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Hoy me ha pasado algo muy bestia

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Comentarios

  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2010
    Qué pena, has pasado por encima la cena con la vecina. Lo creas o no, ese personaje tiene importancia y peso para el lector.

    Otra cosa, tal vez un despiste mío: ¿quíen es Xavier?

    "Mañana por la tarde, unos diez años tarde, habrá llegado el momento de la revancha.": no me queda claro...

    Somos muchos los que te seguimos, no pierdas el hilo...;)
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Sábado 31 de marzo de 2007, 16:29h
    Perro Negro

    Estoy hecho mierda. Apenas he dormido.
    Y encima de camino a casa me he metido en otro follón. Si no tengo poderes, esta tarde después del combate con Xavier me como mi colección de cómics entera, lo prometo y dejo constancia escrita.

    He pasado la noche en el piso de Sara, haciendo el amor y ultimando los preparativos para el viaje a ninguna parte –más lo primero que lo segundo-. Sus compañeras se fueron ayer a sus respectivos pueblos a pasar las vacaciones, así que lo hemos tenido para nosotros solos.
    Hemos decidido que cogeremos el coche el martes bien temprano, compraremos mapas en la primera área de servicio que encontremos, y empezaremos a explorar España aprovechando que ninguno de los dos ha viajado demasiado por el país. Marcaremos algunos lugares y a partir de ahí improvisaremos.
    Estoy deseando que llegue ya el día.

    No sé que tienen las estaciones de tren pero últimamente parecen atraer los problemas. O quizás sea yo. Sea como sea, después de dejar a Sara en la Fnac, al llegar a la estación de Plaza Catalunya he visto como un jóven de color, enorme y al parecer furioso, corría hacia dos chicos que andaban tranquilamente. Al llegar junto a ellos ha gritado algo que no he entendido y le ha dado una bofetada brutal a uno de los dos, que ha resonado por todo el recinto. El chaval ha ido a parar al suelo y el otro, después de unos segundos de vacilación, se ha interpuesto entre los dos sin demasiada convicción, con miedo. El negro le sacaba dos cabezas y no dejaba de gritar, fuera de sí.

    Desde donde yo estaba podía ver toda la estación y también las escaleras: no había ni un guardia de seguridad y el resto de la gente, como de costumbre, se han limitado a mirar, sorprendidos.
    El tipo ha seguido gritando algo incomprensible, y apartando sin dificultad al chico que se había puesto en medio ha empezado a patear al del suelo, que intentaba alejarse de allí a rastras; por su expresión parecía que aún no entendía lo que le estaba pasando.
    Unos segundos después, entre el amigo y otros dos jóvenes -más valientes que sensatos- han cogido a aquel mastodonte por detrás y lo han apartado. Éste ha escupido sobre el que se retorcía en el suelo y ha seguido gritando cosas en algún idioma africano mientras le obligaban a retroceder. Por unos segundos ha parecido que la cosa se iba a calmar y he empezado a relajarme.

    Y entonces ha aparecido por las escaleras un grupo de negros, bajando los escalones de tres en tres. Vestían como el que gritaba: americanas de colores, cadenas, anillos, piercings, boinas y pantalones militares, y zapatillas deportivas de marca. Todos eran corpulentos y casi todos superaban el metro ochenta de estatura. Impresionaban bastante.
    Rápidamente han avanzado entre gritos hacia el lugar del incidente y han rodeado al grupo de jóvenes, que inmediatamente han soltado al negrazo que tenían sujeto y han retrocedido hasta la pared que tenían a su espalda. Sus caras han perdido el color en unos segundos. Estaban acojonados.
    La gente que iba llegando a la estación se mantenía alejada, observando, o pasaban de largo ignorando -consciente o inconscientemente- lo que estaba sucediendo.
    Los hermanos eran nueve, y no parecían tener intención de irse a casa y olvidar lo que fuera que había ocurrido. Parecían bastante cabreados. Indignados.
    Lentamente, intentando no hacerme notar, me he acercado a ellos. El que parecía el cabecilla estaba hablando a los chavales, que ahora sudaban además de temblar y mantener sus miradas clavadas en el suelo. Al parecer, el chico que ahora apenas se aguantaba en pie y se cubría el rostro con una mano temblorosa, había mirado “demasiado” a la novia del agresor, el cual se había ofendido y había procedido a darle una lección.
    El amigo del que se había llevado las hostias ha mirado al grupo de mastodontes que tenía delante en actitud desafiante y ha dicho:
    -Ésto es España. Es un país libre y no está prohibido mirar.
    "Puto bocazas. La has cagado" he pensado justo antes de que la primera hostia le cruzara la cara. Parecía el típico universitario idealista, y si nadie hacía nada pronto, quizás se convertiría en un universitario idealista muerto. Pero lo peor aún estaba por llegar. El idiota ha intentado devolver el golpe. En vano, por supuesto.
    Y entonces ha empezado una batalla campal muy desigual en que las moles de piel oscura repartían leches a placer. Los otros, pobres, recibían mientras intentaban salir de allí. Un guardia de seguridad, que ha aparecido al oír el alboroto, se ha quedado mirando con la boca abierta, y se encogía de hombros cuando alguien le decía que hiciera algo.
    Y ya no he podido aguantar más. He corrido hasta allí y he cogido al primer bruto con el que me he topado por el cuello, que se ha vuelto y me ha mirado sorprendido. Una patada en los cojones lo ha dejado retorciéndose en el suelo mientras me lanzaba sobre el siguiente. Y en ese momento he perdido el control.
    Dos o tres minutos después los hermanos que seguían en pie han abandonado el lugar. Tres de ellos estaban inconscientes a mis pies.
    Y entonces todo ha parecido detenerse a mi alrededor y todos los sonidos se han apagado, excepto el de mi respiración irregular. Los colores se han convertido en grises y entonces ha aparecido el negro más grande que he visto en mi vida bajando las escaleras sin ninguna prisa, como si se moviera a cámara lenta.
    Lo único que le distinguía de sus compañeros -aparte de su impresionante tamaño- era que llevaba un traje negro de calidad y un elegante sombrero de copa.
    Al llegar frente a mí -después de lo que me ha parecido una eternidad- me ha saludado quitándose el sombrero de la cabeza perfectamente rasurada y me ha mostrado una enorme sonrisa llena de dientes perfectos. Entonces he sentido un frío intenso y un miedo brutal que me han paralizado por completo. Acercando su rostro a menos de un centímetro del mío y mirándome a los ojos, ha dicho, con una voz profunda y sin mover los labios:
    -Soy Perro Negro, y he venido a advertirte: no deberías meterte donde no te llaman. Por esta vez lo dejaré pasar, pero te recomiendo que te mantengas lejos de mi gente a partir de ahora.
    Luego ha desaparecido repentinamente -como si nunca hubiera estado allí- y el mundo ha vuelto a ponerse en marcha y ha recuperado los colores. Entonces me he dado cuenta de que la mayor parte de la gente que había presenciado el incidente me observaba; no tengo claro de si lo hacían con miedo, respeto o agradecimiento por haber ayudado a esos chicos. Probablemente fuera una mezcla de todo ello.
    Me he asegurado de que los chavales estaban bien y he decidido irme antes de que llegara la policía.
    Nadie ha intentado detenerme.

    ____________________________
    Shai
    : sobre Xavier, en el mensaje anterior, en la entrada llamada Artes marciales, Daniel explica quién es. Supongo que este despiste es un efecto secundario de ir leyendo la historia a trozos, al ritmo que la voy colgando :p

    Y al respecto de Magda, puede que para el lector -o algunos lectores- sea importante, pero para Dani quizás no lo sea tanto comparada con otras cosas que le van sucediendo. Y él es el que va contando la historia en su blog :)

    Gracias por los comentarios y me alegra comprobar que sigues por aquí :D


    Un saludo,

    Arawna
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Domingo 1 de abril de 2007, 13:15h
    Confirmación

    Confirmado. Las dudas se han disipado y un futuro incierto me aguarda.

    Quedamos ayer a las 18:00h en la escuela de Xavier, en Mataró. Mientras Rafa conducía hacia allí su viejo Golf me dijo que Xavier no sabía nada. Le había dicho que yo me estaba planteando volver a apuntarme a clases de artes marciales y que quería comprobar con él si había perdido mucho. Menudo chiste, no sé como Xavier se tragó aquella patraña, y mucho menos como accedió. Hace más o menos diez años que aparte de caminar por la montaña no hago ningún tipo de ejercicio, y es algo que todo el que me conoce sabe perfectamente.
    Sea como sea, llegamos a la escuela puntuales. Xavier nos esperaba junto a la puerta, bajo el rótulo negro donde se veía un serpenteante dragón chino de color verde y unas enormes letras amarillas que decían: Dragon Martial Arts. Escuela Tradicional de Artes Marciales. Había cerrado la escuela esa tarde para que pudiéramos estar solos. Creo que se olía algo.
    Cuando le dijimos que lo que necesitábamos realmente era que yo subiera al ring con él le dio un ataque de risa que duró un par de minutos que se hicieron eternos. Se detuvo al darse cuenta de que nosotros ni siquiera sonreíamos.
    -¿Puedo saber por qué quieres que te destroce esta tarde, Dani? -me preguntó, intentando contener otro ataque de risa. Estaba pensando en qué responderle cuando Rafa dijo:
    -Daniel cree que tiene poderes. Yo le he visto hacer algo fuera de lo normal, pero aún no estoy convencido. Queremos que luches con él para comprobar si es verdad.
    Xavier nos miró a los dos con una media sonrisa que parecía indicar que no sabía si reirse de nuevo o empezar a pensar que nos habíamos vuelto locos o que íbamos hasta las trancas de mierda.
    Pasaron unos segundos en silencio, en que él nos miraba como si se encontrara de repente ante dos desconocidos y nosotros lo mirábamos a él, intentando confirmarle con nuestro silencio y nuestra expresión grave que no le estábamos gastando ninguna broma.
    Finalmente dijo, sin convicción:
    -Esto va en serio..., ¿no?
    Asentimos los dos a la vez. Xavier bufó, se encogió de hombros y nos dijo que le siguiéramos a los vestuarios.

    Diez años después volvía a enfundarme mis viejos guantes gastados, que aún conservaba como recuerdo, unas espinilleras, y un protector bucal. Me sentí ridículo, a la vez que gilipollas. Xavier, además, me obligó a ponerme un casco protector. La verdad es que no recuerdo que los usáramos cuando hacíamos kickboxing.
    Rafa se acercó a él y escuché que le decía que no se contuviera. "¡Qué cabrón!", pensé. "Realmente quiere comprobar si tengo poderes, y si no los tengo quiere quitármelo de la cabeza de una vez por todas."
    Subimos a las colchonetas y Xavier se colocó en posición. Yo lo miré y le imité, inseguro. "Ya no me acuerdo de nada. Me va a pegar una paliza" pensé. Me estaba acojonando. Tener a un tío como él delante, sabiendo que de un momento a otro va a dejar caer una lluvia de golpes sobre ti, intimida. O mejor dicho, hace que te cagues de miedo. "Puede que lo haya imaginado todo. Puede que no tenga una mierda..."
    Y entonces, cortando mis pensamientos con un puñetazo, avanzó hacia mí. Su puño me golpeó en el puente de la nariz y me aturdió. No había pegado con todas sus fuerzas a pesar de las palabras que le había dirigido Rafa. Se contenía. Evidentemente no se creía nada de lo que le habíamos dicho y se estaba tomando aquello como una broma.
    De todas formas aquel primer golpe me dolió como mil demonios. Retrocedí un par de pasos alzando los brazos para cubrirme y entonces me ensartó con un gancho de izquierda en el estómago que me levantó del suelo varios centímetros.
    A mi espalda podía oír a Rafa maldiciendo en susurros.
    Xavier retrocedió para darme tiempo a reponerme, y quitándose la férula de la boca preguntó si ya había tenido bastante. Miró a Rafa, encogiéndose de hombros y volvió a mirarme, esperando una respuesta. No debería haber sonreído. Aquella mirada condescendiente me dolió más que todos los puñetazos y patadas que pudiera recibir.
    -Ponte la puta protección -dije, señalándolo. Ya no sentía miedo. Ya no me intimidaba su altura. Ni sus músculos. Tampoco me intimidaba la interminable colección de copas, cinturones, medallas y títulos que se agolpaban en las vitrinas que nos rodeaban.
    Se colocó la férula de nuevo y se puso de nuevo en posición. Entonces ataqué yo. Esquivó mis primeros ataques con facilidad y consiguió conectar tres o cuatro golpes que apenas noté.
    Rafa se movía a nuestro alrededor, observando aquello con temor.
    Nos movíamos sobre las colchonetas a una velocidad impresionante, cada vez más rápido. Xavier ya no conseguía conectar sus golpes y le estaba costando cada vez más esquivar los míos. No sé cuánto duró aquello -según Rafa estuvimos danzando más de cinco minutos-, pero terminó en el instante en que conseguí conectar mi primer y único golpe. Un gancho de derecha penetró su guardia y le dio de lleno en la mandíbula. Se derrumbó cuan largo era, atontado y agotado.
    Había noqueado a uno de los campeones de España y Europa de kárate y kickboxing.

    Xavier se quitó los guantes, el casco y la férula, y me miró desde el suelo. Pronto sus labios formaron una sonrisa y adelantó el brazo para que le ayudara a levantarse. Una vez en pie, mirándome a los ojos, dijo:
    -No sé que es lo que ha pasado hoy aquí. Pero te aseguro que ha sido uno de los combates más duros de toda mi vida. Eso no ha sido suerte, has vencido porque eres más rápido y más fuerte que yo.
    Luego nos fuimos los tres a cenar y a tomar unas copas. Xavier tenía derecho a que le explicáramos lo que me estaba sucediendo. Además estaba impaciente por saberlo todo con pelos y señales. No nos hicimos de rogar.

    Al despedirnos, Xavier -que es un auténtico fanático de los cómics de superhéroes- me dijo:
    -No olvides lo que dijo el tío Ben a Peter Parker: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”
    Nos reímos los tres con ganas y cada uno se fue a su casa.

    Llevo dándole vueltas a esa frase desde ayer: no creo que sea tan fácil como en los cómics.
  • DiógenesDiógenes Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2010
    MARTES 27...cita con sara.

    copio de tus palabras:
    Conocer a alguien tan directo, sincero, espontáneo y entusiasta me plantea un reto que no sé si estoy preparado para abordar. Deseo en lo más hondo estarlo. Pero sinceramente, no lo sé.

    te sugiero usar el femenino para: directo/A, sincero/A, espontáneo/A al tratarse de una mujer...lo cual es fácil cambiando el principio de la frase:

    Conocer a alguien tan
    ... por CONOCER A UNA PERSONA TAN....directA, sincerA, espontáneA
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Muchas gracias por tu sugerencia Diógenes. Tienes toda la razón, queda mucho mejor como dices, así que voy a hacer caso de tu sugerencia :)


    Un saludo,

    Arawna
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Lunes 2 de abril de 2007, 22:28h
    Aventura improvisada

    Ya tengo listo el equipaje. ¡Mañana a las 8:00h comienza la aventura!
    He quedado con Sara una hora después junto al Arco de Triunfo de Barcelona, y de allí nos iremos hacia el sur siguiendo la costa por la C-32. Ya tenemos reservada la primera noche en un hostal de Cuenca que tiene buena pinta y no es demasiado caro. Nos llevaremos la tienda de campaña por si acaso, pero la idea es intentar pasar las noches en hostales que vayamos encontrando y que no sean muy caros.
    La ruta circular que hemos trazado pasa luego por Burgos, Vitoria, Pamplona y de vuelta a Barcelona, aunque está abierta a la improvisación, así que si vemos algo desde la carretera o en algún mapa que nos parezca interesante nos detendremos.
    También me gustaría ver Toledo, más que nada para confirmar que existe realmente, pero queda algo apartada, así que ya veremos; según como vayamos de tiempo.
    Espero que mi viejo Peugeot 205 aguante el trote al que lo vamos a someter en estos cuatro o cinco días. Me ha llevado a todas partes sin darme ningún problema desde que lo compré de segunda mano hace siete años, y ya tenía nueve... Si resiste, en cuanto lleguemos lo jubilo, se merece ya un descanso tanto como yo me merezco un coche nuevo.

    Por cierto, aún no sé qué le contaré a Sara si me empieza a sangrar la nariz durante el viaje. Demasiadas cosas en la cabeza y demasiado trabajo en la oficina han conseguido que me olvidara completamente del tema hasta ahora. Aunque pensándolo bien, ¿no es un viaje improvisado? ¡Pues ya improvisaré! ¡A los superhéroes se les da bien eso!
    Tengo la sensación de que ésta será una gran aventura en la que tendré la oportunidad de profundizar más en la relación -si es que se la puede llamar así tan pronto- que acabo de iniciar. Estoy entusiasmado con la idea de recorrer lugares nuevos para los dos al tiempo que nos vamos conociendo el uno al otro.
    Sólo espero no meterme en problemas. Intentaré mantenerme al margen de cualquier movida. Estoy realmente decidido a dejar en casa las migrañas, las hemorragias nasales, el estrés del trabajo y mis poderes recién adquiridos. Voy a ser una persona normal por una semana más, y cuando vuelva ya pensaré qué hacer con todo ello.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Domingo 8 de abril de 2007, 21:48h
    Neveras de soltero vacías

    Ya estoy de vuelta.
    Hace dos horas y algo que he dejado a Sara en Barcelona y ya la echo de menos. Después de despedirnos me he venido para casa algo tristón. Al llegar he deshecho la mochila, he puesto una lavadora y me he dado una ducha que me ha dejado como nuevo.
    Ahora, relajado y viéndolo todo con cierta perspectiva, puedo afirmar que han sido unas vacaciones de putísima madre. Lástima que ya hayan terminado.
    "Bienvenido al maravilloso mundo gris de la rutina, la monotonía y las neveras de soltero vacías." Hoy no cenaré, pero el saber que volveré a verla el viernes lo hará más llevadero.

    Al final los tres o cuatro días se han convertido en seis, y Sara y yo hemos tenido todo el tiempo del mundo para conocernos bien -además de patearnos catedrales, barrios medievales, ciudades encantadas, museos... -. Todas mis expectativas se han cumplido, así que más contento no puedo estar. Ha sido uno de los mejores viajes que he hecho, y sin salir de España. Y además he conseguido no pensar para nada en el trabajo ni -casi- en todo lo extraño que me ha pasado últimamente.
    Digo "casi" porque algo sucedió la segunda tarde de nuestro viaje. Estábamos en Cuenca, viendo pasar la Procesión del Silencio, cuando todo volvió a mí de repente. Todo se detuvo a mi alrededor y los colores pasaron a ser una gama de grises, exactamente como había sucedido en la estación de Plaza Catalunya la semana anterior. Los redobles de tambores, las voces, los pasos, todos los sonidos se apagaron también. Sara estaba a mi lado, paralizada con la boca abierta y mirándome sin verme. Aquello -fuera lo que fuese- la había pillado a media frase. Observé a mi alrededor: la procesión, los más de mil miembros de la hermandad, incluidos los banceros que llevaban el paso sobre sus hombros, estaban inmóviles, al igual que los cientos de espectadores que se apelotonaban en las aceras a lo largo de la calle. Yo era el único que aún podía moverse.
    Me bajé de la acera y caminé por el centro de la calle, intentando ver algo sin saber qué buscaba. Entonces un nazareno enorme, que estaba situado frente al paso, regresó a la vida y se movió en mi dirección poco a poco. Una ola de frió me golpeó y pude sentir como un terror que ya conocía me paralizaba. El aire olía a incienso rancio. A iglesia cerrada durante largo tiempo.
    El nazareno siguió avanzando hacia mí y con movimientos muy lentos se quitó la caperuza gris. Era Perro Negro, sonriendo y mostrándome otra vez aquellos dientes blancos, perfectos; dientes de depredador. Se detuvo a unos metros y me saludó con un movimiento de la cabeza sin dejar de sonreir. Su voz resonó en mi cabeza, pero sus labios permanecieron inmóviles:
    -Ya sé quién eres. Y sé como hiciste lo que hiciste a nuestros hermanos. No estuvo bien, pero ya hablaremos de ello cuando regreses. Ahora disfruta de tu viaje, Daniel.

    Se alejó y desapareció tras el paso, entre la multitud, y luego todo volvió a la normalidad. Yo volvía a estar junto a Sara y ella pudo terminar su frase, como si nada hubiera sucedido. Disimulé mi malestar como pude e intenté alejar hasta más tarde aquella experiencia.
    Aquella misma noche, cuando Sara se durmió, me puse a pensar en lo que había ocurrido. Apenas dormí en toda la noche, pero conseguí reducir aquellos encuentros con Perro Negro a dos posibilidades: la primera era que me estaba volviendo loco de verdad, y la segunda que había otras personas con poderes, y que ese negro de más de dos metros era una de ellas. Antes de caer dormido recuerdo haber pensado, irónicamente: "Lástima que sea de los malos".
    El resto del viaje a partir de entonces ha ido de miedo. Ni una migraña, y sólo me sangró la nariz una vez y muy poco, y ella no estaba en ese momento, así que me he ahorrado tener que inventar excusas. Parece que viajar me sienta bien.

    Mañana aprovecharé para perrear y recuperarme del viaje -que ha sido agotador-, y llamaré a Rafa para ver que tal está. Desde el jueves no sé nada de él, pero al menos cuando le llamé parecía estar bien: se había llevado ya todas sus cosas del piso de Marta y dijo que no la echaba nada de menos. No me lo termino de creer, pero si decir eso le ayuda...

    ¿Qué estará haciendo Sara ahora?
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Hace poco descargue tu obra en la seccion presenta tu libro y la he estado leyendo, el tema es interesante aunque creo que el tratamiento es algo lento, me refiero a que las cosas se suceden una tras otra de forma algo definida, desde que se pelea con el vecino ya se intuye que esto volvera a pasar y quizas necesitaria algun elemento extra para hacer la historia mas atractiva, la aparicion de Perro negro cumple con este papel pero creo que llega algo tarde y de forma algo simple, esta claro que impresiona al protagonista pero lo hace de forma indirecta, no demostrando alguna de las habilidades que se supone comparten, esto lo haria mas dramatico
    El formato de diario por otra parte me parece algo escueto, es decir, para ser un diario hay pocas cosas personales ademas de la incetrtidumbre, creo que le haria bin al personaje tener una perspectiva mas personalizada, si te das otra vuelta por la seccion de presentar libros podras buscar el de “M camino de destruccion” donde el protagonista habla con una voz muy rica y personal, algo asi le haria mucho bien a tu obra porque si bien se supone que es un tipo normal no parece que la transformacion le afecte mas de lo que le haria a una tercera persona

    El titulo como te habian comentado no llama mucho la atencion, se necesita algo mas impactante, algo que resalte de entre el contexto, yo te recomendaria algo asi como “No soy Wolverine” aunque se cuelga de la fama de otro personaje enfatiza que es diferente, si se me ocurre otro lo colgare por aqui

    PD cuando dijo que veria a Xavier pense que era una referencia a los X-men :D
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Lunes 9 de abril de 2007, 15:47h
    Pensando en el mañana

    He decidido que se lo contaré todo a Sara el viernes, no sería justo que se lo escondiera. Si voy a empezar algo serio con ella creo que es lo mejor. Además, no creo que pudiera llevar una doble vida como hacen en los cómics; en la vida real todo es mucho más complicado.

    Aún no he tenido tiempo de pensar qué haré a partir de ahora, pero tengo claro que algo debo hacer. Siento como si estuviera en deuda con alguien o algo por lo que me está sucediendo, como si estuviera obligado a devolver un enorme favor. No tengo unos poderesvistosos ni con demasiadas posibilidades. No soy Superman, no puedo volar, ni tiro rayos o genero escudos de energía, ni nada parecido, aunque es cierto que aún no conozco los límites de mi poder. Lástima que no existan los superhéroes de verdad, podría ir a pedirles consejo.
    Tampoco sé qué pensar sobre las apariciones de Perro Negro. No sé si puedo considerarlo un enemigo. La verdad es que después de cada encuentro el miedo que me paralizaba se ha ido con él, y solo ha quedado la curiosidad. Me da la sensación de que me estudia, me vigila. Si de veras quisiera hacerme daño ya podría haberlo hecho. Y parece que controla sus habilidades a la perfección, sean lo que sean: hipnosis, telepatía, control del tiempo...

    Luego he quedado con Rafa, se pasará por casa. A ver si él ve las cosas de otra forma y me echa un cable, porque estoy hecho un lío.


    Martes 10 de abril de 2007, 10:29h
    No podrán conmigo

    De vuelta en la oficina. Y sin chica nueva.
    Disimula, pon buena cara, escucha a quién te cuente sus vacaciones aunque no te importe una mierda lo que dice. Mantente en tu nube de felicidad tanto como puedas.
    Suerte que hoy es Martes, porque si encima fuera Lunes creo que me golpearía a mí mismo hasta dejarme inconsciente. Además al levantarme, como si fuera una señal divina indicándome el gran día que me esperaba, me he encontrado las sábanas manchadas de sangre. Menudo estropicio.
    Ahora toca organizarme la semana y poner al día el trabajo acumulado. Han llegado varios trabajos nuevos por e-mail durante la semana que he estado fuera. ¿Es que no se toman vacaciones mis clientes? Estoy empezando a pensar que se ponen de acuerdo para que al volver al trabajo me dé un ataque de nervios. Por suerte soy un tío bastante tranquilo y a la vez rápido trabajando. No podrán conmigo.

    __________________________________________

    Gracias Hakatri por tus comentarios. Son muy interesantes :)

    Te respondo un poco a lo que comentas: se trata de un blog, no de un diario, y la finalidad es que sea lo más realista posible. De ahí que algunos tramos sean más lentos, otros más trepidantes. Es como la vida misma, en que existe la rutina la mayor parte del tiempo.

    Respecto a la personalidad, yo creo que tal como está escrito, el personaje se muestra bastante como es, aunque en realidad ese no es su objetivo. Va explicando, a veces a trompicones, lo que le va sucediendo como puede. Además es una persona muy cerebral y muy poco sentimental y empática, quizás por eso de una sensación un poco extraña al no ahondar demasiado en lo que siente en cada momento. Recalco que no se trata de un diario si no de un blog en el que intenta esribir objetivamente (aunque a veces no pueda) lo que sucede día a día.

    Respecto al título, por ahora es provisional, ya veremos :P

    Y lo de Xavier... jejejej Hay varios homenajes y referencias a distintas obras a lo largo de la historia :P


    Un saludo,

    Arawna
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Martes 10 de abril de 2007, 15:10h
    Dudas

    Bueno, después de comer, con el estómago lleno, me siento más relajado y menos ultrajado por tener que volver a la rutina diaria. Sobre todo ayuda el haber podido organizarme y dejarlo todo listo en una sola mañana;
    gracias a ello hoy saldré un poco antes de la oficina. Tengo que pasarme por la Fnac a mirar unos libros y de paso pillarle uno a Rafa que me encargó ayer; él y su fijación por las novelas de fantasía... No entiendo como un tío tan pragmático puede leer tantos libros sobre dragones y bichos imposibles.
    Hablando de Rafa, ayer se presentó en casa a las seis y media de la tarde.
    Traía a Xavier con él. Se ve que desde nuestro combate Xavier ha querido saber todo lo referente a mí y prácticamente no se ha despegado del pobre Rafa. Por la cara que traía mi mejor amigo supe que empezaba a estar bastante desbordado. Incluso le había ayudado a llevarse sus cosas del piso de Marta el miércoles pasado, cosa que sería de agradecer en cualquier otro momento.
    Les dije que se sentaran en el sofá y puse algo de música.
    -¿Unas birras? -pregunté entrando en la cocina. Xavier prefirió un zumo, cómo no.
    Una vez acomodados los tres, Rafa me preguntó por Sara y por el viaje. Mientras les contaba todo lo que se puede contar, observé que Xavier estaba en tensión, nervioso; impaciente. Cuando terminé el relato, disparó:
    -¿Has notado algo nuevo? ¿Se lo has contado a ella? ¿Te encuentras bien?
    Entonces les conté mi nuevo encuentro con Perro Negro. Luego les dije que había pensado contárselo todo a Sara el próximo viernes.
    Xavier negó con la cabeza:
    -No lo hagas. Las mujeres no entienden estas cosas. Creerá que estás zumbado y te dejará.
    -Se lo puede demostrar -replicó Rafa. Parecía algo mosqueado, y no me extraña. Nuestro amigo karateka puede ser muy pesado cuando se obsesiona con algo. No me quiero ni imaginar la semanita que le ha dado.
    -No creo que haga falta. Lo entenderá si se lo cuento bien. Es una chica genial.
    -Hazte una chuleta -dijo el gigantón, riéndose.
    -No me hagas decir lo que me pasa por la cabeza cada vez que escucho a alguien definir a otra persona como genial -añadió Rafa, y le dio un trago a su cerveza. Estaba triste. Se lo noté aunque lo disimulara bien, pero preferí no sacar el tema.
    Respecto a Perro Negro no llegamos a ninguna conclusión. Terminamos acordando que tarde o temprano se descubriría su juego.

    Después de varias cervezas y zumos se fueron y me quedé solo con mis dudas. No había sacado nada en claro y encima habían logrado que volviera a preguntarme si realmente debía contarle algo a Sara. Una parte de mí está convencida de que lo entenderá y lo aceptará, pero otra tiene miedo; quizás no la conozca tan bien como creo. El miedo a lo desconocido es el peor que puede padecer el ser humano, y el causante de casi todos los males que asolan nuestro viejo y enfermo planeta.
    Mierda. Ya me he puesto melancólico.

    Lo más curioso es que me preocupe más la opinión de ella que todo lo demás. Creo que incluso sería capaz de renunciar a mis poderes por ella.
    Si pudiera, claro.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Miércoles 11 de abril de 2007, 12:34h
    Decisiones

    Ayer por la noche vino Magda a verme y me dio dos noticias. Ninguna buena.
    La primera era que el jueves de la semana pasada, mientras yo recorría el barrio medieval de Cuenca, se había presentado la policía y habían interrogado a todos los vecinos que encontraron respecto al incidente con los vecinos del cuarto. Al parecer éstos me han denunciado. No es que no me lo esperara, pero... De todas formas Magda me tranquilizó un poco diciéndome que tengo el apoyo de toda la escalera, y que si la cosa fuera a más hay bastantes posibilidades de que el que salga peor parado sea el maltratador.

    La segunda noticia me dejó flipando. Se ve que hay un loco recorriendo las calles del pueblo por las noches. Atraca a mujeres solas, les roba el bolso y después les pega una paliza brutal. Parece que se ensaña de veras con ellas sin motivo aparente. Se denunció la primera agresión el miércoles pasado, y desde entonces han habido dos más: una la noche del viernes y otra la del domingo. El criminal aún anda suelto y no ha sido identificado. Nunca que yo sepa ha sucedido algo parecido aquí; es un pueblo pequeño, donde casi todo el mundo se conoce, lo que convierte todo ésto en algo aún más insólito.
    Se han colgado algunos carteles advirtiendo del peligro en las zonas más concurridas -entre ellas la estación donde cojo el tren a diario-, pero ni me había dado cuenta.
    Ahora que puedo hacer algo, que tengo un don con el que puedo marcar esa diferencia, debería mantenerme más alerta.

    Pero ahora viene lo bueno, ¿qué se supone que debo hacer? Ayer, hablando con Rafa y Xavier no llegamos a ninguna conclusión sobre mi futuro. Le dimos vueltas al asunto y estuvimos de acuerdo en que era una idiotez salir a patearse las calles a la espera de toparme por casualidad con algo en lo que pudiera ayudar. La idea con la que juegan en los cómics de patrullar las ciudades -y ya no hablemos de hacerlo saltando de tejado en tejado-, por romántica que sea, es totalmente inviable por razones obvias.
    Desgraciadamente, las posibilidades que quedan dependen demasiado del azar. De estar en el lugar correcto en el momento oportuno.
    Pero ahora mismo, ya sea por casualidad o por la razón que sea, esos dos requisitos se cumplen. Hay un maníaco recorriendo las calles de mi pueblo, y yo puedo pararlo. Ahora sólo me falta decidir como lo hago.


    Miércoles 11 de abril de 2007, 12:34h
    Rafa investiga

    La rueda ha empezado a girar.
    Hace unos minutos he llamado a Rafa y le he pedido un favor: que fuera a comisaría diciendo que ayer noche, mientras paseaba al perro, vio a un tipo sospechoso merodeando por el pueblo. Evidentemente todo es falso –Rafa ni siquiera tiene perro-, pero puede que así logre averiguar algo sobre nuestro "amigo". Como viste, si tiene alguna característica física destacable..., cualquier cosa que pueda ayudarme cuando empiece a buscarle esta noche.
    Al principio se ha mostrado reacio y me ha preguntado si iba en serio. Creía que le estaba gastando una puñetera broma. Mi rápida y breve respuesta le ha dejado claro que iba muy en serio.
    Iría yo mismo si no fuera porque me buscan por la maldita denuncia del vecino.

    Estoy convencido de que les sacará algo. Otro quizás sólo conseguiría que lo echaran de comisaría de una patada en el culo, pero Rafa es mucho Rafa.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Miércoles 11 de abril de 2007, 19:52h
    Comienza la caza

    Ya lo tengo todo listo para esta noche. ¡Qué nervios! ¿Se sentiría Batman así la primera noche que salió a cazar criminales por Gotham City?
    Rafa me ha advertido: desde que tuvo lugar la segunda agresión la policía ha reforzado la vigilancia en el pueblo y varios coches patrulla recorren las calles desde que se pone el sol hasta las dos de la madrugada aproximadamente, el intervalo de tiempo en que actuó el criminal en todas las ocasiones. No me ayudará que me cojan paseando a altas horas de la noche, pero de todas formas voy a salir. Por ahora no tienen nada contra mí, y hasta donde yo sé no se ha declarado ningún toque de queda, así que puedo tomar el fresco si me viene en gana. Si me encuentran ya me inventaré alguna excusa.
    Lástima que no haya conseguido averiguar mucho más que pueda serme de utilidad: sabemos que el agresor viste ropa informal, de calle, y que cada vez que atacó iba vestido de una forma distinta. Llevaba guantes, eso sí, y las víctimas lo describen como un hombre alto, de un metro ochenta más o menos, y pelo oscuro. Todas coinciden en que no pudieron verle el rostro, que se veía como borroso, desdibujado.
    Perturbador... Creo que me recuerda a alguna película pero no consigo situarla. Tampoco es que importe. Ésto es real, no una superproducción de Hollywood.


    Rafa está algo preocupado, se lo he notado a través del móvil. Le he dicho que estuviese tranquilo, que no cometería ninguna locura, que si veía que las cosas se complicaban siempre puedo salir corriendo; además de fuerte soy rápido, y he comprobado que aguanto más que antes cuando me veo expuesto a un esfuerzo físico continuado. Me ha hecho prometerle que en cuanto llegue de mi patrulla nocturna le llame, sea la hora que sea.

    He decidido salir a la calle vestido con ropa que casi nunca me pongo, así si alguien me vé le será difícil identificarme luego. Hay que ser previsor.
    Un jersey de lana azul marino de cuello alto, la vieja y gruesa parca negra, unos tejanos desgastados y ajustados que mudaron el negro por el gris hace años y las botas de motero con punta de hierro compondrán mi uniforme esta noche. Si encuentro a mi presa completaré el "disfraz" con los guantes y el pasamontañas que llevo siempre que me escapo a hacer un pico a los Pirineos.
    Aparte de la ropa solo llevo un rollo de cinta americana, para atar al delincuente si consigo cogerlo. A partir de ahí que se encargue la policía, que para éso les pagan.

    No tengo ni idea de como saldrán las cosas, y lo del "rostro borroso" me da mala espina aunque la ley de probabilidades indique que es imposible que haya otro tipo con poderes justo en el mismo pueblo donde vivo.
    El cielo empieza a oscurecerse.
    Veremos que me depara la noche.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Jueves 12 de abril de 2007, 9:56h
    Primera noche

    Me hago mayor. Hasta no hace mucho podía salir de fiesta y empalmar con el día siguiente en la oficina. Ahora duermo cinco horas y voy zombi todo el día.

    Por cierto, vaya MIERDA de noche.
    Aparte de esquivar los coches patrulla de la policía, la única preocupación que he tenido ha sido no quedarme congelado en una esquina. He estado pateándome las calles desde las nueve hasta las dos y media de la madrugada, y evidentemente no ha sucedido nada. ¿Quién sería tan gilipollas de pensar que la primera noche me toparía con el tipo? Supongo que yo. En mi vida me he sentido tan idiota como ayer mientras paseaba por el pueblo mientras todos dormían.
    A las 8:00h, cuando ha sonado el despertador, me he cagado en Cristo, en mi madre, en la madre del maníaco que recorre mi pueblo, en el tipo que inventó los jodidos superhéroes y en la policía por no hacer bien su trabajo.

    De todas formas no me voy a dar por vencido tan pronto, esta noche volveré a salir.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Jueves 12 de abril de 2007, 18:44h
    Confiando en la suerte

    Dentro de un rato me iré para casa y me estiraré aunque sea una hora, si tengo que pasarme otra noche por ahí más vale que esté un poco descansado. Joder, y encima parece que no piensa dejar de llover. Tócate los huevos.

    Este mediodía me ha llamado Rafa y me ha preguntado cómo fue ayer. Le he dicho lo que pasó, que en resumidas cuentas es nada, y el muy cerdo se ha reído con ganas al otro lado de la línea. No le he mandado a paseo porque no tengo fuerzas.
    Luego me ha comentado que le ha llamado Xavier preguntando por mí -afortunadamente no tiene mi móvil, gracias sean dadas a quién se las merezca-, y además se ve que le ha dicho que si necesito ayuda que con pedírselo basta, que él se apunta a ésto de "cazar criminales". Sólo me faltaría pasar las noches con él, vamos. Ya me lo imagino: hablando sin parar de artes marciales, superhéroes y eBay -ahora le ha dado por comprar y vender cualquier cosa por internet, dice que se convertirá en un gran negociante-, y mientras tanto el agresor haciendo de las suyas tan tranquilo.

    Mejor pensar en otras cosas más agradables, como por ejemplo en Sara. Habíamos quedado en vernos la noche de mañana, pero ahora me surge un dilema en el que no había caído: o quedo con ella o sigo con mi plan de cazar al maníaco. Aún no sé qué haré y tengo que llamarla en un rato.
    Supongo que todo depende de como vaya hoy, así que le pondré alguna excusa para alargar la decisión hasta mañana.

    Quién me iba a decir que sería todo tan jodidamente complicado, y eso que acabo de empezar. De hecho ésto no son más que las prácticas... Si hubiera carnet de superhéroe creo que jamás lograría sacármelo.

    En fin, confiaremos en la suerte una vez más.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Viernes 13 de abril de 2007, 11:31h
    Segunda noche

    Hoy me he dormido. Empezamos bien.
    Además he comprobado una vez más que en la suerte no se puede -ni se debe- confiar.
    Esta noche no ha sido muy distinta de la de ayer, lo que significa que no he encontrado al criminal. Además la policía ha seguido patrullando las calles toda la noche, por lo que deduzco que ellos tampoco. Al menos no ha llovido. Un superhéroe con paraguas es algo que me sería difícil de asimilar, además de hacerme sentir aún más ridículo.
    A pesar de lo tranquilo que ha transcurrido mi "turno de guardia", ha habido un pequeño incidente digno de mención aunque por suerte me ha pillado cerca de casa, cuando ya regresaba. Me ha venido a la garganta el ya conocido sabor de mi propia sangre y me ha empezado a chorrear la nariz cosa mala. No tenía otra cosa a mano que el pasamontañas y lo he puesto perdido de sangre, además he dejado un buen charco en la calle, para que cualquiera que pase y lo vea pueda pensar que allí ha habido un accidente o un crimen. Sólo me falta ir dejando pistas falsas por ahí.
    Con el pasamontañas cubriéndome la nariz he llegado a casa y al abrir la puerta y cruzar el recibidor corriendo, he visto algo en el suelo por el rabillo del ojo; era un sobre. Antes de cogerlo, restándole importancia, he ido al baño a lavarme y he dejado el pasamontañas en agua caliente. El sobre no llevaba nada escrito, ni sello, ni dirección, ni remitente. Nada. Lo he abierto sentándome en el sofá y he sacado una hoja de su interior, donde había unas cuantas líneas escritas con boli azul:

    "Lamento todo lo sucedido y que por ayudarme te veas en problemas.
    Mi marido no atiende a razones y no he podido impedir que cursara una denuncia contra ti, pero te prometo que te ayudaré en todo lo que necesites. Con tu ayuda y con la de los vecinos quizás consigamos que lo encierren en algún sitio durante un tiempo, donde lo traten y me lo devuelvan siendo el hombre del que me enamoré.

    Siento mucho todo ésto.

    Clara
    PD: si necesitas algo díselo a Magda, ella me lo hará saber."

    Esta mañana al levantarme me la he vuelto a leer. No tenía claro que no perteneciera a un sueño pero ahí estaba, tal como la recordaba. Cosas así son las que te animan a seguir, supongo.

    De todas formas he decidido tomarme un decanso esta noche y quedar con Sara; puede que el tipo se haya cansado o se haya ido a otro lugar sabiendo que lo buscan, o puede que nunca más tengamos noticias de él. No creo que pase nada porque me tome una noche libre.
    Además está la policía patrullando toda la noche. Confiaré en ellos hoy, que por algo son los profesionales.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Viernes 13 de abril de 2007, 17:55h
    Estática

    Algo no marcha bien dentro de mí.
    No me encuentro demasiado bien, y esta vez no se trata de una migraña ni de un catarro. No sé que és, pero me siento pesado, sobre todo la cabeza...
    Quiero pensar que es por el cansancio acumulado, aunque hay algo que me mosquea: desde este mediodía he empezado a notar algo extraño, como un zumbido, una vibración muy sutil. Primero pensaba que era el móvil de alguien o el aparato del aire, pero no, resuena en mi cabeza como la estática de una emisora mal sintonizada. No es que me duela nada, pero coño, molesta. Me cuesta pensar.
    Mañana pienso pasarme el día entero tumbado en el sofá, a ver si se me pasa, y el lunes sin falta pediré hora para el médico. Todo ésto empieza a preocuparme.

    Esta noche tocará poner buena cara -sé que no me va a costar demasiado- y fingir que estoy perfectamente. Una cosa es que le cuente a Sara que tengo poderes -con todo lo que ya conlleva- y otra es que además le diga que desde que los tengo parece que me esté descomponiendo. Aún no he decidido como empezaré a contárselo, ni que le diré exactamente. Supongo que según la cara que vaya poniendo me ceñiré más o menos a la verdad.
    Espero que Xavier esté equivocado.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Sábado 14 de abril de 2007, 13:28h
    Responsabilidad

    Estoy deshecho. Ha pasado lo que temía y ahora me siento como una mierda.
    Esta noche el maníaco ha vuelto a actuar y una anciana ha sido ingresada en el Nou Hospital de Mataró, y yo mientras por ahí jugando a ser un tipo normal.
    Me cago en todo, me siento responsable, joder. Si hubiera estado allí...

    Me he enterado hace un rato cuando me he bajado del tren, tres mujeres mayores hablaban entre ellas en el andén, bastante nerviosas. Parece que el miedo se está apoderando del pueblo.
    Prometo que saldré cada noche hasta que dé con ese malnacido, no importa lo cansado que esté o los problemas que me acarree. Ahora no puedo pensar en mí, no tengo derecho después de lo que ha pasado. Se lo debo a esa pobre mujer que ahora yace en una cama de hospital por mi culpa.
    Sara puede esperar; todo puede esperar. Ahora lo único que importa es cazar a ese hijo de puta, y darle una lección que no olvide nunca.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Sábado 14 de abril de 2007, 17:34h
    Las cartas sobre la mesa

    Ya se me ha pasado un poco el ataque de autocompasión de este mediodía, aunque mis ideas no han cambiado, solo han variado un poco de perspectiva.
    Lo primero que tengo que hacer es organizarme, por mucho que vaya por ahí en plan superhéroe tengo que seguir trabajando si no quiero convertirme en un "Sin-techo Man". Y tampoco es justo para mí ni para nadie, y mucho menos para Sara, que desaparezca de repente.

    No sé aún como lo haré con el trabajo, pero el ser autónomo es una ventaja en este caso, quizás reajustando un poco el horario pueda llevarlo mejor. Con respecto a Sara, hablaré con ella y le pondré las cartas sobre la mesa. Creo que después de lo que hablamos ayer puedo hacerlo. Espero que lo comprenda.
    Esta situación me recuerda a algunos cómics de Spiderman, cuando ya estaba casado con Mary Jane y discutían sobre este mismo tema, y ella intentaba acostumbrarse a lo que hacía Peter Parker cuando no estaba tirando fotos. Supongo que las mujeres de los policías y bomberos pasarán por algo parecido.
    Así que se lo explicaré todo. Se merece al menos eso. Mañana por la tarde tenemos que vernos y no lo retrasaré más.

    Cambiando de tema, he tenido que lavar tres veces el maldito pasamontañas para que quedara limpio, parece que el agua caliente no va bien para eliminar la sangre, lo que me lleva al e-mail que me ha mandado Xavier, en el que únicamente me ha dejado un link a una web, sin más comentarios:

    http://www.anticon.biz/onlinestore/index.php

    Parece que quiere convertirse en mi agente de estilo...
    La idea no está mal, pero esas capuchas parecen demasiado fáciles de quitar. Por ahora seguiré con el pasamontañas, aunque a partir de hoy me llevaré conmigo tres o cuatro paquetes de kleenex.

    Ahora me encuentro bien, no me duele nada y el zumbido que me ha preocupado desde ayer ha desaparecido. Ahora que pienso en ello, se ha ido repentinamente en el tren junto a la sensación de pesadez al dejar atrás la ciudad de Barcelona. Qué cosa más rara... De todas formas lo que importa ahora es que vuelvo a estar despejado y que me siento capaz de todo. Más le vale a ese bastardo permanecer oculto esta noche.
  • ArawnaArawna Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2010
    Domingo 15 de abril de 2007, 23:53h
    Rostro borroso

    Lo he hecho. Lo he parado y me siento como Dios.

    Eran casi las once de la noche de ayer cuando escuché un grito ahogado procedente del cruce a oscuras que tenía unos veinte metros por delante, seguido de lo que parecían un par de golpes y el sonido de algo pesado siendo arrastrado por el asfalto. Avancé hasta el cruce y me asomé para mirar a ambos lados. Allí estaba, a una distancia de tres coches a mi derecha, intentando ocultar sus actos bajo la sombra de un enorme eucaliptus que crecía entre la acera y la calle. Siempre recordaré aquel olor que impregnaba el aire y no podré evitar relacionarlo con los minutos que siguieron. El maníaco tenía inmovilizada a una mujer de mediana edad, que se revolvía en el suelo, y le cubría la boca con una mano enguantada.
    Me vio y se quedó totalmente quieto, mirándome fijamente desde las sombras mientras yo avanzaba hacia él. Por la facilidad con que sujetaba a su víctima el tío debía ser bastante fuerte. Más me valía no subestimarle.
    A medida que me fui acercando intentaba verle la cara, pero realmente parecía borrosa, tal como habían descrito sus anteriores víctimas.
    -Suéltala -dije acercándome, ya solo nos separaban unos metros y él seguía sin moverse, observándome. Incluso parecía que ni siquiera respirara. Era bastante inquietante, la verdad.
    Al llegar junto al coche aparcado bajo el árbol, a escasos tres metros de ellos, hizo un movimiento muy rápido con el brazo con que sujetaba a la mujer y la soltó. Ella cayó inconsciente sobre la acera, como un saco de patatas, y en ese momento me asusté. Creí que la había matado.
    Retrocedió unos pasos lentamente sin dejar de mirarme y le seguí sin tenerlas todas conmigo. No sabía donde me estaba metiendo, y me empezaba a preguntar si realmente estaba preparado para ello.
    Pasé junto a la mujer y ví que aún respiraba. Suspiré aliviado y volví a centrar mi atención en mi "amigo", que ya había salido de las sombras. Vestía ropa de calle muy corriente, y lo único extraño era aquel rostro indefinido y el modo en que retrocedía, como si cada movimiento estuviera calculado y tuviera un propósito.
    Llegó hasta el centro de la calle y se detuvo bajo la luz de una farola. Parecía estar esperándome. Ahora o nunca, pensé, y me lancé sobre él con la intención de pillarle por sorpresa. Pero él fue más rápido y con el codo me golpeó en el cuello, en toda la nuez de adán, haciéndome retroceder al tiempo que del bolsillo de su chaqueta sacaba una navaja con una rapidez inesperada. Intenté apartarme, pero aturdido como estaba sólo logré que no me ensartara de lleno. Sentí el frío mordisco del acero en un costado y retrocedí de un salto. Nos quedamos mirando el uno al otro, midiéndonos, y en la hoja de su navaja pude ver resbalando mi sangre.
    No recuerdo muy bien qué sucedió a partir de ese momento, pero sí sé lo que sentí: un odio brutal hacia aquel tipo. Quería acabar con él, destrozarlo, hacerlo desaparecer; convertirlo en nada. Dejé que la rabia me cegara.
    Cuando recuperé el control el maníaco estaba en el suelo en posición fetal, tembloroso y respirando con dificultad. El brazo con el que me había atacado con la navaja estaba doblado en un ángulo imposible, y en el suelo junto a él había una mancha de sangre. El arma estaba un par de metros más allá, tirada sobre el asfalto y con la hoja partida.
    No sabía cuánto tiempo había pasado, pero no podía ser mucho; la mujer seguía inconsciente.
    Arrastré al criminal bajo el eucaliptus y me cercioré de que no tenía ninguna herida grave. Luego me centré en su rostro y descubrí qué era lo que lo hacía parecer borroso: una estúpida media de color carne, recortada de forma que sólo le cubriera la cara.
    En ese momento me di cuenta de que con los nervios no me había puesto el pasamontañas antes de entrar en acción. Menuda chapuza. Por suerte la mujer no podía haberme visto bien y en cuanto al lunático... Poco importaba lo que tuviera que decir cuando lo encontrara la policía. Le até a conciencia con cinta americana y le dejé puesta la media después de comprobar que era un tipo con un rostro de lo más común, al que no recordaba haber visto nunca.
    Me puse el pasamontañas y me acerqué a la mujer. La senté en la acera y permanecí junto a ella hasta que empezó a reanimarse y entonces me fui, no sin antes decirle que el tipo que había atado bajo el eucaliptus era el criminal buscado por la policía. Esperaba que me hubiera entendido.
    De todas formas, en cuanto llegué a la primera cabina que encontré, llamé a la policía y les dije donde podían encontrar al tipo. Colgué en el mismo instante en que quisieron saber algo sobre mí y me dirigí a casa.

    Después de lo sucedido solo me queda decir que he dormido como un niño, del tirón y durante más de diez horas seguidas por primera vez en meses.

    _______________________________________________
    Una pregunta: ¿alguien sigue leyendo esta historia? :)


    Un saludo,

    Arawna
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