¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Las noches de Nohivern

2456789

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Huácala, que pollo más feo:eek:
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Huácala, que pollo más feo:eek:

    Jajajaja pobrecito, no le digas eso, que tiene sentimientos (vamos, con ese cerebro, tiene que tenerlos).
    ¡Un saludo!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    NW11_zps9c24d39f.jpg

    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 10: Prisas

    - Espero que muerto siga siendo útil.

    Puse la bolsa que contenía el cadáver del devorador de intelectos frente a Lady Aribeth, Fenthick y Desther. La Señora y su prometido estallaron de júbilo al ver que habíamos conseguido una de las cuatro criaturas. El líder de los yelmitas fruncía el ceño y seguía desconfiando.

    - Buen trabajo, pero sospechoso, demasiado rápido lo habéis encontrado. Me pregunto si no sabíais algo y hacéis esto para ganar nuestra confianza y seguir espiando más fácilmente.
    - ¿Nos traen una de las criaturas y sigues desconfiando? - Aribeth se permitió sacar pecho ante Desther saboreando la pequeña victoria -. Tekai y Airina, habéis hecho un gran trabajo.

    Fenthick cogió una bolsa de cuero en cuyo interior sonaba el repicar de unas monedas. La puso en la mesa.

    - Muchas gracias, pero no hace falt...
    - Gracias - vociferé más alto que Airina para interrumpirla -. Comparto el sentimiento de solidaridad de mi compañera, y también estoy aquí sólo para ayudar a los enfermos, pero su juventud le impide saber que en pos de ese objetivo es más útil donarles todo lo que hemos ganado en lugar de dejar que se diluya en las ornamentaciones de un palacio.
    - Es una recompensa merecida, podéis hacer lo que deseéis
    – dijo Aribeth mientras yo ataba la bolsa de cuero a mi cinto -. Ahora es necesario un descanso.
    - ¡No! –
    se exaltó Airina -. Ahora no, hemos conseguido una criatura, sabemos más que nunca que podemos hacerlo, ya descansaremos más tarde, hay que seguir.
    - Creo que la Señora no se ha explicado bien
    – el abad Fenthick se acercó a Airina y le tomó la mano haciendo que mi corazón se encogiera -. Tú eres la que necesita descansar.

    Miré la zona del antebrazo que señalaba el abad, observé aquella herida y mi cerebro reaccionó desencadenando la primera fase del duelo.

    - ¡No! – agarré el brazo de la maga casi empujando a Fenthick -. Será un rasguño de la misión, ¿sabes? Hubo una explosión. O el mismo frío habrá hecho estragos en su piel. Pero me niego, no es una señal del Aullido.
    - Lo siento mucho
    – Fenthick era incapaz de mirar otra cosa que no fuera el suelo -, pero es un síntoma de “la Muerte Aullante”. Desgraciadamente he tenido que ver la enfermedad más veces de lo que me gustaría y así es como empieza.


    El hombrecillo reflejaba tanta tristeza que por un momento pensé que su baja estatura se debía al peso que sus hombros habían tenido que soportar al estar tan cerca de los enfermos.

    - ¿Dónde están las otras criaturas? – el silencio hizo evidenciar el desconocimiento y subí el volumen de mi voz -. ¡Dónde están las otras criaturas!
    - El resto de enviados apenas han descubierto nada todavía – intervino Aribeth suavizando el tono de la conversación -. Pero el equipo de Yajeera y Sharwyn han investigado sobre una sospechosa secta en el Nido del Mendigo.
    - ¡Ya os lo dije yo! – como siempre, el veterano caballero Desther intervenía para increpar -. Que la libertad religiosa que estaba permitiendo Lord Nasher nos traería problemas…
    - Desther, puede que por esa libertad religiosa la Orden del Yelmo siga teniendo tanta influencia. Te ruego que no abras la boca si no es para aportar buenas ideas
    – replicó el pequeño Fenthick.
    - Ya tendréis tiempo para discutir sobre ello – interrumpí a aquellos dos gallos de pelea -. Voy al Nido del Mendigo, y os aseguro que recuperaré las criaturas para que consigáis la cura. Cuidad de Airina como si del más frágil de los cristales preciosos se tratara.
    - Tienes mi palabra de que así será
    – aseguró una elocuente y comprometida Aribeth.
    - Si cuando vuelva con ellas Airina no sigue viva, os podéis olvidar de las criaturas y de la cura para siempre.

    Me llevé a Airina de allí hacia la sala que hacía la función de hospital. Me sorprendió ver que no había derramado lágrima alguna, que su rostro no había mostrado desesperación. Su juvenil tez no se había visto afectada ante la noticia de una muerte prematura y dolorosa.

    - Puedo andar, Tekai – dijo ella ante mi insistencia en llevarla, o al menos dejarse apoyar en mí.
    - Voy a encontrar a las criaturas, te lo prometo – ella parecía no escucharme, se centró más en sacar un papel que llevaba en uno de sus bolsillos.
    - ¿Puedo abrirlo? – sonreí al ver el pergamino que le había entregado momentos antes y mis labios se estiraron aún más al ver su rostro de sorpresa al leerlo -. ¡No puede ser! ¡Venga ya! ¡El pergamino mágico de resurrec…!
    - Tsssssss – la obligué a guardar silencio -. No lo publiques, es uno de los más preciados y buscados.
    - ¡Y tanto! Incluso decían que era una invención, que no existía. ¿Dónde? ¿Dónde lo has encontrado?
    - En una de las tantas aventuras que te contaré cuando todo esto acabe – le acaricié la mejilla y deseé que esa piel nunca tuviera que retorcerse como ocurría con los enfermos del Aullido.
    - No puedo aceptarlo. No. Es, demasiado valioso.

    - Quédatelo. Yo ni siquiera sé usarlo, se necesita demasiado nivel. Pero estoy seguro de que tú algún día lo conseguirás. Creo que como maga tienes un valor incalculable. Y regalándotelo es la mejor forma de demostrar que ciertamente lo creo y de pedirte perdón por lo que te he hecho pasar.
    - Disculpas aceptadas
    – sonrió -, hechicero de pacotilla.

    Nos abrazamos fuertemente, tanto que mi cuerpo se negó a aceptar que pudiera haber algún día en esta vida que ya no pudiera tenerla entre mis brazos. De nuevo sentí aquella sensación de haberla conocido durante toda mi existencia a pesar de que hacía menos de un día que había entrado en mi vida.
    Llegamos a la sala de curas para encontrarnos con un ambiente intolerable, viciado de muerte y hedor, bañado de sangre, de humanos difícilmente identificables arrastrándose por el suelo.
    - Les voy a pedir que te lleven a una habitación, Airina.
    - No, no lo hagas. Tengo que acostumbrarme a esto.
    - Hace un rato apenas eras una niña débil
    – la besé en la frente -. ¿Cómo te has hecho tan fuerte?

    Cada segundo que pasaba era un trozo de piel que podía desprenderse de su cuerpo, o un órgano interno reventándose. Aunque deseaba estar con ella, no podía perder más tiempo. Me despedí de ella y salí corriendo al distrito del Nido del Mendigo.

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Espero que no te vayas a deshacer de Airina tan rápido:rolleyes:
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    No te carges a Airina o te mando un pescozón virtual. ;)

    Chelo
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Espero que no te vayas a deshacer de Airina tan rápido:rolleyes:

    Se lo merece por hacer que me equivoque con su nombre, jaja. ¡Qué no! ¡Gracias por seguir comentando!
    Chelo escribió : »
    No te carges a Airina o te mando un pescozón virtual. ;)

    Chelo

    Airina tiene los días contad... ¿Un pescozón? No me dejaré amenazar por la violencia virtual, jum... vale... sí... un poco... Igual hago que acabe de reina y todo jaja. Un saludo, ¡muuuchas gracias por seguir pasando por aquí!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Sharwyn_4.jpg

    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 11: Sharwyn

    Corría sin cesar, haciendo casi omiso a mi corazón que golpeaba duramente contra mi pecho pidiendo un respiro.

    - ¿Has encontrado algo? – le pregunté a mi gárgola de hielo que había sobrevolado el distrito hasta volver a posicionarse a mi lado.
    - Por supuesto, ¿acaso dudas de mí? – su voz era aguda, más parecida a la de un duende que a la del demoníaco aspecto que mostraba -. Al noreste.
    - Gracias
    – le dije sin dejar de correr, jadeante.
    - A ti, amo. Últimamente me convocas muy a menudo, lo que es de agradecer. La vida en forma pétrea para una gárgola es bastante aburrida – dijo antes de volver a esfumarse para no aumentar más el coste de mi vitalidad que permitía tenerlo convocado.

    Avancé por las calles del Nido del Mendigo, llamado así por ser el más pobre de los cuatro distritos de la ciudad. Si no tuviera tanta prisa habría podido comprobar los edificios hechos de materiales rudimentarios y casi en ruinas, las chozas prefabricadas en medio de la calle y niños azotados por la hambruna en cada esquina. De repente noté que perdía velocidad, una preciosa melodía me hizo frenar mi carrera. Era un sonido estrepitosamente placentero, una voz que acariciaba unas notas generando una poción auditiva, un deleite para los sentidos.

    - Debes ser Sharwyn, la fama de tu habilidad para el canto es sin duda cierta - dije cuando estuve cerca de la dueña de aquella voz.
    - Puede que lo sea, o puede que no. ¿Quién pregunta? – la mujer, arrodillada frente a un cadáver, se había girado para hablarme.
    - Disculpa que te interrumpa, me envía Lady Aribeth. Soy Tekai Ispalis, hemos recuperado la primera de las criaturas y parece ser que por aquí puede estar la segunda.
    - Tú mismo
    – me dijo mientras señalaba un gran templo, sin duda el edificio que más resaltaba dentro de la pobreza del distrito, por no decir el único.

    Entré al edificio y me encontré un ambiente nada cordial. A un lado del altar, una multitud de hombres con atuendos religiosos. Al otro, una también buena cantidad de guardias.

    - ¡Déjanos pasar! ¡Es una orden! – el que parecía ser el capitán de los guardias acompañó sus gritos con un duro golpe con el puño en el altar.
    - No sin derramar sangre, pues no tengo intención ni motivación alguna de permitir que mancilléis tan sagradas instalaciones.

    El guardia se atrevió a coger del cuello al que parecía el líder de los religiosos y lo levantó un palmo del suelo, algo que no parecía costarle esfuerzo debido a su corpulencia. Rápidamente, todos los hombres con túnicas se le echaron encima.

    - ¡Capitán! – replicó uno de los guardias -. ¡Déjelo! Ya ha visto lo que pasó cuando Sharwyn se descontroló, le costó la vida a ese joven Yajeera.
    - Mierda… - el guardia calmó los ánimos, y entonces entendí que aquella mujer no cantaba una canción, si no una oración a aquel hombre que había muerto por que ella no había sabido controlarse.
    - ¿Qué pasa aquí? – dije abriéndome hueco entre los allí presentes.
    - Estos desgraciados – me contestó el capitán -, guardan algo en su templo y no nos dejan pasar a investigar. Cualquier movimiento de acción y habrá batalla.
    - Pues que la haya
    – puse mis manos enfrentadas creando de nuevo una luz blanca creciente -. Hay alguien muy importante para mí esperando y no puedo perder ni un segundo.

    Antes de que el guardia me impidiera entrar en acción, desplegué mi juego de rayos de luces en todas las direcciones. Sin embargo, esta vez no pasó nada ante mi ataque de enajenación.

    - ¿Nos tomas por idiotas? – el líder de los religiosos se quitó la capucha dejando ver una calva tatuada -. Esos conjuros de atontar pueden servirte contra gente estúpida, débil de mente, pero aquí no tienes nada que hacer.

    Tenía razón, un hechizo capaz de introducirse en la mente del rival sólo funcionaba ante rivales con menor mentalidad que la propia. Y todos los religiosos, de manera acertada o no, eran lo suficientemente tercos como para aumentar la plasticidad de sus pensamientos. Desenvainé mis espadas como último recurso. Noté el frío metal de las empuñaduras y me lancé en un ataque desesperado contra aquellos hombres.
    Si bien era una de las normas básicas que uno nunca debe perder la concentración en la lucha física, mis oídos sucumbieron ante aquella preciosa voz. Sharwyn había entrado en el recinto para poner banda sonora a la acción en forma de una melodía ácida con estrepitosos agudos dignos de sirenas.
    A cada uno de sus gritos notaba crecer mis músculos, y nublarse mi mente. Si hubiera tenido un espejo frente a mí habría podido ver mis ojos totalmente blancos. Mi cuerpo comenzó a moverse solo, en una danza infernal al ritmo del canto de la mujer, acertando con mis espadas en la carne, degollando sin piedad y segando miembros y vidas por igual. En apenas unos segundos, los religiosos ya descansaban en paz y yo pude volver en mí.

    - ¿Estás bien? – me preguntó Sharwyn acercándose mientras observaba los cadáveres de los enemigos.
    - ¿Qué ha pasado?
    - Canción de bardo. Una melodía que estimula los sentidos y el frenesí de batalla. Sólo los elfos son capaces con sus desarrollados sentidos de dejarse llevar por ella. Tu media parte élfica ha permitido que fuera posible. Desearía haberles segado el cuello antes de que acabaran con la vida de Yajeera, pero al menos he podido vengarle utilizando tu cuerpo.


    La mujer tenía un aspecto frío, como si poseer a alguien para asesinar fuera lo más normal del mundo. Los guardias estaban igual de impresionados que yo.
    Sea como fuere, ya nadie nos impedía adentrarnos en el templo para seguir investigando.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    No me puedo imaginar como será la melodia, para tener esos efectos:eek:
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Fría, manipuladora y cantarina...esto se sigue poniendo interesante...
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    amparo bonilla escribió : »
    No me puedo imaginar como será la melodia, para tener esos efectos:eek:

    Jaja pues como una música rock te da ganas de ponerte a saltar, o una de reggeton a bailar, pero potenciado a lo bestia con magia jaja. ¡Miles de agradecimientos más por postear!
    Chelo escribió : »
    Fría, manipuladora y cantarina...esto se sigue poniendo interesante...

    La has calado desde el principio, mira que la describo poco en ese capítulo, pero en el siguiente que le dedico más atención verás que tienes razón en todo. ¡Un saludo junto a millones de gracias!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Reptilian_yuan-ti.jpg
    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 12: Yuan-ti
    Sharwyn y yo cruzamos una de las puertas del interior del templo al frente del resto de guardias, y apuesto que ninguno nos libramos de sentir un escalofrío en la piel tras lo que encontramos. En una estancia, encadenada a la pared, había lo que a primera vista parecía una mujer pero con una piel azulada y unos ojos similares a los de un reptil, de color amarillo con una pupila elíptica, además de unas manos escamosas con afiladas uñas.
    - ¡Liberadme! ¿Dónde están los sacerdotes? – decía mostrando unos punzantes colmillos que dejaban salir una lengua viperina.
    - ¿Qué es esta cosa? – se asustó el capitán.
    - Es una yuan-ti. Una de las criaturas que escaparon de Aguas Profundas – mis largos viajes me habían dado conocimientos para poder responderle -. Tienen un conocimiento extraordinario de la magia y las pociones, apuesto que esos religiosos la tenían aquí para extraer sus poderes y hacerlos pasar por talento divino para ganar adeptos. Por eso la escondían tan codiciosamente.
    - ¡Liberadme! ¡No soy un objeto con el que podáis jugar! – repitió la criatura mientras intentaba librarse de sus ataduras con movimientos serpenteantes.
    - ¡Qué asco! – Sharwyn cogió una lanza de dos puntas y puso una de ellas en la garganta de la yuan-ti.
    - No lo hagas –agarré su mano para evitar que la matara -. Se la llevaremos viva a Aribeth, a ver si pueden conseguir la parte de la cura sin dañarla.
    - ¿Me estás diciendo que la cura puede depender de que este engendro siga vivo o no?
    - Este engendro es algo no muy distinto a un humano – la yuan-ti dejó de moverse al sentirse comprendida -. Cuando apareció su raza, se les exilió por miedo. Desde sus nidos raptan y atacan niños, sí, pero no me siento con la capacidad suficiente para juzgar si es peor sus actos de venganza o los humanos de intolerancia. Créeme, Sharwyn, tengo tantos motivos como tú para despedazarla y aniquilarla si eso nos da la cura, pero sé de alguien que no me lo permitiría.
    - Nosotros la llevaremos bien atada – dijo el capitán de la guardia -, Aribeth la tendrá a su disposición en breve. Les hablaré de vuestra aportación, sin duda.

    Sharwyn y yo emprendimos el camino de vuelta a la academia atravesando las paupérrimas calles del Nido del Mendigo. El cansancio acumulado, el haber llevado mi cuerpo más allá de sus límites con la canción de bardo y la espesa noche empezaban a afectar a mis fuerzas de tal manera que parecía que en mis pies estuviera arrastrando pesadas losas, las que cubrirían mi cadáver si seguía a ese ritmo. Finalmente, mis sucesivas negaciones a parar a descansar me hicieron quedar totalmente exhausto y Sharwyn tuvo que agarrarme para no caer al suelo.
    - Tienes que descansar, te guste o no – dijo mientras me ayudaba a sentarme en el suelo y a apoyar mi espalda en una pared -. ¿A qué viene tanta prisa?
    - Alguien me espera – noté que me empezaban a doler hasta las cuerdas vocales, no había sido consciente del sobreesfuerzo al que había sometido mi cuerpo.
    - La muerte te espera, si sigues así. Mira, Nohivern necesita héroes, sí, pero ya ves a lo que llevan los actos desmedidos – dijo haciendo alusión a la muerte de su compañero por su culpa -. Aunque te digo una cosa, yo lo seguiré intentando, sin importarme quién caiga. Todo por una oportunidad de éxito y fama.

    Me sorprendió su frialdad, aunque se correspondía con sus afilados ojos de color azul oscuro y su solemne rostro que reflejaba una cuidada belleza oscura. Su larga melena de color castaño cobrizo tapando media cara no ayudaba a eliminar el halo de misterio que la rodeaba. El resto de su cuerpo podía serle útil en su objetivo de anteponer sus prioridades al resto del mundo facilitándole manipular a poderosos varones con su tuberoso pecho acariciado por unas apretadas telas de color dorado. De no ser por mi extremo cansancio, reconozco que hasta mi cuerpo habría respondido ante su completa composición corporal. Una tiara y collar de oro, unas mallas marrones y botas altas completaban su atuendo.
    - ¿Quién te ha partido el corazón? – sonreí forzadamente -. Sólo hay dos tipos de mujeres gélidas, las que no han sentido nunca, o las que han decidido dejar de sentir. Pareces de este último grupo.
    - ¡No te atrevas a juzgar! – clavó su lanza en el hueco que dejaban mis dos piernas estiradas -. No me conoces para hacer ese comentario.
    - Las personas insensibles no buscan redimirse con actos. Las que intentan apagar sus sentimientos como tú, sí. A menudo no lo consiguen, y se quedan simplemente en personas dolidas. ¿A quién quieres fastidiar con tu fama?
    - No me conoces – se acercó tanto a mi para decírmelo que noté su respiración en mi cara.
    - Lo suficiente para saber que has asesinado a un compañero.
    Me dio un puñetazo, justo antes de levantarse y darme la espalda.

    - Quisiste darle poderes a tu compañero con tu canto para que consiguiera el éxito en tu lugar, y le diste más fuerzas de las que su corazón podía resistir llevándole a la muerte. También lo intentaste conmigo, y para suerte tuya mi condición de semielfo me permitió seguir vivo – un tic en su pierna derecha delató que acertaba -. No podías saber que no era humano sólo al verme, no tengo nada físico que me delate. Lo supiste después de aplicar tu técnica.
    - No te lo tomes como algo personal, es que hago lo necesario por la victoria.
    - No me preocupa eso, me he encontrado a muchas zorras como tú en mi vida
    – su mandíbula se tensó al escuchar mi insulto -. Lo que me preocupa es qué esperas de mí. De no ser así ya te habrías ido dejándome aquí. Tenlo claro, no pienso ser tu marioneta de batalla nunca más, aunque tenga que romperme los oídos para no sucumbir a tu canto.
    - Tú vas a ser lo que yo quiera
    – dijo en un tono especialmente amenazante tras morderse un labio.

    Su voz empezó a fluir en su garganta. Esta vez era una melodía de inicios primaverales que desembocaba en un caluroso verano, aliñado de notas ardientes que creaban una especiada canción que recorría todo mi cuerpo para instalarse en mi entrepierna. Sharwyn cogió mi mano y la puso en su pecho, sintiéndome totalmente incapaz de evitarlo. El resto de movimientos fueron un vals de pasión desenfrenada en mitad de la noche.
    [FONT=&quot]Su bello canto sólo fue interrumpido para emitir unos aullidos que nada tenían que ver con los de la enfermedad que asolaba Nohivern.[/FONT][FONT=&quot]


    [/FONT]
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Vaya con Sharwyn!!!;)
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Parece que resucita muertos:eek::)
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Chelo escribió : »
    Vaya con Sharwyn!!!;)

    Jaja, habrá que tenerla controlada a base de teclas. ¡Gracias por volver a comentar!
    amparo bonilla escribió : »
    Parece que resucita muertos:eek::)

    Jajaja si si, creo que pasaría por nigromante. ¡Un saludo y mil agradecimientos más!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    neverwinter_sword_ver2_by_strannytsa-d51a2ar.jpg

    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 13: Una cura
    - Te mataré cuando acabe todo.

    Sharwyn respondió con una desafiante sonrisa a las únicas palabras que cruzamos hasta llegar a la academia. Allí nos esperaba la Aribeth más radiante que había visto nunca. La Señora iluminaba la sala con su alegría y contagiaba felicidad en tiempos tan aciagos.


    - Buen trabajo, Tekai y Sharwyn. Nohivern está en deuda con vosotros por haber recuperado otra de las criaturas – puso su mano en el pecho en señal de gratitud -. Además tengo una buena noticia para vosotros.
    - Déjame adivinar…
    - intervine sabiendo que aquella alegría desmesurada no podía deberse a otra cosa -. Las tienes.
    - ¡Sí! - Aribeth se lanzó a abrazarme y a Sharwyn después – Vuestros compañeros han recuperado las dos criaturas restantes.
    - Sabía que podíamos confiar en mi prometida
    – añadió Fenthick junto a un sigiloso aplauso.
    - Supongo que tengo que felicitarla – el caballero Desther negaba con la cabeza esbozando su primer gesto afable en forma de sonrisa.
    - Ahora vamos a proceder a crear la cura – Aribeth se puso seria por primera vez en aquella reunión -. Tenemos los mejores clérigos, magos, hechiceros y druidas, pero Tekai, si quieres puedes ayudar.
    - Me temo que no, mi hechicería no es curativa. Seguro que tus hombres saben mucho más que yo, prefiero esperar junto a Airina.
    - Ispalis, esa no es buena idea
    – esta vez Fenthick me miró a los ojos, unos ojos llenos de profunda pena -. Te recomiendo que no vayas.
    - ¿Está muerta?

    - ¡No! ¡No! Pero no querrás verla. En un cuerpo tan delgado la plaga se extiende bastante rápido. Yo esperaría a que le demos la…

    No dejé terminar la frase al abad y me marché de allí rumbo a la sala que hacía de sanatorio. No me importaba lo duro que me resultara el estado de Airina, y me ofendía que lo dudaran. Si estaba viva, quería estar junto a ella.
    Entré a la sala y la encontré con casi todo el cuerpo vendado, dejando ver una piel casi cianótica en las partes no cubiertas, arrugada cual anciano, con muchas escisiones sangrantes, incluso con un líquido verde viscoso. Aún así, me seguía pareciendo la persona más preciosa que había visto nunca.
    Me sobresalté al verla tumbada con los ojos cerrados, y me calmé cuando descubrí que dormía. Supuse que eran los únicos momentos en los que no estaba sufriendo, así que decidí no despertarla y me senté a su lado.

    - La enfermedad avanza demasiado rápido en ella, suerte que en breve tendremos la cura – alcé la vista para ver al abad Fenthick, que seguramente había venido a su ronda con los enfermos.
    - Gracias, Fenthick, por cuidar de ella – desenvainé mis dos espadas para aprovechar el descanso y limpiarlas.
    - No tienes motivos para darlas, es mi trabajo.
    - No debe ser plato de buen gusto estar rodeado de enfermos, cuando ni siquiera se sabe cómo se contagia – pasé un trapo por mi arma más vieja, una espada corta de empuñadura de metal blanco más gruesa de lo normal que sin protector de manos conectaba con una hoja algo más gruesa que la de las espadas clásicas.
    - De los tiempos de las razas creadoras, ¿eh? Increíble que aún quede alguna.
    - Sí
    – aquella espada era de cuando los humanos se escondían en un mundo plagado de impresionantes especies ahora extintas -, con estas espadas se creó el imperio humano. Gracias a la magia a día de hoy todavía se ha podido conservar.
    - Ten, lo tenía Airina cuando tuvimos que quitarle los ropajes para poder vendarla, mejor que se lo guardes tú.
    - Gracias
    – casi le arranqué el pergamino de la mano -. Muy honrado por tu parte, muchos matarían por este trozo de papel.
    - Sirvo a Tyr, Tekai – comenzó a caminar para atender otros enfermos -. No soy un ladrón.


    Pasé el trapo por mi segunda espada, la que había pedido prestada a Sedos Sebile, la capitana que tuve que ejecutar tras ser poseída por el devorador de cerebros. Sin duda era una espada más moderna, con una flor dorada en la base de la empuñadura y un protector de manos también de oro forjado con la forma del ojo de los Antiguos. Un ojo que sólo llevaban los Nueve de Lord Nasher, caballeros que habían mostrado sobradamente su valentía y eran elegidos por el Señor de Nohivern para su guardia personal. Pero por lo visto, el símbolo se había extendido a todas las espadas oficiales de la ciudad. La hoja era algo más larga y delgada, rezumaba elegancia.
    Dejé de pensar en todo aquello al ver a Airina abrir los ojos. Uno ojos que habían perdido algo de vida y reflejaban una claridad fantasmagórica.
    Pero a mí, me seguían pareciendo los ojos más preciosos del mundo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Será que se nos enamoro?:)
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Me da que sí :rolleyes:
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Será que se nos enamoro?:)
    Chelo escribió : »
    Me da que sí :rolleyes:


    Jejeje, ya estaba enamorado de antes, pero no desvelaré nada del siguiente capítulo.
    Un saludo y gracias/merci/thanks/danke/obrigado a las dos!!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    The_Wailing_Death_by_Lasss333.jpg


    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 14: Ochocientas veces
    - ¿Qué tal estás? – pregunté a Airina mientras acariciaba su pelo que había dejado de ser rubio como el sol para ir cediendo a una coloración plateada.
    - Bueno, hay veces que me he despertado peor, sobre todo después de noches de vino y cerveza – sonrió con un tremendo esfuerzo mientras se incorporaba en la tela que hacía de cama -. Aunque me tomes por una empollona, también sé divertirme.
    - Pronto estarás bien, ya hemos encontrado todas las criaturas.


    No parecía estar sorprendida, ni contenta, era como si todo el dolor que había pasado las últimas horas le hubieran arrancado las ganas de vivir, como si prefiriera una muerte instantánea a mantener el sufrimiento apenas un rato más mientras preparaban la cura. De repente se encorvó, puso las manos en su abdomen y empezó a toser, primero ligeramente y después con más fuerza llegando a esputar sangre.

    - Tranquila Airina – agarré su mano intentando transmitirle fuerzas.
    - No puedo… - apenas pudo decir nada más, un enorme vómito purulento salía de su boca mientras la poca piel que le quedaba sana se desprendía como la cáscara de una semilla al germinar.
    - ¡Fenthick! – grité asustado -. ¡Fenthick! ¡Te necesito!


    Me estremeció el sonoro aullido de Airina que hizo que mi corazón se desangrara de pena y mis oídos barajaran la opción del suicidio.
    El abad vino apresuradamente, pero sus movimientos se reducían a medida que se acercaba a la chica y comprobaba su estado. Finalmente se quedó quieto y entendí que era porque ya no se podía hacer nada, y que le agarraba la mano a un cuerpo inerte.
    La piel de Airina envejeció en segundos y su cara se convirtió en un rostro cadavérico en una tétrica y veloz transformación. La tumbé, y cuando fui consciente de que ella ya no estaba allí ahogué un grito que explotó en mis entrañas. La onda expansiva llegó a mi cerebro exprimiendo toda la rabia que había en él y haciéndola salir de mí en forma de un torrente de lágrimas imparables.
    Sentí que parte de mi vida se había ido con la suya.

    Salí de allí empujando a un Fenthick que sabía que nada podía decir que me consolara y me dirigí a la estancia en la que estaban preparando la cura. Golpeé la puerta gritando el nombre de Aribeth varias veces hasta que mis puños comenzaron a sangrar. Finalmente la Señora salió del laboratorio.


    [FONT=&quot]- ¿Qué es este ruido? No se nos puede interrump… - Aribeth me vio tan dolido que se acercó y cogió mi cara con las dos manos mirando fijamente a mis húmedos ojos -. ¿Qué ha ocurrido?
    - Airina… - al escuchar aquel nombre Aribeth me abrazó fuertemente.
    - Lo siento Tekai, la enfermedad corría en ella muchísimo más rápido que en cualquier enfermo. Intentamos frenarla como pudimos, pero no había forma.
    - Dime que puedes hacer algo
    – le enseñé mi pergamino de resurrección -, que alguno de tus poderosos magos sabe cómo utilizarlo.
    - Veamos
    – echó un vistazo a las instrucciones del conjuro -. Lo siento, Tekai. Se decía que no existía el conjuro de resurrección, que era un invento. Pero lo cierto es que lo que no existe es alguien capaz de utilizarlo, de ahí esa idea generalizada.
    - No es justo
    – apreté mi pecho fuertemente con mi mano izquierda, como si eso sirviera para aliviar un poco el sufrimiento.
    - Pero quizá haya algo que puedas hacer – Aribeth deslizó un dedo por mi mejilla para secar mis lágrimas -. No debería contártelo, pero has hecho un gran servicio a Nohivern y estoy en deuda. Creo que puedes traer de vuelta a Airina si enlazas su alma a la tuya.
    - ¡Hazlo!
    – grité al escuchar aquella opción sin conocer sus consecuencias -. Aunque tenga que renunciar a mi vida.
    - No funciona así, Ispalis. No podemos revivir muertos sin ningún coste, o ya lo estaríamos haciendo. Hay ciertos entes demoníacos que regulan el flujo de vida y que os perseguirán, que intentarán acabar con vuestra forma de vida, a su entender, corrupta.
    - ¡Acabaré con ellos! ¡Estoy seguro!
    - Yo no estoy tan segura, porque ya lo has intentado más de ochocientas veces – se me paró el corazón al escuchar algo que no podía ser cierto, que no llegaba a comprender
    -. Lo pude ver al conocerte, tenías demasiadas cicatrices en el alma, se generan en cada transferencia de alma. Has ligado todas esas veces a Airina a tu alma, desde que eras un niño, y ninguna has podido salvarla. Siempre encuentran la manera de salirse con la suya, y me temo que los demonios han tenido algo que ver en la aceleración de su enfermedad.
    - ¿Tantas veces he fracasado en intentar salvarla? No puede ser cierto, porque yo no la conocía de antes.
    - Sí, Tekai, sí la conocías. Pero cada vez que la revives sus anteriores existencias quedan olvidadas para ti. Es decir, si lo volvemos a hacer, Airina volverá a ser una completa desconocida, aunque al ser vuestras almas dependientes, os volveréis a encontrar de alguna forma u otra. ¿No has tenido nunca la sensación de conocerla de siempre a pesar de ser la primera vez que la habías visto?
    - La tuve
    – y deseaba seguir teniéndola -. Y quiero volver a tenerla.
    - Yo no lo apruebo, Tekai
    – supe que lo decía con todo el dolor de su corazón -. Y si la quisieras de verdad, tú tampoco. No has podido salvarla en numerosas ocasiones, por lo que dudo que puedas conseguirlo en otras tantas. Sólo vas a conseguir que vuelva a morir, una y otra vez, con su consecuente dolor. Si de verdad la quieres, déjala ir. Es mi consejo. Pero la decisión es tuya.

    Sentí que no había decisión alguna que tomar, que mi corazón almacenaba lo que mi cabeza era incapaz de memorizar, un amor de toda una vida del cual no podía despedirme todavía.
    Pero la imagen de Airina muriendo me desgarraba por dentro y me hacía sentir en parte su asesino. No sabía si iba a ser capaz de asumir la responsabilidad de permitirle morir una vez más.

    [/FONT]
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Lo estás haciendo fenomenal, todos los días tengo ganas de ver que ha pasado esta vez y me quedo con ganas de más. :)

    Chelo
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Ah, y date varios pescozones virtuales, porque no solo te cargas a Airina una vez sino varias!!!!:eek:

    ?Pensabas que me iba a olvidar? Pues no...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Ah no, ya déjala descansar, que agonia, si cuando la revives ni siquieras estas con ella como dios manda, masoquista sino:eek:
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Chelo escribió : »
    Lo estás haciendo fenomenal, todos los días tengo ganas de ver que ha pasado esta vez y me quedo con ganas de más. :)

    Chelo
    Chelo escribió : »
    Ah, y date varios pescozones virtuales, porque no solo te cargas a Airina una vez sino varias!!!!:eek:

    ?Pensabas que me iba a olvidar? Pues no...

    ¡Gracias! Me alegra mucho tu comentario porque como sé que los capítulos son largos, intento por lo menos que sea ligero y dé ganas de seguir leyendo. ¡Lo que no quita que siga agradeciendo eternamente tu titánico esfuerzo de leer!
    Lo de los pescozones ya no me alegra tanto jaja. Pero la mato constantemente por amor... vale, creo que ni eso lo justifica xD
    amparo bonilla escribió : »
    Ah no, ya déjala descansar, que agonia, si cuando la revives ni siquieras estas con ella como dios manda, masoquista sino:eek:

    Sí, yo también lo creo. Quería crear ese debate, en plan si seguirías luchando por el amor de tu vida eternamente a pesar de tan tremendo coste. Estoy de acuerdo contigo, creo que no se debería...
    ¡Gracias por seguir leyendo y por ayudar a Tekai a tener las cosas claras jeje!
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    El amor no debería ser sufrimiento, al menos no sabiéndolo, ya cuando llega sin darnos cuenta, pues ya que, pero asi, no me parece:rolleyes::p
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    pohumnwn01hhe0.jpg


    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 15: Alta traición
    “Has tomado la decisión correcta”, me repetía a mí mismo una y otra vez sentado en las escaleras de entrada a la academia mientras acariciaba un hibisco que todavía no era capaz de dejar sobre la tumba de Airina. No estaba preparado para enfrentarme a la aceptación de una fría losa.


    - Lo siento. No sabía que… - no me había dado cuenta de que Sharwyn se había sentado a mi lado hasta que me dirigió aquellas palabras.
    - Podías haber preguntado – contesté en tono neutro, toda la rabia la había malgastado ya pidiéndole explicación al mundo sobre qué daño le hacía una prometedora maga y mejor persona viviendo en él.

    De repente las puertas a nuestras espaldas se abrieron de golpe y un veloz Desther salió corriendo a una velocidad poco habitual para su avanzada edad. Fue una milésima de segundo, pero gracias a mi agudeza visual de semielfo pude ver una botellita de cristal colgada en su cinto con un sospechoso líquido en su interior, la cura de la plaga.

    - ¿Dónde crees que vas? – mi menor edad me había permitido ser más rápido que él, adelantarle e interponerme entre él y la salida de la muralla -. Me parece que llevas algo que no es tuyo.


    El líder yelmita decidió no perder ni un segundo en contestarme y lanzó un potente puñetazo. Mi reflejo fue poner los brazos en cruz para cubrirme y el impacto de su puño fue tan potente que me los partió en pedazos. No sé por qué me sorprendí de su sobrehumana fuerza, estaba claro que no era el líder de la Orden del Yelmo por nada. Incapaz de mover mis brazos rotos, aproveché haber aprendido a conjurar sin necesidad de ellos para lanzar desde mi pecho un rayo de escarcha a sus pies. Si estaba inutilizado para enfrentarme a él, al menos iba a congelar sus piernas para retenerle y que no pudiera escapar.
    Pero su armadura era algo más que una portentosa prenda de vestir para repartir autoridad visualmente. Aquel armazón metálico bajo un manto rojo poseía la suficiente defensa mágica ante los elementos como para hacer inútil mi técnica de elemento frío. Desther aprovechó para rebasarme y seguir su huída.

    - ¡Sharwyn! ¡Cuento contigo! - le grité.


    La mujer afirmó con rotundidad y comenzó con uno de sus alardes sonoros. Empecé a sentir cada nota dentro de mí y cómo mis brazos volvían momentáneamente a la vida. Con los huesos rotos e inconexos, yo era incapaz de moverlos por mí mismo, pero ella utilizaba el componente sonoro para mover cada una de las partes independientemente, haciéndolos funcionales. Me dejé llevar por aquella oda a la lucha para volver a alcanzar a Desther. Desenvainé mis espadas, pero a pesar de mejorar mi estilo de lucha con el canto de bardo, era incapaz de ensartar a mi objetivo. Desther se defendía con una espada larga de manera elogiable. El ruido del choque de metales era constante hasta que por fin se escuchó el frío metal desgarrar carne humana.
    Sharwyn terminó su canto con un grito de terror al ver el arma del yelmita salir por mi espalda.

    - No debiste intervenir, no va contigo todo lo que ocurre aquí – dijo la voz áspera del caballero.
    - Puede ser – le contesté con una sonrisa de la cual salían hilillos de sangre.

    Agarré fuertemente con mi mano derecha la suya, la que agarraba la espada que atravesaba mi vientre, volviendo a conjurar un rayo de escarcha. Su mano, desprovista de armadura, quedó sellada mediante el mágico hielo a la mía.

    - Me parece que no vas a ir a ningún lado – le volví a sonreír escupiendo parte de la sangre que todavía quedaba en mi boca.
    - Te has dejado herir para hacerme creer que había vencido y que bajara la guardia – Desther vio mis labios estirarse al comprender mi treta -. Pero no hemos acabado aún.

    Desther utilizó su mano libre para sacar una daga y ponerla sobre la parte de mi antebrazo que ya no cubría el hielo.

    - O me sueltas, o te corto el brazo. Te lo vuelvo a repetir, creo que perderlo es un precio demasiado elevado por algo que no va contigo.
    - Y yo te vuelvo a repetir que no vas a ir a ningún lado.


    Desther comenzó su tarea de carnicero, cortando con aquella daga. Aproveché su exceso de dedicación en tal trabajo para sacar con mi mano libre un pergamino de mi bolsillo sin que se diera cuenta y lanzarlo hacia Sharwyn. La mujer comenzó a leer un hechizo y el rostro de Desther se tensó al reconocerlo.

    - ¡Parálisis! – aceleró su proceso de desgarrar mi piel y tendones.
    - Sí, hechizo de bajo nivel. Cualquier bardo podría ejecutarlo con un pergamino mágico delante. Así que – tuve que interrumpir mis palabras para forzar un grito al llegar el filo de la daga a mis nervios -, tienes pocos segundos para huir de aquí. Y pegado a mí lo tienes bastante difícil.

    Un rayo de luz salió del pergamino que había prestado a Sharwyn e impactó en Desther que no tuvo opción de esquivarlo al estar fijado a mí. Por fin la daga cesó en su torturante desgarro. Los movimientos del yelmita se redujeron a los de una estatua.
    Fenthick apareció por la puerta de la academia y corrió hacia nuestra posición.

    - Buen trabajo Tekai – el abad jadeaba, al parecer había estado persiguiendo a Desther -. Muy buen trabajo. Demasiado bueno, desgraciadamente para ti.


    El prometido de Aribeth puso su mano en el hombro de Desther, cancelando el hechizo de parálisis. Antes de que pudiera siquiera sospechar lo que ocurría, el pequeño hombre puso su mano en mi estómago, y lo último que pude escuchar antes de salir despedido hacia atrás fue una tremenda explosión. Tirado en el suelo noté mi abdomen vacío, y juraba haber visto mis entrañas salir volando por encima de mí segundos antes.
    Pero no tuve tiempo de intentar entender nada más, todo se hizo oscuro alrededor de mí.
  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    "?Titánico esfuerzo de leer?" que va si se leen muy bien :)

    Me da que el pergamino de resurrección va a ser útil...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Y ahora quien nos va a seguir contanto:confused::eek:
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Chelo escribió : »
    "?Titánico esfuerzo de leer?" que va si se leen muy bien :)

    Me da que el pergamino de resurrección va a ser útil...

    ¡Gracias por el comentario y por seguir pasando! Jaja de momento no hará falta el pergamino, el prota sale de esta, lo que pasa que es un exagerado, con eso que dicen que los hombres nos quejamos mucho cuando nos ponemos malos...
    amparo bonilla escribió : »
    Y ahora quien nos va a seguir contanto:confused::eek:

    Ahora.. ¡otro personaje! Jeje, nooo, que los paladines tienen reconocida magia curativa y si la paladín Aribeth es la mano derecha del rey no es por su cara bonita y algo hará. Aunque en un principio pensé que cada capítulo lo contara un personaje, pero pensé que sería un lío. ¡Muuuuuuuuuuuchas gracias por seguir dando señales de vida por aquí!
  • NeverwinterNeverwinter Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    glitter-castle-live-wallpaper-10-1.jpg

    LAS NOCHES DE NOHIVERN
    Capítulo 16: Vivo
    Abrí los ojos con la sensación de haber estado durmiendo durante años y con el enfado de no haber soñado con Airina, de haberme privado mi subconsciente de su presencia. Tenía el cuerpo tan destrozado que pensé que habían cosido mi espalda al camastro cuando intenté incorporarme con tanta dificultad. Me encontraba en una pequeña sala, bien decorada, con coloridos jarrones y multitud de estatuillas de cerámica perfectamente trabajadas.

    - Bienvenido al castillo Noy – giré el cuello para ver a Aribeth, por primera vez sin armadura y con unas telas verdes que hacían honor a su elegancia y belleza.
    - No hace falta que llores, que no me voy a morir – bromeé al ver sus ojos enrojecidos, probablemente su llanto no había cesado desde el momento que me hirieron, al conocer la traición de su prometido.
    - Todavía no puedo creer que Fenthick huyera junto al traidor Desther con la cura.
    - Seguro que hay alguna explicación
    – intentaba consolarla sin credibilidad ni éxito -, puede que tu prometido se esté haciendo pasar por un aliado de Desther para tenerlo controlado y conseguir más información de los enemigos de Nohivern.
    - Es posible – esbozó una falsa sonrisa -, pero no es momento de hablar de ello. Acabas de sobrevivir milagrosamente a una muerte segura, me interesa tu estado.
    - Estoy bien, o al menos lo estaré. De algún modo soy difícil de aniquilar – miré mi torso lleno de cicatrices.
    - Siento haber dejado tantas marcas, pero ha sido la operación más difícil de toda mi vida. Créeme, recomponer tu cuerpo ha sido una de las tareas médicas de las que más orgullosa estoy. Ni con toda mi magia curativa como paladín, ni con la ayuda de los mejores magos del reino podíamos asegurar que sobrevivieras. Me alegro de comprobar que sí lo hiciste.

    Acompañé a la Señora por los pasillos del ostentoso castillo de Nohivern. Las paredes relataban la historia de la ciudad en forma de pinturas y esculturas en unas paredes cristalinas. Aribeth me contó que cuando ella y Lord Nasher llegaron al exterior de la academia, Desther y Fenthick ya habían desaparecido y que Sharwyn se encontraba aplicándome los primeros auxilios. Tras subir unas escaleras en forma de espiral llegamos al ala de las habitaciones para invitados, donde cada habitáculo era como seis veces más grande que cualquier casa normal de la ciudad. Finalmente me dejó frente a una puerta, no sin antes despedirse de mí.

    - Aquí podrás terminar de recuperarte – me dio dos dulces besos en las mejillas -. Dentro hay algunas cosas, el pueblo ha oído tu historia y ha querido ofrecerte algunos regalos. Pocos sobreviven a un enfrentamiento contra Desther, líder de los yelmitas. Muchos creen que eres excepcional, y de alguna manera depositan sus esperanzas en ti. Siento decirte que seguiremos reclamando tu inestimable ayuda, aunque no tengamos ningún derecho a hacerlo. Pero yo también creo que eres excepcional. Ojala pudiéramos volver a crear la cura, pero para ello necesitamos la magia de la Orden del Yelmo que nos ha dado la espalda, así que tendremos que recuperar lo que nos robaron.
    - Estaré encantado de ayudarte. Recuperaré esa cura, en nombre de aquellos que la estén esperando tanto como yo lo estuve. Y traeré de vuelta a Fenthick con sus justas explicaciones para que te lleve al altar en nombre de Tyr.

    Aribeth derramó un par de lágrimas antes de darse la vuelta y dejarme en mi nueva y amplia habitación. A un lado había un cúmulo de objetos, algunos más interesantes que otros. Comida, figuritas de barro, cartas de agradecimiento, y lo más práctico en aquellos momentos: armas. Un par de espadas cortas cortesía del dueño de la herrería “20 por carcaj”, y una armadura de cuero tachonado increíblemente ligera adecuada para un hechicero que necesita bastante libertad de movimiento. Las espadas llamaron mi atención, con la empuñadura hecha de hueso de dragón y un protector de manos que simulaba dos colmillos orientados hacia la parte del puño. El filo, con un color azul intenso aseguraba una aleación maestra que ya estaba deseando poner a prueba.

    - ¿Se me permite pasar? – una voz portentosa y de gran calibre acompañó a unos golpes en la puerta.
    - Adelante – dije mientras cogía las armas para comprobar que pesaban algo más de lo que esperaba, o puede que fuese que yo todavía estaba demasiado débil.
    - Fuiste el último que vio a Desther antes de escapar. Me preguntaba si podrías saber a dónde podría haber ido – la voz a mis espaldas retumbó en todo el habitáculo.
    - Yo no, pero mi gárgola de hielo que invoqué justo antes de perder el conocimiento y que le pedí que le siguiera puede que sí.
    - Entonces vuelves a ser alguien determinante para la supervivencia de mi reino, Tekai Ispalis.


    Me giré y quedé prácticamente petrificado. No me imaginaba a aquel hombre fuera de su trono, pero lo cierto es que el mismísimo Lord Nasher había acudido a mis aposentos. Hice una reverencia a aquel gigantesco cuerpo de más de dos metros de altura y una anchura fuera de todas las proporciones musculares lógicas.
    Las leyendas sobre el portentoso físico del Señor de Nohivern sin duda se quedaban cortas.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2013
    Tiene más vidas que un gato, remendado y todo:p
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com