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Mis Hamsters

PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
editado enero 2013 en Narrativa
Bueno, suina me ha pedido que me moje así que aquí va este cuento. Está inspirado en sus narraciones acerca de sus dos perros. Le dije que una mascota no era tema interesante para un cuento y me he dado cuenta de que esto es una estupidez. Así que me he impuesto a mí mismo hacer un cuento acerca de unas mascotas que tuve. No es real, ¿eh?, sólo está basado en hechos reales. suina, va por ti. ;)


Mi Hamster

Era un adolescente depresivo. Mi padre me impuso el cuidado de dos hamsters recién nacidos que, suponía el buen hombre, iban a ejercer una acción terapéutica. Dos bolas blancas y temblorosas, apiñadas como un solo organismo. Ahí estaban, ajenos a su papel, confusos y hambrientos. No recuerdo el nombre que les puse. No lo usé para referirme a ellos ni para hablarles a través de los barrotes. Eran hamsters y con eso bastaba.

Su jaula era un dúplex con desván cubierto, habilitado para dormir. Abajo se concentraba el biberón de agua, el cazo de pipas y las ofertas de ocio: rueda y algodón. El piso medio resultaba inútil. Al observar su actividad diaria me preguntaba cómo les podía merecer la pena seguir viviendo. Pero, obstinadamente, crecían.

A pesar del espacio de sobra, los hamsters nunca aprendieron a convivir. Acumulaban comida cada cual en su rincón e iniciaban reyertas cada vez que sentían su propiedad amenazada. Uno solía orinar encima del otro cuando estaba dormido. Cuando sus pequeños dientes amarillos maduraron, compitieron por conquistar el territorio hasta que el más fuerte causó una infección a su hermano que resultó mortal. El hamster Caín quedó traumatizado y cada vez que pretendía acariciarle me regalaba una hilera de caquitas.

Consideré que si él había sido tan cruel no se merecía un trato especialmente amable. Invitaba a mis vecinitos y le martirizábamos cariñosamente hasta agotar las ideas. Algunas de las mejores eran las pruebas de gimnasia deportiva, el lanzamiento a las cortinas o el diluvio universal. Sus infructuosos intentos de escapar o esconderse nos hacían reír aunque después de cada sesión debía limpiar las caquitas desperdigadas por toda la habitación.

Aunque el hamster fraticida bebía el agua que le daba y meaba en las piedras que cambiaba, no parecía sentir la menor lealtad hacía mí. Por la noche se escuchaba un frenético repiqueteo. Cuando me levantaba y encendía la luz el animal, lejos de disimular, redoblaba esfuerzos para roer los barrotes de aluminio. Alguien me aclaró que sólo lo hacía para evitar que los dientes al crecer le atravesaran el cráneo. Pero yo sabía que quería escapar porque siempre mordía la misma zona que nunca se desgastaba. Como estaba claro que jamás lo lograría, dejé de levantarme por la noche.

Pero le subestimé. Una mañana descubrí que el techo del ático, de ocumen, estaba perforado. No logró abrir un agujero suficientemente grande pero unas horas más hubieran bastado. Torpemente, coloqué un cómic grueso, encuadernado en tapas duras, encima del orificio. Eso no frustró sus intentos. En dos noches más la tapa de ocumen estaba completamente perforada así como el cómic y el tubo de desagüe del lavavajillas que quedó inservible.

Mis padres, tras descubrir al fugitivo agazapado debajo de los muebles de cocina, me reprendieron duramente delante de él. El hamster homicida, el hamster mezquino, con su cerebro de hamster, burló mi vigilancia. No lo maté. Seguí alimentándole, dándole agua y cambiando su material hediondo. Le dejé en paz unos días mientras preparaba un desafío a la medida de su inteligencia.

Inspirado en una película preparé con todo tipo de materiales un laberinto infinito para la escala de un hamster, desplegado por el suelo de la habitación. Hasta ahora su supervivencia había sido fácil, parasitaria. Ya que presumía de tener una inteligencia tan avanzada, debía ganarse el agua y la comida. Se acabó su confortable dúplex y la esclavitud a la que me tenía sometido.

Seis pipas en cada extremo. Un poco de agua que iba cambiando de lugar. La geometría del laberinto era permutada cada día. Algunas pipas eran cáscaras vacías, algunos cuencos de agua estaban saturados de sal. Sobre algunos pasadizos había palancas que dejaban caer chinchetas y si tropezaba en algunos tramos caerían pesos encima de su cabeza. Algunos callejones sin salida se bloqueaban y era imposible volver atrás.

Mantuve este sistema de entrenamiento aproximadamente durante una semana tras la cual el parásito se rindió. Apenas se movía, ni siquiera trataba de escapar cuando le cogía con la mano. Un velo blanco le cubrió uno de sus pequeños ojos rojos.

Decidí que por fin había educado a mi mascota. Le devolví a su dúplex ahora que podía agradecer la buena vida que les estaba proporcionando. Al día siguiente estaba inmóvil, con el mismo tipo de infección que provocó a su hermano, una descomposición maloliente que invadía sus cuartos traseros. Pasó todo el día durmiendo y resultó difícil determinar a qué hora murió.

Comentarios

  • irene urizairene uriza Anónimo s.XI
    editado julio 2009
    HOLA PERPLEJO!
    Hace unos días me hiciste un comentario a "La búsqueda". ¡Recién te encuentro en el foro! Disfruté tu cuento.Tiene un buen foco, puntuación, imaginación y va dando indicios del final.
    La historia de caín y Abel trasladada a dos hamsters. Un adolescente que pretende hacer..¿justicia?
    Ahora que te leí, te respeto como comentarista.
    IRENE URIZA
  • POLIXENAPOLIXENA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado julio 2009
    Pronostico que te van a llover las críticas. ;)

    Me resulta un poco frío, yo hubiera profundizado más en el personaje del chico y más si se comienza describiéndolo como depresivo. Las descripciones de la jaula me parecen buenas, precisas y sin caer en metáforas fáciles.

    Quedo a la espera de leer más relatos tuyos, este ha sido un buen aperitivo. Por cierto, reclamo tu presencia como crítico en otros géneros.

    Un abrazo
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2009
    ¡Gracias por hacerme caso!

    Abro una discusión. Que comentando cuentos también se aprende a escribir.

    Cuando se usa un narrador en primer persona, aunque el sujeto de las frases no sea él mismo, "yo", ¿no os parece que se está retratando en cada momento? Hay una frase que dice que se conoce mejor a la gente por lo que dice de los demás que por lo que los demás dicen de ella. Creo que es muy cierto.

    Así que ya sabéis: no seáis malevolentes al hablar de los demás... :)
  • POLIXENAPOLIXENA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado julio 2009
    Te estás preparando el terreno ¿eh? Ese llamamiento a la benevolencia no tiene despercicio. Si el hamster hablara...Permíteme la broma compañero.
    Un fuerte abrazo.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2009
    Buen relato perplejo, ahora iré a por él.

    He leído en éste foro algunos textos muy buenos que pasan desapercibidos de lecturas, y pensé que utilizabas una estrategia de machaque psicológico contra las historias que has comentado, no exenta de razón el algunos de sus puntos, para llamar la atención. También pensé que probablemente fueras un bluf. Por fortuna me equivoqué y ojalá todos disfruten como lo estoy haciendo yo de ésta historia.

    Voy a por ella:


    Has hecho una recreación social y la puesta en escena es magnífica. El tiempo verbal que utilizas es el adecuado para mantener el tono frío, preciso y distanciado. No es un sádico el que cuenta, es un observador impoluto.

    Del primer párrafo destaco que no nos has sometido, por fortuna, a una engorrosa explicadera de la adolescencia conflictiva, en una sola línea de “acción terapéutica” liquidas el asunto con maestría. Destaco la descripción con la que nos haces ver a los ratones: “dos bolas blancas y temblorosas, apiñadas en un solo organismo”. Sobraría, para mi gusto, el “eran hamsters y con eso bastaba”.

    Describes someramente el habitáculo con una pincelada de ironía en la oferta de ocio y nos llevas al corazón del texto, la conducta de los dos vecinos forzados. Un lástima que lo estropees nombrando a Caín cuando está tan clara la referencia.

    Después juega el muchachito a ser Diós, así lo dice el consideré con el que comienzas el párrafo de si los ratones se merecen o no un trato especial. Los obliga a las pruebas deportivas, llámales plagas, o lluvias, o guerras, o ya veremos que retorcidos planes tengo para ustedes dos ( todo esto es subjetivo, por supuesto, es lo que me parece leer) Diós se enfada porque sus criaturas no son agradecidas y se escapan a su control, pero no mata al superviviente, quiere divertirse un poco más. Diós se aburre, así que sube el nivel del juego y Diós de nuevo decide cuando procura parabienes a su criatura desagradecida.

    Para el muchacho no creo que resultara dolorosa la muerte del hamster sino la incapacidad de no poder predecir ni el momento, ni la hora sin su permiso teológico. Fin del juego.

    Buen final, si señor.

    Gracias por esta historia.
    Suina.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2009
    suina, muchísimas gracias. Tu crítica me ha sido muy útil. Incluso he tenido la sensación de que has entendido el cuento mejor que yo mismo. Eso es de buen lector y los buenos escritores siempre son buenos lectores.

    Tienes razón en que la metáfora de Caín quizás sea demasiado obvia. Me facilitaba el presentador al chico como un "Dios" pero de todos modos lo que se entiende sobra explicarlo. Es un defecto que encuentro en muchos cuentos y ya ves, también caigo.

    El "eran hámsters y con eso bastaba" quizás no sea necesario, es cierto. Ya queda claro que el chico no les considera seres sensibles ni con identidad. Mmm... bien visto.

    Lo dicho, muchas gracias por tu exhaustivo y agudo análisis.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2009
    No hay de que, lo he pasado muy bien destripando tu historia.
    Espero que mi comentario positivo no merme tu capacidad crítica con mis contaderas.
  • POLIXENAPOLIXENA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado julio 2009
    Leí este relato a mi primo de seis años y lejos de entristecerse por la muerte de los hamsters completamente indignado gritó que ojalá le hubiera mordido el hamsters al niño... A veces las opiniones de los niños van más allá de lo que nos puede parecer.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2009
    Tu primo lo ha entendido perfectamente, debo decir.
  • EnteEnte Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2012
    Cuentazo.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2012
    La verdad que es un cuentazo, gracias por encontrarlo ente.

    Me ha gustado mucho.

    ¿Por qué la crueldad a secas choca más que la crueldad excusada?

    Sin el hecho de que el hamster matase al hermano, este cuento sería un horrorshow.

    Pero debido al acontecimiento del hermano hamster asesinado, se desprende un planteamiento moral "a lo Dostoievski", y el niño adquiere "superpoderes".

    Y vas jugando con los sentimientos del lector, que se debaten entre pena y asco por el niño depresivo y cruel, y por el hamster preso y fraticida.

    Buenisimo. Ojalá vuelvas a publicar relatos.
  • WillianFWillianF Pedro Abad s.XII
    editado enero 2013
    Frío. Tan perfecto que no me transmitió nada.

    P.D: Lo siento. Recuerda que es solo mi sincera opinión, o sea, casi nada.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2013
    WillianF escribió : »
    Frío. Tan perfecto que no me transmitió nada.

    P.D: Lo siento. Recuerda que es solo mi sincera opinión, o sea, casi nada.

    Trataré de hacerlo peor la próxima vez... :rolleyes:
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado enero 2013
    Por algo será que no me gustan mucho las ratas con pelo.
    En cuanto al relato, pues no está mal.Dos hermanos, Abel y Caín, personificados por dos hamsters...la vida misma.El débil aguanta las inclemencias del que se supone es el más fuerte y de fondo, la mezquindad del todopoderoso que no soporta que un simple e insignifancte hamster sea más inteligente que él.
    Si acoplo el relato a la vida misma, premio, me ha encantado.Si lo interpreto como la relación malsana entre la mascota, el hermano de la mascota y el dueño de la mascota, pues ya no me gusta tanto, que no quiere decir que esté mal escrito.Es simplemente que me gusta rizar el rizo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2013
    Pues no está nada mal, aunque no me gusta la idea de tener ningún animalito enjaulado, mucho menos de imponerle a alguién que cuide de ellos, creo que los niños deben tener las mascotas que ellos mismos quieran no los que queramos los padres, antes duraron los pobres bichos en manos de un niño resentido:rolleyes::)
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