Cuándo había dejado de sentir? En qué momento la vida se detuvo?
Sus manos, posadas displicentes sobre su regazo, vacías de nada, estaban calientes; su rostro invisible miraba sin intención pero sus ojos distraídos enfocaban hacia dentro. No se sentía observada, o más exactamente, no se sentía… El pensamiento denso, obsesivo se dirigía una y otra vez hacia el mismo punto, y de nuevo iniciaba el mismo discurso de locura, el mismo escenario, los mismos payasos…
Las imágenes se repetían en una película sin trama: ojos, miradas, criterios sin criterio, escrutinio denostado de insensibles que sólo juzgan…. Tratando de quitar la piel a una tela frágil…: “qué habrá detrás que nada hay delante?”, “Qué tendrá dentro que nada está fuera?”
A la luz de la espesa oscuridad de una tarde cualquiera, un pálpito arrítmico la hizo volver al cuerpo, estaba ahí… pero no se movió. Trató de escuchar el latir ahogado de su corazón. El flujo de sangre incansable en su vertiginoso recorrido calentó sus dedos… apenas rozó con el pulgar el dorso de su mano y permaneció muy quieta… sintió su respiración, el calor que desprendía su cuerpo al espirar; y se pasó la lengua muy suave por los labios, sintiendo el cosquilleo del vello en el labio superior. Entonces… sonrió, y fue justo en ese momento que los que la observaban tomaron consciencia y vieron por sus ojos. Fueron segundos de eternidad compartida. Todos estaban sonriendo, todos habían comprendido que no eran más que el latido que faltaba a la Gioconda…
Comentarios
Saludos Viola.