Vaya sustito!! Y si que os quejais mucho cuando estais pachuchos
Chelo
Jaja sí, sí, yo con eso siempre me acuerdo de la frase de "si los hombres tuvierais que parir...". Me alegro de que no, aunque tal y como avanza la ciencia, nunca se sabe... ¡Un saludo!
LAS NOCHES DE NOHIVERN Capítulo 17: Corazón herido
Llevábamos varias horas caminando y apenas notaba mi cuerpo dolorido. Los dos días de inconsciencia descansando tras el ataque y las pociones de curación habían hecho excelentemente su trabajo. La reputación de aquellos mejunjes era bien merecida. Al ser la ciudad más al norte, los sanadores de Nohivern se habían dedicado a lo largo de los años a potenciar las pócimas regeneradoras para contraatacar los adversos efectos del frío como piel constantemente cortada, infecciones recurrentes o congelaciones integrales. Y yo no podía estar más contento con los grandes avances que habían conseguido.
- Fue por culpa de un noble – dijo Sharwyn que caminaba a mi lado. - ¿Qué? – dije despistado, con casi toda mi atención en dejar que las espigas de aquel trigal acariciaran mi mano con el avance. - El día que nos conocimos, me preguntaste que quién me había partido el corazón – hablaba como siempre en un tono frío, sin mirar a los ojos, pero de alguna manera parecía estar dispuesta a desplazar un poco su manto de individualismo. - Ah – miré hacia arriba para ver que mi gárgola seguía guiándonos sin mucha intención todavía de descender a decirnos que ya habíamos llegado -. Pues parece que nos queda una larga caminata. Si quieres hacerla más amena… - Mi madre se ganaba la vida con la magia, hasta que un hombre rico se encaprichó de ella. Ella dejó su trabajo y dedicó toda su atención a la fácil vida de esposa adinerada. Cuando el hombre murió, ella heredó todas sus deudas. Para entonces ya no tenía la juventud necesaria para conquistar otro ricachón.
- Pero tenía una preciosa hija en la flor de la vida para hacer ese trabajo por ella.
- No me gusta que me interrumpan – suspiró -. Sí. Fue en una fiesta de los altos nombres con los que se codeaba. Me dijo que tenía que conquistar al hijo de un noble. Yo, inocente, lo hice. Y estúpida de mí, me enamoré. Maldigo a aquella quinceañera enamoradiza.
- No te culpes, Sharwyn – hice una pausa para ver si le molestaba que la volviera a interrumpir -. Con el tiempo no maduramos, sólo aprendemos a ignorar al corazón. Y no creo que eso sea bueno.
- Bien, pues resulta que me equivoqué de hombre. Con toda la confusión y el gentío de la fiesta… Me equivoqué de persona y me enamoré de una que no era la que me había indicado mi madre. Él era un simple sirviente. ¿Sabes? Mi madre no lo aprobaba, desperdiciar su preciosa hija con un simple servidor…
- Así que tuviste que elegir entre él y tu madre. Espero que fuera lo primero. - Le elegí a él. Pero a las dos semanas desapareció. No supe nada de él. No sé si me abandonó, si le sobornaron para que me dejara, ni siquiera sé si mi madre pudo haber pagado para que le asesinaran.
- Y a ver si me equivoco. Entonces tus delirios de grandeza sobre conseguir fama son, o bien para que tu nombre resuene por todo el reino y él lo tenga más fácil para volver a encontrarte si aún te quiere; o bien para que se dé cuenta de lo que ha perdido si te abandonó y así sanar tu despecho.
- Eso es todo.
- Eso es todo… - iluso de mí, pensé que había decidido contar todo aquello para justificar su poco amistoso comportamiento -. Disculpas aceptadas. - No te equivoques, Tekai. No es una disculpa. Es un aviso – decidió entonces hacer caso omiso a su regla de no mirar a los ojos -. Seguiré haciendo todo lo que haga falta para cumplir mi objetivo.
Mi agudeza auditiva me informó de un ilógico movimiento de las espigas de trigo a mis espaldas. Desenvainé una espada y me giré tan rápido como pude. Al verme, Sharwyn hizo lo mismo mostrando su lanza.
- ¡Vaya! – exclamó un elfo de tez pálida, barbilla puntiaguda y cabello dorado -. Tekai, si me delatas no hay quien pueda mirarle el culo tranquilamente a la cantante. - ¡Eve! – Sharwyn clavó su lanza en el suelo -. ¿Por qué mierda ha puesto Aribeth a este malnacido en nuestro equipo? - Oh, Shar, me partirías el corazón si no fuera porque sé que acabaremos irremediablemente en la cama.
- ¡Como me vuelvas a llamar Shar te corto la…! - ¡Tranquilos! – intervine en la discusión -. ¿Has encontrado algo durante la exploración? - Nada – contestó el elfo -. Ni enemigos, ni bestias que nos dificulten el camino, ni nadie capaz de delatarnos. No hay peligro al menos en dos horas más de camino.
Teníamos que ser bastante sigilosos en nuestra misión de volver a encontrar a Desther. Si el yelmita llegara a saber que sabíamos su paradero cambiaría de base, haciendo más difícil la tarea de encontrarle. Era complicado que Lady Aribeth y Lord Nasher campearan por su reino sin ser fácilmente reconocidos, así que habían puesto el trabajo en un grupo muy reducido de combatientes.
Yo tenía el puesto asegurado en el equipo por la capacidad de convocar a Feyr, la gárgola que había seguido a Desther y conocía su ubicación.
Sharwyn había demostrado su efectividad junto a mí recuperando la yuan-ti y enfrentándonos a Desther, lo que la convertía en una miembra valiosa.
El elfo Eve Liamytholen era un explorador sin igual, veloz y rastreador, imprescindible para encontrar a nuestro enemigo y llegar a él sin ser vistos.
Y el cuarto y último miembro se encontraba buscando la cena en aquellos momentos. Puesto que teníamos que evitar posadas para no cruzarnos con los espías de los yelmitas, teníamos que alimentarnos de vida salvaje.
La vida de muchos enfermos del Aullido dependía de nuestro éxito o fracaso.
Que parca, nos dejó empezados con la historia que le rompio el corazón:rolleyes::)
Jaja bastante que se ha socializado un poco y se ha atrevido a contar algo. Si al final no va a ser tan mala. De hecho a mí me gustan los personajes que no son malos porque sí, que lo son por algo "justificado", veremos cómo la desarrollo. ¡Un saludo y un agradecimiento muuuuy fuerte!
Si es que las cosas del querer son muy complicadas a veces...y si no las complicamos nosotros o otra persona...
Me ha gustado el elfo, esto promete
Chelo
Yo creo que las personas somos adictas a lo complicado, que lo fácil no nos gusta. El elfo es un picarón, un viva la vida y un despreocupado de todo, creo que estos personajes hacen los relatos más entretenidos, aunque igual hasta tiene su corazoncito, no sé yo jaja. ¡Un saludo, millones de gracias por seguir comentando!
El pergamino se desvaneció al desprenderse de su contenido mágico tras usar la llamarada que se describía en él. La noche se acercaba cubriendo con su manto de melancolía todo a nuestro alrededor así que decidimos buscar una arboleda en la que pasar la noche.
- Gracias por el fuego, en unos minutos estará preparado – nadie diría que aquella ronca voz podría pertenecer a un ser con conocimientos culinarios tan refinados. - No era necesario cazar una pieza tan grande – le dije al semiorco que nos acompañaba señalando al que debía ser el padre de todos los jabalíes del mundo. - En mi tribu dicen que uno no es lo suficientemente macho si no es capaz de zamparse uno de estos de una sentada – contestó el ser de monstruoso rostro y robusto cuerpo -, pero haré una excepción para que haya para todos.
Daelan “Tigre Rojo” conocía demasiado bien la lengua humana para ser un semiorco. Y era demasiado educado para hacer honor a sus duras facciones simiescas y su excesivo vello facial y corporal de bestia.
- ¿Por qué sirves a Aribeth? – preguntó Sharwyn mientras cubría su cuerpo con una capa, no sabía bien si para cubrirse del frío nocturno que empezó a hacer presencia o para escapar de las rapaces miradas de Eve. - Motivos personales – fue lo único que respondió aquella grave y rasgada voz. - No malinterpretes a Sharwyn, Daelan. No creo que ninguno tenga dudas sobre ningún miembro de este equipo, pero es cierto que nos gustaría conocer algo más de un compañero. - Tranquilo, estoy acostumbrado a las desconfianzas – resopló en dirección a la mujer bardo mientras seguía removiendo el caldero -. Llevo medio siglo cargando con el peso de la sangre de mi padre. - Aribeth no te ha puesto en el equipo sólo por tu fuerza bruta, puede que la única comparable a la de Desther – intenté suavizar la discusión -. Y en tiempos en los que no se sabe ni quién es amigo ni enemigo, dudo que hubiera puesto a nuestra disposición manos peligrosas. Por lo que a mí respecta, tienes mi total confianza. - Y vosotros la mía – echó un poco del guiso en uno de los platos que había improvisado con las duras cubiertas de los frutos de Nohivern que intentaban así protegerse del frío -. Pero la amistad, no. No sembréis un lazo que no podréis mantener.
Comimos aquel plato cuya receta durante siglos había alimentado grandes guerreros como lo eran los miembros de la tribu de Daelan. El guiso caía fuerte al estómago y ardía ligeramente en la boca, pero era un sabor agradable. Puesto que nadie se decidía a hablar, me tomé la licencia de romper el silencio, más frío que el clima de Nohivern.
- Yo estoy aquí por mi incapacidad de quedarme de brazos cruzados ante un mal tan devastador como el Aullido. Puede que vosotros ya hayáis vivido lo suficiente como para llamarme idiota, pero yo aún confío en que hacer el bien es lo que un hombre debe hacer. Antes incluso lo defendía a cualquier precio. Puede que ahora sólo siga el camino para demostrarme que era cierto y justificar así lo que he perdido y he hecho perder con mi tozudez. Me cuestiono si es poco inteligente defender el bien a toda costa…
- Lo es – se escuchó desde arriba, el elfo Eve comía sobre una rama atento a cualquier enemigo o peligro que podía haber sido atraído por la hoguera -. ¿Pero quién es un elfo expulsado de sus tierras por no aceptar las tradiciones para juzgar lo que es inteligente o no? Algún día seré un héroe aquí fuera y le taparé la boca a aquellos que se empeñan en convertir sus amados bosques en su prisión. Aunque mentiría si digo que mi principal objetivo en territorio humano no es tapar otro tipo de bocas, en especial las de bellas doncellas, y con otros métodos. - Fama – se limitó a decir Sharwyn, que se había dado cuenta que cada uno estaba sincerándose un poco para aumentar la afinidad del grupo. - Yo busco aceptación – la voz del semiorco era la más poderosa de las de los cuatro -. A veces me conformo con que los humanos no salgan corriendo a mi paso, con no encontrarme una flecha en mis espaldas. Servir a Aribeth es la manera más rápida de demostrar a los humanos que hay un corazón de hombre en este cuerpo de orco.
El silencio hizo aparición y se alargó durante toda la cena. Cuatro destinos individuales que se unían en una parte del camino. Un defensor del bien cuestionándose la utilidad de sus acciones. Una mujer dispuesta a conseguir su bienestar y realización personal a costa del sufrimiento ajeno en caso de necesidad. Un semiorco buscando derrotar su aspecto externo mediante su fuerza interior. Y un elfo expulsado de los bosques con una máscara de rebeldía buscando un hueco en la humanidad. Me pregunté quién de nosotros acabaría encontrando su lugar, quién moriría en la búsqueda y quién estaría condenado a una larga vida sin llegar a su meta.
- Es hora de dormir – dijo Eve tras tomar la última cucharada -. Descansad tranquilos, yo haré guardia, los elfos llevamos bien eso de no dormir.
- ¡Ja! No cerraré los ojos antes de que lo haga un pervertido como tú.
- Te reto a aguantar despierta más tiempo que yo – contestó Eve que había bajado del árbol y se había puesto frente a Sharwyn con una velocidad vertiginosa -. Y se me ocurren algunas cosas divertidas que podríamos hacer para aprovechar el estar despiertos en una larga noche como esta.
- Tekai, ¿no te queda algún pergamino de paralizar? – refunfuñó Sharwyn. - Creo que vas demasiado rápido si lo que pretendes es conquistar a la dama, elfo – se permitió añadir el semiorco Daelan -. Te aconsejo que hagas como hacen en mi tribu. Debes estar oliéndole el trasero a lo largo de dos lunas sin parar. Con eso habrás demostrado tu amor y rara vez alguna mujer se resiste a tal prueba de afecto.
Nos miramos entre nosotros, cada uno con un rostro diferente, cada cual más sorprendido o asqueado.
- Era broma – todos estallamos de risa ante aquel alarde de humor por parte de alguien cuyo aspecto parecía decir que sería incapaz de bromear.
La noche se presentó en su completa expresión frente a nosotros y decidimos descansar. Al día siguiente alcanzaríamos nuestro objetivo. Para entonces, puede que alguno ya no volviera a reír nunca más.
Yo creo que hay un poco de cada uno de los personajes en cada uno de nosotros, todos queremos hacer el bien, nos hemos sentido fuera de lugar en algún momento, buscamos aceptación por parte de otros y por supuesto, todos queremos nuestros 15 minutitos de fama...
Ahora a quien le darás materile, ya me das miedo:eek:
Jaja a todos (a todos... los que me caigan mal muajajaj). Jo, no... me has puesto como un sanguinario con mis personajes xD. ¡Muuuuchas gracias por cada uno de tus comentarios!
Yo creo que hay un poco de cada uno de los personajes en cada uno de nosotros, todos queremos hacer el bien, nos hemos sentido fuera de lugar en algún momento, buscamos aceptación por parte de otros y por supuesto, todos queremos nuestros 15 minutitos de fama...
Son los estadíos de la vida, más o menos...
Chelo
Me gusta en todo lo que escribo que cada personaje tenga un dilema personal con una cuestión que resolver e ir desarrollándolo. Y como dices, en el fondo son cosas que todos pensamos, y es un lío, porque a veces parece que tenemos los puntos claros y al tiempo nos ponemos a dudar. Supongo que a eso se le llama aprender. Un saludo y ¡gracias por tu reflexión!
LAS NOCHES DE NOHIVERN Capítulo 19: Campamento Yelmo
Sólo tardamos medio día más caminando en llegar al lugar en el que Feyr había visto por última vez a Desther. Me despedí de mi gárgola muy a su pesar. Amaba ser convocada, pero al no estar recuperado totalmente de mis heridas y teniendo en cuenta la fortaleza de nuestro rival, no podía permitirme el gasto de vitalidad que me suponía tenerla a mi lado.
Frente a nosotros se desplegaba una robusta empalizada que protegía un campamento lo suficientemente organizado para asegurar una buena defensa pero lo suficientemente ligero para desplazarse constantemente de lugar. El punto exacto para alguien que huía una vez tras otra pero que necesitaba proteger algo valioso.
Las puertas estaban destrozadas y el aspecto que ofrecía era de haber sufrido una batalla campal, con varias estructuras devastadas. Aún así, Eve fue el primero en acceder, aprovechando su sigilo para conseguir una primera impresión del lugar y poder trazar una estrategia de invasión adecuada antes de delatar nuestra presencia.
- No os vais a creer lo que hay dentro – fue lo primero que dijo el elfo al volver -. Pero pasad, como si fuera vuestra casa. No hay resistencia. En ningún lado.
Y tenía razón. Lo único que encontrábamos eran cadáveres en el suelo. Atravesamos el patio exterior, repleto de tiendas rápidamente levantadas para acampar y llegamos a una entrada subterránea con paredes edificadas en piedra. Dentro todo era bien distinto, pasillos en penumbra que recordaban a las catacumbas de cualquier castillo.
Pero de entre todos los detalles, el que más nos llamó la atención fue ver el suelo plagado de esqueletos. Por si no fuera suficiente para crear un ambiente tétrico, los libros de tapas oscuras con sortilegios demoníacos entintados en ellos que encontrábamos en numerosas salas nos hacían extremar las precauciones.
Finalmente nuestro repetido avance por pasillos sembrados de cadáveres y esqueletos acabó al llegar a una sala con alguien conocido en el centro. Arrodillado y gimiendo, el abad Fenthick se mostraba ante nosotros.
- Te mereces una en la frente por traidor – dijo Eve cogiendo una flecha y tensando en su arco. - Espera, Eve – le obligué a bajar su arma -. Veamos qué información puede ofrecernos primero.
- No hace falta amenazas – dijo Fenthick viendo que Daelan se aproximaba para poner una pesada hacha sobre su pescuezo -. Hablaré, ya lo creo. Aquí ha habido una batalla. Cuando Desther entregó la cura decidieron matarle. El yelmita era sólo un soldado con una misión, y una vez cumplida querían deshacerse de él. Pero Desther es perro viejo, se hizo fuerte, plantó cara y se atrincheró en esa habitación de ahí. Finalmente sus agresores decidieron marcharse y no arriesgarse a numerosas pérdidas ante la desesperada defensa de Desther. Invocó un ejército de muertos vivientes para defenderse.
- ¿Desther usando nigromancia? ¿La Orden del Yelmo invocando muertos? – no lo entendía, pero al menos supe el significado de aquellos esqueletos en el suelo. - Aquí todos la usan, Tekai – continuó Fenthick -. En esta secta todos están adiestrados en la nigromancia. Te diré más, crearon el Aullido y no les interesa que se cure, ¿sabes por qué? Porque los muertos debilitan a Nohivern, sí, pero a la vez les refuerza a ellos. A mayor número de personas muertas, más seres pueden invocar del más allá para su ejército. Todavía peor, pueden invocarlos dentro de la propia ciudad, sin necesidad de vencer a las murallas. Nohivern caería sin poder ofrecer mucha defensa.
- ¿Suficiente? – Eve volvió a acariciar una flecha. - Mátame si tu juicio dice que así ha de ser – Fenthick era incapaz de levantar su mirada del suelo, aquel hombre menudo se hacía todavía más pequeño por momentos. - No lo hagas – le ordené -. Algún motivo tendrá para lo que ha hecho.
- ¿Tu bondad te nubla la mente? – intervino Sharwyn -. ¡Estuvo a punto de matarte! Creo que cosas así dan la razón a que eres más idiota que bueno.
- Tuve que atacarte, Tekai – Fenthick hablaba cada vez con menos fuerza en su voz -. Yo supliqué que dejaran a Desther participar en la búsqueda de la cura, porque me parecía un hombre poderoso, muy capaz. Si lo hubieras detenido lo hubieran juzgado en el momento, y su culpabilidad sería la mía. Yo sería culpable de haber recomendado al hombre que creó el caos en la academia y que robó la cura que muchos enfermos están esperando. Si le dejaba ir tendría tiempo para enmendar sus errores, estaba seguro de que lo haría. Pero tras lo que he visto ya no lo creo…
- ¿Y para eso tenías que matarme a mí? - Sabía que no te pasaría nada, Tekai. Tenías cerca a Aribeth, una experta en magia sanadora, y los mejores magos curativos del reino se encontraban allí preparando la cura. No podías morir de ninguna manera. Lo hice porque sabía que no dejarías escapar a Desther si no era incapacitándote.
- Mi opinión es que debemos dejarle ir - dije convencido y dando comienzo a una votación -, seguro que Aribeth está deseando escuchar una explicación. - Ni en broma, sus actos ya han hablado por él. Su prometida tendrá el juicio tan nublado como tú. Le mataré con mis manos si es necesario – dijo Sharwyn. - Yo no he venido a aumentar mi fama de sanguinario – Daelan retiró el hacha del cuello de Fenthick dando ventaja a la opción de dejar vivo a Fenthick. - ¿Me toca el voto decisivo? – el elfo hizo uso de su turno -. Bien poco me importa este hombre. Así que decidiré lo mismo que la bella señorita, por si eso me hace ganar puntos para acercarme a su bajo vientre.
- Eso son dos opiniones a favor de ejecutarme, y dos en contra – ponderó Fenthick que veía como la flecha que Eve había lanzado en forma de amenaza rasgaba su oreja -, Dejadme desempatar. Quiero que me matéis. Aceptaría un juicio en Nohivern y la muerte si ese es el resultado, pero para lo que no estoy preparado es para enfrentarme a los ojos decepcionados de mi amada.
- No hemos venido aquí para matar a nadie – dije mirando la puerta que había tras un abad que si no estaba realmente desesperado fingía muy bien el llanto -. Hemos venido a recuperar la cura.
Desther nos esperaba tras la puerta como un felino acorralado. Esta vez no nos enfrentábamos a un caballero huidizo y con el tiempo en contra. Nos enfrentábamos a alguien que había preparado bien su defensa, lo que multiplicaba su peligrosidad. Teníamos que planear una estrategia perfecta si queríamos recuperar la cura.
Jeje, hombre, cuando alguien está tan arrepentido que pide hasta que le maten como precio por sus errores... un poco se puede confiar en él. Aunque también digo que yo me fío de todo el mundo y a lo mejor se me pega a la hora de escribir. Y a día de hoy nunca me he arrepentido de confiar en la gente, de pensar que las personas son buenas por naturaleza.
¡Gracias por comentar!
- ¿Lo tenéis todos claro? – los tres miembros de mi equipo asintieron con seguridad -. Si falla nuestra estrategia puede que no tengamos otra oportunidad de vencer a Desther.
Daelan utilizó su fuerza de semiorco para destrozar la puerta que nos separaba del habitáculo del yelmita. Sin duda aquella bestia hizo honor a su gran cuerpo, ya que le bastó un único golpe con su enorme hacha para partir la tosca madera. Haciendo girar a velocidad vertiginosa con increíble ligereza aquella arma que debía pesar una barbaridad hizo un escudo móvil con el que entrar a la habitación protegiéndose de cualquier peligro. El resto le seguimos cubriéndonos tras él.
Desther estaba en el centro de la sala rodeado de cinco esqueletos que se lanzaban unos rayos de luz entre ellos. Las líneas luminosas se entrecruzaban entre sí dibujando un pentáculo. Delante de toda aquella representación estaba el ejército de muertos vivientes que el líder de la Orden del Yelmo había convocado para protegerse.
Sharwyn comenzó su canto ensalzador, potentes vocalizaciones de una escala ascendente que entraba por el oído y se asentaba en mis músculos. Con mi condición física tan aumentada me dediqué rápidamente a neutralizar muertos vivientes, uno tras otro. Sus movimientos ralentizados no les daban opción alguna contra mi frenesí de lucha que permitía segar sus cabezas fácilmente.
Conseguí así abrir camino para que Daelan se pudiera acercar a Desther, levantar su pesada hacha e intentar asestarle un golpe mortal al traidor. El yelmita sacó su espada bastarda para frenar el ataque del semiorco. El choque de los dos metales generó una onda expansiva que nos agitó el pelo y los ropajes a todos. La fuerza bruta de los dos combatientes había estallado tras el choque de sus armas.
Llegó el turno de Eve. El elfo había aprovechado su sigilo y la confusión para colarse hasta la retaguardia de Desther y disparar con su arco desde atrás. La flecha llevaba una dirección perfecta, viajaba hacia la espalda de nuestro enemigo de manera inevitable. Y llegó. Llegó y pasó. Nos quedamos perplejos al ver la flecha traspasar el cuerpo de Desther como si su cuerpo fuera una simple cortina de humo. El proyectil entró y salió sin resistencia, sin mancha alguna de sangre. Y siguió su camino impactando en el pecho de Sharwyn que se encontraba en la parte opuesta de la sala y que como todos nosotros, no esperaba que la flecha cruzara el cuerpo de Desther de aquella manera.
Nuestra estrategia había fallado.
- ¿Estás bien? – el elfo había hecho uso de su gran velocidad para llegar de punta a punta de la sala y agarrar a Sharwyn antes de que cayera al suelo, ofreciéndole una poción curativa. - ¡Imbécil! Estaré bien. ¡No me hace falta esa mierda! – había escupido el mejunje junto a cierta cantidad de sangre -. Ayuda… ¡Ayúdales!
Fui rápidamente a asistir a Daelan. Aunque su fuerza era igualable a la de Desther, no lo era tanto su velocidad. Le habría matado rápidamente de no haber ido en su ayuda. Ni siquiera su hacha y mis dos espadas cortas eran suficientes para derrotarle. Su espada bastarda se movía con una agilidad increíble, con una habilidad marcial digna de un héroe. - ¡Seguid así! – el elfo, arrodillado, lanzó otra flecha que se coló bajo mi brazo para volver a traspasar a Desther. - ¡Es imposible! – le grité jadeando sin despistarme ante los ataques de nuestro enemigo -. ¡Es inmune! ¡El pentáculo le protege! ¡Hay que romperlo!
Daelan se retiró de la lucha dejándome sólo con Desther para destrozar a golpe de hacha a los esqueletos que manejaban los rayos de luz. Eve sacó su estilete y aunque prefería la lucha a distancia, también fue capaz de destrozar uno de los esqueletos tras tanto insistir con los golpes de su arma. Al caer los cinco seres huesudos que habían, los rayos lumínicos cesaron, y el conjuro de inmunidad también.
- Ahora sí luchamos de tú a tú, y estás en inferioridad numérica – le dije a Desther con una sonrisa amenazante. - ¡No me dais otra opción entonces!
El yelmita hizo una esquiva hacia atrás, lanzó su espada bastarda al aire y puso las manos en su cara. Rezó una corta y rápida oración y, sólo fue un segundo, al pestañear lo perdí de vista, pero me pareció ver un demonio a sus espaldas. Inmediatamente después, una tremenda explosión inundó la sala. Un estallido del que nadie podría haber salido vivo en bastante distancia alrededor. El techo se desmoronó, dejando al aire libre lo que poco antes era una sala subterránea.
- Creo que no teníais ni idea del poder de vuestros enemigos – se jactaba un Desther que se hacía hueco entre los escombros para salir a flote, herido y cansado por el esfuerzo de su poderosa invocación. - Pues creo que tú tampoco – Desther agachó la mirada para ver la punta de una espada corta salir de su vientre. - ¿Vivo? ¿Cómo?
- ¿Sorprendido? – sin duda lo estaba, su rostro lo reflejaba al girarse y verme detrás de él sin una herida. - Escudo de protección. No, ninguno de nosotros es capaz de hacerlo, no te equivocaste al pensar que no teníamos ningún conjuro que nos protegiera de tu ataque mágico. Pero no contaste con ella.
La silueta a la que señalaba a mi lado apenas se diferenciaba mucho a una nube espesa de humo con forma de jovencita tímida. La silueta de una maga que había estudiado mucho para saber hacer un escudo de protección como ya había utilizado conmigo cuando estábamos juntos en la prisión. Saqué mi espada del cuerpo de Desther en dirección ascendente para rasgar todos los órganos que pudiera y el hombre no tardó en desmayarse y caer al suelo.
- Te dije que no te iba a abandonar. Te lo dije.
La nube de humo al lado de mí respondió a aquellas palabras rodeándome como si quisiera abrazarme, haciéndome derramar por un ojo lágrimas de felicidad y por el otro de pena. Airina estaba entre nosotros, y nos había protegido con su escudo mágico. Me aseguré de ver que mis compañeros salían vivos de debajo de los escombros antes de dejarme caer por el cansancio con un victorioso grito que rápidamente se contagió a mis compañeros.
Giré la cabeza para mirar el cinto de nuestro enemigo caído. La botellita de cristal con la cura seguía ahí.
Si, lo dos ojos cada uno a su bola como que queda en plan pitorreo total
Si ya sabía yo que te iba a dar pena cargarte a Airina tantas veces...ahora como es un espíritu no te la puedes cargar...
A ver que pasa mañana...
Chelo
Jajajaja jo, era una cutre forma de decir que sentía las dos cosas, felicidad por sentir la presencia de Airina y pena por lo que todo eso implicaba que ya se explicará por qué podía "estar" ahí e interactuar.
Un enooooooooooooooooooooooooooooo(si pusiera lo realmente enorme que es me saltaría el limitador de caracteres del comentario)ooooooooooooorme agradecimiento a las dos!!!!
LAS NOCHES DE NOHIVERN Capítulo 21: El cese de los aullidos
Engalanados con los tan elegantes ropajes de Nohivern que yo odiaba, Lady Aribeth nos presentaba ante la plebe en un escenario bien preparado en la plaza central de la ciudad. No me gustaba que me mirase tanta gente, y menos vestido con aquellas túnicas azules con figuras bordadas en oro por los mejores sastres del reino. Se decía que se podía tardar años en acabar cada una de aquellas vestimentas.
- A estos hombres les debemos haber podido acabar con “la Muerte Aullante”. Estos héroes han hecho que los gritos de desesperación, los cuerpos corroídos por el miedo y el sufrimiento desaparezcan...
Lady Aribeth seguía con el discurso de celebración, ensalzándonos para alegría y alboroto del numeroso público asistente. Pero en el escenario faltaba alguien, Sharwyn. Había escupido la poción curativa de Eve porque era alérgica a uno de sus reactivos, lo que dificultó su posterior recuperación. Pero evolucionaba favorablemente gracias al trato de aquellos sanadores que días antes habían salvado mi vida.
El viento y el rojizo atardecer se presentaron justo en el momento en que el protocolo daba paso a acontecimientos menos festivos. En el centro de la plaza empezó a alzarse un fuego cuyas llamas se esmeraban en devorar el cuerpo inerte de Desther. Se había ofrecido el cuerpo del traidor a la plebe como castigo por sus acciones. Rápidamente el ambiente se llenó de un olor podrido, la repugnancia de los actos de Desther se había hecho accesible a nuestras narices, y agradecí que el viento soplara con más fuerza para llevarse la pestilente evaporación del yelmita. En poco tiempo la carne se había convertido en un compuesto negro carbonizado que haría que si Desther no podía ser fácilmente olvidado, al menos fuera recordado como la miseria que era.
Aribeth tomó de nuevo la palabra para ofrecer también al pueblo a Fenthick. Esperaba que la rabia popular quedara saciada con el ritual de Desther y de alguna manera no pidieran más sangre, pero aunque su corazón se esforzaba en creer lo imposible, su cabeza bien sabía que no había opción.
- Este hombre ha errado, pero lo ha hecho con buen corazón. Recomendó y dio poderes a Desther para encargarse del Aullido pensando que sería una ayuda inestimable, y en ningún momento quiso que sus actuaciones causaran tantas muertes y sufrimiento a su pueblo – la Señora habría rogado el perdón en este punto, pero no era una de las opciones a las que podía aferrarse ninguno de los Nueve -. Dejo en vuestro misericordioso parecer el juicio a este hombre.
Los gritos de odio eran inequívocos. Me pregunté si alguien aparte de mí de entre todos aquellos ciudadanos le habría dado una oportunidad al abad. Se puso una soga en el cuello del menudo hombre atada a un árbol por el otro extremo y Aribeth procedió a la sentencia.
- En nombre de Nohivern, que la justicia te arranque la vida como mereces.
Jamás comprendería como Aribeth fue capaz de decir esas palabras a su amado sin derramar una lágrima antes de dar una patada a un soporte que al desplazarse dejaba a Fenthick colgado del árbol. La Señora habría deseado que su cuello se partiera para una muerte rápida, pero eso no ocurrió. Fenthick tardó en morir cumpliendo su promesa: no había mirado a los ojos a su prometida en ningún momento desde que había llegado a Nohivern. Tampoco lo hizo en aquel fatídico momento. Seguramente pensó que era la única forma de demostrarle a Aribeth que la amaba y que no la merecía. No me quedé allí para ver cómo el rostro del abad se tornaba de color azul cuando se quedaba sin aire y sin vida.
El resto de la celebración continuó en los jardines del castillo Noy, aunque esta vez la festividad era limitada a los nobles de la ciudad, como si el ciudadano medio sólo mereciera el haber sido salvado de una epidemia sin derecho alguno a la jovialidad. Encontré a Lady Aribeth en un rincón de los privados jardines traseros inundando el suelo de lágrimas, resoplando de una manera exagerada como si le quemara el aire en sus pulmones y resistiendo de manera titánica para no emitir un desgarrador grito de sufrimiento.
- Lo siento mucho, Señora. Sé que no hay consuelo alguno en este momento, pero yo al menos sí creo que Fenthick actuó de buena voluntad – le dije acercándome muy lentamente por si mi presencia no era grata. - Servir a Tyr requiere unos deberes – Aribeth cogió su espada y se hizo un corte en la mano del que fluía bastante sangre -. Tanto él como yo le servimos sabiendo que no sería fácil y que aceptaríamos cualquier final.
- Te entiendo, Señora. Sólo venía a decirle que si necesita algo de mí…
- ¡No! ¡No lo entiendes! ¡Y yo tampoco! – la mujer se lanzó a mis brazos, bañando mi hombro en apenas unos segundos y desgarrando su garganta con un grito que fue incapaz de contener un segundo más -. ¡Tú mismo lo dijiste! ¿Cómo puede un dios ser tan injusto? Llevo sirviendo a Tyr toda mi vida y es la primera vez que dudo de él. Dame una razón para odiarle, para despreciarle, dámela tú que no crees en dioses. Necesito… ¡Necesito escupirle todo mi dolor!
Me limité a tenerla entre mis brazos hasta que dejó de temblar, algo que sólo ocurrió un buen rato más tarde. No fui capaz de decir ni una palabra. Ella había dejado de creer en su protectora divinidad y pedía razones para consolidar su nueva opinión, pero verla así causó el efecto contrario en mí. Yo sí empecé a creer en un dios. Uno con tanta crueldad y maldad como para jugar con nosotros.
Huy madre, un debate teológico!! a ver si ahora van a quemar viva a Aribeth por incrédula!!
Chelo
Pues se libra porque en algún capítulo anterior nombré de pasada que se permitía la libertad de culto jeje. Además es una paladín, se supone que su fe es irrompible. Aunque esa será la reflexión de ese personaje, hasta qué punto puede uno defender en lo que cree. Un saludo y ¡gragragragracias por comentar!
Las olas mecían el barco con una suavidad agradable. Tener los sentidos agudizados también tenía sus desventajas, y una de ellas era la facilidad de marearse al recibir los cambios de posición de manera más acusada. Por suerte, aquella brisa marina que besaba nuestra piel con caricias saladas no tenía pinta de convertirse en un vendaval a lo largo del viaje.
- ¿Cuándo vas a volver a deleitarnos con tu escote? – escuché preguntar a Eve que señalaba la zona pectoral de Sharwyn unos metros más allá de mi posición. - ¡Imbécil! Si no me hubieras herido no tendría que llevar esta venda. Mira que si me llega a matar una flecha de un idiota como tú… ¡Hubiera vuelto a la vida sólo para arrancarte esas orejas de elfo que tienes!
- ¿Por qué vamos a Puerto Final? – tuve que girar la cabeza hacia el otro lado y alzar la vista para poder ver al dueño de aquella pregunta. - Porque aún no han acabado los problemas, Daelan – me senté en una de las numerosas cajas que había en la cubierta del barco -. La plaga sólo fue un golpe para debilitar Nohivern. - ¿Y para qué querrían hacer eso? – la respuesta la teníamos bastante clara, pero la inteligencia no era una de las características principales de los semiorcos. - Para invadir la ciudad. Una ciudad debilitada es mucho más fácil de conquistar. Así que, hay alguien que quiere destruir Nohivern. Las investigaciones nos llevan a Puerto Final, puede que allí encontremos a los que de verdad están detrás de esta conspiración. Lady Aribeth traslada su cuartel allí con la esperanza de encontrar algo – justo pude observar que se abría la puerta de su camarote -. Hablando de la Señora…
Aribeth se acercó a mí, no sin antes reprochar a su paso la actitud de pasotismo de Eve que se dedicaba a tomar el sol en lugar de hacer algo productivo. Cuando estuvo a pocos pasos de mí reclamó mi compañía. Sin poder ni querer negarme a su petición, hicimos juntos el camino de vuelta hacia su camarote, una estancia reducida y oscura, justo lo contrario que ella podría necesitar para aliviar su duelo.
- Quiero hablar contigo, Tekai – dijo mientras me servía vino en un vaso -. En el informe de la misión pone que Airina, o algo que recordaba a ella, estuvo presente.
- Lo estuvo – deslizó el vaso por la mesa para acercármelo. - Me pregunto cómo alguien que murió sigue entre nosotros.
- ¿Por qué no pruebas la ligadura de almas que me comentaste con Fenthick? – intenté cambiar de rumbo la conversación al advertir sus intenciones. - Porque no puedo – hizo un gesto para que me sentara en una silla que obedecí, ella hizo lo mismo sobre la mesa, para tener una posición más alta e imponente -. Es una técnica muy arriesgada, donde a menudo el interesado suele fracasar y fallecer como pago por el error. Y el porcentaje de éxito es muy reducido, tanto que sólo suelen recurrir a ella aquellos que están tan desesperados que contemplan el suicidio como opción. Me sorprende que tú hayas conseguido sobrevivir tantas veces a ella, es un caso único y que me gustaría estudiar cuando todo acabe. Pero yo no puedo permitirme el lujo de abandonar la lucha, me debo a mi reino, a Lord Nasher, morir dejando mi deber sin cumplir no es una opción.
- Pues yo creo que o bien no quieres tanto a Fenthick como para arriesgar tu vida en traerlo de vuelta – di un trago a aquel vino negro dulzón, seguramente importado por la ausencia de frutas en Nohivern -, o tus esfuerzos en desobedecer a tu dios han sido en vano y no quieres trastocar el flujo de vida. Gran pecado, pues sólo él decide cuánto vive cada uno, ¿no? - No te atrevas a juzgarme, Ispalis. Que tus actos heroicos y la confianza que deposito en ti no te lleven a engaño. Sigo siendo tu Señora, y me sigues debiendo respeto y obediencia.
- Discúlpame si defiendo la opinión de que no me siento esclavo de nadie, no como tú que eres incapaz de cuestionar aquello para lo que te han adiestrado toda tu vida – los ojos de Aribeth se abrieron como platos, seguramente hacía mucho tiempo que nadie se había atrevido a ponerse un escalón por encima del suyo. - Te pido disculpas, Ispalis – Aribeth agachó la mirada -. Pero la conversación sobre mi fidelidad a Tyr y su repercusión en mi vida tendrá que ser en otro momento. Me gustaría retomar el tema que nos ocupa hoy.
- El pergamino – suspiré al nombrarlo -. Fue el pergamino.
- ¿Resurrección? Imposible, nadie sabe usarlo. Eres un hombre muy capaz, pero creo que tú tampoco habrías sido capaz de resucitar a Airina. - Y no te equivocas. Lo leí mil veces, si no más. Lo único que saqué en claro es que aquellas instrucciones podían sacar vida de donde ya no la había. El resto era imposible de comprender, por no hablar de la dificultad de extraer la magia imbuida en el papel. Así que, hice uso de la parte que más o menos pensé que podía manejar. - ¿Usaste un pergamino a medias? – Aribeth volvió a coger la botella de vino para rellenar su vaso que acababa de vaciar. - Tenía que hacer todo lo que estuviera en mi mano por Airina, y en ese momento eso era todo lo que tenía.
- Pero eso no es posibl… - la botella se soltó de la mano de la Señora partiéndose en mil pedazos de cristal al llegar al suelo -. Respiras muy flojo, no veo tu pecho moverse apenas.
- Tienes buen ojo de semielfa – Aribeth se había dado cuenta de que me faltaba un pulmón -. Y mejor cabeza, así que supongo que ya lo has entendido. No era capaz de sacar vida de donde ya no la había, pero sí de devolverla partiendo de donde ya la hay. - No usaste la resurrección porque nadie puede usarla. A cambio utilizaste parte de la magia impresa en el pergamino para crear un sortilegio más sencillo: sacrificio.
- Más sencillo, y más costoso. A menudo que pase el tiempo yo iré perdiendo partes de mi cuerpo, y Airina que ahora es una nube de humo irá adquiriendo solidez hasta recuperar el suyo. No resucito nada, sólo es un intercambio.
- Eres el hombre más honorable que he visto nunca – Aribeth bajó de la mesa y se arrodilló ante mí. - No, Señora, no lo soy – un grito de ‘tierra a la vista’ desde el exterior anunciaba que el viaje estaba a punto de finalizar -. Sólo hago lo que dicta mi corazón. A veces, puede que demasiado a menudo, se equivoca. Pero jamás dejaré que un dios se equivoque por mí. Y mucho menos, que haga que me rinda en mi objetivo de recuperar a la persona que más quiero del mundo.
Eso es Amor, que da la vida por ella, y ha empezado con un transplante de pulmón.:)
Chelo
Eso es, es una forma de dar la vida por la persona que quieres. Y además de eso, cuando estén a la mitad habrá un momento en que aunque incompletos, sean físicamente tangibles y se puedan tocar, aunque sólo sea un corto espacio de tiempo, él cree que valdrá la pena.
Me recuerda a una canción, "La vida en un beso", que habla de un ladrón que se enamora de una princesa, y que aunque sabe que es imposible y que si lo pillan con ella lo ejecutan, le vale la pena que le maten si al menos consigue besarla. Yo, iluso que soy de la vida, pienso que así es como se debería de querer a alguien, como mínimo.
Puerto Final era poco más que un gran pueblo portuario abandonado, antaño importante ciudad de colosales murallas y edificaciones costeadas con los ingresos de la importante minería del lugar. Pero ser el enclave en el límite norte, de ahí su nombre, le exponía a constantes ataques de humanoides, recordando como el más importante una horda de orcos que consiguió destruir unos muros que ya no serían reconstruidos. Su posición geográfica entre Luskan y Nohivern, ciudades eternamente enfrentadas, hizo que la población emigrara acosada por la intermitente guerra diluyéndose así la mano de obra necesaria para recuperar los tiempos de mayor esplendor.
Aproveché la dura roca de las canteras abandonadas para poner a prueba mi potencial, lanzando una y otra vez proyectiles mágicos sobre la piedra que alguna vez dio trabajo a miles de mineros. Necesitaba entrenar, ya no tanto para mejorar mis habilidades, si no para mantenerlas al menos ante la inminente pérdida de facultades que se avecinaba con la desintegración de partes de mi cuerpo.
- Golpeas bien, transformas la energía mágica en una buena maza, pero yo probaría a darle una forma perforante, y si le añades energía corrosiva tendrías un ataque interesante – no había escuchado a nadie llegar, lo cual decía bastante de las habilidades de sigilo de aquel hombre a mis espaldas teniendo en cuenta mi agudizado oído. - Flecha ácida. Sí, yo también he leído los manuscritos de Melf. Pero no es tan fácil en la práctica – me giré para poder ver frente a mí a un hombre de piel oscura como la noche con un cuerpo estilizado y buena musculatura. - Soy Aarin Gend. He trabajado muchos años para Lord Nasher aquí, en Puerto Final. Aribeth me ha dicho que te encontraría en este sitio – se puso una diadema dorada para controlar las numerosas trenzas negras que definían su cabello negro. - ¿Varios años trabajando en la frontera con Luskan y sigues vivo? Mis felicitaciones entonces – me limpié el sudor de la mano en el pantalón y se la ofrecí. - No puedo estar orgulloso con mi trabajo al no haberme dado cuenta antes de lo que amenazaba Nohivern. El peligro no debía de haber pasado de aquí – apretó mi mano con la fuerza de un guerrero -. Pero no es mi estilo ser derrotista, así que aquí estoy hablando contigo, para buscar soluciones. - Tú dirás – me acerqué a un pequeño chorro de agua que quería escapar del muro de piedra para lavar mi cara y mi torso desnudo. - Seré directo. Le pregunté a Aribeth quién era el mejor de los hombres que había traído consigo y me dio tu nombre. Quiero echar un ojo a las cuevas del norte. Normalmente son una lucha incesante de trasgos, osgos y orcos matándose entre sí por territorio, pero llevan unos días saliendo de las cavernas y asaltando villas con más frecuencia de lo normal. Parece que están siendo dirigidos, cosas típicas de las sectas como la que creó la plaga en Nohivern. Me preguntaba si te importaría venir conmigo a investigar. - ¿Tú y yo solos? – calculé la distancia que me separaba de mis espadas que descansaban en el suelo -. No te lo tomes como algo personal, pero no he tenido buenas experiencias con los traidores, así que no me parece buena idea ir con un desconocido a algún lugar cerrado sin testigos de por medio.
- ¿Crees que intento hacerte daño? – su risa retumbó en la cantera -. Sólo quiero evaluarte. No te lo tomes como algo personal, pero quiero ver la valía del mejor de los que habéis venido de Nohivern. Llevo años encargándome de la guardia de Puerto Final. Aquí sólo acepto a los mejores, pues la pequeña guarnición de Puerto Final sería la que tendría que hacer frente a una invasión de Luskan en primera línea. Seré franco, quiero saber si tenéis el suficiente nivel para estar a la altura o, por el contrario, sois un estorbo.
- Veamos quién es el estorbo entonces.
Cogí mis utensilios y me dediqué a seguir los pasos de Gend.
Comentarios
Chelo
Jajajaja sólo es... "difícil de aniquilar". Tiene que ver con su pasado al que hacía mención en el capítulo de introducción. ¡Un fuerte abrazoooooo!
Jaja sí, sí, yo con eso siempre me acuerdo de la frase de "si los hombres tuvierais que parir...". Me alegro de que no, aunque tal y como avanza la ciencia, nunca se sabe... ¡Un saludo!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 17: Corazón herido
- Fue por culpa de un noble – dijo Sharwyn que caminaba a mi lado.
- ¿Qué? – dije despistado, con casi toda mi atención en dejar que las espigas de aquel trigal acariciaran mi mano con el avance.
- El día que nos conocimos, me preguntaste que quién me había partido el corazón – hablaba como siempre en un tono frío, sin mirar a los ojos, pero de alguna manera parecía estar dispuesta a desplazar un poco su manto de individualismo.
- Ah – miré hacia arriba para ver que mi gárgola seguía guiándonos sin mucha intención todavía de descender a decirnos que ya habíamos llegado -. Pues parece que nos queda una larga caminata. Si quieres hacerla más amena…
- Mi madre se ganaba la vida con la magia, hasta que un hombre rico se encaprichó de ella. Ella dejó su trabajo y dedicó toda su atención a la fácil vida de esposa adinerada. Cuando el hombre murió, ella heredó todas sus deudas. Para entonces ya no tenía la juventud necesaria para conquistar otro ricachón.
- Pero tenía una preciosa hija en la flor de la vida para hacer ese trabajo por ella.
- No me gusta que me interrumpan – suspiró -. Sí. Fue en una fiesta de los altos nombres con los que se codeaba. Me dijo que tenía que conquistar al hijo de un noble. Yo, inocente, lo hice. Y estúpida de mí, me enamoré. Maldigo a aquella quinceañera enamoradiza.
- No te culpes, Sharwyn – hice una pausa para ver si le molestaba que la volviera a interrumpir -. Con el tiempo no maduramos, sólo aprendemos a ignorar al corazón. Y no creo que eso sea bueno.
- Bien, pues resulta que me equivoqué de hombre. Con toda la confusión y el gentío de la fiesta… Me equivoqué de persona y me enamoré de una que no era la que me había indicado mi madre. Él era un simple sirviente. ¿Sabes? Mi madre no lo aprobaba, desperdiciar su preciosa hija con un simple servidor…
- Así que tuviste que elegir entre él y tu madre. Espero que fuera lo primero.
- Le elegí a él. Pero a las dos semanas desapareció. No supe nada de él. No sé si me abandonó, si le sobornaron para que me dejara, ni siquiera sé si mi madre pudo haber pagado para que le asesinaran.
- Y a ver si me equivoco. Entonces tus delirios de grandeza sobre conseguir fama son, o bien para que tu nombre resuene por todo el reino y él lo tenga más fácil para volver a encontrarte si aún te quiere; o bien para que se dé cuenta de lo que ha perdido si te abandonó y así sanar tu despecho.
- Eso es todo.
- Eso es todo… - iluso de mí, pensé que había decidido contar todo aquello para justificar su poco amistoso comportamiento -. Disculpas aceptadas.
- No te equivoques, Tekai. No es una disculpa. Es un aviso – decidió entonces hacer caso omiso a su regla de no mirar a los ojos -. Seguiré haciendo todo lo que haga falta para cumplir mi objetivo.
Mi agudeza auditiva me informó de un ilógico movimiento de las espigas de trigo a mis espaldas. Desenvainé una espada y me giré tan rápido como pude. Al verme, Sharwyn hizo lo mismo mostrando su lanza.
- ¡Vaya! – exclamó un elfo de tez pálida, barbilla puntiaguda y cabello dorado -. Tekai, si me delatas no hay quien pueda mirarle el culo tranquilamente a la cantante.
- ¡Eve! – Sharwyn clavó su lanza en el suelo -. ¿Por qué mierda ha puesto Aribeth a este malnacido en nuestro equipo?
- Oh, Shar, me partirías el corazón si no fuera porque sé que acabaremos irremediablemente en la cama.
- ¡Como me vuelvas a llamar Shar te corto la…!
- ¡Tranquilos! – intervine en la discusión -. ¿Has encontrado algo durante la exploración?
- Nada – contestó el elfo -. Ni enemigos, ni bestias que nos dificulten el camino, ni nadie capaz de delatarnos. No hay peligro al menos en dos horas más de camino.
Teníamos que ser bastante sigilosos en nuestra misión de volver a encontrar a Desther. Si el yelmita llegara a saber que sabíamos su paradero cambiaría de base, haciendo más difícil la tarea de encontrarle. Era complicado que Lady Aribeth y Lord Nasher campearan por su reino sin ser fácilmente reconocidos, así que habían puesto el trabajo en un grupo muy reducido de combatientes.
Yo tenía el puesto asegurado en el equipo por la capacidad de convocar a Feyr, la gárgola que había seguido a Desther y conocía su ubicación.
Sharwyn había demostrado su efectividad junto a mí recuperando la yuan-ti y enfrentándonos a Desther, lo que la convertía en una miembra valiosa.
El elfo Eve Liamytholen era un explorador sin igual, veloz y rastreador, imprescindible para encontrar a nuestro enemigo y llegar a él sin ser vistos.
Y el cuarto y último miembro se encontraba buscando la cena en aquellos momentos. Puesto que teníamos que evitar posadas para no cruzarnos con los espías de los yelmitas, teníamos que alimentarnos de vida salvaje.
La vida de muchos enfermos del Aullido dependía de nuestro éxito o fracaso.
Me ha gustado el elfo, esto promete
Chelo
Jaja bastante que se ha socializado un poco y se ha atrevido a contar algo. Si al final no va a ser tan mala. De hecho a mí me gustan los personajes que no son malos porque sí, que lo son por algo "justificado", veremos cómo la desarrollo. ¡Un saludo y un agradecimiento muuuuy fuerte!
Yo creo que las personas somos adictas a lo complicado, que lo fácil no nos gusta. El elfo es un picarón, un viva la vida y un despreocupado de todo, creo que estos personajes hacen los relatos más entretenidos, aunque igual hasta tiene su corazoncito, no sé yo jaja. ¡Un saludo, millones de gracias por seguir comentando!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 18: Equipo
- Gracias por el fuego, en unos minutos estará preparado – nadie diría que aquella ronca voz podría pertenecer a un ser con conocimientos culinarios tan refinados.
- No era necesario cazar una pieza tan grande – le dije al semiorco que nos acompañaba señalando al que debía ser el padre de todos los jabalíes del mundo.
- En mi tribu dicen que uno no es lo suficientemente macho si no es capaz de zamparse uno de estos de una sentada – contestó el ser de monstruoso rostro y robusto cuerpo -, pero haré una excepción para que haya para todos.
Daelan “Tigre Rojo” conocía demasiado bien la lengua humana para ser un semiorco. Y era demasiado educado para hacer honor a sus duras facciones simiescas y su excesivo vello facial y corporal de bestia.
- ¿Por qué sirves a Aribeth? – preguntó Sharwyn mientras cubría su cuerpo con una capa, no sabía bien si para cubrirse del frío nocturno que empezó a hacer presencia o para escapar de las rapaces miradas de Eve.
- Motivos personales – fue lo único que respondió aquella grave y rasgada voz.
- No malinterpretes a Sharwyn, Daelan. No creo que ninguno tenga dudas sobre ningún miembro de este equipo, pero es cierto que nos gustaría conocer algo más de un compañero.
- Tranquilo, estoy acostumbrado a las desconfianzas – resopló en dirección a la mujer bardo mientras seguía removiendo el caldero -. Llevo medio siglo cargando con el peso de la sangre de mi padre.
- Aribeth no te ha puesto en el equipo sólo por tu fuerza bruta, puede que la única comparable a la de Desther – intenté suavizar la discusión -. Y en tiempos en los que no se sabe ni quién es amigo ni enemigo, dudo que hubiera puesto a nuestra disposición manos peligrosas. Por lo que a mí respecta, tienes mi total confianza.
- Y vosotros la mía – echó un poco del guiso en uno de los platos que había improvisado con las duras cubiertas de los frutos de Nohivern que intentaban así protegerse del frío -. Pero la amistad, no. No sembréis un lazo que no podréis mantener.
Comimos aquel plato cuya receta durante siglos había alimentado grandes guerreros como lo eran los miembros de la tribu de Daelan. El guiso caía fuerte al estómago y ardía ligeramente en la boca, pero era un sabor agradable. Puesto que nadie se decidía a hablar, me tomé la licencia de romper el silencio, más frío que el clima de Nohivern.
- Yo estoy aquí por mi incapacidad de quedarme de brazos cruzados ante un mal tan devastador como el Aullido. Puede que vosotros ya hayáis vivido lo suficiente como para llamarme idiota, pero yo aún confío en que hacer el bien es lo que un hombre debe hacer. Antes incluso lo defendía a cualquier precio. Puede que ahora sólo siga el camino para demostrarme que era cierto y justificar así lo que he perdido y he hecho perder con mi tozudez. Me cuestiono si es poco inteligente defender el bien a toda costa…
- Lo es – se escuchó desde arriba, el elfo Eve comía sobre una rama atento a cualquier enemigo o peligro que podía haber sido atraído por la hoguera -. ¿Pero quién es un elfo expulsado de sus tierras por no aceptar las tradiciones para juzgar lo que es inteligente o no? Algún día seré un héroe aquí fuera y le taparé la boca a aquellos que se empeñan en convertir sus amados bosques en su prisión. Aunque mentiría si digo que mi principal objetivo en territorio humano no es tapar otro tipo de bocas, en especial las de bellas doncellas, y con otros métodos.
- Fama – se limitó a decir Sharwyn, que se había dado cuenta que cada uno estaba sincerándose un poco para aumentar la afinidad del grupo.
- Yo busco aceptación – la voz del semiorco era la más poderosa de las de los cuatro -. A veces me conformo con que los humanos no salgan corriendo a mi paso, con no encontrarme una flecha en mis espaldas. Servir a Aribeth es la manera más rápida de demostrar a los humanos que hay un corazón de hombre en este cuerpo de orco.
El silencio hizo aparición y se alargó durante toda la cena. Cuatro destinos individuales que se unían en una parte del camino. Un defensor del bien cuestionándose la utilidad de sus acciones. Una mujer dispuesta a conseguir su bienestar y realización personal a costa del sufrimiento ajeno en caso de necesidad. Un semiorco buscando derrotar su aspecto externo mediante su fuerza interior. Y un elfo expulsado de los bosques con una máscara de rebeldía buscando un hueco en la humanidad. Me pregunté quién de nosotros acabaría encontrando su lugar, quién moriría en la búsqueda y quién estaría condenado a una larga vida sin llegar a su meta.
- Es hora de dormir – dijo Eve tras tomar la última cucharada -. Descansad tranquilos, yo haré guardia, los elfos llevamos bien eso de no dormir.
- ¡Ja! No cerraré los ojos antes de que lo haga un pervertido como tú.
- Te reto a aguantar despierta más tiempo que yo – contestó Eve que había bajado del árbol y se había puesto frente a Sharwyn con una velocidad vertiginosa -. Y se me ocurren algunas cosas divertidas que podríamos hacer para aprovechar el estar despiertos en una larga noche como esta.
- Tekai, ¿no te queda algún pergamino de paralizar? – refunfuñó Sharwyn.
- Creo que vas demasiado rápido si lo que pretendes es conquistar a la dama, elfo – se permitió añadir el semiorco Daelan -. Te aconsejo que hagas como hacen en mi tribu. Debes estar oliéndole el trasero a lo largo de dos lunas sin parar. Con eso habrás demostrado tu amor y rara vez alguna mujer se resiste a tal prueba de afecto.
Nos miramos entre nosotros, cada uno con un rostro diferente, cada cual más sorprendido o asqueado.
- Era broma – todos estallamos de risa ante aquel alarde de humor por parte de alguien cuyo aspecto parecía decir que sería incapaz de bromear.
La noche se presentó en su completa expresión frente a nosotros y decidimos descansar. Al día siguiente alcanzaríamos nuestro objetivo. Para entonces, puede que alguno ya no volviera a reír nunca más.
Son los estadíos de la vida, más o menos...
Chelo
Jaja a todos (a todos... los que me caigan mal muajajaj). Jo, no... me has puesto como un sanguinario con mis personajes xD. ¡Muuuuchas gracias por cada uno de tus comentarios!
Me gusta en todo lo que escribo que cada personaje tenga un dilema personal con una cuestión que resolver e ir desarrollándolo. Y como dices, en el fondo son cosas que todos pensamos, y es un lío, porque a veces parece que tenemos los puntos claros y al tiempo nos ponemos a dudar. Supongo que a eso se le llama aprender. Un saludo y ¡gracias por tu reflexión!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 19: Campamento Yelmo
Frente a nosotros se desplegaba una robusta empalizada que protegía un campamento lo suficientemente organizado para asegurar una buena defensa pero lo suficientemente ligero para desplazarse constantemente de lugar. El punto exacto para alguien que huía una vez tras otra pero que necesitaba proteger algo valioso.
Las puertas estaban destrozadas y el aspecto que ofrecía era de haber sufrido una batalla campal, con varias estructuras devastadas. Aún así, Eve fue el primero en acceder, aprovechando su sigilo para conseguir una primera impresión del lugar y poder trazar una estrategia de invasión adecuada antes de delatar nuestra presencia.
- No os vais a creer lo que hay dentro – fue lo primero que dijo el elfo al volver -. Pero pasad, como si fuera vuestra casa. No hay resistencia. En ningún lado.
Y tenía razón. Lo único que encontrábamos eran cadáveres en el suelo. Atravesamos el patio exterior, repleto de tiendas rápidamente levantadas para acampar y llegamos a una entrada subterránea con paredes edificadas en piedra. Dentro todo era bien distinto, pasillos en penumbra que recordaban a las catacumbas de cualquier castillo.
Pero de entre todos los detalles, el que más nos llamó la atención fue ver el suelo plagado de esqueletos. Por si no fuera suficiente para crear un ambiente tétrico, los libros de tapas oscuras con sortilegios demoníacos entintados en ellos que encontrábamos en numerosas salas nos hacían extremar las precauciones.
Finalmente nuestro repetido avance por pasillos sembrados de cadáveres y esqueletos acabó al llegar a una sala con alguien conocido en el centro. Arrodillado y gimiendo, el abad Fenthick se mostraba ante nosotros.
- Te mereces una en la frente por traidor – dijo Eve cogiendo una flecha y tensando en su arco.
- Espera, Eve – le obligué a bajar su arma -. Veamos qué información puede ofrecernos primero.
- No hace falta amenazas – dijo Fenthick viendo que Daelan se aproximaba para poner una pesada hacha sobre su pescuezo -. Hablaré, ya lo creo. Aquí ha habido una batalla. Cuando Desther entregó la cura decidieron matarle. El yelmita era sólo un soldado con una misión, y una vez cumplida querían deshacerse de él. Pero Desther es perro viejo, se hizo fuerte, plantó cara y se atrincheró en esa habitación de ahí. Finalmente sus agresores decidieron marcharse y no arriesgarse a numerosas pérdidas ante la desesperada defensa de Desther. Invocó un ejército de muertos vivientes para defenderse.
- ¿Desther usando nigromancia? ¿La Orden del Yelmo invocando muertos? – no lo entendía, pero al menos supe el significado de aquellos esqueletos en el suelo.
- Aquí todos la usan, Tekai – continuó Fenthick -. En esta secta todos están adiestrados en la nigromancia. Te diré más, crearon el Aullido y no les interesa que se cure, ¿sabes por qué? Porque los muertos debilitan a Nohivern, sí, pero a la vez les refuerza a ellos. A mayor número de personas muertas, más seres pueden invocar del más allá para su ejército. Todavía peor, pueden invocarlos dentro de la propia ciudad, sin necesidad de vencer a las murallas. Nohivern caería sin poder ofrecer mucha defensa.
- ¿Suficiente? – Eve volvió a acariciar una flecha.
- Mátame si tu juicio dice que así ha de ser – Fenthick era incapaz de levantar su mirada del suelo, aquel hombre menudo se hacía todavía más pequeño por momentos.
- No lo hagas – le ordené -. Algún motivo tendrá para lo que ha hecho.
- ¿Tu bondad te nubla la mente? – intervino Sharwyn -. ¡Estuvo a punto de matarte! Creo que cosas así dan la razón a que eres más idiota que bueno.
- Tuve que atacarte, Tekai – Fenthick hablaba cada vez con menos fuerza en su voz -. Yo supliqué que dejaran a Desther participar en la búsqueda de la cura, porque me parecía un hombre poderoso, muy capaz. Si lo hubieras detenido lo hubieran juzgado en el momento, y su culpabilidad sería la mía. Yo sería culpable de haber recomendado al hombre que creó el caos en la academia y que robó la cura que muchos enfermos están esperando. Si le dejaba ir tendría tiempo para enmendar sus errores, estaba seguro de que lo haría. Pero tras lo que he visto ya no lo creo…
- ¿Y para eso tenías que matarme a mí?
- Sabía que no te pasaría nada, Tekai. Tenías cerca a Aribeth, una experta en magia sanadora, y los mejores magos curativos del reino se encontraban allí preparando la cura. No podías morir de ninguna manera. Lo hice porque sabía que no dejarías escapar a Desther si no era incapacitándote.
- Mi opinión es que debemos dejarle ir - dije convencido y dando comienzo a una votación -, seguro que Aribeth está deseando escuchar una explicación.
- Ni en broma, sus actos ya han hablado por él. Su prometida tendrá el juicio tan nublado como tú. Le mataré con mis manos si es necesario – dijo Sharwyn.
- Yo no he venido a aumentar mi fama de sanguinario – Daelan retiró el hacha del cuello de Fenthick dando ventaja a la opción de dejar vivo a Fenthick.
- ¿Me toca el voto decisivo? – el elfo hizo uso de su turno -. Bien poco me importa este hombre. Así que decidiré lo mismo que la bella señorita, por si eso me hace ganar puntos para acercarme a su bajo vientre.
- Eso son dos opiniones a favor de ejecutarme, y dos en contra – ponderó Fenthick que veía como la flecha que Eve había lanzado en forma de amenaza rasgaba su oreja -, Dejadme desempatar. Quiero que me matéis. Aceptaría un juicio en Nohivern y la muerte si ese es el resultado, pero para lo que no estoy preparado es para enfrentarme a los ojos decepcionados de mi amada.
- No hemos venido aquí para matar a nadie – dije mirando la puerta que había tras un abad que si no estaba realmente desesperado fingía muy bien el llanto -. Hemos venido a recuperar la cura.
Desther nos esperaba tras la puerta como un felino acorralado. Esta vez no nos enfrentábamos a un caballero huidizo y con el tiempo en contra. Nos enfrentábamos a alguien que había preparado bien su defensa, lo que multiplicaba su peligrosidad. Teníamos que planear una estrategia perfecta si queríamos recuperar la cura.
Chelo
Jeje, hombre, cuando alguien está tan arrepentido que pide hasta que le maten como precio por sus errores... un poco se puede confiar en él. Aunque también digo que yo me fío de todo el mundo y a lo mejor se me pega a la hora de escribir. Y a día de hoy nunca me he arrepentido de confiar en la gente, de pensar que las personas son buenas por naturaleza.
¡Gracias por comentar!
Pues ahí va lo que pasa, espero que guste el capítulo. ¡Millones de gracias más por seguir pasando por aquí!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 20: Revancha
Daelan utilizó su fuerza de semiorco para destrozar la puerta que nos separaba del habitáculo del yelmita. Sin duda aquella bestia hizo honor a su gran cuerpo, ya que le bastó un único golpe con su enorme hacha para partir la tosca madera. Haciendo girar a velocidad vertiginosa con increíble ligereza aquella arma que debía pesar una barbaridad hizo un escudo móvil con el que entrar a la habitación protegiéndose de cualquier peligro. El resto le seguimos cubriéndonos tras él.
Desther estaba en el centro de la sala rodeado de cinco esqueletos que se lanzaban unos rayos de luz entre ellos. Las líneas luminosas se entrecruzaban entre sí dibujando un pentáculo. Delante de toda aquella representación estaba el ejército de muertos vivientes que el líder de la Orden del Yelmo había convocado para protegerse.
Sharwyn comenzó su canto ensalzador, potentes vocalizaciones de una escala ascendente que entraba por el oído y se asentaba en mis músculos. Con mi condición física tan aumentada me dediqué rápidamente a neutralizar muertos vivientes, uno tras otro. Sus movimientos ralentizados no les daban opción alguna contra mi frenesí de lucha que permitía segar sus cabezas fácilmente.
Conseguí así abrir camino para que Daelan se pudiera acercar a Desther, levantar su pesada hacha e intentar asestarle un golpe mortal al traidor. El yelmita sacó su espada bastarda para frenar el ataque del semiorco. El choque de los dos metales generó una onda expansiva que nos agitó el pelo y los ropajes a todos. La fuerza bruta de los dos combatientes había estallado tras el choque de sus armas.
Llegó el turno de Eve. El elfo había aprovechado su sigilo y la confusión para colarse hasta la retaguardia de Desther y disparar con su arco desde atrás. La flecha llevaba una dirección perfecta, viajaba hacia la espalda de nuestro enemigo de manera inevitable. Y llegó. Llegó y pasó. Nos quedamos perplejos al ver la flecha traspasar el cuerpo de Desther como si su cuerpo fuera una simple cortina de humo. El proyectil entró y salió sin resistencia, sin mancha alguna de sangre. Y siguió su camino impactando en el pecho de Sharwyn que se encontraba en la parte opuesta de la sala y que como todos nosotros, no esperaba que la flecha cruzara el cuerpo de Desther de aquella manera.
Nuestra estrategia había fallado.
- ¿Estás bien? – el elfo había hecho uso de su gran velocidad para llegar de punta a punta de la sala y agarrar a Sharwyn antes de que cayera al suelo, ofreciéndole una poción curativa.
- ¡Imbécil! Estaré bien. ¡No me hace falta esa mierda! – había escupido el mejunje junto a cierta cantidad de sangre -. Ayuda… ¡Ayúdales!
Fui rápidamente a asistir a Daelan. Aunque su fuerza era igualable a la de Desther, no lo era tanto su velocidad. Le habría matado rápidamente de no haber ido en su ayuda. Ni siquiera su hacha y mis dos espadas cortas eran suficientes para derrotarle. Su espada bastarda se movía con una agilidad increíble, con una habilidad marcial digna de un héroe.
- ¡Seguid así! – el elfo, arrodillado, lanzó otra flecha que se coló bajo mi brazo para volver a traspasar a Desther.
- ¡Es imposible! – le grité jadeando sin despistarme ante los ataques de nuestro enemigo -. ¡Es inmune! ¡El pentáculo le protege! ¡Hay que romperlo!
Daelan se retiró de la lucha dejándome sólo con Desther para destrozar a golpe de hacha a los esqueletos que manejaban los rayos de luz. Eve sacó su estilete y aunque prefería la lucha a distancia, también fue capaz de destrozar uno de los esqueletos tras tanto insistir con los golpes de su arma. Al caer los cinco seres huesudos que habían, los rayos lumínicos cesaron, y el conjuro de inmunidad también.
- Ahora sí luchamos de tú a tú, y estás en inferioridad numérica – le dije a Desther con una sonrisa amenazante.
- ¡No me dais otra opción entonces!
El yelmita hizo una esquiva hacia atrás, lanzó su espada bastarda al aire y puso las manos en su cara. Rezó una corta y rápida oración y, sólo fue un segundo, al pestañear lo perdí de vista, pero me pareció ver un demonio a sus espaldas. Inmediatamente después, una tremenda explosión inundó la sala. Un estallido del que nadie podría haber salido vivo en bastante distancia alrededor. El techo se desmoronó, dejando al aire libre lo que poco antes era una sala subterránea.
- Creo que no teníais ni idea del poder de vuestros enemigos – se jactaba un Desther que se hacía hueco entre los escombros para salir a flote, herido y cansado por el esfuerzo de su poderosa invocación.
- Pues creo que tú tampoco – Desther agachó la mirada para ver la punta de una espada corta salir de su vientre.
- ¿Vivo? ¿Cómo?
- ¿Sorprendido? – sin duda lo estaba, su rostro lo reflejaba al girarse y verme detrás de él sin una herida.
- Escudo de protección. No, ninguno de nosotros es capaz de hacerlo, no te equivocaste al pensar que no teníamos ningún conjuro que nos protegiera de tu ataque mágico. Pero no contaste con ella.
La silueta a la que señalaba a mi lado apenas se diferenciaba mucho a una nube espesa de humo con forma de jovencita tímida. La silueta de una maga que había estudiado mucho para saber hacer un escudo de protección como ya había utilizado conmigo cuando estábamos juntos en la prisión. Saqué mi espada del cuerpo de Desther en dirección ascendente para rasgar todos los órganos que pudiera y el hombre no tardó en desmayarse y caer al suelo.
- Te dije que no te iba a abandonar. Te lo dije.
La nube de humo al lado de mí respondió a aquellas palabras rodeándome como si quisiera abrazarme, haciéndome derramar por un ojo lágrimas de felicidad y por el otro de pena. Airina estaba entre nosotros, y nos había protegido con su escudo mágico. Me aseguré de ver que mis compañeros salían vivos de debajo de los escombros antes de dejarme caer por el cansancio con un victorioso grito que rápidamente se contagió a mis compañeros.
Giré la cabeza para mirar el cinto de nuestro enemigo caído. La botellita de cristal con la cura seguía ahí.
Si ya sabía yo que te iba a dar pena cargarte a Airina tantas veces...ahora como es un espíritu no te la puedes cargar...
A ver que pasa mañana...
Chelo
Jajajaja jo, era una cutre forma de decir que sentía las dos cosas, felicidad por sentir la presencia de Airina y pena por lo que todo eso implicaba que ya se explicará por qué podía "estar" ahí e interactuar.
Un enooooooooooooooooooooooooooooo(si pusiera lo realmente enorme que es me saltaría el limitador de caracteres del comentario)ooooooooooooorme agradecimiento a las dos!!!!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 21: El cese de los aullidos
- A estos hombres les debemos haber podido acabar con “la Muerte Aullante”. Estos héroes han hecho que los gritos de desesperación, los cuerpos corroídos por el miedo y el sufrimiento desaparezcan...
Lady Aribeth seguía con el discurso de celebración, ensalzándonos para alegría y alboroto del numeroso público asistente. Pero en el escenario faltaba alguien, Sharwyn. Había escupido la poción curativa de Eve porque era alérgica a uno de sus reactivos, lo que dificultó su posterior recuperación. Pero evolucionaba favorablemente gracias al trato de aquellos sanadores que días antes habían salvado mi vida.
El viento y el rojizo atardecer se presentaron justo en el momento en que el protocolo daba paso a acontecimientos menos festivos. En el centro de la plaza empezó a alzarse un fuego cuyas llamas se esmeraban en devorar el cuerpo inerte de Desther. Se había ofrecido el cuerpo del traidor a la plebe como castigo por sus acciones. Rápidamente el ambiente se llenó de un olor podrido, la repugnancia de los actos de Desther se había hecho accesible a nuestras narices, y agradecí que el viento soplara con más fuerza para llevarse la pestilente evaporación del yelmita. En poco tiempo la carne se había convertido en un compuesto negro carbonizado que haría que si Desther no podía ser fácilmente olvidado, al menos fuera recordado como la miseria que era.
Aribeth tomó de nuevo la palabra para ofrecer también al pueblo a Fenthick. Esperaba que la rabia popular quedara saciada con el ritual de Desther y de alguna manera no pidieran más sangre, pero aunque su corazón se esforzaba en creer lo imposible, su cabeza bien sabía que no había opción.
- Este hombre ha errado, pero lo ha hecho con buen corazón. Recomendó y dio poderes a Desther para encargarse del Aullido pensando que sería una ayuda inestimable, y en ningún momento quiso que sus actuaciones causaran tantas muertes y sufrimiento a su pueblo – la Señora habría rogado el perdón en este punto, pero no era una de las opciones a las que podía aferrarse ninguno de los Nueve -. Dejo en vuestro misericordioso parecer el juicio a este hombre.
Los gritos de odio eran inequívocos. Me pregunté si alguien aparte de mí de entre todos aquellos ciudadanos le habría dado una oportunidad al abad. Se puso una soga en el cuello del menudo hombre atada a un árbol por el otro extremo y Aribeth procedió a la sentencia.
- En nombre de Nohivern, que la justicia te arranque la vida como mereces.
Jamás comprendería como Aribeth fue capaz de decir esas palabras a su amado sin derramar una lágrima antes de dar una patada a un soporte que al desplazarse dejaba a Fenthick colgado del árbol. La Señora habría deseado que su cuello se partiera para una muerte rápida, pero eso no ocurrió. Fenthick tardó en morir cumpliendo su promesa: no había mirado a los ojos a su prometida en ningún momento desde que había llegado a Nohivern. Tampoco lo hizo en aquel fatídico momento. Seguramente pensó que era la única forma de demostrarle a Aribeth que la amaba y que no la merecía. No me quedé allí para ver cómo el rostro del abad se tornaba de color azul cuando se quedaba sin aire y sin vida.
El resto de la celebración continuó en los jardines del castillo Noy, aunque esta vez la festividad era limitada a los nobles de la ciudad, como si el ciudadano medio sólo mereciera el haber sido salvado de una epidemia sin derecho alguno a la jovialidad. Encontré a Lady Aribeth en un rincón de los privados jardines traseros inundando el suelo de lágrimas, resoplando de una manera exagerada como si le quemara el aire en sus pulmones y resistiendo de manera titánica para no emitir un desgarrador grito de sufrimiento.
- Lo siento mucho, Señora. Sé que no hay consuelo alguno en este momento, pero yo al menos sí creo que Fenthick actuó de buena voluntad – le dije acercándome muy lentamente por si mi presencia no era grata.
- Servir a Tyr requiere unos deberes – Aribeth cogió su espada y se hizo un corte en la mano del que fluía bastante sangre -. Tanto él como yo le servimos sabiendo que no sería fácil y que aceptaríamos cualquier final.
- Te entiendo, Señora. Sólo venía a decirle que si necesita algo de mí…
- ¡No! ¡No lo entiendes! ¡Y yo tampoco! – la mujer se lanzó a mis brazos, bañando mi hombro en apenas unos segundos y desgarrando su garganta con un grito que fue incapaz de contener un segundo más -. ¡Tú mismo lo dijiste! ¿Cómo puede un dios ser tan injusto? Llevo sirviendo a Tyr toda mi vida y es la primera vez que dudo de él. Dame una razón para odiarle, para despreciarle, dámela tú que no crees en dioses. Necesito… ¡Necesito escupirle todo mi dolor!
Me limité a tenerla entre mis brazos hasta que dejó de temblar, algo que sólo ocurrió un buen rato más tarde. No fui capaz de decir ni una palabra. Ella había dejado de creer en su protectora divinidad y pedía razones para consolidar su nueva opinión, pero verla así causó el efecto contrario en mí. Yo sí empecé a creer en un dios. Uno con tanta crueldad y maldad como para jugar con nosotros.
Chelo
Pobrecita. Tiempos difíciles e injustos... ¡Gracias por seguir aquí!
Pues se libra porque en algún capítulo anterior nombré de pasada que se permitía la libertad de culto jeje. Además es una paladín, se supone que su fe es irrompible. Aunque esa será la reflexión de ese personaje, hasta qué punto puede uno defender en lo que cree. Un saludo y ¡gragragragracias por comentar!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 22: Puerto Final
- ¿Cuándo vas a volver a deleitarnos con tu escote? – escuché preguntar a Eve que señalaba la zona pectoral de Sharwyn unos metros más allá de mi posición.
- ¡Imbécil! Si no me hubieras herido no tendría que llevar esta venda. Mira que si me llega a matar una flecha de un idiota como tú… ¡Hubiera vuelto a la vida sólo para arrancarte esas orejas de elfo que tienes!
- ¿Por qué vamos a Puerto Final? – tuve que girar la cabeza hacia el otro lado y alzar la vista para poder ver al dueño de aquella pregunta.
- Porque aún no han acabado los problemas, Daelan – me senté en una de las numerosas cajas que había en la cubierta del barco -. La plaga sólo fue un golpe para debilitar Nohivern.
- ¿Y para qué querrían hacer eso? – la respuesta la teníamos bastante clara, pero la inteligencia no era una de las características principales de los semiorcos.
- Para invadir la ciudad. Una ciudad debilitada es mucho más fácil de conquistar. Así que, hay alguien que quiere destruir Nohivern. Las investigaciones nos llevan a Puerto Final, puede que allí encontremos a los que de verdad están detrás de esta conspiración. Lady Aribeth traslada su cuartel allí con la esperanza de encontrar algo – justo pude observar que se abría la puerta de su camarote -. Hablando de la Señora…
Aribeth se acercó a mí, no sin antes reprochar a su paso la actitud de pasotismo de Eve que se dedicaba a tomar el sol en lugar de hacer algo productivo. Cuando estuvo a pocos pasos de mí reclamó mi compañía. Sin poder ni querer negarme a su petición, hicimos juntos el camino de vuelta hacia su camarote, una estancia reducida y oscura, justo lo contrario que ella podría necesitar para aliviar su duelo.
- Quiero hablar contigo, Tekai – dijo mientras me servía vino en un vaso -. En el informe de la misión pone que Airina, o algo que recordaba a ella, estuvo presente.
- Lo estuvo – deslizó el vaso por la mesa para acercármelo.
- Me pregunto cómo alguien que murió sigue entre nosotros.
- ¿Por qué no pruebas la ligadura de almas que me comentaste con Fenthick? – intenté cambiar de rumbo la conversación al advertir sus intenciones.
- Porque no puedo – hizo un gesto para que me sentara en una silla que obedecí, ella hizo lo mismo sobre la mesa, para tener una posición más alta e imponente -. Es una técnica muy arriesgada, donde a menudo el interesado suele fracasar y fallecer como pago por el error. Y el porcentaje de éxito es muy reducido, tanto que sólo suelen recurrir a ella aquellos que están tan desesperados que contemplan el suicidio como opción. Me sorprende que tú hayas conseguido sobrevivir tantas veces a ella, es un caso único y que me gustaría estudiar cuando todo acabe. Pero yo no puedo permitirme el lujo de abandonar la lucha, me debo a mi reino, a Lord Nasher, morir dejando mi deber sin cumplir no es una opción.
- Pues yo creo que o bien no quieres tanto a Fenthick como para arriesgar tu vida en traerlo de vuelta – di un trago a aquel vino negro dulzón, seguramente importado por la ausencia de frutas en Nohivern -, o tus esfuerzos en desobedecer a tu dios han sido en vano y no quieres trastocar el flujo de vida. Gran pecado, pues sólo él decide cuánto vive cada uno, ¿no?
- No te atrevas a juzgarme, Ispalis. Que tus actos heroicos y la confianza que deposito en ti no te lleven a engaño. Sigo siendo tu Señora, y me sigues debiendo respeto y obediencia.
- Discúlpame si defiendo la opinión de que no me siento esclavo de nadie, no como tú que eres incapaz de cuestionar aquello para lo que te han adiestrado toda tu vida – los ojos de Aribeth se abrieron como platos, seguramente hacía mucho tiempo que nadie se había atrevido a ponerse un escalón por encima del suyo.
- Te pido disculpas, Ispalis – Aribeth agachó la mirada -. Pero la conversación sobre mi fidelidad a Tyr y su repercusión en mi vida tendrá que ser en otro momento. Me gustaría retomar el tema que nos ocupa hoy.
- El pergamino – suspiré al nombrarlo -. Fue el pergamino.
- ¿Resurrección? Imposible, nadie sabe usarlo. Eres un hombre muy capaz, pero creo que tú tampoco habrías sido capaz de resucitar a Airina.
- Y no te equivocas. Lo leí mil veces, si no más. Lo único que saqué en claro es que aquellas instrucciones podían sacar vida de donde ya no la había. El resto era imposible de comprender, por no hablar de la dificultad de extraer la magia imbuida en el papel. Así que, hice uso de la parte que más o menos pensé que podía manejar.
- ¿Usaste un pergamino a medias? – Aribeth volvió a coger la botella de vino para rellenar su vaso que acababa de vaciar.
- Tenía que hacer todo lo que estuviera en mi mano por Airina, y en ese momento eso era todo lo que tenía.
- Pero eso no es posibl… - la botella se soltó de la mano de la Señora partiéndose en mil pedazos de cristal al llegar al suelo -. Respiras muy flojo, no veo tu pecho moverse apenas.
- Tienes buen ojo de semielfa – Aribeth se había dado cuenta de que me faltaba un pulmón -. Y mejor cabeza, así que supongo que ya lo has entendido. No era capaz de sacar vida de donde ya no la había, pero sí de devolverla partiendo de donde ya la hay.
- No usaste la resurrección porque nadie puede usarla. A cambio utilizaste parte de la magia impresa en el pergamino para crear un sortilegio más sencillo: sacrificio.
- Más sencillo, y más costoso. A menudo que pase el tiempo yo iré perdiendo partes de mi cuerpo, y Airina que ahora es una nube de humo irá adquiriendo solidez hasta recuperar el suyo. No resucito nada, sólo es un intercambio.
- Eres el hombre más honorable que he visto nunca – Aribeth bajó de la mesa y se arrodilló ante mí.
- No, Señora, no lo soy – un grito de ‘tierra a la vista’ desde el exterior anunciaba que el viaje estaba a punto de finalizar -. Sólo hago lo que dicta mi corazón. A veces, puede que demasiado a menudo, se equivoca. Pero jamás dejaré que un dios se equivoque por mí. Y mucho menos, que haga que me rinda en mi objetivo de recuperar a la persona que más quiero del mundo.
Me acordaba de lo de la libertad de culto pero pensé que al ser una paladín no le iban a permitir dudar de Tyr tan alegremente.
Me ha gustado mucho el dibujo del barco.
Chelo
Chelo
Cierto, a un paladín se le nombra con unos deberes, que de momento Aribeth no es capaz de desobedecer. ¿Será eso bueno o malo para ella? Ya se verá.
Eso es, es una forma de dar la vida por la persona que quieres. Y además de eso, cuando estén a la mitad habrá un momento en que aunque incompletos, sean físicamente tangibles y se puedan tocar, aunque sólo sea un corto espacio de tiempo, él cree que valdrá la pena.
Me recuerda a una canción, "La vida en un beso", que habla de un ladrón que se enamora de una princesa, y que aunque sabe que es imposible y que si lo pillan con ella lo ejecutan, le vale la pena que le maten si al menos consigue besarla. Yo, iluso que soy de la vida, pienso que así es como se debería de querer a alguien, como mínimo.
La canción es esta:
http://www.youtube.com/watch?v=RRFc_tYf27c
¡Graaaaaaaaaaaaaaaaacias a las dos por comentar!
LAS NOCHES DE NOHIVERN
Capítulo 23: Aarin Gend
Aproveché la dura roca de las canteras abandonadas para poner a prueba mi potencial, lanzando una y otra vez proyectiles mágicos sobre la piedra que alguna vez dio trabajo a miles de mineros. Necesitaba entrenar, ya no tanto para mejorar mis habilidades, si no para mantenerlas al menos ante la inminente pérdida de facultades que se avecinaba con la desintegración de partes de mi cuerpo.
- Golpeas bien, transformas la energía mágica en una buena maza, pero yo probaría a darle una forma perforante, y si le añades energía corrosiva tendrías un ataque interesante – no había escuchado a nadie llegar, lo cual decía bastante de las habilidades de sigilo de aquel hombre a mis espaldas teniendo en cuenta mi agudizado oído.
- Flecha ácida. Sí, yo también he leído los manuscritos de Melf. Pero no es tan fácil en la práctica – me giré para poder ver frente a mí a un hombre de piel oscura como la noche con un cuerpo estilizado y buena musculatura.
- Soy Aarin Gend. He trabajado muchos años para Lord Nasher aquí, en Puerto Final. Aribeth me ha dicho que te encontraría en este sitio – se puso una diadema dorada para controlar las numerosas trenzas negras que definían su cabello negro.
- ¿Varios años trabajando en la frontera con Luskan y sigues vivo? Mis felicitaciones entonces – me limpié el sudor de la mano en el pantalón y se la ofrecí.
- No puedo estar orgulloso con mi trabajo al no haberme dado cuenta antes de lo que amenazaba Nohivern. El peligro no debía de haber pasado de aquí – apretó mi mano con la fuerza de un guerrero -. Pero no es mi estilo ser derrotista, así que aquí estoy hablando contigo, para buscar soluciones.
- Tú dirás – me acerqué a un pequeño chorro de agua que quería escapar del muro de piedra para lavar mi cara y mi torso desnudo.
- Seré directo. Le pregunté a Aribeth quién era el mejor de los hombres que había traído consigo y me dio tu nombre. Quiero echar un ojo a las cuevas del norte. Normalmente son una lucha incesante de trasgos, osgos y orcos matándose entre sí por territorio, pero llevan unos días saliendo de las cavernas y asaltando villas con más frecuencia de lo normal. Parece que están siendo dirigidos, cosas típicas de las sectas como la que creó la plaga en Nohivern. Me preguntaba si te importaría venir conmigo a investigar.
- ¿Tú y yo solos? – calculé la distancia que me separaba de mis espadas que descansaban en el suelo -. No te lo tomes como algo personal, pero no he tenido buenas experiencias con los traidores, así que no me parece buena idea ir con un desconocido a algún lugar cerrado sin testigos de por medio.
- ¿Crees que intento hacerte daño? – su risa retumbó en la cantera -. Sólo quiero evaluarte. No te lo tomes como algo personal, pero quiero ver la valía del mejor de los que habéis venido de Nohivern. Llevo años encargándome de la guardia de Puerto Final. Aquí sólo acepto a los mejores, pues la pequeña guarnición de Puerto Final sería la que tendría que hacer frente a una invasión de Luskan en primera línea. Seré franco, quiero saber si tenéis el suficiente nivel para estar a la altura o, por el contrario, sois un estorbo.
- Veamos quién es el estorbo entonces.
Cogí mis utensilios y me dediqué a seguir los pasos de Gend.
Chelo