Al abrir la puerta sintió que algo había cambiado. Al frente estaba él, igual que siempre, con sus brillantes zapatos, con sus pantalones impecablemente planchados, con la camisa azul que una vez, recordó, había llegado a decir que le sentaba muy bien, y la infaltable chompa blanca amarrada al cuello que le hacía verse distinguido. Sabía que era alguien que conocía de mucho tiempo atrás, no obstante había algo que le conminaba a olvidarle. Sus cabellos ondulados y unos hermosos ojos verdes no lograban hacerle desaparecer esa incomodidad que le roía el alma.
Cuando atravesó el umbral y la besó con tanta naturalidad y confianza, llegó a creer que la relación que tenía con él no podía ser algo efímero. Pensó que quizá al pasar los minutos las cosas volverían a ser las mismas de alguna época remota. Se sentó a su lado, con alguna incierta esperanza, en el inmenso sillón que alguna vez los acogió con ternura, pero que ahora le parecía más inmenso aún, tratando de vencer aquella inmisericorde nada que asolaba a sus sentimientos. Al cabo de un tiempo eterno, entre palabras interminables que escuchó absorta, no porque le agradaran, sino mas bien porque la sumergían en un juego en donde trataba de encontrar el significado a cada una de ellas, notó que se formaba un gran hoyo en su corazón; y cuando aquel ser, ya completamente irreconocible, atravesó el umbral para partir, supo que esta vez sería para siempre. Al cerrar la puerta con firmeza, tuvo la certeza de que algo también se cerraba en su vida. Simplemente ya no lo amaba.
Comentarios
Un saludo
Gracias por comentarme y si es así como dices, entonces creo que voy por buen camino.
Abrazos
Encantado de que te halla encantado.
Saludos Kristina
Hola Diógenes, de ser así como dices entonces, quizá, esté por buen camino.
Saludos