Nota: El argumento de este relato, no es de mi creación intelectual. Hace una veintena de años, el padre de un amigo me contó en apenas cuatro palabras esta fábula. Desconozco si la misma proviene de algún libro o bien pertenece al anónimo ingenio popular. Habida cuenta que la sucinta reseña caló muy en lo profundo de mi corazón, me permito recrearla en forma de relato, de manera breve y tal como me ha parecido que debía contarla a ustedes.
EL OJO DE VIDRIO
En una pequeña aldea de un país cualquiera, en el campo de un acaudalado señor trabajaba un hombre, viudo él, con un hijo pequeño que era toda su esperanza y alegría.
Un día el niño enfermó de gravedad, y era necesario su traslado a la ciudad capital, en la cual se le practicaría una intervención quirúrgica absolutamente necesaria para salvar su vida. Pero esta operación costaba mucho dinero, dinero que el padre del niño no tenía.
El tiempo corría, apuraba. El jornalero, desesperado, recurrió a su amo solicitando el monto para poder pagar la operación de su hijo. Eran treinta años que estaba a su servicio. De adolescente ya trabajaba para el señor, dueño de la finca. Éste, una vez que escuchó a su peón, manifestó no poder hacer entrega de la suma requerida argumentando que no tenía seguridad que el dinero le fuese devuelto, pues nada tenía ese mísero trabajador que sirviera de garantía al préstamo. No obstante las súplicas del pobre hombre, que con la cabeza gacha juraba que si era necesario trabajaría gratis por el resto de su vida, el patrón se mostró imperturbable.
Acongojado, vencido por el dolor, el jornalero se aprestaba a retirarse, cuando antes de llegar a la puerta del despacho, el patrón le espetó: Ven, acércate; te diré algo. ¡No me importa la vida de tu hijo!.... uno más.... ¡bah! , si los traen al mundo como si fueran conejos...además no es mío, es tuyo...pero te he de ofrecer algo. El pobre hombre escuchaba en silencio. El patrón siguió hablando. Me gusta apostar, soy un jugador empedernido, un jugador nato y como tal, si pierdo pago mis apuestas. Te haré un trato. Si aciertas sobre algo que te he de contar, te daré el dinero, en cambio si te equivocas , trabajarás gratis para mí el resto de tu vida; ya sabes una apuesta es una apuesta. Escúchame bien:
Muchos años hacen ya, que en unos de mis viajes al extranjero, sufrí un grave accidente que me costó la pérdida de un ojo. Gracias a mi solvencia económica pude ser tratado en la mejor clínica oftalmológica del mundo, en la cual unos maravillosos orfebres tallaron y me colocaron una prótesis de vidrio tan perfecta, que nunca, nadie, ha podido darse cuenta de la misma.
Hizo una pausa y prosiguió.
Mírame, mira de cerca mis dos ojos, míralos todo el tiempo que quieras, que si puedes decirme con total seguridad cual es mi ojo de vidrio, te daré el dinero para la operación de tu hijo, y agregó, pero será inútil, nadie puede,... nadie. Mírame te he dicho, mira mis ojos, a ver, dime cual es el de vidrio, dímelo, o te largas de una vez.El desolado campesino, se acercó a un metro del patrón, alzó la vista y miró los ojos de aquel hombre cruel a quien había servido fielmente por tantos años.
Un instante después señaló decididamente el ojo izquierdo.Un silencio increíble se hizo en el recinto. El dedo índice, ligeramente tembloroso, había señalado con exactitud el ojo de vidrio.
El amo, asombrado, incrédulo aún, hizo honor a la palabra y entregó el dinero gritando a su peón, aquí tienes, pero no vuelvas más a mi campo, no quiero verte jamás en mi vida.
Cuando el jornalero, aliviado y feliz se aprestaba a retirarse, le detuvo un grito.
¿Cómo es posible que con una simple mirada hayas descubierto lo que nadie había advertido en años?. Dime, dime maldito ¿fue casualidad?,¿no es cierto?...Dime... dime...siguió repitiendo como un obseso.
El jornalero apenas se volvió. Esta vez levantó la cabeza en un gesto de libertad y altivez, y dijo:
No señor, no fue casualidad.
El patrón se alzó violentamente de su asiento como si una corriente eléctrica le estuviese recorriendo su cuerpo...¿cómo has dicho?...¿qué dices, miserable?....habla...Le digo señor que no ha sido casualidad....¿Y entonces?....¿cómo lo has descubierto?
El jornalero tomó un respiro y luego con toda la calma del mundo, respondió:
Lo supe, sabe - tomó aliento otro instante-, porque en ese ojo – y señaló el de vidrio- solamente en ese ojo, pude ver un rasgo de humanidad.
FIN
7 de marzo de 2001.
Comentarios
¿Te puedo ayudar en algo?
Saludos!
Un abrazo.
Yacaré
Por si te vuelve a pasar.
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Una vez más muchas gracias Dixie y también a la otra señora de México que se ofreció a ayudarme.
Un gran saludo cordial.
Yacaré