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En el nombre del Padre

MorfeoMorfeo Anónimo s.XI
editado enero 2013 en Narrativa
Saludos al foro y aquí mi pequeño relato.

Chispeante, burbujeante, como gotas de aceite caliente untado sobre su espalda. Así se sentía su cuerpo, violado, en efervescencia pura y sangrienta.
Nada cruzaba sus pensamientos ni nadie tangible se posaba delante de él, era como un padre que jugaba con los genitales de su niña. La Iglesia siempre se ha caracterizado no precisamente por ser un despojo de virtudes y amores que se sienten en el aire, sino por esconder detrás de miles y burocráticas cortinas de humo, grandes horrores, torturas, bofetadas y violaciones, violaciones contra sus principios y en contra de una hipocresía marginal que se acumula con el pasar de los años.
Hoy se sentía más conectado que nunca con su Dios de las alturas, la mañana estaba bastante fresca y ya se había dado un ducha caliente para alivianar las tensiones de la noche anterior, y lo había logrado.
Pan fresco con mermelada y tostadas de mantequilla. Jugo de naranja campestre. Desayuno listo y sotana con interiores ajustados al cuerpo. Queso en abundancia. Ancianas exaltadas en las afueras por oír el mismo discurso que se repite al ritmo del “Ave María” y las propias culpas. Niños en sus casas ofreciéndoles gracias a su Dios, postrados sobre sus camas por comenzar una nueva faena de trabajo en las pampas.

Noche anterior. Él estaba allí, con sus interminables charlas de pecados asfixiantes, con un grupo de 5 u 8 impúberes santificados, tristes y aburridos. 4 o 7 se marcharon a donde sus madres, padres o casas de latón. Sebas no se retiró esa noche con la suerte a cuestas porque el Padre Gregorio, de contextura adiposa y decrepita, le ofreció morada y sabanas calientes con leche y galleticas.
La Basílica estaba perfectamente limpia porque las hermanas de la Congregación del Carmen habían dado limpieza hace unos días a todo el lugar para que Don Gregorio estuviese placentero, como todo representante de Benedicto XVI debe estar en la Tierra.

El frío se colaba por las ventanas adornadas de margaritas, sin embargo Sebas se sentía más cómodo que cualquier otra noche, mejor, nunca había sentido tantas bendiciones sobre su cuerpo virginal. El Padre –y no aquel etéreo que está sobre nosotros- ya se había colocado sus pantuflas y yacía en su habitación de morocotas y rosarios, sin embargo su entrepierna se hallaba un tanto sobresaltada, no encontraba descanso a aquella muestra tan visible de pecado y lujuria. A través de sus pensamientos se colaban años y años de seminarista, de un pene atado a una manta negra y a las flagelaciones.
Su respiración se sentía putrefactamente entrecortada y sus latidos aumentaban con el crujir de la manija del pequeño cuarto. Y allí se encontaraba él, sólo, intacto, en otro mundo. Exaltado, nervioso, en compañía de un olor a ratas muertas.
Como todo cura que se respete impartió sus oraciones nocturnas a Joseph Ratzinger y a sabiendas de tan cruel situación ató su cuerpo de golpes para no continuar, sin embargo la carne se le hacía irresistible y no contuvo más.
Sebastián también estaba en otro lugar, en un mundo de juegos infatiles y besos mojados. Sus ojos cerrados y su piel fría y sudorosa no daban cuenta de que Gregorio –como el viento- se estaba colando entre su cuerpo y el cobertor.

Se despertó. Se sorprendió. Lloró. Gritó. Golpeó. Amedrentó y yació. Sebastián no pudo con una vejez que todavía conservaba una fuerza divina y con los dedos de Gregorio en su culo tembloroso clamó a Jehová por ayuda como todas las noches lo hacía, pero esta vez fue igual y todo continuó tan bizarramente sádico.
Sudor. Gotas. Deseo. Pecado. Odio. Sexo y el Padre Gregorio. Atrás y adelante. Cuerpos desnudos. Lágrimas. Candor y Sebastián.
Lo violó, se violó.

Pan fresco con mermelada y tostadas de mantequilla. Jugo de naranja campestre. Desayuno listo y sotana con interiores ajustados al cuerpo. Queso en abundancia. Ancianas exaltadas en las afueras por oír el mismo discurso que se repite al ritmo del “Ave María” y las propias culpas. Niños en sus casas ofreciéndole gracias a su Dios, postrados sobre sus camas por comenzar una nueva faena de trabajo en las pampas.

Sebastián lejos de allí, en las calles, con un cuerpo dilatado, penetrado y sucio, de hambre y rencor.

Un mundo que sigue sus movimientos de translación y rotación, un padre que acaba de tomar una ducha para emprender un día de olor primaveral y la ceremonia matutina en honor al Dios de las alturas.

Comentarios

  • marina-01marina-01 Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    Cruel, pero en algunos lugares es real, tanta pulcritud de los"padres" que pretenden guiar, sin que dios mismo pueda contenerlos a ellos, de hacer tantan aberraciones en este mundo, al que despues desean salvar.
    Muy cruel pero cierto.
  • MorfeoMorfeo Anónimo s.XI
    editado julio 2008
    Cierto Marina, pero es que da arrechera tantas cosas que hace la Iglesia -generalmente católica- y lo peor es que se escudan bajo la sotana para ocultar sus barbaridades y si bien es cierto que se está generalizando con lo de la pedofilia e incluso se toma como broma, la Iglesia no hace un co**ño por ponerle punto y final, porque no darle libertades a los curas para tener esposa e hijos, ¿que tiene eso de malo? Ellos son de carne y hueso.

    La vida del sacerdote, a pesar de "amar" a un Dios y de todo lo que ello representa (dedicar tu vida a algo, etc, etc, etc) la considero sumamente triste.

    Muchos saludos y gracias por pasarte.
  • TurumbarTurumbar Anónimo s.XI
    editado julio 2008
    Un relato narrado con un estilo muy peculiar y tocando un tema...agudo.Bravo!!

    Para este sa-cerdote, la castración química me parece poco, quizá lapidación...


    saludos de Turumbar
  • MorfeoMorfeo Anónimo s.XI
    editado julio 2008
    ¿Alguien hablo de lapidación? Pido la primera paleada.

    Ea, muchisimas gracias por tu comentario Turumbar.
  • EduArdoREduArdoR San juan de la Cruz XVI
    editado enero 2013
    Como narración, ni por buena ni por mala, me ha sorprendido.

    Lo demás no me ha gustado. Estoy convencido que ha habido casos, y desgraciadamente más de uno :( Casos que no están a la altura de una tan honorable institución como es la iglesia. Pero da la sensación al leer el relato que ocurre en todas la parroquias. Esos "profesionales" deben de ser juzgados por sus actos, y desconozco el poder que puede ejercer la iglesia sobre estos subordinados descarriados, pero tal vez no sea tan sencillo ponerle fin, salvo hacer que reciban justicia civil en la medida establecida como cualquier otro delincuente.

    Estoy convencido de que la iglesia no es una panda de pervertidos, sino todo lo contrario. Es una institución que ayuda con fines humanitarios a los más necesitados allá donde lo necesitan, en países ricos y pobres, y realizan una cantidad de actos caritativos, sin que ninguna otra organización de fines similares esté a su altura.

    9/15.
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