-Pues, el pase fue bastante malo-comentó distraídamente-.
Mantenía apenas la corroída cuchara en sus manos, con un incesante movimiento, en especial cuando paraba de comer para ver fútbol.
-No fue tan mala esta temporada-dijo mientras comía-.
-Odio ese conformismo tuyo-le respondió su hijo-.
“Yo igual”, pensó él tristemente. No era una razón para deprimirse, pero lo entristecía mucho. Que el resto le dijera con resignación sus falencias, como si no tuvieran arreglo. Como si su mundo estuviera hace rato muerto.
-Es que he visto mejores épocas-dijo mientras seguía comiendo-Es natural sentirse así. Tú eres un idiota. Igual que todos los jóvenes.
Su hijo no le respondió. En vez de eso, se paró de la silla y camino hacia su habitación. Los pasos resonaban en toda la casa, construida en su totalidad de madera. Con agujeros y astillas en las paredes, polvo en los rincones y telarañas amenazadoras en cada esquina. Era realmente acogedora, tomando solo eso en cuenta, pero el aura melancólica de sus habitantes la hacía abrumadora y asfixiante.
El viejo padre se quedó viendo en silencio el partido. Habiendo ya terminado de comer, se decidió a subir.
Los escalones presentaban muescas y manchas de años de juegos y accidentes, unos divertidos, otros peligrosos. Todos los daños de la casa eran quizás los últimos vestigios de tiempos mejores, más felices. Sin embargo ahora no eran más que dolorosas llagas, vórtices que atravesaban el tiempo y atraían fantasmas de pasados punzantes y hostigosos, que amenazaban con perturbar la ya asentada inactividad del alma de la familia.
Mientras subía, un sonido acechaba alrededor de su cabeza. Un leve zumbido, que conforme ascendía se volvía más fuerte. Hasta un punto casi insoportable. Era quizás esa acogedora incapacidad de sentir nada que solo provoca la abrumadora tristeza.
Se asomó en la habitación de su hijo, con cierta timidez.
-Hijo, estaba pensando-dijo con voz temblorosa- ¿Vamos al estadio el próximo fin de semana?
-No, ya he quedado con unos amigos-respondió- lo siento.
Sudaba mucho. No demoró mucho en bajar. Se sentó con celeridad en el comedor y volvió a prender la tele.
Puso sus manos húmedas sobre su cabeza. Bajo los últimos rayos del sol, tanto sus manos como su ropa tomaban un aspecto rojizo. Incandescente.
Lloró.
Comentarios
Tu relato transmite mucha tristeza. El incomprensión de padre con su hijo y al revés.
Saludos
Los personajes viven su presente aprisionados en un pasado, muy bien simbolizado en la figura de la casa.
Creo que hay excesivas alusiones al estado decaído de la casa, algunas repeticiones como acogedora, abrumadora, pero esa es sólo mi opinión.
Creo que esta frase sobra: Era realmente acogedora, tomando solo eso en cuenta. No va con el sentido de tu corto, distrae innecesariamente, sin eso la descripción de: abrumadora, corroida, ayuda a crear el ambiente de tristeza y derrota.
Por ahí algún error de ortografía (camino sin tilde)
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Esa es una técnica literaria, la atmósfera, el ambiente al servicio de la idea principal del cuento...claro está, la técnica es conocida, pero su aplicación no es fácil.
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Y sí, ahora que lo leo tiene un error de redacción algo feo.
Saludos!