Si bien es verdad, si existiera un libro perfecto este pronto lo invadiria todo, visto desde cierto punto es comprensible que sea mas adecuado que cada libro tenga una cualidad y otros tengan otras de modo que seamos libres de poder elegir y quedarnos con aquellas que nos gusten, algo parecido pasa con las personas. Cada una tiene sus defectos y sus virtudes y han de ser reciprocas y complementarias entre ellas.
:cool:Borges, un escritor tan imperfecto (como todo ser humano) como Joyce, comentaba:
“James Joyce, en 1922, publica el Ulises, que puede equivaler a toda una compleja literatura que abarcara muchos siglos y muchas obras.
Quizá, para el porvenir, el único fin de la literatura «moderna» sea el insondable Ulises, que de algún modo justifica, incluye y supera a los otros textos.”
Desde luego que el libro perfecto no existe, tal como no existe un ser humano perfecto, ya que como bien lo sabemos, gracias al tortuoso camino de la filosofía, la perfección depende del cristal con que miremos, y cada cual posee un cristal diferente. Muestra de ello, en el inicio de nuestra humanidad cultural, las ideas de los materialistas jonios contrastadas con la de los idealistas helénicos, batalla de ideas que aun sigue vigente pongámonos de cualquiera de ambos lados.
Lo que trato de manifestar es que la perfección puede ser para una persona un golpe como de yunque en el lado de la sensibilidad (como ciertas obras de Chéjov); para otros, una obra que reafirme su anhelo de trascendencia (como la Biblia, o cualquier otro venerado libro religioso); para algunos puede que no sea más que un compendio de la historia cultural de Occidente (el Ulises de Joyce); y sin embargo son obras cortas para la bárbara capacidad imaginativa del ser humano (sobre todo para una mente bastamente entrenada en dilucidar entelequias como “lo perfecto”, como “dios” o como cualquier otro ser mágico).
Pero a lo que me refería escuetamente en mi comentario precedente es que si acaso existen intentos por acercarse a algo abarcador y que pretenda contemplar todos los aspectos de nuestro vivir (una de las posibles formas de perfección en un libro, al menos para mí) (tanto materiales como espirituales), uno de los más cercanos a aquel concebir es sin lugar a dudas la novela del irlandés.
Desde luego que esta novela no se puede resumir es palabras tan baladíes como “variaciones de técnicas literarias” ni “extrapolaciones de temas”, etc., que pretendí usar en mi primer comentario. Va mucho más allá de aquello, y cualquier lector medianamente ejercitado en el nada tedioso placer de la lectura podrá testificar que la descripción de una obra (ni siquiera cuando la realiza el propio autor) no equivale en lo más mínimo a la lectura completa de la misma.
Muestra de ello son las obras de Kafka, casi inaprensibles, por mucho que procuremos asirlas con conceptos tan tendenciosamente concisos como “lo kafkiano”, “desasosegador”, y otros lugares comunes.
La historia, como bien lo demuestran los textos historiográficos (aun los que pretenden, por conveniencia ideológica, ocultar este hecho) es dialéctica.
Llegará el día en que alguna mente de lucidez extrema (porque es improbable que dos o más lo hagan juntas: aunque la Enciclopedia Francesa pudo ser para su tiempo la obra perfecta para muchos), en que alguna mente, manifestaba, conciba una idea, sólo eso, una ráfaga de una iluminación prosaica y trascendente que lo lleve a redactar algo mejor de lo que tenemos, y superará a cualquier otro de los libros canonizados por nuestros críticos y nuestra cultura.
Pero esa supuesta perfección será vejada por unos (que verán en ella el síndrome de la degeneración, como siempre sucede con las obras catalogadas como cumbres) y otros verán en ella el máximo elogio de la estética y la razón.
Lo perfecto (hablando siempre en materia de literatura) es para unos algo en apariencia tan minúsculo como un haiku, para otros lo podrá ser una vasta novela de Dickens, de Víctor Hugo o de Proust. En materia de estética somos variados, y algún atisbo de razón nos dice que no podemos erigirnos como los atalayas de la cultura y de lo artístico, aunque a cada rato rompamos esta ley intentando serlo.
Para el cura y el barbero los libros imperfectos se echaban por la ventana.
Para Hitler los libros perfectos quedaban en los anaqueles de la cultura nazi, y los imperfectos de este mundo iban a parar a las llamas beatíficas de la purificación racial y nacionalista.
¿Quiénes tenían razón: el cura y el barbero, Hitler, tantos otros hitleres?
Cada cual dará su punto de vista.
Entonces yo me alineo a esa labor del cura-barbero y trato de erigirme como un atalaya (y tirar en un rincón los libros desechables), en contraposición a la nefasta faena del oscuro Hitler (nunca quemaría un libro, ni siquiera Mi lucha, que está alzado en un estante de mi modesta y naciente biblioteca).
El Ulises de Joyce no lo tiro por la ventana. Es (aun con sus desniveles técnicos, que cualquiera que le lea podrá apreciar) una de las obras más perfectas que tenemos. Lo que no significa, lea bien cualquier despistado, que sea la obra perfecta.
No creo que exista el libro perfecto. La mayoría de los libros tienen partes que pueden gustar y otras no. A muchos les gustará un libro, y a otros no les entusiasma dicho libro. Aparte la forma de escribir y desarrollar las escenas que componen un libro también influye en que ese libro sea más apetecible de leer o no.
Hace poco observe que varias empresas de automoviles habian unido sus tecnologias para crear un hibrido entre sus mejores vehiculos obteniendo todas las caracteristicas interesantes.
Pense inmediatamente en si se podia hacer lo mismo con un libro. Lograr un libro con elementos que resulten de la union de todos los generos, uniendo las caracteristicas positivas de cada uno con el objeto ultimo de agradar (si no a todos) a todos los que se pueda.
Es un proyecto dificil y extraño pero me gustaria comprobar hasta donde llega...
Por ello sugiero que dejen aqui alguna pauta, elemento o paradigma que, en su opinion, deberia tener el quimerico ´´Libro perfecto´´
... Yo cambiaría la palabra "perfecto" por "completo". Nisiquiera el auto híbrido al que te refieres podría calificarse como perfecto (seguro podría mejorarse), Pero no sería imposible encontrar un libro que contenga, explícita o implícitamente, un híbrido de todas las temáticas tratables, por eso algunos se referían a la Biblia al principio, ya que este libro parece cumplir con este cometido. Hablar de perfección sería, no sólo unir todas las temáticas, sino lograr, además, una obra a la que no se le pueda mejorar ninguno de los aspectos que intervienen en la práctica de la creación literaria, eso es pedir demasiado.
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“James Joyce, en 1922, publica el Ulises, que puede equivaler a toda una compleja literatura que abarcara muchos siglos y muchas obras.
Quizá, para el porvenir, el único fin de la literatura «moderna» sea el insondable Ulises, que de algún modo justifica, incluye y supera a los otros textos.”
Desde luego que el libro perfecto no existe, tal como no existe un ser humano perfecto, ya que como bien lo sabemos, gracias al tortuoso camino de la filosofía, la perfección depende del cristal con que miremos, y cada cual posee un cristal diferente. Muestra de ello, en el inicio de nuestra humanidad cultural, las ideas de los materialistas jonios contrastadas con la de los idealistas helénicos, batalla de ideas que aun sigue vigente pongámonos de cualquiera de ambos lados.
Lo que trato de manifestar es que la perfección puede ser para una persona un golpe como de yunque en el lado de la sensibilidad (como ciertas obras de Chéjov); para otros, una obra que reafirme su anhelo de trascendencia (como la Biblia, o cualquier otro venerado libro religioso); para algunos puede que no sea más que un compendio de la historia cultural de Occidente (el Ulises de Joyce); y sin embargo son obras cortas para la bárbara capacidad imaginativa del ser humano (sobre todo para una mente bastamente entrenada en dilucidar entelequias como “lo perfecto”, como “dios” o como cualquier otro ser mágico).
Pero a lo que me refería escuetamente en mi comentario precedente es que si acaso existen intentos por acercarse a algo abarcador y que pretenda contemplar todos los aspectos de nuestro vivir (una de las posibles formas de perfección en un libro, al menos para mí) (tanto materiales como espirituales), uno de los más cercanos a aquel concebir es sin lugar a dudas la novela del irlandés.
Desde luego que esta novela no se puede resumir es palabras tan baladíes como “variaciones de técnicas literarias” ni “extrapolaciones de temas”, etc., que pretendí usar en mi primer comentario. Va mucho más allá de aquello, y cualquier lector medianamente ejercitado en el nada tedioso placer de la lectura podrá testificar que la descripción de una obra (ni siquiera cuando la realiza el propio autor) no equivale en lo más mínimo a la lectura completa de la misma.
Muestra de ello son las obras de Kafka, casi inaprensibles, por mucho que procuremos asirlas con conceptos tan tendenciosamente concisos como “lo kafkiano”, “desasosegador”, y otros lugares comunes.
La historia, como bien lo demuestran los textos historiográficos (aun los que pretenden, por conveniencia ideológica, ocultar este hecho) es dialéctica.
Llegará el día en que alguna mente de lucidez extrema (porque es improbable que dos o más lo hagan juntas: aunque la Enciclopedia Francesa pudo ser para su tiempo la obra perfecta para muchos), en que alguna mente, manifestaba, conciba una idea, sólo eso, una ráfaga de una iluminación prosaica y trascendente que lo lleve a redactar algo mejor de lo que tenemos, y superará a cualquier otro de los libros canonizados por nuestros críticos y nuestra cultura.
Pero esa supuesta perfección será vejada por unos (que verán en ella el síndrome de la degeneración, como siempre sucede con las obras catalogadas como cumbres) y otros verán en ella el máximo elogio de la estética y la razón.
Lo perfecto (hablando siempre en materia de literatura) es para unos algo en apariencia tan minúsculo como un haiku, para otros lo podrá ser una vasta novela de Dickens, de Víctor Hugo o de Proust. En materia de estética somos variados, y algún atisbo de razón nos dice que no podemos erigirnos como los atalayas de la cultura y de lo artístico, aunque a cada rato rompamos esta ley intentando serlo.
Para el cura y el barbero los libros imperfectos se echaban por la ventana.
Para Hitler los libros perfectos quedaban en los anaqueles de la cultura nazi, y los imperfectos de este mundo iban a parar a las llamas beatíficas de la purificación racial y nacionalista.
¿Quiénes tenían razón: el cura y el barbero, Hitler, tantos otros hitleres?
Cada cual dará su punto de vista.
Entonces yo me alineo a esa labor del cura-barbero y trato de erigirme como un atalaya (y tirar en un rincón los libros desechables), en contraposición a la nefasta faena del oscuro Hitler (nunca quemaría un libro, ni siquiera Mi lucha, que está alzado en un estante de mi modesta y naciente biblioteca).
El Ulises de Joyce no lo tiro por la ventana. Es (aun con sus desniveles técnicos, que cualquiera que le lea podrá apreciar) una de las obras más perfectas que tenemos. Lo que no significa, lea bien cualquier despistado, que sea la obra perfecta.
... Yo cambiaría la palabra "perfecto" por "completo". Nisiquiera el auto híbrido al que te refieres podría calificarse como perfecto (seguro podría mejorarse), Pero no sería imposible encontrar un libro que contenga, explícita o implícitamente, un híbrido de todas las temáticas tratables, por eso algunos se referían a la Biblia al principio, ya que este libro parece cumplir con este cometido. Hablar de perfección sería, no sólo unir todas las temáticas, sino lograr, además, una obra a la que no se le pueda mejorar ninguno de los aspectos que intervienen en la práctica de la creación literaria, eso es pedir demasiado.