Saludos a todos (y a todas). Les invito a leer la siguiente columna de Andrés Ibáñez en la que éste carga sin piedad contra ese género posmoderno que parece arrastrar multitudes de un (largo) tiempo a esta parte: el microrrelato. El bueno de Ibáñez parece empeñado en una cruzada personal contra la pirueta efectista y el chispazo de ingenio, esto es, contra el Arte. No le irá bien. Se estrellará, sin duda alguna. Pero, caramba, con qué gallardía arremete. Sin guardarse las espaldas ni morderse la lengua. Me quito el sombrero, Sres. Y el mismísimo cráneo, si es menester.
ANDRÉS IBÁÑEZ – MICRORRELATOS
¿Conocen ustedes la anécdota de Tolstoi y los microrrelatos? Después de escribir varias novelas de inmensa longitud (Guerra y paz, Anna Karenina, Resurrección), un periodista le preguntó al anciano escritor que por qué no intentaba el género del microrrelato. Y Tolstoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, contestó: «Porque son muy aburridos».
Me parece una excelente respuesta. Los microrrelatos, en efecto, son muy aburridos. Y no es ese, probablemente, el peor de sus defectos. Me atrevería a decir que los microrrelatos son a la literatura lo que un sobrecito de ketchup es a la alimentación humana. En otras palabras, que los microrrelatos no son en realidad literatura porque no son, en realidad, nada. No son un género literario. No son un relato muy breve. No son «el resultado de una enorme depuración expresiva». En el 99,99 por ciento de los casos no son más que chorradas. Y chorradas llenas de clichés, además. Microrrelato: la mínima extensión que puede alcanzar una obra literaria de calidad pésima.
Sé que a estas alturas, mis afirmaciones ya estarán produciendo verdaderas oleadas de indignación, y que incluso mis lectores más fieles y acérrimos (imaginemos, por un momento, que tales seres existen) estarán furiosos y con las mejillas rojas.
Ahora viene la parte aburrida de la columna, esa en la que uno se ve obligado a matizar sus observaciones y adelantarse a las críticas más obvias demostrando que ya ha sopesado todos los argumentos y que ya conoce esos datos que van a esgrimir sus detractores. Me hablarán de Augusto Monterroso y de «El dinosaurio». Pero «El dinosaurio» no es más que una broma. Es como la obra 4?33??, de Cage. Eso se puede hacer una vez y cuela, pero sólo una vez. Me hablarán de los microrrelatos de Kafka o de Arreola, de Cortázar o de José María Merino, del dignísimo inicio del género en la antología Narraciones breves y extraordinarias, de Borges y Bioy Casares. Honorables inicios. Honrosas excepciones.
Enorme ingenio. Hace unos años un escritor al que no dudaría en calificar de brillante, e incluso deslumbrante muchas veces, Juan José Millás, dedicó su enorme ingenio al género de los microrrelatos. Si no recuerdo mal, Millás comentaba microrrelatos enviados por los lectores de su periódico. Y había alguno genial. Por ejemplo, éste (que espero recordar y citar correctamente): «Cierra los ojos. Todo lo que ves es mío».
Es brillante. Pero es una frase, y una frase no es una obra. Una frase no es un relato. Un verso brillante no es un poema, ni una frase brillante es un relato. Lo importante no es crear un ladrillo perfecto, sino construir una casa donde se pueda vivir.
El mito del microrrelato se basa en una serie de creencias muy de nuestra época. Primero, una cierta exaltación de lo breve, de lo rápido, de lo simple, de lo fugaz, de la obra de arte que no requiere tiempo ni esfuerzo y que se consume de un bocado. Segundo, la absurda noción de que ya no tenemos tiempo para leer novelas largas (afirmación que se contradice con los miles de novelas larguísimas que llenan las listas de «más vendidos» de todo el mundo). Tercero, la idea de que el microrrelato es un género que puede practicarlo todo el mundo y es ajeno, por tanto, al «elitismo» propio de la literatura convencional.
Género de diletantes. Esta última idea tiene una gran dosis de verdad, porque quitando los ejemplos obvios que todos tenemos en la cabeza y que sin duda se esgrimirán en mi contra, es evidente que los microrrelatos son un género propio de diletantes. He leído microrrelatos de buenos escritores y otros escritos por desconocidos: es imposible notar la diferencia. De hecho, no hay ninguna diferencia, como no la habría entre una escala de do mayor tocada en el piano por un estudiante de piano, Volodos y Lang Lang o, por poner otro ejemplo, entre un triángulo dibujado con un bolígrafo azul por usted, Joseph Beuys o Miquel Barceló.
Los microrrelatos suelen estar llenos de clichés, solecismos y sorpresas tontas (por ejemplo, el que habla está muerto). Corrijan los solecismos, eviten los clichés y aprendan de verdad a narrar sin sorpresas tontas. Eso es lo importante, no si el texto es breve o largo.
Comentarios
Creo que no debería existir una diferencia entre relaro y microrrelato, tendría que llamarse "relato breve". Y a pesar de los espectaculares relatos breves de Borges y otros que he leido estos son sólo relatos tan complejos que Borges (asi como cualquier escritor genial) lo han resumido a solo dos parrafos.
Aunque sí es bueno para empezar a escribir.
En esta frase radica el prejuicio artístico de Ibañez quien cae además en una absurda contradicción.
Nada nuevo en el horizonte: toda forma innovativa de expresión artística, ha encontrado siempre a sus detractores y ha prosperado a pesar de ellos.
(véase la pintura abstracta o la poesía en prosa, por ejemplo).
Los microrelatos están llenos chicles.
Perdona, Joseph_K, puedes poner ejemplos de esso clichés???
El microrrelato, como la poesía, sintetiza, exprime una ideal al máximo; y existen microrrelatos buenos, muy buenos, excelentes, malos o pésimos, tanto en autores de renombres como en escritores aficionados. Lo realmente fabuloso del microrrelato es que es extremadamente lúdico, divertido, porque ensamblar un concepto en un nº tan limitado de caracteres o palabras, buscando el ritmo, la verosimilitud, dejando un auténtico texto aún por escribir (pues se deja al lector gran parte de su interpretación), no es en absoluto fácil.
Bueno, no os doy más la paliza, me despido.
Saludos,
Max
de fresa, de menta y de hierbabuena. Estos últimos son un incordio en los microrelatos.
¡Y hay muchos más!
Por lo que leo hay gustos para todos... ¿No?;)
No estoy seguro, pero creo que escribir y reflexionar sobre literatura, es algo que siempre valdrá la pena. ¿Por qué? Pues, porque al margen de las preguntas o cuestiones que se nos planteen, tener la oportunidad de intercambiar puntos de vista con otras personas en este Foro, es algo que siempre nos ayudará a probar el temple y pertinencia de nuestras convicciones.
En lo personal, lo encuentro incluso más entretenido que ver televisión o jugar con la pc.:)
Creo que lo innovador y lo que es distinto siempre tendrá al principio sus detractores. Lo tuvo la ilustración en sus inicios como lo sigue teniendo el arte conceptual hoy en día. Siempre hay unos pocos puristas acomodados en su papel y en su género, en donde han adquirido cierta reputación o interés, que no están dispuestos a ceder su cetro a nuevas generaciones ni a ideas nuevas.
Esa es mi opinión... :rolleyes:
Por cierto, soy nueva y me ha parecido tan interesante el tema, que no he tenido más remedio que registrarme.
Un saludo a todos!
Saludos.