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Secuencias

cabezaescritoracabezaescritora Pedro Abad s.XII
editado abril 2009 en Negra
SECUENCIAS

I

Dejá lo que estas haciendo, por favor, necesito que me escuches.
Dos hielos, ron, coca y un poco de jugo de limón me van a ayudar a contártelo.
Era de mediodía, estábamos sentados en la mesa, comiendo, mirando la televisión con mis hermanos y mi viejo. Como de costumbre la comida le parecía escasa, que estaba mal condimentada o un poco fría. Entonces alguien de nosotros tenia que abandonar su plato, ir a calentarla y llevársela a la punta de la mesa. Esto, como las discusiones que se te atragantaban igual que un palillo en la garganta, era cosa de todos los días. No había nada nuevo en sentarte a comer, solo para cumplir con la ceremonia, aunque supieras que todo iba a terminar asquerosamente mal. Lo novedoso paso aquel día.
Estábamos todos sentados, comiendo, cuando de repente tumban la puerta que da a la calle. Entró un tipo corriendo con una tremenda cara de susto. Nosotros, imagínate. nos quedamos duros, sin mover un dedo. Pero paso de largo ¡ como sino existiéramos ! y busco desesperado una salida por donde huir.
Al instante entró otro, que parecía seguir al primero. Movió su cabeza, buscando su liebre entre los arbustos y al verlo tratando de abrir la puerta trasera, le disparó a la cabeza. Cayó. Con paso rápido se abalanzó sobre el cuerpo moribundo y de un tirón le saco algo del bolsillo de atrás del pantalón.

El retrato familiar quedo hecho un asco, la carne con papas si terminar, aunque él esta ves no tenia la culpa de nada.

II

Como te imaginaras tuve un día bastante jodido y cuando llego la noche estuve tirado en la cama sin poderme dormir. La radio sonaba de fondo y como cada bendita media hora pasaban el “Flash Informativo”. Daba vueltas, me destapaba y la luz que entraba por el ventanal. Giraba, metía la cabeza debajo de la almohada y la funda de mierda que se corría. Respire profundo, mirando hacia el techo, intentando relajarme, pero nada, no funcionó. Abrí los ojos, miré, y la oscuridad del cuarto con el paso del tiempo se había vuelto mas clara.

En un momento sentí un chillido.

Me asusté, me quede paralizado, duro, pensé que quizás fueron los gatos. Pero después escuche susurros. Me estaba volviendo loco. Prendí la luz de la mesita. “Necesito tranquilizarme”me dije. Recosté mi espalda sobre la cabecera de la cama.
Escuche otro chillido y miré a un rincón, donde hay un hueco oscuro debajo de la escalera. No lo podía creer, había un viejo, harapiento, echándole mano a una jovencita. La tenia cara a cara, arrinconada contra la pared, sujetándola por las piernas, sus pies colgaban en el aire.
Forcejaron. Ella trato de sacárselo de encima, él con cara de fastidio le aprieta el cuello, su línea de acero dentado comienza a cortar, se queda dura, él sigue con lo suyo.

¡Deberías haberle visto la cara de asco y horror a esa pobre muchacha, mientras él le pasaba la lengua por sus pechos!

-¿Querés otro? El ron me lo regalo un amigo, por un favor que le hice...

Esta bien, ya sé, ya sé, te suena extraño, o mejor dicho no me crees nada de lo que te cuento. Pero a mi todo el mundo me dice que esto y aquello pasa en todos lados, y siempre terminan metiéndose en mi casa.

-¿Te sirvo?


Leonel Blanco

http://edicionescabezaescritora.blogspot.com/

Comentarios

  • Dixie_DregDixie_Dreg Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2009
    Muy bien relatado Leonel. El genero negro siempre causa algo de incomodidad por su espiritu decadente y crudo sin el filtro moral que usualmente tienen otros géneros.

    Me gustó como relato, a pesar de lo cruento que puede ser pensar en un incidente así...
  • cabezaescritoracabezaescritora Pedro Abad s.XII
    editado abril 2009
    gracias dixie por colgarte a leerlo, toy empezando a escribir asi que las criticas las necesito como el pan, un saludo!
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