... en los alcabuces llegaba el agua
y hasta el cielo iba la luz;
su oro hería los ojos, el aire, los metales,
penetraba la tierra o corría cual muerte viva dándose,
ardiendo, exterminándose y haciéndose mortal;
… tal era entonces en llamarada la huerta,
el dédalo, la cintura del mundo,
la deidad del alma y templo recibido:
el amor;
.. porque allí, en su mística circunscripción se oía al sol bajar, beber,
erigirse en Cristo
y morir;
… y nadie, nadie enturbiaba el milagro, nadie, nunca;
“tac, tac, tac, aquel traqueteo de los cangilones contra el tambor de hierro,
aún, con todo su vigor, por el mar del corazón golpea contra el ser, sueña y vive”.
Comentarios
En definitiva, un versar de imágenes potentes que se nos presenta como una retahíla de oraciones espontáneas pero interconectadas de manera inteligente. Digno de halago, sí.
He estado moviéndome por tu (¿tu?) web, y la verdad es que he quedado asombrado. Un gusto y un privilegio el contar con usuarios de tu talla por aquí.
¡Saludos!