que ella lo parece. Pero vamos, que no hay tu tía. Mucha sonrisita, mucho poner cara de niña buena, mucha cervecita fría pero ella es asexual y yo no tengo valor para ser un eunuco.
Quizá deba emplear otra táctica. La que queda cuando no sabes por donde tirar: ser sincero. Le cuento mis cosas. Entonces ella me cuenta las suyas. Intenta explicarme todo aquello que yo no comprendo. Tiene una voz muy dulce, como aquel profesor que nos leía el "Platero y Yo" de Juan Ramón Jiménez en 5º de EGB, y que llevaba barba y gafas, y tenía una piel muy delicada y pálida, y parecía un imitador del poeta de Moguer. Encima la voz, no podía tener voz de camionera, no.
No, no quiere. No vamos a tener futuro como pareja sentimental. Ni como rollete. ¿De qué manera podría yo convencerla? No podría amenazar con suicidarme porque ella ya sabe demasiado de mí y sabe que soy incapaz, por cobarde más que por otra cosa. Leemos el poema "500 besos" de Alfonso. Ya es su favorito, como el mío. Y ella dice algo así como: "No puede ser, Carlos, no puedes fingir lo que no eres ni yo fingir que no lo eres". Me quedo pensativo. Ella me ha contado cosas de su pasado. Sé que lo ha intentado, tener una historia con un chico como yo. No funcionó. Empiezo a entenderlo.
Nos despedimos después de una amable y deliciosa tarde. Seremos amigos, me ha dicho (la típica frase que nunca quieres oír de labios de una chica guapa) y de camino a mi casa me pongo a pensar. No sólo en ella (imaginándomela desnuda, me gusta demasiado para imaginármela haciendo algo sexual) sino en Oscar. Quien sabe si en aquel entonces habiendo aceptado su propuesta sexual ahora no tendría yo otra orientación sexual. O mejor aún, si hubiera seguido teniéndole miedo al sexo me hubiera convertido en...Asexual. La culpa es de mi prima Nuria. Ese uniforme de colegio de monjas, esos rizos, esa forma de doblar los tobillos, esa risita cuando la pillaba jugando al escondite y nos rozábamos los cuerpos... Ella es la culpable. Porque ella se rozaba, menudos roces... Y como dijo Oscar, el roce hace el cariño. Menudo cariño. El mismo que ahora no me deja estar con Clara. De estar como yo quiero. O sea, justo como ella no quiere. Que difícil es ser un hombre sexual...
Y como dijo ese filósofo y mejor entrenador de fútbol, Cruyff: "Lo peor no es perder sino la cara de tonto que se te queda".
Tomo nota de cada una de tus estrategias (y por supuesto de la de ella)
Te las apañas para conseguir que resulte divertido algo que, en otras manos podría ser "vulgarillo".
¿Qué pasa esta primavera? Después de varios días fríos a destiempo y unas tormentas nada agradables, salió el sol. Con el sol, saqué mis piernas con una mini, muy recatada, para lo que se ve por ahí. Ese día, un ciudadano dominicano, casi me introduce la lengua en la oreja, al decirme :
- ¡Cómo ejtá, mi amol!
A los pocos metros, un conciudadano se me ofrece como esclavo sexual y , encima, pretende pagarme por ello.
Me pregunto si es que mi dorada madurez ha hecho de mí una fruta codiciable, o es que el personal anda " más quemado que el palo de un chorreo".
Bromas aparte, tienes mucha facilidad para la narración, para hacer que me introduzca en tus historias y se me vaya el santo al cielo mientras te leo. Estas aventuras de la vida cotidiana me parecen frescas y divertidas.
Ah, me has recordado a Chus Lampreave en " Mujeres al bordes de..." diciendo:
- Mire usted, es que yo soy testiga de Jehová.
Seguiré leyendo tus historias.
JAJA.
También se dice "más salido que el mango de una sartén"
Freud haría conmigo escabechina:
El palo es del churrero, ¡¡¡y yo he escrito "chorreo"!!!
Madre mía...
La parte que más me gustó fue la de las teorías infantiles sobre la sexualidad, me recordó cuando yo era niño, y pensabamos sobre estas cosas a nuestra manera.
Saludos
Bueno, bueno, bueno, Francesca...:rolleyes: Me estás haciendo tener pensamientos impuros:rolleyes2: Una vez me obsesioné con una madurita (eran mis tiempos de instituto y era la madre de un amigo)...la gran diferencia con las jovencitas es que la madurita tiene un morbo especial...hay como algo más prohibido...más inalcanzable (De hecho uno tiene más miedo a las maduritas, son más difíciles de engañar, te pillan todos los trucos!:rolleyes2:). ..Y en mi tierra se dice "más caliente que el palo de un churrero".:rolleyes:
Me alegro que te haya gustado y tus comentarios son de lo más interesante, me han hecho pensar.:rolleyes:
Gracias, podría escribir un libro sobre teorías infantiles sobre el sexo. No sé si es casualidad o es que en la infancia me tocó relacionarme con los críos más enfermizos de mi generación. Ya lo dijo Freud: la sexualidad infantil es polimorfa y perversa, casi ná.:p
Hey, Nae, eso no vale, búscate tus estrategiasssssssssss:D
Sigo con mis confesiones (tras un fin de semana pensando en Eva...)
MÁS DULCE QUE EL PECADO
Esto no serían unas confesiones de verdad si no confesara un pecado gordo, uno de verdad, de los que a uno le acaba remordiendo la conciencia toda la vida cada vez que lo recuerda.
Sucedió hace muchos años, en Menorca, en Ciudatella para ser más precisos. Yo iba a pasar casi un mes de vacaciones allí, junto a mis tíos y mis primas, no solo quería disfrutar de su compañía sino recordar mis años de infancia en la isla (pero en aquella ocasión residía en Mahón, hoy conocida como Maó)
La culpa en realidad fue de mi prima, omitiremos el nombre, pobrecilla, ella lo empezó todo aunque es bien cierto que yo lo culminé. Ella, rondando las fiestas de San Juan (que por allí son puro libertinaje), me comentó lo de su amiga Eva. ¿Qué amiga Eva? Ah, si. La vi un día en la playa, a las dos juntas, en bikini. Una chica delgadita, pálida y de cara más fea que el culo de un mono. Si, Eva, ella. Mi prima, que tiene tanto corazón (como poca cabeza), me empieza a decir que Eva está muy acomplejada, que nunca ha estado con un chico, que en la discoteca los tíos se burlan de ella...Y como veo por dónde va empiezo a negar con la cabeza. "Anda, venga, sé bueno ¿qué trabajo te cuesta?" Y la miro atónito. Esta niña es un caso. Bueno, tras un par de horas dándome la paliza empiezo a pensármelo y decido una cosa (el inicio de mi pecado, por desgracia) "Dile a Eva que me gusta, pero que yo tengo novia en Córdoba, ¿vale?" Que error más monumental. Y mi prima por fin es feliz, no sabe hasta dónde ha metido la pata, pero aún la meterá más.
Cuando más tranquilo estaba, esa tarde, empiezo a recibir mensajes. Son de Eva, la chica fea. Busco a mi prima, a pedirle explicaciones. Cuando la localizo en su dormitorio escuchando a la puñetera Britney Spears (está muy buena pero no sabe cantar, por cierto) le pregunto qué significan los mensajes. Y mi prima que se rie traviesa (y espera que me lo tome bien) me confiesa que no sólo le ha dicho a Eva lo de que me gusta, sino que le ha dado mi teléfono y ha concertado una cita en el Parque de los Pinos (!!)
En aquel momento estoy a punto de desheredarla. Me niego a contestar al Móvil, lo apago, quedan un par de horas para la cita. Mi prima es la culpable de todo. Yo soy inocente como el niño Jesús. Las mujeres te lo dan y las mujeres te lo quitan. Que hartón de las mujeres.
Quiero olvidarme del asunto, olvidar que una chica fea ha sido engañada y ahora está ilusionada con una cita que no existe con un chico además que piensa que es más fea que el culo de un mono. Empiezo a sentirme mal, culpable, odioso, un cabrón, vamos. Mi prima me persigue, insiste en que debo acabar la buena obra. Que Eva se merece una cita, que tiene, urgentemente, que estar con un chico. Madre del Amor Hermoso.
Entonces sí, empiezo a pensar, por fin, como un hombre. Vamos a ver, la chica es fea, de acuerdo, pero en bikini he creído ver un culito respingón y las chicas pálidas tienen cierto morbo para mi. Y ya se sabe lo que dicen de las feas, que a falta de belleza se esfuerzan más, que se entregan más, que mientras la guapa lo tiene todo ganado de antemano las feas se lo tienen que ganar...y saben ganárselo. En fin, estoy pensando como un cerdo. Mis principios se están yendo por el sumidero. Yo que tanto he odiado a ese tipo de hombre ahora me estoy convirtiendo en él. La culpa es de mi prima, pero yo empiezo a construir una nueva culpa: la del aprovechado.
Estoy en una encrucijada. Si no voy a la cita soy un cerdo y si voy lo soy aún más. En mi mente hay una chica desesperada, necesitada. Y yo, estoy pensando en un posible rédito carnal, en aprovecharme, en fantasear que una oportunidad así nadie la iba a desaprovechar.
Salgo a la calle, espero que la brisa del paseo marítimo me aclare las ideas. Estoy pensando demasiado con el aparato reproductor. Pero es que la única manera de inspirarme es pensar en la playa, en los bikinis. Porque la chica es fea. Fea de cojones. Y tengo que ir a la cita. No puedo ignorarla, no puedo dejarla tirada como una golosina que no quiere nadie.
Vale, ya es casi la hora, enciendo el móvil y está lleno de mensajes. La llamo, a Eva, le pongo una excusa tonta, confirmo la cita, me voy hacia el Parque de los Pinos. Ya ha anochecido. Está sentada en un banco, me está mirando. Llego y me siento. Más cerca. Me mira, cruza las manos. Está claro que yo voy a tener que llevar la iniciativa. Unos saludos de rigor. Algo sobre el tiempo y la calor. Un comentario sobre las fiestas de San Ju...y, ea, estamos besándonos. ¿Qué le habrá contado mi prima que yo aún no sé?
Eva me está haciendo una limpieza bucal gratis. ¿He comido algo con cebolla? Que más da. Debe ser cierto que no ha estado con ningún chico porque es horrible besando (y yo soy tonto pensando que hay alguna técnica en esto del besarse, del morrearse), por fin un descanso, un respiro. Ella me mira, como una niña. No sé qué decir. Ni dónde poner las manos. Otro beso, venga, hala, que se nos enfria la comida. Esta vez trato de imponerme, pero Eva tiene una fuerza sobrehumana. Serán las hormonas. Esta vez la cosa sale mejor. Empiezo a pensar que no es tan fea. Empiezo a pensar que si le pone tantas ganas a un morreo cómo será la chica en la ca...No, no seas cerdo, que tengas la lengua de ella haciendo sonar tu campanilla no te da derecho a imaginar cosas que...¡Madre mía, se me acaba de ocurrir! Una idea genial: le toco una teta, ella se ofende, me de una bofetada y se va a su casa (luego le contará a mi prima que soy un cerdo, un aprovechado)
Vaya, pues no, le estoy cogiendo una teta y no pasa nada. ¿Tendré que cogerle las dos? Lo hago y peor, parece que la cosa está empeorando (o mejorando, según se mire). Me está tocando ahora ella a mí y yo no tengo tetas. Se para un momento y me dice "¿Lo estoy haciendo bien?" Y yo me quedo perplejo. Claro que sí, debí contestar. Pero en vez de eso otro morreo. Ya no es la chica fea, estoy percibiendo su calor, sus ganas, su deseo. Ella percibe el mio, es claramente evidente.
No sé cuanto tiempo ha pasado. Dos, tres horas. Nos hemos despedido a duras penas. Tampoco hemos hablado mucho. Ella se fue con media sonrisa soñadora. Yo empiezo a tener un terrible dolor en la entrepierna. Mucho precalentamiento pero ningún aria de Pavarotti. Eso no es bueno para un hombre en la flor de la vida...
Paso la noche pensando en Eva, la chica fea. La posibilidad imposible. Hemos quedado para el día siguiente. He dicho que se ponga falda, es un error de principiante llevar pantalones para magrearse en un parque. Mi sabiduría la desconcierta. A todo me dice que sí. De nuevo aparece el hombre-cerdo. Por fin una mujer con la que no te va a costar nada hacer lo que uno quiere hacer cuando no hay nada mejor que hacer.
Segundo día. De nuevo en el Parque de los Pinos. El crepúsculo murió pero no tenemos tiempo para poemas y arrumacos. Hemos venido a lo que hemos venido: a calmar la soledad con la carne. Morreos, toqueteos. Todo va demasiado bien. Es hora de dejar el banco, de irnos al rincón oscuro. Dónde las parejas se confiesan amor eterno y tras la agonía del orgasmo no recuerdan quién se declaró a quién, y mi madre es mi madre y a tí te conocí en la calle.
No entremos en detalles escabrosos. No hay que escandalizar a la buena gente. Pero lo que hace una pareja en un rincón oscuro de un parque es sagrado y no se comenta. Sólo allí pasan cosas que uno piensa que nunca pasarán en otro lado. Me quedan tres semanas de vacaciones. Se lo digo a Eva, porque quiere quedar al día siguiente, claro. No puede hacerse ilusiones. Yo tampoco. Hablamos esto mientras buscamos sus bragas, que se han perdido entre la oscura hierba.
A ella no le importa que tenga yo novia en Córdoba (cosa que me inventé, claro, aunque no sé si mi prima se lo dijo al final), ni le importa que apenas hablemos. Tampoco le importa mucho encontrar las bragas. De hecho perdería dos más en la próxima semana. Lo que importa es que quedemos en el parque muchas veces. Que cada vez sean más horas de lujuria. Que cada día que pasa me está rompiendo el corazón. Que sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas. Que la chica fea sigue siendo fea pero que su carne ha terminado con mi soledad. Que un día me fui y ella se quedó allí, esperando mi regreso. Que nos cogimos la mano el último día como dos enamorados y que aquel día no fuimos al parque porque no teníamos el cuerpo para revolcones.
Eva, perdóname. Tú sabes que a nuestro modo nos quisimos. Que la carne llama a la carne y hasta que ése es un amor, un tipo de amor, el deseo. Desear a alguien más que a nada en el mundo en el delirio de la carne, de las caricias, de los besos. Quiero creer, pero no creo, que me porté mejor de lo esperado. Que no fui un aprovechado. Que no soy como los demás hombres. Que las cosas suceden por alguna razón.
Espero, de verdad, que algún día me perdones. Pero también espero que nunca me olvides. Yo nunca podré hacerlo.
"Siendo niños estábamos agradecidos con lo que nos llenaban los calcetines por Navidad.¿Por qué no agradecimos a Dios que nos llenara los calcetines con nuestros pies?" (Gilbert Keith Chesterton).