El hombre primitivo era casto y violento, hasta que llegó la civilización y lo convirtió en un concupiscente animal racional, como un lobo en un chucho faldero.
Detalles a evitar para lograr amistad en la humanidad
A veces nos dedicamos a criticar a los demás, sin conocer su trayectoria y sin habernos puesto en su piel.
El acoso físico o psicológico no es sólo cosa de los niños, los adultos son más peligrosos en este sentido.
Si todos nos metiésemos en nuestra vida, en lugar de en la de los demás, el mundo sería un paraíso.
Paz y Amor es lo que más necesitan nuestros corazones, en lugar de odio y traiciones.
Hay quien que se pone la careta de la bondad; y, al menor descuido, te clava por detrás.
Todos tenemos la lengua muy larga y el corazón y los sentimientos muy cortos.
Si quieres un cambio, para bien, en todo el mundo, empieza por ti a tratar con educación y respeto a tus semejantes, en vez de criticar a su espalda lo que hacen o dicen, porque si actúas así, estarás en el lugar que te corresponde: ninguno.
Valoro a esa clase de personas que me dicen las cosas a la cara, y me defienden cuando escucha mentiras si no estoy presente.
Vive y deja vivir, esto creo que es simple de practicar, aunque difícil para algunos.
Llega un momento en la vida en que te hace ver las cosas de diferentes forma; hoy estás aquí y mañana no se sabe dónde.
Si analizas la maldad que nos rodea, el odio ajeno que intenta hacer daño, que intenta separarte de las personas a las que quieres, piensas que esas personas están vacías de sentimientos, que la vida son dos días y medio y que estamos aquí para disfrutar, reír, amar, soñar..., para intentar hacer el bien y dar calor a quienes queremos, y también a nuestros semejantes.
Pon corazón en todo lo bueno que hagas, desecha todo lo malo.
Antes de hacerte el importante, párate a pensar que nadie es más que nadie.
Vive en paz contigo mismo y con quién te rodea, que vas a vivir mejor.
No pidas amistad a miserables que no valen la pena; si se la das, la destrozarán.
Nos quejamos de la corrupción a gran escala, como por ejemplo la de los políticos, pero los políticos están hechos de una materia corrupta, aunque los hay (pocos, casi ninguno) que quieren lo mejor para su país.
Leo declaraciones de Amor en las redes sociales por personas que engañan a su pareja, y son tan valientes para publicar su Amor como si nada, sabiendo que su Amor no es puro, que lleva intereses ocultos.
Hay algunos “amigos" que vienen y van en sus relaciones amorosas, y al volver exigen el máximo de atención como si fuese tu obligación.
Hay gente en autobuses públicos que no ceden su asiento a personas incapacitadas.
Hay peatones, y no sólo niños, paseando por aceras en monopatín o bicicleta, como si no existiese nadie más, como si las aceras fueran de su propiedad.
Hay personas que hacen lo que sea con tal de romper una relación familiar o amorosa.
Hay conductores que no ayudan a cambiar de carril, como si le fuese la vida.
Hay mafias que nos rodean, que se aprovechan de las personas indefensas, intimidándolos con arma en mano, que incluso la utilizan para herir y hasta para matar.
Hay quien se permite criticar a otro, ¿pero está seguro de que su conciencia está limpia?
Veo con satisfacción que aún queda bondad, que hay gente con buen corazón, incapaz de herir, mentir u obrar con maldad.
También hay quien protagoniza malas acciones y se queja de la actitud ajena.
Abre tu mente y sube la mirada más allá de tu ombligo.
Ama a las personas por lo que ofrecen.
No descuides el Amor, no te pertenece y lo puedes perder igual que lo ganaste.
Antes de criticar por criticar, párate a analizarte e intenta ser menos egoísta.
Si intentásemos ser mejores personas y lo conseguimos, los que no lo intentan, a buen seguro que sentirán vergüenza por sus actos.
Como perla final, añado una que necesita de recapacitación: “ningún bebé nace siendo mala persona; la vida y las circunstancias son las que lo van transformando”.
Tal vez el Amor no sea para todos un sentimiento puro, pero para mí sí.
Me resulta hartamente difícil llegar a la convicción de que los libros mientan venturas amorosas, que las confidencias entre los amigos sean fraudulentas, y es por esto que tengo que admitir que sí, que existe el placer de amar intensamente, esa clase de placer que jamás he conocido.
Y no he conocido jamás el placer de amar intensamente porque yo he llevado mi amor de una forma atormentada, como un cáustico cilicio de fuego y de amargura.
Aunque de más joven he amado con todo lo que había en mí de sórdido y elevado, a ras de tierra y altamente, pero (que todo hay que decirlo) ahora, a la vejez odio de la misma manera que antes amaba; es como una especie de círculo de Amor y odio, cual soga de fuego pendiendo de mi cuello.
Una relación de amistad entre un hombres y una mujer trae siempre consigo la sospecha de convertirse en algo más. Pero lo cierto es que esta clase de vínculos afectivos no sabe de géneros, sabe sólo de personas.
¿Pero qué ocurre con la amistad entre un hombre y una mujer? ¿Es realmente posible?
Lo concreto es que sí, que es posible ser amigo o amiga, sin que ello implique que pueda convertirse en romance, aunque esto sólo llegue a ocurrir en casos determinados.
Algunas mujeres prefieren tener amigos varones a amigas hembras porque piensan que con las personas de su mismo sexo se puede generar envidias o recelos competitivos, que con ellos no es frecuente que ocurra.
Por su parte, para los hombres, tal vez, sea mejor sostener amistad con una mujer, pero por la simple razón de que pueden poner en juego ese lado femenino que todo varón lleva en su interior, sin que necesariamente sea afeminado, como el prejuicio popular indica.
En todo caso, sea de uno u otro sexo la persona con la que vayamos a construir un vínculo amistoso, lo esencial es la confianza, la entrega, la sinceridad y, como sustenta el origen etimológico de la palabra, el cariño sobre todo.
Ahora que por San Internet se consiguen maridos, amantes, amigos con derechos a todo lo que sea, y hasta aquello que no se nos ha perdido, a continuación va un cuento que bien podría ser verídico.
Dos jóvenes (chico y chica) que residían en distintos continentes (Europa y América) navegaban en las redes e intercambiaban mensajes mostrando sus caras por cámaras, aparentemente se enamoraron. Tanto amor sentía el chico por la chica que decidió viajar a América para conocerla para poder ver si era tal y como la veía por cámara, porque estaba convencido que era el Amor de su vida
Después de un largo y pesado viaje en avión, incluso con un trasbordo y una travesía en barco, llegó a la ciudad donde vivía la chica.
Era recibido amablemente por la familia de ella; lo hospedaban en el mejor dormitorio de su casa, no se producía desilusión por ninguna de las partes, porque "estaba claro" que el chico era el idóneo para la chica, al menos eso era lo que creía él en un principio, que se quedó prendado de la belleza de Julia, que así se llamaba la chica.
Pero "la bella Julia" tenía un novio en su ciudad, sólo quería jugar por Internet a ver si pescaba a alguien que la sacase de la semi pobreza en que vivía, y el iluso forastero cayó en sus redes, y su dinero también.
Los primeros días, todo era un auténtico paraíso para él; lo llevaban a pasear, lo invitaban a cenar, a conocer la ciudad, y todo lo pagaba los padres de Julia, pero a medida que iban cogiendo confianza era Darío (que así se llamaba el chico) quien corría con todos los gastos y además se sentía inmensamente feliz por su altruismo.
Diecisiete días duró "la Luna de Miel".
Darío se quería quedar a vivir en la ciudad de ella, pero los planes de Julia eran viajar y conocer mundo, al menos con ese cuento lo había engatuzado. Pero algo diferente había pensado él; como tenía posibilidades económicas, porque poseía un magnífico negocio en su ciudad y ya había viajado por todos los rincones del planeta, lo que quería era descansar y pasar el resto de su vida en la ciudad de su amada, lo que no le gustó a Julia ni tampoco a su familia, compuesta por padre, madre, tres hermanos y una tía y un perro, que se veían ya todos ellos volando al otro lado del charco.
Al ver la familia de Julia que Darío se había acomodado en su nueva residencia, se reunieron a escondidas para estudiar la forma de sacarle todo el dinero.
Y así fue; le hicieron comprar un chalet, dos coches e incluso montar un buen negocio, pero cuando vieron que ya no ponía más huevos de oro la gallina de los huevos oro, lo echaron de la casa a patadas.
Julia, con unas excusas banales, le dijo a Darío que había dejado de quererlo, que lo mejor para los dos era que volviese solo a su país. !Pero cómo, si todo lo tenía allí invertido!
Pues le tocó al ingenuo y "enamorado" de Darío llamar a sus padres para que le enviasen dinero para comprar el pasaje de regreso, con una mano delante y otra detrás, el corazón roto y los bolsillos pelados, mientras en la ciudad de Julia se quedaba la mujer de su vida, que resultó ser una lagartona de cuidado.
La noche era calurosa. Apenas traía una brisa para alejar los fantasmas que iban naciendo del humo de su puro habano. Jorge, Don Jorge (sentado en su sillón favorito del salón de su mansión, la cual estaba junto a su cala privada, rodeada de tierras innecesarias, herencia de crímenes a la fuerza olvidados, y verjas de acero aún más innecesarias por ser antes las del miedo que la jerga llamaba respeto) miraba, aparentemente tranquilo, el negro mar invertido en el Cielo.
Un murmullo incesante resucitaba recuerdos a la lejanía, que la desnutrida esponja de su presente se encargaba de enjugar. Alguien tenía que decirle al aspirante a capo, Jorge, luego Don Jorge, que ni los zapatos de cemento, plagiados de películas del cine americano; ni las blancas rayas de polvo y el costoso alcohol, ni euros a toneladas, ni las noches orgiásticas de sexo catártico, podían acallar las eternas voces susurrantes de los muertos. Y no era que no pudiese disfrutar de sus costosos placeres, ahora tenía que compartirlos con las permanentes presencias de ellos en su cabeza. A veces se preguntaba si el trayecto hacia su ambicionada cumbre merecía la pena. Pero la respuesta era siempre la misma: un amargo trago de un costoso whisky.
El mar y la vida y la muerte ¡Qué pequeño era todo comparado con la inmensidad!
Sus contemplaciones era lo único que no le causaba hastío, con un ir y un venir clamorosos e idénticos de olas, días y días y espumas, volvían a él las travesías en el interior de su lujoso y suntuoso yate, que eran como un juguete en sus caprichosas manos de un gigante pueril. Inconsciente de su inmenso poder, las emociones se sucedían entre los rugidos de las balas, un dios embrujo que se disipaba al pisar tierra firme, dejando en su lugar un anhelo, una llamada que, tarde o pronto, obtenía su respuesta. Y su regreso.
Nada se movía aquella noche, salvo el mar bravío. A través del vapor de sus ojos, Jorge, Don Jorge, hipnotizado, veía las olas barriendo la arena y los brazos de una gigantesca ameba, tímida a pesar de su monstruosidad.
A unos cinco metros de la orilla de la playa, donde el agua no llegaba a las rodillas, aparecía un bulto de un color negro que, venciendo resistencias, avanzaba lentamente hacia la orilla, y según avanzaba se veía que era la cabeza de una emergente y cheposa figura. Jorge, Don Jorge se frotaba los ojos, pero la imagen permanecía. En ese momento, el agua lamía sus rodillas, sin duda era un hombre, pero cubierto de harapos, algas o de alguna suerte de camuflaje para tratar de pasar inadvertido, como los comandos de las fuerzas especiales del ejército.
Jorge, Don Jorge sabía que, de un momento a otro, los sobornos y algunos resortes oscuros dejarían de darle la burbuja de protección en la que vivía, pero no imaginaba, ni remotamente, la manera en que le tenderían la trampa, quizás por ver eso tan improbable e impreciso. O era eso, o aquel buzo despistado había elegido el peor lugar para perderse.
Pero no era un comando. Ahora observaba, con los ojos bien abiertos, los vaivenes innaturales con los que aquel hombre arrastraba su cuerpo, playa adentro, dejando dos surcos paralelos en la arena tras sí. Jorge, Don Jorge no era miedoso, no lo había sido nunca. La única vez que había tenido miedo, para recorrer sus venas habrían tenido que reventarle el corazón a otro, hasta entre los habituados al espectáculo de la sangre puesta en libertad. Pero, sin embargo, la visión de aquel tullido enajenado o quién diablo fuese, empezaba a inquietarlo, razón sobrada para dispararse su inestabilidad, su orgullo homicida.
Sus empleados se habían ido a la ciudad, a divertirse un poco con chicas, por su orden expresa. Quería estar solo esa noche, pero ahora había un intruso; eso sí, con dos cojones distorsionando sus planes. Así que tendría que ocuparse él solo de este peliagudo asunto.
Echaba una última ojeada por encima de la balaustrada a aquel loco que estaba penetrando sus propiedades, que cada vez estaba más cerca, pero no lo suficiente todavía para que la Luna iluminase su cara.
Venía llegando, entonando un mecánico murmullo, tan grave como el rumor de las olas, pero Jorge, Don Jorge no podía distinguir su cara desde la altura que los separaba. Se daba media vuelta y corría hacia su despacho. Ya allí, destrababa del armario su viejo fusil, obsequio de su socio venezolano, muerto en un aciago negocio, año atrás. Cogía tres cargadores y se iba de nuevo hacia el salón. Cargaba el arma, y, acomodando la culata a uno de sus hombros, buscaba la cabeza del desconocido con la mira de la boca del cañón de acero. Pero estaba fuera de su alcance.
Dos surcos gemelos en la arena conectaban el mar con el pórtico de su mansión. No podía verlos hasta que, un golpe de fuerza brutal, impactaba contra la pesada puerta reventándola en infinitas astillas y esquirlas de vidrio repiqueteando como un llanto de una tormenta. Acababan de invadir su casa. Jorge, Don Jorge, aplastando su temor bajo la estampida de una ira incontrolable, atravesaba corriendo su oficina y descendía por unas escaleras, de suaves curvaturas, que llevaba hasta la planta baja. Escalón a escalón, la correa del arma asida al brazo, pie tras pie, Jorge, Don Jorge salía al encuentro del invasor, mientras el murmullo balbuceante de un cántico de palabras sin aire penetraba, ahora sí, con claridad en sus oídos.
En aquella noche serena, por encima de las ensoñaciones sonoras de la espuma y la sal, se podían escuchar palmariamente treinta disparos ininterrumpidos, pero un solo grito.
El inspector Gutiérrez entró a la estancia. Un clamoroso olor a whisky inundó sus fosas nasales. Y aun viendo la escena, modo curioso es el que emplea el cerebro al operar, el primer pensamiento que esbozó su mente fue que sólo el cuarto de baño era más grande que su casa entera. Después, se percató de la presencia del comisario Pérez, tras sus enormes mostachos.
—Le estaba esperando, Gutiérrez. Empezaba usted a retrasarse. —Comisario, parece que es un ajuste de cuentas. —¡No me diga, Gutiérrez! Su sagacidad no deja de sorprenderme. Y yo que había pensado que se trataba de un desafortunado accidente doméstico.
Del borde de la bañera colgaban los pies de Jorge, Don Jorge, sumergido en un líquido ambarino. Sus manos estaban crispadas, y sus ojos conservaban una mirada particularmente horrible de un terror cristalizado en el tiempo. Desencajada o rota su mandíbula, permitía que un selecto habano permaneciese obstruyendo la boca, en una cruel angulación.
—Bueno, pues ya podemos comenzar a repasar la lista de los miles de sospechosos que ansiaban la muerte de este angelito. —¿Alguna pista reveladora en primera instancia, señor comisario? –preguntó Gutiérrez. —A ver qué le parece esta. Aún no sé cómo interpretarlo –dijo el comisario, tendiéndole una caja vacía de puros habanos, cogida con las enguantadas puntas de dos dedos.
Sobre la fina tapa de la cajita rectangular de madera de los puros habanos, en una inscripción grabada con letras gruesas en oro de 24 quilates, se podía ver y leer: “muchas felicidades; te quiero, papá”.
Un fin de semana cualquiera de un caluroso verano cualquiera.
Se querían y vivían juntos desde hacía poco menos de una década, pero nunca habían viajado a ninguna parte, ni en automóvil, ni en barco ni en tren.
Una buena amiga de ella la animó a hacer un viajecito ese finde en su coche o en el suyo.
Decidieron amabas que el coche de ella era más confortable y amplio; por tanto, el indicado para hacer el viaje.
Así que las dos amigas se acomodaron en los asientos delanteros, y él, como sabía de sobra que conducir no era lo suyo, se ponía en medio del asiento de atrás.
Durante el trayecto, las dos mujeres parloteaban, sin cesar, de sus cosas, y cada ciertos kilómetros se alternaban al volante; mientras él miraba, embobado, los revoltijos de los cabellos que la aviesa brisa, que se colaba por las ventanillas, formaba en la larga melena azabache de su amada.
Tras un breve descanso y una bebida refrescante en una área de servicio de la autovía, ella, con sueño, le decía a su amiga que se iba a pasar al asiento de atrás; se tumbaba; y, en el acto, se quedaba dormida.
Entonces él, estirándose al máximo y con el cinturón de seguridad distorsionándole el cuello, se aproximaba a los labios de su amada y los besaba, y frente a tan bonita quietud de una cara venerada, su reprimido Amor animal se desataba y seguía besándola, y ahora en las dos mejillas, en las orejas y el pecho semidescubierto.
Hasta que ella se removía inquieta con los ojos cerrados y le decía:
“¡Para ya, perro bobo, y déjame dormir un ratito!”.
Nos ocurre a los humanos que pasamos de algo que aparentemente parece normal y no nos detenemos a recrearnos. Y en realidad no es tan normal; son pequeños grandes detalles. Con el tiempo, aunque puede ser tarde, caemos en la cuenta de que cada uno de ellos enriquece nuestra sensibilidad
Los pequeños grandes detalles
Una simple mirada, un simple gesto cubre tu atrayente rostro entre miles. Quizá no sea para siempre, quizá se desvanezca con el tiempo, todo es tan efímero que asusta. A veces reprimimos nuestros sentimientos, esperamos a que todo ocurra, y punto.
En muchos momentos de nuestra vida estamos pendientes de nosotros mismos, y nos olvidamos de preguntarnos cuál es el próximo paso. Pedimos consejos a personas de nuestra confianza, contamos los minutos esperando que lo que queremos ocurra y nos cambie la vida que no sea un sueño, que sea una realidad.
Olvidamos lo que escuchamos de nuestros mayores. Por ejemplo, que la vida es corta, que tenemos vivir nuestra realidad y buscar la felicidad en lo que nos haga sentirnos completos. ¿Eso es fácil? Vivimos atrapados en una realidad que a veces no es la nuestra, quizás automatizamos nuestras acciones, pensamientos e incluso sentimientos. Gestionamos todo a través de la razón, y muchas veces hay que mirar a través de nuestro corazón.
¿Quién no se ha sentido perdido alguna vez?
¿Quién no ha perdido la cabeza alguna vez por una simple mirada entre miles, millones de ojos desconocidos?
Pocos nos hemos parado a pensar que la respuesta puede estar dentro de nosotros mismos.
La vida nos trae sorpresas dulces, sorpresas amargas nos trae la vida. Y en las cosas del querer, las sorpresas se multiplican, algunas esperadas y otras inesperadas.
¿Quién le iba a decir enamorada pero despechada chica que el hombre que la conquistó en su día, con sublimes detalles y también con promesas "torre de arena", era el mismo que más tarde la estaba haciendo sufrir permanentemente? "Ni contigo ni sin ti". La vida de él, con respecto a ella, era como el perro del hortelano.
Ese relato no es un relato ficticio, es una verdad catedral. Sólo basta con darse una vuelta por ahí y ver el comportamiento de esas parejas, lo que simulan, la hipocresía chorrea de los labios de ambos. Y me pregunto yo:
"¿Por qué siguen juntos?".
Si en una relación sentimental, una de las partes, o las dos, están viendo que no van a ninguna parte ¿para qué seguir? ¿No sería mejor una ruptura civilizada y quedar al menos como amigos o conocidos?
Pero no; nos obstinamos torpe o deliberadamente en joder la marrana la una al otro o el otro a la una. Y claro, al final pasa lo que pasa. Más odio, más rencor. Y así es imposible hallar una armonía (o harmonía, un caprichito "H" de la RAE).
Los humanos somos animales de costumbres y de apariencias, y herméticos en las cosas del querer cuando estamos enamorados, y también en otros aspectos de la vida, pero en ese relato, hablo y me centro en el Amor y el desamor.
¡Qué bonito es el Amor! ¡Qué horrendo es el desamor!
¡Ay si yo fuera invisible y siguiera mi sempiterna copla de un mundo mejor! Pero no soy invisible lo soy, soy un incomprendido que no se comprende. Pero mi comprensión tiene el mismo peso que mi incomprensión. Y esto último no es un trabalenguas.
Hemos crecido un mundo en el que la sociedad ha definido el concepto de la belleza, tanto para las mujeres como para los hombres. Se han establecido normas y tallas para estas definiciones, y hoy, ante los ojos de la sociedad, una mujer guapa disfruta de tener un cuerpo esbelto de la talla pequeña. En el caso de los hombres, sería un cuerpo tonificado y marcado
Muchas y muchos se han sometido a unas arduas dietas y rutinas de ejercicios para cumplir con los requisitos de la belleza frente a la sociedad. Pero lo que se nos ha olvidado es que la anatomía y la estructura del cuerpo juega un rol importante, así que es hora de que comprendamos y aprendamos a querernos tal y como somos, tal como lo han hecho muchas mujeres de la talla plus.
La búsqueda tenaz de la delgadez se ha transformado en un ideal que poco a poco comienza a tener unos adversarios que se atreven a alzar la voz. Se ha emprendido la revolución plus.
Las personas suelen ser divididas en dos grupos: las que encajan en los parámetros y las que no encajan, sin duda, uno de los conceptos más citados en el mundo de la moda. Hay miles de informaciones para disimular tus supuestas ‘imperfecciones’, o como hacerte lucir más esbelta.
Muchas modelos han levantado la voz y han demostrado que no hay nada que esconder y así se desató la revolución apoyada por miles de mujeres.
Tal tendencia se ha popularizado de tal forma que las mujeres de la tallas XXL ya no temen mostrar sus curvas en la playa, y se atreven a lucirlas en las redes sociales.
Definir lo que es realmente la talla XXL se ha convertido en un problema social y en el mundo de la moda. Esto por supuesto nos trae de vuelta a la industria de la moda donde una de las modelos de una marca reconocida de ropa interior se convirtió en la primera modelo con talla 40 que para información general es la talla más común entre las mujeres del mundo.
Muchos deben estar pensando que la talla XXL es en sí todo lo que no sea una talla super pequeña, como la 0. Pero realmente no es ni lo uno ni lo otro, no hay talla sin fichaje. La sociedad nos ha acostumbrado a ver las tallas mínimas como lo ‘normal’, y la XXL como ‘fuera de la norma’.
Como toda revolución en la historia, muchos movimientos se han creado alrededor del mundo para eliminar los requerimientos extremistas de la industria de la belleza. Existen modelos que han hecho posible que este fenómeno colabore a cambiar las percepciones que hay acerca de la belleza. Tanto así que Instagram ha tenido que disculparse por eliminar fotos de algunas mujeres, cuyos cuerpos no pertenecen al estándar que impone el sistema de la moda.
Fabricar ropa para las mujeres XXL va más allá de apartarlas de la moda: las curvas están ligadas a la provocación, a la seducción y a romper las reglas que durante muchos años impusieron los expertos en moda hacia las ‘gorditas’.
Las gorditas con cara sensual, rubias, morenas o pelirrojas, se han convertido en un referente a la hora de hablar de la belleza y sobre todo de la creatividad a la hora de mostrar la moda en una silueta como la suya, más común en el mundo de lo que se cree.
‘A las gorditas nos ha enseñado en nuestro propio hogar que tenemos que ocultar nuestro cuerpo, que tenemos que esconder nuestra figura porque no está cerca de lo que se considera belleza, por eso hay tantas reglas de cómo tenemos que estar para pasar inadvertidas ante los demás’. Afirma una famosa actriz suramericana.
A pesar de que en Suramérica no hay un mercado que satisfaga las necesidades de las mujeres gorditas con curvas seductoras, se espera que con el crecimiento de ese movimiento por día, se produzcan creaciones que permitan a las mujeres gorditas disfrutar de las tendencias de la moda.
Igual que Internet ha logrado dar mayor voz al feminismo, me pregunto si también lo ha conseguido con mujeres de tallas grandes. Muchas mujeres opinan que sí, que Internet se ha impuesto en todo y hace que las empresas de la moda se den cuenta de que esto es más plural.
Pero no nos engañemos, las marcas de ropa son un negocio que abre franquicias o tiendas con tallas grandes porque es rentable. Cada vez hay más gente que las necesita, así que ellos cubren una necesidad, a la vez que aumentan su negocio en producción, consecuentemente en ganancias
Esta revolución existe para ayudar a traspasar el estándar y construir el propio, para que las gorditas se acepten como tales, sin sentirse culpables o raras por ello o incluso para saber que son raras, pero que les da igual porque prefieren ser felices.
Esta es una revolución que no viene de las marcas, cuyos intereses a fin de cuentas es conseguir más ingresos: es una revolución que empieza por poner voz a distintos tipos de mujeres, que han hallado un altavoz en Internet.
Aunque aún queda mucho camino, no podemos estar hablando de una verdadera revolución si seguimos usando eufemismos. Llegará cuando la gente use la palabra ‘gordo’ con la misma libertad que usa ‘delgado’, cuando la palabra ‘gordo’ deje de ser un insulto o un tabú.
Cuando las abanderadas de esta revolución dejen de ser famosas y sean mujeres que usen una talla 44, 46 o 48 y no tengan cintura de avispa, cuerpos de guitarra y figuras absolutamente esculturales.
Cuando los fabricantes dejen de hacer catálogos separados, los de la gente ‘normal’ y los de las ‘curvas’, y en las tiendas dejen de segmentar la ropa; es más, cuando los fabricantes hagan ropa con la que una chica de la 44 no sienta que está vistiéndose como su madre.
Cuando en las pasarelas veamos distintas tallas, sin que esto nos asombre o sea un motivo para aplaudir al diseñador de turno. Y en definitiva cuando las marcas dejen de promover ‘belleza real’, que deja fuera de la realidad a infinidad de mujeres.
Después de preguntar a amigos, de escuchar miles de opiniones y de leer mucha información al respecto, puedo decir que, para mí, una mujer con curvas es aquella que tiene carne de más, sin dejar de preocuparse por su salud y apariencia y sobre todo que está orgullosa de todas y cada una de sus curvas.
Y me parece importante comenzar con mi definición, por aquello de que todos los que andan en este mundo de la moda promueven la obesidad.
Dudo que alguien que vea a un pibonazos diga: ‘quiero ser tan linda como ella. ¿De verdad creen que alguien haría eso? En mi opinión, es una solemne tontería.
Las modelos XXL tienen los mismos cuidados que las modelos regulares. Hacen sus ejercicios y controlan su alimentación, aunque de una forma quizá más satisfactoria, no comiendo sólo una manzana y un café al día.
¿Flaca? ¿Gorda? O peor, ¿Normal? ¿Qué es una mujer normal? Quizá un promedio, pero jamás normal. O mucho mejor, simplemente MUJER.
Esta nueva tendencia pro curvas es un movimiento que busca promover la auto aceptación y el amor propio. Nuestro cuerpo es nuestro templo, nuestro lar, por ello debemos cuidarlo, amarlo, independientemente de su constitución
Y olvidemos ya la tristeza, porque no tengamos el cuerpo perfecto que la sociedad define como ‘el correcto’. Las gorditas son mujeres hermosas con curvas. El secreto para que todo este tipo de ejercicios funcione es que se crean que ‘son hermosas y chulas sus curvas’.
¿Aún no se animan a creerlo? Aquí les dejo 5 pasos para que comiencen a buscarle el lado bueno a sus curvas.
Busca hacerte de amistades positivas, rodéate de gente que aporte cosas bonitas a tu vida. Intenta hacer actividades sanas, para mejorar tu estilo de vida y el de tu grupo de amigas. Este punto aplica a la familia, intenta juntarte con tus familiares que te den cosas bonitas y no te hagan pasar malos ratos.
Cambia tu chip; lo principal para ser feliz es que te creas capaz de ser feliz. No es caso que vayas por la vida buscando algo que no crees ser capaz de recibirlo. Si tienes curvas, también tienes más espacio para sentir las bondades de la felicidad en tu cuerpo.
Aprende a estar sola, una cosa que siempre caemos en el error es que no somos capaces de conocer lo que realmente queremos, y es simplemente porque estamos ocupadas atendiendo a las demás personas. Si estamos solas, nos daremos cuenta de las cosas que realmente queremos, nuestros gustos y nuestras molestias.
Cambia tu alimentación, evita comer de más y de mala calidad. Una alimentación sana hace que tu cuerpo sea capaz de recibir positividad. No quiero que se maten de hambre, pero traten de mejorar los hábitos que todos sabemos que es malo.
La felicidad es un sentimiento de momentos, nunca podremos ser felices todo el tiempo, pero podremos hacer cosas bonitas que nos faciliten tener una vida mejor. Las gorditas casi siempre caen en acciones que impiden sentirse felices, pero ¡basta ya!, el no tener la figura perfecta no es razón para no ser felices.
Ellas son las nuevas heroínas de la revolución curvas. Estas son las mujeres que aceptan su cuerpo tal y como es. Cuerpos naturales que se aceptan a sí mismas y ¡no piden perdón por sus curvas!
Las mujeres con caderas anchas parecen más inteligentes
Ese estereotipo sexista de una mujer cosificada, tonta, pero atractiva, parece estar en cuestión tras un estudio realizado por científicos, el cual asegura que las mujeres con grandes caderas y cintura de avispa, parecen más inteligentes que la media. También menciona que a menudo dan a luz a hijos con destacados niveles de inteligencia.
Tal estudio ha puesto en contraste a las mujeres orondas o a las escurridas de caderas con las mujeres de caderas anchas y cintura fina. Al compararlas, los sorprendentes resultados apuntan a que uno de los factores que determina la inteligencia en mujeres y sus hijos, es una proporción que puntualiza que el contorno de su cintura sea menor en unas 0,6 y 0,7 veces al de su cadera.
Esa investigación tuvo una selecta muestra de 16.000 mujeres y niñas, a quienes se les midieron sus características antropométricas y se les puso a selecta prueba su nivel de inteligencia. Los resultados llegaron a la conclusión expresada en el párrafo anterior.
¿Y por qué las mujeres de caderas anchas parecen más inteligentes?
La explicación a este curioso fenómeno radica en los tipos de grasas que la anatomía femenina acumula en caderas y cintura, según afirma la investigación. En las caderas se contiene grasa con niveles muy altos de ácidos grasos de Omega3, que están asociados estrechamente con el desarrollo del cerebro.
La grasa depositada en torno a la cintura es muy rica en ácidos grasos de Omega6, los cuales, por contra, obstaculizan el desarrollo cerebral e inciden, entre otras cosas, en los procesos cognitivos.
Un estereotipo físico que está relacionado con las conclusiones de este estudio es el físico de Rachel Weisz, la actriz británica que ganó un Oscar por su papel en la película El Jardinero fiel, y que se graduó en Literatura inglesa, nada menos que en la Universidad de Cambridge, y todo eso mientras estudiaba teatro.
Esa teoría no ofrece una regla general para las mujeres y su inteligencia, simplemente intenta arrojar uno de los posibles factores que pueden incidir en la inteligencia de las féminas.
Hay que reconocer que es curioso. ¿Será este estudio realmente confiable o se tratará de otro de esos estudios extravagantes, con pocas muestras y unos resultados que solo se aplican a una determinada región socioeconómica, geográfica y cultural?
En los últimos años hemos podido ver algunos de los impactos del cambio climático en nuestro planeta, y no solo en el clima, también en el medio ambiente.
El cambio climático es una alteración grave del equilibrio ambiental y sus consecuencias pueden ser terribles si no se busca una solución y se toman unas medidas drásticas.
Es inevitable pensar en el aumento de la temperatura y el nivel del mar como las fatales consecuencias. Y aunque no son las únicas y la mayoría se derivan de esas, estas son las más importantes:
Aumento de la temperatura media de la tierra. Es Una de las principales causas directamente vinculada con la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero. El calentamiento terrestre ha sido el doble en los últimos cincuenta años, que en los cien anteriores, y de seguir así, se prevé que la temperatura media de la tierra pueda llegar a aumentar hasta 4°C en el año 2050. Las consecuencias que implicaría esta subida de las temperaturas pueden ser problema de salud en ancianos y niños; los más vulnerables en los días de calor, la facilidad de reproducción de algunos insectos que provocarán enfermedades a las plantas y afectarán a los cultivos. La alta temperatura generará un aumento de la deshidratación, y por tanto, de la demanda de agua potable y a su vez la capacidad de los embalses se verá mermada causando un desabastecimiento.
Aumento del nivel del mar y de su temperatura. El incremento de la temperatura global terrestre provocará la fusión del hielo glaciar, lo que generará un aumento de agua en mares y océanos. Según los científicos el nivel del mar puede aumentar 20 metros de aquí al 2100, lo que supone peligro para las ciudades que se hallan situadas en la costa o terrenos por debajo del nivel del mar. Lugares como Países Bajos, Calcuta, Bangladesh, Beijing, Shangai, Florida o San Francisco, se verán seriamente amenazados Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y de Estudios Ambientales, uno de los primeros ejemplos de las consecuencias podría producirse en el mar Caribe, donde se prevé que el nivel del mar aumente 40 cm para el año 2060, lo que provocaría invasión de las aguas subterráneas utilizadas para el abastecimiento por parte del agua salada del mar, ocasionando graves trastornos en el consumo de agua dulce. No solo el nivel del mar aumentará, también su temperatura, propiciando a la acidificación de ambos y poniendo en grave peligro a numerosas especies vegetales y animales.
Aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos. El incremento de la temperatura del agua de los océanos conlleva un ascenso del nivel de evaporación del agua y del índice de nubosidad, lo que causa aumento de la frecuencia e intensidad de las tormentas, tornados y huracanes. Tradicionalmente esto sólo pasaba en el Caribe, pero la tropicalización de los mares, provoca que éste fenómenos se dé hoy por hoy en cualquier lugar del planeta. Fuertes olas de calor, inundaciones o sequías son los fenómenos cada vez más habituales en nuestro planeta, cuya voracidad y frecuencia se estima que se ha duplicado en los últimos 30 años.
Cambios en los ecosistemas. Otra de las muchas consecuencias del cambio climático es el cambio que se produce en los ecosistemas. Aumento de la desertificación, extensión de la región tropical hacia latitudes más altas o el desplazamiento de las regiones boscosas hacia regiones que hoy forman parte de la tundra y la taiga. Por no mencionar los graves cambios que sufrirán los ecosistemas costeros, quizás los más afectados, debido al aumento del nivel del mar, provocados por la inundación de sus costas.
Peligro de extinción de numerosas especies vegetales y animales. Estos cambios desastrosos e irreversibles en los ecosistemas comprometen la integridad de numerosas especies vegetales y animales y constituyen una seria amenaza para su conservación. El oso polar mismamente puede ser el primer afectado, pues actualmente se puede observar cómo su población disminuye a medida que aumenta su dificultad para aclimatarse a la pérdida de su hábitat en las regiones del Ártico. Otro, puede ser la población de corales, gravemente afectada por el incremento de la temperatura del mar. Según los expertos entre un 20/30% de las especies animales y vegetales podrían verse en peligro de extinción por un incremento de entre 1,5 y 2,5 °C en la temperatura media global de la tierra.
Sequía. La disminución del nivel de agua dulce, en los ríos y los lagos, debido a la evaporación causada por el incremento de la temperatura, provocará un nuevo problema, la sequía. La sequía contribuirá altamente a la desertificación de suelos, perdiendo estos una gran parte de sus nutrientes y empobreciendo su composición, generando por tanto un grave problema para el cultivo.
Efectos sobre la agricultura y el espacio forestal. El aumento de las temperaturas y la escasez de agua contribuirán a la dificultad de cultivo y reducirán su productividad provocando una escasez de alimentos y un aumento del hambre en el mundo. Aumentarán además los incendios en las zonas forestales, provocando la desaparición de esos grandes sumideros de carbono y contribuyendo aún más al impacto del cambio climático en el planeta.
Impactos sobre la salud humana. Según la localización y de la capacidad de adaptación de las regiones, las redundancias del cambio climático serán negativas para la salud humana. Se producirá un incremento de personas con malnutrición, así como el número de personas fallecidas directa o indirectamente por fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, tormentas, sequías, olas de calor o incendios.
El entendimiento de la Mente y el Cuerpo es vital para el organismo
La influencia de la mente sobre el cuerpo es muy clara. Del mismo modo que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo y nos causan temor, miedo o preocupación, muchos problemas psicológicos causan síntomas físicos.
Las enfermedades psicosomáticas son frecuentes; un 12% de la población europea padece estas molestias, y se considera que una cuarta parte de las personas que acuden a los médicos de atención primaria presentan este tipo de enfermedades.
¿Pero qué son las enfermedades psicosomáticas?
En términos generales se entiende que una persona sufre de somatizaciones cuando presenta uno o más síntomas físicos y tras examen médico, dichos síntomas no pueden ser explicados por enfermedad médica. Además, pese a que la persona pueda padecer una enfermedad, los síntomas y sus consecuencias son excesivos en comparación con lo que cabría esperar. Todo ello causa a la persona que sufre de estas molestias un gran malestar en distintos ámbitos de su vida.
Debido a la falta de tiempo en las consultas y al difícil diagnóstico de las enfermedades somáticas, la medicina tradicional tiende a centrarse exclusivamente en los síntomas físicos de la enfermedad, olvidando las verdaderas causas del problema, o aquello que lo puede estar manteniendo. Es corriente hallar personas que se quejan de haber recorrido varios médicos sin que les encuentren nada; sin embargo, siguen sintiéndose mal y presentando algunos de los síntomas antes comentados. En muchas de estas ocasiones estamos ante problemas psicosomáticos.
Con frecuencia, los médicos tratan con fármacos a dichos pacientes administrándoles algún ansiolítico, pero al cabo de un tiempo vuelven con el problema sin resolver o con otros síntomas diferentes. Así pues, finalmente el médico deriva a esta clase de pacientes al psicólogo alegando que todo es una cuestión de “nervios”. Sin embargo, desde el punto de vista del paciente, el no encontrar una causa física le hace pensar que puede tener una enfermedad psicológica y consecuentemente teme por su salud mental. De igual modo, las personas que padecen estas dolencias no entienden muy bien qué les pasa y se muestran reticentes a acudir a un psicólogo porque no comprenden cómo semejante profesional les puede ayudar. Tal vez, por semejante motivo, cada vez hay más gente que busca una primera respuesta en medicinas alternativas, que a larga tampoco solucionan su problema.
Actualmente la psicología de la salud y la medicina conductual se encargan de estudiar esta la relación Mente-Cuerpo y de tratar al individuo desde una perspectiva más amplia, teniendo en cuenta la importancia tanto de los factores biológicos como de los psicológicos y sociales en el comienzo o el mantenimiento de algunas enfermedades.
¿Por qué el médico me dice que debo acudir al psicólogo? ¿Si mi problema no es físico, a qué se debe? Éstas y otras preguntas similares son comunes en personas que padecen somatización y que son derivadas a un psicólogo.
Las personas que padecen problemas psicosomáticos no han conseguido encontrar una causa orgánica a sus síntomas o tras realizar distintos tratamientos médicos éstos no mejoran. Incluso hay ocasiones en que los fármacos les ayudan durante una temporada, pero entonces aparece un nuevo síntoma. Las personas que se hallan en esta situación no creen tener un problema psicológico, y siguen acudiendo de médico en médico para encontrar una respuesta física. Sin embargo, cuando se indaga un poco en su rutina diaria, ésas personas tienden a darse cuenta de que hay algo en sus vidas que les crea un malestar o una ansiedad. No se trata de tener un trauma infantil ni nada por el estilo, simplemente que hay ocasiones en las que algo nos supera y no sabemos cómo hacerle frente, o llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado como para que nuestro cuerpo no se resienta.
Por lo general, se tiende a pensar que las enfermedades psicológicas solamente causan tristeza, llanto, sentimientos de inferioridad y otros síntomas que no tienen que ver con el cuerpo, sin embargo, esta idea es errónea. Nuestros emociones influyen en nuestro cuerpo, al igual que éste influye en nuestras emociones.
La ansiedad, el estrés y la depresión actúan directamente sobre diferentes hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas enfermedades. Un ejemplo serían los estudios que relacionan el estrés con el cáncer. En este sentido, se ha demostrado que éste puede influir tanto en el origen como en el curso de la enfermedad. Del mismo modo, se ha demostrado palmariamente que la persona que padece depresión presenta una debilitación del sistema inmunológico o de defensa, con lo que pueden enfermar con más facilidad o bien les puede ser más difícil recuperarse de ciertas enfermedades.
Muchas enfermedades médicas están estrechamente relacionadas con el estrés. Entre ellas encontramos: la hipertensión, distintas enfermedades coronarias, el asma, la gripe, el cáncer, el hiper y el hipotiroidismo, las úlceras de estómago, el síndrome del intestino irritable, Cefaleas, el dolor crónico, contracturas musculares, impotencia, etc.
Tras ver que la depresión, la ansiedad y el estrés, entre otros, son factores que influyen tanto el origen, el mantenimiento y la evolución de distintas patologías físicas, es más fácil comprender la influencia de nuestra mente sobre nuestro cuerpo y el papel del psicólogo en nuestras molestias físicas.
Apoyado en la jamba de la puerta corrediza de la cocina, con el sombrero de paja sujeto con las dos manos, los bajos de los ajados pantalones de pana metidos en los calcetines, y una camisa de pana plagada de manchas y de arrugas, Anselmo, el capataz de aquella impresionante hacienda, esperaba.
Las once mujeres del servicio doméstico, todas cómplices, murmuraban desprecios hacia el propietario de la hacienda, que, aun pronunciados en susurros, Anselmo los escuchaba perfectamente.
Los diferentes olores en la enorme y lujosa cocina, equipada con muebles de alta calidad, alborotaban el sistema digestivo de Anselmo, y los continuados rugidos de sus tripas recrudecían los insultos de sus compañeras, cuyas se afanaban entre platos, cubiertos, ollas y fogones.
Anselmo cargaba el peso de su desgarbada y delgada anatomía en cada pie, a la vez que mantenía baja la cabeza, y fija la vista en el verde de la solería de cerámica del suelo de la cocina, como pensando, sabrá Dios en qué, pero lo más probable sería en su más que endeble economía.
A eso de las doce de la mañana, el señorito llegaba a la cocina con paso decidido desde el interior de su suntuoso caserón, precedido por el aroma del afamado y costoso perfume, "Esencia de Loewe" y, después de sentarse en un taburete de caoba ante una vitrocerámica de ocho placas, despectivamente hablaba a su capataz Anselmo, sin siquiera darle los buenos días, pero ni a él ni a ninguna de las mujeres del servicio.
-Anselmo, espero por tu bien que estén regados los maizales, los frutales, los algodones, las papas y los trigales.
Anselmo apenas movía los ojos para mirar a su patrón:
-Todo regado, don Alfonso.
Una taza porcelana “Cartuja-Sevilla”, con el mejor café colombiano, una jarrita con leche caliente, un azucarero con azúcar (todo a juego), varias tostadas de pan de pueblo, una caja de mantequilla margarina, seis tarritos de mermelada de variados sabores, y un zumo natural de naranja, de su propia cosecha, dispuestos frente al señorito estaban ya.
-Anselmo, lava con esmero los diez potros jóvenes. Poda el césped de los jardines, y también friega con “Zotal a Fondo” los suelos de las tres cuadras -y ajustándose el cinturón, miró hacia las mujeres:
-¡Qué una de ustedes avive el fuego de la chimenea, tú misma Pepa, que me estoy congelando vivo, joder!
Los dos interpelados superpusieron sus voces, casi al unísono:
-Sí, Don Alfonso.
El pobre de Anselmo sentía el golpe del olor del café como una bofetada, y oraba para su interior para que su estómago no le traicionase sonoramente.
-Anselmo, esta tarde traerán el nuevo coche “Mercedes” de la señora, que lo metan en un garaje aparte. ¡Y mucho ojo con que alguno de ustedes se vaya de la lengua! Es una sorpresa. Regalo de aniversario.
Y don Alfonso continuaba hablando, dando órdenes, pero Anselmo no le escuchaba ya; el hambre lo tenía trastornado y sus pensamientos volaban hasta su mísera vivienda. Sabía que su Josefa estaría con las manos en el agua helada, lavando las costosas prendas de sus patrones, después de haber llevado a sus tres hijos a la escuela. Muy temprano había desayunado Anselmo con sus hijos y su mujer: un vaso de leche y un trozo de pan, antes de salir de nuevo para seguir trabajando.
Como si hubiese leído los pensamientos de su capataz, la voz del señorito le llegaba en forma iracunda:
-¡Pero muévete, joder, que parece que te flaquean las fuerzas, como si muerto de hambre estuvieses! ¡Y sabes bien que me cuestas mucho dinero! ¡Dieciséis años pagándote un espléndido sueldo!
Y resulta que el pobre Anselmo estaba levantado desde las cinco de la mañana, sin desayunar porque le gustaba hacerlo con sus hijos, y precisamente desde la cinco y cuarto hasta las nueve menos cuarto había estado enfrascado en esas labores en la hacienda
“Dieciséis”, pensó Anselmo. Parecía que era ayer que “Lolo” le contase lo del casamiento de la señorita, ahora la señora. Su amigo, “Lolo”, le había dejado el trabajo de herencia, meses antes de morir.
-Así que os quiero a todos activos. Tú, Anselmo, te ocuparás de las luces del jardín y las de las terrazas. De las de la carpa se encargarán los organizadores. Serán cuatrocientos invitados. El menú será este: gazpacho, filetes de ternera y de cerdo, pescados variados, como plato principal. Como entremeses y entradas: 4 jamones ibéricos 5 bellotas de 9 kilos cada uno, 15 cañas de lomo ibéricas de 2 kilos cada una. Mariscos: 400 docenas de ostras, y gambas, cigalas langostinos, percebes y centollos. De postre helados variados, crema flan y fruta del tiempo. Toda la comida será preparada, cocinada, suministrada y servida por el restaurante “El Burladero”, con camareros uniformados del servicio a domicilio del mismo restaurante.
-Bueno, Eduardo, ya sabes, pon todo en funcionamiento. ¡Y sin fallos! -Ah, casi se me olvida. Ahí te dejé tu sueldo de este mes. Te aumenté 5 euros por… la verdad es que no sé por qué -se apresuró en añadir.
-¡Muchísimas gracias, Don Alfonso!
Anselmo salió feliz y sonriente de la cocina, a la vez que pensando...
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En un barrio pobre y marginado emergieron figuras que desafían las circunstancias y las normas sociales, ganándose el apodo de "Curro Jiménez" por su capacidad de redistribuir recursos y ayudar a los más necesitados.
Estos Curro Jiménez, aunque actúan al margen de la ley, se convierten en héroes locales para su vecindario, ofreciendo una luz de esperanza en medio de tanta miseria y adversidad.
Las motivaciones de estos Curro Jiménez urbanos son complejas y multifacéticas. Provienen de la misma comunidad que buscan ayudar. Crecieron en la pobreza, experimentaron la falta de oportunidades y son testigos directos de la injusticia sistémica que perpetúa la desigualdad. Este trasfondo personal brinda una comprensión profunda de las necesidades de sus vecinos y un fuerte deseo de mejorar las condiciones de vida de sus vecinos.
La falta de confianza en las instituciones oficiales y en el gobierno motiva a estos héroes a tomar medidas por su cuenta. La corrupción, la ineficacia de los programas sociales y la falta de acceso a los servicios básicos refuerzan la percepción de que la única manera de generar un cambio real es a través de acciones directas y fuera del marco legal establecido.
Las actividades de estos Curro Jiménez varían pero generalmente incluyen una combinación de redistribución de recursos, organización comunitaria y actos de desafío contra las autoridades. Algunos se dedican a la distribución de alimentos y medicinas, obtenidos ilegalmente, a las familias más necesitadas. Organizan eventos comunitarios, como cenas populares, para fortalecer el tejido social y ofrecer un espacio seguro donde los residentes puedan reunirse y apoyarse mutuamente.
Otro aspecto importante de sus actividades es la protección contra la violencia. En este barrio donde la policía es vista con desconfianza o es inexistente, los Curro Jiménez asumen el papel de guardianes, interviniendo en los conflictos y protegiendo a los vulnerables de otras amenazas. Esta función les otorga un estatus de liderazgo y respeto dentro de la comunidad, consolidando su rol como protectores y benefactores.
El impacto de los Curro Jiménez en su barrio es significativo y multifacético: proporcionan soluciones inmediatas a necesidades básicas de la comunidad. La distribución de alimentos, medicinas y otros recursos esenciales marcan la diferencia entre la supervivencia y el sufrimiento para las familias. Esta ayuda directa es especialmente crucial en tiempos difíciles, de crisis, como desastres naturales o recesiones económicas, cuando las redes de apoyo oficiales son insuficientes, negligentes, y también, ¿por qué no decirlo?, inexistentes. Fomentan la solidaridad y la cohesión dentro de la comunidad. Al organizar eventos comunitarios como mediadores, ayudan a construir un entorno más unido y resiliente. La presencia de estos hombres en los que los residentes confían, puede inspirar a otros a involucrarse activamente en la vida del barrio, promoviendo una cultura de colaboración y apoyo mutuo.
Empero, es importante reconocer que las actividades de estos Curro Jiménez tienen aspectos negativos. Su actuación al margen de la ley atrae la atención de las autoridades, a la vez que lleva represalias que afectan a toda la comunidad. La dependencia de estos dificulta el desarrollo de soluciones sostenibles y estructurales a corto o medio plazo. En lugar de abordar las causas profundas de la pobreza y la desigualdad, las acciones de los Curro Jiménez se enfocan en paliativos inmediatos.
Estos Curro Jiménez de un barrio pobre representan un fenómeno complejo y fascinante que refleja tanto la resiliencia de una comunidad marginalizada como las fallas de las estructuras sociales y gubernamentales.
Aunque actúan fuera de la ley, sus esfuerzos para redistribuir recursos y proteger a sus vecinos les ha ganado un lugar preferente en los corazones de aquellos a los que ayudan, y a la vez su existencia subraya la necesidad de tomar soluciones drásticas y estructurales para abordar las raíces de la pobreza y la injusticia social.
Es esencial que las políticas públicas se orienten hacia la creación de oportunidades y mejora de las condiciones de vida en este barrio, de modo que los actos de beneficencia y protección no dependan de “intrusas” figuras individuales, sino de un sistema justo y equitativo que sirva a todos sus ciudadanos.
Mientras, estos incansables Curro Jiménez seguirán siendo un símbolo de esperanza y resistencia en todos los rincones más desafiados de su barrio.
Buscó afanosamente en la bibliografía el mejor de los seudónimos, para que no se supiese que su nombre real era Anacleto.
Buscó imágenes en Internet que representase un señor guapo y gallardo, para ocultar el hecho de que era un individuo bajito, feo, tartajoso, bizco, cojo, manco y extremadamente gordo.
Aprendió a manejar perfectamente los correctores de texto, para que sus faltas de ortografía, consecuencia de su escasa escolaridad, no fuesen tan obvias en el momento clave del escrito de presentación.
Hizo fotocopias de cientos de poemas de amor de autores ignotos, para que las señoras que los leyesen lo considerasen un gran poeta.
Plagió la foto de un modelo italiano,fallecido, para enviársela a las damas del Internet, que querían verlo al menos en foto.
Mostró durante meses su falsa imagen al mundo del Internet, hasta que una hembra de su misma ciudad le pidió que se conociesen en persona, y él, previas disculpas absurdas y cientos de mentiras como justificación, le propuso una cita a corto o medio plazo, hasta que no tuvo más cojones que comparecer.
Y se conocieron en un conocido bar de copas, contándose previamente cómo irían vestidos.
Ella tampoco se acercaba absolutamente en nada a lo que él esperaba.
Y ya, sin ninguna clase de maquillaje cibernético, cara a cara los dos, se sentían de puta madre y decidían amarse para siempre tal y como eran.
Berta era una adinerada chica sevillana de 28 años, muy coqueta ella. Pero arrastraba un gran complejo: tenía poco volumen de senos Harta ya de burlas de extraños e incluso de amigos, a primeros de junio de ese año decidió acudir al mejor cirujano plástico de Madrid, para que le aumentase las mamas.
Se sentía feliz con sus nuevas lolas. Lo primero que hizo una vez repuesta, fue irse a Ibiza y allí haría topless, para deleite de tantos machos ibéricos y foráneos millonarios y famosos que pululan por la isla balear.
Estaba eufórica. Se veía tan bien, tan despampanante, tan orgullosa, tan así, tan de aquella manera..., que quería compartir con todos la belleza de sus espectaculares lolas.
Su mejor amiga, Rosa, le hizo un comentario:
—¿Te vas a Ibiza en avión? ¡Cuidadín, cuidadín con lo que vas a hacer! Las prótesis pueden explotar no bien el avión coja altura.
Y cada una de sus otras nueve amigas contó una versión diferente sobre las prótesis y los aviones...
—Acuérdate de lo que le ocurrió a la Anita Obregón... -una. —Lo mim0 que a muchas actrices de Hollywood... -otra. —¿Te acuerdas de Piluca? Pues ella tuvo problemas... -otra. —No sé de ningún cirujano plástico que asegure algo así... -otra. —Es que llevar ahí arriba algo que no es tuyo y tan grande... -otra. —Yo que tú me iba en barco... -otra. —Bueno, a lo mejor tienes suerte y sólo explota una... -otra. —Arriesgarte a un peligro y solo por presumir... -otra. —A muchos tíos no les gustan las tetas de silicona... -otra.
Pero tan confusa la habían dejado las opiniones de sus amigas, que habló con su cirujano, que le dijo categóricamente que viajase en avión a Ibiza y adonde le diese la real gana, totalmente tranquila, que no tendría ningún problema.
Berta cogió un taxi y se fue al aeropuerto, acompañada de su amiga Rosa, que, antes de subirse a la aeronave, le preguntó:
—¿Qué harás si explotan tus tetas en pleno vuelo? —¡Déjame ya en paz, joder! -respondió y se fue hacia el avión.
Ya a bordo, no obstante, las últimas palabras de Rosa le daban vueltas y vueltas en la cabeza. Y tantas vueltas eran que ni siquiera la contundente respuesta de su cirujano le daba tranquilidad.
En el asiento contiguo al suyo, un niño se movía revoltoso. Pero Berta, habituada a los aviones, se quedó dormida.
Y soñó que caminaba por una cala solitaria, y que, de pronto, se cruzaba con el niño del avión, que la seguía y se ponía delante de ella. Hasta que, finalmente, cogía su arco y sus flechas de juguete, ponía una en el arco, apuntaba a los pechos de Berta y... ¡¡¡PUMMMMMMMM!!!
Berta despertó sobresaltada, cogiéndose sus tetas con desespero.
Y mientras, el mocoso que iba a su lado se estaba quitando de la cara los restos del chicle que había estado masticando.
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No me quiero acordar cómo terminé vendiendo cervezas en la playa de Rota (Cádiz) el verano pasado. Qué contactos, qué ganas o qué urgencias me llevaron hasta un pueblo de un bum inmobiliario que convertía a aquel municipio costero en el lugar de veraneo más apropiado para gente de la clase media. Aquellos veraneantes eran los ideales para decorar -con sus presencias refinadas, sus proles numerosas, sus radios que largaban coplas y sevillanas-, aquellas arenas y aquellas aguas azules-verdosas. Y, entre ellos, yo cruzaba la playa a diario bajo un Sol de sentencia, pero untado en cuello y hombros un protector solar, cubriéndome brazos y piernas, empujando, a duras penas, un carrito con latas de cervezas y barras de hielo, enterrándome en la arena, esquivando a quienes tomaban el Sol, a quienes que jugaban al fútbol y a otros vendedores ambulantes como yo, y yendo y viniendo por aquella larga y por tramos ondulada extensión de costa...
Mi carrito tenía una campanita de bronce que la hacía sonar y gritaba ¡cerrrrveeeezas!. En el estirar de la “erre” y el de la segunda “e”, esperaba encontrar un pregón original para que los bañistas me reconociesen y me llamasen para comprar cervezas Me comportaba amable y servicial con los veraneantes, pensando que actuando así me los iría ganando para futuras ventas.
Sin autorización del dueño del concesionario, pinté en el carrito en sus dos laterales y por delante Cruzcampo. Pero cuando concluía la temporada veraniega tenía que borrarlo todo para evitar una multa del concejal del Ayuntamiento que controlaba el negocio de los vendedores ambulantes en todo el municipio.
Pero las ventas iban flojeando. Era fin de julio y los vendedores cantábamos desganados la copla de nuestros productos. Empezaba a cansarme, pero no me quedaba de otra que estirar la decepción hasta acabar septiembre. Faltaban un mes.
A veces iba por la arena de la orilla, más asentada y viable, pero ya no me molestaba en pregonar cerveza, que también vendían en los chiringuitos de allí. Pero me motivaba el hecho de haberme hecho de dos clientas fijas que siempre me compraban a las dos, cual inconsciente esfuerzo que algunos tienen de mantener la rutina hasta en sus días de vacaciones. Una de ellas era una gordita y bonachona madre de familia, que venía de uno de los pisos de alquiler; y la otra, una mujer cincuentona bien conservada y guapa que a pesar de no llevar maquillaje, su imagen merecía una playa de gente más postinera.
Como me llamaba desde doscientos cien metros, me obligaba a retrepar con el carrito las ondulaciones del terreno, pero la gordita ¡me daba una propina!, además de pedirme y pagarme seis latas para llevárselas para el resto de su familia.
Y también había por allí cuatro cuarentonas, a las que siempre encontraba a eso de las dos, tumbadas panza arriba en hamacas tomando el Sol. De aquel cuarteto femenino, la que se levantaba y me llamaba y me pagaba cuatro eternas cervezas era una culona, la menos baqueteada por el paso del tiempo o los hijos. Por cierto, nunca había visto niños ni hombres con ellas. Acostumbraban a ponerse al final de la playa, donde la población playera mermaba, buscando la privacidad que le daba cierta separación saludable entre los veraneantes.
Pero un día la culona, antes de darme el billete de la compra se le caía de la mano y tenía que agacharse para recogerlo. En su inclinación, dos tetas, más pezón que otra cosa, se salían por encima de la recatada postura que adoptaba su cuerpo para atenderme, que supongo que por pudor. Pero, curiosamente, tomando el Sol se bajaba su bañador hasta la cintura, según comentaban los típicos mirones.
Pero era un pudor con visos exhibicionistas. La primera vez creía que era un descuido, pero alertado por el cuchicheo y las risas ahogadas de las otras, que seguían en decúbito dorsal la transacción comercial, llegué a pensar que se estaban divirtiendo a mi costa.
Uno de esos días pasó algo inesperada. Mi único pantalón corto de trabajo se descosió en la entrepierna, justo donde los muslos se rozan al caminar. Vi en el espejo del baño compartido de la fonda donde paraba que si estaba en pie, la rotura no se notaba, pero si me ponía en cuclillas, ¡oh!, el trío freudiano hacía su aparición. Al otro día descarté los calzoncillos y fui a trabajar más liviano, y también con la ansiedad y alegría como las de la primera semana mientras me alentaba a semejante suplicio la ilusión de hacer dinero pensando en el otoño. Pero ese día, lunes si mal no recuerdo (aunque a los veraneantes les da igual el día que sea) me sentía bien por gustarme las mujeres y “sus intimidades más íntimas”:
“¡Pepe, ahí la tienes!” me dije cuando la culona a la distancia reclamaba mi presencia.
Y allí fui y allí escuché el mismo pedido de siempre. Y allí el billete doblado en cuatro se le escapó de la mano por el efecto del viento, que no amaina en esa parte de la costa. Pero intervine enseguida y le gané de mano y me agaché con mis piernas abiertas para coger el preciado papel con un 20 pintado, que por poco no se iba volando. Un segundo ante sus ojos, el trío freudiano dijo hola, colgó envuelto en la brisa costera y desapareció por dentro del pantalón. Seguro había habido visualización por su parte, porque sus ojos se desviaron abochornados, quizá (era difícil ver rubor en su cara porque se empecinaba en broncearse de los pies al pelo), mientras le agradecía la compra y comenzaba a tirar del carrito, sin muestra de provocación de mi cuerpo, que estaba liberado de un inocente exhibicionismo.
Al otro día anduve listo para ganar el juego libertino que la culona había propuesto, si se daba el caso, pero el billete nunca más volvió a caérsele de la mano. Detrás de la culona, el cuchicheo jocoso de las tres amigas se había vuelto en un silencio expectante.
Pero ya no hubo más venta de cervezas a las cuatro damas, ni más juegos libertinos con la dama culona, porque a las tres de la tarde del primer lunes de la segunda quincena de agosto, las cuatro no volvieron a aparecer.
No he respondido antes a tus últimos mensajes, no por ganas, sino porque me dejaste helado. Duras palabras y sobre todo las que hablaban de que era “mejor llorar sobre una tumba que dejarme de dramas, que soy peliculero”. Palabras que no habrías pronunciado si fuera tu madre la que estuviera pasando por la situación de la mía, por “claras tuvieses las cosas”, decías.
En cuanto a que “me pega” (y me lo dijiste dos veces) la letra de una canción de Isabel Pantoja, te respondo que creía que me conocía, pero que ahora me doy cuenta de que no me conoces, que no tienes ni idea de cómo soy.
¿Mal agradecido yo?
¡¿Esto es de coña, vaya, no?!
Mal amante
Así fue, pero sólo contigo la única vez que no encamamos, porque después, con 3 años más (sabes a que me refiero) me demostré a mí mismo que “sirvo”. Lo que da que pensar que no supiste "trabajarme", amén del paquete de serios problemas que arrastraba (mi madre, una vasectomía sin ser advertido de las consecuencias, un inoportuno jarabe, sin sexo muchos años y a mi edad…).
¿Mal amigo yo?
¿Y precisamente yo y contigo? ¡Vamos, anda! Si yo he sido la única persona en tu vida que desde que te conocí no he dejado ni un solo día de animarte y solidarizarme contigo y con tus problemas, y también de ayudarte económicamente, pero en la medida de mis posibilidades de cada momento y de forma desinteresada y altruista.
Sabes que nunca he creído en la amistad y, sin embargo, tú me hiciste creer en ella, pero de nuevo ahora he vuelto a creer que no existe.
Un profesional de la mentira
¿Yo? Esto es un insulto en toda la regla. Detesto la mentira y a la gente que miente. Te estás empecinando en hacerme cómplice de tus propias frustraciones. Seguro que, si hubiese solucionados todos esos asuntos que te agobian, no me habrías asignado esa letra en los labios de la Pantoja.
He sacado a colación esa letra porque me duele que me hayas dicho que me pega. ¿De verdad crees que me pega? Si eso es lo que piensas, es tu problema. Yo soy un hombre íntegro y responsable.
Y nada más, sólo añado que me está costando no saber de ti, pero a todo se adapta uno y más aún a estas alturas de mi vida.
Me llamo Pedro Ruiz. Ahora tengo 45 años. Me dicen algunas féminas amigas que soy un maduro resultón, por mi alta estatura, mis ojos del color del castaño y mi pelo moreno, aunque un poco canoso ya.
Empecé a cursar medicina en la facultad de medicina de la ciudad Sevilla, y cuando realicé las prácticas en el Hospital Macarena, me aceptaron porque según mis profesores tenía cualidades para esta profesión.
Para calmar mi inquieto espíritu, narro lo que me ha ocurrido, algo que me ha superado. Prácticamente por mi culpa moría un muchacho de 18 años. Si no hubiese salido un par de minutos del hospital, probablemente seguiría con vida.
Trabajaba en ese hospital. Todos los días eran normales, hasta que un día, muy caluroso de abril, escuchamos un estruendo. Mi enfermera, Violeta, corría hacia el lugar del estruendo.
Yo no me había enterado de nada, sólo escuchaba que pedían una camilla. Al poco, pasaban por mi lado. Un muchacho, pálido y más blanco que la leche, yacía inconsciente sobre una camilla con ruedas. Su cara estaba cubierta de sangre.
—¡Lo han arrojado con violencia desde un coche en marcha! -decía, nerviosa, una señora.
Todos veíamos cómo aquella angustiada señora sufría un infarto. La llevaban a enfermería mientras yo me iba a urgencia, donde estaba agonizando el muchacho.
Un de mis compañeras y un compañero le estaban haciendo pruebas. Yo le cogía la muñeca y le tomaba el pulso: apenas si se oía. Le miraba los ojos, que parecían suplicar ayuda. Le hacíamos una prueba más exhaustiva. La situación era desoladora. Un pulmón lo tenía muy deteriorado, seguramente por el golpe al caer al suelo desde un coche en marcha. Los brazos, uno de ellos fracturado por varias partes, y los dos, llenos de cortes, causados por un objeto afilado. Perdía un ojo, y el otro casi, el diagnóstico era: explosión del globo ocular. El riñón derecho no funcionaba, y el otro, terriblemente deformado estaba.
Por todo eso no era extraño que hubiese perdido más de tres litros de sangre, por lo que entraba en coma profundo. Lo llevaban a quirófanos. Todos los que estábamos presentes pensábamos que no iba a salir de esta, pero no, vivía aunque había perdido la movilidad y nunca más volvería a ver. Su único hermano, siempre estaba con él; lo paseaba por los jardines del hospital.
Algunos amigos venían a visitarlo a menudo. Dos de ellos se quedaban incluso todo el tiempo con él, alternándose. Los médicos y las enfermeras lo cuidábamos con total entrega, y hasta llegamos a cogerle cariño.
El día de Halloween por la mañana habían estado con él sus amigos, y su hermano, como venía siendo costumbre. Esa noche nadie pudo quedarse con él, y por eso le prometimos a Luis, que así se llamaba su hermano, su ángel de compañía, que quedaba en buenas manos.
Pero maldita la hora en la que le decía eso, porque a las dos de la madrugada, mientras acudía a la recepción (donde ocupaba momentáneamente el puesto de recepcionista una veterana enfermera, María, guapa y amable mujer de 40 años, de la que yo estaba enamorado), al ir bajando peldaños, una sensación de inseguridad me invadía al ver que todo estaba oscuro y solitario. Mi corazón se iba acelerando al comprobar que no había nadie en la recepción.
Me iba presuroso hacia su puesto de trabajo, pero tampoco estaba allí. No sabía por qué me daba la sensación de que podría estar caída en el suelo; miraba, y allí estaba, con sus bellos y grandes ojos cerrados. La cogía y la acomodaba en una camilla. Mi oído se agudizaba y escuchaba cómo alguien huía por la escalera más próxima a mí del edificio.
Le echaba aire a María con una revista que había sobre una silla.
De pronto, una alarma asustaba a los pacientes. Venía de la sala de enfermería. Entraba apresurado y observaba que la señal en el ordenador de la habitación 276 estaba parpadeando.
Corría hacia las escaleras y topaba con Dolores (otra enfermera). Llevaba tras sí una máquina de reanimación.
—¡Dios mío, ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha ocurrido? Pobre María -escuchaba decir a la enfermera Samanta.
Corría hacia allí. Al ver aquel panorama tan desolador me daban arcadas. Samanta intentaba taparle la hemorragia en el cuello y la cara. La raya informática en la pantalla del monitor estaba plana.
—¡Carga a 190! -le decía enérgicamente a Samanta.
Le daba cuatro descargas seguidas, pero no reaccionaba.
—¡Déjela ya, doctor! ¡Ha muerto! –me decía Samanta —¡No, no me doy por vencido! –respondía.
Me remangaba y empezaba a hacerle un masaje cardiaco. Nada.
—¡Carga a 200! -gritaba de nuevo a Samanta.
Samanta no podía parar la hemorragia. Cuando el aparato se había recargado, le daba una descarga tan fuerte que el cuerpo de María daba un salto y caía al suelo.
La sangre salía, cual sádica cascada, bajo el cuello. Empezaba Samanta a hacerle el boca a boca absorbiendo toda la sangre que salía permanentemente.
Seguía un minuto más, hasta que la sangre dejaba de salir. Samanta se deshacía en lágrimas. La cara de María se ponía pálida, sin vida. Instintivamente, me quedaba unos segundos mirándola:
—Hora de la muerte: las 17:11 HORAS -decía, desolado y desfallecido.
Estaba medio repuesto y no sabía qué me había ocurrido. Me encontraba atado a una cama y me estaban medicando. Sin duda, las secuelas de no poder salvar a un ser humano, y en este caso una mujer, a la que amaba con todo mi ser.
Según me enteraba al volver a mis obligaciones médicas, había entrado precipitadamente a la sala un loco y le cortaba el cuello a María, pero antes la había violado salvajemente.
Y ahora mi corazón está destrozado y no podrá empezar a recuperarse hasta que no haya muerto ese hijo de la gran puta cabrón depravado.
Cuando desperté, lo primero que se me vino a mi coco fue Carmen. ¡Nadie sabe cuánto la deseo, cuanto ansío tenerla entre mis brazos, nadie sabe lo que me gustaría besarla y decirle todo lo que la amo y la deseo! Pero Carmen no parece darse cuenta
Sé que el día que recapacite y yo sea correspondido será, sin duda, el mejor día de mi vida. El día en que Carmen será mía para siempre. Y también sé que ese día no tardará en llegar.
Me fui a la cocina a tomarme mi leche con Nesquik tarareando una copla. Ahora no me acuerdo del título, pero sí recuerdo que era una de esas de un Amor profundo. Pero, ni su apasionada letra transmitía tanto Amor como el que yo siento por Carmen.
Hoy es uno de esos días en que te levantas de un ánimo de maravilla, y en lo único que piensas es en cosas buenas. Tu cuerpo se mueve por sí solo, sin que te des cuenta de ello. ¡Me encantan estos días!
Terminé con mi leche y llevé la taza sucia al lavaplatos. ¡Y no se imaginan lo que pasó! Mirando por la ventana de mi cocina vi a Carmen regando sus plantas con una regadera verde, y su melena rubia con un sombrero de paja. Estaba preciosa. Como esas bellas jardineras de revistas. Me vio y me hizo un gesto como queriéndome decir algo.
Pero yo, imbécil que es uno, me aparté de la ventana. Si tuviese el valor para gritarle lo que la amo y lo que me gustaría estar con ella... Pero no, lo único que hice fue quitarme de en medio.
Pero la realidad es que soy realista. Sé que no soy un modelo, sino un poco… ¿cómo decirlo para que ni yo mismo sufra? Diré que desafortunado. No me gusta decir feo. Nadie es feo. Todos tenemos belleza. ¿Y yo también? Bueno... vamos a dejarlo ahí.
Lo que quiero decir es que a veces pienso que llegué tarde al reparto de facciones. Unos recibieron una nariz respingada; pero porruda yo. Igual con los ojos y el resto del cuerpo, pero me tomo las cosas con humor. Si me preocupase por “los piropos” que circulan por ahí a mi espalda, tiempo haría ya que me habría suicidado.
Seguía reflexionando sobre mi fealdad, cuando sonó el timbre de la puerta. El corazón se me paró de pronto, pero enseguida empezó a bombear con más fuerza. El sudor corría a canales por mi frente y sentía mi jorobada y doblada espalda empapada, como un paraguas en los días de viento y lluvia. Hacía un calor tremendo, que mezclado con la adrenalina del momento, toda mi anatomía se había convertido en un infierno.
—Hola, vecinito.
Y ahí estaba ella: blanca sonrisa, ojos cielo y cuerpo perfecto. Y todas sus avíos seguían tan bien colocados como la última vez que la vi. No podía ser más perfecta.
—Hola, Carmen. Cuánto tiempo. —Sí, mucho que no te veía. ¿Has estado enfermo?
¿Carmen preocupada por mí? ¿Me echa de menos?”, pensé, escamado.
—No. Bueno, sí, un poco. —¡Pobre! Sólo quería preguntarte si tienes una maceta pequeña que no la estés utilizando. Mañana compraré unas cuantas y te devolveré la tuya. —Creo que sí. Un momento. ¡Pero pasa, por favor, pasa…!
Mis manos temblaban y todo mi cuerpo sudaba, como si dentro de mí hubiese un grifo. Tenía que hacer algo para que se fijase en mí. Por lo menos en mi educación y en mi manera de ser. No en mi físico, porque como se fijase en mi físico, seguro estoy que saldría corriendo sin parar.
—¿Te traigo un vaso con agua? -me dijo al verme nervioso.
Mi boca estaba seca como la mojama, y con mis enormes gafas de culo de vaso, yo mismo me veía realmente espantoso. ¿Pero qué podía hacer? Así fue como me mandó Dios a este mundo.
—Sí, gracias, un vaso con agua estaría bien -le dije y me apresuré en añadir: oye, mírame, escucha, yo... —¡No digas nada! ¡Yo también!
Su fino y alargado dedo índice de la mano derecha tocó mis labios y entonces olí su delicioso aroma. No entendía lo que estaba pasando...
—¡Ay, mi Andrés! Ni te imaginas lo mucho que siento por ti. Cada vez que te veo me excito..
Sus voluptuosos y empinados pechos se aproximaron a mí, empitonando mi raquítico pecho.
—No lo entiendo. Eres una mujer hermosa y yo soy un hombre horrible -desvié la boca; temía que me oliese el aliento por cuatro muelas picadas. —¡No digas estupideces! Todos somos hermosos por dentro, y los hermosos por fuera, generalmente, son horribles por dentro -dijo-. Bueno, lamento dejar esta charla aquí. Tengo que irme. Dejé a mi sobrino solo en casa. Así que nos veremos pronto. —Claro. Me rendiré a tus pies cuando tú quieras.
Y así termina mi extraña historia. Pero todo lo que ocurrió esa mañana fue una malévola trampa de la perra arpía de Carmen.
Resulta que la muy zorra había apostado un buen dinero con todos nuestros vecinos a que me rendiría a sus pies. Y no me rendí a sus pies porque no me dejó. Me sentí un estúpido cuando me enteré de la apuesta.
Tan mal me sentó y tan mal me siento ahora que me he encerrado en mi casa y no saldré de ella hasta que no llame a mi puerta mi verdadero Amor.
Hoy estoy guarnío. Y lo que más me gusta de estar guarnío es poder decir que estoy guarnío. Es una expresión que me gusta, como todas las andaluzas. Cuando te hartas de comer, acabas engoñipao. Cuando riegas mucho las macetas, las dejas enguachinnás. Nunca pido churros, pido calentitos. De niño nunca iba a las atracciones, sino a los cacharritos o a las cunitas. A los pesados se les dice jartibles, y cuando no iba al cole, lo que hacía era rabona, ¡qué coño peyas, ni peyas! A lo largo de mi vida he conocido a apollardaos, no a tontos, y a más ennortaos que a despistados, y a ningún antipático, sino a desaboríos. La mentira no es mentira es engañifa. Aquí lo mucho es una jartá, o una pechá, y lo poco es mijita, y la gente no pasea, da vuerta. Lo que está muy sucio está empercochao y lo que limpias lo dejas escamondao. Si se te va la olla (que no la cabeza) te quedas majarón, y si das la lata te llaman pejigueras. Los borrachos, que son papaos, no caminan, dan camballás, y la gente no odia la mentira, sino el falserío. Lo roto está descuajaringao y lo pasado de fecha es revenío, los cobardes son jiñaos, y lo muy visto está mu manío. Por estas expresiones y miles más, cada vez me gusta más mi andalú, y quien diga que no sabemos hablar, que aprenda a entendernos, y seguro que le coge gustito. Ah, que conste que una tontería es una chuminá.
En pleno corazón de un vasto valle, rodeado de majestuosas montañas y un río caudaloso y cristalino, se encontraba el llamado “Bosque del Amor y la Ilusión”.
Reconocido que este bosque no era un bosque cualquiera; sus numerosos árboles susurraban secretos milenarios, sus flores desbordaban de colores y fragancias que embriagaban los sentidos, y sus senderos parecían llevar directamente al alma de quien se aventuraba en él.
Corría la leyenda que este bosque había sido bendecido por dioses, quienes lo convirtieron en un santuario para los enamorados. Se decía que quien se adentraba en sus profundidades, con corazón puro, encontraba respuestas a sus más ansiados anhelos, y preguntas sobre el Amor. Parejas sentimentales de todo el planeta llegaban al bosque buscando consuelo, guía, y la promesa de un Amor duradero.
Sonia y Javi eran una de esas parejas. Llevaban años juntos, pero recientemente habían atravesado tiempos difíciles. La rutina y las responsabilidades habían comenzado a desgastar la chispa que una vez los unió. Decidieron emprender un viaje a aquella prodigiosa algaida, esperanzados en que este lugar mágico pudiera reavivar su relación.
Cuando entraron al bosque, eran recibidos por una brisa suave que acariciaba sus rostros como una caricia amorosa. Los árboles, altos y majestuosos, parecían inclinarse ligeramente, como si los saludaran. Cada paso que daban sobre una mullida alfombra de hojas caídas, resonaba con un eco de promesa y esperanza.
El primer claro que encontraron estaba adornado con flores de toda la gama de colores. Cada flor parecía vibrar con una energía propia, y su fragancia se entrelazaba en el aire, creando una sinfonía aromática que despertaba los sentidos. En el centro de ese claro, un anciano, de aspecto sabio y bondadoso, los esperaba. Llevaba una túnica blanca que parecía brillar con luz propia, y en sus ojos se reflejaba una penetrante comprensión del Amor.
El anciano los miraba y les hablaba con una voz suave pero firme. Les decía que el bosque les mostraría tres caminos, cada uno representando un aspecto crucial del Amor: la comunicación, el respeto y la pasión. Para encontrar el equilibrio y la armonía en su relación, tenían que recorrer esos senderos juntos y enfrentar las pruebas que encontraran en ellos.
El primer sendero, el de la comunicación, los llevó a un río tranquilo. Para cruzarlo, tenían que construir un puente con palabras sinceras. Sentados junto a la orilla, comenzaron a hablar con una honestidad que habían olvidado.
Compartieron sus miedos, sus deseos y sus frustraciones, cada palabra uniendo los tablones del puente. Al terminar, cruzaron el río y sintieron un peso levantarse de sus corazones.
El segundo sendero, el del respeto, los llevó a un paraje sombrío. Ahí tenían que encontrar la manera de iluminar su camino sin lastimar a la Madre Naturaleza que los rodeaba. Aprendieron a caminar con sumo cuidado, a apoyarse mutuamente y a valorar las diferencias entre ellos.
Al final del sendero, una fuerte y cálida luz los recibió, y se dieron cuenta entonces de que habían aprendido a apreciar y respetar sus individualidades.
El último sendero, el de la pasión, los condujo a una montaña empinada. Escalarla requería esfuerzo, dedicación y, sobre todo un deseo ardiente de alcanzar la cima juntos. Con cada paso, recordaron los momentos que habían encendido su Amor inicialmente y se comprometieron a mantener viva la llama. Cuando llegaron a la cima, vieron el bosque extendiéndose a sus pies, un mosaico de Amor en todas sus formas.
De nuevo volvían al claro donde el anciano los esperaba. Sonriendo les decía que habían superado las pruebas y que su Amor estaba ahora renovado y fortalecido.
Sonia y Javi salieron del “Bosque del Amor y la Ilusión” cogidos de la mano, con el corazón lleno de esperanza y con la certeza de que, mientras enfrentaran juntos las pruebas de la vida, su Amor siempre florecería.
El combate de boxeo, con el título de campeón del mundo, en juego estaba entre los dos mejores pesos pesados del momento en el Madison Square Garden , de Nueva York. Era una batalla épica que quedará en la memoria de los aficionados al boxeo.
Desde el primer asalto, ambos pugilistas mostraban su intención de llevarse la victoria. En la esquina roja, el campeón invicto, conocido por su devastador golpe de derecha, y en la esquina verde, el retador, conocido por su velocidad y resistencia, además de su juventud.
El primer asalto empezaba con el retador moviéndose ágilmente, esquivando los potentes golpes del vigente campeón, lanzando jabs precisos que encontraban su marca. El campeón, sin embargo, se mantenía firme, avanzando con pasos medidos y lanzando golpes demoledores que resonaban en el recinto.
En el tercer asalto, el campeón conectaba un gancho de izquierda, el cual hacía tambalear al retador, quien caía en la lona. Pero mostrando un increíble espíritu de lucha, se levantaba de pronto antes de la cuenta de diez y continuaba el combate.
A partir del sexto asalto, la pelea se volvía más táctica, más previsora. El retador, visiblemente golpeado, apostaba por la defensa y el contraataque, mientras el campeón buscaba el golpe definitivo.
Finalmente, en el décimo asalto, una combinación perfecta del retador encontraba el mentón del campeón, derribándolo de un golpe seco. El público estallaba en vítores mientras el árbitro contaba.
Contra todo pronóstico, el retador se coronaba nuevo campeón del mundo de los pesos pesados, sellando así una de las noches más emocionantes de la historia del boxeo.
Comentarios
Sensibilidad
El mundo exterior no es más que una serie de impresiones vaciadas en la sensibilidad.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Metamorfosis
El hombre primitivo era casto y violento, hasta que llegó la civilización y lo convirtió en un concupiscente animal racional, como un lobo en un chucho faldero.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Detalles a evitar para lograr amistad en la humanidad
A veces nos dedicamos a criticar a los demás, sin conocer su trayectoria y sin habernos puesto en su piel.
El acoso físico o psicológico no es sólo cosa de los niños, los adultos son más peligrosos en este sentido.
Si todos nos metiésemos en nuestra vida, en lugar de en la de los demás, el mundo sería un paraíso.
Paz y Amor es lo que más necesitan nuestros corazones, en lugar de odio y traiciones.
Hay quien que se pone la careta de la bondad; y, al menor descuido, te clava por detrás.
Todos tenemos la lengua muy larga y el corazón y los sentimientos muy cortos.
Si quieres un cambio, para bien, en todo el mundo, empieza por ti a tratar con educación y respeto a tus semejantes, en vez de criticar a su espalda lo que hacen o dicen, porque si actúas así, estarás en el lugar que te corresponde: ninguno.
Valoro a esa clase de personas que me dicen las cosas a la cara, y me defienden cuando escucha mentiras si no estoy presente.
Vive y deja vivir, esto creo que es simple de practicar, aunque difícil para algunos.
Llega un momento en la vida en que te hace ver las cosas de diferentes forma; hoy estás aquí y mañana no se sabe dónde.
Si analizas la maldad que nos rodea, el odio ajeno que intenta hacer daño, que intenta separarte de las personas a las que quieres, piensas que esas personas están vacías de sentimientos, que la vida son dos días y medio y que estamos aquí para disfrutar, reír, amar, soñar..., para intentar hacer el bien y dar calor a quienes queremos, y también a nuestros semejantes.
Pon corazón en todo lo bueno que hagas, desecha todo lo malo.
Antes de hacerte el importante, párate a pensar que nadie es más que nadie.
Vive en paz contigo mismo y con quién te rodea, que vas a vivir mejor.
No pidas amistad a miserables que no valen la pena; si se la das, la destrozarán.
Nos quejamos de la corrupción a gran escala, como por ejemplo la de los políticos, pero los políticos están hechos de una materia corrupta, aunque los hay (pocos, casi ninguno) que quieren lo mejor para su país.
Leo declaraciones de Amor en las redes sociales por personas que engañan a su pareja, y son tan valientes para publicar su Amor como si nada, sabiendo que su Amor no es puro, que lleva intereses ocultos.
Hay algunos “amigos" que vienen y van en sus relaciones amorosas, y al volver exigen el máximo de atención como si fuese tu obligación.
Hay gente en autobuses públicos que no ceden su asiento a personas incapacitadas.
Hay peatones, y no sólo niños, paseando por aceras en monopatín o bicicleta, como si no existiese nadie más, como si las aceras fueran de su propiedad.
Hay personas que hacen lo que sea con tal de romper una relación familiar o amorosa.
Hay conductores que no ayudan a cambiar de carril, como si le fuese la vida.
Hay mafias que nos rodean, que se aprovechan de las personas indefensas, intimidándolos con arma en mano, que incluso la utilizan para herir y hasta para matar.
Hay quien se permite criticar a otro, ¿pero está seguro de que su conciencia está limpia?
Veo con satisfacción que aún queda bondad, que hay gente con buen corazón, incapaz de herir, mentir u obrar con maldad.
También hay quien protagoniza malas acciones y se queja de la actitud ajena.
Abre tu mente y sube la mirada más allá de tu ombligo.
Ama a las personas por lo que ofrecen.
No descuides el Amor, no te pertenece y lo puedes perder igual que lo ganaste.
Antes de criticar por criticar, párate a analizarte e intenta ser menos egoísta.
Si intentásemos ser mejores personas y lo conseguimos, los que no lo intentan, a buen seguro que sentirán vergüenza por sus actos.
Como perla final, añado una que necesita de recapacitación: “ningún bebé nace siendo mala persona; la vida y las circunstancias son las que lo van transformando”.
A Chávez López
Sevilla may 2026
El placer de amar
Tal vez el Amor no sea para todos un sentimiento puro, pero para mí sí.
Me resulta hartamente difícil llegar a la convicción de que los libros mientan venturas amorosas, que las confidencias entre los amigos sean fraudulentas, y es por esto que tengo que admitir que sí, que existe el placer de amar intensamente, esa clase de placer que jamás he conocido.
Y no he conocido jamás el placer de amar intensamente porque yo he llevado mi amor de una forma atormentada, como un cáustico cilicio de fuego y de amargura.
Aunque de más joven he amado con todo lo que había en mí de sórdido y elevado, a ras de tierra y altamente, pero (que todo hay que decirlo) ahora, a la vejez odio de la misma manera que antes amaba; es como una especie de círculo de Amor y odio, cual soga de fuego pendiendo de mi cuello.
A Chávez López
Sevilla mar 2026
Amistad entre hombres y mujeres
Una relación de amistad entre un hombres y una mujer trae siempre consigo la sospecha de convertirse en algo más. Pero lo cierto es que esta clase de vínculos afectivos no sabe de géneros, sabe sólo de personas.
¿Pero qué ocurre con la amistad entre un hombre y una mujer? ¿Es realmente posible?
Lo concreto es que sí, que es posible ser amigo o amiga, sin que ello implique que pueda convertirse en romance, aunque esto sólo llegue a ocurrir en casos determinados.
Algunas mujeres prefieren tener amigos varones a amigas hembras porque piensan que con las personas de su mismo sexo se puede generar envidias o recelos competitivos, que con ellos no es frecuente que ocurra.
Por su parte, para los hombres, tal vez, sea mejor sostener amistad con una mujer, pero por la simple razón de que pueden poner en juego ese lado femenino que todo varón lleva en su interior, sin que necesariamente sea afeminado, como el prejuicio popular indica.
En todo caso, sea de uno u otro sexo la persona con la que vayamos a construir un vínculo amistoso, lo esencial es la confianza, la entrega, la sinceridad y, como sustenta el origen etimológico de la palabra, el cariño sobre todo.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Las tunantas navegan en Internet
Ahora que por San Internet se consiguen maridos, amantes, amigos con derechos a todo lo que sea, y hasta aquello que no se nos ha perdido, a continuación va un cuento que bien podría ser verídico.
Dos jóvenes (chico y chica) que residían en distintos continentes (Europa y América) navegaban en las redes e intercambiaban mensajes mostrando sus caras por cámaras, aparentemente se enamoraron. Tanto amor sentía el chico por la chica que decidió viajar a América para conocerla para poder ver si era tal y como la veía por cámara, porque estaba convencido que era el Amor de su vida
Después de un largo y pesado viaje en avión, incluso con un trasbordo y una travesía en barco, llegó a la ciudad donde vivía la chica.
Era recibido amablemente por la familia de ella; lo hospedaban en el mejor dormitorio de su casa, no se producía desilusión por ninguna de las partes, porque "estaba claro" que el chico era el idóneo para la chica, al menos eso era lo que creía él en un principio, que se quedó prendado de la belleza de Julia, que así se llamaba la chica.
Pero "la bella Julia" tenía un novio en su ciudad, sólo quería jugar por Internet a ver si pescaba a alguien que la sacase de la semi pobreza en que vivía, y el iluso forastero cayó en sus redes, y su dinero también.
Los primeros días, todo era un auténtico paraíso para él; lo llevaban a pasear, lo invitaban a cenar, a conocer la ciudad, y todo lo pagaba los padres de Julia, pero a medida que iban cogiendo confianza era Darío (que así se llamaba el chico) quien corría con todos los gastos y además se sentía inmensamente feliz por su altruismo.
Diecisiete días duró "la Luna de Miel".
Darío se quería quedar a vivir en la ciudad de ella, pero los planes de Julia eran viajar y conocer mundo, al menos con ese cuento lo había engatuzado. Pero algo diferente había pensado él; como tenía posibilidades económicas, porque poseía un magnífico negocio en su ciudad y ya había viajado por todos los rincones del planeta, lo que quería era descansar y pasar el resto de su vida en la ciudad de su amada, lo que no le gustó a Julia ni tampoco a su familia, compuesta por padre, madre, tres hermanos y una tía y un perro, que se veían ya todos ellos volando al otro lado del charco.
Al ver la familia de Julia que Darío se había acomodado en su nueva residencia, se reunieron a escondidas para estudiar la forma de sacarle todo el dinero.
Y así fue; le hicieron comprar un chalet, dos coches e incluso montar un buen negocio, pero cuando vieron que ya no ponía más huevos de oro la gallina de los huevos oro, lo echaron de la casa a patadas.
Julia, con unas excusas banales, le dijo a Darío que había dejado de quererlo, que lo mejor para los dos era que volviese solo a su país. !Pero cómo, si todo lo tenía allí invertido!
Pues le tocó al ingenuo y "enamorado" de Darío llamar a sus padres para que le enviasen dinero para comprar el pasaje de regreso, con una mano delante y otra detrás, el corazón roto y los bolsillos pelados, mientras en la ciudad de Julia se quedaba la mujer de su vida, que resultó ser una lagartona de cuidado.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Jorge, Don Jorge
La noche era calurosa. Apenas traía una brisa para alejar los fantasmas que iban naciendo del humo de su puro habano. Jorge, Don Jorge (sentado en su sillón favorito del salón de su mansión, la cual estaba junto a su cala privada, rodeada de tierras innecesarias, herencia de crímenes a la fuerza olvidados, y verjas de acero aún más innecesarias por ser antes las del miedo que la jerga llamaba respeto) miraba, aparentemente tranquilo, el negro mar invertido en el Cielo.
Un murmullo incesante resucitaba recuerdos a la lejanía, que la desnutrida esponja de su presente se encargaba de enjugar. Alguien tenía que decirle al aspirante a capo, Jorge, luego Don Jorge, que ni los zapatos de cemento, plagiados de películas del cine americano; ni las blancas rayas de polvo y el costoso alcohol, ni euros a toneladas, ni las noches orgiásticas de sexo catártico, podían acallar las eternas voces susurrantes de los muertos. Y no era que no pudiese disfrutar de sus costosos placeres, ahora tenía que compartirlos con las permanentes presencias de ellos en su cabeza. A veces se preguntaba si el trayecto hacia su ambicionada cumbre merecía la pena. Pero la respuesta era siempre la misma: un amargo trago de un costoso whisky.
El mar y la vida y la muerte ¡Qué pequeño era todo comparado con la inmensidad!
Sus contemplaciones era lo único que no le causaba hastío, con un ir y un venir clamorosos e idénticos de olas, días y días y espumas, volvían a él las travesías en el interior de su lujoso y suntuoso yate, que eran como un juguete en sus caprichosas manos de un gigante pueril. Inconsciente de su inmenso poder, las emociones se sucedían entre los rugidos de las balas, un dios embrujo que se disipaba al pisar tierra firme, dejando en su lugar un anhelo, una llamada que, tarde o pronto, obtenía su respuesta. Y su regreso.
Nada se movía aquella noche, salvo el mar bravío. A través del vapor de sus ojos, Jorge, Don Jorge, hipnotizado, veía las olas barriendo la arena y los brazos de una gigantesca ameba, tímida a pesar de su monstruosidad.
A unos cinco metros de la orilla de la playa, donde el agua no llegaba a las rodillas, aparecía un bulto de un color negro que, venciendo resistencias, avanzaba lentamente hacia la orilla, y según avanzaba se veía que era la cabeza de una emergente y cheposa figura. Jorge, Don Jorge se frotaba los ojos, pero la imagen permanecía. En ese momento, el agua lamía sus rodillas, sin duda era un hombre, pero cubierto de harapos, algas o de alguna suerte de camuflaje para tratar de pasar inadvertido, como los comandos de las fuerzas especiales del ejército.
Jorge, Don Jorge sabía que, de un momento a otro, los sobornos y algunos resortes oscuros dejarían de darle la burbuja de protección en la que vivía, pero no imaginaba, ni remotamente, la manera en que le tenderían la trampa, quizás por ver eso tan improbable e impreciso. O era eso, o aquel buzo despistado había elegido el peor lugar para perderse.
Pero no era un comando. Ahora observaba, con los ojos bien abiertos, los vaivenes innaturales con los que aquel hombre arrastraba su cuerpo, playa adentro, dejando dos surcos paralelos en la arena tras sí. Jorge, Don Jorge no era miedoso, no lo había sido nunca. La única vez que había tenido miedo, para recorrer sus venas habrían tenido que reventarle el corazón a otro, hasta entre los habituados al espectáculo de la sangre puesta en libertad. Pero, sin embargo, la visión de aquel tullido enajenado o quién diablo fuese, empezaba a inquietarlo, razón sobrada para dispararse su inestabilidad, su orgullo homicida.
Sus empleados se habían ido a la ciudad, a divertirse un poco con chicas, por su orden expresa. Quería estar solo esa noche, pero ahora había un intruso; eso sí, con dos cojones distorsionando sus planes. Así que tendría que ocuparse él solo de este peliagudo asunto.
Echaba una última ojeada por encima de la balaustrada a aquel loco que estaba penetrando sus propiedades, que cada vez estaba más cerca, pero no lo suficiente todavía para que la Luna iluminase su cara.
Venía llegando, entonando un mecánico murmullo, tan grave como el rumor de las olas, pero Jorge, Don Jorge no podía distinguir su cara desde la altura que los separaba. Se daba media vuelta y corría hacia su despacho. Ya allí, destrababa del armario su viejo fusil, obsequio de su socio venezolano, muerto en un aciago negocio, año atrás. Cogía tres cargadores y se iba de nuevo hacia el salón. Cargaba el arma, y, acomodando la culata a uno de sus hombros, buscaba la cabeza del desconocido con la mira de la boca del cañón de acero. Pero estaba fuera de su alcance.
Dos surcos gemelos en la arena conectaban el mar con el pórtico de su mansión. No podía verlos hasta que, un golpe de fuerza brutal, impactaba contra la pesada puerta reventándola en infinitas astillas y esquirlas de vidrio repiqueteando como un llanto de una tormenta. Acababan de invadir su casa. Jorge, Don Jorge, aplastando su temor bajo la estampida de una ira incontrolable, atravesaba corriendo su oficina y descendía por unas escaleras, de suaves curvaturas, que llevaba hasta la planta baja. Escalón a escalón, la correa del arma asida al brazo, pie tras pie, Jorge, Don Jorge salía al encuentro del invasor, mientras el murmullo balbuceante de un cántico de palabras sin aire penetraba, ahora sí, con claridad en sus oídos.
En aquella noche serena, por encima de las ensoñaciones sonoras de la espuma y la sal, se podían escuchar palmariamente treinta disparos ininterrumpidos, pero un solo grito.
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El inspector Gutiérrez entró a la estancia. Un clamoroso olor a whisky inundó sus fosas nasales. Y aun viendo la escena, modo curioso es el que emplea el cerebro al operar, el primer pensamiento que esbozó su mente fue que sólo el cuarto de baño era más grande que su casa entera. Después, se percató de la presencia del comisario Pérez, tras sus enormes mostachos.
—Le estaba esperando, Gutiérrez. Empezaba usted a retrasarse.
—Comisario, parece que es un ajuste de cuentas.
—¡No me diga, Gutiérrez! Su sagacidad no deja de sorprenderme. Y yo que había pensado que se trataba de un desafortunado accidente doméstico.
Del borde de la bañera colgaban los pies de Jorge, Don Jorge, sumergido en un líquido ambarino. Sus manos estaban crispadas, y sus ojos conservaban una mirada particularmente horrible de un terror cristalizado en el tiempo. Desencajada o rota su mandíbula, permitía que un selecto habano permaneciese obstruyendo la boca, en una cruel angulación.
—Bueno, pues ya podemos comenzar a repasar la lista de los miles de sospechosos que ansiaban la muerte de este angelito.
—¿Alguna pista reveladora en primera instancia, señor comisario? –preguntó Gutiérrez.
—A ver qué le parece esta. Aún no sé cómo interpretarlo –dijo el comisario, tendiéndole una caja vacía de puros habanos, cogida con las enguantadas puntas de dos dedos.
Sobre la fina tapa de la cajita rectangular de madera de los puros habanos, en una inscripción grabada con letras gruesas en oro de 24 quilates, se podía ver y leer: “muchas felicidades; te quiero, papá”.
El poder de los narcotraficantes.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Por día más se estila este Amor
Un fin de semana cualquiera de un caluroso verano cualquiera.
Se querían y vivían juntos desde hacía poco menos de una década, pero nunca habían viajado a ninguna parte, ni en automóvil, ni en barco ni en tren.
Una buena amiga de ella la animó a hacer un viajecito ese finde en su coche o en el suyo.
Decidieron amabas que el coche de ella era más confortable y amplio; por tanto, el indicado para hacer el viaje.
Así que las dos amigas se acomodaron en los asientos delanteros, y él, como sabía de sobra que conducir no era lo suyo, se ponía en medio del asiento de atrás.
Durante el trayecto, las dos mujeres parloteaban, sin cesar, de sus cosas, y cada ciertos kilómetros se alternaban al volante; mientras él miraba, embobado, los revoltijos de los cabellos que la aviesa brisa, que se colaba por las ventanillas, formaba en la larga melena azabache de su amada.
Tras un breve descanso y una bebida refrescante en una área de servicio de la autovía, ella, con sueño, le decía a su amiga que se iba a pasar al asiento de atrás; se tumbaba; y, en el acto, se quedaba dormida.
Entonces él, estirándose al máximo y con el cinturón de seguridad distorsionándole el cuello, se aproximaba a los labios de su amada y los besaba, y frente a tan bonita quietud de una cara venerada, su reprimido Amor animal se desataba y seguía besándola, y ahora en las dos mejillas, en las orejas y el pecho semidescubierto.
Hasta que ella se removía inquieta con los ojos cerrados y le decía:
“¡Para ya, perro bobo, y déjame dormir un ratito!”.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Los pequeños grandes detalles
Una simple mirada, un simple gesto cubre tu atrayente rostro entre miles. Quizá no sea para siempre, quizá se desvanezca con el tiempo, todo es tan efímero que asusta. A veces reprimimos nuestros sentimientos, esperamos a que todo ocurra, y punto.
En muchos momentos de nuestra vida estamos pendientes de nosotros mismos, y nos olvidamos de preguntarnos cuál es el próximo paso. Pedimos consejos a personas de nuestra confianza, contamos los minutos esperando que lo que queremos ocurra y nos cambie la vida que no sea un sueño, que sea una realidad.
Olvidamos lo que escuchamos de nuestros mayores. Por ejemplo, que la vida es corta, que tenemos vivir nuestra realidad y buscar la felicidad en lo que nos haga sentirnos completos. ¿Eso es fácil? Vivimos atrapados en una realidad que a veces no es la nuestra, quizás automatizamos nuestras acciones, pensamientos e incluso sentimientos. Gestionamos todo a través de la razón, y muchas veces hay que mirar a través de nuestro corazón.
¿Quién no se ha sentido perdido alguna vez?
¿Quién no ha perdido la cabeza alguna vez por una simple mirada entre miles, millones de ojos desconocidos?
Pocos nos hemos parado a pensar que la respuesta puede estar dentro de nosotros mismos.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Voy a filosofar un poquito
La vida nos trae sorpresas dulces, sorpresas amargas nos trae la vida. Y en las cosas del querer, las sorpresas se multiplican, algunas esperadas y otras inesperadas.
¿Quién le iba a decir enamorada pero despechada chica que el hombre que la conquistó en su día, con sublimes detalles y también con promesas "torre de arena", era el mismo que más tarde la estaba haciendo sufrir permanentemente? "Ni contigo ni sin ti". La vida de él, con respecto a ella, era como el perro del hortelano.
Ese relato no es un relato ficticio, es una verdad catedral. Sólo basta con darse una vuelta por ahí y ver el comportamiento de esas parejas, lo que simulan, la hipocresía chorrea de los labios de ambos. Y me pregunto yo:
"¿Por qué siguen juntos?".
Si en una relación sentimental, una de las partes, o las dos, están viendo que no van a ninguna parte ¿para qué seguir? ¿No sería mejor una ruptura civilizada y quedar al menos como amigos o conocidos?
Pero no; nos obstinamos torpe o deliberadamente en joder la marrana la una al otro o el otro a la una. Y claro, al final pasa lo que pasa. Más odio, más rencor. Y así es imposible hallar una armonía (o harmonía, un caprichito "H" de la RAE).
Los humanos somos animales de costumbres y de apariencias, y herméticos en las cosas del querer cuando estamos enamorados, y también en otros aspectos de la vida, pero en ese relato, hablo y me centro en el Amor y el desamor.
¡Qué bonito es el Amor!
¡Qué horrendo es el desamor!
¡Ay si yo fuera invisible y siguiera mi sempiterna copla de un mundo mejor! Pero no soy invisible lo soy, soy un incomprendido que no se comprende. Pero mi comprensión tiene el mismo peso que mi incomprensión. Y esto último no es un trabalenguas.
A Chávez López
Sevilla may 2026
No es de obligación ser delgada
Hemos crecido un mundo en el que la sociedad ha definido el concepto de la belleza, tanto para las mujeres como para los hombres. Se han establecido normas y tallas para estas definiciones, y hoy, ante los ojos de la sociedad, una mujer guapa disfruta de tener un cuerpo esbelto de la talla pequeña. En el caso de los hombres, sería un cuerpo tonificado y marcado
Muchas y muchos se han sometido a unas arduas dietas y rutinas de ejercicios para cumplir con los requisitos de la belleza frente a la sociedad. Pero lo que se nos ha olvidado es que la anatomía y la estructura del cuerpo juega un rol importante, así que es hora de que comprendamos y aprendamos a querernos tal y como somos, tal como lo han hecho muchas mujeres de la talla plus.
La búsqueda tenaz de la delgadez se ha transformado en un ideal que poco a poco comienza a tener unos adversarios que se atreven a alzar la voz. Se ha emprendido la revolución plus.
Las personas suelen ser divididas en dos grupos: las que encajan en los parámetros y las que no encajan, sin duda, uno de los conceptos más citados en el mundo de la moda. Hay miles de informaciones para disimular tus supuestas ‘imperfecciones’, o como hacerte lucir más esbelta.
Muchas modelos han levantado la voz y han demostrado que no hay nada que esconder y así se desató la revolución apoyada por miles de mujeres.
Tal tendencia se ha popularizado de tal forma que las mujeres de la tallas XXL ya no temen mostrar sus curvas en la playa, y se atreven a lucirlas en las redes sociales.
Definir lo que es realmente la talla XXL se ha convertido en un problema social y en el mundo de la moda. Esto por supuesto nos trae de vuelta a la industria de la moda donde una de las modelos de una marca reconocida de ropa interior se convirtió en la primera modelo con talla 40 que para información general es la talla más común entre las mujeres del mundo.
Muchos deben estar pensando que la talla XXL es en sí todo lo que no sea una talla super pequeña, como la 0. Pero realmente no es ni lo uno ni lo otro, no hay talla sin fichaje. La sociedad nos ha acostumbrado a ver las tallas mínimas como lo ‘normal’, y la XXL como ‘fuera de la norma’.
Como toda revolución en la historia, muchos movimientos se han creado alrededor del mundo para eliminar los requerimientos extremistas de la industria de la belleza. Existen modelos que han hecho posible que este fenómeno colabore a cambiar las percepciones que hay acerca de la belleza. Tanto así que Instagram ha tenido que disculparse por eliminar fotos de algunas mujeres, cuyos cuerpos no pertenecen al estándar que impone el sistema de la moda.
-sigue y termina en página siguiente-
Fabricar ropa para las mujeres XXL va más allá de apartarlas de la moda: las curvas están ligadas a la provocación, a la seducción y a romper las reglas que durante muchos años impusieron los expertos en moda hacia las ‘gorditas’.
Las gorditas con cara sensual, rubias, morenas o pelirrojas, se han convertido en un referente a la hora de hablar de la belleza y sobre todo de la creatividad a la hora de mostrar la moda en una silueta como la suya, más común en el mundo de lo que se cree.
‘A las gorditas nos ha enseñado en nuestro propio hogar que tenemos que ocultar nuestro cuerpo, que tenemos que esconder nuestra figura porque no está cerca de lo que se considera belleza, por eso hay tantas reglas de cómo tenemos que estar para pasar inadvertidas ante los demás’. Afirma una famosa actriz suramericana.
A pesar de que en Suramérica no hay un mercado que satisfaga las necesidades de las mujeres gorditas con curvas seductoras, se espera que con el crecimiento de ese movimiento por día, se produzcan creaciones que permitan a las mujeres gorditas disfrutar de las tendencias de la moda.
Igual que Internet ha logrado dar mayor voz al feminismo, me pregunto si también lo ha conseguido con mujeres de tallas grandes. Muchas mujeres opinan que sí, que Internet se ha impuesto en todo y hace que las empresas de la moda se den cuenta de que esto es más plural.
Pero no nos engañemos, las marcas de ropa son un negocio que abre franquicias o tiendas con tallas grandes porque es rentable. Cada vez hay más gente que las necesita, así que ellos cubren una necesidad, a la vez que aumentan su negocio en producción, consecuentemente en ganancias
Esta revolución existe para ayudar a traspasar el estándar y construir el propio, para que las gorditas se acepten como tales, sin sentirse culpables o raras por ello o incluso para saber que son raras, pero que les da igual porque prefieren ser felices.
Esta es una revolución que no viene de las marcas, cuyos intereses a fin de cuentas es conseguir más ingresos: es una revolución que empieza por poner voz a distintos tipos de mujeres, que han hallado un altavoz en Internet.
Aunque aún queda mucho camino, no podemos estar hablando de una verdadera revolución si seguimos usando eufemismos. Llegará cuando la gente use la palabra ‘gordo’ con la misma libertad que usa ‘delgado’, cuando la palabra ‘gordo’ deje de ser un insulto o un tabú.
Cuando las abanderadas de esta revolución dejen de ser famosas y sean mujeres que usen una talla 44, 46 o 48 y no tengan cintura de avispa, cuerpos de guitarra y figuras absolutamente esculturales.
Cuando los fabricantes dejen de hacer catálogos separados, los de la gente ‘normal’ y los de las ‘curvas’, y en las tiendas dejen de segmentar la ropa; es más, cuando los fabricantes hagan ropa con la que una chica de la 44 no sienta que está vistiéndose como su madre.
Cuando en las pasarelas veamos distintas tallas, sin que esto nos asombre o sea un motivo para aplaudir al diseñador de turno. Y en definitiva cuando las marcas dejen de promover ‘belleza real’, que deja fuera de la realidad a infinidad de mujeres.
Después de preguntar a amigos, de escuchar miles de opiniones y de leer mucha información al respecto, puedo decir que, para mí, una mujer con curvas es aquella que tiene carne de más, sin dejar de preocuparse por su salud y apariencia y sobre todo que está orgullosa de todas y cada una de sus curvas.
Y me parece importante comenzar con mi definición, por aquello de que todos los que andan en este mundo de la moda promueven la obesidad.
Dudo que alguien que vea a un pibonazos diga: ‘quiero ser tan linda como ella. ¿De verdad creen que alguien haría eso? En mi opinión, es una solemne tontería.
Las modelos XXL tienen los mismos cuidados que las modelos regulares. Hacen sus ejercicios y controlan su alimentación, aunque de una forma quizá más satisfactoria, no comiendo sólo una manzana y un café al día.
¿Flaca? ¿Gorda? O peor, ¿Normal? ¿Qué es una mujer normal? Quizá un promedio, pero jamás normal. O mucho mejor, simplemente MUJER.
Esta nueva tendencia pro curvas es un movimiento que busca promover la auto aceptación y el amor propio. Nuestro cuerpo es nuestro templo, nuestro lar, por ello debemos cuidarlo, amarlo, independientemente de su constitución
Y olvidemos ya la tristeza, porque no tengamos el cuerpo perfecto que la sociedad define como ‘el correcto’. Las gorditas son mujeres hermosas con curvas. El secreto para que todo este tipo de ejercicios funcione es que se crean que ‘son hermosas y chulas sus curvas’.
¿Aún no se animan a creerlo? Aquí les dejo 5 pasos para que comiencen a buscarle el lado bueno a sus curvas.
Busca hacerte de amistades positivas, rodéate de gente que aporte cosas bonitas a tu vida. Intenta hacer actividades sanas, para mejorar tu estilo de vida y el de tu grupo de amigas. Este punto aplica a la familia, intenta juntarte con tus familiares que te den cosas bonitas y no te hagan pasar malos ratos.
Cambia tu chip; lo principal para ser feliz es que te creas capaz de ser feliz. No es caso que vayas por la vida buscando algo que no crees ser capaz de recibirlo. Si tienes curvas, también tienes más espacio para sentir las bondades de la felicidad en tu cuerpo.
Aprende a estar sola, una cosa que siempre caemos en el error es que no somos capaces de conocer lo que realmente queremos, y es simplemente porque estamos ocupadas atendiendo a las demás personas. Si estamos solas, nos daremos cuenta de las cosas que realmente queremos, nuestros gustos y nuestras molestias.
Cambia tu alimentación, evita comer de más y de mala calidad. Una alimentación sana hace que tu cuerpo sea capaz de recibir positividad. No quiero que se maten de hambre, pero traten de mejorar los hábitos que todos sabemos que es malo.
La felicidad es un sentimiento de momentos, nunca podremos ser felices todo el tiempo, pero podremos hacer cosas bonitas que nos faciliten tener una vida mejor. Las gorditas casi siempre caen en acciones que impiden sentirse felices, pero ¡basta ya!, el no tener la figura perfecta no es razón para no ser felices.
Ellas son las nuevas heroínas de la revolución curvas. Estas son las mujeres que aceptan su cuerpo tal y como es. Cuerpos naturales que se aceptan a sí mismas y ¡no piden perdón por sus curvas!
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ACHL -SEVILLA
Las mujeres con caderas anchas parecen más inteligentes
Ese estereotipo sexista de una mujer cosificada, tonta, pero atractiva, parece estar en cuestión tras un estudio realizado por científicos, el cual asegura que las mujeres con grandes caderas y cintura de avispa, parecen más inteligentes que la media. También menciona que a menudo dan a luz a hijos con destacados niveles de inteligencia.
Tal estudio ha puesto en contraste a las mujeres orondas o a las escurridas de caderas con las mujeres de caderas anchas y cintura fina. Al compararlas, los sorprendentes resultados apuntan a que uno de los factores que determina la inteligencia en mujeres y sus hijos, es una proporción que puntualiza que el contorno de su cintura sea menor en unas 0,6 y 0,7 veces al de su cadera.
Esa investigación tuvo una selecta muestra de 16.000 mujeres y niñas, a quienes se les midieron sus características antropométricas y se les puso a selecta prueba su nivel de inteligencia. Los resultados llegaron a la conclusión expresada en el párrafo anterior.
¿Y por qué las mujeres de caderas anchas parecen más inteligentes?
La explicación a este curioso fenómeno radica en los tipos de grasas que la anatomía femenina acumula en caderas y cintura, según afirma la investigación. En las caderas se contiene grasa con niveles muy altos de ácidos grasos de Omega3, que están asociados estrechamente con el desarrollo del cerebro.
La grasa depositada en torno a la cintura es muy rica en ácidos grasos de Omega6, los cuales, por contra, obstaculizan el desarrollo cerebral e inciden, entre otras cosas, en los procesos cognitivos.
Un estereotipo físico que está relacionado con las conclusiones de este estudio es el físico de Rachel Weisz, la actriz británica que ganó un Oscar por su papel en la película El Jardinero fiel, y que se graduó en Literatura inglesa, nada menos que en la Universidad de Cambridge, y todo eso mientras estudiaba teatro.
Esa teoría no ofrece una regla general para las mujeres y su inteligencia, simplemente intenta arrojar uno de los posibles factores que pueden incidir en la inteligencia de las féminas.
Hay que reconocer que es curioso. ¿Será este estudio realmente confiable o se tratará de otro de esos estudios extravagantes, con pocas muestras y unos resultados que solo se aplican a una determinada región socioeconómica, geográfica y cultural?
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ACHL -SEVILLA
El cambio climático
En los últimos años hemos podido ver algunos de los impactos del cambio climático en nuestro planeta, y no solo en el clima, también en el medio ambiente.
El cambio climático es una alteración grave del equilibrio ambiental y sus consecuencias pueden ser terribles si no se busca una solución y se toman unas medidas drásticas.
Es inevitable pensar en el aumento de la temperatura y el nivel del mar como las fatales consecuencias. Y aunque no son las únicas y la mayoría se derivan de esas, estas son las más importantes:
Aumento de la temperatura media de la tierra. Es Una de las principales causas directamente vinculada con la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero. El calentamiento terrestre ha sido el doble en los últimos cincuenta años, que en los cien anteriores, y de seguir así, se prevé que la temperatura media de la tierra pueda llegar a aumentar hasta 4°C en el año 2050. Las consecuencias que implicaría esta subida de las temperaturas pueden ser problema de salud en ancianos y niños; los más vulnerables en los días de calor, la facilidad de reproducción de algunos insectos que provocarán enfermedades a las plantas y afectarán a los cultivos. La alta temperatura generará un aumento de la deshidratación, y por tanto, de la demanda de agua potable y a su vez la capacidad de los embalses se verá mermada causando un desabastecimiento.
Aumento del nivel del mar y de su temperatura. El incremento de la temperatura global terrestre provocará la fusión del hielo glaciar, lo que generará un aumento de agua en mares y océanos. Según los científicos el nivel del mar puede aumentar 20 metros de aquí al 2100, lo que supone peligro para las ciudades que se hallan situadas en la costa o terrenos por debajo del nivel del mar. Lugares como Países Bajos, Calcuta, Bangladesh, Beijing, Shangai, Florida o San Francisco, se verán seriamente amenazados Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y de Estudios Ambientales, uno de los primeros ejemplos de las consecuencias podría producirse en el mar Caribe, donde se prevé que el nivel del mar aumente 40 cm para el año 2060, lo que provocaría invasión de las aguas subterráneas utilizadas para el abastecimiento por parte del agua salada del mar, ocasionando graves trastornos en el consumo de agua dulce. No solo el nivel del mar aumentará, también su temperatura, propiciando a la acidificación de ambos y poniendo en grave peligro a numerosas especies vegetales y animales.
Aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos. El incremento de la temperatura del agua de los océanos conlleva un ascenso del nivel de evaporación del agua y del índice de nubosidad, lo que causa aumento de la frecuencia e intensidad de las tormentas, tornados y huracanes. Tradicionalmente esto sólo pasaba en el Caribe, pero la tropicalización de los mares, provoca que éste fenómenos se dé hoy por hoy en cualquier lugar del planeta. Fuertes olas de calor, inundaciones o sequías son los fenómenos cada vez más habituales en nuestro planeta, cuya voracidad y frecuencia se estima que se ha duplicado en los últimos 30 años.
Cambios en los ecosistemas. Otra de las muchas consecuencias del cambio climático es el cambio que se produce en los ecosistemas. Aumento de la desertificación, extensión de la región tropical hacia latitudes más altas o el desplazamiento de las regiones boscosas hacia regiones que hoy forman parte de la tundra y la taiga. Por no mencionar los graves cambios que sufrirán los ecosistemas costeros, quizás los más afectados, debido al aumento del nivel del mar, provocados por la inundación de sus costas.
Peligro de extinción de numerosas especies vegetales y animales. Estos cambios desastrosos e irreversibles en los ecosistemas comprometen la integridad de numerosas especies vegetales y animales y constituyen una seria amenaza para su conservación. El oso polar mismamente puede ser el primer afectado, pues actualmente se puede observar cómo su población disminuye a medida que aumenta su dificultad para aclimatarse a la pérdida de su hábitat en las regiones del Ártico. Otro, puede ser la población de corales, gravemente afectada por el incremento de la temperatura del mar. Según los expertos entre un 20/30% de las especies animales y vegetales podrían verse en peligro de extinción por un incremento de entre 1,5 y 2,5 °C en la temperatura media global de la tierra.
Sequía. La disminución del nivel de agua dulce, en los ríos y los lagos, debido a la evaporación causada por el incremento de la temperatura, provocará un nuevo problema, la sequía.
La sequía contribuirá altamente a la desertificación de suelos, perdiendo estos una gran parte de sus nutrientes y empobreciendo su composición, generando por tanto un grave problema para el cultivo.
Efectos sobre la agricultura y el espacio forestal. El aumento de las temperaturas y la escasez de agua contribuirán a la dificultad de cultivo y reducirán su productividad provocando una escasez de alimentos y un aumento del hambre en el mundo. Aumentarán además los incendios en las zonas forestales, provocando la desaparición de esos grandes sumideros de carbono y contribuyendo aún más al impacto del cambio climático en el planeta.
Impactos sobre la salud humana. Según la localización y de la capacidad de adaptación de las regiones, las redundancias del cambio climático serán negativas para la salud humana. Se producirá un incremento de personas con malnutrición, así como el número de personas fallecidas directa o indirectamente por fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, tormentas, sequías, olas de calor o incendios.
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ACHL -SEVILLA
El entendimiento de la Mente y el Cuerpo es vital para el organismo
La influencia de la mente sobre el cuerpo es muy clara. Del mismo modo que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo y nos causan temor, miedo o preocupación, muchos problemas psicológicos causan síntomas físicos.
Las enfermedades psicosomáticas son frecuentes; un 12% de la población europea padece estas molestias, y se considera que una cuarta parte de las personas que acuden a los médicos de atención primaria presentan este tipo de enfermedades.
¿Pero qué son las enfermedades psicosomáticas?
En términos generales se entiende que una persona sufre de somatizaciones cuando presenta uno o más síntomas físicos y tras examen médico, dichos síntomas no pueden ser explicados por enfermedad médica. Además, pese a que la persona pueda padecer una enfermedad, los síntomas y sus consecuencias son excesivos en comparación con lo que cabría esperar. Todo ello causa a la persona que sufre de estas molestias un gran malestar en distintos ámbitos de su vida.
Debido a la falta de tiempo en las consultas y al difícil diagnóstico de las enfermedades somáticas, la medicina tradicional tiende a centrarse exclusivamente en los síntomas físicos de la enfermedad, olvidando las verdaderas causas del problema, o aquello que lo puede estar manteniendo. Es corriente hallar personas que se quejan de haber recorrido varios médicos sin que les encuentren nada; sin embargo, siguen sintiéndose mal y presentando algunos de los síntomas antes comentados. En muchas de estas ocasiones estamos ante problemas psicosomáticos.
Con frecuencia, los médicos tratan con fármacos a dichos pacientes administrándoles algún ansiolítico, pero al cabo de un tiempo vuelven con el problema sin resolver o con otros síntomas diferentes. Así pues, finalmente el médico deriva a esta clase de pacientes al psicólogo alegando que todo es una cuestión de “nervios”. Sin embargo, desde el punto de vista del paciente, el no encontrar una causa física le hace pensar que puede tener una enfermedad psicológica y consecuentemente teme por su salud mental. De igual modo, las personas que padecen estas dolencias no entienden muy bien qué les pasa y se muestran reticentes a acudir a un psicólogo porque no comprenden cómo semejante profesional les puede ayudar. Tal vez, por semejante motivo, cada vez hay más gente que busca una primera respuesta en medicinas alternativas, que a larga tampoco solucionan su problema.
Actualmente la psicología de la salud y la medicina conductual se encargan de estudiar esta la relación Mente-Cuerpo y de tratar al individuo desde una perspectiva más amplia, teniendo en cuenta la importancia tanto de los factores biológicos como de los psicológicos y sociales en el comienzo o el mantenimiento de algunas enfermedades.
¿Por qué el médico me dice que debo acudir al psicólogo?
¿Si mi problema no es físico, a qué se debe?
Éstas y otras preguntas similares son comunes en personas que padecen somatización y que son derivadas a un psicólogo.
Las personas que padecen problemas psicosomáticos no han conseguido encontrar una causa orgánica a sus síntomas o tras realizar distintos tratamientos médicos éstos no mejoran. Incluso hay ocasiones en que los fármacos les ayudan durante una temporada, pero entonces aparece un nuevo síntoma. Las personas que se hallan en esta situación no creen tener un problema psicológico, y siguen acudiendo de médico en médico para encontrar una respuesta física. Sin embargo, cuando se indaga un poco en su rutina diaria, ésas personas tienden a darse cuenta de que hay algo en sus vidas que les crea un malestar o una ansiedad. No se trata de tener un trauma infantil ni nada por el estilo, simplemente que hay ocasiones en las que algo nos supera y no sabemos cómo hacerle frente, o llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado como para que nuestro cuerpo no se resienta.
Por lo general, se tiende a pensar que las enfermedades psicológicas solamente causan tristeza, llanto, sentimientos de inferioridad y otros síntomas que no tienen que ver con el cuerpo, sin embargo, esta idea es errónea. Nuestros emociones influyen en nuestro cuerpo, al igual que éste influye en nuestras emociones.
La ansiedad, el estrés y la depresión actúan directamente sobre diferentes hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas enfermedades. Un ejemplo serían los estudios que relacionan el estrés con el cáncer. En este sentido, se ha demostrado que éste puede influir tanto en el origen como en el curso de la enfermedad. Del mismo modo, se ha demostrado palmariamente que la persona que padece depresión presenta una debilitación del sistema inmunológico o de defensa, con lo que pueden enfermar con más facilidad o bien les puede ser más difícil recuperarse de ciertas enfermedades.
Muchas enfermedades médicas están estrechamente relacionadas con el estrés. Entre ellas encontramos: la hipertensión, distintas enfermedades coronarias, el asma, la gripe, el cáncer, el hiper y el hipotiroidismo, las úlceras de estómago, el síndrome del intestino irritable, Cefaleas, el dolor crónico, contracturas musculares, impotencia, etc.
Tras ver que la depresión, la ansiedad y el estrés, entre otros, son factores que influyen tanto el origen, el mantenimiento y la evolución de distintas patologías físicas, es más fácil comprender la influencia de nuestra mente sobre nuestro cuerpo y el papel del psicólogo en nuestras molestias físicas.
A Chávez López
Sevilla may 2016
Incomprensible que en el siglo XXI suceda esto
Apoyado en la jamba de la puerta corrediza de la cocina, con el sombrero de paja sujeto con las dos manos, los bajos de los ajados pantalones de pana metidos en los calcetines, y una camisa de pana plagada de manchas y de arrugas, Anselmo, el capataz de aquella impresionante hacienda, esperaba.
Las once mujeres del servicio doméstico, todas cómplices, murmuraban desprecios hacia el propietario de la hacienda, que, aun pronunciados en susurros, Anselmo los escuchaba perfectamente.
Los diferentes olores en la enorme y lujosa cocina, equipada con muebles de alta calidad, alborotaban el sistema digestivo de Anselmo, y los continuados rugidos de sus tripas recrudecían los insultos de sus compañeras, cuyas se afanaban entre platos, cubiertos, ollas y fogones.
Anselmo cargaba el peso de su desgarbada y delgada anatomía en cada pie, a la vez que mantenía baja la cabeza, y fija la vista en el verde de la solería de cerámica del suelo de la cocina, como pensando, sabrá Dios en qué, pero lo más probable sería en su más que endeble economía.
A eso de las doce de la mañana, el señorito llegaba a la cocina con paso decidido desde el interior de su suntuoso caserón, precedido por el aroma del afamado y costoso perfume, "Esencia de Loewe" y, después de sentarse en un taburete de caoba ante una vitrocerámica de ocho placas, despectivamente hablaba a su capataz Anselmo, sin siquiera darle los buenos días, pero ni a él ni a ninguna de las mujeres del servicio.
-Anselmo, espero por tu bien que estén regados los maizales, los frutales, los algodones, las papas y los trigales.
Anselmo apenas movía los ojos para mirar a su patrón:
-Todo regado, don Alfonso.
Una taza porcelana “Cartuja-Sevilla”, con el mejor café colombiano, una jarrita con leche caliente, un azucarero con azúcar (todo a juego), varias tostadas de pan de pueblo, una caja de mantequilla margarina, seis tarritos de mermelada de variados sabores, y un zumo natural de naranja, de su propia cosecha, dispuestos frente al señorito estaban ya.
-Anselmo, lava con esmero los diez potros jóvenes. Poda el césped de los jardines, y también friega con “Zotal a Fondo” los suelos de las tres cuadras -y ajustándose el cinturón, miró hacia las mujeres:
-¡Qué una de ustedes avive el fuego de la chimenea, tú misma Pepa, que me estoy congelando vivo, joder!
Los dos interpelados superpusieron sus voces, casi al unísono:
-Sí, Don Alfonso.
El pobre de Anselmo sentía el golpe del olor del café como una bofetada, y oraba para su interior para que su estómago no le traicionase sonoramente.
-Anselmo, esta tarde traerán el nuevo coche “Mercedes” de la señora, que lo metan en un garaje aparte. ¡Y mucho ojo con que alguno de ustedes se vaya de la lengua! Es una sorpresa. Regalo de aniversario.
Y don Alfonso continuaba hablando, dando órdenes, pero Anselmo no le escuchaba ya; el hambre lo tenía trastornado y sus pensamientos volaban hasta su mísera vivienda. Sabía que su Josefa estaría con las manos en el agua helada, lavando las costosas prendas de sus patrones, después de haber llevado a sus tres hijos a la escuela. Muy temprano había desayunado Anselmo con sus hijos y su mujer: un vaso de leche y un trozo de pan, antes de salir de nuevo para seguir trabajando.
Como si hubiese leído los pensamientos de su capataz, la voz del señorito le llegaba en forma iracunda:
-¡Pero muévete, joder, que parece que te flaquean las fuerzas, como si muerto de hambre estuvieses! ¡Y sabes bien que me cuestas mucho dinero! ¡Dieciséis años pagándote un espléndido sueldo!
Y resulta que el pobre Anselmo estaba levantado desde las cinco de la mañana, sin desayunar porque le gustaba hacerlo con sus hijos, y precisamente desde la cinco y cuarto hasta las nueve menos cuarto había estado enfrascado en esas labores en la hacienda
“Dieciséis”, pensó Anselmo. Parecía que era ayer que “Lolo” le contase lo del casamiento de la señorita, ahora la señora. Su amigo, “Lolo”, le había dejado el trabajo de herencia, meses antes de morir.
-Así que os quiero a todos activos. Tú, Anselmo, te ocuparás de las luces del jardín y las de las terrazas. De las de la carpa se encargarán los organizadores. Serán cuatrocientos invitados. El menú será este: gazpacho, filetes de ternera y de cerdo, pescados variados, como plato principal. Como entremeses y entradas: 4 jamones ibéricos 5 bellotas de 9 kilos cada uno, 15 cañas de lomo ibéricas de 2 kilos cada una. Mariscos: 400 docenas de ostras, y gambas, cigalas langostinos, percebes y centollos. De postre helados variados, crema flan y fruta del tiempo. Toda la comida será preparada, cocinada, suministrada y servida por el restaurante “El Burladero”, con camareros uniformados del servicio a domicilio del mismo restaurante.
“¡Jo, cuánto comen cuatrocientas personas”, pensó Anselmo.
-Bueno, Eduardo, ya sabes, pon todo en funcionamiento. ¡Y sin fallos!
-Ah, casi se me olvida. Ahí te dejé tu sueldo de este mes. Te aumenté 5 euros por… la verdad es que no sé por qué -se apresuró en añadir.
-¡Muchísimas gracias, Don Alfonso!
Anselmo salió feliz y sonriente de la cocina, a la vez que pensando...
“¡Qué contenta se va a poner mi Josefa!”.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Buenas tardes. Sevilla, sábado 16 mayo 2026
Buenas tarde se sábado 16 mayo 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
A lo Curro Jiménez en un barrio pobre
En un barrio pobre y marginado emergieron figuras que desafían las circunstancias y las normas sociales, ganándose el apodo de "Curro Jiménez" por su capacidad de redistribuir recursos y ayudar a los más necesitados.
Estos Curro Jiménez, aunque actúan al margen de la ley, se convierten en héroes locales para su vecindario, ofreciendo una luz de esperanza en medio de tanta miseria y adversidad.
Las motivaciones de estos Curro Jiménez urbanos son complejas y multifacéticas. Provienen de la misma comunidad que buscan ayudar. Crecieron en la pobreza, experimentaron la falta de oportunidades y son testigos directos de la injusticia sistémica que perpetúa la desigualdad. Este trasfondo personal brinda una comprensión profunda de las necesidades de sus vecinos y un fuerte deseo de mejorar las condiciones de vida de sus vecinos.
La falta de confianza en las instituciones oficiales y en el gobierno motiva a estos héroes a tomar medidas por su cuenta. La corrupción, la ineficacia de los programas sociales y la falta de acceso a los servicios básicos refuerzan la percepción de que la única manera de generar un cambio real es a través de acciones directas y fuera del marco legal establecido.
Las actividades de estos Curro Jiménez varían pero generalmente incluyen una combinación de redistribución de recursos, organización comunitaria y actos de desafío contra las autoridades. Algunos se dedican a la distribución de alimentos y medicinas, obtenidos ilegalmente, a las familias más necesitadas. Organizan eventos comunitarios, como cenas populares, para fortalecer el tejido social y ofrecer un espacio seguro donde los residentes puedan reunirse y apoyarse mutuamente.
Otro aspecto importante de sus actividades es la protección contra la violencia. En este barrio donde la policía es vista con desconfianza o es inexistente, los Curro Jiménez asumen el papel de guardianes, interviniendo en los conflictos y protegiendo a los vulnerables de otras amenazas. Esta función les otorga un estatus de liderazgo y respeto dentro de la comunidad, consolidando su rol como protectores y benefactores.
El impacto de los Curro Jiménez en su barrio es significativo y multifacético: proporcionan soluciones inmediatas a necesidades básicas de la comunidad. La distribución de alimentos, medicinas y otros recursos esenciales marcan la diferencia entre la supervivencia y el sufrimiento para las familias. Esta ayuda directa es especialmente crucial en tiempos difíciles, de crisis, como desastres naturales o recesiones económicas, cuando las redes de apoyo oficiales son insuficientes, negligentes, y también, ¿por qué no decirlo?, inexistentes. Fomentan la solidaridad y la cohesión dentro de la comunidad. Al organizar eventos comunitarios como mediadores, ayudan a construir un entorno más unido y resiliente. La presencia de estos hombres en los que los residentes confían, puede inspirar a otros a involucrarse activamente en la vida del barrio, promoviendo una cultura de colaboración y apoyo mutuo.
Empero, es importante reconocer que las actividades de estos Curro Jiménez tienen aspectos negativos. Su actuación al margen de la ley atrae la atención de las autoridades, a la vez que lleva represalias que afectan a toda la comunidad. La dependencia de estos dificulta el desarrollo de soluciones sostenibles y estructurales a corto o medio plazo. En lugar de abordar las causas profundas de la pobreza y la desigualdad, las acciones de los Curro Jiménez se enfocan en paliativos inmediatos.
Estos Curro Jiménez de un barrio pobre representan un fenómeno complejo y fascinante que refleja tanto la resiliencia de una comunidad marginalizada como las fallas de las estructuras sociales y gubernamentales.
Aunque actúan fuera de la ley, sus esfuerzos para redistribuir recursos y proteger a sus vecinos les ha ganado un lugar preferente en los corazones de aquellos a los que ayudan, y a la vez su existencia subraya la necesidad de tomar soluciones drásticas y estructurales para abordar las raíces de la pobreza y la injusticia social.
Es esencial que las políticas públicas se orienten hacia la creación de oportunidades y mejora de las condiciones de vida en este barrio, de modo que los actos de beneficencia y protección no dependan de “intrusas” figuras individuales, sino de un sistema justo y equitativo que sirva a todos sus ciudadanos.
Mientras, estos incansables Curro Jiménez seguirán siendo un símbolo de esperanza y resistencia en todos los rincones más desafiados de su barrio.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Ego inflado
Buscó afanosamente en la bibliografía el mejor de los seudónimos, para que no se supiese que su nombre real era Anacleto.
Buscó imágenes en Internet que representase un señor guapo y gallardo, para ocultar el hecho de que era un individuo bajito, feo, tartajoso, bizco, cojo, manco y extremadamente gordo.
Aprendió a manejar perfectamente los correctores de texto, para que sus faltas de ortografía, consecuencia de su escasa escolaridad, no fuesen tan obvias en el momento clave del escrito de presentación.
Hizo fotocopias de cientos de poemas de amor de autores ignotos, para que las señoras que los leyesen lo considerasen un gran poeta.
Plagió la foto de un modelo italiano,fallecido, para enviársela a las damas del Internet, que querían verlo al menos en foto.
Mostró durante meses su falsa imagen al mundo del Internet, hasta que una hembra de su misma ciudad le pidió que se conociesen en persona, y él, previas disculpas absurdas y cientos de mentiras como justificación, le propuso una cita a corto o medio plazo, hasta que no tuvo más cojones que comparecer.
Y se conocieron en un conocido bar de copas, contándose previamente cómo irían vestidos.
Ella tampoco se acercaba absolutamente en nada a lo que él esperaba.
Y ya, sin ninguna clase de maquillaje cibernético, cara a cara los dos, se sentían de puta madre y decidían amarse para siempre tal y como eran.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Berta y sus nuevas lolas
Berta era una adinerada chica sevillana de 28 años, muy coqueta ella. Pero arrastraba un gran complejo: tenía poco volumen de senos Harta ya de burlas de extraños e incluso de amigos, a primeros de junio de ese año decidió acudir al mejor cirujano plástico de Madrid, para que le aumentase las mamas.
Se sentía feliz con sus nuevas lolas. Lo primero que hizo una vez repuesta, fue irse a Ibiza y allí haría topless, para deleite de tantos machos ibéricos y foráneos millonarios y famosos que pululan por la isla balear.
Estaba eufórica. Se veía tan bien, tan despampanante, tan orgullosa, tan así, tan de aquella manera..., que quería compartir con todos la belleza de sus espectaculares lolas.
Su mejor amiga, Rosa, le hizo un comentario:
—¿Te vas a Ibiza en avión? ¡Cuidadín, cuidadín con lo que vas a hacer! Las prótesis pueden explotar no bien el avión coja altura.
Y cada una de sus otras nueve amigas contó una versión diferente sobre las prótesis y los aviones...
—Acuérdate de lo que le ocurrió a la Anita Obregón... -una.
—Lo mim0 que a muchas actrices de Hollywood... -otra.
—¿Te acuerdas de Piluca? Pues ella tuvo problemas... -otra.
—No sé de ningún cirujano plástico que asegure algo así... -otra.
—Es que llevar ahí arriba algo que no es tuyo y tan grande... -otra.
—Yo que tú me iba en barco... -otra.
—Bueno, a lo mejor tienes suerte y sólo explota una... -otra.
—Arriesgarte a un peligro y solo por presumir... -otra.
—A muchos tíos no les gustan las tetas de silicona... -otra.
—“¡Basta ya! ¡¡Basta ya!! ¡¡¡Baaastaaa yaaaaaa!!!” –gritó Berta, cabreada.
Pero tan confusa la habían dejado las opiniones de sus amigas, que habló con su cirujano, que le dijo categóricamente que viajase en avión a Ibiza y adonde le diese la real gana, totalmente tranquila, que no tendría ningún problema.
Berta cogió un taxi y se fue al aeropuerto, acompañada de su amiga Rosa, que, antes de subirse a la aeronave, le preguntó:
—¿Qué harás si explotan tus tetas en pleno vuelo?
—¡Déjame ya en paz, joder! -respondió y se fue hacia el avión.
Ya a bordo, no obstante, las últimas palabras de Rosa le daban vueltas y vueltas en la cabeza. Y tantas vueltas eran que ni siquiera la contundente respuesta de su cirujano le daba tranquilidad.
En el asiento contiguo al suyo, un niño se movía revoltoso. Pero Berta, habituada a los aviones, se quedó dormida.
Y soñó que caminaba por una cala solitaria, y que, de pronto, se cruzaba con el niño del avión, que la seguía y se ponía delante de ella. Hasta que, finalmente, cogía su arco y sus flechas de juguete, ponía una en el arco, apuntaba a los pechos de Berta y... ¡¡¡PUMMMMMMMM!!!
Berta despertó sobresaltada, cogiéndose sus tetas con desespero.
Y mientras, el mocoso que iba a su lado se estaba quitando de la cara los restos del chicle que había estado masticando.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Buenos días. Sevilla, domingo 17 mayo 2026
Buenos días de domingo 17 mayo 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
¡¡Cerrrrveeeezas!!
No me quiero acordar cómo terminé vendiendo cervezas en la playa de Rota (Cádiz) el verano pasado. Qué contactos, qué ganas o qué urgencias me llevaron hasta un pueblo de un bum inmobiliario que convertía a aquel municipio costero en el lugar de veraneo más apropiado para gente de la clase media. Aquellos veraneantes eran los ideales para decorar -con sus presencias refinadas, sus proles numerosas, sus radios que largaban coplas y sevillanas-, aquellas arenas y aquellas aguas azules-verdosas. Y, entre ellos, yo cruzaba la playa a diario bajo un Sol de sentencia, pero untado en cuello y hombros un protector solar, cubriéndome brazos y piernas, empujando, a duras penas, un carrito con latas de cervezas y barras de hielo, enterrándome en la arena, esquivando a quienes tomaban el Sol, a quienes que jugaban al fútbol y a otros vendedores ambulantes como yo, y yendo y viniendo por aquella larga y por tramos ondulada extensión de costa...
Mi carrito tenía una campanita de bronce que la hacía sonar y gritaba ¡cerrrrveeeezas!. En el estirar de la “erre” y el de la segunda “e”, esperaba encontrar un pregón original para que los bañistas me reconociesen y me llamasen para comprar cervezas Me comportaba amable y servicial con los veraneantes, pensando que actuando así me los iría ganando para futuras ventas.
Sin autorización del dueño del concesionario, pinté en el carrito en sus dos laterales y por delante Cruzcampo. Pero cuando concluía la temporada veraniega tenía que borrarlo todo para evitar una multa del concejal del Ayuntamiento que controlaba el negocio de los vendedores ambulantes en todo el municipio.
Pero las ventas iban flojeando. Era fin de julio y los vendedores cantábamos desganados la copla de nuestros productos. Empezaba a cansarme, pero no me quedaba de otra que estirar la decepción hasta acabar septiembre. Faltaban un mes.
A veces iba por la arena de la orilla, más asentada y viable, pero ya no me molestaba en pregonar cerveza, que también vendían en los chiringuitos de allí. Pero me motivaba el hecho de haberme hecho de dos clientas fijas que siempre me compraban a las dos, cual inconsciente esfuerzo que algunos tienen de mantener la rutina hasta en sus días de vacaciones. Una de ellas era una gordita y bonachona madre de familia, que venía de uno de los pisos de alquiler; y la otra, una mujer cincuentona bien conservada y guapa que a pesar de no llevar maquillaje, su imagen merecía una playa de gente más postinera.
Como me llamaba desde doscientos cien metros, me obligaba a retrepar con el carrito las ondulaciones del terreno, pero la gordita ¡me daba una propina!, además de pedirme y pagarme seis latas para llevárselas para el resto de su familia.
Y también había por allí cuatro cuarentonas, a las que siempre encontraba a eso de las dos, tumbadas panza arriba en hamacas tomando el Sol. De aquel cuarteto femenino, la que se levantaba y me llamaba y me pagaba cuatro eternas cervezas era una culona, la menos baqueteada por el paso del tiempo o los hijos. Por cierto, nunca había visto niños ni hombres con ellas. Acostumbraban a ponerse al final de la playa, donde la población playera mermaba, buscando la privacidad que le daba cierta separación saludable entre los veraneantes.
Pero un día la culona, antes de darme el billete de la compra se le caía de la mano y tenía que agacharse para recogerlo. En su inclinación, dos tetas, más pezón que otra cosa, se salían por encima de la recatada postura que adoptaba su cuerpo para atenderme, que supongo que por pudor. Pero, curiosamente, tomando el Sol se bajaba su bañador hasta la cintura, según comentaban los típicos mirones.
Pero era un pudor con visos exhibicionistas. La primera vez creía que era un descuido, pero alertado por el cuchicheo y las risas ahogadas de las otras, que seguían en decúbito dorsal la transacción comercial, llegué a pensar que se estaban divirtiendo a mi costa.
Uno de esos días pasó algo inesperada. Mi único pantalón corto de trabajo se descosió en la entrepierna, justo donde los muslos se rozan al caminar. Vi en el espejo del baño compartido de la fonda donde paraba que si estaba en pie, la rotura no se notaba, pero si me ponía en cuclillas, ¡oh!, el trío freudiano hacía su aparición. Al otro día descarté los calzoncillos y fui a trabajar más liviano, y también con la ansiedad y alegría como las de la primera semana mientras me alentaba a semejante suplicio la ilusión de hacer dinero pensando en el otoño. Pero ese día, lunes si mal no recuerdo (aunque a los veraneantes les da igual el día que sea) me sentía bien por gustarme las mujeres y “sus intimidades más íntimas”:
“¡Pepe, ahí la tienes!” me dije cuando la culona a la distancia reclamaba mi presencia.
Y allí fui y allí escuché el mismo pedido de siempre. Y allí el billete doblado en cuatro se le escapó de la mano por el efecto del viento, que no amaina en esa parte de la costa. Pero intervine enseguida y le gané de mano y me agaché con mis piernas abiertas para coger el preciado papel con un 20 pintado, que por poco no se iba volando. Un segundo ante sus ojos, el trío freudiano dijo hola, colgó envuelto en la brisa costera y desapareció por dentro del pantalón. Seguro había habido visualización por su parte, porque sus ojos se desviaron abochornados, quizá (era difícil ver rubor en su cara porque se empecinaba en broncearse de los pies al pelo), mientras le agradecía la compra y comenzaba a tirar del carrito, sin muestra de provocación de mi cuerpo, que estaba liberado de un inocente exhibicionismo.
Al otro día anduve listo para ganar el juego libertino que la culona había propuesto, si se daba el caso, pero el billete nunca más volvió a caérsele de la mano. Detrás de la culona, el cuchicheo jocoso de las tres amigas se había vuelto en un silencio expectante.
Pero ya no hubo más venta de cervezas a las cuatro damas, ni más juegos libertinos con la dama culona, porque a las tres de la tarde del primer lunes de la segunda quincena de agosto, las cuatro no volvieron a aparecer.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Diferencias en pareja
No he respondido antes a tus últimos mensajes, no por ganas, sino porque me dejaste helado. Duras palabras y sobre todo las que hablaban de que era “mejor llorar sobre una tumba que dejarme de dramas, que soy peliculero”. Palabras que no habrías pronunciado si fuera tu madre la que estuviera pasando por la situación de la mía, por “claras tuvieses las cosas”, decías.
En cuanto a que “me pega” (y me lo dijiste dos veces) la letra de una canción de Isabel Pantoja, te respondo que creía que me conocía, pero que ahora me doy cuenta de que no me conoces, que no tienes ni idea de cómo soy.
¿Mal agradecido yo?
¡¿Esto es de coña, vaya, no?!
Mal amante
Así fue, pero sólo contigo la única vez que no encamamos, porque después, con 3 años más (sabes a que me refiero) me demostré a mí mismo que “sirvo”. Lo que da que pensar que no supiste "trabajarme", amén del paquete de serios problemas que arrastraba (mi madre, una vasectomía sin ser advertido de las consecuencias, un inoportuno jarabe, sin sexo muchos años y a mi edad…).
¿Mal amigo yo?
¿Y precisamente yo y contigo? ¡Vamos, anda! Si yo he sido la única persona en tu vida que desde que te conocí no he dejado ni un solo día de animarte y solidarizarme contigo y con tus problemas, y también de ayudarte económicamente, pero en la medida de mis posibilidades de cada momento y de forma desinteresada y altruista.
Sabes que nunca he creído en la amistad y, sin embargo, tú me hiciste creer en ella, pero de nuevo ahora he vuelto a creer que no existe.
Un profesional de la mentira
¿Yo? Esto es un insulto en toda la regla. Detesto la mentira y a la gente que miente. Te estás empecinando en hacerme cómplice de tus propias frustraciones. Seguro que, si hubiese solucionados todos esos asuntos que te agobian, no me habrías asignado esa letra en los labios de la Pantoja.
He sacado a colación esa letra porque me duele que me hayas dicho que me pega. ¿De verdad crees que me pega? Si eso es lo que piensas, es tu problema. Yo soy un hombre íntegro y responsable.
Y nada más, sólo añado que me está costando no saber de ti, pero a todo se adapta uno y más aún a estas alturas de mi vida.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Dos conmociones casi seguidas
Me llamo Pedro Ruiz. Ahora tengo 45 años. Me dicen algunas féminas amigas que soy un maduro resultón, por mi alta estatura, mis ojos del color del castaño y mi pelo moreno, aunque un poco canoso ya.
Empecé a cursar medicina en la facultad de medicina de la ciudad Sevilla, y cuando realicé las prácticas en el Hospital Macarena, me aceptaron porque según mis profesores tenía cualidades para esta profesión.
Para calmar mi inquieto espíritu, narro lo que me ha ocurrido, algo que me ha superado. Prácticamente por mi culpa moría un muchacho de 18 años. Si no hubiese salido un par de minutos del hospital, probablemente seguiría con vida.
Trabajaba en ese hospital. Todos los días eran normales, hasta que un día, muy caluroso de abril, escuchamos un estruendo. Mi enfermera, Violeta, corría hacia el lugar del estruendo.
Yo no me había enterado de nada, sólo escuchaba que pedían una camilla. Al poco, pasaban por mi lado. Un muchacho, pálido y más blanco que la leche, yacía inconsciente sobre una camilla con ruedas. Su cara estaba cubierta de sangre.
—¡Lo han arrojado con violencia desde un coche en marcha! -decía, nerviosa, una señora.
Todos veíamos cómo aquella angustiada señora sufría un infarto. La llevaban a enfermería mientras yo me iba a urgencia, donde estaba agonizando el muchacho.
Un de mis compañeras y un compañero le estaban haciendo pruebas. Yo le cogía la muñeca y le tomaba el pulso: apenas si se oía. Le miraba los ojos, que parecían suplicar ayuda. Le hacíamos una prueba más exhaustiva. La situación era desoladora. Un pulmón lo tenía muy deteriorado, seguramente por el golpe al caer al suelo desde un coche en marcha. Los brazos, uno de ellos fracturado por varias partes, y los dos, llenos de cortes, causados por un objeto afilado. Perdía un ojo, y el otro casi, el diagnóstico era: explosión del globo ocular. El riñón derecho no funcionaba, y el otro, terriblemente deformado estaba.
Por todo eso no era extraño que hubiese perdido más de tres litros de sangre, por lo que entraba en coma profundo. Lo llevaban a quirófanos. Todos los que estábamos presentes pensábamos que no iba a salir de esta, pero no, vivía aunque había perdido la movilidad y nunca más volvería a ver. Su único hermano, siempre estaba con él; lo paseaba por los jardines del hospital.
Algunos amigos venían a visitarlo a menudo. Dos de ellos se quedaban incluso todo el tiempo con él, alternándose. Los médicos y las enfermeras lo cuidábamos con total entrega, y hasta llegamos a cogerle cariño.
El día de Halloween por la mañana habían estado con él sus amigos, y su hermano, como venía siendo costumbre. Esa noche nadie pudo quedarse con él, y por eso le prometimos a Luis, que así se llamaba su hermano, su ángel de compañía, que quedaba en buenas manos.
Pero maldita la hora en la que le decía eso, porque a las dos de la madrugada, mientras acudía a la recepción (donde ocupaba momentáneamente el puesto de recepcionista una veterana enfermera, María, guapa y amable mujer de 40 años, de la que yo estaba enamorado), al ir bajando peldaños, una sensación de inseguridad me invadía al ver que todo estaba oscuro y solitario. Mi corazón se iba acelerando al comprobar que no había nadie en la recepción.
Me iba presuroso hacia su puesto de trabajo, pero tampoco estaba allí. No sabía por qué me daba la sensación de que podría estar caída en el suelo; miraba, y allí estaba, con sus bellos y grandes ojos cerrados. La cogía y la acomodaba en una camilla. Mi oído se agudizaba y escuchaba cómo alguien huía por la escalera más próxima a mí del edificio.
Le echaba aire a María con una revista que había sobre una silla.
De pronto, una alarma asustaba a los pacientes. Venía de la sala de enfermería. Entraba apresurado y observaba que la señal en el ordenador de la habitación 276 estaba parpadeando.
Corría hacia las escaleras y topaba con Dolores (otra enfermera). Llevaba tras sí una máquina de reanimación.
—¡Dios mío, ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha ocurrido? Pobre María -escuchaba decir a la enfermera Samanta.
Corría hacia allí. Al ver aquel panorama tan desolador me daban arcadas. Samanta intentaba taparle la hemorragia en el cuello y la cara. La raya informática en la pantalla del monitor estaba plana.
—¡Carga a 190! -le decía enérgicamente a Samanta.
Le daba cuatro descargas seguidas, pero no reaccionaba.
—¡Déjela ya, doctor! ¡Ha muerto! –me decía Samanta
—¡No, no me doy por vencido! –respondía.
Me remangaba y empezaba a hacerle un masaje cardiaco. Nada.
—¡Carga a 200! -gritaba de nuevo a Samanta.
Samanta no podía parar la hemorragia. Cuando el aparato se había recargado, le daba una descarga tan fuerte que el cuerpo de María daba un salto y caía al suelo.
La sangre salía, cual sádica cascada, bajo el cuello. Empezaba Samanta a hacerle el boca a boca absorbiendo toda la sangre que salía permanentemente.
Seguía un minuto más, hasta que la sangre dejaba de salir. Samanta se deshacía en lágrimas. La cara de María se ponía pálida, sin vida. Instintivamente, me quedaba unos segundos mirándola:
—Hora de la muerte: las 17:11 HORAS -decía, desolado y desfallecido.
Estaba medio repuesto y no sabía qué me había ocurrido. Me encontraba atado a una cama y me estaban medicando. Sin duda, las secuelas de no poder salvar a un ser humano, y en este caso una mujer, a la que amaba con todo mi ser.
Según me enteraba al volver a mis obligaciones médicas, había entrado precipitadamente a la sala un loco y le cortaba el cuello a María, pero antes la había violado salvajemente.
Y ahora mi corazón está destrozado y no podrá empezar a recuperarse hasta que no haya muerto ese hijo de la gran puta cabrón depravado.
A Chávez López
Sevilla may 2026
El Amor llamará a mi puerta
Cuando desperté, lo primero que se me vino a mi coco fue Carmen. ¡Nadie sabe cuánto la deseo, cuanto ansío tenerla entre mis brazos, nadie sabe lo que me gustaría besarla y decirle todo lo que la amo y la deseo! Pero Carmen no parece darse cuenta
Sé que el día que recapacite y yo sea correspondido será, sin duda, el mejor día de mi vida. El día en que Carmen será mía para siempre. Y también sé que ese día no tardará en llegar.
Me fui a la cocina a tomarme mi leche con Nesquik tarareando una copla. Ahora no me acuerdo del título, pero sí recuerdo que era una de esas de un Amor profundo. Pero, ni su apasionada letra transmitía tanto Amor como el que yo siento por Carmen.
Hoy es uno de esos días en que te levantas de un ánimo de maravilla, y en lo único que piensas es en cosas buenas. Tu cuerpo se mueve por sí solo, sin que te des cuenta de ello. ¡Me encantan estos días!
Terminé con mi leche y llevé la taza sucia al lavaplatos. ¡Y no se imaginan lo que pasó! Mirando por la ventana de mi cocina vi a Carmen regando sus plantas con una regadera verde, y su melena rubia con un sombrero de paja. Estaba preciosa. Como esas bellas jardineras de revistas. Me vio y me hizo un gesto como queriéndome decir algo.
Pero yo, imbécil que es uno, me aparté de la ventana. Si tuviese el valor para gritarle lo que la amo y lo que me gustaría estar con ella... Pero no, lo único que hice fue quitarme de en medio.
Pero la realidad es que soy realista. Sé que no soy un modelo, sino un poco… ¿cómo decirlo para que ni yo mismo sufra? Diré que desafortunado. No me gusta decir feo. Nadie es feo. Todos tenemos belleza. ¿Y yo también? Bueno... vamos a dejarlo ahí.
Lo que quiero decir es que a veces pienso que llegué tarde al reparto de facciones. Unos recibieron una nariz respingada; pero porruda yo. Igual con los ojos y el resto del cuerpo, pero me tomo las cosas con humor. Si me preocupase por “los piropos” que circulan por ahí a mi espalda, tiempo haría ya que me habría suicidado.
Seguía reflexionando sobre mi fealdad, cuando sonó el timbre de la puerta. El corazón se me paró de pronto, pero enseguida empezó a bombear con más fuerza. El sudor corría a canales por mi frente y sentía mi jorobada y doblada espalda empapada, como un paraguas en los días de viento y lluvia. Hacía un calor tremendo, que mezclado con la adrenalina del momento, toda mi anatomía se había convertido en un infierno.
—Hola, vecinito.
Y ahí estaba ella: blanca sonrisa, ojos cielo y cuerpo perfecto. Y todas sus avíos seguían tan bien colocados como la última vez que la vi. No podía ser más perfecta.
—Hola, Carmen. Cuánto tiempo.
—Sí, mucho que no te veía. ¿Has estado enfermo?
¿Carmen preocupada por mí? ¿Me echa de menos?”, pensé, escamado.
—No. Bueno, sí, un poco.
—¡Pobre! Sólo quería preguntarte si tienes una maceta pequeña que no la estés utilizando. Mañana compraré unas cuantas y te devolveré la tuya.
—Creo que sí. Un momento. ¡Pero pasa, por favor, pasa…!
Mis manos temblaban y todo mi cuerpo sudaba, como si dentro de mí hubiese un grifo. Tenía que hacer algo para que se fijase en mí. Por lo menos en mi educación y en mi manera de ser. No en mi físico, porque como se fijase en mi físico, seguro estoy que saldría corriendo sin parar.
—¿Te traigo un vaso con agua? -me dijo al verme nervioso.
Mi boca estaba seca como la mojama, y con mis enormes gafas de culo de vaso, yo mismo me veía realmente espantoso. ¿Pero qué podía hacer? Así fue como me mandó Dios a este mundo.
—Sí, gracias, un vaso con agua estaría bien -le dije y me apresuré en añadir: oye, mírame, escucha, yo...
—¡No digas nada! ¡Yo también!
Su fino y alargado dedo índice de la mano derecha tocó mis labios y entonces olí su delicioso aroma. No entendía lo que estaba pasando...
—¡Ay, mi Andrés! Ni te imaginas lo mucho que siento por ti. Cada vez que te veo me excito..
Sus voluptuosos y empinados pechos se aproximaron a mí, empitonando mi raquítico pecho.
—No lo entiendo. Eres una mujer hermosa y yo soy un hombre horrible -desvié la boca; temía que me oliese el aliento por cuatro muelas picadas.
—¡No digas estupideces! Todos somos hermosos por dentro, y los hermosos por fuera, generalmente, son horribles por dentro -dijo-. Bueno, lamento dejar esta charla aquí. Tengo que irme. Dejé a mi sobrino solo en casa. Así que nos veremos pronto.
—Claro. Me rendiré a tus pies cuando tú quieras.
Y así termina mi extraña historia. Pero todo lo que ocurrió esa mañana fue una malévola trampa de la perra arpía de Carmen.
Resulta que la muy zorra había apostado un buen dinero con todos nuestros vecinos a que me rendiría a sus pies. Y no me rendí a sus pies porque no me dejó. Me sentí un estúpido cuando me enteré de la apuesta.
Tan mal me sentó y tan mal me siento ahora que me he encerrado en mi casa y no saldré de ella hasta que no llame a mi puerta mi verdadero Amor.
A Chávez López
Sevilla may 2026
Por estas expresiones y miles más, cada vez me gusta más mi andalú, y quien diga que no sabemos hablar, que aprenda a entendernos, y seguro que le coge gustito. Ah, que conste que una tontería es una chuminá.
A Chávez López
Sevilla may 2026
El bosque del Amor y la Ilusión
En pleno corazón de un vasto valle, rodeado de majestuosas montañas y un río caudaloso y cristalino, se encontraba el llamado “Bosque del Amor y la Ilusión”.
Reconocido que este bosque no era un bosque cualquiera; sus numerosos árboles susurraban secretos milenarios, sus flores desbordaban de colores y fragancias que embriagaban los sentidos, y sus senderos parecían llevar directamente al alma de quien se aventuraba en él.
Corría la leyenda que este bosque había sido bendecido por dioses, quienes lo convirtieron en un santuario para los enamorados. Se decía que quien se adentraba en sus profundidades, con corazón puro, encontraba respuestas a sus más ansiados anhelos, y preguntas sobre el Amor. Parejas sentimentales de todo el planeta llegaban al bosque buscando consuelo, guía, y la promesa de un Amor duradero.
Sonia y Javi eran una de esas parejas. Llevaban años juntos, pero recientemente habían atravesado tiempos difíciles. La rutina y las responsabilidades habían comenzado a desgastar la chispa que una vez los unió. Decidieron emprender un viaje a aquella prodigiosa algaida, esperanzados en que este lugar mágico pudiera reavivar su relación.
Cuando entraron al bosque, eran recibidos por una brisa suave que acariciaba sus rostros como una caricia amorosa. Los árboles, altos y majestuosos, parecían inclinarse ligeramente, como si los saludaran. Cada paso que daban sobre una mullida alfombra de hojas caídas, resonaba con un eco de promesa y esperanza.
El primer claro que encontraron estaba adornado con flores de toda la gama de colores. Cada flor parecía vibrar con una energía propia, y su fragancia se entrelazaba en el aire, creando una sinfonía aromática que despertaba los sentidos. En el centro de ese claro, un anciano, de aspecto sabio y bondadoso, los esperaba. Llevaba una túnica blanca que parecía brillar con luz propia, y en sus ojos se reflejaba una penetrante comprensión del Amor.
El anciano los miraba y les hablaba con una voz suave pero firme. Les decía que el bosque les mostraría tres caminos, cada uno representando un aspecto crucial del Amor: la comunicación, el respeto y la pasión. Para encontrar el equilibrio y la armonía en su relación, tenían que recorrer esos senderos juntos y enfrentar las pruebas que encontraran en ellos.
El primer sendero, el de la comunicación, los llevó a un río tranquilo. Para cruzarlo, tenían que construir un puente con palabras sinceras. Sentados junto a la orilla, comenzaron a hablar con una honestidad que habían olvidado.
Compartieron sus miedos, sus deseos y sus frustraciones, cada palabra uniendo los tablones del puente. Al terminar, cruzaron el río y sintieron un peso levantarse de sus corazones.
El segundo sendero, el del respeto, los llevó a un paraje sombrío. Ahí tenían que encontrar la manera de iluminar su camino sin lastimar a la Madre Naturaleza que los rodeaba. Aprendieron a caminar con sumo cuidado, a apoyarse mutuamente y a valorar las diferencias entre ellos.
Al final del sendero, una fuerte y cálida luz los recibió, y se dieron cuenta entonces de que habían aprendido a apreciar y respetar sus individualidades.
El último sendero, el de la pasión, los condujo a una montaña empinada. Escalarla requería esfuerzo, dedicación y, sobre todo un deseo ardiente de alcanzar la cima juntos. Con cada paso, recordaron los momentos que habían encendido su Amor inicialmente y se comprometieron a mantener viva la llama. Cuando llegaron a la cima, vieron el bosque extendiéndose a sus pies, un mosaico de Amor en todas sus formas.
De nuevo volvían al claro donde el anciano los esperaba. Sonriendo les decía que habían superado las pruebas y que su Amor estaba ahora renovado y fortalecido.
Sonia y Javi salieron del “Bosque del Amor y la Ilusión” cogidos de la mano, con el corazón lleno de esperanza y con la certeza de que, mientras enfrentaran juntos las pruebas de la vida, su Amor siempre florecería.
A Chávez López
Sevilla may 2026
El cuadrilátero de los yanquis
El combate de boxeo, con el título de campeón del mundo, en juego estaba entre los dos mejores pesos pesados del momento en el Madison Square Garden , de Nueva York. Era una batalla épica que quedará en la memoria de los aficionados al boxeo.
Desde el primer asalto, ambos pugilistas mostraban su intención de llevarse la victoria. En la esquina roja, el campeón invicto, conocido por su devastador golpe de derecha, y en la esquina verde, el retador, conocido por su velocidad y resistencia, además de su juventud.
El primer asalto empezaba con el retador moviéndose ágilmente, esquivando los potentes golpes del vigente campeón, lanzando jabs precisos que encontraban su marca. El campeón, sin embargo, se mantenía firme, avanzando con pasos medidos y lanzando golpes demoledores que resonaban en el recinto.
En el tercer asalto, el campeón conectaba un gancho de izquierda, el cual hacía tambalear al retador, quien caía en la lona. Pero mostrando un increíble espíritu de lucha, se levantaba de pronto antes de la cuenta de diez y continuaba el combate.
A partir del sexto asalto, la pelea se volvía más táctica, más previsora. El retador, visiblemente golpeado, apostaba por la defensa y el contraataque, mientras el campeón buscaba el golpe definitivo.
Finalmente, en el décimo asalto, una combinación perfecta del retador encontraba el mentón del campeón, derribándolo de un golpe seco. El público estallaba en vítores mientras el árbitro contaba.
Contra todo pronóstico, el retador se coronaba nuevo campeón del mundo de los pesos pesados, sellando así una de las noches más emocionantes de la historia del boxeo.
A Chávez López
Sevilla may 2026