Me gustaría intercambiar opiniones sobre este grupo poético español: La generación del 27. Sus obras siguen vivas, así como sus temas y reflexiones, la belleza y la plasticidad del manejo de las figuras, de los recursos estéticos, de la música hecha palabra.
Unidos bajo un mismo grupo, pero diferentes entre sí, cada uno con su particular forma de expresión, a cada cual, en mi opinión, más bella.
Federico García Lorca, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre...
Podeís opinar sobre vuestros preferidos, sobre un poema de alguno de ellos que os haya llegado especialmente y compartirlo, o comentar lo que querais en este tema.
Yo no sabría que autor elegir...por empezar por alguno, uno de mis preferidos es Dámaso Alonso:
Esta poesía se titula CIENCIA DE AMOR
No sé. Sólo me llega, en el venero
de tus ojos, la lóbrega noticia
de dios; sólo en tus labios, la caricia
de un mundo en mies, de un celestial granero.
¿Eres limpio cristal, o ventisquero
destructor? No, no sé... De esta delicia,
yo sólo sé su cósmica avaricia,
el sideral latir con que te quiero.
yo no sé si eres muerte o eres vida,
si toco rosa en ti, si toco estrella,
si llamo a Dios o a ti cuando te llamo.
Junco en el agua o sorda piedra herida,
sólo sé que la tarde es ancha y bella,
sólo sé que soy hombre y que te amo
Comentarios
Unos de mis preferidos es Lorca, en todas sus etapas, incluso en la más vanguardista como Poeta en Nueva York. Lo que más me gusta de Lorca es su prosa poética, no sé si conoces sus ponencias son una verdadera joya, te recomiendo la que gira en torno a "La pena andaluza". También me encanta su teatro. Pero voy a poner aquí uno de sus sonetos del Amor Oscuro que más me gustan. Veo aquí una clara referencia a su homosexualidad y es genial como toda su obra, sobre todo cuando al final del soneto reivindica su lugar dentro del cosmos, de la creación...
AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO
¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida!
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!
¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
montaña celestial de angustia erguida!
¡ay perro en corazón, voz perseguida!
¡silencio sin confín, lirio maduro!
Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
Mi abuelo me contaba anecdotas de su homosexualidad que para esa epoca era terriblemente peligrosa
De Alberti lo más llevadero es la etapa inspirada en el cancionero tradicional y el folklore andaluz. La etapa vasguardista y surrealista no me motivan. Tampoco demasiado la poesía política que cultivó en los últimos años.
Sin embargo, en su obra hay poemas destacables. A mí me gusta, por ejemplo:
Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.
Que las estrellas eran rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón su casa.
Se equivocaba.
(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)
Con respecto a Lorca, también es uno de mis poetas preferidos. Es magnifico tanto en poesía como en prosa (teatro, narraciones, ponencias...). Todas sus etapas son exquisitas. Yo, no sé exactamente porqué, me quedé prendada con El Romancero Gitano. Será la mezcla de su tensión dramática con la emoción, por la riqueza de las metáforas, que son geniales, los simbolismos, que hacen bello incluso lo anecdótico.
Este es El Romance de la luna, luna:
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Así la descubrí yo por primera vez con 12 años, como otros poemas, cantada por Paco Ibáñez:
http://www.youtube.com/watch?v=qICLxonPoyA
Y tanto que peligrosa. Como que fue una de las razones de su asesinato.
Hasta hace no tantos años se le seguia negando (o solapando) su condición de homosexual. Yo misma, recuerdo que al estudiarle de niña, no se nombraba su orientación sexual.
En su obra se aprecia la oposición a la repulsa de la sexualidad humana por parte de la moral católica. Para Lorca, el sexo y la pasión amorosa en sus obras, fueran inseparables de la angustia.
Cuando la situación política en España se va precipitando hacia la guerra civil, la represión sobre los homosexuales aumenta y la enemistad contra Lorca se estrecha. La derecha no cesa de levantar bulos contra él.
Uno de sus asesinos alardeaba al día siguiente diciendo que "le había metido dos tiros por el culo a ese maricón".
Sin palabras.
Todos los que mencionas en tu primer post son brillantes: Federico García Lorca, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre... Sería imposible quedarme con uno de éstos. Quizá Lorca, Cernuda y Aleixandre, y en segundo lugar Salinas, Alberti y Guillén... por mojarme un poco.
"Paz, queramos paz" - J.G.
Para vivir no quiero...
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».
Uhhmmm...con Lorca estamos de acuerdo por ahora todos.
Por otra parte, hay otros poetas considerados dentro de esta generación del 27, que no han sido nombrados hasta ahora, menos conocidos pero interesantes. Son Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Juan José Domenchina. De este último propongo un poema: Distancias.
Distancias.
En la vida hay distancias.
El hombre emite su aliento,
el limpio cristal se empaña.
El hombre acerca sus labios
al espejo...
pero se le hiela el alma.
(...Pero se le hiela el alma.)
Distancias.
En la vida hay distancias.
Pantera rosa: Me gusta Salinas. Es uno de los grandes poetas amorosos de la literatura española. Este poema le conozco bien...¡de hacer unos cuantos comentarios de texto sobre él en mi época de estudiante! Lo tengo "diseccionao":p.
EL CONTEMPLADO
De mirarte tanto y tanto,
del horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, palmo a palmo,
te he dado nombre; los ojos
te lo encontraron, mirándote.
Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado!
Y en esta hora nocturna, se me rebela la vena melancólica:
Vicente Aleixandre.
EL OLVIDO
No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.
Con dignidad murió. Su sombra cruza.
Bajé hasta el mar,y el mar que yo quería
fué en vez de mar azul el de la pena,
triste la espuma,gélida la arena
de una playa que el viento deshacía.
Oh ansiado mar, oh mar que fué tan mía,
tan libre ayer, tan rota la cadena
¿por qué, mar, hoy mi cárcel,mi condena,
la muerte a la que tanto yo temía?
Irme de tí no será traicionarte, mar mío,pues no puedo ni mirarte
sin verme y sin sentirte un mar de llanto .
Adiós.Me voy.Perdona mi partida.
Vuelvo a la tierra en donde está la vida
de un marinero que perdió su canto..
MI CORZA
Mi corza, buen amigo,
mi corza blanca.
Los lobos la mataron
al pie del agua.
Los lobos, buen amigo,
que huyeron por el río.
Los lobos la mataron
dentro del agua
Es como cuando hemos tenido una ruptura y escuchamos canciones de amor para ponernos peor
Le toca el turno a Gerardo Diego.
Un día y otro día y otro día.
No verte.
Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
No verte.
Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
No verte.
Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
No verte.
Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
No verte.
Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
No verte.
Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
No verte.
Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
No verte.
Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
No verte. Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?
ALBA
Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.
¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.
Ahora quisiera añadir a nuestra lista de la generación a MIGUEL HERNÁNDEZ.
Dámaso Alonso le llamó "genial epígono" de la generación del 27. Podría incluirsele, por edad, entre los poetas de la "generación del 36" (Rosales, Celaya). Sin embargo, su trayectoria y sus relaciones con poetas como Lorca, Aleixandre o Alberti lo sitúan claramente entre ellos.
Tuvo, como Lorca, un triste final, moriría tuberculoso en la cárcel de Alicante a los 32 años.
Esta Elegía me llega profundo, cuando murió mi padre, leía verso por verso sintiendo lo que Hernández expresaba y haciendolo mío.
ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
Por lo que aprendí entonces, Miguel Hernández expresa en su poema las ganas de desenterrar a su amigo porque no pudo llegar a tiempo a su entierro. De ahí también su dolor, no sólo perdió a un amigo sino que además no pudo despedirse como él hubiese querido.
Fue como dices, Texas.
La noticia le llegó a través de Vicente Aleixandre. Eran los últimos días del año y el fallecimiento se había producido unos días antes, el día de Nochebuena de 1.935. En una carta a Juan Guerrero dice: "He llorado a lágrima viva y me he desesperado por no haber podido besar su frente antes de que entrase en el cementerio..."
Con esta explicación que pego, podemos entender mejor la poesía:
Miguel, instalado en un pequeño cuarto de una pensión madrileña, recordando al amigo y compañero con el que inició su camino en la aventura literaria, comenzó a escribir la elegía a Ramón Sijé.
Por tanto debemos situar este poema en un momento de dolor, de culpabilidad por no haber podido despedirse del amigo. Es un poema escrito en caliente, en el que los sentimientos están a flor de piel. Un poema escrito para dejar patente el peso que lleva Miguel dentro suyo, un poema para que nadie olvide el amor que unió a los dos amigos, aunque en las acaballas de la vida de Ramón diera la sensación de que la relación entre los dos se hubiera enfriado.
Acto relacionado con la muerte de su amigo que cabe destacar, es que el ultimo libro que Miguel iba a publicar, EL rayo de no cesa, se estaba acabando de imprimir, pero Miguel detiene al impresión e incluye rápidamente la elegía a su amigo porque quiere rendirle ese ultimo homenaje. El azar hace que este libro empiece con la dedicatoria de su amor renacido a Josefina, y al final la triste y arrebatada elegía ante su gran amigo.
Estructura interna
Esta elegía, como tal, consta de tres partes:
La primera es la llamada de “meditación”, en la que Hernández reflexiona y recuerda los tiempos pasados con su gran amigo. De ahí la insistencia en resaltar la importancia del campo y el modus vivendis agrario ya que, investigando en ambas biografías, sabemos que los dos poetas acudían al huerto con frecuencia para estar en contacto con la naturaleza y con el ambiente pueblerino y pastoril del que tan orgulloso se sentía Hernández.
Esta etapa de “meditación” o recuerdo comprende los cuatro primeros tercetos.
La segunda parte es el “lamento de los sobrevivientes”. Es quizá donde Miguel Hernández se expresa con más emotividad ya que nos habla de su propio sentimiento ante la pérdida de un ser querido. Habla en primera persona de la pena que siente.
Dentro de este lamento enmarcamos desde la quinta estrofa hasta la onceava.
La tercera y última parte es la de “alabanza”, en la que el autor elogia al fallecido y destaca sutilmente algunas cualidades de este.
Estos versos pertenecen a su último libro "Cancionero y romancero de ausencias". Es una hermosa condena de lo inhumano de la guerra. Muy concentrada, con economía de medios. Versos cortos, asonancia, paralelismo (recuerda a la poesía inicial de Alberti, por ejemplo).
Otra en la misma línea:
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
http://www.youtube.com/watch?v=vKPhKUCcIQc
Por cierto por si a alguien le interesa un foro con mis aportaciones personales, buen lugar para intercambiar creaciones personales espero que os guste. No os defraudará creedme.
http://literaturaentrinchera.blogspot.com/
Póntelo en la firma y listo.
aqui os dejo una de mis preferidas.
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.
Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.
Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia
desgastados por el tiempo.
Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.
En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.
Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.
Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.
Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelante, humano,
sin ojos que puedan serlo.
Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero
Miguel Hernández es mi preferido. Pero más bien pertenece a la generación del 36, creo yo.
Mave, muy bien traer este tema. ¡¡Y yo sin haberme dado cuenta hasta ahora!!. Vaya despiste, pues me interesa muchísimo.
Saludos.
Bueno, no es relevante etiquetarle de todas formas. Lo importante es su magnífica obra, como un poeta de cualidades excepcionales.
Como hay mucho que decir de él, también saldrá en el tema de la del 36 y que cada cual le considere así de una o de otra
Y ya que estoy, ahí va "Canción última":
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.
Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada. El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.
esa poesia me encanta, es mmmm preciosa.. aqui os dejo otra que me apasiona quizá por su fuerza o por su tristeza.
De sangre en sangre vengo
como el mar de ola en ola,
de color de amapola el alma tengo,
de amapola sin suerte es mi destino,
y llego de amapola en amapola
a dar en la cornada de mi sino.
Criatura hubo que vino
desde la sementera de la nada,
y vino más de una,
bajo el designio de una estrella airada
y en una turbulenta y mala luna.
Cayó una pincelada
de ensangrentado pie sobre mi vida,
cayó un planeta de azafrán en celo,
cayó una nube roja enfurecida,
cayó un mar malherido, cayó un cielo.
Viene con un dolor de cuchillada,
me esperaba un cuchillo a mi venida,
me dieron a mamar leche de tuera,
zumo de espada loca y homicida,
y al sol el ojo abrí por vez primera
y lo que vi primero era una herida
y una desgracia era.
Me persigue la sangre, ávida fiera,
desde que fui fundado,
y aun antes de que fuera
proferido, empujado
por mi madre a esta tierra codiciosa,
que de los pies me tira y del costado,
y cada más fuerte, hacia la fosa.
Lucho contra la sangre, me debato
contra tanto zarpazo y tanta vena,
y cada cuerpo que tropiezo y trato
es otro borbotón de sangre, otra cadena.
Aunque leves, los dardos de la avena
aumentan las insignias de mi pecho:
en él se dio el amor a la labranza,
y mi alma de barbecho
hondamente ha surcado
de heridas sin remedio ni esperanza
por las ansias de muerte de su arado.
Todas las herramientas en mi acecho:
el hacha me ha dejado
recónditas señales,
las piedras, los deseos y los días
cavaron en mi cuerpo manantiales
que sólo se tragaron las arenas
y las melancolías.
Son cada vez más grandes las cadenas,
son cada vez más grandes las serpientes,
más grande y más cruel su poderío,
más grandes sus anillos envolventes,
más grande el corazón, más grande el mío.
En su alcoba poblada de vacío,
donde sólo concurren las visitas,
el picotazo y el color de un cuervo,
un manojo de cartas y pasiones escritas,
un puñado de sangre y una muerte conservo.
¡Ay sangre fulminante,
ay trepadora púrpura rugiente,
sentencia a todas horas resonante
bajo el yunque sufrido de mi frente!
La sangre me ha parido y me ha hecho preso,
la sangre me reduce y me agiganta,
un edificio soy de sangre y yeso
que se derriba él mismo y se levanta
sobre andamios de hueso.
Un albañil de sangre, muerto y rojo,
llueve y cuelga su blusa cada día
en los alrededores de mi ojo,
y cada noche con el alma mía,
y hasta con las pestañas lo recojo.
Crece la sangre, agranda
la expansión de sus frondas en mi pecho,
que álamo desbordante se desmanda
y en varios torvos ríos cae deshecho.
Me veo de repente
envuelto en sus coléricos raudales,
y nado contra todos desesperadamente
como contra un fatal torrente de puñales.
Me arrastra encarnizada su corriente,
me despedaza, me hunde, me atropella,
quiero apartarme de ella a manotazos,
y se me van los brazos detrás de ella,
y se me van las ansias en los brazos.
Me dejaré arrastrar hecho pedazos,
ya que así se lo ordenan a mi vida
la sangre y su marea,
los cuerpos y mi estrella ensangrentada.
Seré una sola y dilatada herida,
hasta que dilatadamente sea
un cadáver de espuma: viento y nada.