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El repartidor humano

NeverMoreNeverMore Anónimo s.XI
editado abril 2010 en Ciencia Ficción
Perdonar, pero por favor borrar este post, que se ha publicado dos veces y yo no se como puñetas quitarlo

Queda mucho camino hasta el próximo planeta. La nave circula a la velocidad permitida según los cretinos de la confederación de trafico interplanetario, una velocidad tan lenta que la atmosfera a mi alrededor empieza a cargarse con la fetidez del cuerpo muerto de Lucy. Su rostro permanece impasible y sonriente, ajeno al sopor que me había dejado su ausencia, parece feliz.
La pobre era portadora de fiebre Abraxas y no lo sabía, un simple vistazo con el escáner basto para comprobarlo. Lucy creía que estaba morena gracias a su exposición a los dos soles de Caravansarai, pero en realidad estaba enferma, es cierto que resulta difícil distinguirlo…pero cuando eres repartidor aprendes a distinguir distintos síntomas de enfermedades planetarias, y a evitarlas también.
¿Debería de llorar?, está claro que no, llorar es un sentimiento antiguo que pertenece a la edad en la que los humanos tenían un planeta al que llamar hogar. Considero que hacer de la historia de Lucy una parte de mi diario es un acto funerario suficiente, al fin y al cabo tampoco la conocía tanto.
Quería ir a Borboletta para reunirse con una comuna de humanos peregrinos como ella, y yo me dirigía allí, de modo que no vi un motivo para negarle el viaje. Los repartidores somos conductores expertos y profesionales para este tipo de vagabundos, vamos a cualquier lado y no hacemos preguntas, pasamos la mayor parte del tiempo solos y apreciamos la compañía mejor que nadie
Su aspecto parecía demacrado y elegante a la vez. La ropa desteñida colgaba en pliegues sobre su cuerpo delgado. La tela estaba ligeramente agujereada dejando ver pequeñas partes de su anatomía, podía apreciar su sereno atractivo que quedaba coronado por un pelo castaño y brillante. Sus ojos azules se arrugaban con una ligera sonrisa que mantuvo hasta el momento del escáner
Me comento como pequeñas comunas trataban de crear una pequeña comunidad con los humanos supervivientes de la guerra, una segunda oportunidad. Yo me limitaba a escucharla sin interrumpirla, no podía evitar considerar los sueños de aquella joven como meros ideales imposibles, pero resultaba gratificante oírla hablar de un futuro donde los humanos éramos algo más que una especie antigua.
En cierto momento debió parecerle que yo estaba saturado, y de repente me convertí en el centro de la conversación, de la cual solo recuerdo extractos no muy exactos que aquí transcribiré.
-¿Y a que te dedicas tu…Frank?-dijo ella intentando entusiasmarme un poco
-Bueno, creo que es obvio, soy repartidor-quizá me mostré algo tosco en mi respuesta
-Eso ya lo sé-dijo con un tono infantil que me pillo por sorpresa-¿Qué repartes?
-Mmm…bueno, depende del día, en ocasiones son solo alimentos, otras veces se trata de productos textiles y otros días como hoy transporto esclavos
-¿esclavos?-pude notar su inocencia resquebrajarse con un débil hilo de voz
-Sí, bestias de las selvas de Mossa, especies aun por civilizar que trabajan para las fabricas
-Tu trabajo debe ser el peor del mundo, Frank-chica ingenua…supongo que intentaba conmoverme
-No lo sé…ninguno es bueno, pero pagan bien
A partir de aquí decidió no hablar más y se dedico a canturrear, imagino que prefería no oír hablar acerca de temas que pudiesen romper su idílica concepción de la vida.
Entonces vi la mancha
Negra y redondeada se extendía por la zona lumbar como un tatuaje barato, seguro de su causa puse la nave en punto muerto y procedí a examinarla. Le dije que iba a morir, y ella se puso a llorar. Tras muchos sollozos, me pidió que hiciéramos el amor, la fiebre abraxas no es contagiosa así que no puse objeción.
Sus caderas tenían vida por sí mismas y se agitaban violentamente intentando agarrarse a una vida que se escaparía en unas horas, yo hice todo lo posible por responder a sus impulsos. Gemía mientras lloraba sin decidirse entre el orgasmo o el dolor, tras una hora acabo quedándose dormida.
Murió mientras respiraba lentamente a mi lado, como una vela que se apaga lentamente tras una larga noche de invierno, por un momento quizá hasta llegue a quererla. Finalmente la arrope y la lleve a la cabina vacía de mi aeronave, allí se encuentra desde hace ya unas cuantas horas.
Yo continuo aburrido porque queda mucho camino hasta el próximo planeta, enterrare a Lucy en una de esas comunas, si las encuentro. No hay nadie con quien hablar, salvo conmigo mismo a través de este diario. Tal vez si tenga el peor trabajo en el mundo…pero al fin y al cabo solo soy un humano

Comentarios

  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Buen relato, original, con buen manejo ybuen ritmo, la atmosfera esta un poco saturada en la parte donde describes el cuerpo de la chica pero nada mas
  • NeverMoreNeverMore Anónimo s.XI
    editado abril 2010
    Gracias Hakatri, me alegra que te parezca un buen relato
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