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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Buscando trabajo en Huelva
Me llamo Eloy y, como otros muchos españoles, estoy sin trabajo. Me enteré de que podía lograr uno en Huelva. Pedí una entrevista, que me concedieron. Cogí un autobús de la empresa “Damas”, y aquí estoy, en Hueva, en la oficina de un empresario onubense, más bajito y más poca cosa que un enanito de Blanca Nieves
El empresario me mira a los ojos y me dice:
- Hábleme un poco de usted.
- Verá, señor, necesito el puesto porque llevo mucho tiempo en el Paro y hace seis meses que se me acabó el subsidio. Mi situación personal es desesperada.
- ¿Ha trabajado usted antes con pescado?
- No señor, nunca.
- Da igual. Aquí podrá usted aprender de pescado.
- Seguro, señor.
- ¿Tiene usted experiencia en almacenajes de pescado?
- Fui mozo de la pescadería de un supermercado durante 15 días.
- Bien. Y dígame, ¿tiene usted algún problema con el pescado?
- ¿Cómo dice, señor?
- Que si tiene usted algún problema con el pescado.
- ¿A qué se refiere, señor?
- Que si a usted le molesta el pescado.
- No señor.
- ¿Siente usted escrúpulos del pecado?
- No señor.
- ¿Es usted alérgico al pescado?
- No señor.
- ¿Ha empaquetado usted alguna vez pescado?
- No señor.
- Se lo digo porque, verá usted, no es lo mismo manejar, por ejemplo, cien lenguados que cien mil. Puede usted acabar harto de pescado. Y eso no se lo consiento.
- Por supuesto, señor.
- Sepa usted, caballero, que estas instalaciones son una fábrica de pescado, y no un supermercado de pescado.
- Lo entiendo perfectamente, señor. Descuide.
- Caballero, yo adoro el pescado.
- Me lo imagino, señor.
- Caballero, el pescado es mi vida.
- Ajá.
- ¿Se acostaría usted con un pescado?
- ¿Eh?
- Pues yo sí.
- ¿Trabajaría usted con pescado por tres euros la hora?
- Cuente con ello, señor. Oiga, me ha parecido entenderle antes...
- Pero usted no es el único candidato. Tengo que hacer más entrevistas.
- Por supuesto, señor- ¿Le importaría repetir lo que ha dicho de acost...?
- Mire, caballero, si decido contratarle tiene que prometerme algo.
- Dígame, señor.
- Amará usted al pescado sobre todas las cosas.
- Bueno, tal vez eso sea mucho pedir, pero le garantizo que haré todo lo que pueda, señor.
- ¿Conoce usted a San Pescadito Santo y Mártir?
- San... Pescadito... ¿qué, señor?
- Santo y Mártir, caballero.
- Pues no, señor.
- Es el patrón de mi empresa. A él me encomiendo siempre. Venga aquí, caballero, y póngase esta pegatina.
- Oiga, señor, no sé si soy merecedor...
- Póngasela usted en la solapa. Así, como yo, mire... mire...
- Con que San Pescadito Santo y Mártir...
- Eso es. Y ahora, si me disculpa... Cualquier novedad, le avisaremos.
- Señor, no dejo de darle vueltas a lo que dijo sobre que si se acost...
- Soy un hombre muy ocupado, caballero.
- ¿Su esposa lo sabe, señor?
Se incorpora del sillón, con dificultad y con rostro y cuerpo cansados, y responde:
- Mi esposa es una ballena, caballero.
Y entonces despierto sudando a mares y con olor a pescado

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Comentarios
No entiendo eso de "en el agua es más fácil" (¿?)
Exprimiendo el humor surrealista, de eso se trataba, que el interrogatorio se desarrollase a través de una metodología descriptiva y evolutiva, y además obsesiva en favor del pescado en general. El poca cosa de empresario estaba reventado por tener una ballena como esposa, que sabido es que este cetáceo es descendiente de animales terrestres, por consiguiente lleva implícita la gran carga de concupiscencia achacable a los animales racionales y los irracionales. Y si el empresario era un hombre birria, imagínate cuando su esposa ballena le pedía "guerra", permanentemente. De ahí su cansancio...
Gracias por comentar
Ah, ya lo pillé. La juventud (y no tan juventud) de hoy es corriente que "se lo haga en el agua", sobre todo en ducha, piscina o playa. Y, aunque ahora no soy yo tan joven, lo veo como una práctica excitante. ¿Y quién en sus años jóvenes ha dejado de catar esa tentadora experiencia? También a mí, en edades locas de la adolescencia y el inicio de la madurez, me dio por pecar mojado, y pequé empapado