¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

El ático

sadarthasadartha Anónimo s.XI
editado agosto 2012 en Fantástica
Doctorada en física y apasionada de la tecnología, trabajó durante 5 años en numerosas e innovadoras investigaciones de la facultad de ciencias en la prestigiosa universidad finlandesa de Helsinki. Nadie ponía en duda su prodigiosa capacidad intelectual dados los descubrimientos de gran relevancia que llevó a cabo durante esa época; pero finalmente su don que la hacía comprender las ideas más abstractas para el resto de la gente, hizo que se retirara durante un tiempo para trabajar en proyectos propios. Tal era su pasión que podía pasarse horas inmersa en su trabajo sin salir del estudio, concentrada como sólo los genios pueden estarlo, hasta el punto que sus familiares comenzaron a preocuparse por su salud; aunque siempre había sido una persona de interiores, sus ocasionales salidas del domicilio se habían vuelto anormalmente escasas, y su contacto humano prácticamente inexistente, ya que vivía sola. Su incondicional entrega al mundo de la ciencia había hecho que prescindiera de las relaciones interpersonales casi por completo, exceptuando las visitas que sus padres le realizaban de cuando en cuando. Quizá fuera ese uno de los motivos que contribuyó a perturbar su inusual mente, haciéndola cruzar el umbral de la cordura al obsesionarse con extraños ruidos que decía escuchar en el ático.



Voy a dejarlo aquí. Con el sonido de la lluvia repiqueteando constantemente sobre el tejado no consigo concentrarme en la lectura, ya es bastante complicado descifrar estos garabatos sin nada que me distraiga. Las once ya…Me siento en la cama y miro por la ventana el oscuro cielo, mientras poco a poco va dejando de llover. Permanezco ahí, ensimismada en mis pensamientos, cuando me doy cuenta de un sonido débil y constante que parece venir de arriba. Aguzo el oído, goteras, imagino. Debería arreglar el tejado del ático antes de que las lluvias se hagan cada vez más frecuentes y lo acaben inundando. Sin darle mayor importancia, me levanto y me dirijo al cuarto de baño, voy a darme una ducha antes de acostarme, mañana será un día de duro trabajo. Me dispongo a abrir el grifo cuando un ruido repentino me sobresalta, una especie de golpe sordo. Desisto de la ducha y camino hacia la trampilla con curiosidad. La miro durante unos segundos…la cadena del tirador parece balancearse ligeramente, por lo demás nada. No se ha vuelto a escuchar otra cosa que no sean las dichosas goteras. Es mejor que me acueste, el cansancio acabará jugándome una mala pasada.



Dos de la mañana. Llevo casi tres horas dando vueltas en la cama, pero no consigo conciliar el sueño. Parece que ha vuelto a empezar a llover, el sonido de las gotas rompiendo sobre mi cabeza es como una tortura china, cualquiera diría que cada vez hacen más ruido. Cierro los ojos, pero es peor, parece que están dentro de mi cabeza, así que permanezco con los ojos abiertos contemplando el oscuro techo de mi habitación, dibujando figuras con las manchas del mismo. Entonces, comienzo a escuchar algo que se arrastra. Lo juro, esta vez no es el agua golpeando. Aunque la manta es bien caliente, tengo la carne de gallina. Quiero dormirme ya, pero cada vez estoy más nerviosa, sigo escuchando movimiento en el ático. Quizá algún gato callejero se ha colado para resguardarse de la lluvia, sí, es lo más probable. Con la imagen de un minino juguetón, me dejo rendir al sueño que por fin parece llegar. Me he habituado al ruido, no será distracción.



Pego un bote en la cama y despierto sobresaltada, con el corazón en la garganta. Tres de la mañana. Algo me ha desvelado por completo, parece que mi descanso ha durado poco. Tengo miedo. Pum, pum, pum. ¿Puede un gato hacer tanto ruido? No sé qué pensar, debería subir al ático para ver qué está pasando ahí arriba. Seguramente no sea nada, aún así mi cerebro no hace más que crear imágenes cada vez más irracionales y aterradoras. Me revuelvo en la cama intentando reencontrar la postura, pero mis músculos en tensión se niegan a relajarse; decenas de historias terribles acuden a mi cabeza, ¿es posible que alguien como yo se deje sugestionar de tal manera?. Ha debido ser la maldita nota que encontré, ni siquiera sé de dónde ha salido. Llevo tiempo muy focalizada en mi trabajo, tendría que despejarme un poco o acabaré por volverme loca. En fin, me temo que hasta que no averigüe qué produce esos malditos sonidos no podré estar tranquila. Lo he decidido, voy a subir.



Antes de nada, paso por la cocina y me hago con un cuchillo. Pensándolo bien, dudo que tenga la sangre fría de utilizarlo, pero nunca está de más tomar alguna precaución. Con paso lento pero firme, me dirijo hacia la trampilla y agarro el tirador. Forcejeo hasta que se abre con un chirrido y puedo alcanzar la escalerilla. Asciendo los peldaños uno a uno, con cuidado de que la madera carcomida no suene más de la cuenta. ¡Joder! Se me corta la respiración cuando el último travesaño se quiebra en una nube de polvo, pero finalmente logro llegar hasta arriba de una pieza. Lo primero que hago es pegarme a la pared y buscar a tientas en interruptor. Por fin mi mano temblorosa palpa en frío plástico y lo aprieta. Nada. Insisto con nerviosismo, arriba y abajo, pero no funciona. No percibo ningún sonido más allá de mi entrecortada respiración. ¿Por qué ha parado de repente? ¿Acaso me ha visto y aguarda acechando entre las sombras un momento de debilidad? Haciendo un esfuerzo, escudriño la oscuridad. Tampoco veo nada. Un momento, ¿qué es ese objeto de la esquina? Hay algo, desde luego, algo grande además. Si no fuera por el ligero brillo metálico que desprende su estructura al reflejar la poca luz de luna que se cuela por las ventanas, no me habría fijado en él. Si me acercara más podría verlo mejor, pero estoy demasiado asustada. Entonces, de repente, me hago consciente de la amplitud de la estancia, y de las penumbras que la envuelven, y siento la imperiosa necesidad de salir corriendo; bajo a trompicones la escalerilla, cierro la trampilla y busco mi móvil. Marco el número, pero cuando voy a presionar el botón verde me detengo. Estoy comportándome como una lunática, esto no es propio de mí. Trato de tranquilizarme, respiro hondo y pienso: acabo de bajar corriendo, asustada por un brillo de, probablemente, algún mueble olvidado. Lo que tendría que hacer es coger una linterna, volver al ático y demostrarme a mí misma que no hay de qué preocuparse. Revuelvo los cajones, intentando recordar dónde diablos la he metido, hasta que doy con ella. Compruebo la pila. Bien, parece que funciona.

Comentarios

  • sadarthasadartha Anónimo s.XI
    editado agosto 2012
    Vuelvo sobre mis pasos y reabro la entrada. Por todos los demonios…otra vez escucho algo. Durante unos segundos me quedo paralizada, quiero subir a averiguar qué está pasando, pero parece que mis piernas se niegan a acompañarme. Finalmente me libro del miedo agarrotador, e impulsada por la curiosidad asciendo con la linterna en alto, cuidándome de omitir el travesaño roto. Antes de terminar de introducir mi cuerpo a través de la abertura, me paro y alumbro; ya no oigo ni veo nada extraño. Termino de subir y recorro la estancia iluminando cada rincón, a la luz de la linterna no hacen más que aparecer sombras deformes y amenazadoras por todos sitios, que estimulan más mi ya de por sí alborotada imaginación. La habitación es rectangular, amplia, repleta de cajas y estanterías destartaladas cubiertas de polvo; su función desde siempre había sido la de acumular aquello que ya es inútil pero por algún motivo no me atrevo a tirar. Debería deshacerme de la mitad de las cosas que hay aquí, pero simplemente no encuentro tiempo para ello, de hecho, no recuerdo cuando fue la última vez que subí aquí. Camino hacia la esquina en la que antes había visto el misterioso resplandor, no encuentro nada además de una estantería con cajas hasta arriba de artículos y viejos documentos. Puesto que ya he comprobado que todos mis pensamientos carecían de base real, me paro y comienzo a ojearlos. Decenas de papeles con investigaciones de algunos grandes como Frank. J Tipler, Ronald Mallett, Richard Gott…además de mis propios proyectos. Releo algunos, hay que ver lo que se ha avanzado desde entonces. Por suerte ahora tengo gran cantidad de conocimientos de los que hace unos años carecía. Permanezco así un buen rato, sumida en antiguos archivos a la luz de linterna. Recuerdo que incluso intenté crear mi propia máquina…pero me quedé atascada en el punto crucial. Anda, aquí están los planos. Empiezo a examinarlos, dándome cuenta de los muchos errores de planteamiento que cometí. Recreo una representación mental de la misma, la entrada, punto central que concentra la energía, estructura…De pronto, lo veo claro. Después de tantos años, de darlo por perdido, he vislumbrado la solución. Apenas puedo creerlo, ¿será posible de verdad? ¿Dará resultado? Extasiada por mi descubrimiento, me pongo manos a la obra. Busco material, aquí hay de sobra. Empiezo por recoger clavos, tornillos y tuercas...muevo cajas, inspecciono cajones, desmonto muebles… La estructura es sencilla, pero ha de ser consistente y metálica, a ser posible. Utilizando como base una vieja estantería y unos marcos polvorientos hago los ajustes necesarios. En el proceso rompo un par de figuritas de cristal que había en la estantería al derribarlas sin darme cuenta, repletas de un extraño polvo que me produce estornudos y un ligero mareo durante unos instantes; pero no importa, carecen de valor alguno en comparación con lo que estoy haciendo. Debo estar armando un buen jaleo, por suerte no tengo vecinos a los que pueda molestar. Miro el reloj. Genial, se ha quedado parado a las tres de la mañana…pero calculo que llevo aquí un par de horas ya. Cuando trabajo en algo de éstas características apenas soy consciente de las sensaciones físicas, de hambre, de sed, de cansancio…me parecen minucias comparadas con la grandeza de las ideas que desarrollo. ¿Acaso Einstein se pararía en medio de su razonamiento sobre la teoría de cuerdas para ir al baño? No se le pasaría por la cabeza en tal crucial momento.



    Repentinamente palidezco. No puede ser… hay alguien abajo. He escuchado pasos, alguien se ha parado bajo la trampilla. Esta vez estoy segura, ¿cómo no me he dado cuenta antes? Por un momento me olvido de todo y permanezco inmóvil, debería haber subido el teléfono, pienso arrepentida. Los segundos se hacen horas, parece que se haya parado el tiempo, hasta que puedo respirar con alivio cuando los pasos se alejan. ¿Qué hago? No puedo bajar, y menos de noche, presiento que tiene malas intenciones. Esperaré hasta el amanecer, si es un ladrón probablemente se vaya en cuando termine de desvalijar aquello que le interese. Rezo porque no suba…



    Puesto que me veo obligada a permanecer aquí, decido seguir con la máquina, así al menos distraeré mis pensamientos. Esta vez intentaré hacer menos ruido, aunque tengo la sensación de que sabe que me escondo arriba. Mis nervios están a flor de piel, lo que hace que me sobresalte con cualquier mínimo crujido de la vieja madera e incluso los que yo misma produzco. Me obligo a focalizarme en mi tarea, en mi pequeña gran obra. Por fin entro en ese estado de trance característico, sin percibir nada más que el objeto que tengo delante; el trabajo marcha de maravilla, ya queda poco.



    No, no, no. Por favor, no subas. Los pasos han vuelto a dirigirse hacia mi refugio. ¿Por qué no se va?, ya debe de faltar poco para que amanezca. No se han alejado todavía…crack. Ha abierto la trampilla. En mi vida había tenido el pulso tan acelerado. Apago la linterna y me escondo tras la máquina, hecha un ovillo contra el suelo. Doy gracias de que no funcione el interruptor, así no podrá verme. Inmóvil, cuento uno a uno los peldaños que va subiendo. Parece que la casa está en peores condiciones de las que creía, otro crujido me avisa de que un travesaño más ha pasado a mejor vida; como siga así, cuando quiera bajar del ático tendré que hacerlo de un salto. Ya está arriba. Contengo la respiración, tenso los músculos e intento fundirme con la oscuridad que me rodea mientras un sudor frío recorre mi frente. Intenta encender el interruptor, le va a servir de poco. Finalmente, parece que se resigna y baja.



    Casi no me atrevo a moverme, pero cuando pasa un tiempo me reincorporo. En la penumbra a la que se han acostumbrado mis ojos, contemplo mi creación, su brillo metálico…es magnífica. La entrada casi se asemeja a unas fauces abiertas, expectantes. Una fugaz idea cruza mi mente mientras estoy de pie frente a mi obra, ¿es acaso casualidad que haya repetido todos mis movimientos?, ¿estará buscando una linterna entre los cajones en la planta de abajo? La abrumadora certeza comienza a invadir mi mente. Si realmente es cierto, si no estoy siendo víctima de una oscura pesadilla o una broma cruel, volverá a subir en unos instantes. Las consecuencias podrían ser catastróficas, no puedo dejar que suceda. En un intento desesperado, agarro uno de los viejos papeles olvidados y con un lápiz comienzo a escribir mi historia (o más bien la suya); tengo que advertirla. Me pregunto en qué punto comenzó todo, ojala lo supiera y así pudiera cambiarlo, pero puesto que no soy consciente de ello escribo lo más detalladamente posible y a toda prisa lo ocurrido, espero que sea capaz de descifrar mi ya de por sí tortuosa letra. ¿Cómo hacérselo llegar? ¿Funcionará la máquina? Antes de arriesgarme con las notas, pruebo con la linterna; cruzo los dedos mientras observo y…parece cosa de magia, mas no es otra cosa que ciencia y conocimiento humano. En otras circunstancias me habría henchido de orgullo, ahora solo daba gracias, pues con suerte pondría fin a esto.



    Entonces, otra vez, los pasos, y lo que es peor, el quejido de la madera que conforma la trampilla cediendo; casi parece que no quiera abrirse, protegerme de aquello para lo que nadie está preparado. Obviamente, no ha funcionado…no terminé de leer las notas… Un error de principiante, del que no me di cuenta en el momento, aturullada por la presión. Sólo hay una cosa que puedo hacer antes de que termine su ascenso…Con más miedo del que he pasado a lo largo de toda mi vida, tomo la decisión, no puedo permitir que se rompa el equilibrio, es ahora o nunca.

    Cojo aire, me coloco a la entrada y apretando los ojos doy un paso al frente.






    Camino hacia la esquina en la que antes había visto el misterioso resplandor, no encuentro nada además de una estantería con cajas hasta arriba de artículos y viejos documentos…
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2012
    Hola, bienvenid@:):p:D
    Està espeluznante la historia:eek:
  • CielitoDeMiPiezaCielitoDeMiPieza San juan de la Cruz XVI
    editado agosto 2012
    Muy buena historia, un cuento corto de sci fi, te felicito, me gustó. Cuida bien la corrección del texto, eso distrae. La calidad del cuento lo vale.


    .
    ..
    .
  • sadarthasadartha Anónimo s.XI
    editado agosto 2012
    ¡Muchas gracias a los dos por comentar! Siempre suelo releer el texto varias veces para ver los fallos, pero alguno se escapa aun así. Me alegro de que os halla gustado.

    Por cierto, la historia está basada en el tema "the atic", del grupo In Flames.

    Un saludo!
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com