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La Leyenda Titánica Marina (Rol)

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Comentarios

  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado diciembre 2012
    Kahena despertó cuando el alba apenas estaba emitiendo sus primeras luces del día. Había descansado cómodamente y se sentía como nueva, con mucha energía y con el presentimiento de que algo iba a pasar. Lo que no sabía era si sería algo bueno o muy malo.

    Se alisto y salió del camarote, dejando al resto de ocupantes descansando un poco más. Era muy temprano y el día de ayer había sido bastante estresante y agotador. Camino sin encontrarse con nadie hasta la cubierta, que también estaba vacía, salvo un chico que limpiaba aquí y dormía por allá un rato. Se dispuso a observar el mar y gracias a su buena vista, muy a lo lejos, pudo ver otra embarcación. Aunque pasaría un buen rato antes de que fuera divisada por el vigía, parecía estar en calma, sería algo para analizar cuando estuviera más cerca...

    Decidió no ponerle mucho cuidado a eso, mientras pensaba de nuevo en la Princesa. Tal vez está vez, si podría hablar con ella. Así que siguió caminando lentamente por la cubierta, hasta que se pudo ubicar cerca de la popa, viendo el mar y sin cerrar los ojos empezó a llamarla….
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado diciembre 2012
    Dejo descansando a la pequeña y decidió salir a respirar la brisa del mar al amanecer, de camino hacia la cubierta, se llevó a la boca una manzana y un poco de agua. Tenía los labios ligeramente agrietados, pero por lo demás aquella travesía no le había causado ningún otro gasto.

    Con su catana firmemente guardada en su cinto, respiro aliviada al comprobar que no había nadie. Bueno, a lo lejos pudo distinguir a a una de las tripulantes, pero optó por dejarla en paz. Decidió contemplar el mar, y esperar tranquilamente a que los demás despertasen. Presentía que aquella calma, sería tan efímera como la paz que reina previo a una tormenta.
  • PiedraLibrePiedraLibre Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2012
    Syrma durmió toda la noche profundamente, bajo su forma de humana. Esto era algo muy fuera de lo común para la arpía, que dormía poco y en cortas siestas; pero como estaba sanando y había varias fuerzas mágicas actuando sobre ella, le llevó unas cuantas horas volver en sí completamente.

    Y cuando lo hizo, supo en seguida que era el alba, porque ni había logrado despabilarse cuando sus ojos dorados vieron cómo de sus dedos crecían las plumas, y cómo en sus pies le crecían las garras; y también notó que estaba encerrada en una habitación extraña, y que no estaba sola.

    Se desesperó; temía que la vieran transformarse. No se puso a pensar en ese momento que ya la habían visto, probablemente; aún tenía medio borrosos los recuerdos del día anterior. Se concentró, para poder transformar su bestial imagen de arpía en la de simple águila; lo logró, pero seguía exaltada. Syrma aleteaba inútilmente intentando de encontrar una salida del camarote, y en su torpeza despertó a Melody, quien se sobresaltó a su vez.

    Le llevó casi un minuto de aleteos contra las paredes y rasguños hasta que finalmente Melody se levantó y abrió la puerta del camarote. Ni bien Syrma vio la luz del sol...

    ...salió volando como un rayo, directo hacia lo más alto del más alto mástil. Y allí se posó, y se dispuso a acomodarse las plumas, que estaban todas desprolijas despues de tanto revuelo adentro del camarote.

    Rayos, pensó, mientras se acicalaba. Los recuerdos comenzaban a llegarle, mezclados; el cántico de la niña; la mirada del hombre con la lanza; cómo se había escondido en la cocina; el dolor y la caída en la cubierta; lo divertido que fue atacar a todos aquellos piratas, con sus miradas de horror... Estiró el ala, que estaba sana ya; sólo una pequeña cicatriz quedaba, oculta bajo el plumaje. Rayos, se dijo a sí misma nuevamente, al recordar que estaba en un barco y rodeada sólo por agua... Ojalá nos acerquemos pronto a tierra firme...

    Trató de divisar la costa con su vista de águila, pero no había nada en el horizonte aún. Miró hacia abajo, y vió a algunas pocas personas en el barco. Dos le resultaron conocidas. Eran quienes le habían ayudado la noche anterior... No iba a bajar a decir gracias, primero porque hacía añares que no conversaba amablemente con humanos, y segundo porque no quería llamar más la atención aún. Su plan, por ahora, era esperar a divisar tierra firme, y volar directo hacia allí.
  • BLBobBLBob Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Catalejo en mano y con una mugrienta sonrisa de oreja a oreja, Sir Richard Jenkins, desde Isla Escondida, divisó la cada vez más cercana presencia de un barco. La diosa fortuna pareció estar, en esta ocasión, de su parte, pues la mayoría de veces que se topó con un buque, la noche siempre lo acababa sorprendiendo. Su alter ego, salido desde lo más profundo de su corazón, ejercía sobre él una gran fuerza maligna incapaz de controlar. Ese ser, siempre acababa destrozando todo lo que llegaba a la isla y era parte de su maldición; por los crímenes que llevó a cabo en los mares. Se apresuró con urgencia a coger sus cosas: un ojo de cristal, que siempre le recordaba de donde venía y quién era su familia; su famosa espada de plata, a la que llamó Atlántica, y una botella vacía y su sombrero de capitán del antiguo galeón Jean Pierre III.
    El barco cada vez estaba más cerca y era incapaz de ocultar su emoción.
    -¡Por fin! —bramó en alto, pese a que nadie más habitaba su zona.
    Rápidamente se percató de la presencia en su cuello del colgante de su hija. Lo posó sobre sus manos y rezó por su alma. Esperaba que la captación de un barco al alba fuera la señal que necesitaba para saber que su hija estaba viva y que, posiblemente, ese pálpito en su inerte corazón le indicara que ella estaba a bordo de la embarcación.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado diciembre 2012
    la pequeña se levanto, presa de una psadilla y comprobó que la chica oriental, de mismos rasgos que los suyos no estaba, sin ser consciente de que su medallon brillaba salio corriendo en camison y descalza hacia la cubierta en busca de Shizuko. A verla, tan serena y tranquila fue hasta ella gritando.
    -¡UNA SOMBRA TENEBROSA, se acerca no dejes que me destruya!
  • BLBobBLBob Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Pese a la alegría de ver un barco y con la esperanza de volver a ver a su hija, Sir Richard Jenkins sentía la fuerte presencia de un semejante, un fantasma. Agarró con fuerza su espada de plata, Atlántica, y esperó a que ese fantasma tomara tierra de un momento a otro. Rogó a Luzbel que estuviera de su parte y, vaciando la botella de ron de objetos, la llenó con agua de mar y la convirtió en el líquido para el que estaba destinada esa botella, ron.
    Cuando el otro fantasma llegó a tierra, apareciendo andando sobre las aguas, no se esperaba que fuera una hermosa dama. Entonces pensó que en guardar su espada, pero sabía lo traicioneros que podían llegar a ser lo seres con los que comparte similitud.
  • Cagado a PalosCagado a Palos Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    -Jimmy, Jimmy, Jimmy… pero que guapo y joven eras, y que pronto la muerte te llevó.-dijo el cadáver del capitán de la “Gritos del Infierno” mientras ésta surcaba las olas en dirección a un barco no muy lejano.
    El anciano elegante de mirada austera ignoró al muerto y se paseó por la cubierta del barco, intercambiando miradas severas con el resto de la tripulación. Pasó junto a cinco marineros cuyos restos putrefactos yacían en el puente de proa, saludó con una leve inclinación de la cabeza al segundo de abordo, cuyo estómago hacía tiempo que había reventado y liberada sangre azulada, y finalmente se quedó con las manos cruzadas sobre la espalda en el puente de mando, observando la nave que con tanta parsimonia se acercaba junto con el amanecer.
    Cuando Jimmy había divisado el barco en la lejanía, rápidamente se atavió con ropas elegantes más propias de un comodoro como en teoría era él, y se preocupó de lavarse y afeitarse apropiadamente. Aparentaba ser un auténtico aristócrata, y la tripulación reconoció su autoridad y su rango de noble cuna con la misma intensidad con que en vida lo habían despreciado, cuando no era más que un viejo marinero.
    -Parece que tu próxima tripulación se acerca. Y estos no son piratas. Dime, ¿es por eso que te has vestido de esa forma? ¿Piensas que el capitán te hará más caso si te ve así vestido?-dijo el capitán.
    -Puede.-reconoció Jimmy.
    -¿Y por qué te empeñas en seguir siendo ese viejo padre de putas? Menudo vejestorio…
    -¿El mismo que te retó a un duelo de sables y te venció?
    -No fue el viejo, fuiste tú pero con su apariencia. No fue justo.-repuso el pirata.
    -¿Me vas hablas tu de justicia? De todas formas, un capitán no debe entablar amistad con los marineros; si lo hace ya no es capitán, es uno más de la tripulación. Y tú ibas por el barco jugando con ellos a los dados y a las espadas.
    -¿Qué sabrá un muchacho imberbe como tu sobre ser capitán?
    -No soy un muchacho.-le espetó Jimmy.-Soy un ex comodoro, pirata y mendigo; conozco el mar y los marineros, y conozco también sus trampas. Mataron a mis hijos, me arrebataron mi autoridad y me abandonaron en la inmundicia. Obligaron a mi hija Rose a prostituirse.
    El capitán pirata rió al oír ese comentario, haciendo colgar su mandíbula podrida.
    -Pero Jimmy, Jimmy… si tú ni siquiera estás vivo.
    -Ellos tampoco lo van a estar.-repuso el anciano señalando al barco que se aproximaba con las primeras luces del sol respaldándolo.
    -¿Y si el capitán no te recibe nunca? Ten en cuenta que esos capitanes no son como yo. Son más como tú. Encerrados en su camarote mucho tiempo, mirando sus mapas y cartas de navegación y sus libros y sus cuentas. Puede que pasen meses cuando se digne a hacer su aparición.
    Jimmy se encogió de hombros.
    -Esperaré. Tengo toda la eternidad por delante.
    -¿Y mientras tanto que harás? Eres joven y la paciencia no es tu mejor virtud, ni nunca lo será.
    -No lo se. Seré uno más de la tripulación. Jugaré con ellos a los dados, reiré sus gracias, beberé su ron, les contaré mis hazañas y lucharé en sus batallas… Y entonces, cuando el capitán aparezca y lo tenga a mi merced… bueno, sólo tienes que mirarte.
    El capitán rompió a reír una vez más.
    -En el bolsillo de mi casaca tengo un mapa enrollado. ¿Recuerdas el destino de este barco?
    -Algo de unas nagas y una vara, sí.
    -Bueno, pues no te viene de más coger mi mapa.
    -Ya lo hice.-repuso Jimmy mostrando el mapa.- ¿No recuerdas que te registré?
    -¡Pero Jimmy, Jimmy… si yo estoy muerto y nadie está hablando contigo!
    Jimmy Bundy ignoró a su amigo putrefacto y miró al barco que se acercaba; estaba tan próximo que ya se divisaban algunos marineros sobre la cubierta.
    -Ahora silencio.-dijo Jimmy.-Ya vienen.
    -Dirás que ya llegas.
    El anciano se acurrucó junto al timón, fingiendo sufrir una agonía terrible. Pasó un tiempo, y entonces la “Gritos del Infierno” chocó contra el otro barco, provocando un violento estremecimiento. Jimmy supuso que, tras el impacto, todos los marineros del navío se habían despertado, y puede que alguno se cayese al mar. Pudo escuchar gritos de marineros no muy lejos, por lo que supuso que algunos habían abordado la “Gritos del Infierno” en busca de superviviente.
    -¡Eh, aquí hay uno que todavía respira!-oyó Jimmy que decía una voz femenina cerca suyo.
    -¡Rápido, hay que llevarlo a bordo!-dijo otra voz.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado diciembre 2012
    En efecto hay estaba la tormenta, un barco, acababa de chocar contra el suyo. Arropo a la pequeña, y le dijo que se mantuviera a su lado en todo momento. Dicho esto saco su espada y fue hasta el navío. Era un barco pirata. No cabía duda, había viajado con piratas muchas veces.
    Lo mejor, era dejarlo como estaba. Cuando de repente escucho. Al ver lo cadaveres, alzo a la pequeña en brazos y le tapo la vista.
    -Aquí hay un superviviente!-Shizuko, sin piedad respondió a aquella voz.
    -¡Dejadlo! Es un barco pirata, no debemos mezclarnos con ellos. No tendremos más que problemas, es posible que este enfermo. Mira todos los demás, estan muertos. ¿No os parece sospechoso? Avisaré al capitan. -Rausa, corrió, saltó y fue hasta el camarote del capitan. El collar de Yuuki, brillaba. Podía percibir su calor. Pero no presto atención.
    -Señor. Hemos chocado contra un navío pirata, todos muertos salvo un superviviente al que se disponene a subir a bordo. Yo boto porque lo dejemos donde esta. Es un pirata.-Dijo desde el otro lado del camarote del capitan.
  • editado diciembre 2012
    Acercándose lentamente y con mucha cautela, Laodamia miraba aquel barco, el Silver Eagle. Había guardado muy bien la botella con el colgante y se disponía a pensar en la mejor manera de comunicarse con la humana de los ojos verdes. Quizá se lo estaba imaginando, pero creía poder sentir que ella la llamaba mentalmente.

    Sabía muy bien que ese humano de tamaño formidable y rasgos poco amigables al que llamaban Chantry era capaz de detectarla, por lo que se dijo que tenía que ser muy cuidadosa en la manera de contactar con la humana. Pensó un buen rato en la mejor alternativa para llegar a ella y se convenció de que lo mejor era la comunicación vía espejos, como hacían entre clanes de sirenas que estaban muy lejos para entrelazar sus pensamientos. El único inconveniente radicaba en que ella no poseía un espejo, y no estaba segura si Kahena tendría uno tampoco.

    Resolvió hacer algo que era un tanto peligroso, pero era la única opción. Nadó hacia el barco y se sentó en una de sus salientes, en la superficie. Desde allí tomó la flor blanca que anteriormente había colocado en sus cabellos y realizó un pequeño hechizo, gracias al cual la flor tomó forma de cuenco, y así juntó un poco de agua. Con otro hechizo simple logró ver el rostro de la humana reflejado en el agua que tenía allí, y le susurró un saludo corto, para probar la comunicación. Esperó a ver si la humana la oía, aunque podía notar que ella tenía su atención en otra cosa. Levantó la vista por un momento del cuenco y vio que los marineros del Silver Eagle tenían problemas, y estos eran graves… Tanto que ella casi se cae del sacudón que recorrió todo el barco al impactar otro contra él. Sin embargo, la información que tenía que transmitirle era sumamente importante, la vida de una de las cinco Huestes corría peligro y debían hacer algo al respecto de inmediato.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Kahena estaba concentrada, tratando de comunicarse con la Sirena, cuando diviso a la oriental que se acercaba, pero al otro extremo del barco. Siguió en lo suyo, pues parecía que ella también quería estar sola. Al momento divisó a la Arpia que salía despavorida de las habitaciones. Pobrecita si despertó y se iba a transformar, tal vez se sintió muy encorreada. Pensó. Tal vez, luego quisiera hablar, aunque este no era el mejor momento.

    Volvió a concentrarse cuando al minuto escucho a la pequeña gritar y llamar la atención de Shizuko. Le sorprendió ver la mirada de la niña y el miedo en su voz. Justo en ese momento el barco chocó contra otro navío y la tripulación salió a tropel a ver qué pasaba. El barco entró en ebullición pues había chocado con unos piratas. Aunque, aparentemente, todos estaban muertos había alguien vivo a bordo, alguien que según pudo sentir no era lo que parecía y vio a la oriental salir corriendo donde el Capitán para que no lo dejarán subir.

    Sin embargo, los tripulantes ya lo estaban revisando y encamillando para subirlo a bordo. Ella quería ir y ver bien quien era, pues sentía que era importante identificarlo, pero en ese momento escucho a la Princesa saludarla con premura, por lo cual decidió alejarse de la congestión e irse al camarote a hablar con la Princesa. Según lo poco que le dijo en ese saludo, era importante hablar ahora.

    Corrió al camarote y no se encontró con nadie. Todos habían salido tras el choque. En el Camarote se encontró con Melody que se alistaba para salir también, así que aprovecho y le dijo:

    “Hay un joven-anciano en el barco con el que chocamos, no sé si lo dejarán embarcar, pero quédate atenta y atiéndelo si puedes. Necesito que averigües todo lo que puedas de él y todo lo que te haga sentir cuando estés cerca me lo cuentas. Es importante”

    Melody miro a Kahena con la emoción de una tarea que hacer. Desde que estaba a bordo todo era diferente y le gustaba. Sin embargo, antes de salir le dijo: “la mujer que cuidamos se volvió a transformar y salió a toda prisa esta mañana. No alcancé a preguntarles nada, ni darle más de comer ¿estará bien?, ahhh y la fantasma no la veo desde hace raro” no podía irse con esa preocupación.

    Kahena sonrió y le dijo: “La Arpía se encuentra perfectamente, esas criaturas curan de una manera increíble. No te preocupes, seguro la veremos más tarde cuando vuelva a ser más ella misma. En cuanto a Lady Chaira es un fantasma, estará bien donde quiera que este. Seguro se fue a la isla que no esta muy lejos ya, pronto sabremos de ella. Mientras tanto, ve y ten los ojos y oídos abiertos”

    Cuando Melody salió Kahena se sentó frente a un espejo y pensó en la Princesa.
  • BLBobBLBob Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    El ex capitán se alegró de la visita de la hermosa mujer, pero los planes de ésta, eran otros.
    -¡Tenéis que ayudarnos, os lo ruego!
    -¿Ayudaros? ¿De qué modo? -Sir Richard Jenkins se equivocaba en sus pensamientos, nada quería ella con él.
    Su pariente, pues todos los fantasmas se consideraban así, le explicó que el barco en el que surcaba los mares había chocado con uno de piratas, y habían aparecido tantos cadáveres que la cuenta siempre daba error. La emoción embargó al carismático y bonachón espectro que se mostraba por las mañanas. Pero había un problema. Sir Richard Jenkins había pasado tanto tiempo en aquella maldita isla que se le olvidó como surcar los mares, en todos los sentidos. Sólo sus viejos recuerdos le daban el consuelo de no perder esa sensación para siempre.
    -Tranquilo, yo te llevaré.
    -Daos prisa, señorita. La noche está cerca y no querrán ver el castigo impuesto por mis crimenes.
    Los dos fantasmas cerraron los ojos y antes de aparecer en el barco, Sir Richard, preguntó a su compañera:
    -Por cierto, ¿Cómo se llama? me tiene intrigado entrar con usted en un barco lleno de desconocidos y no saber nada, ni siquiera sus nombres.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Teniendo carta blanca para ir a investigar a la isla escondida, Lady Chaira llegó allí con la sorpresa de que era observada por un fantasma, que catalejo en mano le había seguido el recorrido, en vez de asustarse se alegró de tener un compañero para que se uniera a sus pesquisas, eso suponiendo que él quisiera apoyar a su barco y ayudarla en su misión.
    Parecia un fantasma bonachón y buena gente, que de inmediato quiso ir con ella, al ofrecerse a guiarlo hasta allí, se presentó como Lady Chiara y le dijo que ya le contaria todo lo que quisiera saber sobre la tripulación.
  • PiedraLibrePiedraLibre Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2013
    Confiada ya de que estaba todo tranquilo y en orden, Syrma cerró los ojos un momento, pensando que tal vez sería un buen momento para echarse otra siestita allí en lo alto del mástil. Se relajó... y sintió una sacudida fuerte, que le sobresaltó, parándole las plumas de la cabeza un segundo. Abrió los ojos y al ver hacia abajo notó que habían chocado con otra nave, y que la tripulación se estaba moviendo muy agitadamente. Parecían hormigas de un hormiguero atacado.

    Que de seguro me quedé dormida un rato más largo de lo que creí, se dijo la arpía a si misma, porque hasta recién estaba todo muy tranquilo y no se veía nada en el horizonte! Observó la nave extraña, y enseguida notó que su tripulación estaba muerta. Un festín flotante, pensó, y abriendo sus alas bajó silenciosamente sobre la cubierta del barco. Aterrizó cerca de un cadáver olvidado, colgado en un borde; miró bien hacia los costados, todavía temiendo encontrarse con ese hombre de la lanza. Pero todos parecían muy ocupados rescatando un sobreviviente, y al parecer no quedaba nada demasiado importante en el barco porque el Silver Eagle ya lo estaba dejando ir, alejándose lentamente de la nave pirata.

    Qué estúpidos los humanos. Si la solidaridad no sirve para nada!, pensó, y hundió su pico en la carne del pirata muerto. Después de unos pocos bocados algo llamó su atención, un destello... Al levantar la vista Syrma la vió, aferrada al costade del Silver Eagle, sosteniendo la cosa brillante en sus manos.

    Hacía rato que no veía una. No le caían muy bien.

    Una Sirena?, se preguntó.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2013
    El capitán le dijo que se encargara de rescatar supervivientes y dejar el barco a la deriva. A regañadientes Shizuko obedeció y transmitió las órdenes a los demás tripulantes. Al parecer solo había uno. Se dirigió hacia aquella persona, y se presentó:
    -Buenas mi nombre es Shizuko Takada, miembro de la tripulación, el capitán esta ocupado en su camarote. Me ha pedido a que contribuya a resolver este contratiempo. Dígame si no es molestia, ¿Que le sucedió a este barco?
  • Cagado a PalosCagado a Palos Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    En su experiencia como carnicero de navíos, Jimmy Bundy sabía que la mejor forma de evadir preguntas molestas era no decir nada; la gente daba por sentado que te había pasado algo terrible y cesaban en su incordio. Sin embargo, en ese momento estaba interpretando un papel muy diferente al que interpretaba por costumbre: era un comodoro de la marina experimentado, muy disciplinado y orgulloso, curtido por las penurias y gruñón por naturaleza.
    -"Miembro de la tripulación".-murmuró con voz débil, repitiendo las palabras que una mujer oriental le dijo al presentarse.-¿No deberías estar fregando la cubierta o algo así? ¿Con qué derecho un simple marinero toma las responsabilidades de un oficial?-Jimmy se giró para mirarla directamente a la cara.- Por dios, pero si eres una simple mujer. Y el diablo me queme los ojos si no he visto nunca una tan fea como tú. Amarilla y de ojos deformes... ¿no serás por casualidad el oficial de cubierta, verdad? Eso explicaría que os estrellárais.
    La mujer puso una cara parecida a si le hubiera manoseado la entrepierna, y juraría que se dispuso a gritarle algo justo antes de que Jimmy fingiese quedarse inconsciente.
    Cuando fingió despertarse, estaba tumbado sobre una litera y sin ropa de cintura para arriba, con una venda en la cabeza. El que debía de ser el médico del barco se le acercó.
    -Hola, soy el médico. Me llamo...
    -Me importa una mierda de caballo tu nombre.
    -Emmm... bueno, solo quería decirle que se encuentra usted bien.
    -¿No me digas?-repuso Jimmy al tiempo que se quitaba la venda.
    -Si, no he encontrado ningún corte ni ninguna magulladura. No veo síntomas de enfermedad tampoco.
    -Algunos males no vienen en los libros, me temo, muchacho.
    Jimmy se levantó de la litera y paseó la mirada por la bodega en busca de su casaca.
    -¿A donde vas?-le preguntó el médico.
    -A buscar al capitán.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2013
    Shizuko contempló al hombre que la hablaba con tal insolencia que en un principio que permanecer callada fue lo único que consideró razonable, era evidente que ocultaba algo. Los desprecios no eran más que pura fachada. Lo que deseaba era tirarlo por la borda y abandonarlo, tal y como habían hecho con el navío. Cuando el hombre se desmayo, Shizuko empezó a reírse de las estupideces que acaban de decirle.
    -Amarillo, es la primera vez que me dicen que soy amarillo. Normalmente me dicen que estoy pálida como una muerta. A lo que no les falta razón...pero...amarillo.-Sus carcajadas atrajeron a un muchacho, era el médico a bordo. Ella dejó que se lo llevara.

    El barco continuó su travesía en paz.

    Después, decidió hacer lo que le apetecía, cogió dos manzanas y fué a la cocina con Yuuki a charlar en su idioma común.
  • Cagado a PalosCagado a Palos Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    Tras ponerse la casaca y abandonar la bodega en donde lo habían tenido todo aquel tiempo, Jimmy se dispuso a subir a cubierta, ignorando un comentario del médico sobre una muchacha que había preguntado por él durante el tiempo que estuvo inconsciente. A Jimmy Bundy le gustaban las mujeres, de hecho creía recordar que había muerto por una, pero en ese momento era un comodoro de la marina inglesa y poco le importaba aquello.
    Cuando salió a cubierta, no pudo evitar sorprenderse al ver que ya estaba anocheciendo. Más le sorprendió ver a un extravagante marinero de nariz enorme y con cara de ser el abuelo favorito de todo niño. Y todavía le sorprendió más ver a la mujer que lo acompañaba; era traslúcida y flotaba en el aire.
    -¿Seguro que estoy sano?-le preguntó al médico de abordo, que lo había seguido hasta la cubierta.
    -Emmm... físicamente sí. Por cierto, el capitán está en su camarote; no lo vas a encontrar aquí.
    -Por la mañana también estaba en su camarote, ¿es que no sale nunca?
    Fuera cual fuese la respuesta del médico, lo ignoró y se dirigió a su destino.
    El capitán resultó ser un hombre muy parecido a como era él, o a como se suponía que debía ser. Bastó media hora de conversación y una botella de buen brandy para comprobarlo. Era orgulloso y extremadamente ambicioso. Se movía como si un centenar de doncellas lo estuvieran observando, y todo aquello quedaba incrementado por un físico atractivo y fuerte. A Jimmy no le cabía duda de que todo aquello desencadenaba en un ego del cual se podría sacar mucho provecho. Tan jugosa le pareció la idea de derrotar a aquel hombre en cualquiera que fuese la cosa que se propusiera, que hacerlo aquella misma noche le pareció una victoria demasiado efímera. Así que se limitó a responder a sus preguntas, especificando que no recordaba nada de lo que le había ocurrido a la tripulación de la "Gritos del Infierno", y conversaron durante largo tiempo sobre inglaterra, sobre la marina y sobre la disciplina. Dada su noble ascendencia, el capitán le dispuso un camarote acorde con su rango, así como vestimentas y una cena con todos los demás oficiales, y la promesa de devolverlo a su patria en cuanto el Silver Eagle regresara de la expedición. Y fue así como la tripulación pudo disfrutar de una noche más con vida. Noche que Jimmy también tenía pensado disfrutar, pero no con los oficiales de los mercenarios. Se iría a cubierta con su apariencia original; era el único momento en que podía hacerlo, y quizás tocaría el violín y conversaría con los recuerdos de los muertos que solían asolarlo cuando estaba a solas.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado enero 2013
    BRENNAN

    El capitán había sido absorbido totalmente por sus estudios. Obsesionado con hallar la Vara y el Mjolnir se había encerrado en su camarote y dado la orden tajante de no ser molestado para perderse en sus códices y mapas, dispuesto a encontrar esas reliquias por las que tanto había luchado y tanto poder le podían dar.

    Pero no podía seguir ignorando los asuntos del barco y apenas había tomado la determinación de volver a dar señales de vida, un hombre, al parecer un nuevo tripulante llamó a su camarote. La primera reacción de Brennan fue desenfundar su espada, pero tras abrir al desconocido y mantener una larga conversación con él supo que era alguien noble y no tardaron en entablar una cierta confianza.

    --Para mí sería todo un honor convidarle a la cena de oficiales esta noche junto con lord Chantry y el capitán Mark. Jimmy Bundy aceptó de buen grado la invitación.

    Tras hablar largo y tendido con Jimmy en la cena, de la que el invitado se fue pronto, Brennan avisó a su segundo al mando, Chantry, el cual le puso al corriente de todas las novedades.

    --Bien, Shizuko ha hecho un muy buen trabajo--Reconoció Brennan--Merece una mención por ello.

    --Señor, respecto al nuevo...--Comentó Chantry.

    --También lo he notado. La sangre del templario arde cerca de esos seres. Pero no te preocupes, no atacaremos, todavía. Pero tengo la terrible sensación de que estamos rodeados de diabólicos seres.

    --¿Protocolo Purgatus?--Preguntó el inquisidor templario, con una sonsira siniestra.

    --Demasiado pronto. Nos pueden servir. De momento quiero que veas a qué nos enfrentamos. Y avisa a los Buscadores bajo el mar. Quiero una incursión. Que maten sirenas, que destruyan sus hogares, que causen el caos y luego se retiren. Quiero ver cómo reaccionan.

    --Si, mi señor.--Sonrió Chantry. Estaba deseándolo. Te espero en la cubierta.

    CHANTRY

    Asintiendo, Chantry salió del comedor con cautela y se dirigió a su camaronte, donde empuñó su larga lanza templaria, al quitarle la sábana, el artefacto divino comenzó a chisporrotear en azul. La presencia de criaturas mágicas en aquel barco era muy destacable. El inquisidor templario tomó su espada y camino hacia la cubierta, donde la lanza aumentó sus destellos. Chantry cerró los ojos y se concentró. En su mente logró detectar a las criaturas mágicas y dio datos al capitán.

    --Está bien. Déjalas de momento. A todas salvo a la sirena.

    --¿He de purificarla, señor?

    --No. Al igual que las arpías y todos los seres diabólicos desearán que les demos la muerte cuando completemos el gran plan. Dame la lanza.--

    Brennan empuñó la Lanza Sagrada con ambas manos y la clavó en el suelo. La cruz que formaban las puntas destelló con fuerza y Brennan habló. Su voz, amplificada por la onda psíquica, resonó en las mentes de todas las criaturas mágicas o sobrenaturales.

    --A todos los demonios y seres heréticos que me oigan. La Orden del Temple os persigue y os purificará uno a uno. El fin de vuestras lamentables existencias está cerca. En el nombre del bien purgaremos la Tierra de toda vuestra pestilencia y vuestra brujería y en el nombre de la Orden del Temple seréis purificados...Y exterminados. Que Dios tenga piedad de vosotros porque yo no la voy a tener.

    Los Buscadores, las criatuas bajo control templario que acechaban en el mar recibieron la orden de ataque. Y la cumplieron.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Kahena llevaba mucho rato pensando en la Princesa, la corta comunicación que habían logrado antes era imposible ahora y el tiempo avanzó con gran rapidez. Igual siguió esperando, sin embargo una parte de ella escuchó un mensaje siniestro enviado por el Capitán. Estaba segura que era la voz de Brennan, aunque ésta era mucho más nefasta y no decía nada bueno. Amenazaba, no solo a las sirenas, sino a todas las criaturas mágicas. “Algo debió pasar para llegar a esta decisión”, pensó mientras sentía que algo malo se avecinaba en el horizonte y la Princesa no estaba en el radar.

    Se apartó del espejo y descansó, estaba agotada de intentar comunicarse y la noticia recibida la había dejado también muy cansada. Al momento, o tal vez unas horas después, entró Melody al camarote con una bandeja de comida. Tras pararse a comer le preguntó a la chica por lo sucedido y como buena observadora venía con todas la noticias.

    Comentó que había un nuevo tripulante en el barco, un personaje algo singular y misterioso, además de tener una actitud algo soberbia, que había tratado súper mal a Shizuko, por ser mujer. Estuvo en enfermería, pero luego salió altanero buscando al Capitán, estuvieron encerrados en su camarote un buen rato. Luego éste le asigno un buen camarote y había entrado, pero no lo había visto salir, así que había ido a la cocina y se había puesto a hacer algo y escuchar lo que todos decían del barco con el que habían chocado. Además observó como Shizuko y la pequeña hablaban cómodamente en su idioma, absortas en su charla.

    Kahena recordando el suceso de la niña más temprano, le preguntó que cómo la había visto y le dijo que la veía muy bien. También le preguntó por la Arpía, pero le dijo que estuvo un rato en la cubierta, pero que lamentablemente no había visto al Águila o la mujer, así que no tenía idea de dónde podría estar.

    Se quedaron un rato comentando más detalles y Kahena se sentía bien para salir a la cubierta y dar una vuelta. Le preocupaba no tener noticias de la Princesa, pero tampoco sabía nada de la Arpía y de la Fantasma y eso ya eran muchas desapariciones en este momento.

    Así que tomando a Melody del brazo se encaminaron a subir. Tenían mucho que observar.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2013
    En cuanto cumplió con todas sus tareas, se refugió con Yuuki en el camarote, esta parecía estar muy preocupada por algo.
    -Creo que esta a punto de suceder algo terrible...-Shizuko trató por todos los medios de tranquilizarla.
    -El capitán sabe lo que se hace, y siempre podemos huir, marcharnos lejos, tu y yo. A otra aventura.
    -Creo que el destino de todas las criaturas esta en peligro. No podemos escapar a algo como esto.
    -Pues no tendré ningún reparo en hacerlo con o sin ti.-A pesar de que deseaba contar con la componía de la niña, que le recordaba a tiempos en los cuales ella había sido feliz. En un descuido el gato Shiro se poso suavemente sobre su ama.
    -¿DONDE HAS ESTADO BRIBÓN?-le miró a los ojos y tomó aire. En un segundo todo cuanto el gato había visto u oído entró en su mente como una flecha.
    Soltó al gato completamente consternada por lo que acababa de ver. Escuchó lo que el gato había oído. Chantry en cubierta
    --A todos los demonios y seres heréticos que me oigan. La Orden del Temple os persigue y os purificará uno a uno. El fin de vuestras lamentables existencias está cerca. En el nombre del bien purgaremos la Tierra de toda vuestra pestilencia y vuestra brujería y en el nombre de la Orden del Temple seréis purificados...Y exterminados. Que Dios tenga piedad de vosotros porque yo no la voy a tener.
    -Creo que tienes razón. Estamos en mitad de una guerra de la cual no podemos escapar.
  • Cagado a PalosCagado a Palos Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    El joven Jimmy Bundy estaba meando por la borda del barco cuando oyó el mensaje que el capitán estaba transmitiendo. Al principio pensó que lo estaba oyendo en persona, pues en efecto, lo estaba oyendo a tan solo unos metros. Pero luego se dio cuenta de que el mensaje también se encontraba en su mente.
    Se estaba escurriendo la polla cuando el capitán dejó de hablar, y entonces se encontró de frente con el difunto capitán de la "Gritos del Infierno", con su mandíbula colgando y la carne putrefacta.
    -Parece ser que el capitán es de la Orden del Temple. Eso significa que sabe que eres un fantasma. ¡Joder Jimmy! Este barco parece un circo flotante.-dijo el capitán.
    -O un burdel.-añadió Jimmy.
    Cuando terminó de cenar con el capitán Brennan y se fue a su camarote, le sorprendió comprobar que la asiática no era la única mujer abordo. Había un gran número de ellas, y por algún extraño motivo, todas eran hermosas y exóticas. Incluso la asíática, a la que había insultado nada más subir abordo, resultaba cautivadora con sus ojos ovalados cuya belleza Jimmy creía que solo se comparaba a las alas de ciertas mariposas.
    -En mis tiempos una cabra abordo ya era un lujo.-le confesó a su putrefacto amigo.-Por cierto, ¿qué decía el capitán?
    -Nada importante. Algo de que quiere mataros a tí y a todas las criaturas mágicas.
    -¡Qué malo!
    -Malísimo.
    -Creo que lleva a más criaturas mágica en su barco que en todo el fondo marino. ¿Te fijaste en la arpía?

    -Sí. Y también me fijé en la rubia que te sigue a todas partes.
    -Guapa, ¿verdad?
    -Como todas.

    Cuando Jimmy abandonó al capitán Brennan y se fue a su nuevo camarote, no pudo evitar fijarse en ella. Por suerte, cuando volvió a salir bajo la forma del joven y atractivo muchacho que era en realidad, la mujer ya no lo seguía. Se había mudado de ropa y puesto una casaca raída y verde olivo que le llegaba hasta los talones, propia de los piratas, para así disimular mejor su identidad. También se armó con un sable y cogió una botella de ron de la bodega.
    -Hablando de ella...-dijo entonces el capitán, sacándolo de sus ensoñaciones.
    La muchacha rubia acababa de subir a la cubierta, aunque no reconoció a Jimmy. Y no iba sola; la acompañana la mujer más alta que Jimmy había visto nunca. Cuando se cruzó con ella, no pudo evitar quedarse mirándola anonadado.
    Como todo niño egocéntrico y malcriado, Jimmy no podía evitar sentirse intimidado y, por ello, seducido ante la mirada de una mujer madura y con la autoridad que confieren los años de experiencia y sabiduría. De hecho, y aquello se veía latente en su irracional comportamiento después de muerto, no había cosa en el mundo que Jimmy odiara más que la debilidad; y por contra, nada que apreciara más que la fortaleza. Las mujeres, por lo regular, pecaban más de lo primero. Sin embargo, aquella en concreto tenía más de lo segundo y, sin lugar a dudas para Jimmy, cualidades por encima de las humanas.
    Entonces sonrió de oreja a oreja como un niño al que se le ha ocurrido una travesura y se dirigió a donde estaba el capitán Brennan, a tan solo unos metros de distancia.
    -Capitán, es un placer volver a verlo. La última gocé en suma de su conversación.
    Como el capitán y su acompañante lo ignoraron, Jimmy chasqueó los dedos y se transportó de forma fantasmagórico en medio de la trayectoria que seguían.
    -Soy el comodoro James Bundy, aunque más alto, más joven y más muerto. Pero eso último tú ya lo sabías, ¿no? Como buen demonio que soy, mi misión era exterminarte a tí y a toda tu tripulación. Pero en vista de los nuevos aconocimientos, le propongo algo: le daré toda la flota de navíos que he ido maldiciendo a lo largo de mi muerte. Una flota invencible, imposible de hundir o de derrotar, con una tripulación imposible de matar y capaz de navegar tanto por encima como por debajo del agua. A cambio, solo pido una cosa: ser el nuevo capitán de la Silver Eagle. Como sabrá, los fantasmas debemos ceñirnos a nuestros pactos. -y antes de que Brennan le respondiera, Jimmy añadió con una sonrisa.-Tenga en cuenta que si se niega, le daré mi flota fantasma a sus enemigos, pero de forma gratuita.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2013
    Mientras Shizuko dormía exausta de sus tareas, Yuuki, la pequeña niña asiatica portando solamente un modesto camisón amarillento, salió en busca de Shiro, el gato de Shizuko. El gato le llevo por todo el barco hasta ver a Bredonde estaba el capitán Brennan, a tan solo unos metros de distancia habñia un hombre que la atemorizo. El colgate empezó a brillar. La pequeña lo tapo, con miedo a ser descubierta y se oculto tras la primera cosa que encontró, el gato permaneció quieto a su lado, fiel. Y esto es lo que presenció.

    -Soy el comodoro James Bundy, aunque más alto, más joven y más muerto. Pero eso último tú ya lo sabías, ¿no? Como buen demonio que soy, mi misión era exterminarte a tí y a toda tu tripulación. Pero en vista de los nuevos aconocimientos, le propongo algo: le daré toda la flota de navíos que he ido maldiciendo a lo largo de mi muerte. Una flota invencible, imposible de hundir o de derrotar, con una tripulación imposible de matar y capaz de navegar tanto por encima como por debajo del agua. A cambio, solo pido una cosa: ser el nuevo capitán de la Silver Eagle. Como sabrá, los fantasmas debemos ceñirnos a nuestros pactos. -y antes de que Brennan le respondiera, Jimmy añadió con una sonrisa.-Tenga en cuenta que si se niega, le daré mi flota fantasma a sus enemigos, pero de forma gratuita.


    La pequeña, empezó a temblar de manera incontrolable, era un demonio, como del que trataba de escapar. ¿Y si el era amigo del demonio que intentaba atraparla? Intento retroceder, lentamente...para no ser vista y comunicarle a Shizuko cuanto había visto y escuchado. Aceptaría encantada marcharse con ella al fin del mundo con tal de no encontrarse con aquellos malditos.
  • editado enero 2013
    Después de esperar lo que le pareció prudente, la sirena se dijo a sí misma que esta vez tenía que entregarle el mensaje a Kahena, sí o sí. Notó que empezaba a caminar por cubierta junto a la joven chica que la había acompañado en la travesía a bordo del Silver Eagle.

    Se concentró en el cuenco de agua una vez más, notando lo cansada que estaba, y se propuso hacer la conversación lo más breve posible, ya que le quedaban pocas energías y debería alimentarse pronto.

    Rápidamente las palabras a utilizar acudieron a su mente, y así de rápido se esfumaron. Algo más cortó a través de su pensamiento. Era algo helado, temible, y en resumen, malvado. Por un instante se quedó paralizada, sintió un miedo frío y oscuro que la invadía. Por sus venas corría sangre helada, tanto que sintió hasta la punta de la cola y en cada uno de los dedos el miedo circular por ellas. Unas palabras horribles sonaron:

    -A todos los demonios y seres heréticos que me oigan. La Orden del Temple os persigue y os purificará uno a uno. El fin de vuestras lamentables existencias está cerca. En el nombre del bien purgaremos la Tierra de toda vuestra pestilencia y vuestra brujería y en el nombre de la Orden del Temple seréis purificados...Y exterminados. Que Dios tenga piedad de vosotros porque yo no la voy a tener.


    Cuando la última palabra se extinguió, la sensación abandonó a Laodamia, pero quedó muy nerviosa por lo que acababa de escuchar. ¡Los pobres seres mágicos…! Muchos de ellos eran mucho más puros que el horrible hombre que acababa de pronunciar esas palabras…

    Respiró profundo y se pasó las manos por el cabello, alisándoselo para calmarse. Luego entendió que el mensaje había sido emitido para amedrentar a criaturas como ella, y que si se dejaba amedrentar haría exactamente lo que aquel hombre quería.

    De modo que una vez más intentó comunicarse con Kahena, y esta vez sin esperar respuesta de la humana, usando su flor-cuenco, le narró todo lo que había averiguado sobre la Hueste del Oeste al oído.
  • PiedraLibrePiedraLibre Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2013
    Estaba allí, con sus ojos dorados clavados en la sirena, cuando sintió- lejos, ya que la arpía se encontraba en el barco pirata, a la deriva- aquella voz con un mensaje hacia todos los seres heréticos y demonios. Habladurías, se replicó mentalmente. La sirena acaparaba la mayor parte de su atención y por eso Syrma no reparó demasiado en lo que decía Chantry, aunque le oyó bien y claro. Tantos años llevaba ya la arpía de existencia, que le costaba creer que alguien pudiera simplemente deshacerse de ella como si nada; y esto era como un arma de doble filo, de un lado estaba la confianza en sí misma que esto le daba, pero del otro, la falta de prudencia.

    Se le erizaron las plumas; chilló, y despegó, volando hacia el Silver Eagle. Se lanzó en picada hacia la sirena, pero una ola oportuna le obligó a maniobrar para evadirla. La ola se retiró tan súbitamente como había aparecido, y Syrma no pudo ver más a la sirena. Se posó entonces en el mástil, ofuscada.


    Ya estaba cayendo la noche, y la arpía pensó en bajar nuevamente a cubierta. Transformarse en mujer, allí en lo alto del mástil no le hacía demasiada gracia; esperó a que la cubierta se despejara, y bajó suavemente, aterrizando entre las sogas y los toneles.

    Notó entonces, justo antes de transformarse en mujer, que había algo en el horizonte. Gaviotas. Estamos cerca de tierra firme, se dijo, y acto seguido, se transformó. Salió caminando de entre los toneles, creyendo que no había nadie allí, y fue entonces que vio a dos fantasmas, que se aparecieron en la cubierta de repente. No se quedó a espiar; se metió bajo cubierta pronto, con la esperanza de encontrar, por ejemplo, el camarote, o algo que robar. Con un poco de suerte, pensó, en pocas horas estarían atracando en tierra firme, y podría sentirse libre nuevamente...

    No se cruzó a nadie en los pasillos. Fue cuando entró al salón, que se dio cuenta de que estaban todos allí, y bien ocupados! Comiendo, bebiendo y haciendo barullo... y si sus ojos de águila no le mentían aún, había un fantasma hablando con el capitán! Rápidamente se quitó del paso y tomó asiento en la primer mesa que vio, esperando no levantar sospechas. Como de costumbre...
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado enero 2013
    BRENNAN

    El gobernador sonrió ante aquellas palabras del fantasma. Se llevó una mano a la espalda y levantó la otra.

    --Chantry, déjenos solos, por favor, hablaremos del Protocolo Purgatus luego.

    Chantry asintió, tomó su lanza-cruz y se marchó. Brennan acompañó a Jimmy a una habitación aparte, donde podían hablar con más tranquilidad.

    --Le encanta sentir que tiene el poder o la autoridad sobre los demás ¿verdad, comodoro? Sí, típico de un demonio. Esa actitud de la que lleva haciendo gala desde que entró en este barco es digna de un joven aristócrata donde en la vida y en la muerte se le ha dado todo cuanto ha querido. De hecho, se ha querido hasta asegurar de que acepte su oferta amenazando con dar esa ´´armada invencible´´ a mis enemigos. Siquiera la muerte puede cambiar esa actitud ¿verdad? El no poder morir otra vez ayuda a estar seguro de uno mismo.

    Brennan se dirigió a un mueble cercano y sacó una copa de brandy, que ofreció a Jimmy, dejándola sobre una mesa. En la misma mesa dejó su espada templaria, envainada.

    --Me dice que tiene poder para matarme y no dudo de que usted sea poderoso pero ha intentado claramente hacerme creer que me está perdonando usted la vida. Mire, Jimmy, soy caballero del Temple y no pretendo hacer tratos con demonios pero tengo algo mejor que ofrecerle que el Silver Eagle como premio. Mi oferta es esta.

    Brennan arrojó sobre la mesa la hoja de inscripción que tenía toda la tripulación.

    --Únase a la tripulación. Tenemos un grupo de seres mágicos bien nutrido y me encantaría que el famoso Jimmy Boundy se una a él. Como pago, en cuanto complete esta misión y por gracia de la Orden del Temple, le será dado a usted y a todos esos condenados y errantes que, no dudo, en su día fueron sus amigos y capitanes, lo que llevan desando desde el día de su muerte. El perdón. La oportunidad de dejar de ser demonios a la deriva ¿Qué me dice, Jimmy?


    CHANTRY


    Chantry caminó hacia su camarote cuando algo le llamó la atención. El Inquisidor templario intentó sonreír pero solo logró una mueca.

    --Sabes, hijita, no deberías estar escuchando las conversaciones ajenas, y menos de los mayores. Pero tranquila, nosotros somos los buenos.-- Chantry se agachó junto a la niña y su gato y, con dulzura, acarició el rostro de la chica y luego su medallón.--Pero recuerda que nosotros somos los buenos ¿quieres que te acompañe a tu camarote?

    El templario dejó la lanza sagrada apoyada contra una pared. Las chispas azules indicaban la presencia de una criatura mágica cercana, pero Chantry no hizo caso, sencillamente miró de reojo a la mujer que procuraba pasar desapercibida, pero que jamás lo lograría. Sonrió de nuevo.
  • editado enero 2013
    Sin esperar respuesta de la humana, cerró la comunicación y se arrojó al agua; así la dejaría pensar tranquila en todo lo que le había contado.

    Sintiéndose más segura en las profundidades del agua, y como veía que estaba por anochecer, cerró los ojos y usó su llamado personal. Unos minutos más tarde apareció ante ella un delfín de tamaño desproporcionado de color azul oscuro y gris, con dos grandes tentáculos en forma de bigotes. Sonrió y le dio unas palmaditas en la cabeza, se montó sobre su lomo y se alejaron velozmente de allí.

    Laodamia se sentía extremadamente cansada, lo cual no era bueno: las sirenas no dormían como los humanos, sino que tenían un sueño mitad vigilia, para poder estar atentas a lo que ocurriera a su alrededor y defenderse de cualquier peligro, si era necesario. Esto ocurría en circunstancias normales; sin embargo, si una sirena se encontraba extenuada, como era el caso de Laodamia aquella vez, caía en un sueño tan profundo que perdía su capacidad de atención, y se dormía como haría cualquier humano, quedando a merced del peligro.

    Nadaron hasta un gran banco de arena en el que había una gran formación de coral, y se refugiaron dentro para pasar la noche. Lo último que vio la Princesa, recostada contra el lomo de Dag, antes de cerrar sus ojos de un verde intenso, fue la luz de la luna, que atravesaba las aguas oscuras sobre su cabeza.


    Un rayo de sol viajó a toda velocidad hacia lo profundo del océano, seguido por muchos otros. Danzaban junto a las diferentes corrientes marinas, se entrelazaban con las largas algas que crecían entre los corales y finalmente penetraban los pequeños agujeritos que aquel coral tenía, como hacían a diario. Esta vez, antes de encontrarse con la suave arena del fondo se posaron sobre unos párpados azules, acariciaron el contorno de las pestañas, e iluminaron los contornos del rostro de la sirena, dibujando suaves sombras sobre su cabello.

    Laodamia abrió sus ojos y estiró sus brazos y su cola. Se sentía descansada y como nueva. Al levantar la vista vio que arriba hacía un día espléndido: cielo azul, sin presencia de nubes, con un sol brillante. Sonrió; con un día tan hermoso, ¿cómo no iba a sentirse más esperanzada? Incluso sintió que aquel día podrían encontrar una solución a todos sus problemas.

    Se incorporó y se acomodó la vincha de algas marrones que decoraba su cabello y a la vez indicaba su alto rango, diciendo:

    - Buen día, Dag. ¡Sí que dormimos!

    Pero al voltearse, no vio a Dag por ningún lado. Sintió que el alma se le caía a los pies, porque vio que, de espaldas a donde ella había dormido había un enorme agujero en el coral, el cual había quedado destrozado. Además, había sangre en el suelo, y, al acercarse, vio extrañas pisadas. Parecían hechas por algún tipo de dragón pequeño, con garras afiladas, y había marcas de una cola. En realidad, ahora que se fijaba mejor, estaba segura de que había habido más de un ser, seguramente muchos.

    Algo llamó su atención al voltearse: un pequeño resplandor verde entre la arena. Viendo más de cerca, era una pequeña escama de color verdoso oscuro, pero capaz de reflejar el sol de uno de sus lados, seguramente el lado interno.

    Se guardó la escama junto a la pequeña botellita con el collar y decidió ponerse en marcha. Sabía que el Silver Eagle se dirigía rumbo a una isla, precisamente la Isla Cambiante, como la llamaban las sirenas. Allí, los árboles, gracias a un conjuro extraño y tan antiguo como la tierra, podían moverse a voluntad. De hecho, se decía que a las plantas de ese lugar les gustaba cambiar de lugar para desorientar a los viajeros haciéndoles perder el rumbo. Laodamia sabía que había muchos más misterios en aquella isla, pero no los conocía bien.

    Decidió dirigirse hacia allí para ver si la humana tenía algún plan o algo que decirle, y desde luego le contaría que los extraños espías escamados habían secuestrado a su amado compañero.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Kahena caminaba por la cubierta con Melody y en ese momento, sin esperarlo ya, la Princesa se comunicó con ella, contándole dónde había estado y todo lo que estaba ocurriendo bajo el mar. No eran noticias alentadoras, por el contrario era preocupante y más con lo que estaba pasando ahora.

    Aunque la comunicación se había cortado, mentalmente le mando mucha tranquilidad y confianza y le recomendó estar pendiente bajo el mar, reunir protección, un ejercito de ser posible y prepararse, pues tenía la seguridad de que se venían cosas muy malas. El mensaje de Brennan era mucho más que una amenaza, para ellos, era una orden de hacer algo malo y las primeras criaturas que se verían afectadas estaban bajo el mar.

    Trato de trasmitirle todo eso en el mensaje y le recomendó descansar, igualmente le aseguró estar pendiente de todo en la superficie y revisar lo que ocurría con el nuevo tripulante, pues algo de ello no le gustaba del todo, pero lamentablemente aún no lo había visto.

    Lo que sí había podido observar a lo lejos, era a la Arpía que se trasformaba en mujer y entraba sigilosamente, seguramente a buscar un camarote. Se encaminó con Melody siguiéndole los pasos, pero lo que se topó no fue a la Arpía, sino a Chantry con la pequeña Yuuki. La niña no se veía bien y el gato estaba erizado, así que Kahena con toda la calma del mundo y aparentando sorpresa les dijo:

    “Buena noche caballero, pequeña, estaba buscándote pues habías quedado de acompañarme a cenar”.
    Mirando a Chantry le dijo: “Shizuro se encuentra descansando en este momento, así que si no le importa y la niña aún quiere venir conmigo nos iremos en este momento, Melody a preparado algo delicioso para nosotras”. Miro a la niña y esperó que fuera lo que quisiera, ya que si se iba con ese hombre, no podría hacer nada salvó verla marchar y esperar que no le hiciera nada.

    Al fondo pudo ver a la Arpía, que estaba sentada en una mesa, intentando pasar desapercibida, pero los ojos de Chantry estaban en ella. Definitivamente eso no era algo bueno, pensó, mientras miraba a Melody que trataba de estar relajada pero sentía la tensión del momento.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2013
    La pequeña se asustó, compenzó a temblar. A sujetar el medallón con fuerza. se dirigió a CHANTRY:
    -¿El demonio es amigo del demonio que me persigue?Por favor no deje que me atrape...mi camarote esta con la señorita Shizuko. Por favor no le diga que me e escapado. Siente que debe cuidar de mi y se disgustaría pensar que ...que...-Las palabras se le trabaron y puso los ojos en blanco, de repente tuvo una visión, una sombra se cernía sobre ella, escucho como olfateaba el aire y en su mente, o en sus oídos, escuchó:
    -Pequeña me apoderaré de tu vida...no podrás escapar...
    -¡NO!¡ SAL DE MI CABEZA!- El medallón empezó a brillar con mayor intensidad y la pequeña empezó a temblar y a gritar ajena a que en realidad solo se hayaba en aquel barco con Chantry.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado enero 2013
    CHANTRY

    El templario vio brillar el medallón de la chica e inmmediatamente dejó caer su arma, que chocó contra una pared y se quedó clavada. Preocupado, sujetó a la pequeña por los hombros.

    --¡Hijita! ¡Hijita! ¿Estás bien? ¿¡Qué te pasa!?-- Chantry apretó los dientes -- ¿Ha dicho algo de un demonio...? Tranquila, hija....

    El inquisidor templario alzó sus manos al cielo y comenzó a decir.

    --¡Espíritus malignos, por la gracia del Temple se os ordena abandonar este cuerpo joven, puro e inocente y dejarlo en paz! ¡Ella está ahora bajo la protección de la Orden! ¡Meteros con ella es ofendernos a nosotros!
  • PiedraLibrePiedraLibre Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2013
    A Syrma le corrió un frío por la espalda al reconocer a ese hombre; era el que le había herido el ala! Él, y su maldita lanza! Cómo deseaba que fuese de día, solamente para poder darle una lección.... ahora que lo hallaba con las defensas bajas por supuesto, aunque ella jamás lo admitiría, al hecho de ser una cobarde y oportunista.

    El hombre, que la había visto y había sonreído (de un modo que le retorció el estómago a la arpía) estaba ahora hablandole a una niña. La que me curó el ala, vaya, se dijo. Kahena, la otra que le había ayudado, estaba al lado de ambos, y justo cuando comenzó a hablarles, la niña comenzó a comportarse de un modo extraño... muy extraño, suficiente para generar confusión. Y el hombre dejó caer la lanza, para socorrerla.

    Syrma sonrió, entonces. Ya ven, es como digo yo. Que ser solidario no sirve para nada, estúpidos! Sí que podía hacer algo. Fue un impulso, casi un reflejo; durante sus años y años de arpía se había malacostumbrado a aprovechar cualquier situación para rapiñar lo que fuera, y no iba a dejar escapar esta... En un solo movimiento se levantó y corrió velozmente, tomó la lanza, que chisporroteaba en azul como una bengala, y huyó. No pensó, el impulso y la oportunidad de robar y vengarse al mismo tiempo fueron más fuertes que cualquier capacidad de pensar...

    Qué rayos hago con esto ahora???!! se dijo a sí misma, una vez que salió de la habitación con la lanza en sus manos. Debía deshacerse de ella en seguida, pues ya le estaba empezando a arder.

    -Rayos!- siseó, apretando los dientes.
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