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Femme Fatale 4

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado julio 2010 en Narrativa
-Perdí un embarazo cuando todo iba perfecto; al año que nos casamos decidimos tener un hijo y enseguida quedé embarazada. Deseaba mucho tener ese bebe y lo perdí. Sabía que nos iba a unir como pareja y que por fin íbamos a tener algo en común por que luchar, es como si la maldición que tengo en el cuerpo recayera siempre sobre mi sexualidad, sobre mis genitales. Las monjas siempre me dijeron que Dios me iba a castigar en vida y que todos los pecados se pagan acá y no en el cielo.
-¿Y usted que piensa al respecto?
-Ya no sé que pensar, siempre estuve convencida de que eran puras habladurías y que sólo lo decían para asustarnos pero es como si la realidad superara a la ficción, lo que me pasa a mí es tan crudo y real que me hace pensar que a lo mejor tenían razón.
En ese momento sentí que la estaba perdiendo. Es como si en aquella situación de crisis en la cual se hallaba inmersa sin saber bien en quien confiar, ella necesitaba volver a ese lugar de su infancia en donde se sentía segura. Si por temor o por lo que fuere, se volvía a fanatizar con la religión mi lugar pasaría a ser totalmente prescindible porque ya no iba a necesitar a nadie que la ayude a buscar respuestas pues tampoco se iba a cuestionar nada; Tuve que invocar a Dios en ese momento y pedirle que por favor la dejara conmigo para que pudiera organizar su vida nuevamente.
-Mis padres me protegieron demasiado; nunca me prepararon para enfrentar los reveses de la vida y me facilitaron siempre todo lo que yo les pedí. Era la nenita de la familia, la más pequeña y la más consentida, me dieron tanto que hasta me pasaron sus miedos mas profundos y sus frustraciones. Con el correr del tiempo pasé de ser dependiente de mi familia a depender de cualquier persona que estuviese cerca mío, necesitaba imperiosamente tener a alguien; al principio no importaba mucho si me quería o no, me bastaba con que fuera capaz de dejar cualquier cosa por estar conmigo. Siempre me procuré estar muy conectada a mis parejas y entregarme por completo, dejo que la relación fluya y soy muy obediente si me saben llevar, en sí dependo mucho del amor que me brindan los demás.
No se muy bien si habrá sido por mi suplica o quien sabe por que cuestión apareció aquí el primer síntoma de la paciente: La aprobación del otro y la dependencia de su amor. Esta cuestión se plantea ambigua ya que por un lado es el modo de gozar que estableció, que pudo armar; es el modo sustitutivo y metafórico de satisfacción sexual, una formación de compromiso, pero por otro lado es un estorbo, un impedimento en su vida real y cotidiana y en este momento aparentemente desea realmente desembarazarse de él. Sin que yo hiciera ningún comentario ni pregunta, ella continuó hablando animadamente sobre su familia.
-Mi madre fue siempre una persona sumamente frágil, introvertida, empequeñecida, se angustia y se hace problemas por cualquier cosa por mas mínima que sea. Muchas veces venía algún vecino a visitarla y si le contaba alguna triste noticia sobre alguien del barrio, sufría como si fuera ella misma la afectada. Es por este motivo que nunca pude contar con mi familia en los momentos mas difíciles que me han tocado vivir, imagínese que le contase que odiaba a Dios y a las monjas o que me tuvieron que operar de mi displasia uterina, la hubiese matado de un disgusto, como nos amenazaba ella a menudo. Tampoco puedo recriminarle mucho porque fue una madre sumamente bondadosa conmigo y con quien lo necesitara, si había alguien se enfermaba era la primera que se ofrecía para cuidar o si había que acompañar a algún enfermo, mi madre estaba. Ahora que lo pienso y que le estoy contando estas cosas, me estoy dando cuenta de que yo no soy para nada igual a ella en ese sentido, no nos parecemos en nada, a mí sinceramente no me interesa la gente salvo mi marido y nadie mas; somos totalmente diferentes en ese aspecto, casi polos opuestos.
Analizándolo bien, yo al principio le dije que había sido sobreprotegida por mis padres ¿sobreprotegida de que? si hasta ahora nunca pude contarles nada importante de mi vida ni de mi enfermedad por miedo a que les hiciera mal.
Mi mamá siempre nos decía frases como “me van a matar de un disgusto” ¡Pura basura! no quería escuchar nuestros problemas; “Dios castiga sin palo y sin rebenque” así nos hacía tener miedo de que todo lo que hacíamos era pecaminoso; “la venganza nunca es buena, mata al alma y la envenena”, con ese pretexto teníamos que quedar como los imbéciles del barrio y el colegio, junto con “si te abofetean, dales la otra mejilla” debíamos aguantarnos todas las ofensas.
Estoy haciendo aquí con usted lo que nunca pude hacer con mi familia, descargar mis frustraciones y mi bronca acumulada.
-Este es su espacio y puede utilizarlo como mas le guste.
Se produce un largo silencio en el cual aprovecho para acomodar mentalmente algunas preguntas que tenia para hacerle pero que no me decidía a soltarlas aún pues presentía que algo interesante estaba por ocurrir y no quería romper el clima que ella había generado.

Comentarios

  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2010
    -Necesito decirle algo que no me animé a contarle nunca a nadie. Espero que entienda lo difícil que es para mí hablar de este tema –aguardó, me parece, una respuesta cómplice de mi parte que nunca llegó, igualmente continuó con su relato- Apenas cumplí los dieciocho años decidí sacarme todas las ganas que tenía acumulada y empecé a salir con cuanto tipo estuviera a mi alcance. Me escapaba los fines de semana a escondidas de mi familia, en realidad le decía a mi mamá que iba a lo de alguna amiga, lo cual era cierto, pero después de ahí enfilábamos para algún boliche. Me besaba con uno, con otro, a veces me manoseaba con alguien y después me volvía para casa como si nada, me pegaba un baño y me acostaba a dormir todo el día sin levantarme siquiera para comer; por suerte para esa época mis padres ya no se fijaban tanto en mí porque creían que su tarea ya había sido cumplida con éxito.
    Salí con un montón de hombres, demasiados diría yo. Era sólo diversión y placer, si bien yo no disfrutaba mucho, ellos se notaba que la pasaban bien; de vez en cuando me ponía de novia por algún tiempo pero nada en serio. A pesar de lo que parece me cuesta un montón contarlo porque si bien lo disfruté mientras duró, ahora me avergüenzo de solo acordarme esa época. (Busca en su bolso un paquete de pañuelos descartables y continúa hablando mientras se seca una lágrima que apenas asomaba por su mejilla) Nadie me obligaba a hacerlo y si yo tomé la decisión fue porque creí que me iba a gustar vivir de esa manera pero, me equivoqué.
    Ninguno se resistía a mis encantos y yo los acumulaba como trofeos de guerra. Me asusta un poco pensar en la cantidad que fueron, treinta o cuarenta no se bien, en un momento perdí la cuenta y a lo mejor pudieron ser mas. Eran puros excesos, alcohol, diversión, placer y sexo, justamente todo lo contrario de lo que me habían inculcado en casa y en el colegio; si hubiesen sido dos o tres solamente hoy lo vería como algo anecdótico y hasta gracioso pero esa cantidad es demasiado.
    -¿Que es lo que siente cuando piensa en esa época?
    -Sin dudas siento mucha vergüenza, me pongo mal, me angustio, me considero una sucia pecadora y por eso no se lo cuento a nadie, ni siquiera mi marido lo sabe, es mi secreto. Pienso que si se llegara a enterar de que salía con dos o tres tipos a la vez tendría todo el derecho de odiarme y yo no podría volver a mirarlo nunca mas a los ojos. Fueron tres o cuatro años muy alocados en donde llegué a tener un romance en cada lugar, uno en la universidad, uno en el trabajo y otro en el boliche. Mientras vivía inmersa en esa locura me sentía extrañamente tranquila como si me hubiera tomado un sedante, no me cuestionaba para nada mi actitud y fue sólo después que terminó esa etapa cuando me empecé a hacer la cabeza y me invadió el remordimiento.
    En mi casa nunca se enteraron de nada, recuerdo que otro de los dichos de mi mamá era “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y cuanta razón tenía porque para ellos siempre fui la hija ideal, estudiaba, trabajaba y puertas adentro me comportaba como una señorita; nunca llevé a casa un novio formal hasta mi marido. Jamás se dieron cuenta de que en realidad todo era una farsa y que afuera yo era otra persona. Cuando me iba a lo de mi amiga, salía de casa vestida normal y llevaba ropa para cambiarme en la mochila; nos producíamos, y yo me maquillaba y me peinaba como lo que sentía que era, una diosa griega del amor. Me vestía muy provocativa, con pantalones bien ajustados y por lo general me clavaba un escote que no dejaba nada librado a la imaginación.
    Se enamoraban de mí hasta las mujeres, varias veces alguna que otra se me tiró un lance y me costó mucho decirle que no porque le aseguro que en esa época estaba dispuesta a todo y no me importaba quien estuviera a mi lado; sinceramente no sé si no me habré besado con alguna chica porque me faltan muchos detalles de esa época, tengo varias lagunas y se me escapan cosas. Algunas veces vienen a mi mente situaciones e imágenes que no se bien si las viví, las soñé o si sólo son una fantasía.
    Vislumbré aquí una paradoja interesante que a su vez me promovió una reflexión ¿cual será el misterio que subyace a esta mujer promiscua antaño devenida en reprimida sexualmente en la actualidad? Nuestra paciente se construyó su propia realidad y proyectó un mundo en donde la "felicidad" era entendida como puro hedonismo, sin mayor horizonte que el de satisfacer el presente inmediato, mas allá de que intentase convencerse de que el amor que sentía hacia su marido fuese para toda la vida. Era como si en su interior hubiese un cuerpo extraño activamente escondido brindando continuamente falsa información sobre la realidad. No me pareció que fuera sólo su anterior vida licenciosa el causante de tamaña dicotomía, debía haber algo mas profundamente arraigado que nos estaba desafiando y mas le valía manifestase por su propia cuenta o se las tendría que ver conmigo en el análisis.
  • RegísimaRegísima Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2010
    Venga la esperada quinta parte... :)


    Saludos!
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