Me hubiera gustado que nuestros anfitriones nos hubieran convocado para este 14 de febrero a escribir cartas de amor.. un lindo y romántico ejercicio para este día de los enamorados..
Pero.. ahora y ante la premura del tiempo.. pondré aquí hermosas cartas de amor escritas por destacados personajes de la historia.
Primero la carta de Napoleón a Josefina.. y dice así:
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Señora:
No le amo, en absoluto; por el contrario, le detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres sus las letras le dan, pero ¡aún así usted no le ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!
¿Qué usted hace todo el dia, señora? ¿Cuál es el asunto tan importante que no le deja tiempo para escribir a su amante devoto? ¿Qué afecto sofoca y pone a un lado el amor, el amor tierno y constante amor que usted le prometió? ¿De qué clase maravillosa puede ser, que nuevo amante reina sobre sus días, y evita darle cualquier atención a su marido? ¡Josephine, tenga cuidado! Una placentera noche, las puertas se abrirán de par en par y allí estaré.
De hecho, estoy muy preocupado, mi amor, por no recibir ninguna noticia de usted; escríbame rápidamente sus páginas, paginas llenas de cosas agradables que llenarán mi corazón de las sensaciones más placenteras.
Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador.
Su esclavo Napoleón.
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Comentarios
Incluso cuando estoy en cama mis pensamientos van a hacia ti, mi eternamente querida, ahora y entonces alegremente, después otra vez tristemente, esperando para saber si el Destino oirá nuestra plegaria, para hacer frente a vida que debo vivir en conjunto contigo o nunca verte.
Sí, estoy resuelto a ser un extranjero vagabundo hasta que pueda volar a tus brazos y decir que he encontrado mi hogar verdadero con usted y envuelto en tus brazos puedo dejar que mi alma flote hasta el reino de almas bendecidos. Ay!, desafortunadamente debe ser así.
Debes estar tranquila, tanto más pues sabes que te soy fiel; ninguna otra mujer podrá nunca poseer mi corazón, nunca, nunca. Oh Dios, por qué debe uno ser separado de aquella que le es tan querida. Para más, mi vida en Viena es actualmente desgraciada.
Tu amor me ha hecho el más feliz y el más infeliz de los mortales. A mi edad necesito estabilidad y regularidad en mi vida, puede esto coexistir con nuestra relación?
Ángel, acabo de oír que va el correo cada día, y por lo tanto debo cerrar ésta, de modo que puedas recibirla la inmediatamente.
Mantente tranquila; solamente al considerar tranquilamente nuestras vidas podremos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos.
Mantente tranquila, amame, hoy, ayer.
Qué nostalgia llena de lágrimas por tí, por tí, por tí, mi vida, mi todo.
Todos los buenos deseos a tí.
Oh, continúa amándome, nunca juzgues mal el corazón fiel de tu amado.
Siempre tuyo
Siempre mía
Siempre de ambos
Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost.
Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas.
Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir.
Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De que se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme.
Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba.
Le he tomado mucho cariño.
Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas.
Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata.
Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina.
Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.
Te beso tiernamente,
tu Castor
Ay !qué bello recibir una carta de amor apasionado! ya no hay muchos hombres que lo hagan, debieramos iniciar una campaña para promoverlas ja,ja,ja.
Un abrazo.
Todas las cartas de amor son ridículas...
Fernando Pessoa - Álvaro de Campos
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.
Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son ridículas.
Quién me diera en el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.
Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas.
Las cartas de amor, pese a las PC's no deberían desaparecer nunca..
Esta carta es del propio Pessoa dirigida a Ofelia, su gran amor, pero con la que nunca se casó pese a sus sentimientos.. el amor por la literatura lo rebasó...
Dice Pessoa:
"Llegué a la edad en que se tiene el propio dominio de las propias cualidades...
Es pues la ocasión de realizar mi obra literaria...
Para realizar esa obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento...
Toda mi vida futura depende de poder o no hacer esto, y pronto. Además, mi vida gira en torno a mi obra literaria...
Todo lo demás en la vida tiene para mí un interés secundario...
Es preciso que todos, los que se tratan conmigo, se convenzan de que soy así, y que exigirme los sentimientos, muy dignos por cierto, de un hombre vulgar y banal, es como exigirme que tenga ojos azules y pelo rubio. Y estar tratándome como si yo fuera otra persona no es la mejor manera de mantener mi afecto...
Me gusta mucho -pero mucho- usted, Ofelia. Aprecio mucho -muchísimo- su índole y su carácter.
Si me caso, no me casaré sino con usted.
Resta saber si el matrimonio, el hogar (o como quiera que le llamen) son cosas que se concilien con mi vida de pensamiento. Lo dudo.
Por ahora, y pronto, quiero organizar esa vida de pensamiento y de trabajo mío.
Si no consigo organizarla, claro está que nunca siquiera pensaré en pensar en casarme.
Si la organizo en términos de ver que el matrimonio sería un estorbo, claro que no me casaré. Pero es probable que no sea así.
El futuro -y es un futuro próximo- lo dirá...
Su muy afecto, Fernando."
Dos por el precio de una.
[¿Finales de julio de 1904?]
60 Shelbourne Road, Dublín
Mi iracunda Nora, te dije que te escribiría. Ahora me escribes y
me preguntas qué demonios me pasaba la otra noche.
Estoy seguro de que algo anduvo mal.
Me mirabas como si estuvieras triste por algo que no había ocurrido,
y que habría podido gustarte mucho.
Desde entonces he tratado de consolarme,
pero no lo consigo.
¿Dónde estarás el sábado, el domingo, el lunes por la noche, para que no pueda verte?
Ahora, querida, adiós. Beso el milagroso hoyuelo de tu cuello.
Tu Hermano Cristiano en la lujuria.
La próxima vez, cuando vengas, deja tu enojo en casa... y también
el corsé.
James Joyce
3 de agosto de 1904
60 Shelbourne Road
Querida Nora, ¿estarás “libre” esta noche a las ocho y media? Espero
que así sea, porque he tenido tantas preocupaciones que necesito
olvidarlo todo en tus brazos. Así que ven si puedes. En virtud de los
apostólicos poderes investidos en mí por su Santidad el Papa Pío Décimo,
por la presente te doy permiso para venir sin faldas para recibir la Bendición Papal
que estaré encantado de proporcionarte. Tuyo en el Judío Agonizante.
VINCENZO VANNUTELLI
(Diácono Cardenal)
James Joyce
Gracias Alterego, voluptuosa contribución.
Ahora Don Quijote también tenía su corazoncito...
Carta de Don Quijote a Dulcinea
Soberana y alta señora:
El herido de punta de ausencia, y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.
Tuyo hasta la muerte,
El caballero de la triste figura
.
Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.
Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.
Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.
Clara: corazón, rosa, amor...
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.
Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.
Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.
No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.
Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.
Lo han aprendido ya el árbol y la tarde...
y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.
.
Sólo mañana determinaré definitivamente mi alojamiento, qué inútil pérdida de tiempo. Por qué este dolor tan profundo cuando se impone la necesidad, acaso nuestro amor puede perdurar como no sea a través del sacrificio, de modo que cada uno no lo exija del otro; acaso puedes modificar el hecho de que no eres totalmente mía, y yo no soy totalmente tuyo.
¡Oh, Dios mío, contempla las bellezas de la naturaleza y reconforta tu corazón con lo que debe ser! El amor lo exige todo y es muy justo que así sea, esa es mi actitud hacia ti y la tuya hacia mi. Pero tú olvidas muy fácilmente que debo vivir para mí y para ti; si estuviéramos totalmente unidos sentirías el dolor tan poco como yo.
Mi viaje fue terrible; llegué aquí a las cuatro de la mañana de ayer. Como no tenía caballos, el cocero eligió otra ruta, pero qué espantosa; en la penúltima posta me advirtieron que no viajase de noche. Intentaron atemorizarme con la perspectiva del bosque, pero eso acentuó todavía más mi ansiedad, y me equivoqué.
Y en efecto, la diligencia se atascó en el maldito camino, un camino que era un océano de lodo. Si no hubiese contado con estos postillones no habría podido salir de ahí. Esterházy, que viajaba por el camino normal, corrió la misma suerte que yo, pese que tenía ocho caballos en lugar de cuatro.
De todos modos, el episodio me agradó un tanto, como es siempre el caso cuando supero con éxito las dificultades. Y ahora pasemos rápidamente de las cosas exteriores a las interiores.
Seguramente nos veremos pronto; más aún, hoy no puedo compartir contigo los pensamientos que tuve los últimos días en relación con mi propia vida. Si nuestros corazones estuviesen siempre unidos, no concebiría tales pensamientos. Mi corazón desborda con tantas cosas que necesito decirte.
¡Ah! Hay momentos en que siento que el lenguaje de nada sirve. Anímate, continúa siendo mi auténtico y único tesoro, mi todo, como yo lo soy tuyo. Los dioses deben deparamos lo que merecemos.
Tu fiel Ludwig
Lunes 6 de julio, por la noche.
Estás sufriendo, mi amadísima criatura —sólo ahora supe que es necesario despachar las cartas muy temprano la mañana de los lunes y los jueves, los únicos días que la diligencia del correo sale de aquí para K.—
Estás sufriendo. ¡Ah, dondequiera estoy estás conmigo! Arreglaré contigo y conmigo que yo pueda vivir a tu lado. ¡ ¡ ¡Qué vida! !!! ¡ ¡ ¡Así!!! Sin ti, perseguido por la bondad de la humanidad aquí y allá, algo que tan poco deseo merecer como merezco.
La humildad del hombre hacia el hombre me agobia y cuando considero mi propia persona en relación con el universo, lo que soy y lo que es El, el mismo al que llamamos el más grande, y todavía, aquí está lo divino del hombre, lloro cuando pienso que probablemente no recibirás hasta el sábado la primera noticia de mí.
Tanto como me amas te amo. Buenas noches. Como estoy tomando los baños debo ir a acostarme. ¡Oh, Dios mío! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos! ¿Acaso nuestro amor no es de veras una estructura celestial, y también tan firme como la bóveda del cielo?
Buenos días, el 7 de julio.
Aunque aún estoy acostado, mis pensamientos van hacia ti mi Amada inmortal, a veces alegres y otras esperando saber si el destino nos oirá o no. Puedo vivir totalmente solo contigo, o no viviré. Sí, estoy decidido a vagar tanto tiempo lejos de ti hasta que pueda volar a tus brazos y decir que me siento realmente sereno contigo. Sí, infortunadamente así ha de ser.
Tú debes dominarte tanto más cuanto que conoces la fidelidad que te profeso. Nadie puede poseer jamás mi corazón, nunca, nunca. ¡Oh, Dios mío, por qué uno tiene que separarse del ser Y sin embargo, mi vida en Viena es ahora muy desgraciada.
Tu amor me convierte en el más feliz al mismo tiempo el más desgraciado de los hoy – A mi edad necesito una vida serena y tranquila. ¿Puede aspirarse a eso en nuestra relación? Ángel mío, acaban de decirme que la diligencia correo todos los días, por lo tanto, debo concluir aquí mismo, porque así podrás recibir inmediatamente carta. Serénate, sólo mediante la tranquila consideración de nuestra existencia podremos nuestro propósito de vivir unidos.
Ten calma, ámame, hoy, ayer, qué doloroso anhelo de ti, de ti, mi vida, mi todo. Adiós. ¡Oh, continúa amándome, nunca juzgues mal el más fiel corazón de tu amado".
Siempre tuyo,
Siempre mía,
Siempre nuestro.
L.
Esta carta fué encontrada junto con otros documentos en su casa cuando murió, no se sabe si fué enviada a su destinataria.
.
Cuando me miras a los ojos,
cuando sonries al verme,
te aseguro amor mio
que tanta belleza hiere
Estoy tan seguro
que lo haces sin ofender,
que más que enfadarme,
no te dejo de querer.
___________________
Y si no quieres ser tan romantico y acabar con algo inolvidable, te sugiero que añadas esta estrofa:
No apto para romanticos
[OCULTAR]Cariño, yo por ti me hice poeta,
y aunque nunca escribí el Quijote,
por qué no me bajas la bragueta
y me comes tol zipote![/OCULTAR]
ja ja ja, así me gusta, nada de rodeos, directo al asunto que el tiempo es oro
Es que soy un romantico de los que ya no quedan (y menos mal)
Te has ido. Me has dejado solo frente al deseo;
Mi afición a mezclarte con todo lo que veo,
A seguir tu perfume por esa escalerilla:
Nada más necesario, más dulce,
Ni más justo
Que unir en el coloquio tu gusto
con mi gusto.
Y mi gusto va a tí que te llamas “tú”,
A quien digo te quiero, je t’aime, I love you.
En cualquier lengua el verbo capital
Me concierne,
Y hasta muy bien callado también ti voglio bene.
Como aquí no te hallas, a este papel ahora
Le diré que eres tú quien tanto
Me enamora,
Y en esta soledad de diciembre
Quisiera
Dar a tu sola imagen valor de veradera
Compañía. De modo muy leve me contento.
Vivimos en la forma precaria del momento.
Otra yo no conozco. ¿Soledades?
Te has ido.
Ni tú ni yo sabemos de eclipse ni de olvido.
Ya no oteas quizá por el cristal del tren
El paisaje tan tuyo. Y reclinas la sien
Para mejor soñar con los ojos cerrados.
Ah, tus ojos cerrados...Lo sé.
No es que un abismo
Vaya a causarte vértigo. Nada
Existe a tus lados.
Quieres amar así. ¿Me ves? Soy
Tu amor mismo.
He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tu estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.
Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (...) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.
Largos besos de tu Pablo.
CARTA DE VOLTAIRE A OLIMPIA DUNOYER
A los diecinueve años de edad, Francois Marie Arouet (más tarde conocido como Voltaire) fué enviado a La Haya como asistente del embajador de Francia ante los Países Bajos y allí se enamoró de Olimpia Dunoyer, hija menor de una familia declassèe, de bajos recursos. Tanto el embajador, marqués de Fornielles, como la madre de la joven, desaprobaban esas relaciones. El diplomático llegó a tener prisionero a su asistente pero Voltaire consiguió sobornar a uno de sus guardias y huir "como el viento" en procura de su amada.
Amiga mía: te habrás preguntado por mí en estos días, dónde estaba, el porqué de mi silencio; de la misma forma desesperaba yo por saber de ti. Desde el pasado martes y por órdenes del pérfido embajador, estoy prisionero en un hotel de las afueras de la villa. Hoy finalmente pude persuadir a uno de los guardianes y enviarte este recado. No desesperes, pronto estaremos otra vez juntos. Podrán quitarme la vida pero no el amor que siento por ti.
Oh Pimpette, te veré esta noche, sin que importen los riesgos que deba correr para eso. Debes estar preparada porque apenas aparezca la luna huiré de aquí, correré a buscarte y huirémos a Scheveningen. Huiremos como el viento, dejando atrás todas las desdichas.
Siempre me interrogaste, estabas ávida por saber algo sobre esa cosa extraña a la que llamamos alma. Ignoro casi todo sobre ella, no sé lo que es ni dónde está pero te aseguro que te necesita y anhela unirse con la tuya de una manera permanente.
Sé prudente, ten cuidado, no confíes en nadie y mucho menos en tu madre, es mi enemiga y la tuya. Ella y el marqués no cejarán en su empresa de mantenernos separados. Si me amas deberás estar tranquila. Convoca en tu ayuda a todas las fuerzas de tu carácter que conozco fuerte. Hasta muy luego, no hay cosa que no sienta capaz, corazón mío, de arrostrar para recuperarte.
Arouet
LaHaya, abril 7 de 1713
La fuga de Voltaire con su bienamada Pimpètte, primero a Schveningen (pequeña aldea a ocho kilómetros de La Haya) y luego a Francia, fue desbaratada por la señora Dunoyer (la suegra). Nunca más los amantes volvieron a verse. Voltaire fué redespachado a París dónde entró a trabajar en el bufete de un abogado y, algún tiempo después, Pimpette se casó con otro convirtiéndose en la Condesa de Winterfeld.
Durante el segundo año de su reinado, la emperatriz enfermó de gravedad en el parto de su hijo número catorce.
Una noche, Shah Janah, abatido, se inclinó sobre la moribunda y le dijo con lágrimas en los ojos: ¿cómo puedo demostrarle al mundo cuánto te amo Mumtaj? Con voz débil, ella le respondió: "Constrúyeme una tumba que sea única y hermosa"...
¿Qué más podré hacer para decirte, mi querida Mumtaj, que nada llenará el vacío que me has dejado? ¿Qué puedo ofrecerle al tiempo para que vuelva a darme la oportunidad de decirte cuánto te amo?
De una manera u otra deberé atrapar la luna. Tengo que tomarla del cielo para poder decirle que he conocido a alguien más bella que ella, aunque la pierda como testigo de nuestras noche juntos...
Tú, Mumtaj, seguirás siendo mía ya que te llevo dentro de mí. Debo seguir diciéndote cuanto te extraño y debo hacerlo de una manera eterna. Con delicadeza, como tus besos. Con precisión, como tus abrazos. Con la simetría de nuestros cuerpos, tan unidos como el cielo sobre el mar.
Me has dado tu cuerpo muchas veces, me han dejado saberte de memoria: tu voz, tus ojos, la fuerza de tu útero, tus gritos de madre fuerte, de leona hasta el final.
Y ahora te tengo aquí, callada para siempre, a oscuras dentro de mi oscuridad y recordándome lo que siempre somos: pasajeros breves en un túnel de una sola salida, necesitados de perdurar en la memoria de alguien, intentando plasmar la inmortalidad de una perla que nadie posee... el Taj Majal.
Mi querida compañera de siempre, sólo me has dejado tu olor de mujer, repleto de jazmines, aromatizado de sándalo. Me encargaré de guardar el reflejo de tus ojos en bloques de malaquita, trozos de madre perla, lágrimas de lapislázuli, jade, coral, turquesa y amatista. Le robaré los colores a la naturaleza para construir tu imagen, ¡lo haré!...
Pediré que comiencen a guardar rayos de luna para que representen tu piel, la delicadeza de tus pasos. Así lo haré.
Nunca pensé que tu partida me doliera tanto, me tapo los oídos porque el viento sigue trayéndome tu canto y me tapo la boca porque no quiero que nadie me escuche llorar. Mi Mumtaj Mahal, mi Compañera de siempre, ¿cómo llenar tu ausencia? La llenaré dándole al mundo una pequeña muestra del inolvidable y gran amor que tú me has dado...
Para cumplir su promesa, a mediados del año 1632 el emperador hizo venir de todos los rincones de su imperio, y también de Irán y Turquía, a los mejores arquitectos y alarifes. Y cuando halló un proyecto que le parecía digno de la memoria de su Mumtaj ordenó su construcción.
Durante diez años, veinte mil obreros trabajaron en las obras del Taj Mahal. Se trajeron los materiales desde sitios lejanos (la malaquita de Sudáfrica, y el lapislázuli de Afganistán).
Toneladas de piedras de mármol fueron transportadas de Agra a través de la selva. Hoy se estima que fueron gastados cerca de dos billones de rupias en el mausoleo de Mumtaj Mahal y en los edificios, fuentes y jardines adyacentes.
Autor desconocido.
Publicado por el Dr. Roberto A. Bonomi.
Guy de Maupassant
No, amigo mío, no piense usted más en ello. Lo que me pide es una cosa que me subleva y me repugna. Diríase que Dios..., porque yo creo en Dios..., se propuso estropear cuanto había hecho de bueno, agregándole algo que fuese horrible. Nos hizo el don del amor, que es la cosa más agradable que existe en el mundo; pero, pareciéndole demasiado hermoso y demasiado puro para nosotros, inventó los sentidos, esa cosa innoble, sucia, indignante, brutal: los sentidos; disponiéndolos de tal manera que pareciesen una burla, entremezclándolos con las inmundicias del cuerpo, para que no podamos pensar en ellos sin sonrojamos, ni hablar de ellos sino en voz baja. La horrible función de los sentidos está toda ella envuelta en vergüenza. Se esconde, subleva el alma, lastima los ojos y, desterrada por la moral, perseguida por la ley, no se realiza sino en la oscuridad, como si fuese un crimen. ¡No me hable usted jamás de cosa semejante, jamás!...
Ignoro si lo amo a usted, pero sí sé que me agrada estar a su lado, que su mirada es para mí una dulzura y que el timbre de la voz de usted me acaricia el corazón. Desde el instante mismo en que consiguiese usted de mi debilidad lo que desea, me resultaría usted odioso. Se quebraría el lazo delicado que hoy nos une a los dos. Se abriría entre nosotros un abismo de infamias.
Sigamos siendo lo que somos. Y... ámeme usted, si ése es su gusto; yo se lo permito.
Su amiga,
***
¿Me permite usted, señora, que yo, a mi vez, le hable brutalmente, sin miramientos galantes, lo mismo que hablaría a un amigo que me declarase su propósito de pronunciar los votos perpetuos?
Yo no sé tampoco si estoy enamorado de usted. Únicamente lo sabría después de esa cosa que de tal modo la subleva. ¿Ha olvidado usted los versos de Musset?
los besos húmedos, los fogosos músculos,
la palidez, el apretar los dientes
de aquel ser, todo absorto. Son instantes
atroces, si no fueran tan divinos.
La caricia, señora, es el contraste del amor. Si después del abrazo se apaga nuestro ardor, quiere decir que nos habíamos equivocado. Cuando ese ardor aumenta, es que nos amamos.
Cierto filósofo, que no practicaba estas doctrinas, nos dio el alerta contra esa trampa de la Naturaleza. La Naturaleza busca que nazcan seres -dice-, y para forzarnos a crearlos ha colocado cerca de la trampa el doble cebo del amor y de la voluptuosidad. Y agrega: «En cuanto nos hemos dejado engañar, así que ha pasado la locura del momento, se apodera de nosotros una inmensa tristeza, porque nos damos cuenta del ardid que ha servido para hacernos caer; vemos, sentimos, palpamos la razón secreta y oculta que nos ha empujado a pesar nuestro.»
Con frecuencia, con mucha frecuencia, esto resulta cierto. Entonces nos volvemos a poner en pie, descorazonados. La Naturaleza nos ha vencido, nos ha precipitado, a su capricho, en unos brazos que se abrían, porque es voluntad suya que haya brazos que se abren.
Sí, yo sé de besos fríos y violentos sobre labios desconocidos, de miradas intensas y ardientes en ojos no vistos antes y que no volverán a verse jamás, y tantas cosas que yo no puedo decir, tantas cosas que nos dejan en el alma una amarga melancolía...
Pero cuando esa especie de nube que se llama el amor ha envuelto a dos seres, cuando éstos han pensado el uno en el otro durante largo tiempo, siempre, cuando durante las ausencias vela siempre el recuerdo, de día, de noche, presentando al alma los rasgos de la cara, la sonrisa y el timbre de la voz; cuando se ha vivido obsesionado, poseído por la forma ausente y siempre visible, ¿no es natural que los brazos se abran al fin, que se unan los labios y que se mezclen los cuerpos?
¿No ha sentido usted jamás el deseo de besar?
¿Nunca ha sentido usted, señora, el deseo de besar? ¿No es cierto que los labios atraen a los labios y que la mirada brillante que parece filtrarse en las venas enciende ardores furiosos, irresistibles?
Naturalmente, dice usted; ésa es la trampa, la trampa inmunda. ¿Qué importa? Ya lo sé; caigo en ella, la adoro. La Naturaleza nos otorga el don de la caricia para ocultarnos su ardid, para obligarnos a eternizar las generaciones, aun a pesar nuestro. Pues bien: robémosela, hagámosla nuestra, refinémosla, transformémosla, idealicémosla, si quiere usted. Engañemos a nuestra vez a la engañadora Naturaleza. Vayamos más allá de lo que ella quiso, más allá de lo que pudo o se atrevió a enseñarnos. Hagamos de la caricia una materia preciosa que ha salido en bruto de la tierra; apoderémonos de ella para trabajarla y perfeccionarla, despreocupándonos de las finalidades primitivas, de lo que fue la voluntad disimulada de eso que usted llama Dios. Y como el pensamiento es lo que poetiza todo, poeticémosla, señora, hasta en sus brutalidades terribles, en sus combinaciones más impuras, hasta en sus hallazgos más monstruosos.
Amemos la caricia sabrosa como amamos el vino que embriaga, la fruta en sazón que perfuma la boca, como todo lo que impregna de dicha nuestro cuerpo. Amemos la carne porque es bella, porque es blanca y tersa, mórbida y suave, delicia de los labios y de las manos.
Cuando los artistas buscaron la forma más rara y más pura para dársela a las copas en que el arte había de beber la embriaguez, eligieron la curva de los senos, que a flor de piel parecen rosas.
En un libro erudito, que se titula Diccionario de ciencias médicas, he leído yo esta definición de la garganta de las mujeres, que se diría ideada por el señor Prud’homme, convertido en doctor de Medicina:
«El seno en la mujer puede ser considerado como un objeto de utilidad y de placer al mismo tiempo.»
Suprimamos, si le parece, la utilidad, y quedémonos con el placer. Si sólo estuviese destinado a suministrar alimento a los niños, ¿tendría esa forma encantadora que invita irresistible a la caricia?
Señora, dejemos que los moralistas nos prediquen el pudor, y los médicos la prudencia; dejemos que los poetas..., engañadores -engañados siempre- canten la unión casta de las almas y la dicha inmaterial; dejemos a las mujeres feas entregadas a sus deberes, y a los hombres razonables entregados a sus ocupaciones inútiles. Dejemos a los doctrinarios entregados a sus doctrinas, a sacerdotes entregados a sus mandamientos, y amemos nosotros por encima de todo la caricia que embriaga, enloquece, enerva, agota y reconforta; es más suave que los perfumes, más ingrávida que la brisa, más penetrante que una herida, rápida y devoradora, que nos hace rezar, llorar, gemir, gritar; que es capaz de empujar a todos los crímenes y a todos los heroísmos.
Amémosla; pero no tranquila, normal, legal, sino violenta, furiosa, desatada. Busquémosla como se busca el oro y el diamante, porque vale más que ellos, puesto que es inestimable y pasajera. Persigámosla sin cesar, y muramos por ella y de ella.
Voy a decirle, señora, una verdad que no encontrará en ningún libro, o a lo menos así lo creo yo, y es que las únicas mujeres felices que hay sobre la faz de la tierra son aquellas que no se han privado de ninguna caricia. Éstas son las que viven sin ningún cuidado, sin pensamientos torturadores, sin otro anhelo que el del beso próximo, que ha de resultarles tan delicioso y aplacador como el último que dieron.
Las demás mujeres, aquellas que reciben las caricias con tasa, incompletas, poco frecuentes, viven acosadas por mil inquietudes miserables, por anhelos de dinero o de vanidad, y por todas las realidades que se truecan en pesares.
En cambio, las mujeres acariciadas hasta la saciedad no sienten necesidad de nada, no desean nada, no echan en falta nada. Ensueñan, tranquilas y sonrientes, y lo que para las otras serían catástrofes irreparables, apenas si las rozan a ellas, porque la caricia sustituye a todo, lo cura todo, consuela de todo.
¡Tantas cosas más tendría que decirle!...
Estas dos cartas, escritas en papel japonés de paja de arroz, fueron encontradas ayer, domingo, después de la misa de una, dentro de una carterita de piel de Rusia, debajo de un reclinatorio de la iglesia de la Magdalena por
"Amemos la carne porque es bella"
Precioso aporte, Omar. Maupassant, gran predicador del naturalismo y de las aventuras amorosas (entre otros temas), a veces también firmaba con el pseudónimo de Motfrigneuse.