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RA

EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
editado diciembre 2009 en Otros
RA

El pequeño Ra se encontraba inmerso en sus propios pensamientos. Hacía ya mucho rato que dejó escapar aquel diminuto pájaro, que anduvo a trompicones sobre las piedras del viejo muro. Un muro derretido por el sol y que construyeron los esclavos de los hombres, traídos de tierras fértiles, donde el sol apresaba con furia las ramas de los árboles. El pájaro oteó por encima de sus ojos grises para inmediatamente después seguir picando el suelo reseco. Ra lo miró expectante. Le hubiese gustado sentir sus pequeños huesos fundirse bajo sus colmillos; aún débiles. Pero una vez se marchó aquel pequeño ser, huidizo, Ra se acercó a la ciudad del sol. No tuvo miedo de los hombres ¿por qué habría de hacerlo? Las enormes piedras de la pirámide sobresalían por encima del cielo. Una lagartija lo distrajo. Pero sus pensamientos ahondaban más allá de su propia mirada.

Bajo las piedras, al lado del último restallido de luz, reposaba aquel libro. Ra lo husmeó inquieto. Ese libro traía recuerdos de algo, pero no supo qué. Buscó más seres como él, pero se encontraba solo. Ningún ser vivo le dijo si aquello estaba bien o mal. Nadie censuró sus actos, lo mismo que cuando dejó escapar el pájaro.

Torpemente lo mordisqueó. Las solapas se doblaron por su lengua rasposa. Arañó la cubierta y sus patas se deslizaron entre aquellos surcos. Para él no eran nada, pero intuía que portaban algún mensaje.

Escuchó un ruido y se asustó. Detrás de las piedras surgió un hombre. Su aspecto encorvado y su larga barba avanzaba que era anciano. Caminaba con dificultad pero sus ojos se tropezaron con los de Ra. Sostenía en sus artríticas manos un bastón largo y pesado. Ra se agachó presintiendo un mortal golpe sobre su lomo.

El anciano dejó el bastón en el suelo y alzó su mano derecha por encima de la cabeza. Ra se dio cuenta de que no le iba a lastimar. Luego, casi sonriente, el viejo se acercó hasta él y posó su mano sobre el lomo de Ra. Y habló en voz baja. Dijo: "Yo soy el Gran gato que inauguró el árbol Yeshed en la Ciudad del Sol".

Ra entendió que aquello era lo que estaba escrito en el libro. Lo supo en el mismo instante que el anciano habló. Luego, el hombre, cogió un palo más pequeño y con la punta teñida de negro. El olor a carbón atormentó el olfato del pequeño Ra. El anciano lo arrimó cauteloso al libro apoyado en las vetustas piedras.

Y escribió: "Estas son las palabras de Ra en el Libro de los Muertos". Después miró al pequeño Ra. Pasó, la misma mano con la que había escrito, sobre su cabeza. Y surgieron centenares de hombres de detrás de la pirámide. Todos se arrodillaron ante Ra. El anciano, con dificultad, también lo hizo. Y supo Ra que nunca más tendría que temer a los hombres, pues desde ese día, él sería un animal sagrado para todos ellos.

(Dedicado a los gatos que ya se fueron: Rufus 1º, Isis, Ideafix alias "Cuqui"; y a los gatos que me acompañan: Rufus 2º y Sombra; en mi vida).

Comentarios

  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2009
    Gracias Raúl pero no vale votar por tu madre. Y ya que lo has hecho, por qué no la máxima puntuación...:eek:
  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2009
    Dedicado a los gatos de mi vida. A los que ya no están: Rufus1º, Isis y Ideafix alias "Cuqui". Y a los que me acompañan: Rufus 2º y Sombra, en mi caminar por la vida.;)
  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2009
    LOS GATOS EN MI VIDA.
    Llegasteis a mi vida los tres cuando sólo contaba veinte pocos años. Tu Rufus en un cubo de basura. Isis apareciste ya mayor en la ventana, delgada y sin rumbo fijo. Tu Ideafix triste y sola buscabas desesperada a quien querer. Los tres me adoptasteis a mi. Han pasado muchos años. Ideafix te fuiste con 13 de insuficiencia renal grave. Después marcho Isis de un infarto instantáneo, vino mayor y nunca supe su edad. Y tu Rufus precioso, mi medio naranja, el más longevo, te dormiste tomando el sol a tus 14 años.

    Adopte de la calle a otro gato naranja (este todo naranja), estaba perdido, enfermo, sucio y asustado. Tenía más o menos 3 meses. Ahora es el rey de la casa. Y en honor a mi primer Rufus, lleva su nombre.
    Y tu Sombra gata europea también y sin edad concreta, llegaste ya mayor y eres negra como el carbón. A veces no sé si te veo a ti, o a tu sombra. Sólo relucen tus dos ojos ambar color miel. Mi Sombra.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2009
    Bravo Ester, buen relato. Muy bien enlazado con la consideración que los egipcios sentían por los gatos.

    Me ha entrado curiosidad y he estado leyendo algo esta tarde antes de contestarte. Hay algunos datos curiosos que desconocía, y que que copio, aunque seguro lo sabes, vista la ambientación estupenda de tu historia de Ra.


    "Los antiguos egipcios nunca dieron al gato un nombre especialmente significativo, sino que prefirieron llamarlo por su onomatopeya: Miw. Respecto al trato corriente que daban a estos animales cabe decir que era tan especial que cuando uno de ellos caía enfermo recibía tantos cuidados y atenciones como los que se daban a los niños, y si a pesar de ello moría, toda la familia se vestía de luto hasta el punto de que en algunos casos se afeitaban incluso las cejas en señal de duelo. A continuación el dueño del felino envolvía el cadáver en un paño de lino, llevándolo sin demora a "La Casa de la Purificación" para que fuese momificado, proceso que llegaba a durar hasta 40 días, y con el que eran tan meticulosos cual si se tratara de un ser humano. Tras lo anterior las familias ricas colocaban sobre la cabeza de la momia una máscara de bronce, (representando al animal fallecido), y lo introducían en un ataúd o sarcófago que podía estar confeccionado con materiales que iban desde la palma o el papiro hasta la piedra caliza. Por último lo conducían al cementerio seguido por un largo cortejo de parientes y amigos de la familia, quienes manifestando su profunda tristeza lloraban desconsoladamente al tiempo que con gesto desesperado desgarraban sus vestiduras, dándose incluso el caso de que quienes gozaban de un nivel económico suficientemente solvente llegaban a contratar plañideras profesionales que como muestra de dolor echaban tierra sobre sus cabellos y arremangaban sus túnicas dejando el pecho al aire.
    Como es lógico y natural el cementerio de gatos más grande de todo Egipto estaba precisamente en Bubastis, un lugar al que acudían gentes de todo el país para dar sepultura a sus queridos felinos. Sin embargo este intenso tráfico de personas hizo que la picaresca decidiera sacar partido de tan excelente oportunidad de hacer negocio, lo que llevó a que algunos comerciantes carentes de todo escrúpulo se dedicasen a criar gatos en granjas especiales, gatos que llegado el momento y en función de la demanda eran "piadosamente sacrificados retorciéndoles el cuello". Tras ser momificados, sus restos eran vendidos a los peregrinos para que los llevasen como ofrenda al santuario de la diosa Bastet. De hecho, por medio de estudios radiológicos llevados a cabo hace algunos años se ha podido comprobar mediante el análisis realizado a cierto número de momias de gatos que aproximadamente el 90 por ciento habían muerto entre los cuatro y los diez meses de edad, por lo que considerando que la duración normal de la vida de estos animales puede estar en torno a los 12 o 14 años, resulta evidente que en una proporción más que elevada debieron morir por causas "poco o nada naturales".

  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2009
    Suina.- Sabes tanto como yo. De lo que dices no sabia lo de la picaresca y que los criaran en granjas y los sacrificaran.:(
    Prometo poner otra clase de textos que no tengan que ver con gatos. Un abrazo amiga.:)
  • angel sin almaangel sin alma Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado octubre 2009
    pues a mi me encanta que hables de gatos es mi animal favorito y una de mis pasiones y además en este texto lo unes con Egipto mi amor y mi vida asi que el resultado no puede ser mejor.Una preciosa historia. Me ha gustado muchisiiiiiimo!!!!!
    felcidades y un recuerdo tambien de mi parte a tus gatitos y a todos los animales del mundo que tanto cariño nos dan.
  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2009
    Gracias Angel sin Alma. Yo al igual que tú, no podría vivir sin gatos. Adoro los gatos. Y cuando escribo sobre ellos, fluyen solas las palabras. Me inspiran. Me guían y siempre me acompañan. Son como parte de mí.
    Yo en otra vida tuve que ser gato.;)
  • angel sin almaangel sin alma Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado octubre 2009
    pues quizás en nuestra vida anterior de gatos nos conocimos, jajaja yo era un gato negro de ojos amarillos y tu???
    me alegro de que vuelvas a estar por aqui.
  • EsterEster Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2009
    Hola Angel sin Alma, llevo días sin entrar debido al exceso de trabajo. Yo creo que viví otra vida en la Edad Media. Pero no era un gato, era una bruja y sí, tenía un gato, pero nuestro final fue muy duro y triste, a él lo quemaron en la plaza pública junto a otros muchos gatos, era un gato negro, sus ojos eran opacos, blanquecinos, porque era ciego y no pude ponerle a salvo. Fue tanta mi tristeza...
    A mí ni siquiera me juzgaron, una bruja con gato negro no tenía derecho a ser juzgada, me consideraron discipula del diablo y me quemaron viva. Creo que mientras ardía me acordé de cuando viví en egipto con mi gato Ra, negro y ciego y feliz, amo y señor, rey y amado Ra.
    Adoro los gatos, y Egipto. Y no se vivir sin gatos. Por lo que, en la Edad Media me hubieran quemado sin ninguna duda. Además... tengo un poco de bruja... pero buena, eh¡¡
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