La adrenalina en el ambiente era palpable mientras los motores rugían en la línea de salida.
Los competidores, con cascos brillantes y trajes de cuero aerodinámicos, se preparaban para una carrera que prometía una de las más emocionantes y peligrosas jamás vistas: “una carrera con trampas”.
El llamado “El circuito de la Muerte” se extendía por un terreno accidentado lleno de curvas cerradas, saltos y obstáculos. Pero, la verdadera esencia de esta carrera residía en las trampas ingeniosamente ocultas a lo largo de la pista, diseñadas para poner a prueba no sólo la velocidad, también la astucia y la habilidad de los pilotos.
Al sonar el disparo de salida, los motores rugieron al unísono y las motos salieron disparadas, levantando polvo y grava a su paso. El primer kilómetro fue relativamente normal, con los pilotos compitiendo por obtener la mejor posición antes de la primera y peligrosísima curva. Y enseguida, el peligro comenzó a hacerse evidente.
La primera trampa se encontraba oculta en una curva cerrada. Un segmento de la pista se activaba, liberando una serie de clavos que perforaron los neumáticos de los competidores que no habían frenado a tiempo. Dos motos se salían de la pista y chocaban contra la barrera de seguridad mientras los otros pilotos maniobraba frenéticamente para evitar todos los obstáculos. La multitud enloqueció, aplaudiendo y vitoreando el espectáculo.
El líder del ranking mundial, un veterano conocido como “Doce más uno”, aprovechó su conocimiento del circuito para esquivar los clavos y ganar ventaja. Empero la pista tenía muchas más sorpresas reservadas. En una sección boscosa, un lote de redes camufladas se puso en marcha, atrapando a dos corredores que intentaban adelantar posiciones. Las redes se alzaron rápidamente, levantando las motos del suelo y dejándolas suspendidas en el aire como trofeos macabros.
A medida que la carrera avanzaba, las trampas iban siendo más ingeniosas, y también más letales. En una recta, aparentemente tranquila, el suelo se abrió de pronto y aparecieron una serie de agujeros ocultos llenos de barro espeso. Los pilotos que no lograron reaccionar a tiempo se quedaron atrapados y sus motos irremediablemente. se hundían. Los que lograron esquivar los agujeros aumentaron su velocidad, conscientes de que cada segundo contaba para llegar el primero a la meta.
Entre los corredores, destacaba una joven promesa, “Nieto”. Su estilo de conducción agresivo y su habilidad para sortear las trampas lo habían llevado al segundo lugar, detrás del ”Doce más uno”. Con determinación, "Nieto" aceleró, alcanzando al líder en una peligrosa curva en zigzag. Ambos pilotos se enfrascaron en una lid frenética, intercambiando posiciones y esquivando obstáculos con reflejos sobrehumanos.
El clímax de la carrera llegó en la última recta del circuito: un puente colgante sobre un hondo cañón. Los organizadores habían preparado una trampa final, construida para separar a los verdaderos campeones del resto. Mientras los dos líderes cruzaban el puente, éste comenzó a desmoronarse. Las tablas se quebraban bajo el peso de las motos, y las cuerdas de soporte se tensaban al máximo.
Con una frialdad escalofriante, “Doce más uno” aceleró y saltó justo antes de que una sección del puente se derrumbara. “Nieto”, sin embargo, no se dejó intimidar. Con un grito de desafío, realizó un impresionante salto acrobático, impulsando su moto por encima de las ruinas del puente y aterrizando con precisión de cirujano en el otro lado.
La línea de meta se hallaba ya a la vista, y los espectadores contenían el aliento. En un último esfuerzo, “Nieto” y “Doce más uno” aceleraron al máximo sus motos, haciéndolas rugir. Los dos cruzaron la línea de meta al mismo tiempo, pero tuvieron que recurrir a la foto fénix, que certificó que ambos cruzaron la meta simultáneamente, ni un milímetro más el uno del otro.
El público estalló en aplausos y vítores, mientras “Doce má uno” y “Nieto” levantaban el puño en señal de triunfo.
La carrera de motos con trampas había sido más de lo que prometía: un espectáculo de velocidad, habilidad y valentía, donde sólo los más audaces y habilidosos conseguían salir victoriosos.
A partir de esa carrera, “Doce más uno” y “Nieto” se convirtieron en amigos inseparables, hasta convertirse en uno solo.
El origen de la vida es una temática fascinante y compleja a la vez, que ha intrigado a científicos, filósofos y pensadores a lo largo de la historia.
La pregunta fundamental de cómo surgió la vida en la Tierra abarca múltiples disciplinas, incluyendo biología, química, física y astronomía. A lo largo de los años, se han desarrollado varias teorías para explicar este fenómeno.
Una de las teorías más acertadas es la de la sopa primordial, propuesta originalmente por Alexander Oparin y John Haldane en la primera década del 1900. Según esta teoría, la vida comenzó en los océanos primitivos de la Tierra hace unos 3.800 millones de años, cuando una aleación de compuestos orgánicos simples se combinó en condiciones adecuadas para formar moléculas más complejas. Estos compuestos orgánicos se habrían formado a partir de la atmósfera primitiva de la Tierra, la cual contenía gases como metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, y se habrían acumulado en los océanos.
El experimento de Miller-Urey, realizado en el 1953, proporcionó evidencias de apoyo para esta teoría. En este experimento, Stanley Miller y Harold Urey simularon las condiciones de la atmósfera primitiva en un laboratorio y demostraron que, al aplicar descargas eléctricas (simulando rayos), se podían formar aminoácidos y otros compuestos orgánicos esenciales para la vida.
Otra teoría importante es la de la panspermia, que indica que la vida no se originó en la Tierra, sino que llegó desde el espacio exterior a través de los cometas, los meteoritos o polvo cósmico. Esta teoría se basa en la idea de que algunos microorganismos pueden sobrevivir en el espacio y viajar a través de grandes distancias. Aunque esta teoría no explica cómo se originó la vida, sugiere que los ingredientes esenciales para la vida podrían ser comunes en el universo.
La teoría de los ventisqueros hidrotermales, propuesta más recientemente, sostiene que la vida podría haber comenzado en las profundidades de los océanos, próxima de las fumarolas hidrotermales. Estas estructuras, situadas en el fondo marino, emiten agua caliente y rica en minerales, creando un entorno propicio para las reacciones químicas necesarias para la vida. La energía y los compuestos químicos disponibles en estos entornos podrían haber permitido la formación de moléculas orgánicas complejas y, eventualmente, células vivas.
Independientemente de la teoría específica, la transición de la química a la biología implica la aparición de la primera célula viva, un proceso que se conoce como abiogénesis. Esta célula sería capaz de auto replicarse y de llevar a cabo funciones metabólicas básicas, sentando las bases para la evolución biológica.
El estudio del origen de la vida también se ha visto impulsado por la investigación en astrobiología, una disciplina que investiga la posibilidad de vida en otros planetas y lunas del sistema solar y más allá. El descubrimiento de extremófilos, organismos que viven en condiciones extremas en la Tierra, ha ampliado nuestra comprensión de los posibles entornos donde la vida podría existir.
A pesar de los avances significativos en la investigación, el origen de la vida sigue siendo uno de los mayores misterios científicos. Las teorías actuales ofrecen diferentes perspectivas, pero aún no se ha encontrado una respuesta definitiva. La búsqueda de esta respuesta continúa, impulsada por la curiosidad innata del ser humano por comprender nuestro lugar en el universo.
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Es cierto que somos guapas, irresistibles, el sueño de todo hombre. Que el mundo sin nosotras no sería igual, que los hombres estarían hecho trizas sin nosotras. Nosotras les alegramos la vida, pero también somos su peor pesadilla. Entre ellos y nosotras hay una relación de tira y afloja.
Todo eso es cierto; pero, honestamente, sin ellos no lograríamos ni un mínimo de felicidad. Los necesitamos para sentirnos bien, especiales, amadas, y para vivir el sueño que desde niñas se nos metía en la cabecita, gracias a Cenicienta y a Blancanieves.
Instintivamente buscamos nuestro “príncipe azul”. ¿Pero qué pasa cuando lo tenemos y de repente nos dice un día no te aguanto más, mejor será que nos demos un tiempo? En ese momento nos entra un soponcio. Pero nos reponemos y hacemos un balance de nuestra unión y llegamos a la conclusión de que nosotras hemos puesto todo de nuestra parte para que las cosas funcionen.
En mi caso, estaba muy pendiente de todas sus necesidades; le llamaba a su casa, a su trabajo, para saber cómo se encontraba; le enviaba mensajes para recordarle que lo amaba. Y como quería que fuese mejor persona de lo que ya era, con Amor le hacía ver sus errores, pero siempre en el momento oportuno. Para qué esperar un mejor momento, pues se me podía olvidar y eso hubiese sido un craso error.
Y como le amaba tanto, quería tener un hijo suyo, y que se pareciese a él, pero como no podíamos tenerlo fuera del matrimonio, por mis creencias y convicciones religiosas, le hacía ver, siempre con Amor, lo bonito que sería casarnos, vivir juntos, comprarnos una casita, criar a nuestros hijos, nuestros nietos. Pero, no es que quisiera presionarlo, no, no era eso, pero el tiempo iba pasando y hubiese sido maravilloso no desperdiciar ni un segundo a su lado.
Él era un desorganizado y, por eso, me ocupaba de organizarle su agenda; le decía que cuidase de su imagen, le decía que debía ir al gimnasio, para estar en forma, y nada de hamburguesitas y cervecitas, y menos aún de juerguecitas con los amigos, que esto era perjudicial para su salud. Mi deber como su ángel protector, era cuidarlo y evitar que se pusiese malito.
Y como yo formaba parte directa de su vida, tenía que estar al tanto de todo lo suyo, y qué mejor que coger su móvil, revisar su cartera y su escritorio, y sacar todos esos papelitos que tenía en la guantera de su coche. Pero él nunca llegó a entender y menos a comprender mis santas intenciones.
Harta de tantas discusiones, un buen día, o mal día, ¡vayan a saber!, le dije que mi exmarido nunca me había tratado así, que a mi ex le gustaba que me ocupase de sus asuntos y que siempre me agradecía mi devoción por él. “Entonces, vuelve con tu ex”, ésta era su respuesta.
Es cristalino que ellos piensan y reaccionan diferentes de nosotras. Todos tienen una madre, y odian que “una nueva madre” les sermonee y les diga lo que tienen que hacer, pero no es necesario expresarles nuestro Amor con llamaditas o mensajitos, porque esas cosas a veces no llegan en un buen momento, y pueden pasar de deferencia a molestia.
Por todo eso y por más que ya os contaré oro día, tenemos que dejar que nos echen en falta, mientras nosotras recordarles que amar en libertad es lo más acertado, que haya el necesario espacio para que la brisa refresque la relación.
“Las cuerdas de un violín están solas, pero vibran con la misma música”.
Todas las parejas tienen que caminar de la mano en casi todo, y casi sin el “casi”, pero jamás bajo el Damocles del agobio.
Había dejado de contar sus propios pasos desde hacía tiempo. Dejaba atrás a la gente porque entendía lo mucho que amaba al silencio, tras verse sin él, tras ver lo diferente que hubiese sido todo después de pasar largos días de nostalgia.
En aquel lugar se sentía sola, inadvertida, pero acogida y amada a la vez.
¿Cómo podía ansiar tanto una situación tan triste? La soledad la dejaba sin máscara, pero así podía verse a sí misma, presentada a través de una sombra indescifrable.
El Sol asomaba por el horizonte, iluminándole la cara, reviviendo el color de sus iris de multicolores. Ese era el momento, ese era el momento de cerrar los ojos y esbozar una sonrisa.
Había estado mucho tiempo buscando algo que no sabía qué era y resulta que lo tenía delante de sus narices. Volvía de nuevo a sonreír, quería saborear el momento, una vez más, quería volver a humedecer y a recrear sus labios en sus variopintos recuerdos, que eran tan diferentes...
No sabía explicarse el porqué de que un dios no podía enamorarse de una mortal. Pero precisamente era eso lo que hacía de su situación una situación especial. A pesar de esa diferencia, aparentemente abismal, abrigaba un sentimiento entrañable, aunque sólo esa noche...
Después de esa sorprendente noche, todo volvería a ser igual que antes; todo volvería a ser como si nada hubiese ocurrido; pero, eso sí, con una triunfal sonrisa dibujada en su historia.
Un viento frío recorría el arbolado de luz sombría. Las hojas secas se deslizaban junto a la corriente, describiendo un movimiento perfecto, una al compás de la otra.
Lo esperaba. En realidad no sabía si lo aguardaba o era parte de un juego. Una de las hojas danzantes iba a parar a sus pies, la más amarilla de todas, la que aún no había muerto, con delicadeza la cogía. Un destello reflejaba su nombre en el reverso.
—¿Por qué querías que volviese a verte? -resonaba una voz clara en aquel parque solitario.
La buscaba con los ojos hasta que la veía. Se encontraba sentada en un banco del parque. Jugaba con un ramillete de violeta de un perfume tan intenso que inundaba el espacio en el que estaba.. Siempre le habían gustado as violetas.
La miraba profundamente, como antes, como siempre había sido, intentando capturar cada detalle, cada gesto, cada palabra para acumularlo en su memoria. Impaciente ante su mutismo, se detenía frente a él.
—¿No te decides a decirme el porqué de tanta insistencia para que apareciese?
La tenía próxima de nuevo, después de un prolongado sufrimiento. Había suplicado tantas noche:
“Una oportunidad, sólo una, quiero verla, no quiero convertirme en cenizas sin antes verla”, pensaba.
Acariciaba su cara con ternura. El simple contacto de su mano bastaba para tranquilizarla. Besaba con Amor y pasión sus labios rosados, mientras lágrimas no cesaban de caer sobre sus mejillas. Ella empezaba a recordar el sentimiento tan profundo que los habían unido en vida. Y a cada caricia, respondía con otra más dulce; a cada beso, otro más cálido.
Pero, implacablemente, el tiempo se estaba terminando. Aquella tarde concluía, tan abruptamente de cómo había empezado. A pesar de esto, ambos estaban felices por tan feliz encuentro.
A pesar de lo tenebroso de aquel parque, oscuro y casi lúgubre, una luz resplandeciente empezaba a rodearla.
Con un tono de voz triste, le preguntaba:
—¿Me vas a olvidar?
Él la miraba y le decía:
—Jamás. Te llevo dentro de mi corazón.
La amargura se disipaba en su cara, le dedicaba su sonrisa brillante y sincera, y después se desvanecía. Un nuevo oleaje de hojas se arremolinaba durante unos minutos. Pero, inmediatamente después, todo se tranquilizaba.
Despacio se iba del oscuro parque, iluminado para él, pero no volvería nunca más.
No todos los hombres saben seducir a una mujer; por contra, yerran siempre. No es precisamente el dinero el único embajador privilegiado para coger una presa. Hay muchos otros factores o incentivos para lograr los propósitos. A continuación expongo, bajo mi meditado criterio personal, algunos razonamientos que los hombres debemos tener en cuenta a la hora de comenzar una seducción, que no cacería.
Hay algunos hombres que piensan, seguros de para hacer realidad sus pensamientos, que ser directos es lo más acertado, pero a veces chocan y no entienden por qué son rechazados, si la otra parte, la mujer, acepta sus invitaciones e incluso ellos sienten que les miran de un modo un tanto especial.
Otros creen que mostrarse irresistibles es llevar delantera, y siempre que se citan con alguna mujer adoptan imagen de ganador; usan lo que la billetera les da para cautivar, lanzando miradas incendiarias estudiadas, y lo que peor es que vistan indumentaria para impresionar, sin tener en cuenta que lo normal es emplear una ropa de acorde con la edad, acompañada quizás de algún perfume masculino, que a ojos de ellas les hagan sentirse más atractivos.
No faltan aquellos que tienen sus egos inflados, y creen que el hacerse los interesantes, respaldados por cara y cuerpo de macho ibérico y, cómo no, buena VISA, es la mejor forma de darse tono para decirle a la chica de turno, en forma insolente, despectiva y casi insultante: “oye, puedo ser tuyo si accedes a mis deseos”.
Pero hay algo que está claro, y es que cuando una mujer no quiere ser seducida... nanay. No le importa el dinero, ni la ropa, ni el look, ni mucho menos la arrogancia. La mejor forma de seducir a una mujer es, sin duda, dejarse atrapar por ella, pero contando con que el deseo de los dos coincida, que esa es otra.
Porque no es nuevo, sino desde Adán y Eva (aunque Evita no tenía problema con esto, porque era la única mujer para pescar al único hombre) que cuando una mujer pone el ojo en un hombre, difícilmente se le escapa. Las mujeres saben seducir, arropadas también por sus encantos, físicos y morales. Sin omitir, ¡faltaría más!, el sexo, literalmente hablando, que es entonces cuando no hay escapatoria posible.
En el arte de la seducción, los hombres tenemos mucho que aprender de las mujeres. Ni siquiera los guapos, los cachas y los con dinero consiguen de ellas lo que ellas no están dispuestas a conceder.
A las mujeres en general les atrae, y mucho, el dinero y un bienestar, sin olvidar, por supuesto, el grado de inteligencia, el índice cultural y el trato personal del hombre que se acerque a ellas, y no sólo con intenciones de llevársela a la cama.
A veces, las mujeres no saben escoger bien, o no aciertan a escoger; a veces dan en el blanco, pero siempre serán las mujeres las que tengan la última palabra.
Matías y su esposa Elena eran psicólogos, como yo, y los tres trabajábamos en el mismo hospital y en el mismo departamento de psicología.
Elena y yo nos sentíamos atraídos, hasta que explotamos y nos enamorarnos, sin que su esposo se percatara de ello, como suele suceder.
Ella tenía frecuentes bajones de moral, de angustia. Le aconsejé que consultara su caso a un psicólogo neutral, ni a su marido ni a mí. Cosa que llevó a cabo.
Por otro lado, habían publicado fotografías en periódicos y revistas que relacionaban a su marido con una mujer más joven que ella; pero esas fotografías habían sido hechas en algún evento de beneficencia, por lo que, tal vez, sólo se trataba de especulaciones escabrosas, pero la noticia llegó a oídos de su esposa.
Pero, sin importarme esas publicaciones, las insinuaciones eran como un fósforo que encendía la llama de mis emociones, por lo que, como psicólogo que soy, decidí atribuir la angustia diagnosticada a un desamor con su esposa.
Sin embargo a que estaba informada de esa posible infidelidad, por alguna desconocida razón por mí, se resistía a pedirle el divorcio a su esposo.
Así que seguíamos viéndonos a hurtadillas; situación ésta que no era de mi agrado. La quería para mí solo. Me enfurecía cada vez que nos veíamos como fugitivos. Y me sentía mal por el hecho de tenernos que esconder para amarnos.
Hasta que un día me comunicó que su marido padecía de una extraña enfermedad, que aún no se había manifestado abiertamente, y por esa razón no quería abandonarlo.
Y desde esa confesión dejamos de vernos en privado, pero sentía una doble sensación: satisfacción por la calidad humana de Elena, y dolor por mi compañero de profesión.
Por motivo de nuestro trabajo en el mismo lugar, no teníamos más remedio que vernos a diario, pero tanto ella como yo guardábamos las composturas y nuestras conversaciones sólo se limitaban a temas relacionados con los pacientes.
Vivía solo en un bonito chalé con jardín a las afueras de la ciudad de Sevilla. Una zona próxima a su famoso río Guadalquivir, en una urbanización VIP, apartada y tranquila y lejos del mundanal ruido y del insufrible tráfico de la gran urbe. El lugar más idóneo para amar a alguna mujer que se dejase amar. A través del ventanal del salón se podía ver las luces exteriores de chalés colindantes. Reflejado en el río. En armonía bailaba un cuadro de colores sobre su agua. Se colaba remolona de fuera una brisa. Idílico panorama para excitar a la hembra más frígida entre todas las frígidas.
12:00 HORAS AM
Sorprendido por la intempestiva hora, llamaban a la puerta y aparecía una vieja amiga: una mujer alta, atractiva, de ojos grises y grandes, rostro anguloso, cuerpo silueteado... Un conjunto físico de ensueño. Iba elegantemente ataviada, pero una expresión contraída le hacía no detenerme en más. La saludaba con un beso en cada mejilla y no le preguntaba, por el momento, el motivo de su inesperada visita.
Manteníamos charla, tomándonos un whisky. Para mí el tercero, y mis ojos empezaban a recorrer el cuerpo que estaba frente a mí, y yo quería que notase que la estaba mirando.
Ella estaba cómoda, sentada de lado con las piernas cruzadas. Lucía un vestido rojo de entretiempo, ceñido, y de unos diez centímetros por encima de las rodillas. Parecía tranquila, con su vaso en mano moviéndolo en círculos y saboreando cada trago, pero bebía con frecuencia, como preocupada por algo. Una fémina exquisita y sensual disfrutando de un magnífico whisky.
Al notar que ella estaba callada, le preguntaba qué era lo que estaba pensando. Se bebía medio vaso del tirón y la miraba, sonriendo. Ella también sonreía y a la vez se mordía el labio inferior, bajando la mirada con los ojos muy abiertos, para luego volver a subirla. Una flagrante insinuación que, desde luego, yo no estaba dispuesto a desaprovechar.
Con molesta frecuencia cogía su bolso y rebuscaba en su interior. Se quedaba ausente unos instantes, pero volvía a dejar el bolso, y de nuevo presente. Yo quería acercarme a ella y dejarme llevar por la situación del momento, pero estaba deseando follar con ella, y leí de su mente que ella estaba pensando lo mismo que yo
A la vez dejábamos los vasos sobre la mesa de centro. El sillón, en el que ella estaba era grande. Perfecto “para todo”. “Pero más perfecto para todo es el sofá”, pensaba. Y seguía pensando “¿pongo música? Mejor no; quiero oír su respiración acelerada”. “¿Luz tenue? Mejor no; quiero disfrutar cada milímetro de su piel”. Me levantaba y me sentaba en la esquina del sofá, que daba a su sillón, ya allí intentaba seducirla con suaves caricias en las rodillas y subiendo hasta los pechos. Pero parecía cohibida, y eso me excitaba más.
01:00 HORAS PM.
—¿Te encuentras bien? -le pregunté, rompiendo a hablar de nuevo. —Sí, sólo que me sorprende tu forma de mirarme, pero me gusta.
Sin pensarlo, la cogí de la cintura y la deslicé hacia el sofá y, sin aún empezar a desnudarla, pinté el contorno de sus pechos con el dedo y luego lo subí a su cuello. Empecé a besar sus labios, deseosos y húmedos. Vi cómo los atraía, hipnotizada por un deseo. Jugamos algunos segundos con las lenguas. Una leve sonrisa se dibujaba en su expresión. Me acariciaba la espalda. Me quité la camisa para sentir mejor sus caricias, y seguí desnudándome. Después la empuje suavemente hacia la alfombra, y en ese momento me arrepentí de no haber puesto música de fondo.
Escuchaba su respiración y pequeños sonidos femeninos que tanto “me ponen”. Pero a mí me gustaba jugar, y era por esto que quería ir despacio. Le desabroché parte del vestido y le quité el sujetados; sus pechos ante mis ojos, de un tamaño grande, pero erguidos, listos estaban para mi juguetona lengua, la cual comenzó a trabajarse los pezones. Se retorcía cual serpiente en celo. Me pegaba más a ella. La cosa iba funcionando, empero, una sombra imperceptible de inquietud aparecía en sus iris.
Por su aparente disposición, podría asegurar que le gustaba que desease su cuerpo. Esa noche era mía. Sabía yo que íbamos a pasarlo bien, iba a ser una noche de sexo tierno y también de risas, copas, anécdotas…
Bajé desde sus pechos a desabrocharle el resto del vestido y a quitárselo, viendo que se prestaba, sin oposición, a todo. Alzaba sus largas y torneadas piernas y las acariciaba, desde la punta de los pies hasta los muslos. Llevaba mi mano derecha al lugar más caliente de todo el cuerpo, pero era entonces que detuvo con delicadeza mi mano y pronunciaba la frase más larga desde que empezamos todo aquello:
—Por favor, no sigas. No me encuentro bien. Los siento.
Me quedé inactivo y llevé mi mano a su posición de antes. Se incorporó y añadió:
01:15 HORAS PM
En ese momento parecía incapaz de mirarme...
—¿Qué te ocurre?
No respondió y ni siquiera me miró. Por contra, empezó a vestirse presurosa mientras yo seguía tumbado en la alfombra. Quería hablarle. Tal vez había hecho algo que le molestó; no había bebido mucho, por tanto, no creo que hubiese sido una reacción del alcohol, y por lo poco que al principio de todo habíamos hablado, parecía dispuesta a todo lo que viniese, y con un evidente deseo carnal hacia mi persona.
Cuando acabó de vestirse, me miró y volvió a decirme que lo sentía. Me dio un beso en ambas mejillas y sonrió de una forma que catalogué como de disculpas. Se dio media vuelta, cogió su bolso y, más apresurada que antes, se fue, meneando la cabeza de un lado a otro, como apesadumbrada por algo, hacia la puerta de la salida de la casa y, sin más, desaparecía por donde había aparecido.
En vista de las circunstancias, lo único que podía hacer era echarme otro whisky y relajarme. Pero antes miré con nostalgia y con mi miembro empinado la alfombra donde había estado ella medio desnuda pocos minutos atrás.
Desconcertado, empecé a beberme el whisky en pie, pero me incliné para sentarme de nuevo y entonces vi un móvil en el suelo. Lo recogí. ‘Seguro que se habrá caído del bolso y no se ha dado cuenta”, pensé. Pero, por pura curiosidad, lo miré. En pantalla aparecía una foto de ella abrazada a un hombre y un niño. “¿Su familia?”, me pregunté. No llegué a saber el motivo que la había llevado a mi casa, pero no por la obviedad por la que se fue, lo dispuesta que parecía y fin de la historia.
De pronto sonó el móvil. En pantalla aparecía la foto de ese hombre y en la parte superior un nombre: “mi Amor”. “Perfecto, lo que faltaba'’, me dije. Pero no respondí. No tenía porqué hacerlo.
Sin embargo, algo en mi interior me decía que volvería de nuevo, quizá antes de llegar a donde quiera que fuese, y me daría una explicación. Pero pronto empecé a entender todo. Por alguna extraña razón, desconocida por mí, las cosas tenían que terminar así, no descartando que hubiese tenido algún enfado puntual con su pareja, marido, novio o amante (de ahí su obvio nerviosismo de buscar en su bolso, quizá su teléfono móvil), y el remordimiento por haber empezado lo que estaba decidida a culminar, la carcomía. Pero qué más da. Vendrá, si es que quiere venir, y yo, eso sí, la estaré esperando con mis brazos abiertos y con mi pene expectante.
¿Se puede saber el por qué de que no has hecho realidad ese cuento de hadas que tanto ansiabas desde muchísimo tiempo atrás? Podías haber combatido con todas tus fuerzas por el gran Amor que tanto sentías y, en cambio, en esta ocasión te ha cogido la vez y te ha ganado de mano la malvada bruja del cuento.
Hoy, cuando han pasado veinte días desde que desaté el nudo del cinturón que colgaba de la escalera de tu cama, aún siento el mismo escalofrío que mi cuerpo sentía al hacerlo, ayudada por una mano amiga.
Decías tú siempre que no podías vivir sin Amor, ese Amor que tanto te daba en tan poco tiempo. Aquella dulzura con que te miraba, aquel cálido cariño que siempre recibías con cada caricia, cada abrazo, cada beso... Nunca has podido luchar contra esos dos amores que acogían tu corazón: tu pequeño vástago, que es tu hijo, y tu princesa.
No querías seguir con la mujer que te hacía sufrir hasta lo insufrible. Luego de ocho largos años de no tener una vida propia, has decidido, por fin, que era hora de tenerla.
Querías saber si se podía ser feliz, y no has sabido serlo. Querías arrancarte de los brazos a tu pequeño hijo, que era lo único que te unía a tu olvidada vida. Para estrechar a tu hijo entre tus brazos, tenías que seguir sufriendo, volver a su lado y olvidarte por completo de que al fin habías comprendido que la felicidad y el Amor sí existían.
No te han dejado ser feliz. Ni tan siquiera ha podido pasar por tu cabeza y tu corazón el momento en que has decidido que para ser libre y feliz, tenías que abandonar este mundo. Tu mundo ha sido cruel; has topado con la bruja malvada del cuento, pero también has conocido a tu princesa que te hacía muy feliz. Quizás, sólo quizás, has debido dar una nueva oportunidad a tu vida y también haber combatido, como combaten los príncipes azules en los cuentos, por su amada.
Espero que donde quiera que estés ahora seas feliz, pero simplemente porque te lo mereces, y que en un futuro, no lejano, tu princesa se una a ti y juntos sepáis luchar contra la malvada bruja.
Y como en los cuentos de hadas... que comáis perdices y seáis felices... durante toda la eternidad.
La Seguridad Social te ha concedido un piso por el irrisorio alquiler de 2.500 euros al mes, y esa benefactora institución se toma muy en serio mantenerte en forma.
Pero has de saber que tu piso, de 35 m2, está tan lejos que para llegar hasta él necesitas una brújula, un GPS y tres horas para ir y otras tantas para volver, por lo que en tu trabajo tendrás que hablar con tu jefe para que te conceda un horario especial, tal vez mejor nocturno, o facilitarte un cuartito para pasar las noches.
El Gobierno social-comunista (el que manda en la Seguridad Social) quiere lo mejor para ti, y por eso te hace saber que la mejor manera de garantizar tu salud es hacerte caminar una maratón y trepar una montaña, y regreso, todos los días.
Cuando preguntaste a tu trabajadora social por qué te han asignado un piso en el puto quinto pino, te respondió que era para que fueras más activo y redujeras el estrés. ¡Qué considerada ella y qué considerados sus superiores!
Ahora, para acudir de lunes a viernes a tu trabajo es obligado para ti hacer una expedición al estilo de Indiana Jones. Olvídate de la moto, la bicicletas o de transportes públicos, a diez km de tu piso sólo se puede llegar en un 4x4 y luego escalar una montañita de nada, solamente 180 metros, pero con casco, arnés, pies de gato, cinta, cuerda, mosquetones, asegurador y cabo de anclaje, y cuando, por fin, has llegado te das cuenta de que tu piso tiene su propio código postal.
Pero no te preocupes, sólo piensa en el ejercicio que haces y en las calorías que quemas. Incluso podrías abrir tu propio gimnasio en tu propia casa.
Tu vivienda puede estar muy lejos, pero estás viviendo la vida a tope, explorando desconocidos territorios y convirtiéndote en un experto en geografía.
Claro que cuando decidas vivir en pareja, es probable que ella diga: “¡te amo, mi vidita, pero podías haber buscado nuestro nidito más cerquita!”.
—¡Me he dado cuenta tarde de que eres una hipócrita!
La esposa enmudecía y un lote de desilusiones demolía prolijamente su expectativa sobre su relación, que, desde ese día, caía cual rascacielos en plena implosión, dejando sólo rescoldos.
—Quieres ser amiga de todos, pero no te fías de nadie, y, tal vez, tampoco de mí. —Eso no es verdad. —Tú dirás lo que quieras, pero sabes que yo no miento. —Nosotros llevábamos bien. —¿Llevarnos bien? Si dices que nos llevábamos bien porque nos gustan las mismas cosas, porque hemos salido a divertirnos con amigos, estoy de acuerdo contigo, pero una relación es más que eso. —No sé qué más. —Más solidez, más comunicación, más confianza... Mira, sabes que te quiero, pero no como esposa. No acabas de conceptuarme, no sé aún qué es lo que yo soy para ti; el mismo cariño que me das a mí, se lo das a cualquiera que aparece de pronto. Todavía no sé qué piensas de mí. —¿Por qué dices eso? Para mí, eres una buena persona. Te amo, y siempre te he amado. —No sé. —¿No sabes qué? —No sé si soy buena persona, y tampoco sé si me amas ni sé qué es lo que quieres. Te esmeras en caerle bien a todo el mundo, todos son maravillosos para ti. Lo mismo haces conmigo, pero he dejado de amarte. Siempre he abrigado la ilusión de que acabaríamos envejeciendo juntos, pero tú no, porque no eres trigo limpio. —No esperaba esto de ti a estas alturas. —Sólo digo lo que siento, lo que he ido viendo a diario —¿Por qué me hablas así después de tres años de casados? —Tres años perdidos, pero perdidos para los dos. —Yo no lo veo así. —Pues ya va siendo hora de que lo veas. —Ya veía yo que tú te mostrabas extraño últimamente. —No quiero herirte, y eso de “extraño” tiene la explicación que acabo de darte. Sólo añado y acabo que si pudiese dividir mi vida entre las personas que quiero a mi lado y las que no, tú estarías en lo segundo. —Venga, no te enfades conmigo. Vámonos ya a nuestra casa. —No, te vas tú sola, que yo me buscaré la vida.
Tu cuerpo, mi obsesión, se mueve con pecado Tus muslos, mi delirio, desean ser acariciados Tus ojos, a través de mi pene, deslumbrados Te magreo los pechos y tu culo por todos los lados Tu sexo está mojado, como si fuera un pescado Ambos nos movemos a un compás sincronizado Dos embestidas más, y ya hemos culminado.
SON LOS ÚNICOS MAGOS CAPACES DE DESHACER ESTE ÁLGIDO HECHIZO DE ETERNA MALDICIÓN, UN INCONSCIENTE ELÍXIR DE UN DESCONTROL QUE SE ENTREGA QUERIENDO Y SIN QUERER.
CADA LUNA, MIS LABIOS GRITAN DE PENA PARA FUNDIRSE CON LOS TUYOS, SIN ESPERA TAN ARDIENTES COMO LAVA DE EXANTEMA Y TAN TIERNOS COMO UNA BRISA MAÑANERA.
Si pudiera detener el tiempo, lo haría justo en el momento en el que tus ojos estuviesen bien abiertos, para así perderme en ellos, sin miedo a ser descubierto.
Me muero por querer conocer qué es lo que se esconde tras esa mirada inescrutable de tus ojos, cuyos tienen el poder de hablar sin hablar y de hacer enmudecer a mi razón, que obliga al silencio a moderar la conversación.
Con una simple mirada tuya, pones mi mundo patas arriba. ¡Y no sé quién diablos te otorgó este poder! Por más que intento huir de él, siempre me alcanza, envolviéndome en un mar revuelto de Amor, lujuria y pasión, que me arrastra a un oscuro y profundo rincón de mi corazón.
Sin palabras es la mejor carta de Amor que podría dedicarte porque no hay sentimiento más puro que el que no somos capaces de exteriorizar. Por más que lo intento, la palabra huye de mi cabeza dejándome en medio de un caos que no consigo ordenar.
Pero controlar el tiempo no está en mi lista de habilidades, por lo que no me queda sino seguir alimentándome de unos segundos en los que tu mirada se encuentra con la mía, que es cuando mi respiración se entrecorta y mi voz se ahoga en un mar de silencios.
Si pudiera detener el tiempo, lo haría justo en el momento en el que tus ojos estuviesen bien abiertos, para así perderme en ellos, sin miedo a ser descubierto.
Me muero por querer conocer qué es lo que se esconde tras esa mirada inescrutable de tus ojos, cuyos tienen el poder de hablar sin hablar y de hacer enmudecer a mi razón, que obliga al silencio a moderar la conversación.
Con una simple mirada tuya, pones mi mundo patas arriba. ¡Y no sé quién diablos te otorgó este poder! Por más que intento huir de él, siempre me alcanza, envolviéndome en un mar revuelto de Amor, lujuria y pasión, que me arrastra a un oscuro y profundo rincón de mi corazón.
Sin palabras es la mejor carta de Amor que podría dedicarte porque no hay sentimiento más puro que el que no somos capaces de exteriorizar. Por más que lo intento, la palabra huye de mi cabeza dejándome en medio de un caos que no consigo ordenar.
Pero controlar el tiempo no está en mi lista de habilidades, por lo que no me queda sino seguir alimentándome de unos segundos en los que tu mirada se encuentra con la mía, que es cuando mi respiración se entrecorta y mi voz se ahoga en un mar de silencios.
En febrero del pasado año, un hombre de 39 años mató de una puñalada a un muchacho de 25 porque sospechaba que se estaba acostando con su esposa.
A este asesino lo condenaron a 20 años de cárcel, pero antes de ingresar pidió, aunque entre policías, hablar un minuto con su esposa, petición que se le fue concedida.
—¿Por qué me has traicionado? —Porque en estos últimos años no me echabas cuenta, me ignorabas y nunca estabas en casa, y me desenamoré de ti. —Pero podíamos haber hablado antes de dar el paso de ponerme los cuernos. —Si hubiese intentado aclararte eso, que es falso, me habrías matado a mí también, e incluso antes que a él. —Tal vez hiciera eso, pero no olvides que aún soy joven y veinte años, que, con un buen abogado se pueden quedar en menos de diez, pasan pronto.
López llegó al cementerio de su ciudad. Visitaba diariamente a su esposa y cuidaba su tumba. Pero ese día, mirando con indignación la tumba, se percató de un movimiento de tierra y de que el ataúd no estaba.
—Se lo ha llevado un muchacho -le informó el sepulturero. —¿Por qué y para qué?’ –le preguntó.
Sin esperar respuesta, perdió los nervios y cogió del cuello al sepulturero, de quien logró que le dijese la dirección del joven. Ya informado, le dijo:
—Nadie sabe el valor sagrado de un amor hasta que lo pierde.
Presuroso se dirigió hacia la dirección indicada. Al llegar, tocó varias veces el timbre y, alarmado, abrió la puerta un joven, portando en una mano un grueso libro de psiquiatría. Estaba preparándose su examen final. No dijo nada, pero López, llorando y airado, le preguntó:
— ¡¿Dónde está mi esposa?!
El joven sabía a quién se refería. Lo llevó a su cuarto, y ya allí, López posó la mirada en un esqueleto, que sobresalía en un rincón, donde había una mesa, en la cual tenía el joven sus libros y sus apuntes. López se arrodilló frente al esqueleto y pronunció las siguientes palabras:
—Amor, si escogiste este lugar para tu eternidad, lo respeto. Pero déjame que venga a visitarte todos los días.
El joven, estudiante de medicina, no se opuso, y todos los días limpiaba su cuarto, porque sabía que López iba a venir. Los días en que fue visitado el esqueleto eran vividos con intensidad por los dos. Intensidad, empero, era un sentimiento demasiado pequeño para el viudo López.
Y llegó el día siguiente...
—Amor, te he traído hoy tu vestido de novia y tu peluca pelirroja. Yo te voy las dos cosas. Seguro que las vas a lucir como aquel maravilloso día.
Y seguidamente, ceremonioso y con sumo cuidado, le puso el vestido y la peluca al cadáver de su esposa.
—¿Ves, amor? Estás muy guapa.
Y llegó el tercer día...
López llevaba en la mano un vaso con leche caliente con Cola Cao.
—Amor. Te gustaba tu desayuno. Yo te doy la leche. No te pude traer tus galletas favoritas porque no las había de nata.
Acercó el vaso e inclinó el vaso con la dulce bebida, no dándose cuenta de que el líquido se filtraba por las costillas, manchando libros y apuntes del estudiante.
Y llegó el cuarto día...
—Amor. Te traje tu carmín, y tu espejito para mirarte. Yo te maquillo.
Pero el estudiante se disgustó al ver manchado de marrón “su” esqueleto.
Y, día tras día, pasaba el tiempo con la misma rutina de un amor delirante. Hasta que al joven le llegó el momento de entregar su tesis en la Facultad. Basaba todo el texto en las impresiones recogidas de López. En la tesis se contemplaba incluso los delirios del viudo. Y el resultado final de esto fue un sobresaliente alto, un “10”.
Antes de los preparativos de la fiesta de graduación, el jefe de la sección de psicología le preguntó al estudiante:
—¿Quién te va a entregar el título —El esqueleto que tengo en mi casa –respondió.
Ese misma mañana internaron a López en un manicomio. Y el decano de la universidad se lamentó de haber entregado el título de Psiquiatría a un enfermo mental, al que, días después, ingresaron en otro manicomio.
Comentarios
El Doce más uno
La adrenalina en el ambiente era palpable mientras los motores rugían en la línea de salida.
Los competidores, con cascos brillantes y trajes de cuero aerodinámicos, se preparaban para una carrera que prometía una de las más emocionantes y peligrosas jamás vistas: “una carrera con trampas”.
El llamado “El circuito de la Muerte” se extendía por un terreno accidentado lleno de curvas cerradas, saltos y obstáculos. Pero, la verdadera esencia de esta carrera residía en las trampas ingeniosamente ocultas a lo largo de la pista, diseñadas para poner a prueba no sólo la velocidad, también la astucia y la habilidad de los pilotos.
Al sonar el disparo de salida, los motores rugieron al unísono y las motos salieron disparadas, levantando polvo y grava a su paso. El primer kilómetro fue relativamente normal, con los pilotos compitiendo por obtener la mejor posición antes de la primera y peligrosísima curva. Y enseguida, el peligro comenzó a hacerse evidente.
La primera trampa se encontraba oculta en una curva cerrada. Un segmento de la pista se activaba, liberando una serie de clavos que perforaron los neumáticos de los competidores que no habían frenado a tiempo. Dos motos se salían de la pista y chocaban contra la barrera de seguridad mientras los otros pilotos maniobraba frenéticamente para evitar todos los obstáculos. La multitud enloqueció, aplaudiendo y vitoreando el espectáculo.
El líder del ranking mundial, un veterano conocido como “Doce más uno”, aprovechó su conocimiento del circuito para esquivar los clavos y ganar ventaja. Empero la pista tenía muchas más sorpresas reservadas. En una sección boscosa, un lote de redes camufladas se puso en marcha, atrapando a dos corredores que intentaban adelantar posiciones. Las redes se alzaron rápidamente, levantando las motos del suelo y dejándolas suspendidas en el aire como trofeos macabros.
A medida que la carrera avanzaba, las trampas iban siendo más ingeniosas, y también más letales. En una recta, aparentemente tranquila, el suelo se abrió de pronto y aparecieron una serie de agujeros ocultos llenos de barro espeso. Los pilotos que no lograron reaccionar a tiempo se quedaron atrapados y sus motos irremediablemente. se hundían. Los que lograron esquivar los agujeros aumentaron su velocidad, conscientes de que cada segundo contaba para llegar el primero a la meta.
Entre los corredores, destacaba una joven promesa, “Nieto”. Su estilo de conducción agresivo y su habilidad para sortear las trampas lo habían llevado al segundo lugar, detrás del ”Doce más uno”. Con determinación, "Nieto" aceleró, alcanzando al líder en una peligrosa curva en zigzag. Ambos pilotos se enfrascaron en una lid frenética, intercambiando posiciones y esquivando obstáculos con reflejos sobrehumanos.
El clímax de la carrera llegó en la última recta del circuito: un puente colgante sobre un hondo cañón. Los organizadores habían preparado una trampa final, construida para separar a los verdaderos campeones del resto. Mientras los dos líderes cruzaban el puente, éste comenzó a desmoronarse. Las tablas se quebraban bajo el peso de las motos, y las cuerdas de soporte se tensaban al máximo.
Con una frialdad escalofriante, “Doce más uno” aceleró y saltó justo antes de que una sección del puente se derrumbara. “Nieto”, sin embargo, no se dejó intimidar. Con un grito de desafío, realizó un impresionante salto acrobático, impulsando su moto por encima de las ruinas del puente y aterrizando con precisión de cirujano en el otro lado.
La línea de meta se hallaba ya a la vista, y los espectadores contenían el aliento. En un último esfuerzo, “Nieto” y “Doce más uno” aceleraron al máximo sus motos, haciéndolas rugir. Los dos cruzaron la línea de meta al mismo tiempo, pero tuvieron que recurrir a la foto fénix, que certificó que ambos cruzaron la meta simultáneamente, ni un milímetro más el uno del otro.
El público estalló en aplausos y vítores, mientras “Doce má uno” y “Nieto” levantaban el puño en señal de triunfo.
La carrera de motos con trampas había sido más de lo que prometía: un espectáculo de velocidad, habilidad y valentía, donde sólo los más audaces y habilidosos conseguían salir victoriosos.
A partir de esa carrera, “Doce más uno” y “Nieto” se convirtieron en amigos inseparables, hasta convertirse en uno solo.
A Chávez López
Sevilla may 2026
El origen de la vida
El origen de la vida es una temática fascinante y compleja a la vez, que ha intrigado a científicos, filósofos y pensadores a lo largo de la historia.
La pregunta fundamental de cómo surgió la vida en la Tierra abarca múltiples disciplinas, incluyendo biología, química, física y astronomía. A lo largo de los años, se han desarrollado varias teorías para explicar este fenómeno.
Una de las teorías más acertadas es la de la sopa primordial, propuesta originalmente por Alexander Oparin y John Haldane en la primera década del 1900. Según esta teoría, la vida comenzó en los océanos primitivos de la Tierra hace unos 3.800 millones de años, cuando una aleación de compuestos orgánicos simples se combinó en condiciones adecuadas para formar moléculas más complejas. Estos compuestos orgánicos se habrían formado a partir de la atmósfera primitiva de la Tierra, la cual contenía gases como metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, y se habrían acumulado en los océanos.
El experimento de Miller-Urey, realizado en el 1953, proporcionó evidencias de apoyo para esta teoría. En este experimento, Stanley Miller y Harold Urey simularon las condiciones de la atmósfera primitiva en un laboratorio y demostraron que, al aplicar descargas eléctricas (simulando rayos), se podían formar aminoácidos y otros compuestos orgánicos esenciales para la vida.
Otra teoría importante es la de la panspermia, que indica que la vida no se originó en la Tierra, sino que llegó desde el espacio exterior a través de los cometas, los meteoritos o polvo cósmico. Esta teoría se basa en la idea de que algunos microorganismos pueden sobrevivir en el espacio y viajar a través de grandes distancias. Aunque esta teoría no explica cómo se originó la vida, sugiere que los ingredientes esenciales para la vida podrían ser comunes en el universo.
La teoría de los ventisqueros hidrotermales, propuesta más recientemente, sostiene que la vida podría haber comenzado en las profundidades de los océanos, próxima de las fumarolas hidrotermales. Estas estructuras, situadas en el fondo marino, emiten agua caliente y rica en minerales, creando un entorno propicio para las reacciones químicas necesarias para la vida. La energía y los compuestos químicos disponibles en estos entornos podrían haber permitido la formación de moléculas orgánicas complejas y, eventualmente, células vivas.
Independientemente de la teoría específica, la transición de la química a la biología implica la aparición de la primera célula viva, un proceso que se conoce como abiogénesis. Esta célula sería capaz de auto replicarse y de llevar a cabo funciones metabólicas básicas, sentando las bases para la evolución biológica.
El estudio del origen de la vida también se ha visto impulsado por la investigación en astrobiología, una disciplina que investiga la posibilidad de vida en otros planetas y lunas del sistema solar y más allá. El descubrimiento de extremófilos, organismos que viven en condiciones extremas en la Tierra, ha ampliado nuestra comprensión de los posibles entornos donde la vida podría existir.
A pesar de los avances significativos en la investigación, el origen de la vida sigue siendo uno de los mayores misterios científicos. Las teorías actuales ofrecen diferentes perspectivas, pero aún no se ha encontrado una respuesta definitiva. La búsqueda de esta respuesta continúa, impulsada por la curiosidad innata del ser humano por comprender nuestro lugar en el universo.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Buenos días. Sevilla, lunes 18 mayo 2026
Buenos días de lunes 18 mayo 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
El porqué de que los hombres no nos soportan
Es cierto que somos guapas, irresistibles, el sueño de todo hombre. Que el mundo sin nosotras no sería igual, que los hombres estarían hecho trizas sin nosotras. Nosotras les alegramos la vida, pero también somos su peor pesadilla. Entre ellos y nosotras hay una relación de tira y afloja.
Todo eso es cierto; pero, honestamente, sin ellos no lograríamos ni un mínimo de felicidad. Los necesitamos para sentirnos bien, especiales, amadas, y para vivir el sueño que desde niñas se nos metía en la cabecita, gracias a Cenicienta y a Blancanieves.
Instintivamente buscamos nuestro “príncipe azul”. ¿Pero qué pasa cuando lo tenemos y de repente nos dice un día no te aguanto más, mejor será que nos demos un tiempo? En ese momento nos entra un soponcio. Pero nos reponemos y hacemos un balance de nuestra unión y llegamos a la conclusión de que nosotras hemos puesto todo de nuestra parte para que las cosas funcionen.
En mi caso, estaba muy pendiente de todas sus necesidades; le llamaba a su casa, a su trabajo, para saber cómo se encontraba; le enviaba mensajes para recordarle que lo amaba. Y como quería que fuese mejor persona de lo que ya era, con Amor le hacía ver sus errores, pero siempre en el momento oportuno. Para qué esperar un mejor momento, pues se me podía olvidar y eso hubiese sido un craso error.
Y como le amaba tanto, quería tener un hijo suyo, y que se pareciese a él, pero como no podíamos tenerlo fuera del matrimonio, por mis creencias y convicciones religiosas, le hacía ver, siempre con Amor, lo bonito que sería casarnos, vivir juntos, comprarnos una casita, criar a nuestros hijos, nuestros nietos. Pero, no es que quisiera presionarlo, no, no era eso, pero el tiempo iba pasando y hubiese sido maravilloso no desperdiciar ni un segundo a su lado.
Él era un desorganizado y, por eso, me ocupaba de organizarle su agenda; le decía que cuidase de su imagen, le decía que debía ir al gimnasio, para estar en forma, y nada de hamburguesitas y cervecitas, y menos aún de juerguecitas con los amigos, que esto era perjudicial para su salud. Mi deber como su ángel protector, era cuidarlo y evitar que se pusiese malito.
Y como yo formaba parte directa de su vida, tenía que estar al tanto de todo lo suyo, y qué mejor que coger su móvil, revisar su cartera y su escritorio, y sacar todos esos papelitos que tenía en la guantera de su coche. Pero él nunca llegó a entender y menos a comprender mis santas intenciones.
Harta de tantas discusiones, un buen día, o mal día, ¡vayan a saber!, le dije que mi exmarido nunca me había tratado así, que a mi ex le gustaba que me ocupase de sus asuntos y que siempre me agradecía mi devoción por él. “Entonces, vuelve con tu ex”, ésta era su respuesta.
Es cristalino que ellos piensan y reaccionan diferentes de nosotras. Todos tienen una madre, y odian que “una nueva madre” les sermonee y les diga lo que tienen que hacer, pero no es necesario expresarles nuestro Amor con llamaditas o mensajitos, porque esas cosas a veces no llegan en un buen momento, y pueden pasar de deferencia a molestia.
Por todo eso y por más que ya os contaré oro día, tenemos que dejar que nos echen en falta, mientras nosotras recordarles que amar en libertad es lo más acertado, que haya el necesario espacio para que la brisa refresque la relación.
“Las cuerdas de un violín están solas, pero vibran con la misma música”.
Todas las parejas tienen que caminar de la mano en casi todo, y casi sin el “casi”, pero jamás bajo el Damocles del agobio.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Noelia y sus recuerdos
Había dejado de contar sus propios pasos desde hacía tiempo. Dejaba atrás a la gente porque entendía lo mucho que amaba al silencio, tras verse sin él, tras ver lo diferente que hubiese sido todo después de pasar largos días de nostalgia.
En aquel lugar se sentía sola, inadvertida, pero acogida y amada a la vez.
¿Cómo podía ansiar tanto una situación tan triste? La soledad la dejaba sin máscara, pero así podía verse a sí misma, presentada a través de una sombra indescifrable.
El Sol asomaba por el horizonte, iluminándole la cara, reviviendo el color de sus iris de multicolores. Ese era el momento, ese era el momento de cerrar los ojos y esbozar una sonrisa.
Había estado mucho tiempo buscando algo que no sabía qué era y resulta que lo tenía delante de sus narices. Volvía de nuevo a sonreír, quería saborear el momento, una vez más, quería volver a humedecer y a recrear sus labios en sus variopintos recuerdos, que eran tan diferentes...
No sabía explicarse el porqué de que un dios no podía enamorarse de una mortal. Pero precisamente era eso lo que hacía de su situación una situación especial. A pesar de esa diferencia, aparentemente abismal, abrigaba un sentimiento entrañable, aunque sólo esa noche...
Después de esa sorprendente noche, todo volvería a ser igual que antes; todo volvería a ser como si nada hubiese ocurrido; pero, eso sí, con una triunfal sonrisa dibujada en su historia.
A Chávez López
Sevilla may 2026
La ruta de la eternidad
Un viento frío recorría el arbolado de luz sombría. Las hojas secas se deslizaban junto a la corriente, describiendo un movimiento perfecto, una al compás de la otra.
Lo esperaba. En realidad no sabía si lo aguardaba o era parte de un juego. Una de las hojas danzantes iba a parar a sus pies, la más amarilla de todas, la que aún no había muerto, con delicadeza la cogía. Un destello reflejaba su nombre en el reverso.
—¿Por qué querías que volviese a verte? -resonaba una voz clara en aquel parque solitario.
La buscaba con los ojos hasta que la veía. Se encontraba sentada en un banco del parque. Jugaba con un ramillete de violeta de un perfume tan intenso que inundaba el espacio en el que estaba.. Siempre le habían gustado as violetas.
La miraba profundamente, como antes, como siempre había sido, intentando capturar cada detalle, cada gesto, cada palabra para acumularlo en su memoria. Impaciente ante su mutismo, se detenía frente a él.
—¿No te decides a decirme el porqué de tanta insistencia para que apareciese?
La tenía próxima de nuevo, después de un prolongado sufrimiento. Había suplicado tantas noche:
“Una oportunidad, sólo una, quiero verla, no quiero convertirme en cenizas sin antes verla”, pensaba.
Acariciaba su cara con ternura. El simple contacto de su mano bastaba para tranquilizarla. Besaba con Amor y pasión sus labios rosados, mientras lágrimas no cesaban de caer sobre sus mejillas. Ella empezaba a recordar el sentimiento tan profundo que los habían unido en vida. Y a cada caricia, respondía con otra más dulce; a cada beso, otro más cálido.
Pero, implacablemente, el tiempo se estaba terminando. Aquella tarde concluía, tan abruptamente de cómo había empezado. A pesar de esto, ambos estaban felices por tan feliz encuentro.
A pesar de lo tenebroso de aquel parque, oscuro y casi lúgubre, una luz resplandeciente empezaba a rodearla.
Con un tono de voz triste, le preguntaba:
—¿Me vas a olvidar?
Él la miraba y le decía:
—Jamás. Te llevo dentro de mi corazón.
La amargura se disipaba en su cara, le dedicaba su sonrisa brillante y sincera, y después se desvanecía. Un nuevo oleaje de hojas se arremolinaba durante unos minutos. Pero, inmediatamente después, todo se tranquilizaba.
Despacio se iba del oscuro parque, iluminado para él, pero no volvería nunca más.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Las mujeres SÍ saben seducir
No todos los hombres saben seducir a una mujer; por contra, yerran siempre. No es precisamente el dinero el único embajador privilegiado para coger una presa. Hay muchos otros factores o incentivos para lograr los propósitos. A continuación expongo, bajo mi meditado criterio personal, algunos razonamientos que los hombres debemos tener en cuenta a la hora de comenzar una seducción, que no cacería.
Hay algunos hombres que piensan, seguros de para hacer realidad sus pensamientos, que ser directos es lo más acertado, pero a veces chocan y no entienden por qué son rechazados, si la otra parte, la mujer, acepta sus invitaciones e incluso ellos sienten que les miran de un modo un tanto especial.
Otros creen que mostrarse irresistibles es llevar delantera, y siempre que se citan con alguna mujer adoptan imagen de ganador; usan lo que la billetera les da para cautivar, lanzando miradas incendiarias estudiadas, y lo que peor es que vistan indumentaria para impresionar, sin tener en cuenta que lo normal es emplear una ropa de acorde con la edad, acompañada quizás de algún perfume masculino, que a ojos de ellas les hagan sentirse más atractivos.
No faltan aquellos que tienen sus egos inflados, y creen que el hacerse los interesantes, respaldados por cara y cuerpo de macho ibérico y, cómo no, buena VISA, es la mejor forma de darse tono para decirle a la chica de turno, en forma insolente, despectiva y casi insultante: “oye, puedo ser tuyo si accedes a mis deseos”.
Pero hay algo que está claro, y es que cuando una mujer no quiere ser seducida... nanay. No le importa el dinero, ni la ropa, ni el look, ni mucho menos la arrogancia. La mejor forma de seducir a una mujer es, sin duda, dejarse atrapar por ella, pero contando con que el deseo de los dos coincida, que esa es otra.
Porque no es nuevo, sino desde Adán y Eva (aunque Evita no tenía problema con esto, porque era la única mujer para pescar al único hombre) que cuando una mujer pone el ojo en un hombre, difícilmente se le escapa. Las mujeres saben seducir, arropadas también por sus encantos, físicos y morales. Sin omitir, ¡faltaría más!, el sexo, literalmente hablando, que es entonces cuando no hay escapatoria posible.
En el arte de la seducción, los hombres tenemos mucho que aprender de las mujeres. Ni siquiera los guapos, los cachas y los con dinero consiguen de ellas lo que ellas no están dispuestas a conceder.
A las mujeres en general les atrae, y mucho, el dinero y un bienestar, sin olvidar, por supuesto, el grado de inteligencia, el índice cultural y el trato personal del hombre que se acerque a ellas, y no sólo con intenciones de llevársela a la cama.
A veces, las mujeres no saben escoger bien, o no aciertan a escoger; a veces dan en el blanco, pero siempre serán las mujeres las que tengan la última palabra.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Difícil encrucijada
Matías y su esposa Elena eran psicólogos, como yo, y los tres trabajábamos en el mismo hospital y en el mismo departamento de psicología.
Elena y yo nos sentíamos atraídos, hasta que explotamos y nos enamorarnos, sin que su esposo se percatara de ello, como suele suceder.
Ella tenía frecuentes bajones de moral, de angustia. Le aconsejé que consultara su caso a un psicólogo neutral, ni a su marido ni a mí. Cosa que llevó a cabo.
Por otro lado, habían publicado fotografías en periódicos y revistas que relacionaban a su marido con una mujer más joven que ella; pero esas fotografías habían sido hechas en algún evento de beneficencia, por lo que, tal vez, sólo se trataba de especulaciones escabrosas, pero la noticia llegó a oídos de su esposa.
Pero, sin importarme esas publicaciones, las insinuaciones eran como un fósforo que encendía la llama de mis emociones, por lo que, como psicólogo que soy, decidí atribuir la angustia diagnosticada a un desamor con su esposa.
Sin embargo a que estaba informada de esa posible infidelidad, por alguna desconocida razón por mí, se resistía a pedirle el divorcio a su esposo.
Así que seguíamos viéndonos a hurtadillas; situación ésta que no era de mi agrado. La quería para mí solo. Me enfurecía cada vez que nos veíamos como fugitivos. Y me sentía mal por el hecho de tenernos que esconder para amarnos.
Hasta que un día me comunicó que su marido padecía de una extraña enfermedad, que aún no se había manifestado abiertamente, y por esa razón no quería abandonarlo.
Y desde esa confesión dejamos de vernos en privado, pero sentía una doble sensación: satisfacción por la calidad humana de Elena, y dolor por mi compañero de profesión.
Por motivo de nuestro trabajo en el mismo lugar, no teníamos más remedio que vernos a diario, pero tanto ella como yo guardábamos las composturas y nuestras conversaciones sólo se limitaban a temas relacionados con los pacientes.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Extraña visita
11:35 HORAS AM
Vivía solo en un bonito chalé con jardín a las afueras de la ciudad de Sevilla. Una zona próxima a su famoso río Guadalquivir, en una urbanización VIP, apartada y tranquila y lejos del mundanal ruido y del insufrible tráfico de la gran urbe. El lugar más idóneo para amar a alguna mujer que se dejase amar. A través del ventanal del salón se podía ver las luces exteriores de chalés colindantes. Reflejado en el río. En armonía bailaba un cuadro de colores sobre su agua. Se colaba remolona de fuera una brisa. Idílico panorama para excitar a la hembra más frígida entre todas las frígidas.
12:00 HORAS AM
Sorprendido por la intempestiva hora, llamaban a la puerta y aparecía una vieja amiga: una mujer alta, atractiva, de ojos grises y grandes, rostro anguloso, cuerpo silueteado... Un conjunto físico de ensueño. Iba elegantemente ataviada, pero una expresión contraída le hacía no detenerme en más. La saludaba con un beso en cada mejilla y no le preguntaba, por el momento, el motivo de su inesperada visita.
Manteníamos charla, tomándonos un whisky. Para mí el tercero, y mis ojos empezaban a recorrer el cuerpo que estaba frente a mí, y yo quería que notase que la estaba mirando.
Ella estaba cómoda, sentada de lado con las piernas cruzadas. Lucía un vestido rojo de entretiempo, ceñido, y de unos diez centímetros por encima de las rodillas. Parecía tranquila, con su vaso en mano moviéndolo en círculos y saboreando cada trago, pero bebía con frecuencia, como preocupada por algo. Una fémina exquisita y sensual disfrutando de un magnífico whisky.
Al notar que ella estaba callada, le preguntaba qué era lo que estaba pensando. Se bebía medio vaso del tirón y la miraba, sonriendo. Ella también sonreía y a la vez se mordía el labio inferior, bajando la mirada con los ojos muy abiertos, para luego volver a subirla. Una flagrante insinuación que, desde luego, yo no estaba dispuesto a desaprovechar.
Con molesta frecuencia cogía su bolso y rebuscaba en su interior. Se quedaba ausente unos instantes, pero volvía a dejar el bolso, y de nuevo presente. Yo quería acercarme a ella y dejarme llevar por la situación del momento, pero estaba deseando follar con ella, y leí de su mente que ella estaba pensando lo mismo que yo
A la vez dejábamos los vasos sobre la mesa de centro. El sillón, en el que ella estaba era grande. Perfecto “para todo”. “Pero más perfecto para todo es el sofá”, pensaba. Y seguía pensando “¿pongo música? Mejor no; quiero oír su respiración acelerada”. “¿Luz tenue? Mejor no; quiero disfrutar cada milímetro de su piel”. Me levantaba y me sentaba en la esquina del sofá, que daba a su sillón, ya allí intentaba seducirla con suaves caricias en las rodillas y subiendo hasta los pechos. Pero parecía cohibida, y eso me excitaba más.
01:00 HORAS PM.
—¿Te encuentras bien? -le pregunté, rompiendo a hablar de nuevo.
—Sí, sólo que me sorprende tu forma de mirarme, pero me gusta.
Sin pensarlo, la cogí de la cintura y la deslicé hacia el sofá y, sin aún empezar a desnudarla, pinté el contorno de sus pechos con el dedo y luego lo subí a su cuello. Empecé a besar sus labios, deseosos y húmedos. Vi cómo los atraía, hipnotizada por un deseo. Jugamos algunos segundos con las lenguas. Una leve sonrisa se dibujaba en su expresión. Me acariciaba la espalda. Me quité la camisa para sentir mejor sus caricias, y seguí desnudándome. Después la empuje suavemente hacia la alfombra, y en ese momento me arrepentí de no haber puesto música de fondo.
Escuchaba su respiración y pequeños sonidos femeninos que tanto “me ponen”. Pero a mí me gustaba jugar, y era por esto que quería ir despacio. Le desabroché parte del vestido y le quité el sujetados; sus pechos ante mis ojos, de un tamaño grande, pero erguidos, listos estaban para mi juguetona lengua, la cual comenzó a trabajarse los pezones. Se retorcía cual serpiente en celo. Me pegaba más a ella. La cosa iba funcionando, empero, una sombra imperceptible de inquietud aparecía en sus iris.
Por su aparente disposición, podría asegurar que le gustaba que desease su cuerpo. Esa noche era mía. Sabía yo que íbamos a pasarlo bien, iba a ser una noche de sexo tierno y también de risas, copas, anécdotas…
Bajé desde sus pechos a desabrocharle el resto del vestido y a quitárselo, viendo que se prestaba, sin oposición, a todo. Alzaba sus largas y torneadas piernas y las acariciaba, desde la punta de los pies hasta los muslos. Llevaba mi mano derecha al lugar más caliente de todo el cuerpo, pero era entonces que detuvo con delicadeza mi mano y pronunciaba la frase más larga desde que empezamos todo aquello:
—Por favor, no sigas. No me encuentro bien. Los siento.
Me quedé inactivo y llevé mi mano a su posición de antes. Se incorporó y añadió:
01:15 HORAS PM
En ese momento parecía incapaz de mirarme...
—¿Qué te ocurre?
No respondió y ni siquiera me miró. Por contra, empezó a vestirse presurosa mientras yo seguía tumbado en la alfombra. Quería hablarle. Tal vez había hecho algo que le molestó; no había bebido mucho, por tanto, no creo que hubiese sido una reacción del alcohol, y por lo poco que al principio de todo habíamos hablado, parecía dispuesta a todo lo que viniese, y con un evidente deseo carnal hacia mi persona.
Cuando acabó de vestirse, me miró y volvió a decirme que lo sentía. Me dio un beso en ambas mejillas y sonrió de una forma que catalogué como de disculpas. Se dio media vuelta, cogió su bolso y, más apresurada que antes, se fue, meneando la cabeza de un lado a otro, como apesadumbrada por algo, hacia la puerta de la salida de la casa y, sin más, desaparecía por donde había aparecido.
En vista de las circunstancias, lo único que podía hacer era echarme otro whisky y relajarme. Pero antes miré con nostalgia y con mi miembro empinado la alfombra donde había estado ella medio desnuda pocos minutos atrás.
Desconcertado, empecé a beberme el whisky en pie, pero me incliné para sentarme de nuevo y entonces vi un móvil en el suelo. Lo recogí. ‘Seguro que se habrá caído del bolso y no se ha dado cuenta”, pensé. Pero, por pura curiosidad, lo miré. En pantalla aparecía una foto de ella abrazada a un hombre y un niño. “¿Su familia?”, me pregunté. No llegué a saber el motivo que la había llevado a mi casa, pero no por la obviedad por la que se fue, lo dispuesta que parecía y fin de la historia.
De pronto sonó el móvil. En pantalla aparecía la foto de ese hombre y en la parte superior un nombre: “mi Amor”. “Perfecto, lo que faltaba'’, me dije. Pero no respondí. No tenía porqué hacerlo.
Sin embargo, algo en mi interior me decía que volvería de nuevo, quizá antes de llegar a donde quiera que fuese, y me daría una explicación. Pero pronto empecé a entender todo. Por alguna extraña razón, desconocida por mí, las cosas tenían que terminar así, no descartando que hubiese tenido algún enfado puntual con su pareja, marido, novio o amante (de ahí su obvio nerviosismo de buscar en su bolso, quizá su teléfono móvil), y el remordimiento por haber empezado lo que estaba decidida a culminar, la carcomía. Pero qué más da. Vendrá, si es que quiere venir, y yo, eso sí, la estaré esperando con mis brazos abiertos y con mi pene expectante.
A Chávez López
Sevilla dic 2022
Hacer realidad un cuento
¿Se puede saber el por qué de que no has hecho realidad ese cuento de hadas que tanto ansiabas desde muchísimo tiempo atrás? Podías haber combatido con todas tus fuerzas por el gran Amor que tanto sentías y, en cambio, en esta ocasión te ha cogido la vez y te ha ganado de mano la malvada bruja del cuento.
Hoy, cuando han pasado veinte días desde que desaté el nudo del cinturón que colgaba de la escalera de tu cama, aún siento el mismo escalofrío que mi cuerpo sentía al hacerlo, ayudada por una mano amiga.
Decías tú siempre que no podías vivir sin Amor, ese Amor que tanto te daba en tan poco tiempo. Aquella dulzura con que te miraba, aquel cálido cariño que siempre recibías con cada caricia, cada abrazo, cada beso... Nunca has podido luchar contra esos dos amores que acogían tu corazón: tu pequeño vástago, que es tu hijo, y tu princesa.
No querías seguir con la mujer que te hacía sufrir hasta lo insufrible. Luego de ocho largos años de no tener una vida propia, has decidido, por fin, que era hora de tenerla.
Querías saber si se podía ser feliz, y no has sabido serlo. Querías arrancarte de los brazos a tu pequeño hijo, que era lo único que te unía a tu olvidada vida. Para estrechar a tu hijo entre tus brazos, tenías que seguir sufriendo, volver a su lado y olvidarte por completo de que al fin habías comprendido que la felicidad y el Amor sí existían.
No te han dejado ser feliz. Ni tan siquiera ha podido pasar por tu cabeza y tu corazón el momento en que has decidido que para ser libre y feliz, tenías que abandonar este mundo. Tu mundo ha sido cruel; has topado con la bruja malvada del cuento, pero también has conocido a tu princesa que te hacía muy feliz. Quizás, sólo quizás, has debido dar una nueva oportunidad a tu vida y también haber combatido, como combaten los príncipes azules en los cuentos, por su amada.
Espero que donde quiera que estés ahora seas feliz, pero simplemente porque te lo mereces, y que en un futuro, no lejano, tu princesa se una a ti y juntos sepáis luchar contra la malvada bruja.
Y como en los cuentos de hadas... que comáis perdices y seáis felices... durante toda la eternidad.
A Chávez López
Sevilla may 2026
¡Enhorabuena, eres un afortunado!
La Seguridad Social te ha concedido un piso por el irrisorio alquiler de 2.500 euros al mes, y esa benefactora institución se toma muy en serio mantenerte en forma.
Pero has de saber que tu piso, de 35 m2, está tan lejos que para llegar hasta él necesitas una brújula, un GPS y tres horas para ir y otras tantas para volver, por lo que en tu trabajo tendrás que hablar con tu jefe para que te conceda un horario especial, tal vez mejor nocturno, o facilitarte un cuartito para pasar las noches.
El Gobierno social-comunista (el que manda en la Seguridad Social) quiere lo mejor para ti, y por eso te hace saber que la mejor manera de garantizar tu salud es hacerte caminar una maratón y trepar una montaña, y regreso, todos los días.
Cuando preguntaste a tu trabajadora social por qué te han asignado un piso en el puto quinto pino, te respondió que era para que fueras más activo y redujeras el estrés. ¡Qué considerada ella y qué considerados sus superiores!
Ahora, para acudir de lunes a viernes a tu trabajo es obligado para ti hacer una expedición al estilo de Indiana Jones. Olvídate de la moto, la bicicletas o de transportes públicos, a diez km de tu piso sólo se puede llegar en un 4x4 y luego escalar una montañita de nada, solamente 180 metros, pero con casco, arnés, pies de gato, cinta, cuerda, mosquetones, asegurador y cabo de anclaje, y cuando, por fin, has llegado te das cuenta de que tu piso tiene su propio código postal.
Pero no te preocupes, sólo piensa en el ejercicio que haces y en las calorías que quemas. Incluso podrías abrir tu propio gimnasio en tu propia casa.
Tu vivienda puede estar muy lejos, pero estás viviendo la vida a tope, explorando desconocidos territorios y convirtiéndote en un experto en geografía.
Claro que cuando decidas vivir en pareja, es probable que ella diga: “¡te amo, mi vidita, pero podías haber buscado nuestro nidito más cerquita!”.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Cosas de parejas
—¡Me he dado cuenta tarde de que eres una hipócrita!
La esposa enmudecía y un lote de desilusiones demolía prolijamente su expectativa sobre su relación, que, desde ese día, caía cual rascacielos en plena implosión, dejando sólo rescoldos.
—Quieres ser amiga de todos, pero no te fías de nadie, y, tal vez, tampoco de mí.
—Eso no es verdad.
—Tú dirás lo que quieras, pero sabes que yo no miento.
—Nosotros llevábamos bien.
—¿Llevarnos bien? Si dices que nos llevábamos bien porque nos gustan las mismas cosas, porque hemos salido a divertirnos con amigos, estoy de acuerdo contigo, pero una relación es más que eso.
—No sé qué más.
—Más solidez, más comunicación, más confianza... Mira, sabes que te quiero, pero no como esposa. No acabas de conceptuarme, no sé aún qué es lo que yo soy para ti; el mismo cariño que me das a mí, se lo das a cualquiera que aparece de pronto. Todavía no sé qué piensas de mí.
—¿Por qué dices eso? Para mí, eres una buena persona. Te amo, y siempre te he amado.
—No sé.
—¿No sabes qué?
—No sé si soy buena persona, y tampoco sé si me amas ni sé qué es lo que quieres. Te esmeras en caerle bien a todo el mundo, todos son maravillosos para ti. Lo mismo haces conmigo, pero he dejado de amarte. Siempre he abrigado la ilusión de que acabaríamos envejeciendo juntos, pero tú no, porque no eres trigo limpio.
—No esperaba esto de ti a estas alturas.
—Sólo digo lo que siento, lo que he ido viendo a diario
—¿Por qué me hablas así después de tres años de casados?
—Tres años perdidos, pero perdidos para los dos.
—Yo no lo veo así.
—Pues ya va siendo hora de que lo veas.
—Ya veía yo que tú te mostrabas extraño últimamente.
—No quiero herirte, y eso de “extraño” tiene la explicación que acabo de darte. Sólo añado y acabo que si pudiese dividir mi vida entre las personas que quiero a mi lado y las que no, tú estarías en lo segundo.
—Venga, no te enfades conmigo. Vámonos ya a nuestra casa.
—No, te vas tú sola, que yo me buscaré la vida.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Tu anatomía es mi perdición
Tu cuerpo, mi obsesión, se mueve con pecado
Tus muslos, mi delirio, desean ser acariciados
Tus ojos, a través de mi pene, deslumbrados
Te magreo los pechos y tu culo por todos los lados
Tu sexo está mojado, como si fuera un pescado
Ambos nos movemos a un compás sincronizado
Dos embestidas más, y ya hemos culminado.
A Chávez López
Sevilla may 2026
TUS LABIOS
SON LOS ÚNICOS MAGOS CAPACES DE DESHACER
ESTE ÁLGIDO HECHIZO DE ETERNA MALDICIÓN,
UN INCONSCIENTE ELÍXIR DE UN DESCONTROL
QUE SE ENTREGA QUERIENDO Y SIN QUERER.
CADA LUNA, MIS LABIOS GRITAN DE PENA
PARA FUNDIRSE CON LOS TUYOS, SIN ESPERA
TAN ARDIENTES COMO LAVA DE EXANTEMA
Y TAN TIERNOS COMO UNA BRISA MAÑANERA.
A CHÁVEZ LÓPEZ
SEVILLA MAY 2026
Tus ojos
Si pudiera detener el tiempo, lo haría justo en el momento en el que tus ojos estuviesen bien abiertos, para así perderme en ellos, sin miedo a ser descubierto.
Me muero por querer conocer qué es lo que se esconde tras esa mirada inescrutable de tus ojos, cuyos tienen el poder de hablar sin hablar y de hacer enmudecer a mi razón, que obliga al silencio a moderar la conversación.
Con una simple mirada tuya, pones mi mundo patas arriba. ¡Y no sé quién diablos te otorgó este poder! Por más que intento huir de él, siempre me alcanza, envolviéndome en un mar revuelto de Amor, lujuria y pasión, que me arrastra a un oscuro y profundo rincón de mi corazón.
Sin palabras es la mejor carta de Amor que podría dedicarte porque no hay sentimiento más puro que el que no somos capaces de exteriorizar. Por más que lo intento, la palabra huye de mi cabeza dejándome en medio de un caos que no consigo ordenar.
Pero controlar el tiempo no está en mi lista de habilidades, por lo que no me queda sino seguir alimentándome de unos segundos en los que tu mirada se encuentra con la mía, que es cuando mi respiración se entrecorta y mi voz se ahoga en un mar de silencios.
A Chávez López
Sevilla feb 2012
Tus ojos
Si pudiera detener el tiempo, lo haría justo en el momento en el que tus ojos estuviesen bien abiertos, para así perderme en ellos, sin miedo a ser descubierto.
Me muero por querer conocer qué es lo que se esconde tras esa mirada inescrutable de tus ojos, cuyos tienen el poder de hablar sin hablar y de hacer enmudecer a mi razón, que obliga al silencio a moderar la conversación.
Con una simple mirada tuya, pones mi mundo patas arriba. ¡Y no sé quién diablos te otorgó este poder! Por más que intento huir de él, siempre me alcanza, envolviéndome en un mar revuelto de Amor, lujuria y pasión, que me arrastra a un oscuro y profundo rincón de mi corazón.
Sin palabras es la mejor carta de Amor que podría dedicarte porque no hay sentimiento más puro que el que no somos capaces de exteriorizar. Por más que lo intento, la palabra huye de mi cabeza dejándome en medio de un caos que no consigo ordenar.
Pero controlar el tiempo no está en mi lista de habilidades, por lo que no me queda sino seguir alimentándome de unos segundos en los que tu mirada se encuentra con la mía, que es cuando mi respiración se entrecorta y mi voz se ahoga en un mar de silencios.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Sentencia el asesino
En febrero del pasado año, un hombre de 39 años mató de una puñalada a un muchacho de 25 porque sospechaba que se estaba acostando con su esposa.
A este asesino lo condenaron a 20 años de cárcel, pero antes de ingresar pidió, aunque entre policías, hablar un minuto con su esposa, petición que se le fue concedida.
—¿Por qué me has traicionado?
—Porque en estos últimos años no me echabas cuenta, me ignorabas y nunca estabas en casa, y me desenamoré de ti.
—Pero podíamos haber hablado antes de dar el paso de ponerme los cuernos.
—Si hubiese intentado aclararte eso, que es falso, me habrías matado a mí también, e incluso antes que a él.
—Tal vez hiciera eso, pero no olvides que aún soy joven y veinte años, que, con un buen abogado se pueden quedar en menos de diez, pasan pronto.
A Chávez López
Sevilla may 2026
SI ELLA TE PREGUNTA…
DILE QUE LA ESTOY OLVIDANDO,
PERO NO LE DIGAS NUNCA
QUE TE LO HE DICHO LLORANDO
MI POBRE Y TRISTE CORAZÓN
HA PASADO NOCHES EN VELA,
Y ELLA, SABIENDO LA RAZÓN,
PENSARÍA QUE ES CANTINELA
OBSTINADO DICEN QUE SOY
PORQUE SIEMPRE PIENSO EN ELLA,
PERO TODO, HASTA MI VIDA DOY
POR ESTAR JUNTO A MI ESTRELLA
DICEN QUE EL AMOR DE UN HACENDADO
LA SEDUJO Y LA HA SABIDO ENAMORAR,
¡QUÉ PENA QUE OTRO HAYA LOGRADO
LO QUE YO NO HE PODIDO LOGRAR!
A CHÁVEZ LÓPEZ
SEVILLA MAY 2026
SI LA AMAS, DÍSELO
QUÉ DELICIA DE OLEAJE,
QUÉ MAREO QUE PROVOCA,
QUÉ HERMOSURA DE PAISAJE;
¿DÓNDE ME SACO EL PASAJE
PARA VIAJAR HASTA TU BOCA?
SI TU BOCA EN UN ANZUELO,
Y PESCADO SERÉ BENDITO,
QUE SI POR TUS LABIOS MUERO,
POR TUS BESOS RESUCITO.
A CHÁVEZ LÓPEZ
SEVILLA MAY 2026
¿Quién estaba más loco de los dos?
López llegó al cementerio de su ciudad. Visitaba diariamente a su esposa y cuidaba su tumba. Pero ese día, mirando con indignación la tumba, se percató de un movimiento de tierra y de que el ataúd no estaba.
—Se lo ha llevado un muchacho -le informó el sepulturero.
—¿Por qué y para qué?’ –le preguntó.
Sin esperar respuesta, perdió los nervios y cogió del cuello al sepulturero, de quien logró que le dijese la dirección del joven. Ya informado, le dijo:
—Nadie sabe el valor sagrado de un amor hasta que lo pierde.
Presuroso se dirigió hacia la dirección indicada. Al llegar, tocó varias veces el timbre y, alarmado, abrió la puerta un joven, portando en una mano un grueso libro de psiquiatría. Estaba preparándose su examen final. No dijo nada, pero López, llorando y airado, le preguntó:
— ¡¿Dónde está mi esposa?!
El joven sabía a quién se refería. Lo llevó a su cuarto, y ya allí, López posó la mirada en un esqueleto, que sobresalía en un rincón, donde había una mesa, en la cual tenía el joven sus libros y sus apuntes. López se arrodilló frente al esqueleto y pronunció las siguientes palabras:
—Amor, si escogiste este lugar para tu eternidad, lo respeto. Pero déjame que venga a visitarte todos los días.
El joven, estudiante de medicina, no se opuso, y todos los días limpiaba su cuarto, porque sabía que López iba a venir. Los días en que fue visitado el esqueleto eran vividos con intensidad por los dos. Intensidad, empero, era un sentimiento demasiado pequeño para el viudo López.
Y llegó el día siguiente...
—Amor, te he traído hoy tu vestido de novia y tu peluca pelirroja. Yo te voy las dos cosas. Seguro que las vas a lucir como aquel maravilloso día.
Y seguidamente, ceremonioso y con sumo cuidado, le puso el vestido y la peluca al cadáver de su esposa.
—¿Ves, amor? Estás muy guapa.
Y llegó el tercer día...
López llevaba en la mano un vaso con leche caliente con Cola Cao.
—Amor. Te gustaba tu desayuno. Yo te doy la leche. No te pude traer tus galletas favoritas porque no las había de nata.
Acercó el vaso e inclinó el vaso con la dulce bebida, no dándose cuenta de que el líquido se filtraba por las costillas, manchando libros y apuntes del estudiante.
Y llegó el cuarto día...
—Amor. Te traje tu carmín, y tu espejito para mirarte. Yo te maquillo.
Pero el estudiante se disgustó al ver manchado de marrón “su” esqueleto.
Y, día tras día, pasaba el tiempo con la misma rutina de un amor delirante. Hasta que al joven le llegó el momento de entregar su tesis en la Facultad. Basaba todo el texto en las impresiones recogidas de López. En la tesis se contemplaba incluso los delirios del viudo. Y el resultado final de esto fue un sobresaliente alto, un “10”.
Antes de los preparativos de la fiesta de graduación, el jefe de la sección de psicología le preguntó al estudiante:
—¿Quién te va a entregar el título
—El esqueleto que tengo en mi casa –respondió.
Ese misma mañana internaron a López en un manicomio. Y el decano de la universidad se lamentó de haber entregado el título de Psiquiatría a un enfermo mental, al que, días después, ingresaron en otro manicomio.
A Chávez López
Sevilla may 2026