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Jugarretas del destino(segundo capítulo)

betobbetob Gonzalo de Berceo s.XIII
editado diciembre 2009 en Narrativa

Segundo capítulo
(Cinco años antes)


El hotel apareció exacto como los amigos del club lo habían descripto. Un poco alejado de la ciudad, estilo colonial, de una sola planta, ventanales inmensos: la luz de los antiguos veladores irradiaban una luminosidad embriagadora que invitaba a entrar.
Se miraron, un acuerdo total. La pareja caminó con lentitud hacia el portón de entrada.
Festejaban cuatro años de casados, cada aniversario un lugar distinto. Ambos compartían idénticos sentimientos desde aquel día de la excursión del Club, donde se conocieron y se perdieron en medio del torrental.

La habitación amplia, confortable. Lamentaron que estarían solo el fin de semana.
Dejaron las valijas a un costado, tomaron unos sorbos del exquisito coñac, presente de la casa y otorgaron a sus instintos libre albedrío.

Fue ella la primera en despegar un ojo la mañana siguiente. La luz del nuevo día se esforzó para entrar, aprovechando una rendija entre los gruesos cortinados del ventanal.
Palpó a su costado la espalda de su compañero, aun dormía, tibia, una sensación de gozo llenó todo su ser. Casi, casi lo despertó, pero recapacitó. No se atrevía, ya conocía la posible reacción de tal intento. La bofetada recibida en plena cara la vez anterior que no se retuvo, aun la recuerda, como si hubiera ocurrido el día anterior.

Se levantó, tomo un baño; sin cubrir su cuerpo posó frente al espejo. Estudió con cierta supremacía, tal vez con una mirada despectiva, la imagen allí reflejada. Sus ojos buscaban, sondeaban, cada tramo, pliegue de piel, sondearon toda protuberancia, desnivel. Exhaló un suspiro de conformidad.

Se introdujo nuevamente en la cama. Esperó. La imagen de un pájaro con un alita rota, se dibujó allí en la sombra-luz producida por el sol sobre la pared. Lloró, como lloraría un payaso al finalizar la función del día.

Una sonrisa apareció entre sus lágrimas, secas lágrimas…una mano velluda se acomodó entre sus muslos. Creyó perder su seguridad, su rostro reflejaría lo que su mente tramaba. Entre suspiros, penetración, éxtasis, no recordó el pasado, se esfumó.

El malestar la acosaba ya dos días; su amiga Sol le encendió la lamparita:
-¿Quizás…? Insinuó.
-Si, es posible, el último aniversario, el mes pasado en la campiña nos volvimos a encontrar, fue fantástico, ¿me entendes? Mañana pido turno al Dr. Metoly, es bueno y muy simpático. Cuando sepa algo te chiflo.

La revisación y la prueba fueron rápidas, el resultado por supuesto positivo. Recibió los consabidos sermones del cuidado, alimentación sana, bla, bla, bla.
Salió del consultorio, se sentó en el primer café que encontró. Entre pocillo y pocillo, meditó. Trató de convencerse, no resultó complicado. Pidió la guía telefónica y buscó lo que su mente tenía decidido. A los poco segundos un discreto aviso llamó su atención. *Sanatorio en las afueras de la ciudad, discreción, atención médica especializada, precios módicos*
Anotó la dirección y teléfono. Salió para encontrar una cabina pública, nada de dejar rastros en su celular. Se comunicó y pactó la primera entrevista para el día siguiente al mediodía.

Al llegar a la casa él estaba sentado en su sillón en el living, dormitando. Decidió esperar que se despierte para relatarle lo sucedido y su lógica resolución.
Este tema ya lo habían tratado con anterioridad y llegado siempre a la misma conclusión. Él desechaba por completo la sola idea de la maternidad. Mantenía que no estaba dispuesto a compartir su amor y cariño con nadie, sea quien fuere.

Se levantó malhumorado, problemas de negocios dijo. Ella, por lo tanto, no creyó oportuno hacerlo partícipe, por el momento, de su nuevo estado.
Avisó a su jefe en la oficina, que se tomaría la tarde libre; le comentó que no se sentía bien, agregando que unos días de descanso no le vendrían mal, ya le avisaría al respecto.

Quiso calmar las náuseas con un jugo de limón, que pidió al mozo en el barcito al lado de la clínica. Esperó a su amiga, quien la puntualidad no era su fuerte.
Se escuchó una frenada ruidosa, Sol estacionó el coche y corrió hacia ella.
-Perdón, querida, los chicos, ¿me entendes, no? ¿Entramos?

No tuvo en cuenta el asunto del coche, lo dejó aparcado al lado de su casa; para llegar a la clínica pidió un taxi, calculó que volvería con su amiga.

Su maridito llegó temprano. Al no encontrar en la casa, no obstante había visto su coche afuera, no supo a que atenerse. Ninguna nota, ningún llamado. Sus nervios comenzaron a trabajar a ritmo acelerado.
Buscó en el baño, en el dormitorio, en el patio, nada. Optó por llamar al despacho de los abogados donde era secretaria. –No se encuentra, se retiró temprano, no se sentía bien. Pónganos al tanto de su estado estamos preocupados…

Decidió romper con los pactados acuerdos: evitar llamadas que podrían ser inoportunas. La situación era, en aquel momento, de suma importancia y urgencia, pues dejaba más de un interrogante, por lo cual vio como necesario resolver de inmediato el problema.

Llamó, al tercer intento, escuchó una voz extraña…
-Hola,.. ¡¡ ¿Quién habla?!!
-¿Esteban? No se asuste, soy yo, Sol, ¿Cómo le va? Martha está ocupada, en unos momentos se comunicará con Ud. ¿okey?
Se escuchó el clic de la interrupción telefónica. Qué mal carácter tiene este tipo, pensó.
En menos de una hora, se le permitió entrar a la pequeña salita.
-Ya pasó todo, querida, ¿Cómo te sentís?
-Lastimada por fuera y por dentro. Me tardará mucho tiempo reponerme, si lo logro, por supuesto…
-Cositas como éstas, hoy por hoy, se efectúan millones al día, quédate tranquila, juntas lo pasaremos, ¿No confías en mí?
-No es eso, no dudo de tu amistad, tontona, segura de que estarás a mi lado como siempre, el problema soy yo y el que está en casa ¿entendés?
-Si, por supuesto, con tiempo todo volverá a su curso, ah! me olvidaba, él llamó a tu celular, contesté informándole que estabas ocupada y que lo llamarías mas tarde, el maleducado, por no catalogarlo con una grosería, me cortó el teléfono en las narices, qué tipo asqueroso tu compañerito, nena…
-Pensando mejor, creo que no actué como correspondería, Debo descansar unos días en tu casa, lo cual será un poco difícil de encubrir. No sé como me las arreglaré.
Siguieron charlando. Unas horas después, Sol la dejó en la puerta de su casa.

Respiró y entró.
Al traspasar la puerta percibió nubes negras, cargadas de furia, en el ambiente.
-¿Ernesto, estás en casa? Ya volví…
Un silencio se escuchó en toda la casa. Fue derecho al dormitorio, la habitación le pareció como después de un vendaval, todo revuelto, ropero, cómoda, mesas de luz, colchón, típica escena cinematográfica, posterior a un robo. Inclusive las valijas y bolsos de viaje, abiertos, desparramados por el suelo.
No entendía nada. ¿Ladrones? o ¿Quizás él buscó algo?
Volvió al salón. Marcó el número de su celular, escuchó la musiquita muy cerca, provenía de la cocina, -¿Esteban estás ahí?
Al entrar en la cocina lo encontró sentado, sobre la mesa una botella de whisky casi vacía, el cenicero repleto. No dijo una sílaba, los ojos como alfileres se clavaron en los suyos.
-¿Qué pasó Porqué estás así?
Saltó como un felino a su presa, el golpe de su mano, en el vientre de ella fue colosal, Martha se dobló como una bisagra, el segundo golpe lo recibió en la nuca, fue acompañado de un grito de animal enjaulado.
-Ramera, ¡te odio! te aborrezco… maldita ¡Vete, vete con tu compinche…buscona, te dejo en libertad para que tengas el tiempo de sobra para revolcarte en su cama…
Mala mujer…¡¡¡VETE YA!!! …

Con sus últimas fuerzas se recuperó, llego casi arrastrando hasta la puerta de calle, tomó la cartera y las llaves del auto y salió. Subió al coche con mucha dificultad, se miró en el espejito retrovisor, las lágrimas no alcanzaron a salir, estaban petrificadas en las cuencas de sus ojos. Sintió una puntada en el bajo vientre, quiso creer que comenzaba un derrame pues algo húmedo corría entre sus piernas. No esperó más, puso el vehículo en marcha, enfiló derecho a la clínica.
No obstante sus nervios al borde de la explosión, condujo con cautela, lo único que le faltaba era un accidente. Al llegar relató lo acontecido, la acostaron en una camilla y la llevaron a primeros auxilios. Aparecieron dos médicos que después de una corta revisación le informaron que debería ser intervenida quirúrgicamente de urgencia. Sin titubearlo aceptó. Alcanzó a dar el número de teléfono de su amiga y desapareció tras las puertas del quirófano.

Al abrir los ojos, distinguió una carucha conocida -¡¡Qué suerte Sol, como te extrañé!!
No terminó la frase y estalló en un torrente de lágrimas acumuladas, la bronca, la vergüenza, todo fue derramado en su llorido.
Sol se acercó para abrazarla, fuerte, fuerte, pero se aguantó, no quería producirle mas dolores, se conformó con un cariñoso beso y un apretar de manos caluroso.
-Ya pasó, cálmate chiquita, yo estoy aquí, a tu lado, quedáte tranquila, ¿O querés que yo también me ponga a llorar? Basta, por favor…

Pasó unos días de internación y fue dada de alta. Aceptó la esperada invitación de su amiga, para pasar un tiempito en su casa. Recibió unos medicamentos y una caja de analgésicos para los dolores. Se le aconsejó realizar cortas caminatas durante un tiempo y por supuesto terminantemente prohibido esfuerzos físicos por ahora. Lo del cuello, fue diagnosticado como un simple hematoma superficial, que se solucionaría con una cuellera.

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CONTINUARÁ
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@bbrom
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Comentarios

  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    Desgarrador relato, y sin embargo escrito sin regodearse en el infortunio de la muchacha, y sin provocar la lágrima facil. Me encanta.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado diciembre 2009
    Un relato muy real, desafortunadamente. Este tipo de violencia, física y moral está a la orden del día. Me ha gustado mucho cómo llevas la relación de amistad entre las dos mujeres, su solidariedad y complicidad. Considero que él -a pesar de sus razones y sufrimiento- es un animal troglodita.
    Una cosa: no veo la relación de contenido con el primer capítulo. Tal vez se me ha escapado algo.
    Gracias por compartir.
    Saludos,
    Shaianti
  • betobbetob Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2009
    lunatica escribió : »
    Desgarrador relato, y sin embargo escrito sin regodearse en el infortunio de la muchacha, y sin provocar la lágrima facil. Me encanta.

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    Muy amable por tu comentario, lunatica, te espero en el próximo capítulo.

    betob
  • betobbetob Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2009
    Shaianti escribió : »
    Un relato muy real, desafortunadamente. Este tipo de violencia, física y moral está a la orden del día. Me ha gustado mucho cómo llevas la relación de amistad entre las dos mujeres, su solidariedad y complicidad. Considero que él -a pesar de sus razones y sufrimiento- es un animal troglodita.
    Una cosa: no veo la relación de contenido con el primer capítulo. Tal vez se me ha escapado algo.
    Gracias por compartir.
    Saludos,
    Shaianti

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    Muy acertadas tus apreciaciones, Shaianti.
    Paciencia, la relación se concretará, lo prometo.

    betob
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