Era una mañana oscura, llevaba tres noches sin dormir. Salí a la calle a dar una vuelta a ver si me despejaba, tenía la katana guardada en el pantalón. Crucé la calle en dirección al trabajo, sabía que mi jefe me iba a echar la bronca por llegar tarde. En el momento de cruzar la calle, una señora mayor pasó a mi lado, cuando la miré por segunda vez un atracador estaba tirándola del bolso y golpeándola. En aquel momento salió con una fuerza sobrehumana el giri de mí, tenía la obligación de detener esto. Sin dudarlo, saqué mi katana y le partí la cabeza en dos. Los transeúntes temblaban de terror. Y en aquel instante comprendí que acababa de hacer una tontería ya que el giri me obligaba a matar a una persona más, a un asesino, es decir, a suicidarme. Por seguir con esto de las costumbres del Japón lo que hice fue abrirme las tripas en canal, lo que se llama harakiri. La policía se quedó sorprendida, aquel día me convertí en leyenda. Se me conocía como kira, tanto por ese famoso libro medieval que nadie había leído, como por la serie Death Note. A mi tumba un niño fue a llevar un peluche de L, por si hacía justicia conmigo.
Comentarios
No termino de digerir tu relato, no entiendo las claves que nos das, seguramente falta de costumbre en este género tuyo que no sé como definir. Ya sé que quienes escriben no deben explicarse ( lo hacen sus escritos por ellos)...esperaré a ver que otra aportación, cuento, locura, magia, aberración o alquimia nos cuentas la próxima vez.
Un abrazo de bienvenida.
PD: Haz caso a tu "giri" y tómate esos cinco segundos. O lo que hagan falta.