¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Paz Y Amor

JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
editado septiembre 2010 en Narrativa
Aquí os dejo un cuento que presenté hace escasamente un mes a un certamen literario. El tema obligado era la Navidad, los hay mejores, pero..., había que probar suerte. Espero que os guste. Ya me diréis que os parece.


PAZ Y AMOR.


Para mí la mañana amaneció nublada, aunque para el resto el sol de desparramaba sin pudor por fachadas y aceras. Empezaba a apretar el frío seco navideño y las luces de colores, las compras compulsivas y los petardos de los chavales en las calles, indicaban que el turrón se nos venía encima. No me asomaba a aquellas Navidades con la ilusión de otros años. Llevaba más de cinco meses sin trabajo y cada día era un desfile por web de búsqueda de empleo, un paseo online decepcionante. A las once de la mañana solía hacer un descanso y bajaba a la calle a estirar las piernas caminando alrededor de la manzana. El barrio estaba triste, los hombres de mediana edad se agolpaban en los parques con el rictus serio y las manos en los bolsillos, las mujeres desfilaban con bolsas de compras escuálidas y todos caminaban con la cabeza gacha. El espíritu navideño este año pasaría de largo. La culpa la tenía el despido masivo, ERE lo llamaban técnicamente los ejecutivos de la empresa, que nos había afectado a la mayoría de vecinos que nos ganábamos la vida en la fábrica.

Cuando subí encendí el cuarto cigarrillo del día, uno en el desayuno, otro con la primera solicitud de empleo que me habían rechazado y otro con el café. En una de las web que ojeaba habitualmente vi un anuncio que ofrecía trabajo en unos grandes almacenes. La oferta era escueta y poco prometedora, pero mi desesperación era enorme. Me inscribí como uno más de los treinta y dos candidatos. Para mi sorpresa al día siguiente me llamaron, la entrevista, si estaba interesado, sería aquella misma tarde.

Me afeité nervioso, me duché con esmero y me miré al espejo. Había que intentar subir la moral, "ánimo, chaval, vas a conseguirlo". Después de quince años contabilizando las facturas de la fábrica, resultaba difícil enfrentarse a otro trabajo. La moral, por mucho que intentara levantarla, seguía a ras de suelo.

Llegué al centro comercial puntual. Había otros tres tipos trajeados con pinta de ser mis competidores. Una chica veinteañera, esbelta, impecable, maquinal y sin atisbo de sonrisa, nos indicó a los candidatos que pasáramos a una sala contigua. Paredes blancas, mesa ojival de gran tamaño y ventanales de cristal oscuro. Nos explicó el puesto sin mirarnos, como si fuéramos insectos fáciles de aplastar con uno de sus tacones. A medida que sus explicaciones avanzaban mi desaliento crecía. El puesto no requería demasiadas habilidades, se trataba de ser un Papá Noel, bonachón y sonriente, para atraer a la clientela y crear ambiente navideño. En un primer momento pensé que aquello no era para mí, que no estaba dispuesto a embutirme en un traje de fieltro rojo y blanco y a cubrirme la cara con aquella barba algodonosa. Para colmo el sueldo era una burla, pero la hipoteca y los recibos seguían acudiendo con la regularidad acostumbrada y Nora me miraba siempre con tristeza. Para ella era una especie de polizonte que se había colado en sus quehaceres diarios. No podía asimilar verme en nuestro dormitorio sentado en la silla de trabajo delante del ordenador un martes a las doce de la mañana.

Y allí estaba yo, a las cinco de la tarde de aquel viernes, con un cojín en la tripa, una barba que picaba horrores y un "ouh, ouh, ouh" forzado y sin convicción en los labios. Los niños se aproximaban, miraban incrédulos, y finalmente extendían la mano en busca de caramelos. Unos me pedían bicicletas, otros balones de fútbol, y los demás videojuegos con nombres impronunciables.

La jornada acabó y me sentía estúpido y derrotado. Ningún trabajo es indigno, pero aquel no era para mí. Sentía que podía hacer algo más en esta vida que disfrazarme de mamarracho y escuchar a aquellos malandrines descreídos que no sabían de espíritu navideño, sino sólo de marcas caras de juguetes. Me prometí no volver al día siguiente.

Pero cuando llegué a casa Nora se mostraba orgullosa de mí por haber encontrado un trabajo. No le dije en que consistía éste. Preferí decirle que era en el almacén, controlando la mercancía que entraba y la que salía. "Un puesto con cierta responsabilidad", engordé el embuste. Aquella noche caí rendido en la cama. Creo que lo que me cansó no fue el desgaste físico del trabajo, más bien fue una rabia que me comió por dentro durante toda la tarde, en el interior de aquel traje rojiblanco mis ilusiones se agitaban sin encontrar la salida. Nora se arrimó mimosa y me demostró su afecto y respeto como mejor sabía, prolongando en un beso eterno la promesa de una vida mejor.

A la mañana siguiente volví al centro comercial. Los villancicos atronaban sin pausa. Los niños revoloteaban de tienda en tienda y se acercaban para que les sostuviera sobre mis rodillas. De pronto, como un mal augurio, vi la silueta de mi mujer al fondo del largo pasillo. Con ella venía Lola, acompañada de Mario, un excompañero de la fábrica que con el paso del tiempo pasó de compañero a amigo. Ismael, su hijo de seis años, corría alborotado de un lado a otro, tironeaba del brazo de su padre, "quiero esto, papá", "mira como mola, es Bob Esponja...". Se dirigían hasta donde yo estaba y no sabía dónde esconderme. No podía enfrentarme a aquella situación. Sentí como mi sudor frío se ahogaba dentro de aquel disfraz de felpa y terciopelo. La cara me picaba más que nunca y el elástico que sujetaba la barba a las orejas parecía querer arrancarlas. Los nervios se habían adueñado de mis tripas, mordiéndolas como un perro rabioso. Las piernas se doblaban contra mi voluntad, las rodillas eran de goma. Quería huir pero estaba petrificado.

- Mira, Papá Nöel – gritó Ismael, tirando con fuerza del brazo de su padre y señalándome con su minúsculo dedo índice.

Los tres se acercaron hasta mí. Disimulé, intentaba no mirar al frente.
  • Ouh, ouh, ouh. – Pronuncié atragantándome.

 
Mario puso al pequeño sobre mis rodillas y no me reconoció. La barba me cubría casi la totalidad del rostro. El niño comenzó a pedir juguetes y, mientras yo le prometía que llegarían a sus manos en breve, pude ver que Nora me miraba fijamente a los ojos leyendo mi decepción y desencanto, mi vergüenza. No dijo nada. Los tres se marcharon.

Cuando acabó la jornada no sabía si volver a casa. Tenía miedo de enfrentarme a la mirada de mi mujer, desconocía cómo explicarle por qué le había mentido, por qué se había casado con un perdedor. Pero, ¿dónde iba a ir? Además, era Nochebuena. Abrí la puerta con timidez y cuando la traspasé no me dejó abrir la boca, me besó con fuerza y me abrazó con una ternura que yo no recordaba desde nuestros años de noviazgo. Mis músculos se relajaron y toda la tensión salió despedida por la punta de mis dedos. Me dejé rodear por sus brazos sintiendo el calor acogedor de su cuerpo. No sonó una sola palabra en nuestra sala de estar, sólo se escuchó el eco de los besos y me pareció escuchar un "ouh, ouh, ouh", aunque nunca he sabido si fue fuera de mi hogar o dentro de mi cabeza. Al otro lado del ventanal comenzaba a nevar copiosamente. Me invadió una enorme sensación de paz y amor. Mire a Nora a los ojos y supe que tenía el mejor de los regalos, aquellas Navidades no se me olvidarían mientras viviera.

Comentarios

  • isabel veigaisabel veiga Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2010
    Como siempre, muy bien. Transmites bien el sentido de derrota que se tiene en esas situaciones. Hay algunas comas que yo cambiaría o quitaría, pero no voy a dar detalles porque tampoco es algo importante, quizás sean simplemente matices de mi lectura.

    Lo único que te puedo decir es que en la frase "La jornada acabó y me sentía estúpido y derrotado" yo sustituiría la conjunción por una coma. ¿Por qué? Pues porque me da la impresión de que con una coma no sólo da más fuerza a la frase sino que no limita los adjetivos. Quiero decir, que al poner "estúpido y derrotado" es como si estuviésemos explicando que sólo nos sentimos así, de dos maneras; pero con una coma "estúpido, derrotado" dejamos entrever que hay más sentimientos pero que no los vamos a decir todos. No se muy bien como explicarlo.
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Te explicas perfectamente, Texas y además tienes razón. Los signos de puntuación, posiblemente, necesiten revisión. Por ejemplo, esa "y" que comentas muy acertadamente supongo que me hubiese saltado a la cara, a por mí, de haber repasado más el texto. Tanto este relato como el otro que he colgado "Resurrección", son texto que escribí en estos últimos meses y no han sido pulidos ni pasados por el colador del tiempo.

    El fin de semana que viene colgaré uno que escribí hace años y que aún así me sigue gustando. Eso si me da garantías porque cuando un texto sobrevive a los años y sigue paraciéndonos interesantes o con fuerza, entonces merecen la pena.
  • PapuPapu Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Me gustó muchísimo. Es verdad lo de las puntuaciones que hablabas arriba pero lejos están de ser errores groseros.
    Creo que tenés una gran habilidad para relatar las situaciones sin dejar afuera los sentimientos, los escenarios, etc..
    Ahora leeré el otro tuyo.
    La última frase de todas no se si tiene muy bien los tiempo verbales. A lo mejor si y yo estoy equivocado.

    Bueno...sigo con tu otro texto, pues me entusiasmaste con este.
    Abrazo!!!
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Me alegro de que te gustase, Papu. Creo que la última frase es correcta en tiempos verbales, la verdad, o yo al menos no veo la alternativa.

    Mi forma de puntuar es dando, de forma premeditada, un tono pausado al texto. Quizá para el lector se haga un poco más pesado por ello, no lo sé, ¿qué opinas, se te hizo pesado por tanta coma?

    Gracias. Un abrazo.
  • PapuPapu Pedro Abad s.XII
    editado enero 2010
    Pesado, no..para nada...
    Digo por eso que te habian corregido con una coma en vez de una Y o algo por el estilo.
    Me encantó, de verdad
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Ah, sí, una corrección muy acertada, desde mi punto de vista. Gracias, Papu. Ya te avisaré cuando cuelgue algún otro texto. Si te gusta la poesía tengo colgada una en este foro en apartado "Poesía General" o algo así, se titula "Ausencia".

    Me apetece leer más cosas tuyas. ¿Tienes más textos, relatos, poesías, colgados en el foro?

    Gracias. Un abrazo.
  • Miguel Monte RealMiguel Monte Real Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Me ha gustado mucho. La temática no puede ser más actual, pegada al terreno. Hay cierta gente que no soporta las historias con moraleja -y encima que acaben bien-, pero no solo resultan ser las más comerciales, sino que llegan a ser comprensibles y al alcance del mayor número de lectores. Me parece un texto bueno para las fechas de Navidad. Y para todo el año.

    Un saludo.
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Gracias, Miguel. Lo cierto es que siendo un tipo tan perdedor y siendo un relato navideño, quería darle al final un toque de esperanza, de redención a través del amor y la comprensión, que después de todo debería ser el tema central de la Navidad. Si con lo mal que le van al tipo las cosas, encima el final es triste, el jurado del premio se suicida...

    Gracias por tu opinión. Un saludo.
  • LARALARA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2010
    Hola JNM. Tu cuento me ha gustado especialmente. De gran realismo en su narración que facilita vivir la escena desde dentro. Como si eso nos pasara a nosotros. Al menos esa sensación he sentido yo que, especialmente no me gusta la Navidad y que tampoco sufro en carne propia el trauma de quien se queda en el paro. Pero tus personajes tienen vida propia, por tanto creo que lo mejor que puede pasarle a un relato, a un cuento, es que tenga facilidad de llegar al lector. De que éste pueda ponerse en la piel de cualquiera de los protagonistas, en sus miedos, emociones, desesperanzas...

    Eso he sentido al leerte. Me gusta cómo escribes, con esa facilidad de creerse la historia que describes.

    Un saludo.
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    Gracias, Lara. Acabo de colgar otro cuento, se titula "El limpiabotas". Es muy distinto. Es un cuento que escribí hace mucho tiempo. Está escrito en tercera persona y no tiene nada que ver con estos dos en temática y demás. Si le echas un vistazo me cuentas luego que te parece, qué estilo te gusta más. Gracias.

    Un saludo.
  • MonicaMonica Anónimo s.XI
    editado febrero 2010
    Bravo!

    Me ha gustado mucho. Nada más que decir, espero tus próximas entregas.

    Mónica
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Gracias, Monica. Hay otro mío colgado en el mismo apartado que se titula "El limpiabotas". Espero que también lo disfrutes.

    Un saludo.
  • AnamarAnamar Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2010
    También me ha gustado muchísimo.
    Es de lo más tierno que habré leído últimamente, y que conste que la ternura, como la sencillez, son dos de las cosas que más aprecio.
    También es un buen cambio de registro, aunque no sé con cuál cambiaste, porque yo os voy leyendo como los cangreos, hacia atrás, jaja! Sigues sumando puntos y proporcionando buenos ratos de lectura. :)

    Un saludo!:)
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Gracias, Anamar. Me alegra que te gustase. Quería que fuera un texto en el que la ternura, el amor, redimiera al personaje principal, le mostrara que si alguien nos quiere tenemos mucho ganado en esta vida... Y que no importa si miente y dice que el trabajo es más de lo que es, si se siente pequeño o débil, el amor de su pareja es incondicional y eso lo salva.
  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    ohhhh JNM, me ha encantado, incluso creo que se me asomado alguna lagrimilla al final, muy muy conmovedor, me ha gustando muchisisiisimo.
    un abrazo
    bea
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Gracias, B.T. pero nada de lagrimillas que hay que estar alegre y optimista. Bueno, eso debería tomármelo como un piropo, eso es porque te ha llegado.

    Un abrazo.
  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    JNM bueno vuelvo a este hilo para decirte que aunque sabes que me encantó, pienso muchas veces en el protagonista de esta historia, creo que eso tiene que hacerte sentirte bien porque creo que es lo que todos los escritores andamos buscando, algo que no se lea y no se olvide y yo no he podido olvidar este escrito, solo quería que lo supieras y felicitarte por ello.
    un abrazo
    bea
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2010
    Muchísimas gracias, Bea.

    La verdad es que cuando consigues que un relato se lea, guste y perdure en la memoria has conseguido mucho. Con este relato he quedado finalista recientemente de un premio. Así es que es un relato que me está dando "buenos resultados".

    Un abrazo y muchas gracias.
  • serranaserrana Juan Boscán s.XVI
    editado septiembre 2010
    Me gusto mucho este relato.
    Las desventuras en el ambito laboral de algun modo nos han tocado a todos y las comprendemos.
    Esta muy bien narrado.

    Busque los otros relatos que dices que tienes en el foro pero no los encontre, tal vez puedas "subirlos".

    Un saludo afectuoso.
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2010
    Gracias, Serrana. Quizá si entras en mi perfil puedas encontralos, supongo.

    Espero que te gusten. Si sigues sin verlos dímelo e intentaré ubicarlos y decirte la página exacta en la que están.

    un saludo.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com