Has crecido, has volado. Tús manos se volvieron ancianas en medio de tús páginas de juventud, rompiste tus esquemas y ahora sientes qué la muerte puede ser recibida.
Hiciste del mundo un pequeño portal hacía otros lugares más asombrosos, jugaste con las ideas de los niños y llenaste de tinta los vasos vacíos para los sedientos de fe. Desdibujaste tús pasos en alguna calle gris, en algún paraíso extranjero que te regaló brisas y otros atardeceres. Hiciste para otros lo que querías qué alguien hiciera por ti, aprendiste muchas cosas y olvidaste unas mas, tomaste las imágenes cómo un pasatiempo para imprimirlas a tu gusto en otras mentes, otras almas...
Hiciste de tú cuaderno gastado un refugio personal, y entre sus páginas dejaste tús huellas consumiendo recuerdos y alimentando penas con la parodia infinita de quién se busca a sí mismo a tientas, en una habitación fría e iluminada con tenues gotas de sol, pedazos de fuego... Calentando tús anocheceres junto a una ventana pérdida en los confines del fin de alguno de tus mundos.
Te has visto, has tomado esos viejos libros y te has encontrado tan distinto, tan lleno de tus hijos y tan abandonado en silencio, te has sentido consumido, y has descubierto en las tazas de café una ligera paz qué este mundo qué no te entiende no te puede dar. ¿A dónde iras? Quieres ir de vuelta al espacio de tiempo en que no supiste nada, y las verdades no te fueron reveladas para qué confesaras con lágrimas y sonrisas la desgracia de la vida en el vino de alguna copa. Sientes qué te olvidan, y qué también te olvidas tú con el resto... Sientes con pesar, qué le has dado tú vida a los otros mientas ellos te dejaban al cerrar la última página, y aún así les perteneces.
Temes, siente que los monstruos de las historias nacen para besarte la frente al final de tus días y encerrado en tu melancolía te has hundido en las sabanas cómo un niño asustadizo a la sombra de su cuarto, esperando un nuevo día qué parece tan lejano en medio de tan oscuros escritos. Has visto nacer la lluvía y has entregado amores a sus brazos, besos y despedidas han colgado de sus hilos mientras tú sumiso te mojabas el rostro sin más abrigo qué tus brazos débiles llenos de tantas ideas por plasmar. Has comenzado a ver el fin y las estrellas de los viajeros no parecen tan lejanas, el sol no se te hace tan pequeño, y los rostros no parecen tan confusos, has entendido en tus tormentos qué la paz no está en el mundo si no en tus sueños y te has aferrado al más profundo, bajo la fugaz y triste idea de abandonar tus látidos, pues la muerte al igual que los sueños no poseen distancia, y de tu pluma marchita ha nacido el camino de un lugar infinito, dónde no se te ha permitido... Pensar el final.
PD; Tenía tiempo sin escribir, un texto sencillo sobre cualquier escritor en el olvido... Queriendo nacer
Comentarios
Está muy bien expresado con ese narrador en segunda persona frente al espejo. Como tú dices es un texto sencillo; ¿por qué no pruebas a meteer elementos y complicarte la vida? Pueden salir imágenes potentes, nuevos sentimientos. Ánimo!!
Saludos,
Windumanoth
Yo iba a comentar lo mismo y aprovecho para ampliarlo. "Tu" se utiliza con tilde cuando es pronombre personal "tú me dijiste..." y sin tilde cuando es posesivo "tu libro".
"Que" se utiliza con tilde cuando es pregunta o exclamación "¿qué quieres? ¡qué bonito!" incluso cuando va dentro de una frase afirmativa "no sabía qué le hacía pensar eso". Cuando es pronombre relativo va sin tilde "le dije que esperase".
Después de esta lección de gramática (como si yo fuese una erudita en el tema :rolleyes:) tengo que decir que es un bonito relato para los escritores olvidados y que refleja lo que pueden llegar a sentir.