Agosto de 1936.
Tengo 14 años, sólo 14. Apenas una década y casi un lustro más. Muchos años para un perro; demasiados para un pájaro.Pocos para un hombre, bueno, para un hombre en ciernes.
Después de la euforia de las elecciones del 31 y de la instauración de la República, vinieron los altercados, los tiroteos, las revanchas.
Me sacaron de la escuela de los Capuchinos donde cursaba el bachillerato. Murieron mis profesores. Soy ateo - ¡ que mi madre no se entere!- pero quería a mis profesores, aunque fuesen frailes.
¡Adiós a mis sueños de ingeniero!.
Hoy, en un caluroso día estival, he visto desde el ventanuco de la buhardilla - de nuevo, ¡ que no se entere mi madre! - cómo entraban los nacionales del general Mola. Con ellos avanzaban unos extraños y terroríficos moros de las tropas auxiliares africanas. Mi padre se ha escondido en casa y ha quemado el carnet del partido.
Mi madre llora: mi hermano Paco, el mayor, está en el frente. Juan ha caído en manos de los nacionales cuando lo encontraron en retaguardia. Para postres,i mi hermana mayor y mi cuñada están preñadas!
Empacamos nuestras cosas a toda prisa. Mi padre me ha dicho:
- Ramón, ¡nada de libros!
Escamotearé alguno en mi petate.
Comentarios
Y, entre el terror y lo imprevisible de aquellos días, el amor a la lectura a salvo.
Mi felicitación.
Saludos.
Yo no soy 'La hija del caníbal' , sino 'la hija del Chamán'.
Él despertó mi amor por los libros y por la literatura. Él me hizo volar a otros mundos y a otras épocas. Él me capacitó para entender la Historia como la Vida.
Él , un día, se marchó si hacer ruido...y escribir sobre los acontecimientos de su historia personal me lo devuelve cada día.
Se trata de un diario. Escribiré, siempre que pueda, una entrada por jornada.
Excelente relato. Mi felicitación por la sutileza de tu prosa con la que expresas el escepticismo histórico-político, y el valor que para ti tienen los libros.
Te seguiré leyendo. Me gusta el mensaje del relato.
Saludos.
"Pues Calima ha hecho que te lea el relato.
Me ha gustado. Y eso que dices que se trata una adaptación de una historieta narrada lo hace mucho más interesante.
Ojalá publiques más relatos de la Guerra Civil. Sabes darle es énfasis de agobio, como si fuera verdad que entran tropas."
me pongo al día y continuaré la historia.
Una crónica de uno de los terribles días de nuestra historia. ¡Muy buena!.Con un ágil estilo periodístico revives momentos dolorosos,arbitrariedades cometidas por el odio al contrario...Y, a pesar de la situación, el bello sentimiento de salvar los libros junto con la vida.
Mi felicitación.
Saludos.
Agosto de 1936
Mamá llora sin parar. Lo cierto es que se ha pasado triste los últimos 5 años. Ella, tan piadosa, ha sufrido mucho por los desmanes del Frente Popular, y también de los otros, de los del brazo en alto. Y ella, que no es ni roja, ni azul. ni 'ná', teme por todos porque tiene amigos de todos los colores.
Mi madre es menuda de cuerpo y bonita de cara, con unos inusitados rasgos eslavos.¡Qué tierra esta en la que todos son recibidos como hermanos! Yo he heredado sus pómulos y el cabello como la paja de la era. De mi padre son mi estatura superior a la media, la nariz recta y los ojos claros.
Él, un socialista militante, hizo borrar en abril de 1931 el blasón de sobre nuestra puerta y suprimió - con alguna propinita que otra- el nobiliario "de" que precedía a nuestro apellido.
Mamá reza sin parar. Reza por los muertos y reza por los que aún vivimos. Es tan buena, tan generosa, que todo el mundo la quiere. Y dice que - tal vez- eso nos salve un día la vida. Mi padre, por el contrario se ha hecho con algún enemigo.
Yo era un niño de casi 9 años aquel mes de abril del 31. El maestro, García- Prieto, nos sacó del colegio. Formamos una fila y ,cantando, llegamos al colegio electoral. Teníamos que votar para echar al Rey. No habíamos visto nunca al Rey, que no había tenido la ocurrencia de asomar por aquí. Yo pensaba que debía de ser una especie de "Hombre del saco" cando mi Maestro y mi Padre deseaban que se fuera. Mamá meneaba la cabeza , diciendo para sí: "Pobrecita Victoria Eugenia".
Hasta hace unos días ha vivido en casa una monja, tía de Mamá. La sacaron de las Descalzas para que no la matasen los del Frente Popular, como a mis frailes.
La sala baja se transformó en clausura, vedada a los hombres de la casa - 8 nada menos- pero yo , que sólo soy un cachorro, a veces me colaba de rondón en aquella especie de santuario. Nunca hubiese dicho que era monja ya que vestía de paisano, de no ser por su cabeza rasurada. Me acostumbré a entrar con sigilo y me sentaba en un rincón adormecido por el sonsonete del rezo del rosario.
Pero ya se ha ido.
-Han llegado los míos- nos dijo.
¿Qué somos , entonces, nosotros qe la hemos acogido y dado nuestro pan de balde? Ahora somos "los otros", los rojos. Por eso Papá dice que tenemos que escaparnos.
Saludos
Me alegro de que ya tengas tus alas(me acuerdo de '¡Qué bello es vivir! ', de Capra); tienes nombre de arcángel.
Comencé en Microrrelatos y explico cosas:
Mi padre, Ramón tenía magia cuando nos narraba los acontecimientos que le marcaron desde los 14. Yo crecí con ellos.
Es la historia de mi familia que narraré en forma de diario.
Hasta dónde llegaré, lo desconozco. Estoy dejándome llevar por la magia de mi padre, "El Chamán que convocaba las sombras del pasado"-
Agosto, 1936
Papá se ha atrevido asalir a la calle y ha traído noticias frescas. No es Mola el general que ha ocupado la ciudad, sino Varela. Mi padre parece angustiado.Pero yo pienso: ¿Qué más dará un general que otro? Todos son perros con el mismo pelaje.
No podemos irnos todavía. Mi hermano Pepe ha desertado.Nunca fue un hombre de mucho ánimo. Juan tuvo un accidente cuando era conducido al campo de concentración que los nacionales han montado. Ahora está en el hospital custodiado por soldados.¡Ni que mi hermano fuera un sujeto peligroso!
¡Pobre Juan que ha nacido para la bulla y la jarana! ¡Cuántos quebraderos de cabeza le ha traído a mi padre desde niño! ¡Cuántas lágrimas derramó mi madre en sus noches de calaveradas!
Recuerdo una de sus "juanadas", como llamamos en casa a las hazañas de mi hermano:
Mi padre, un caballero andaluz, serio y orgulloso, había ordenado a su hijo más díscolo que regresara a casa " entre dos luces". Me gusta la manera barroca y hasta poética que tiene él de expresarse. Esperaba -¡qué iluso!- que Juan se recogiera a una hora decente.Avanzaba la noche y toda la familia guardaba en cama una vela forzosa y angustiada. A las claras del día, Juan aparece. Padre corre raudo para cantarle las 40 al pródigo. Algo hace que se detenga en seco. Todos, grandes y pequeños, contenemos el aliento. De repente, un sonido inesperado nos deja a todos helados, en suspenso.¡Papá ríe! Ríe a mandíbula batiente. Mi padre que, por culpa de su mala dentadura apenas sonríe, ahora se carcajea mostrando los huecos en sus encías. Ese cacareo desacostumbrado, nos impele a todos a reunirnos en el zaguán. Mi hermano, con la nariz enrojecida y con el sentido del equilibrio sospechosamente alterado, ha aparecido con dos bujías entre sus manos, cual un par de cerúleas orejas.Hipando, con gangosa voz sentencia:
"Padre, tiene que estar usted contento porque "he llegao" entre dos luces."
Así es nuestro Juan, querido por todos, pero inconstante y perezoso.
Mamá no permitirá que nos marchemos mientras que su vida corra peligro.
Pepe es harina de otro costal. Nadie se explica a quién ha salido ese niño.Es astuto y taimado. En él, la guasa típica de la familia se torna en ironía y en sarcasmo desabrido. Al huir sin avisar a Madre, la ha afligido tanto que nuevas arrugas marcarán de por vida su rostro ebúrneo y hermoso.
Padre comprende, pero no descansará hasta que ponga a salvo a su familia, al menos a las mujeres y a los niños.
Agosto, 1936
Hoy es la festividad de san Ramón Nonato. Mi cumpleaños y mi santo.
Y tengo 14 de verdad, aunque llevo meses presumiendo de esa edad.
Hace mucho calor. Y yo no puedo salir.
Me paso la mañana leyendo en la ventana de la sala baja, ya vacía de la cangreja ermitaña, de la monja ingrata.
Siento hablar así de ella. Pero si no lo digo aquí, en mi diario, reviento y la hiel se me esparce por el cuerpo.
Me siento como un león en una jaula. Como si me hubiesen cazado en la sabana, pero sin un Tarzán que me salve.
No puedo escapar de aquí, así que me tiendo en el suelo para sentir el fresquito de las losas de cerámica, y leo, y leo, y releo.
Me acompañan Ivanhoe, Miguel Strogoff, el Profesor Riventropff, Sandokan...y me dejan largarme con viento fresco tras ellos.
Perdonadme, no suelo hablar así.
Pero es que hoy es mi cumpleaños y no hay merienda en el Nacimiento de la Villa, ni regalos, ni melindros mojados en chocolate, ni...
Mi madre me había prometido que hoy me pondría ya pantalón largo, pero no ha podido comprármelo.
¡Cómo odio estos bombachos de niño! ¡Cómo odio a los nacionales, a Varela y a los moros!
Mi madre me daría con el canto de la mano en la boca si me oyese hablar así.
¡Ves! Ya me he arrepentido. Pero es tarde.Y, remedando a Pilatos digo:
'Lo escrito, escrito está'.
Sigues manteniéndome el interés. Aunque lo que relatas, como dices son vivencias noveladas de tu familia, y no pretenden ser historia, da una idea de la situación en la que otras muchas familias se encontraron.
Mi felicitación.
Un placer encontrar relatos con calidad literaria y humana. El primero me fascinó y este también me gusta mucho; menos dramático, con una anécdota en la que el corazón descansa permitiendo una sonrisa que relaja la tensión del momento que nos relatas.
Yo leo más poesía que narrativa y escribo casi exclusivamente poemas o prosa poética, pero me asomaré por aquí para leerte.
Mi felicitación.
Al seguir leyendo y no haciendo comparaciones ni mucho menos, me recuerda cuándo leí el Diario de Anna Frank, porque escribís de primera mano, las vivencias de una familia en plena guerra.
En todo caso, el tuyo me gusta más, por la sensillez con que describes las escenas.
Saludos.
Bueno,como suele ocurrir en todos los diarios, esta página me parece amable, pero menos intensa. No todos los días se viven sobresaltos y esta parada en el relato le da naturalidad aunque, para mí, decae el interés.
Te sigo leyendo.
Saludos.
gracias por tu aportación , la tendré en cuenta.
Yo soy nobel en estos pagos literarios.
Hasta que la familia huye - o lo intenta- del horror de la Guerra, hay n impasse de unos 5 meses.
¡¡¡Estoy aprendiendo muchísimo!!!
Gracia- s
Saludos.
OCTBRE 1936
Hace mucho tiempo que no vengo por aquí. No he tenido tiempo porque Papá me ha dado muchas responsabilidades. He releído lo último que escribí, y me he sentido extraño y avergonzado. Aquello lo escribió un niño que caminaba a trompicones, cerrados los ojos, por su mundo egoísta e infantil. Me quejaba por no tener regalos, por no ir de merienda al Nacimiento de la Villa, por mis ridículos pantalones bombachos, porque no sabía, ¡o no quería saber! y me empeñaba en aferrarme a mi vida de antes. Esa vida ya no existe. El tableteo de las metralletas y el rugido de los motores se la llevó, convertida en humo.
Esa mañana, la de mi metamorfosis, se respiraba un aire enrarecido en casa. Hemos desayunado torrijas, falsas, porque el pan estaba rancio;), no había casi leche y mi madre ha estirado un huevo para 10 personas.
No estamos acostumbrados a los rigores del hambre y la escasez. No éramos señoritos, pero vivíamos bien. No éramos más ricos por "culpa" de mi madre que siempre ha tenido rotas las manos con los pobres. No éramos ricos por "culpa" de los ideales socialistas de mi padre. Tenemos la desgracia de ser como nuestros progenitores: generosos e idealistas. O tal vez, sólo somos ilusos e ingenuos.
Teníamos un taxi que nos requisó el frente popular el 20 de julio.( ¡Qué atrás quedan esos días y han pasado apenas 3 meses!). Tenemos un camión con el que Juan llevaba a mi padre por los pueblos a comprar fruta, para venderla en los colmados de la ciudad.¡Qué buenos tiempos aquellos cuando los acompañaba durante mis vacaciones escolares!Disfrutaba del sol y del aire puro y del contacto sano con la gente del campo. Además, yo también llevo dentro el diablo de los motores. Mamá dice que sus hijos tienen gasoil en lugar de sangre en sus venas. En la cuadra también está la yegua de mi padre. Ambos, yegua y camión están a buen recaudo. El camión,nuestro pasaporte para el éxodo, escondido de los soldados. La yegua, porque si nos la pillaran por banda, acabaría en la barriga de nuestros vecinos. Tenemos dos casas, una en el centro, otra en el barrio de S. Pedro. La del Centro está cerrada, de momento, por su cercanía a las fuerzas vivas de la ciudad. Papá se eclipsa, no quiere que nadie lo señale como rojo declarado.
Antonio y yo nos hemos peleado por un quítame allá esas pajas.
-¡Te has comido una de mis torrijas- espeté a mi hermano.
- ¿Yo? Ya está éste dándoselas de listo.
Mi hermano sabe lo que eso me molesta. Y yo, lo mucho que le fastidia mi amistad con los frailes y que hiciese de monaguillo.
-¡Cállate, y déjame tranquilo!
- ¡Cállate tú, que ya no tienes a tus frailes para que te defiendan! Comunista de pacotilla - grita Antonio en un arrebato de furia.
Nos enzarzamos en una pelea, como gatos callejeros. Mi padre nos coge a cada uno del cuello de la camisa y nos levanta. Papá es un juez formidable, todos le tememos, hasta Paco, que ya es padre de familia.
Pero Papá no dice nada. Abre la puerta de la calle y nos lleva con él. Su silencio es mejor correctivo que un sopapo. Vamos a la plaza de toros. Todos los meses de agosto habíamos ido a chiqueros a ver desencajonar a los morlacos. Todos menos este infausto agosto. Mi padre nos lleva a chiqueros, por la parte de atrás.Por delante, vigila la guardia civil. Nos insta a auparnos a un murete y miramos, Y vemos. No hay toros encajonados, sino hombres. Son vecinos, a algunos los conocemos. Al menos hay un centenar, fuertemente vigilados. Unos pocos duermen en las gradas de piedra de los tendidos. El albero está teñido de sangre en un burladero. ¿Sangre sin tardes de toros?
Fiat lucem. Pero esta luz no era buena.
VI
Octubre, 1936.
Hemos regresado a casa en silencio, cabizbajos y taciturnos. Antonio se ha ido derecho a la cama. Yo me he hecho el encontradizo con mi padre. Él se ha dado cuenta, aunque no diga nada.
-Ayúdame a cepillar a la yegua, niño - me ordeno secamente él.
-Papá,¿puedo preguntarle? ¿Aquellos hombres de la plaza de toros van a...?
- Sí, Ramón -me interrumpió él y si no tenemos cuidado, yo seré uno de ellos.
-Padre, yo quiero ayudarle,¿ qué hago?
- Tú no puedes volver atrás el tiempo. No puedes pararle los pies al Frente Popular para que no derramen sangre. No puedes detener a Varela y a los moros. No podemos. Pero me ayudarás.
-¿De verdad, Papá? ¿Cómo?
-Sé hombre. No pienses en ti, piensa en tu familia. Escríbete en la frente que tienes que mantenerlos vivos a todos y unidos. Yo ya te iré diciendo.
Con un gesto mi padre me despidió. Jamás le había escuhado tantas palabras seguidas. Me fui a la cama y Antonio y yo nos abrazamos, Lloramos, por última vez, como niños.
VII
Octubre, 1936
La retaguardia republicana está aquí, a unos pasos. Los tenemos en el Valle de Abdalajís, en la Sierra, en Álora, en Gobantes, en el mismo pantano de El Chorro. Pero no pueden hacer nada. Antequera es una joya deseada por ambos bandos.
Como siempre.
En nuestra Vega tenemos vestigios de la codicia humana - ¡tan humana!- por sus negras y fértiles tierras, por la belleza de los parajes y el misterio del Torcal. Aquellos antepasados nos legaron sus enormes piedras. Frenicios, romanos, visigodos, moros, cristianos ... dijeron en sus lenguas !Que nos salga el sol por Antequera!
Ahora, se pelean por ella nacionales y republicanos. La quieren porque es la puerta que abrirá paso franco a Loja y a Málaga, o que - para los rojos- mantendrá parte de Andalucía bajo la disciplina tricolor.
Pero ¿y nosotros? ¿Quién se preocupa por nosotros, por las gentes, por los ciudadanos?
He pasado mucho miedo. Me ha corroído la ira. He visto cosas que me han hecho desear matar. He envejecido, de golpe, porque el conocimiento es una carga demasiado grande.
El 16 de agosto cayeron 50 bombas sobre la ciudad. Resultado: 6 muertos.
¡Qué pocos!, ¿ verdad? Un fracaso para los republicanos; un motivo de burla para los de Varela.
6 vidas truncadas, acabadas, finiquitadas, caput, a criar malvas.
Han seguido los bombardeos y nos hemos quedado sin agua.
Mis sobrinos de 2 y 3 años se esconden gritando debajo de la cama cada vez que una puerta golpea , movida por el aire, o el escape de un camión petardea. Mi cuñada estuvo a punto de abortar. Mi Padre no duerme ni descansa.
En medio de tanto horror, de tanto dolor gratuito, una puerta a la esperanza y al futuro. Los niños que corretean por la casa, que nos llenan de alegría cuando les hago cosquillas en sus redondas barriguitas - todos mermamos nuestras raciones por ellos- , cuando se sientan conmigo a que les cuente cuentos inventados por mí. Eso me ayuda a no dejar de ser yo, a no dejar de imaginar, de inventar, de volar libre más allá de las trincheras y de los alambres de espino.
Y hemos hecho un descubrimiento: mi hermano Antonio. Es 3 años mayor que yo, pero parecemos gemelos. Juan , él y yo, somos como mamá. Nos llaman los polacos. Paco, Pepe y Pedro tienen el físico de Papá.
Antonio estaba siempre en una tierra de nadie: no tan gracioso como Juan, ni tan listo como - dicen los demás- que soy yo. Pero ahora, se ha convertido en la sal y la pimienta de la casa. Nos hace reír a todas horas con sus chascarrillos y los últimos chismes cazados por los mentideros. Bromea, siempre alegre, aunque yo sé la verdad. No en vano, dormimos en la misma cama, y comparto con él un insomnio silencioso.
Y tan verdad, que Málaga fue machacada en la guerra.
Sigamos atravesando el reloj del tiempo y averiguemos que le pasa a Antonio.
Antonio era "El Pronto" para las mujeres de la casa, que no pisaban la calle en aquellos días inciertos. En seguida llegarán la caída de Málaga, la batalla de la carretera de Málaga- Almería y el éxodo...Francia.
Nos vamos viendo, Dragoncito bueno.
Gracia- s.
Para facilitar la lectura, podrías escribir con letra algo más grande, y separar los párrafos con doble espacio para que el texto no quede tan abigarrado.
Saludos.
Gracia- s
VIII
Diciembre de 1936
Esta es nuestra primera Navidad de guerra. Algunos optimistas, o más cercanos a los nacionales, dicen que será la última. Nosotros , los "otros", los sin nombre, tememos que nos esperan años de guerra.
Los bombardeos no han cesado. El día 22 cayeron 5 bombas. Todas sobre la Estación , la vía férrea o los depósitos de combustible. Pero apenas pegaron nos mordiscos en la panza del Gigante. El ejército legal hace lo que puede. Sin embargo, todos sus esfuerzos parecen en vano y los rebeldes, los insurrectos, cada día son más fuertes. Los nuestros se repliegan y Málaga peligra.
Antonio recaba información pero nunca nos revela sus fuentes. Sabe que han traído refuerzos de Melilla, más tropas regulares, más moros . Sabe dónde están los tricolores.También ha traído para mamá un regalo de Navidad inesperado: una carta de Paco. Está bien de momento, que quiere decir en realidad "vivo de momento". A Mamá le temblaban tanto las manos que hemos tenido que leerle la carta nosotros.
Ha pasado algo que nos ha erizado el cabello,y no por lo inusual. Todos sabemos lo sensible que es mamá. La hemos visto rezando en éxtasis -o casi-, ella le llama sus "arrobamientos". A veces, ha salido de casa sin dar explicación alguna y la hemos seguido hasta el cementerio. Allí ha buscado una tumba en concreto, a veces de las olvidadas y roídas por el tiempo, y se ha parado a rezar ante ella, porque "sus muertitos" se lo rogaban.
Mamá se ha desmayado como en un ataque temblando, con los ojos en blanco. Al regresar con nosotros ha pronunciado un críptico mensaje: "Paco, tren, hambre, perros, ¡Muerte!"
Nos ha sobrecogido un silencio sobrenatural, pero nadie se ha atrevido a preguntar nada. Mamá parece taciturna y cansada y en un acuerdo tácito , nadie va a contar nada a Papá.
IX
Enero de 1937
Los Reyes este año pasaron de largo por nuestra casa. Pero los pequeñines no lo saben. Con una lata de conservas, fabriqué un coche para el mayor. Y con una rama del naranjo de mamá, tallé un silbato para el pequeño, cosa de la que me arrepiento, porque nos taladra a todos los oídos con ese sonido agudo y extemporáneo.
Mamá sigue silenciosa y nos rehuye. Su mente se ha replegado a un lugar donde ninguno tenemos paso franco Papá cree que se debe a que está débil porque apenas come nada. Nosotros conocemos su secreto .
Papá sale poco de casa y somos Antonio y yo los que nos movemos por la ciudad en su nombre. Ha malvendido el negocio familiar en nombre de Papá para obtener dinero Nacional. El otro, el de la República ya no vale ni el papel en el que está impreso. Pero papá lo guarda.
Mi hermano me está haciendo olvidar todos los rencores de la infancia, todas las veces que se burló de mí, cada ocasión en la que estrenó mi ropa o me escondió los libros para oírme gritar.
Es que Antonio ha logrado hacer reír a Mamá.
Ella nos envió al lavadero con las preñadas, para ayudarlas con el peso de los lebrillos, de las tablas y de la ropa. Nos reíamos de ellas, de sus andares torpes, de sus anadeos, para resarcirnos de la humillación de ser tratados como niños. El lavadero es el reino de las mujeres y nunca vuelves allí cuando te conviertes en un hombre.
Yo soy muy inocente, muy idealista y dado a los libros. No sé nada de mujeres ni de cosas del querer, no como mi hermano, que presume de haber hecho 'ya... bueno lo dejo. Entramos en el lavadero detrás de ellas y dejamos la carga donde nos ordenaron. El ambiente era bullicioso y mujeril, por eso, no veía la hora de irme, para leer fuera el libro que llevaba en el bolsillo, "La Divina Comedia". Antonio, sin embargo, estaba en su ambiente, charlando con unas y con otras, y riendo y bromeando. Para mi gusto, se tomaba demasiadas confianzas.
Me quedé un poco apartado, pero vi a na mujer mayor, tal vez de 25 años, mirándome. Me sonreía. Y me ponía ojitos tiernos. Yo me quedé quieto como un guardacantón. Empezó a lavar sobre la tabla y sus...-¡ay, Dios!- rebotaban con sus movimientos. El pelo se le pegaba a la frente por el sudor. La falda se le había arremangado al sentarse y vi sus piernas marmóreas, como de estatua. Ella sabía que la falda estaba subida y sabía que la estaba mirando. Algo extraño se removió en mis ijares, algo que sentía por primera vez.
Salí corriendo y escuché risas a mis espaldas. Esperé fuera a que salieran las mujeres de mi familia. Mi hermano silbaba y me dio un coscorrón al pasar a mi vera:
'-¡Tonto!, ¿cuándo vas a aprender? Ya no estás con los curas.'
Llegados a casa, Antonio nos reunió alrededor de la mesa de la cocina.
'-¿Sabéis qué le ha pasado a M.T. , el de la Huerta de la Vega?'
'¿Qué , qué?', dice Carmelita, mi cuñada, muy dada a los chismes sabrosos
'- Antonio'- tercia mi madre- '¡que es mi pariente!'.
'-¡Ja, ja!'- ríe mi hermana Socorro, que estaba con mi hermano mientras referían la anécdota.
'- Resulta que el hombre vendió una piara de cerdos con su socio, y sacó un buen pellizco. Ya sabéis que su mujer es pequeña, pero una fiera.'
'-Sí'- responde mi cuñada-" la pimienta es chica y pica".
'- Pues resulta que los dos no tienen otra cosa que irse a una casa de...'
'-¡Antonio!, modérate!'- le espetó Mamá.
'-"...de trato", una que está en el barrio de S. Juan, casi a las afueras, a gastarse en..., ¡vale mamá!, en divertirse, parte del dinero. Tres días después, su mujer salió de la huerta; atravesó el camino de la Estación; pasó los controles, aunque la Guardia Civil le echó el alto; recorrió todo el pueblo; llegó a la casa de... trato y entró.'
'-¡Menuda mujer, qué valiente!'
'-La dueña de la casa Doña Carmen...'
'- ¿Cómo sabes tú su nombre?' - pregunté yo con fingida inocencia que me valió un coscorrón de mi hermano y un pescozón de mi madre.
'-Después hablaremos tú y yo, Antoñito'- amenazó ella.
'- ¡Enano bocazas!'- añadió mi hermano- 'La dueña intentó impedirle el paso, pero ella estaba hecha una furia. Fue abriendo puertas , una tras otra, mientras decía: <- Perdón, Don Fulano. Lo siento Don Zutano. A mandar, Padre Tal>. Hasta que dio con la habitación donde su marido, en cueros vivos...,'
'-¡Baja la voz!'- terció mi hermana , mirando a las criaturas que jugaban en el suelo, cerca de los mayores.
-'...en cueros vivos se... relacionaba con una de aquellas señoritas.'
Yo, vivamente interesado en el tema después de mi episodio del lavadero , pregunté:
'- ¿Y qué hacían?'- con lo que me regalé con un nuevo pescozón de mi madre que los repartía como los frailes del convento.
'- Entonces ella, agarró de la oreja a su marido, y eso que le llega por el sobaco. Y lo arrastró en cueros por todo el pueblo, delante de los señoritos del Casino y de los Civiles del control. Y así, como su madre lo echó al mundo, lo llevó hasta su huerta. Dicen que lleva una semana sin salir de allí.'
Todos guardamos silencio esperando a ver la reacción de mi madre, tan piadosa como es ella. Y de repente vimos cómo las lágrimas le corrían por las mejillas. Lágrimas de risa, de alivio, lágrimas que disipaban por un tiempo todos sus temores.
Amparo,
he parado la historia para documentarme, pues mi padre, buen narrador, no nos proporcionaba datos concretos sobre fechas. Soy persona amante de hacer bien - en la medida de lo posible- las empresas que acometo. Además, mi padre no se merece lo bueno, se merece lo mejor. Si no calidad literaria - de mi propio mérito desconfío- si, al menos, un trabajo concienzudo, como de hormiguita.
Quiera Dios ayudarme, ya que mi padre está con Él - eso quiero creer- a hacer algo digno de ese hombre que supo ser grande en las pequeñas cosas de la vida y que me enseñó con su ejemplo ( tuvo amigos de derechas, de los mismos que convirtieron a su familia en refugiados y apátridas) a perdonar las ofensas con elegancia y alegría de corazón. Siempre hubo un niño en él, como sobrevive una niña en mí.
Es un privilegio que me sigas - me sigáis- y espero no defraudaros,
Gracia- s.
Solo una sugerencia, suerte!