Llevaba algo más de un mes en aquel maremágnum de acero y cristal cuando su compañera en el World Trade Center le regaló una invitación para el Guggenheim. La cartulina azul decía: Surrealism: Two Private Eyes, The Nesuhi Ertegun And Daniel Filipacchi Collections. Leyó rápidamente la letra pequeña que seguía. Con gran excitación comprobó que su admirada pintora estaba entre los artistas expuestos.
Llegó el ansiado día. Tras diez minutos de cola que parecieron horas, varios controles de seguridad y una galería dedicada por completo al surrealismo parisino, por fin estaba frente a él, un lienzo de poco más de medio metro cuadrado capaz de mostrarlo todo: el consuelo, la pérdida, el pasado, el presente, la vida, la muerte… Todo, flotando sobre el dolorido cuerpo de la artista. Desde bien niña se había sentido fascinada por aquella mujer, por su creatividad, por el colorido de sus ropas, por exhibir sin pudor el vello de su cara y por tantas cosas más. Ahora estaba allí, frente a la que consideraba la mejor de sus obras. Después de media hora estudiando la pintura un escalofrío la arrancó de su ensimismamiento. Casi sintió los ojos observadores a su espalda y el aliento rozando su nuca. Se dio la vuelta rápidamente pero no vio más que otros visitantes disfrutando de la exposición. Permaneció frente al lienzo un momento más y luego, todavía confusa por la extraña sensación de minutos antes, sin gran interés, recorrió el resto de la estancia. Cuando se disponía a salir miró hacia el cuadro a modo de despedida. Una llamativa tela verde y roja desapareció en ese momento tras un panel de escayola. Entonces comprendió que ella estaba allí.
Cuando en aquel verano de 1999 propusieron a Sara dejar Méjico para trabajar en Nueva York, nunca imaginó que viviría una de las experiencias más excitantes de su vida. A ella, como a Frida, nunca le gustaron demasiado los gringos. Había pasado gran parte de su tiempo despotricando contra ellos y su continua manía de mirarse el ombligo. Por entonces no encontró una sola buena razón para pensar con optimismo en su partida hacia aquel horroroso lugar.
Comentarios
Tienes a la magnífica Carmen en tu perfil. Genial Carmen.
la llamo Carmen, por su origen materno, mucho más adecuado que el de Magdalena. También podriamos llamarla Paloma ¿verdad?
He vuelto a leerte y a recordar a ésta mujer.
Gracias.
Muchas gracias por leerme (dos veces!!). Es mi pequeño homenaje a esta gran artista. Como a Sara, a la Frida del foro le fascina la Frida pintora. Conoces la pintura de la que hablo? Fantástica!
Aprovecho para comentarte que me encantó tu fisio. Ya me he recuperado de mi lesión de rodilla... Ay, madre! si yo lo hubiera pillado hace siete meses... Lo leí esta mañana en el trabajo durante unos minutos que tuve libres pero fue imposible escribirte, había moros en la costa. Prefiero este nuevo registro tuyo, sin menospreciar los relatos de aire histórico.
Gracias de nuevo.
Te Dejo Un Abrazo De Oso Y Nos Estamos Leyendo:):)
En cuanto al fisio es algo ligero para entretenerme, sin más, pero gracias. Sobre las historias canarias les pongo empeño, pasión y tierra isleña, pero no es la primera vez que me los han cuestionado, bueno...estamos aquí además de para compartir, para escuchar opiniones y aprender.
Ahora estoy intentando algo más fresco, un escorzo distinto, es posible que te interese, está en epistolares "Cartas a I.".
Conozco la obra de esta mejicana que tanto admiras, su vida, su enfermedad y empeño, su lucha, sus amigos, el trabajo de su marido. Me gusta mucho, pero no comparto la pasión que pareceis sentir fantasy y tú por ella.
Suina, los relatos de corte histórico no están entre mis favoritos pero aun así puedo apreciar en los tuyos una gran calidad literaria. Si es lo que más te llena harías muy bien en no abandonar esa línea, aunque de vez en cuando hagas incursiones en otros géneros. Te escribo en epistolares.
Un abrazo para las dos (porque sois "las", verdad?)