El reloj marcaba las tres, cuando Belsasar despertó. Por seis noches el insomnio lo había abatido, pensaba que si se prolongaba un día más, no lo podría soportar. Tenía sed. Ella lo había terminado de manera abrupta, inesperada – esto no está bien Belsasar- había dicho – todo este tiempo junto a ti me ha dejado hasta hoy sin saber quién eres, a veces siento como si tuvieras una vida oculta, a veces de repente, así ante mis ojos, no te reconozco… esto debe terminar, la vida ya es demasiado compleja como para quedarme aquí a resolver este enigma, lo siento – dijo al final, más con un mohín que con un dolor sincero. El se quedó allí un rato, observando aquella calle solitaria, tanto como ahora se sentía, ella había roto con él y en medio de aquella desolación también sentía que había transformado su vida.
La sed continúo. De camino a la cocina, lo percibe. Queda pasmado por un momento. Luego lo descubre, al final de la escalera. De un salto llega hasta él. El gato huye despavorido. En aquella amplia estancia la luz de la noche penetra difusa a través de las cortinas, por ella, ambos personajes corren, el gato apercibiéndose en cualquier recoveco y él descubriéndolo y obligándolo a salir.
Escabullido de repente, el gato lo deja allí, cuadrúpedo, resoplando fatigosamente, escudriñando con ojos desorbitados cada espacio, con aquella mirada que semeja una visión en cámara lenta, cualquier leve movimiento, él sin duda lo percibiría.
El gato, justo a un costado, cansado igual, muerto de miedo, sabe que tiene que huir a riesgo de…no…ni siquiera lo piensa emprende en aquel instante, de nuevo, su loca carrera.
Belsasar lo ve de reojo, gira, manos y pies despega del suelo y así, en el aire, lo atrapa – ¡Te tengo! – grita con júbilo, el gato maúlla, brama, chilla, continúa chillando mientras él lo recompone entre sus manos – por qué me huyes, precioso – pregunta con voz melosa, lo mira a los ojos, el gato se calma, lo acurruca en su seno, lo acaricia, el gato ronronea.
Vuelven a la cocina. Aquella noche es luna llena pero el hechizo que lo transformaba parece haber desaparecido. Ahora abraza al gato…sin comérselo.
Comentarios
Tiene momentos mejorables (cada cosa lo que es), empezando por la última frase; seguro que podrías hacer algo con ese final para que quede sublime. En la idea ya lo es, pero la frase queda... poca cosa.
Y la idea es genial, lo leía pensando que podía ser un perro, aunque claro, ahí no pegaba el diálogo con la mujer. Y de repente todo cobra sentido, como esas tiendas de campaña automáticas, que primero las vas extendiendo y sólo se ve una masa informe, y de repente un resorte y... Ah! Se levanta de golpe, cada pieza en su sitio y bien tensada.
Congratulations!!
Es tu frase, jaja! El relato es tuyo, y puedes perfectamente sacar algo más trabajadito. Yo no doy alternativas, a menos que sea un detalle absolutamente intrascendente.
Además, si la dejas así no pasa nada.
Te cuento que me gustó, mantiene el clima y la intriga hasta el final, es un buen viaje.
Me gusta eso de las frases cortas, pero directas.
Prometo estar mas atento a tus trabajos
Agustin