Esos silencios que hieren
¿Cuantas mujeres se atreven a contar haber sufrido violencia doméstica?
Sus nombres quedan reducidos a datos estadísticos difundidos por la policía y los medios de comunicación. El abuso físico, el hostigamiento psicológico, la violencia sexual o la propia muerte, quedan sin nombre , enterrados bajo cualquier lápida de cementerio. Todos a su alrededor guardan un silencio más cercano a la complicidad que a la desidia. Cuando el entorno se percata, cuando nos percatamos de la ocasión que acabamos de desperdiciar comenzamos a lamentarnos amargamente. Esta es la pesada carga que llevamos a cuestas algunos de los que pensábamos que no podíamos hacer nada al respecto. Por desgracia hay un punto sin retorno, un punto en el que de nada vale una medida concreta. De nada vale mantener la vana ilusión , porque la ventana por la que deberíamos haber rescatado a esa mujer, víctima de abusos, se ha vuelto tan estrecha como nuestra propia conciencia. Luego, después de consolidado el silencio, el auto-flagelo se hace presente. Se sienta a nuestro lado , junto a la puerta esperando con ansiedad el alba. Las pesadillas son un examen de conciencia.
¿Cómo podían vivir ellas una verdadera pesadilla y por qué guardaban silencio? Algunos dirán que por vergüenza , por temor a represalias, otros por un sentimiento de culpabilidad y baja autoestima que el maltratador ha ido sembrando en sus mentes.
Viven bajo la subyugación, la dominación y la amenaza del maltratador. ¿ Cómo pedirles que tomen riesgos y denuncien a sus verdugos, cuando no tienen ninguna garantía real de salir airosas en el intento? ¿Cuántos intentos son posibles antes de dejarse reducir a la nada?
Si se quejan pueden ser objeto de una violencia nunca conocida. Si no se quejan y mantienen la situación sus vidas se apagarán lentamente y sus agresores no pagarán el precio del delito cometido contra ellas. ¿Quién les puede pedir el valor y la osadía para llevarlos a juicio?
Ojalá todas nuestras voces y ecos fuesen claras en ese sentido. Nuestro silencio es injusticia, falsedad e hipocresía. Su silencio, en cambio, está dictado por el miedo , una clase de miedo que raya el terror generalizado. Viven en el terror y esperan el golpe fatal y final que las librará de su infierno en la vida.
Sería triste llegar a la conclusión de que son y seguirán siendo víctimas de un círculo vicioso de silencio propio y ajeno. Pero ¿existe realmente una solución para proteger y salvar a esas mujeres, sin riesgo a que sufran consecuencias graves?. Denuncia, dicen a cualquiera que se haga esa pregunta, denuncia, como enojados ante la pregunta misma.
Qué hipócritas, qué cobardes que poco dignos de conmiseración alguna. Denuncia que algo queda, parecen decir mientras se lavan las manos como Pilatos.
Todo empezó cuando un hombre se convierte en bestia. Esa bestia la retenía contra la pared con fuerza insospechada. Iba a forzarla, obviamente. Aquella sala fría y lúgubre donde comenzó a desnudarla, de pies a cabeza, era en principio un apartamento moderno cerca del mar.
Quería escapar, pero no pudo. Recibía golpes por todas partes. Algunos de ellos directamente en su rostro.
- Me dijiste que cambiarías Cas-
- Me mentiste, zorra. Vas a recibir tu merecido, no me has dejado otra elección, nadie se ríe de Ron-
Lo que para él era normal, esa especie de lealtad pactada, para ella era a todas luces imposible. El se tornó crueldad en estado puro, en un momento de ira y virilidad despechada.
-Yo no sabía que iba a suceder, ron, no fue premeditado, fue un momento de enajenación y lo hice sin pensarlo-
- Qué te calles puta, que te calles-
Aquella bestia ya no centraba su atención en nada que no fuese él mismo. Satisfacer los más primarios instintos por completo. A todas luces ya no era Cas la que estaba con él, era una prostituta de poca monta recogida en cualquier callejuela de la ciudad.
Me llamó llorando, nunca había visto llorar tan desconsoladamente a Cas. Su cambio de comportamiento me decía que era una muy mala señal.
Pero ese no era el problema más urgente a resolver. No quería ir al hospital, no quería ir a comisaría, así que tendría que curar su maltrecho cuerpo y rostro.
A veces me echaba una mirada furtiva mientras con el máximo cuidado posible le ponía unos puntos de sutura, tenía la boca destrozada. La anestesia de dentista no parecía ser la dosis suficiente. Lo era, pero ella era mi amiga, casi mi hermana.
Se rompió literalmente después de 20 minutos de cura. Lloraba sin cesar. No iba a ser yo quién forzara preguntas y respuestas. Ni siquiera , ante aquella situación especial, podría haber determinado cuál era el límite del bien y del mal.
Me siento traicionada, sucia, no pude dormir por la noche, me repelía lo que había ayudado a silenciar. Me había pedido demasiado en ara a la amistad y yo lo había llevado a cabo.
Porque todos sus días terminaban convirtiéndose en el mismo juego de seducción patológica. Me tomó un año entero averiguarlo. Intenté llevarla a un psiquiatra , le rogué que me dejara hablar con sus padres. Todo ruego caía en un pozo sin fondo y yo aún no podía creer lo que estaba haciendo.
Fue fácil identificar al agresor, estaba claro desde un principio, el hombre tipo de Cas. Y no había muchos candidatos para aquél horrible acto. Le miré despectivamente pero no le importaba, lo único que ahora parecía querer era disfrutar de haber dado una lección inolvidable a una mujer.
Cuando Cas pudo volver a salir a la calle y finalmente recuperar el aliento para continuar su vida me sentí aliviada. Por fin también continuaría mi vida , a pesar de que ya portaba aquel estigma sobre mi alma. Una llaga que me corroía la mente cada vez que oía a un hombre dar muestras del menor indicio de violencia verbal.
He aprendido a controlar ese asco visceral, que quedó atascado en mi garganta, a cualquier palabra fuera de tono y Cas ha vuelto a recuperar la sonrisa y a borrar el miedo a sus noches. No tiene cicatrices exteriores, he de reconocer que no lo hice mal, pero dudo de que no lleve cicatrices en el alma. Dudo, sobre todo, cuando sus actos reflejos, en milésimas de segundo, es revisar la entrada de los apartamentos e introducir la llave apresuradamente en su portal.
Eve’s Registered & Protected
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Esos silencios que hieren
¿Cuantas mujeres se atreven a contar haber sufrido violencia doméstica?
Sus nombres quedan reducidos a datos estadísticos difundidos por la policía y los medios de comunicación. El abuso físico, el hostigamiento psicológico, la violencia sexual o la propia muerte, quedan sin nombre , enterrados bajo cualquier lápida de cementerio. Todos a su alrededor guardan un silencio más cercano a la complicidad que a la desidia. Cuando el entorno se percata, cuando nos percatamos de la ocasión que acabamos de desperdiciar comenzamos a lamentarnos amargamente. Esta es la pesada carga que llevamos a cuestas algunos de los que pensábamos que no podíamos hacer nada al respecto. Por desgracia hay un punto sin retorno, un punto en el que de nada vale una medida concreta. De nada vale mantener la vana ilusión , porque la ventana por la que deberíamos haber rescatado a esa mujer, víctima de abusos, se ha vuelto tan estrecha como nuestra propia conciencia. Luego, después de consolidado el silencio, el auto-flagelo se hace presente. Se sienta a nuestro lado , junto a la puerta, esperando con ansiedad el alba. Las pesadillas son un examen de conciencia.
¿Cómo podían vivir ellas una verdadera pesadilla y por qué guardaban silencio? Algunos dirán que por vergüenza, por temor a represalias, otros por un sentimiento de culpabilidad y baja autoestima que el maltratador ha ido sembrando en sus mentes.
Viven bajo la subyugación, la dominación y la amenaza del maltratador. ¿ Cómo pedirles que tomen riesgos y denuncien a sus verdugos, cuando no tienen ninguna garantía real de salir airosas del intento? ¿Cuántos intentos son posibles antes de dejarse reducir a la nada?
Si se quejan pueden ser objeto de una violencia nunca conocida. Si no se quejan, y mantienen la situación, sus vidas se apagarán lentamente y sus agresores no pagarán el precio del delito cometido contra ellas. ¿Quién les puede pedir el valor y la osadía para llevarlos a juicio?
Ojalá todas nuestras voces y ecos fuesen claras y unánimes. Nuestro silencio es injusticia, falsedad e hipocresía. Su silencio, en cambio, está dictado por el miedo, una clase de miedo que raya en el terror generalizado. Viven en el terror y esperan el golpe fatal y final que las libre de su infierno en la vida.
Sería triste llegar a la conclusión de que son y seguirán siendo víctimas de un círculo vicioso de silencio propio y ajeno. Pero ¿existe realmente una solución para proteger y salvar a esas mujeres, sin riesgo a que sufran consecuencias graves?. Denuncia, dicen a cualquiera que se haga esa pregunta, denuncia, como enojados ante la naturaleza misma de la pregunta.
Qué hipócritas, qué cobardes que poco dignos de conmiseración alguna. Denuncia que algo queda, parecen decir mientras se lavan las manos como Pilatos.
Todo empieza cuando un hombre se convierte en bestia. Esa bestia la retenía contra la pared con fuerza insospechada. Iba a forzarla, obviamente. Aquella sala fría y lúgubre donde comenzó a desnudarla, de pies a cabeza, era en principio un apartamento moderno cerca del mar.
Quería escapar, pero no pudo. Recibía golpes por todas partes. Algunos de ellos directamente en su rostro.
- Me dijiste que cambiarías Cas-
- Me mentiste, zorra. Vas a recibir tu merecido, no me has dejado otra elección, nadie se ríe de Ron-
Lo que para él era normal, esa especie de lealtad pactada, para ella era a todas luces imposible. El se tornó crueldad, en estado puro, en un momento de ira y virilidad despechada.
-Yo no sabía que iba a suceder, Ron, no fue premeditado, fue un momento de enajenación y lo hice sin pensarlo-
- Qué te calles puta, que te calles-
Aquella bestia ya no centraba su atención en nada que no fuese él mismo. Satisfacer los más primarios instintos por completo. A todas luces ya no era Cas la que estaba con él, era una prostituta de poca monta recogida en cualquier callejuela de la ciudad.
Me llamó llorando, nunca había visto llorar tan desconsoladamente a Cas. Su cambio de comportamiento me decía que era una muy mala señal.
Pero ese no era el problema más urgente a resolver. No quería ir al hospital, no quería ir a comisaría, así que tendría que curar su maltrecho cuerpo y rostro.
A veces me echaba una mirada furtiva mientras con el máximo cuidado posible le ponía unos puntos de sutura, tenía la boca destrozada. La anestesia de dentista no parecía ser la dosis suficiente. Lo era, pero ella era mi amiga, casi mi hermana.
Se rompió literalmente después de 20 minutos de cura. Lloraba sin cesar. No iba a ser yo quién forzara un puzzle de preguntas y respuestas. Ni siquiera, ante aquella situación especial podría haber determinado cuál era el límite del bien y del mal.
Me sentía traicionada, sucia, no pude dormir por la noche, me repelía lo que había ayudado a silenciar. Me había pedido demasiado en aras a la amistad y yo lo había llevado a cabo.
Porque todos sus días terminaban convirtiéndose en el mismo juego de seducción patológica. Me tomó un año entero averiguarlo. Intenté llevarla a un psiquiatra, le rogué que me dejara hablar con sus padres. Todo ruego caía en un pozo sin fondo y yo aún no podía creer lo que estaba haciendo.
Fue fácil identificar al agresor, estaba claro desde un principio, el hombre-tipo de Cas. Y no había muchos candidatos para aquél horrible acto. Le miré despectivamente pero no le importaba, lo único que ahora parecía querer era disfrutar su logro : haber dado una lección inolvidable a una mujer.
Cuando Cas pudo volver a salir a la calle y finalmente recuperar el aliento para continuar su vida me sentí aliviada. Por fin también continuaría mi vida, a pesar de que ya portaba aquel estigma sobre mi alma. Una llaga que me corroía la mente cada vez que oía a un hombre dar muestras del menor indicio de violencia verbal.
He aprendido a controlar ese asco visceral, que quedó atascado en mi garganta, a cualquier palabra fuera de tono, y Cas ha vuelto a recuperar la sonrisa y a borrar el miedo a sus noches. No tiene cicatrices exteriores, he de reconocer que no lo hice mal, pero dudo de que no lleve cicatrices en el alma. Dudo, sobre todo, cuando sus actos reflejos, en milésimas de segundo, se concentran en revisar la entrada de los apartamentos e introducir la llave apresuradamente en su portal.
Eve’s Registered & Protected
Hace años un psicólogo me preguntó qué era lo que me había hecho reaccionar y actuar, después de veinte años, y mi respuesta fue "instinto de supervivencia", al cual aún estoy agradecida.
PD: la cantidad de cosas que ignoramos de los demas, mi bella dama... bss:p
Pues ni se preocupe por correcciones, cada uno puede leer una vez o las que guste con correccion incluida.
La violencia es mayormente gratuita y este tipo en particular junto con la que sufren menores nos muestra lo bestial de ciertos tipos.
Tu escrito me gusto, nos permite ver el asunto desde una mirada cercana.
Sea una puta o una princesa los modos no deben perder los "modos", los primeros son adjetivos simples para definir la complejidad de cualquier mujer, pero como dice el texto "bestia ya no centraba su atención en nada que no fuese él mismo".
La saludo.
P.D. me dio curiosidad, el significado de Eve registered and protected?
En cuanto a tu pregunta Eve's Registered & Protected es una forma de copyright. Es gratuito e iba genial para los escritos y mi blog ( lo estoy retomando). Me avisan de los ftp y demás ...bss:p
Por si no lo llegaste a leer cuando lo publiqué:
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=18673&page=2
A veces pienso que Einstein se quedó corto con su frase (en mi firma).
Un cordial saludo.
Este escrito corrobora mi postura en un caso que trato en estos momentos sobre violencia doméstica.
Un abrazo Shaianti.
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Wooded la página a la que me refería tiene este soporte:
[email protected]
PD:Lo he recordado.Se llama " Ella era su princesa ".
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=19077
Un saludo desde el sur.
El trabajo que nos dejas, Kundry, me ha parecido destacable. La dureza, claridad y verosimilitud combinadas en la sintaxis denotan el trazo de una notable escritora.
Respecto a la construcción del relato sugiero revisar la colocación de la raya (guión en tu escrito), abren oportunamente determinados enunciados pero sobran al final.
Gracias, Kundry, por dejarnos ver lo que escribes.
Pd : Gracias por comentar , por otra parte si me dejas también quiero conocerte mejor....bss:p