Shopenhauer decía que: “La filosofía es un saber en cierto modo despiadado, no edificante; ha de servir no para hacer más fácil nuestra angustiada vida sino para agravar esta característica, porque exagerar que la vida es angustiosa, es lo único continuador de Kant”.
¿acaso la filosofía no sirve mas que para agravar nuestra existencia?
Comentarios
y además, sólo hay viaje de ida.
"De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. No es cosa fácil el comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen. Quien conoce al lector no hace ya nada por el lector. Un siglo de lectores todavía - y hasta el espíritu olerá mal. El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar. En otro tiempo el espíritu era Dios, luego se convirtió en hombre, y ahora se convierte incluso en plebe. Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria. En las montañas el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre: mas para ello tienes que tener piernas largas. Cumbres deben ser las sentencias: y aquellos a quienes se habla, hombres altos y robustos. El aire ligero y puro, el peligro cercano y el espíritu lleno de una alegre maldad: estas cosas se avienen bien. Quiero tener duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que ahuyenta los fantasmas se crea sus propios duendes,- el valor quiere reír. Yo ya no tengo sentimientos en común con vosotros: esa nube que veo por debajo de mí, esa negrura y pesadez de que me río, - cabalmente ésa es vuestra nube tempestuosa. Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis elevación. Y yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. ¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar elevado? Quien asciende a las montañas más altas se ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las de la vida. Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos - así nos quiere la sabiduría: es una mujer y ama siempre únicamente a un guerrero. Vosotros me decís: «la vida es difícil de llevar». Mas ¿para qué tendríais vuestro orgullo por las mañanas y vuestra resignación por las tardes? La vida es difícil de llevar: ¡no me os pongáis tan delicados! Todos nosotros somos guapos, borricos y pollinas de carga. ¿Qué tenemos nosotros en común con el capullo de la rosa, que tiembla porque tiene encima de su cuerpo una gota de rocío? Es verdad: nosotros amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar. Siempre hay algo de locura en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la locura. Y también yo que amo la vida, creo que quienes más saben de la felicidad son las mariposas y las burbujas de jabón, y todo lo que entre los hombres es de su misma especie. Ver revolotear esas almitas ligeras, locas, encantadoras, volubles - eso hace llorar y cantar a Zaratustra. Yo no creería más que en un dios que supiese bailar. Y cuando vi a mi demonio lo encontré serio, grave, profundo, solemne: era el espíritu de la pesadez - él hace caer a todas las cosas. No con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante, matemos el espíritu de la pesadez! He aprendido a andar: desde entonces me dedico a correr. He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí. Así habló Zaratustra."
Amén
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Es decir, a media que la sabiduria aumenta la felicidad disminuye pero al llegar a un punto de inflexión ante el aumento de sabiduría la felicidad comenzará a aumentar nuevamente.
Fase decreciente: (+sabiduría, -felicidad) la persona comienza a plantearse las cosas, empieza a investigar y ve la realidad que le rodea. En esta fase daría todo lo que sabe por lo que desconoce.
Punto de inflexión: (+sabiduría, =felicidad) la persona toca fondo. Ha aprendido de todos y ha sufrido al ver la realidad del mundo. Sin embargo, a partir de aquí decide cambiar su propia actitud ante la realidad.
Fase creciente: (+sabiduría, +felicidad) la persona continua sabiendo más, la mayoría por autonocimiento y búsqueda de respuestas por si mismo, y su felicidad empieza a aumentar a medida que aumenta su sabiduría porque agradece todo lo que sabe, busca respuestas por si mismo y no culpa a la realidad por lo que es, sino que aprende a vivir en ella.
Me gusta esta teoría.
Aunque me queda la duda, de si no hubiese sido mejor quedarse en el punto de salida.
Al menos esta teoría, deja esperanzas para los que creíamos que el viaje era sin retorno. Ahora sé que una vez que comienzas a moverte por la curva, hay que seguir adelante para "resurgir"...
¿Será que estoy por entrar en la fase 2?
Ya dice el proverbio : "ojos que no ven, corazón que no siente". Cuanto más claras veamos las cosas, más angustia. Pero no por eso renunciamos al conocimiento.
Saludos
Si yo puedo ser más feliz sabiendo más, es que no es cierto que la felicidad consista en la ignorancia.
Si, aunque por imposibilidad de comparar como sería tu vida, sin haber cruzado nunca las fronteras de la ignoracia, es decir, sin haberse adentrado en el mundo de la "sabiduría", lo que dices no puede ser una afirmación.
¿No será como dice la teoría del decrecimiento MENOS ES MÁS. ? y al final estamos dando vueltas para entender que tendríamos que vivir como el pescador y no como el dueño de la factoría ?
Porque de ser así, la inteligencia está en vivir de la mejor manera. Y no en saber cuál es la mejor manera de vivir.
Es que eso es exactamente lo que digo. La sabiduría es precisamente el saber vivir de la mejor manera. No es teorizar sobre la mejor manera de vivir, sino guiar tu comportamiento hacia la mejor manera de vivir.
La principal función de la inteligencia es dirigir el comportamiento (esto es así para todas las especies). En el caso humano, como el nivel en que vive es distinto, la concreción de esa dirección del comportamiento es distinta. El conocimiento aporta recursos que puedes utilizar o no en esa dirección del comportamiento hacia la felicidad, pero si no los tienes sólo puedes no utilizarlos. Yo prefiero decidir, para que mi vida no sea el resultado de una fatalidad.
Tenzin Gyatso. Dalai Lama
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Me voy a desmarcar un poco. Creo que habría que tomar la palabra "sabiduría" y someterla a análisis. No sé si entendemos sabiduría como "arte de vivir en armonía", "habilidad para ser feliz", "conocimiento", "consciencia de lo que es verdaderamente importante", "criterio para distinguir la apariencia de la realidad", "capacidad de renunciar a lo accesorio"... y en todo caso, cada una de esas definiciones tendrían que ser, a su vez, analizadas.
Creo que "sabiduría" es una palabra evanescente, perteneciente al reino de "belleza", "espiritualidad" o "ser uno mismo". Conceptos de los cuales hablamos sin parar y venden libros aunque no sabríamos distinguir uno de estos conceptos aunque nos meara en los zapatos. Ya que estamos en la sección filosofía, recordemos a Wittgenstein, que, además de ser un gran filósofo, tenía unas patillas estupendas de joven:
Alguien dirá: ¡Ése Era Karl W. y el que dices es Ludwing W.!
Aún suponiendo que todos tenemos muy claro lo que significa "sabiduría" y que además podamos transmitirnos los conceptos, de cabeza a cabeza, sin deformarse, ¿por qué la sabiduría debería jugar un papel importante en nuestra felicidad?
A mí me parece, y perdonadme, un tópico como una casa. Hay muchos factores que intervienen en la felicidad:
Nuestros genes nos hacen más proclives a ser optimistas o depresivos; nuestra red social puede ser amplia y de calidad para sentirnos siempre queridos y apoyados o, por el contrario, sentirnos solos y despreciados.
Podemos haber alcanzado ciertas metas o sentirnos frustrados. Incluso sentirnos frustrados después de alcanzarlas; podemos tener un trabajo que nos gratifica o uno que nos enajena; podemos sentirnos tranquilos en términos económicos, con recursos, o vivir al filo de la navaja, siempre pendientes de pagar el alquiler; podemos haber sufrido un desengaño amoroso o acabar de conocer a alguien especial que nos corresponde; podemos estar sanos, vigorosos, o puede que nos hayan acabado de anunciar una enfermedad crónica que nos limitará la vida.
Los psicólogos dicen que el primer factor para ser feliz es la red social, la de verdad, no el Facebook. Es decir, la cantidad de personas que nos quieran, a las cuales recurrir en caso de necesidad, que nos acompañen, que nos reconozcan como lo que somos.
El estrato social, el nivel de estudios o cultural, apenas influye. Excepto cuando una persona es tan pobre que le es difícil conseguir comida y techo. Ahí, da igual el resto de circunstancias, es muy difícil ser feliz. Para poder ser feliz hace falta un mínimo material.
Y ustedes me dirán: "es que la sabiduría sirve para adaptarnos a cualquiera de esas circunstancias." Y yo les contestaré: Y el dinero. Y la genética. Y nuestra familia. Y nuestros amigos. Y nuestro cuerpo. Y nuestra profesión. Y nuestra cultura. Todos son factores que se influyen mutuamente entre sí.
Me parece que cuando decimos eso de: "La sabiduría nos hace sufrir", siempre nos imaginamos a nosotros mismos como alguien en el camino de la sabiduría. Nunca nos planteamos que somos bobos, tan ignorantes que deberíamos ser felices. Siempre decimos: "los tontos son más felices", así, en tercera persona, dando por sentado que nuestra profundidad de pensamiento ha alcanzado un nivel mínimo para no ser un simple. Los tontos son los demás que ven la tele, se compran ropa de marca y apenas leen.
A mi parecer, este tópico nace como consuelo. Para que la autoestima se resienta menos cuando las cosas no van como nos gustaría. El mismo mecanismo por el cual las chicas guapas son tontas, los tíos de gimnasio la tienen pequeña, a los que abusan de los débiles les castigará el karma o que lo importante no es el tamaño del pene sino cómo se usa.
Y ahora, díganme: ¿qué opinan de la frase del principio?, ¿les parece que encierra algún significado?, ¿les ha hecho reaccionar?
Sean sinceros: ¿qué han pensado?
Pues me la he inventado yo en un minuto. ¿Qué he querido decir? Nada. Ni lo he pensado. Sólo he procurando que suene bien, con un toque de naturaleza, un poco estilo haiku, algo oriental. También lo he alineado al centro y le he puesto cursiva, código visual que se usa para indicar que llega un texto sabio. Y claro, del Dalai Lama: no puede fallar.
Perdón por la mentirijilla. Era para hacer el experimento.
Pero la felicidad subjetiva está lamentablemente manipulada.
Y creemos que la manera de llegar a ella, es conquistando la mayor cantidad de factores externos y ponerlos a nuestro favor. Mentira.
Las felicidades puras, aunténticas, propias de cada uno, pueden ser totalmente diferentes e incluso opuestas, las unas con las otras..
y no hay " una felicidad ", son muchas...tantas como almas existan.
Sí , es verdad que algunas personas cuentan con condiciones más propicias para llegar a la felicidad manipulada. (país donde te ha tocado en suerte nacer, por ejemplo) Pero todos los seres humanos poseemos las mismas condiciones internas para alcanzar la felicidad propia, subjetiva y auténtica, de nuestro ser genuino.
Y aquí coincido con cordero. Aunque estas condiciones no sé si responden mejor con "sabiduría" o más bien con impulsos, instintos..
El error está en considerar como primer factor para conseguir la felicidad, algo tan independiente y externo a uno, como una red social. Sí, ya sé que somos seres sociales.. pero eso es una condición, y no un condicionamiento de felicidad.
Tambiém por supuesto, no todo lo que digan los psicólogos.. va a ser palabra santa...
pero me ha gustado más esto:
Creo que habría que tomar la palabra "sabiduría" y someterla a análisis. No sé si entendemos sabiduría como "arte de vivir en armonía", "habilidad para ser feliz", "conocimiento", "consciencia de lo que es verdaderamente importante", "criterio para distinguir la apariencia de la realidad", "capacidad de renunciar a lo accesorio"... y en todo caso, cada una de esas definiciones tendrían que ser, a su vez, analizadas.
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Mientras estudiaba cual sería la mejor manera de vivir... había otros que la vivían...
Si viviésemos dos veces nuestras vidas, podríamos comparar las decisiones tomadas, pero al no existir esta posibilidad, cualquier afirmación carece de demostración y pierde sentido.
Obviamente tampoco puede decirse que todos los ignorantes son felices y los intelectuales infelices.
Con esto, lo que sí puede afirmarse, es que "la felicidad" es adaptable a cada individuo y el primer paso es la aceptación de "aquello que nos tocó vivir" y no puede ser cambiado.
Debe de ser una aceptación verdadera, sino se logra, es imposible no vivir deseando vivir otra vida..
Esto me ha recordado un poema de Neftalí Beltrán :
Esta vida que yo vivo
me inquieta y me desespera.
No es la vida que quisiera
esta vida sin motivo.
Yo por vivir me desvivo,
pero quisiera sentir
que tengo por qué existir
y hacer mi vida más viva,
más útil, más positiva,
y no vivir por vivir.
Pesimismo, optimismo, vitalismo...palabras, solo palabras, que el viento ha de llevar.
No es lo que fue, sino lo que siempre será...
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Es decir: sabiduría es ignorancia.
¿Podrías ponernos algunos ejemplos para entender tu idea de la sabiduría?
Satori es la razón de ser del zen. Satori es ser buda.
Buda Gautama, alguien que sabía mucho de budismo y de ser Buda, vivió hasta los 29 años rodeado de lujos y placeres. Su padre, que no quería que éste siguiera una senda espiritual, se aseguró de que ignorase el sufrimiento y la religión. Pensaba que así, en un entorno amable y racional, no podría desarrollar una senda espiritual. Así que no salía de palacio y recibió la mejor educación académica que era posible en su momento.
Y en cuento pudo el muchacho, ya sabéis, vendió sus cosas y se echó al monte a meditar.
Malas noticas para vagos intelectuales: para vaciar, primero hay que llenar.
Ese era un pequeño koan, mira a Lara como de inmediato lo develó.
Llevas razón en que para vaciar algo, primero hay que llenarlo...eso es lo razonable.
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En realidad si se quiere algo vacio, para qué llenarlo???. eso sería mucho más razonable.
KOAN
Es que no sabes que lo estas llenando…
Un abrazo Lara.
Si, otra vez estamos de acuerdo. Aunque estoy enemistado hace mucho tiempo con lo razonable.
¿Quedaste perplejo?
Oh, esto me transporta a esos jardines de tu infancia e imagino una conversación, regada con un buen vino, llenando buenos momentos.
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Os copio-pego una versión que circula en internet:
Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.
Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.
Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.
Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.
El maestro le responde con tranquilidad "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?
Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó: " A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada"
Lo bueno del lenguaje ambiguo es que es reversible y lo contrario también es válido: "¿cómo vaciar lo que no está lleno?" se le podría haber respondido al monje zen. Aunque entonces nos hubiera invitado a marcharnos de su casa, por listos. Y de aceptarnos como pupilos, ni hablar.
Mucho cuidado con los sabios, llevan muy mal la soberbia intelectual. En algunos koans hasta golpean a los alumnos resabidillos. Lo que hay que hacer es poner cara de haber comprendido de repente y cerrar la boquita.
¿Es condición para el satori o la iluminación el hecho de llenar tu taza y luego vaciarla?
¿Es que acaso se deben imitar hasta los errores de Buda?
¿Es condición que lleves una vida académica intensa antes de vaciarte y volverte a llenar?
¿Cómo sabes el punto exacto en que tu taza se esta derramando y debes correr a buscar auxilio para vaciarte, volver a llenarte e iluminarte, porque lo que sabías debe ser desechado (vaciado)?
Estimado Perplejo: ¿Es realmente necesario responder a estas preguntas para alcanzar el satori?
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A este foro se viene cagado, llorado y trascendido.
Edito para compartir lo que estaba escuchando, que viene bien:
http://www.ivoox.com/musica-para-aliviar-estres-varios-autores-audios-mp3_rf_722104_1.html
¿Sabés qué Juancho? tu mensaje me iluminó una idea:
¿Por qué considerar que nacemos "vacios" y que la vida nos va llenando???
¿Y si nacemos "llenos" y la vida nos rebalsa como la lluvia cayendo sobre un recipiente con agua...??
Cuidado... no sea que nos estemos "llenando" de cosas equivocadas...;)
Disculpe usted, ya se que el cuentito encierra una moraleja, y que la taza de té es una metáfora... pero el guerrero tenía razón !!!!
porque él llegó con su taza vacia.!!!!.. y el "maestro", no solo que se la llenó , también se la rebalzó.
Y encima luego le dice que no puede enseñarle nada porque tiene que tener la taza vacia? coño maestro!!!! para qué hechó entonces tanto té!!!!!...
Bueno si encima uno luego debe poner cara de que entendió el mensaje y además cerrar la boquita porque sino el viejo se enoja...pues entonces ya no sé!!!
Pienso eso cuando veo a mi hija de seis años razonando conmigo acerca de sus amistades y maestros. Sus razonamientos son claros, sencillos y con muy poca malicia.
Creo que deberíamos quedarnos todos en esa edad.
Un abrazo nuevamente Lara.
Pues totalmente cierto.
Hago un ejercicio de imaginación. Si tengo un día que ver al maestro Zen seguro que haría el ridículo. Saludaría con un: "qué bonito tiene usted el templo" o "¿están meditando? es que no quisiera molestar, ya vuelvo luego". Me sudarían las manos, diría estupideces para llenar el silencio incómodo, jugaría con los dedos... y el monje me miraría sin decir nada, ¡y yo sabría que está juzgando cada gesto que hago! ¡Qué horror!
Si veo que empieza a rebasar la taza al servir el té me quedaría bloqueado y dejaría que siguiera desparramando el té por el suelo del dojo. Por timidez, claro, no voy a saber yo más que el maestro, ¡cualquiera le dice nada! ¡Y cómo me mira!, ¡soy un ser sin evolucionar!, ¡qué vergüenza!, ¡no me mire más! A lo mejor obligo al monje zen a hacer una segunda ronda de té para seguir con la metáfora. Y yo calladito, con una sonrisita estúpida, por si acaso la cago. Como una rubia tonta. Y él desperdiciando ya la tercera tetera sin que yo reaccione...
Ay, Dios... Hasta que el sabio me expulsa del templo porque no he comprendido nada. ¡Necio!, me llamaría, ¡tu mente es un mono loco incapaz de centrarse!. Y me iría llorando y hablando por el móvil, o sea, por el smartphone, para decirles a mis amigos que al final el viaje al Tíbet ha sido en balde, que no me he encontrado a mí mismo y que quiero que me recojan en Barajas nada más llegar para irnos de cañas y superar el vacío espiritual. Y cuelgo porque la llamada internacional me sale carísima.
¡Qué difícil es el camino de la sabiduría!
Es que uno nunca sabe cómo acertar.