Ya era diciembre del 2012.
El “Ark of hope” se desacopló de la Estación Espacial Internacional después de haber estado 38 horas en órbita y marchaba ahora en vuelo sin escalas hacia el polo sur de la Luna.
Desde mediados de 2007, cuando Catalina Sky Survey dió cuenta de la alta probabilidad de colisión entre la Tierra y el asteroide CA19, se habían estado enviando víveres y se habían establecido las primeras casas selenitas, aún deshabitadas.
La uruguaya María Milagros Paredes y la estadounidense Lisa Marfan eran las únicas tripulantes de la nave. Habían sido seleccionadas luego de fatigantes pruebas por tener los úteros más aptos para un desarrollo embrionario óptimo. Llevaban con ellas, además, óvulos fecundados in vitro con genes idóneos para la supervivencia en la superficie lunar.
Ellas eran la esperanza de la especie. La misión consistía en llegar a la Luna, establecerse en las flamantes instalaciones de sus polos, y comenzar el proceso de reproducción asistida. En solo unos años, la humanidad habría de pasar de 6 mil millones de individuos, a simplemente dos y luego a un puñado de infantes correteando por toda la extensión del satélite.
El sábado era el día. En la Tierra estaba todo anunciado. Las celebraciones religiosas, el pánico, las fiestas y la paranoia se distribuían a lo largo del globo. María Milagros y Lisa se desayunaron con las últimas transmisiones de Houston e iniciaron los preparativos para el despliegue del escudo protector del Ark of hope.
Pasaron la mañana ocupadas, casi sin hablarse. Sentían la tensión y el terror de saber que ya nada sería igual. Saber que aquellos abrazos con sus familias antes del despegue fueron los últimos. Fueron las últimas bocanadas del aire, las últimas cosquillas del viento. ¡Y cómo les dolía mirar hacia la Tierra! Ver que esa inmensa esfera azul pronto sería solo un juego de luces, un negro anillo, un recuerdo.
-Faltan 5 minutos para el impacto -dijo María-. Lisa suspiró.
-¡Qué tragedia! -exclamó luego como si nunca antes lo hubiera pensado-.
-¿Por qué?
-Porque no fuimos tan malos después de todo -respondió la otra melancólica-.
- No, no, no -gritó María enfurecida-. Si lo fuimos. Nunca supimos escuchar. Ni a nosotros mismos, ni a nada: ni a Dios, ni siquiera a la Tierra, ni a los animales y plantas. Yo creo que aunque duela, lo merecemos…
Lisa comenzó a llorar y en ese instante María le disparó repetidas veces a la cabeza.
-Así no piensan los hombres del futuro… así no piensan los hombres del futuro -repitió con el arma aun en la mano-.
Atrás, la Tierra explotaba con furia. En la nave, las gotas de sangre flotaban suspendidas en el aire. Y María con las manos temblando, pero con el vientre lleno de ambiciones y flores, escribió con el dedo en el vidrio: “Mañana, mañana. Eva hay una sola.”
Comentarios
La verdad es que el cuento daba para ser mas largo aunque creo que hubiera sido solo una extensión absurda.
Tengo algún que otro relato de ciencia ficción, con un poco mas de tiempo voy a subirlo.
Un fuerte abrazo a los dos, saludos!