Mirando al cielo, descubrí que las preciadas gotas de Chaac por fín caían sobre nosotros. Extendí mis brazos y coloqué mis palmas abiertas hacia el cielo. Curiosamente, sólo una gota cayó en el centro de cada una de mis palmas, sintiendo en aquel mismo instante una voz que decía "Todo cuanto has de hacer es desear ser uno con ella, y ella te querrá para siempre...". Al fin mi plegaria había sido escuchada, por fin mi vida cobraría el sentido que aún no tenía como vida humana.
- Deseo existir y no sufrir - fue todo cuanto pude decir, con una voz queda, debilitada tras años de espera.
"Que mi poder haga lo necesario entonces", dijo aquella voz, que parecía venir de todos lados y de ninguno. Y entonces las dos gotas de mis manos comenzaron a brillar, un brillo tenue pero visible, como un cristal en el fondo del mar. Antes de poder reaccionar, las gotas se pegaron a mis manos, y no me pude desprender de ellas a pesar de los más diversos aspavientos. Fue entonces cuando ambos cristales se abrieron paso por mi piel, adentrándose sin provocar dolor ni dejar marca en mi cuerpo. Fue entonces cuando sentí un fuerte espasmo en todo mi cuerpo, como si me hubieran quitado todo el esqueleto que sustentaba mi ya débil constitución. En un intento por mover voluntariamente mi musculatura, pude alcanzar a ver cómo mis manos comenzaban a estar empapadas, un líquido que bien podría haber sido agua por su apariencia transparente y su tacto suave. Sí,aún tenía tacto en las manos a pesar de todo, y fue ese el motivo por el que busqué agarrarme a algo, sentir un apoyo, erigirme con fuerza para poder entender qué me pasaba. No recuerdo haber podido hacerlo, pues para cuando alcancé el tronco del árbol más cercano mi visión ya había sufrido un cambio inesperado y horripilante: sin tener esa sensación, veía mis manos alzadas sobre mi cabeza, pero yo no tenía las manos en alto. Era como si mis ojos se hubieran transportado caprichosamente a mi pecho, o a mis rodillas. ¿Qué era eso? ¿Qué me ocurría, cuál era el designio del todopoderoso Chaac?
Mi mundo desapareció, dejé de ver el horizonte y sólo pude ver el cielo. Vencido por mis esfuerzos por revolverme, dejé de luchar, rendí mi cuerpo al cambio. Y entonces, sentí como si todo mi cuerpo explotara; en realidad, sé que fue así porque no sentía ninguna parte de mi cuerpo, no había nada debajo de la mente que aún me hacía percibir todo, y el espasmo acrecentó esa sensación. Entonces cerré los ojos...
No sé cuánto tiempo había pasado, no había forma de saberlo. Cuando mi vista pudo percibir formas, me encontraba en un medio que me resultaba familiar. Estaba sumergido en agua, pero ¿cómo? Intenté nadar a la superficie, y cuando conseguí asomar la cabeza, algo pareció empujarme de nuevo hacia el fondo. Sentí agobio, pero no por falta de aire, sino por miedo; misteriosamente, no tenía la necesidad de respirar aire, sentía aquel líquido como mi medio natural. Todo era....agua.
-Mi sufrimiento ha desaparecido; gracias...
Y mis ojos se cerraron eternamente
Tengo un prosa horrible, pero dado que hay planteados tanto juegos de escritura y demás, tengo la firme convicción de que podré mejorarla si sigo practicando. Gracias Kala por todo lo que planteas, esto vuelve el foro muy muy muy ameno.
PD: Hablando de transformaciones, creo que una de las cosas que se pueden rescatar de una película como Spiderman 3 es precisamente la transformación del hombre tierra, está muy currado y se tiene la sensación de una metamorfosis real. Si tenéis la oportunidad de verlo, hacedlo
Muy bien Ionova,deberías valorar más tu prosa,no se te da mal en absoluto,me ha gustado mucho tu transformación en rio.
Olvidé decir que quien escriba su metamorfosis tiene que poner cual será la siguiente trasnsformación. Con tu permiso Ionova,esta vez lo haré yo,pero si quieres cambiarla y poner otra estás en tu derecho.
Siguiente transformación: Un águila.
Oh, hermosa naturaleza, cuánto admiro contemplarte. Tus verdes praderas, las suntuosas montañas. Dejar la ciudad de lado y respirar tu aire puro ¡Qué bien me siento!
Aun hoy, con todo lo que podamos soñar a nuestro alcance, me acerco a tus cristalinos rios, veo el reflejo de mi rostro, y me resulta mágico. Pero no todo lo que veo es bueno siempre, mi hermosa naturaleza. A veces, solo a veces, cuando veo ese reflejo sueño poder cambiarlo, ser más parte de ti. Imaginé cómo sería poder surcar tus cielos, sintiendo el aire, viéndolo todo de otra manera, con una perspectiva diferente.
Entonces ocurrió, ese reflejo empezó a cambiar, empezó a encoger. Derrepente no tenía labios, derrepente no tenía nariz; ahora tenía pico. Y mis desnudos brazos perdieron el bello, y en su lugar aparecieron plumas. Ya no tenía brazos, ahora eran unas alas majestuosas.
Seguía mirando ese reflejo, pero ahora no me veia a mí, ya no era yo. Ahora era un águila.
Aproveché para alzar el vuelo. Agitaba las alas. Me sentía vivo como núnca antes me había sentido. Volé tan alto como pude, y vi que eras tan admirable desde las alturas como en tierra firme.
Bajé.
Volví a buscar mi reflejo, y ahí estaba yo, otra vez yo, pero con una idea completamente certera, mi amada naturaleza: Fui águila una vez. Fui águila en mi mente. Y te contemplé desde los cielos, mi siempre hermosa naturaleza.
Llevo horas escribiendo, intentando ser parte de mis propias palabras. Cada letra surca un valle con ríos de tinta, rompiendo la uniforme llanura de un papel en blanco. Bajo el flexo se ha creado una atmósfera de luz, luz tenue que me encandila y me hace ver las letras de otra manera. Mis dedos acarician el suave tacto del papel y se deslizan sutilmente, con cuidado, sin oprimir el perfecto lienzo en el que formaré las palabras más bellas jamás escritas. Ahora mis dedos se recrean en las estrias que han desfigurado el perfecto aspecto de mi folio y han creado nuevos rincones ocultos donde poder esconderme. Recovecos que camuflan diminutas sombras y guardan el mismo calibre que mi boli bic. Tamaño exacto. La llave maestra que encaja hasta en el más pequeño de los recodos y abre la puerta a universos inverosímiles. Instrumento perfecto que ahora yace entre mis dedos y espera, hasta nuevo orden, deseando que mi mente forme frases entrelazadas y poder grabarlas sin opción a retractarse.
En ese momento íntimo, en el que solo él y yo sabemos lo que será escrito, se convierte en parte de mí, carne de mi carne. Ahora tinta fluye por mis venas, y ya ni siento ni padezco, solo dejo que mi mente se recree en quimeras y pueda formar hendiduras inconexas de arroyos de tintura.
"Me voy vistiendo mientras intento que mi hijo pequeño se vista. Él no para de hacer ruido, hablar alto... Yo tengo que levantar la voz algunas veces para que me haga caso. Salimos de casa con más ruidos que él va haciendo mientras yo le pido un poco de silencio o, al menos, no tanto ruido. Llegamos al colegio y le suelto allí, en medio de más ruido y más fuerte, con muchos niños más haciendo ruido. Cuando veo que entra doy media vuelta, callada, y el silencio empieza a visitarme a pesar del ruido del tráfico y de los demás niños ruidosos. Cuando llego a mi casa ya me he transformado en silencio, pero no en silencio absoluto porque pongo música en la radio -Rock and Gol- para ser yo el silencio pero no mi entorno. Así consigo leer, escribir, centrarme... Ser silencio me relaja, y a los demás también porque mi silencio les ayuda a hablar. Me gusta ser silencio pero, lamentablemente, no siempre puedo elegir el momento."
Ya se que no es muy bueno, pero lo he escrito mientras lo pensaba así que no hay revisiones ni intentos de ser un buen mini relato.
Blanco, de luz me hago, y crezco en luminosidad... Brillo, pero con manchas de tenue oscuridad. El cuerpo se deforma, poco a poco ya no hay más brazos, floto, flotaré por siempre. Estoy creciendo como una arveja, redondo plano chato. Parezco un queso, semiduro, maduro, graso. He cuajado.... las patitas se van.
Quedan unas pocas patitas, con ellas hago un impulso, loco, ya no gravedad nomas nunca. Al infinito... se borraron los pies. Adiós Cabeza, adiós mente. Me volví Luna.
A ver ahora, como se convierten en guitarra.:cool:
Acaricias mi piel desnuda recorriendo con tus manos cada curva de mi cuerpo. Marcas con ternura las formas de mi cintura. Con tus dedos rasgueas mi ombligo, suavemente, consiguiendo una melodía suave, sensual. Me dejo llevar. Cierro mis ojos y estiro mis brazos que se van transformando en fino mástil para que formes notas en cada traste. Mi cadera se adapta a tu cuerpo para que me abraces sin miedo y la música empieza a salir por cada poro de mi piel. Mantengo los ojos cerrados dejándome llevar por el ritmo de tus manos que siguen acariciando mi cuerpo de madera que se estremece a tu contacto. Y como las guitarras también sueñan su propia música, yo, que ya soy guitarra, tu guitarra, sueño con una melodía eterna a tu lado con infinitas caricias.
:o Gracias, Rude. Hacía mucho tiempo que no escribía algo así y me ha reconfortado. Si además gusta a los demás me doy por satisfecha. Gracias otra vez.
Con lo fácil que es transformarse en moto (los Transformers lo hacen en coche) y ¿nadie lo cuenta? Animo.
Si esque lo mio no son las motos, si no... lo intentaría.
Las únicas que me gustan son las Vespas y las Lambrettas de décadas lejanas, y muy bonito no puede quedar.
Esas son motos añejas, con personalidad propia, así que convertirse en una sería como recordar "Vacaciones en Roma", o "Quadrophenia" -que no me gustó nada- (es que yo soy rocker). En otro estilo está "Easy Rider" o "ghost rider". Por no hablar del "Halcón Callejero", je je je. Venga, todavía hay tiempo.
Camino tranquila, sin prisa pero sin pausa y enfilo hacia una vieja corretera comarcal. El asfalto no está en buenas condiciones pero el paisaje, con árboles a los dos lados y la vista del valle a lo lejos es precioso, relajante. Ya no suelen venir coches por aquí desde que hicieron la autovía pero las motos siguen siendo fieles a las sinuosas curvas de estas carreteras olvidadas.
Al cabo de unos minutos escucho un zumbido lejano que al acercarse se transforma en ruido de motor. Me gusta jugar a adivinar cuántas serán: “3 motos, una Yamaha y 2 Suzukis; las 3 son deportivas”. No suelo acertar nunca pero el juego me entretiene. Me adelantan no muy rápidas, vienen por aquí para disfrutar de las curvas, no de la velocidad. Me quedo mirándolas con envidia. Yo también quisiera poder saborear así la carretera sintiendo su trazado con todo el cuerpo. Acelero el paso, cada vez más rápido, más rápido… Siento el aire en la cara y los rayos de sol que se filtran entre los árboles. Giro la muñeca derecha hacia mí, sube la velocidad, mi cuerpo se inclina hacia delante con los brazos estirados. Entre mis manos va surgiendo una rueda y también entre mis pies. Me preparo para trazar la siguiente curva, tumbo mi cuerpo hasta tocar el asfalto con la rodilla y después me estabilizo. Soy una Honda CB500, una naked hecha para sentir la carretera, fácil de llevar, fácil de disfrutar. Una buena moto con un motor casi indestructible y perfecta para largos viajes y rutas de una tarde.
Veo el desvío hacia la autovía y decido probar mi velocidad. El asfalto está perfecto y tengo dos carriles sin apenas tráfico. Abro gas de golpe y noto la aguja del cuentakilómetros subiendo. Si yo no fuese la moto, mi cabeza se iría hacia atrás por la velocidad. Mis formas se vuelven más aerodinámicas, me convierto en una Kawasaki Ninja. Mi manillar no gira tanto como en otras motos, por eso necesito tumbar más para tomar las curvas. Todo pasa muy rápido, no puedo desviar mi vista del frente. Me gusta la velocidad pero no es lo mío así que tomo el siguiente desvío para volver a la carretera.
Ya he probado el asfalto y ahora me apetece algo diferente así que enfilo hacia un camino de tierra en medio del campo. Subidas y bajadas por senderos pedregosos, estrechos. Me vuelvo más alta, menos aerodinámica. Mis ruedas también se transforman para adaptarse al terreno. Si yo fuese la piloto llevaría ahora una posición más erguida. Mi motor se vuelve más potente ya que para pasar por algunos tramos es más importante la fuerza que la velocidad. La amortiguación mejora para superar todos los inevitables baches naturales que tengo que sortear sin pasar de segunda e incluso primera. El cuerpo principal está más alto que en las otras motos. Me encanta esta sensación lenta pero dinámica. Si, definitivamente me gusta ser una BMW F650, una moto trail hecha para asfalto y tierra.
Va siendo hora de regresar a casa y decido hacerlo tranquila, sin velocidad, sin curvas; mirando el paisaje y dejando que me miren. Por eso al volver a la carretera y aprovechando una larga recta, mis brazos –que ahora son mi horquilla- se alargan hasta que entre la rueda delantera y el cuerpo de la moto, mi cuerpo, hay más distancia que en una moto normal. La altura del asiento baja lo suficiente como para que cualquier piloto le llegue perfectamente al suelo. El manillar se hace más ancho, el motor brilla como un espejo, las estriberas se adelantan, las líneas se hacen más anchas adaptándose a mis propias curvas. Soy una Yamaha Drag Star y, como toda custom que se precie, estoy maqueada con alforjas y un precioso dibujo en el depósito. Estas motos no están hechas para correr, ni para curvear, y mucho menos para el monte. Son motos para hacer girar la cabeza de aquellos que las ven pasar, para ser observadas en cada concentración. Las custom representan el espíritu libre de los moteros, su alma más rebelde.
Así, con calma, regreso a mi estado humano cuando entro en mi garaje. Antes de subir a casa me acerco a mi moto, a mi Honda y le hablo suavemente –todos los moteros le hablamos a nuestras monturas- prometiéndole cuidarla aún más si cabe para recorrer juntas muchos kms. llenos de curvas. Hasta mañana, mi niña, v’sss y ráfagas.
Tengo 38 años. Soy una mujer con 3 hijos, un marido y un buen trabajo por el que gano un buen sueldo. Vivo en un pequeño pueblo de Navarra en un casón bastante antiguo, datado en el año 1508. El casón está abrazado por un campo de girasoles de unos 2km cuadrados. En este casón han vivido todos mis antepasados y todos ellos han tenido una infancia maravillosa, con historias asombrosas, a deducir por lo que escribian en sus diarios. Exceptuándome a mí.
Yo jamás había estado en este casón. Me mudé hace 5 semanas. Mi madre me lo dejó como herencia tras morir por un enfisema pulmonar hace un año.
Ella siempre me mencionaba el enorme campo de girasoles en el que solían jugar ella y sus hermanas y lo maravilloso que era correr entre ellos. Me encantaba escucharla y sentir la felicidad que desprendía de cada palabra. Deseaba con todas mis ganas que llegara el día en el que pudiera correr entre los girasoles, escondiendome entre ellos y tumbarme bajo el sol en pleno agosto, sintiendo el intenso calor penetrando en mis dilatados poros.
Tengo que confesar que estoy sola. Mi marido no llega hasta la noche y mis hijos están jugando en el parque del pueblo de al lado y quizás esté mal que lo diga, pero lo estaba deseando.
Estoy dentro de la bañera y siento un intenso ardor sexual, como si el hecho de saber que voy a cumplir con el sueño de mi infancia me excitase.
Quiero estar en contacto con los girasoles, sentir el roce de sus pétalos a la altura de mi muslos. Notar el sol acariciando mi desnuda espalda mientras mi pezones sienten el templado aire que lame con delicadeza.
Estoy saliendo de la bañera. Me envuelvo en la toalla secando a pequeños golpecitos mi delicada piel y voy descalza por el resto de la casa, hasta encontrarme con la puerta de entrada. Salgo al exterior sujetando fuertemente mi toalla, mientras me aseguro de que nadie pueda verme. Comienzo a bajar los escalones de piedra, y mis pies desnudos se queman, por lo que acelero el paso dando pequeños saltos.
No veo más que girasoles, es precioso. Mis dedos se pierden entre ellos y empiezo a sentir el sol golpeando mi espalda, tal como me lo imaginaba.
A los tres metros me desprendo de la toalla poco a poco avanzando campo adentro. El tacto es asombroso, tal como describían mis antepasados. Cierro mis ojos y el olor a girasol se intensifica, el tacto es mucho más intenso y a medida que voy avanzando siento que cada vez son mas altos, tanto que ahora los girasoles casi me llegan hasta los pechos. Me doy la vuelta y con los ojos cerrados, alzo mi cara hacia el sol y es entonces cuando mis manos apretan los pechos, como si ese calor ardiese dentro de mí.
Decido apartar los girasoles que me rodean para poder tumbarme en el suelo y abrirme poco a poco al sol. Mis manos no paran de acariciar mis pechos y mi abdomen, bajando despacio hacia mis labios humedos. Deseo que el sol penetre en mi piel turbándome, excitándome cada vez más y abrirme a él cual virgen enamorada deseando que me desflore como al resto de girasoles.
Mientras, mi mente no hace más que imaginar un precioso girasol, aun contraido, moviendose al mismo tiempo que va abriendo sus pequeños petalos. Está inquieto, turbado, ansioso por sentirse completamente abierto, ser un girasol amado, sentir el intenso calor dentro de sí y así poder descubrirse y exponerse por completo y dar lugar a la más bellas de las floraciones.
Hoy siento mi oronda pletina nostálgica. Tengo tanto tiempo para pensar...Conozco cada palmo de esta habitación. Encima de esta mesa llevo quince años encerrado bajo un techo de metacrilato. Días y días he permanecido en silencio sin que ninguna mano, con dedos de brisa libertaria, me sacara de mi tumba. Otros, resplandecía todo el día, en una primavera de inacabables melodías, de sonidos huracanados o de suaves rumores infatigables.
Sentía a veces tanto calor, que temía arder, pero adoraba bailar y bailar como si no hubiese un mañana.
Recuerdo cuando me trajeron aquí y conocí a Julio. Era un niño de apenas siete años. Entonces yo le cantaba y él saltaba, reía, danzaba. "Estaba el Señor Don Gato, sentadito en su tejado...". Con sus inexpertas manos en ocasiones me lastimaba, me hacía vocear hasta la extenuación o me golpeaba sin intención. Pero a mí solo me importaba la ternura de aquel presente.
Con alas trémulas me dejó volar todo este tiempo, con mil voces me dió vida, me hizo vibrar, a veces llorar. También sufrí, como aquellos días en que yo sonaba al ritmo de Rap y le dió por alterar mi normal funcionamiento. Desde entonces nunca he vuelto a ser el mismo.
Pero...¡Shhh! Ahí llega Julio. No viene solo, una chica le acompaña. Se dirige hacia mí y me destapa. Rebusca entre los discos del cajón hasta que elige uno. Es un viejo conocido mío. Tantas veces le rocé con pasión con mi aguja que le dejé cicatrices. Sé que no me dejará que le acaricie hasta el final. Julio no lo sabe, y encaja el vinilo sobre mí. Mientras que él dirige mi metálico brazo, otra mano tira con dulzura del suyo atrayendolo hacia sí. Apenas le ha dado tiempo de posar mi diminuta cabeza cuando los dos cuerpos se funden en un abrazo.
Mis altavoces suenan, pletóricos de emoción. De repente, la espiral rompe su cadencia, y, aunque lo intento, no consigo avanzar. Nadie me detiene. Sobre la cama, otra melodía sensual anula todo sonido posible. Yo sigo, fiel a mi condición de esclavo, mientras, a medio volumen, repito cansado e impaciente:
"Ne me quittes pas...ittes pas...ittes pas...ittes pas...ittes pas".
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Mirando al cielo, descubrí que las preciadas gotas de Chaac por fín caían sobre nosotros. Extendí mis brazos y coloqué mis palmas abiertas hacia el cielo. Curiosamente, sólo una gota cayó en el centro de cada una de mis palmas, sintiendo en aquel mismo instante una voz que decía "Todo cuanto has de hacer es desear ser uno con ella, y ella te querrá para siempre...". Al fin mi plegaria había sido escuchada, por fin mi vida cobraría el sentido que aún no tenía como vida humana.
- Deseo existir y no sufrir - fue todo cuanto pude decir, con una voz queda, debilitada tras años de espera.
"Que mi poder haga lo necesario entonces", dijo aquella voz, que parecía venir de todos lados y de ninguno. Y entonces las dos gotas de mis manos comenzaron a brillar, un brillo tenue pero visible, como un cristal en el fondo del mar. Antes de poder reaccionar, las gotas se pegaron a mis manos, y no me pude desprender de ellas a pesar de los más diversos aspavientos. Fue entonces cuando ambos cristales se abrieron paso por mi piel, adentrándose sin provocar dolor ni dejar marca en mi cuerpo. Fue entonces cuando sentí un fuerte espasmo en todo mi cuerpo, como si me hubieran quitado todo el esqueleto que sustentaba mi ya débil constitución. En un intento por mover voluntariamente mi musculatura, pude alcanzar a ver cómo mis manos comenzaban a estar empapadas, un líquido que bien podría haber sido agua por su apariencia transparente y su tacto suave. Sí,aún tenía tacto en las manos a pesar de todo, y fue ese el motivo por el que busqué agarrarme a algo, sentir un apoyo, erigirme con fuerza para poder entender qué me pasaba. No recuerdo haber podido hacerlo, pues para cuando alcancé el tronco del árbol más cercano mi visión ya había sufrido un cambio inesperado y horripilante: sin tener esa sensación, veía mis manos alzadas sobre mi cabeza, pero yo no tenía las manos en alto. Era como si mis ojos se hubieran transportado caprichosamente a mi pecho, o a mis rodillas. ¿Qué era eso? ¿Qué me ocurría, cuál era el designio del todopoderoso Chaac?
Mi mundo desapareció, dejé de ver el horizonte y sólo pude ver el cielo. Vencido por mis esfuerzos por revolverme, dejé de luchar, rendí mi cuerpo al cambio. Y entonces, sentí como si todo mi cuerpo explotara; en realidad, sé que fue así porque no sentía ninguna parte de mi cuerpo, no había nada debajo de la mente que aún me hacía percibir todo, y el espasmo acrecentó esa sensación. Entonces cerré los ojos...
No sé cuánto tiempo había pasado, no había forma de saberlo. Cuando mi vista pudo percibir formas, me encontraba en un medio que me resultaba familiar. Estaba sumergido en agua, pero ¿cómo? Intenté nadar a la superficie, y cuando conseguí asomar la cabeza, algo pareció empujarme de nuevo hacia el fondo. Sentí agobio, pero no por falta de aire, sino por miedo; misteriosamente, no tenía la necesidad de respirar aire, sentía aquel líquido como mi medio natural. Todo era....agua.
-Mi sufrimiento ha desaparecido; gracias...
Y mis ojos se cerraron eternamente
Tengo un prosa horrible, pero dado que hay planteados tanto juegos de escritura y demás, tengo la firme convicción de que podré mejorarla si sigo practicando. Gracias Kala por todo lo que planteas, esto vuelve el foro muy muy muy ameno.
PD: Hablando de transformaciones, creo que una de las cosas que se pueden rescatar de una película como Spiderman 3 es precisamente la transformación del hombre tierra, está muy currado y se tiene la sensación de una metamorfosis real. Si tenéis la oportunidad de verlo, hacedlo
Kala muy original tu idea.
UN saludo a los dos
Olvidé decir que quien escriba su metamorfosis tiene que poner cual será la siguiente trasnsformación. Con tu permiso Ionova,esta vez lo haré yo,pero si quieres cambiarla y poner otra estás en tu derecho.
Siguiente transformación: Un águila.
Aun hoy, con todo lo que podamos soñar a nuestro alcance, me acerco a tus cristalinos rios, veo el reflejo de mi rostro, y me resulta mágico. Pero no todo lo que veo es bueno siempre, mi hermosa naturaleza. A veces, solo a veces, cuando veo ese reflejo sueño poder cambiarlo, ser más parte de ti. Imaginé cómo sería poder surcar tus cielos, sintiendo el aire, viéndolo todo de otra manera, con una perspectiva diferente.
Entonces ocurrió, ese reflejo empezó a cambiar, empezó a encoger. Derrepente no tenía labios, derrepente no tenía nariz; ahora tenía pico. Y mis desnudos brazos perdieron el bello, y en su lugar aparecieron plumas. Ya no tenía brazos, ahora eran unas alas majestuosas.
Seguía mirando ese reflejo, pero ahora no me veia a mí, ya no era yo. Ahora era un águila.
Aproveché para alzar el vuelo. Agitaba las alas. Me sentía vivo como núnca antes me había sentido. Volé tan alto como pude, y vi que eras tan admirable desde las alturas como en tierra firme.
Bajé.
Volví a buscar mi reflejo, y ahí estaba yo, otra vez yo, pero con una idea completamente certera, mi amada naturaleza: Fui águila una vez. Fui águila en mi mente. Y te contemplé desde los cielos, mi siempre hermosa naturaleza.
En ese momento íntimo, en el que solo él y yo sabemos lo que será escrito, se convierte en parte de mí, carne de mi carne. Ahora tinta fluye por mis venas, y ya ni siento ni padezco, solo dejo que mi mente se recree en quimeras y pueda formar hendiduras inconexas de arroyos de tintura.
El siguiente: una calva***
"Me voy vistiendo mientras intento que mi hijo pequeño se vista. Él no para de hacer ruido, hablar alto... Yo tengo que levantar la voz algunas veces para que me haga caso. Salimos de casa con más ruidos que él va haciendo mientras yo le pido un poco de silencio o, al menos, no tanto ruido. Llegamos al colegio y le suelto allí, en medio de más ruido y más fuerte, con muchos niños más haciendo ruido. Cuando veo que entra doy media vuelta, callada, y el silencio empieza a visitarme a pesar del ruido del tráfico y de los demás niños ruidosos. Cuando llego a mi casa ya me he transformado en silencio, pero no en silencio absoluto porque pongo música en la radio -Rock and Gol- para ser yo el silencio pero no mi entorno. Así consigo leer, escribir, centrarme... Ser silencio me relaja, y a los demás también porque mi silencio les ayuda a hablar. Me gusta ser silencio pero, lamentablemente, no siempre puedo elegir el momento."
Ya se que no es muy bueno, pero lo he escrito mientras lo pensaba así que no hay revisiones ni intentos de ser un buen mini relato.
Me gusta. Y ¿en qué quieres que se transforme el siguiente?
Quedan unas pocas patitas, con ellas hago un impulso, loco, ya no gravedad nomas nunca. Al infinito... se borraron los pies. Adiós Cabeza, adiós mente. Me volví Luna.
A ver ahora, como se convierten en guitarra.:cool:
¿Cómo te transformas en moto?
Si esque lo mio no son las motos, si no... lo intentaría.
Las únicas que me gustan son las Vespas y las Lambrettas de décadas lejanas, y muy bonito no puede quedar.
Camino tranquila, sin prisa pero sin pausa y enfilo hacia una vieja corretera comarcal. El asfalto no está en buenas condiciones pero el paisaje, con árboles a los dos lados y la vista del valle a lo lejos es precioso, relajante. Ya no suelen venir coches por aquí desde que hicieron la autovía pero las motos siguen siendo fieles a las sinuosas curvas de estas carreteras olvidadas.
Al cabo de unos minutos escucho un zumbido lejano que al acercarse se transforma en ruido de motor. Me gusta jugar a adivinar cuántas serán: “3 motos, una Yamaha y 2 Suzukis; las 3 son deportivas”. No suelo acertar nunca pero el juego me entretiene. Me adelantan no muy rápidas, vienen por aquí para disfrutar de las curvas, no de la velocidad. Me quedo mirándolas con envidia. Yo también quisiera poder saborear así la carretera sintiendo su trazado con todo el cuerpo. Acelero el paso, cada vez más rápido, más rápido… Siento el aire en la cara y los rayos de sol que se filtran entre los árboles. Giro la muñeca derecha hacia mí, sube la velocidad, mi cuerpo se inclina hacia delante con los brazos estirados. Entre mis manos va surgiendo una rueda y también entre mis pies. Me preparo para trazar la siguiente curva, tumbo mi cuerpo hasta tocar el asfalto con la rodilla y después me estabilizo. Soy una Honda CB500, una naked hecha para sentir la carretera, fácil de llevar, fácil de disfrutar. Una buena moto con un motor casi indestructible y perfecta para largos viajes y rutas de una tarde.
Veo el desvío hacia la autovía y decido probar mi velocidad. El asfalto está perfecto y tengo dos carriles sin apenas tráfico. Abro gas de golpe y noto la aguja del cuentakilómetros subiendo. Si yo no fuese la moto, mi cabeza se iría hacia atrás por la velocidad. Mis formas se vuelven más aerodinámicas, me convierto en una Kawasaki Ninja. Mi manillar no gira tanto como en otras motos, por eso necesito tumbar más para tomar las curvas. Todo pasa muy rápido, no puedo desviar mi vista del frente. Me gusta la velocidad pero no es lo mío así que tomo el siguiente desvío para volver a la carretera.
Ya he probado el asfalto y ahora me apetece algo diferente así que enfilo hacia un camino de tierra en medio del campo. Subidas y bajadas por senderos pedregosos, estrechos. Me vuelvo más alta, menos aerodinámica. Mis ruedas también se transforman para adaptarse al terreno. Si yo fuese la piloto llevaría ahora una posición más erguida. Mi motor se vuelve más potente ya que para pasar por algunos tramos es más importante la fuerza que la velocidad. La amortiguación mejora para superar todos los inevitables baches naturales que tengo que sortear sin pasar de segunda e incluso primera. El cuerpo principal está más alto que en las otras motos. Me encanta esta sensación lenta pero dinámica. Si, definitivamente me gusta ser una BMW F650, una moto trail hecha para asfalto y tierra.
Va siendo hora de regresar a casa y decido hacerlo tranquila, sin velocidad, sin curvas; mirando el paisaje y dejando que me miren. Por eso al volver a la carretera y aprovechando una larga recta, mis brazos –que ahora son mi horquilla- se alargan hasta que entre la rueda delantera y el cuerpo de la moto, mi cuerpo, hay más distancia que en una moto normal. La altura del asiento baja lo suficiente como para que cualquier piloto le llegue perfectamente al suelo. El manillar se hace más ancho, el motor brilla como un espejo, las estriberas se adelantan, las líneas se hacen más anchas adaptándose a mis propias curvas. Soy una Yamaha Drag Star y, como toda custom que se precie, estoy maqueada con alforjas y un precioso dibujo en el depósito. Estas motos no están hechas para correr, ni para curvear, y mucho menos para el monte. Son motos para hacer girar la cabeza de aquellos que las ven pasar, para ser observadas en cada concentración. Las custom representan el espíritu libre de los moteros, su alma más rebelde.
Así, con calma, regreso a mi estado humano cuando entro en mi garaje. Antes de subir a casa me acerco a mi moto, a mi Honda y le hablo suavemente –todos los moteros le hablamos a nuestras monturas- prometiéndole cuidarla aún más si cabe para recorrer juntas muchos kms. llenos de curvas. Hasta mañana, mi niña, v’sss y ráfagas.
Y ahora, ¿cómo te transformarías en girasol?
Tengo 38 años. Soy una mujer con 3 hijos, un marido y un buen trabajo por el que gano un buen sueldo. Vivo en un pequeño pueblo de Navarra en un casón bastante antiguo, datado en el año 1508. El casón está abrazado por un campo de girasoles de unos 2km cuadrados. En este casón han vivido todos mis antepasados y todos ellos han tenido una infancia maravillosa, con historias asombrosas, a deducir por lo que escribian en sus diarios. Exceptuándome a mí.
Yo jamás había estado en este casón. Me mudé hace 5 semanas. Mi madre me lo dejó como herencia tras morir por un enfisema pulmonar hace un año.
Ella siempre me mencionaba el enorme campo de girasoles en el que solían jugar ella y sus hermanas y lo maravilloso que era correr entre ellos. Me encantaba escucharla y sentir la felicidad que desprendía de cada palabra. Deseaba con todas mis ganas que llegara el día en el que pudiera correr entre los girasoles, escondiendome entre ellos y tumbarme bajo el sol en pleno agosto, sintiendo el intenso calor penetrando en mis dilatados poros.
Tengo que confesar que estoy sola. Mi marido no llega hasta la noche y mis hijos están jugando en el parque del pueblo de al lado y quizás esté mal que lo diga, pero lo estaba deseando.
Estoy dentro de la bañera y siento un intenso ardor sexual, como si el hecho de saber que voy a cumplir con el sueño de mi infancia me excitase.
Quiero estar en contacto con los girasoles, sentir el roce de sus pétalos a la altura de mi muslos. Notar el sol acariciando mi desnuda espalda mientras mi pezones sienten el templado aire que lame con delicadeza.
Estoy saliendo de la bañera. Me envuelvo en la toalla secando a pequeños golpecitos mi delicada piel y voy descalza por el resto de la casa, hasta encontrarme con la puerta de entrada. Salgo al exterior sujetando fuertemente mi toalla, mientras me aseguro de que nadie pueda verme. Comienzo a bajar los escalones de piedra, y mis pies desnudos se queman, por lo que acelero el paso dando pequeños saltos.
No veo más que girasoles, es precioso. Mis dedos se pierden entre ellos y empiezo a sentir el sol golpeando mi espalda, tal como me lo imaginaba.
A los tres metros me desprendo de la toalla poco a poco avanzando campo adentro. El tacto es asombroso, tal como describían mis antepasados. Cierro mis ojos y el olor a girasol se intensifica, el tacto es mucho más intenso y a medida que voy avanzando siento que cada vez son mas altos, tanto que ahora los girasoles casi me llegan hasta los pechos. Me doy la vuelta y con los ojos cerrados, alzo mi cara hacia el sol y es entonces cuando mis manos apretan los pechos, como si ese calor ardiese dentro de mí.
Decido apartar los girasoles que me rodean para poder tumbarme en el suelo y abrirme poco a poco al sol. Mis manos no paran de acariciar mis pechos y mi abdomen, bajando despacio hacia mis labios humedos. Deseo que el sol penetre en mi piel turbándome, excitándome cada vez más y abrirme a él cual virgen enamorada deseando que me desflore como al resto de girasoles.
Mientras, mi mente no hace más que imaginar un precioso girasol, aun contraido, moviendose al mismo tiempo que va abriendo sus pequeños petalos. Está inquieto, turbado, ansioso por sentirse completamente abierto, ser un girasol amado, sentir el intenso calor dentro de sí y así poder descubrirse y exponerse por completo y dar lugar a la más bellas de las floraciones.
Ese girasol era yo.
Ummm la siguiente:
Un tocadiscos
Hoy siento mi oronda pletina nostálgica. Tengo tanto tiempo para pensar...Conozco cada palmo de esta habitación. Encima de esta mesa llevo quince años encerrado bajo un techo de metacrilato. Días y días he permanecido en silencio sin que ninguna mano, con dedos de brisa libertaria, me sacara de mi tumba. Otros, resplandecía todo el día, en una primavera de inacabables melodías, de sonidos huracanados o de suaves rumores infatigables.
Sentía a veces tanto calor, que temía arder, pero adoraba bailar y bailar como si no hubiese un mañana.
Recuerdo cuando me trajeron aquí y conocí a Julio. Era un niño de apenas siete años. Entonces yo le cantaba y él saltaba, reía, danzaba. "Estaba el Señor Don Gato, sentadito en su tejado...". Con sus inexpertas manos en ocasiones me lastimaba, me hacía vocear hasta la extenuación o me golpeaba sin intención. Pero a mí solo me importaba la ternura de aquel presente.
Con alas trémulas me dejó volar todo este tiempo, con mil voces me dió vida, me hizo vibrar, a veces llorar. También sufrí, como aquellos días en que yo sonaba al ritmo de Rap y le dió por alterar mi normal funcionamiento. Desde entonces nunca he vuelto a ser el mismo.
Pero...¡Shhh! Ahí llega Julio. No viene solo, una chica le acompaña. Se dirige hacia mí y me destapa. Rebusca entre los discos del cajón hasta que elige uno. Es un viejo conocido mío. Tantas veces le rocé con pasión con mi aguja que le dejé cicatrices. Sé que no me dejará que le acaricie hasta el final. Julio no lo sabe, y encaja el vinilo sobre mí. Mientras que él dirige mi metálico brazo, otra mano tira con dulzura del suyo atrayendolo hacia sí. Apenas le ha dado tiempo de posar mi diminuta cabeza cuando los dos cuerpos se funden en un abrazo.
Mis altavoces suenan, pletóricos de emoción. De repente, la espiral rompe su cadencia, y, aunque lo intento, no consigo avanzar. Nadie me detiene. Sobre la cama, otra melodía sensual anula todo sonido posible. Yo sigo, fiel a mi condición de esclavo, mientras, a medio volumen, repito cansado e impaciente:
"Ne me quittes pas...ittes pas...ittes pas...ittes pas...ittes pas".
http://www.youtube.com/watch?v=dSfc662vXZU
propón la siguiente metamorfosis, por favor, me gusta este juego
Propongo la metamorfosis en...un árbol.