Donna Ersilia despierta de un largo sueño animado por las voces que no puede oir y que siguen viviendo en su cabeza junto a los pensamientos, los recuerdos, los arrullos de su abuela cuando la mecía en la cuna.
La abuela Manfreda fue quien la crío pues su madre había muerto al darla a la luz, así como su padre poco tiempo después, muerto en batalla contra el turco Ali Pascia, cuando éste arrasó las costas adriáticas en 1620. La abuela le había enseñado las letras y los números desde bien pequeña. En su cabeza algodonada, entre el recuerdo del ruído del mundo afuera, aún llevaba el eco de su voz cálida y firme: -Ersilia, cuando seas el ama, deberás saber de números y de letras para que nadie te pueda engañar.
Ersilia, hija del marqués de Altavilla, había heredado las extensas y ricas tierras de su familia, en la rebelde y valiente Altamura, fortuna que se había acrecido al ser casada por su abuela, a la edad de once años, con el conde Talarico, en Manfredonia, más al norte en la región de Apulia. El conde era lejano pariente de Manfreda y el compromiso quedó sellado al poco de nacer la niña.
Al momento de su casamiento Ersilia llevaba ya cuatro años en su silencioso universo. Nadie sabía el por qué, pero todos en la casa recordaban que Donna Ersilia había dejado de hablar y de oir, de golpe, a la edad de siete años. Fue un susto, unas fiebres, un mal de ojo, el caso fue que la niña se cerró como un cofre y su llave se perdió por los pasillos y los sótanos de su palacio en Altamura, entre los fantasmas de sus antepasados y los de los sarracenos incendiarios.
Donna Ersilia se levanta y corre ligera hacia la ventana, la abre para que entre el día, para sentir el aire cargado de olor a tierra seca, a melocotón maduro, a uva vendemiada. El sol ya está alto. Ella sabe que afuera las cigarras ya estarán refregándose las alas en el aire caluroso y estático. Lleva su cuerpo delgado y menudo hacia la puerta, la larga melena rubicunda suelta y encrespada. Corre descalza por la ancha escalera y una vez en la cocina bate las palmas para anunciar su entrada. Rosalía, la cocinera, le prepara un tazón de leche tibia y pan de trigo duro huntado con aceite de oliva y espolvoreado de orégano. Ersilia come con voracidad, como un perro hambriento. Sus gestos son siempre rápidos, impulsivos. Vuelve a menudo la cabeza a su alrededor para poner ojos donde no puede escuchar. Cuando termina, la joven criada Assunta la acompaña a su habitación para peinarla y vestirla. Ersilia escribe: vestido verde, el de seda de candongo. Hazme trenza.
La abuela Manfreda había provado e inventado maneras para que a su nieta no se le borrase la memoria. La palabra se había perdido, pero las letras y los números quedarían en su cabeza. Una pequeña pizarra atada a la estrecha cintura y un saquito con tiza, se convirtieron en su instrumento de conversación con el mundo. Ersilia escribía con trazo firme y rápido, luego volcaba la pizarra hacia su interlocutor, que en principio asentía o disentía, mientras ella esperaba la respuesta ensanchando las aletas de su perfecta y menuda nariz.
La familia Altavilla, así como muchos de los habitantes en Apulia, conservaba los rasgos de sus ancestros normandos y soevos, descendientes del emperador Federico y de su hijo Manfredi, hacía cuatrocientos años. De tez blanca y pelo rubio o rojizo, los ojos azul claro como las crestas del mar adriático, eran altos y delgados. Sólo Ersilia había quedado menuda, aún manteniendo el porte erguido y elegante de su estirpe.
Con sólo diecisiete años, Donna Ersilia es la señora en la vieja masía de su marido el conde, en Manfredonia. El conde es anciano y aventurero y a menudo se encuentra en cacerías o viajes por sus extensas propiedades. Ha sido amable y comprensivo con ella, y a pesar de su perenne silencio, Ersilia ha llenado su casa de vida y exultación. Jugó con ella al principio, cuando recién casados pretendió, con vanos intentos, afirmar su condición marital, pero la niña se escabullía y su cuerpo huesudo no proporcionaba al conde el necesario estímulo para despertar su ajada virilidad. Habían quedado así, como abuelo y niña, jugando y queriéndose, el anciano feliz, la niña caprichosa y consentida.
En la calurosa mañana de estío, mientras repasa las cuentas que el factor le ha traído, Ersilia espera la llegada de su marido el viejo conde Talarico. Sabe que le traerá regalos, perfumes de ensueño, adornos de concha y plata para el pelo, abanicos orientales. El temblor del suelo batido por los cascos de los caballos le anunciará su llegada, y entonces ella se esconderá bajo la cama o en un armario, sabiendo que la estará llamando a gran voz, para salir de repente ante él, sáltandole a los brazos largos y delgados que a mala pena podrán sujetar su incontenible vitalidad.
*****
Al atardecer Ersilia y el conde pasean por los campos de vid, ella corre y tira piedras al suelo para sentir el retumbar de la tierra bajo sus pies, él la sigue con lento paso, firmemente apoyado en su bastón. Llegan a la higuera de cuyos poblados ramos, Ersilia recoge negros frutos de rebosante y meloso jugo. Están los dos sentados a la sombra del gran árbol, comiendo higos. El conde la mira y sonríe mientras acaricia las llamas de su cabello resplandeciente de sol. Ersilia se lame la boca y los dedos pegajosos. Las cigarras cantan con su música invisible. Ambos se pierden en el deleite de sus sentidos.
Por fin he encontrado un momento para leerlo. Me ha gustado mucho, muy bien llevado, muy bien contado, con el vocabulario exacto para ese tipo de historia. Si no hay segunda parte creo que le sobran datos pero sólo es una opinion. Tan sólo hay una cosa que me ha llamado la atención y es que utilizas demasiadas veces dos adjetivos con la "y" en el medio: su voz cálida y firme, su llave se perdió por los pasillos y los sótanos, de sus antepasados y los de los sarracenos incendiarios, cuerpo delgado y menudo, perfecta y menuda nariz, erguido y elegante... En algunos casos está bien, no sobra, pero en otros -sobre todo al haber más- con un único adjetivo llega.
Como digo siempre, es mi opinión y no hay por qué cambiar nada si a tí te gusta así.
Gracias Serrana por tu comentario y análisis. No sé aún si el relato se ubicará en un contenido más extenso, la verdad es que se presta. En cuanto al uso o abuso de adjetivos calificativos pospuestos y coordinados, te agradezco que lo hayas puesto en evidencia. En todo caso remarcan el ritmo de la narración.
Un relato muy distinto a todos los que te he leído hasta la fecha, un relato histórico, real o no, donde nos ofreces todos los detalles necesarios para ponernos en situación, incluidos los antecedentes históricos, los rasgos físicos, etc. Y, como siempre, generosas descripciones. En definitiva, se trata de un texto muy completo, donde lo único que echo algo en falta es meterse un poco más en el interior de los personajes, como haces otras veces, sobre todo en los que no son la protagonista, para saber un poco más acerca de lo que piensan y lo que sienten, pero, evidentemente, éste era un texto diferente, una relato histórico novelado, y habría quedado demasiado extenso.
Jack Lonon, con lectores como tú hasta dejaría mi empleo para dedicarme exclusivamente a la escritura. Tu comentario sobre Marcelino es realmente conmovedor. Este relato forma parte de un conjunto de 5 capítulos de título “Tapices”. Si te interesa leer los otros, aquí tienes los links, en el orden (Marcelino es el segundo).
En lo que refiere a este relato sobre Ersilia, sigo con la idea de desarrollarlo como novela histórica y de hecho tengo una versión posterior en la que estoy trabajando, más larga que la publicada aquí.
Gracias por leerme
Comentarios
Como digo siempre, es mi opinión y no hay por qué cambiar nada si a tí te gusta así.
Saludos,
Shai
Repito: ¿habrá continuación?
1.Fobia: http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=7614
3.Diana: http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=8409
4.El Doctor: http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=8420
5.Tapices: http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=8423
En lo que refiere a este relato sobre Ersilia, sigo con la idea de desarrollarlo como novela histórica y de hecho tengo una versión posterior en la que estoy trabajando, más larga que la publicada aquí.
Gracias por leerme